Nuevas dataciones en las cuevas Bluefish. Datos para la colonización de América.

Ya he publicado con anterioridad varias anotaciones relativas a la forma en la que se produjo el poblamiento de América (si te interesa, puedes leer ¿Quiénes fueron los primeros pobladores de América? y ¿Cómo llegaron nuestros antepasados a América?) pero cada cierto tiempo surgen nuevos estudios, y cada nueva propuesta trae consigo un encendido debate.

Ahora, un estudio recientemente publicado en la revista PLoS ONE 1 ofrece nuevos datos que pretenden arrojar nueva luz para conocer mejor tanto la posible ruta de entrada en el continente americano como el momento en que ésta se produjo.

Introducción

Las pruebas arqueológicas sugieren que la primera colonización de América del norte se inició hace alrededor de 14.000 años AP (nos referiremos siempre a fechas calibradas), es decir, bastante tiempo después del Último Máximo Glacial, la época de máxima extensión de las capas de hielo durante el último período glacial, cuya duración aproximada fue entre hace 18.000 y 28.000 años AP.

Sin embargo, Lauriane Bourgeon y Ariane Burke (del departamento de antropología de la Universidad de Montreal) y Thomas Higham (del Oxford Radiocarbon Accelerator Unit de la Universidad de Oxford) proponen en este artículo una nueva datación mediante radiocarbono de unos huesos de animales que presentan marcas de corte que los investigadores atribuyen al uso de herramientas por parte de nuestros antepasados.

Estos restos óseos –y otros artefactos asociados– fueron recuperados en el yacimiento conocido como cuevas Bluefish (Yukón, Canadá). Provienen de unas excavaciones dirigidas por el arqueólogo Jacques Cinq-Mars entre 1977 y 1987, que han permanecido almacenadas en el Museo Canadiense de Historia en Gatineau, Quebec. En aquel entonces, Cinq-Mars y su equipo concluyeron que las cuevas Bluefish mostraban pruebas de un uso humano ocasional hasta hace 30.000 años. Esa datación era mucho más antigua que cualquier otro yacimiento descubierto en todo el continente americano, por lo que las conclusiones de Cinq-Mars fueron muy discutidas, y las tres pequeñas cuevas quedaron fuera de las discusiones sobre el poblamiento de las Américas.

El yacimiento se compone de un total de tres pequeñas cavidades kársticas que no superan los 30 m3 de volumen en total, cuya estratigrafía contiene una capa de loess (Unidad B) de hasta un metro de espesor, depositada en el lecho rocoso (Unidad A) y recubierta por una capa de humus mezclada con restos crioclásticos 2 (Unidad C) y finalmente una moderna capa de humus (Unidad D). En cuanto al material recuperado, se extrajeron artefactos líticos del loess de la cueva I (MgVo-1) y de la cueva II (MgVo-2); y también se obtuvieron abundantes restos de fauna de las tres cuevas.

Perfil estratigráfico de la cueva Bluefish II

Los resultados de la datación que se publica en este nuevo trabajo apoyarían la hipótesis de que los seres humanos ocupaban el yacimiento hace 24.000 años AP (dando validez a la afirmación que hiciera en su día Cinq-Mars) y otorgaría automáticamente a las cuevas Bluefish el título del yacimiento más antiguo de América. Además, el hecho de que nuestros antepasados habitaran la región en una época tan temprana daría respaldo al modelo de ocupación del continente conocido como «parada en Beringia» (o Beringian standstill hypothesis, también llamado modelo de incubación en Beringia), que propone que una población genéticamente aislada sobrevivió en Beringia durante el Último Máximo Glacial, dispersándose desde allí hacia el sur durante el periodo más cálido posterior. Este modelo de colonización se ha visto reforzado por estudios genéticos recientes que sugieren que algunas poblaciones superaron las condiciones hostiles del Último Máximo Glacial en una situación de aislamiento en la relativamente hospitalaria Beringia antes de desplazarse al interior de Norteamérica cuando las condiciones mejoraron. Las pruebas arqueológicas de su presencia, que hasta ahora eran esquivas, podrían provenir de este yacimiento tanto tiempo denostado.

Además, aunque parezca osado sostener que nuestros antepasados pudieran haber soportado un clima tan extremo, unos hallazgos arqueológicos recientes dan muestra de la capacidad del ser humano para adaptarse a ambientes árticos desde hace al menos 45.000 años. Los yacimientos del río Yana en Siberia demuestran que nuestros antepasados llegaron a la parte occidental de Beringia hace 32.000 años.

Sin embargo, en la parte oriental de Beringia –ya dentro del continente americano– sólo contamos con los yacimientos confirmados del valle Tanana (en el interior de Alaska), Swan Point, Broken Mamooth, Mead y el yacimiento Little John en el territorio del Yukón. Estos yacimientos no tienen una antigüedad mayor de 14.000 años. Por lo tanto, el único candidato por ahora para una ocupación temprana de Beringia, en pleno Último Máximo Glacial (recordemos que se dio hace entre 18.000 y 28.000 años) es el yacimiento controvertido de las cuevas Bluefish.

Los datos

La presencia de nuestros antepasados en estas cuevas no ha podido verificarse directamente al no haberse encontrado restos humanos en ellas. El método indirecto empleado para sostener que hubo presencia humana en la zona ha sido el hallazgo tanto de herramientas como de unos huesos de animales con lo que parecen ser marcas de corte por al uso de esa industria lítica y de hueso.

En un artículo publicado en 2015 por una de las investigadoras 3 se llevó a cabo un análisis de los restos de fauna hallados en la cueva II, y concluyó que los humanos habían contribuido «parcialmente» a la modificación del material óseo. Lo que hacen ahora es ampliar ese análisis a los restos de la cueva I para buscar señales indiscutibles de actividad humana y ofrecer nuevas dataciones, más precisas y fiables, de los huesos que muestran marcas de corte en ambas cuevas.

Por lo tanto, para afirmar que nuestros antepasados habitaron la región hace 24.000 años, los investigadores han tenido que responder de forma afirmativa a las siguientes cuestiones:

  • ¿Las piedras y herramientas de hueso con bordes cortantes halladas en el yacimiento son indiscutiblemente herramientas fabricadas por el hombre?
  • ¿Las marcas que presentan los huesos de animales hallados en el yacimiento se han producido indiscutiblemente por esas herramientas?
  • ¿Se han podido datar estos elementos (herramientas y huesos con marcas) y han arrojado una antigüedad de 24.000 años?

Vamos a analizarlas una a una:

Las herramientas

Las herramientas líticas (unas cien aproximadamente, sumando todas las tipologías) se extrajeron de la Unidad B de la cueva II, y aunque no se han podido datar con precisión, su tipología es similar a la cultura Dyuktai que apareció en el este de Siberia hace alrededor de 22.000 o 20.000 años AP.

En la cueva I se han encontrado también artefactos de este tipo, aunque la inmensa mayoría son de un tamaño tan pequeño (entre 1 y 3 mm) que no pueden considerarse más que como restos de talla en el mejor de los casos. Por su parte, las muestras más grandes apenas sobrepasan los 12 mm, por lo que no podemos decir que se hayan encontrado las herramientas de piedra empleadas para realizar los cortes en los huesos.

Ejemplos de industria lítica recuperada en las cuevas Bluefish.

Además de esta industria lítica, los investigadores refieren la existencia de varios huesos que han sido modificados para utilizarse como herramientas y que ya fueron datados en 1990. En este sentido, las fechas más antiguas sugeridas para la ocupación humana de la cueva II se basan en una tibia de caribú fechada en 24,820 ± 115 C14 años AP (código de referencia RIDDL-226) y otro fragmento de un hueso largo de mamut lanudo con su núcleo que arrojaron una datación de 23.910 ± 200 C14 AP (referencia RIDDL-224) y 23.200 ± 250 C14 AP (referencia RIDDL-225) respectivamente.

Las marcas de los huesos

Los autores reconocen que para poder identificar correctamente los huesos culturalmente modificados (como se denomina a los huesos manipulados por el hombre) se hace necesario un análisis tafonómico completo. Así, el contexto sedimentario y geológico de un yacimiento arqueológico es de crucial importancia. Como se ha indicado más arriba, el material recuperado en las cuevas Bluefish deriva de loess, es decir, de un sustrato formado por partículas finas de limo eólico que no producen arañazos en los huesos, aunque sí superficies pulidas. Por otro lado, los restos crioclásticos incorporados en el loess sí podrían haber desgastado las superficies óseas. Por último, es evidente que cualquier desprendimiento de rocas han podido modificar los huesos, produciendo estrías y patrones de rotura ósea.

Esto desde el punto de vista geológico. Por otro lado, la actividad de los carroñeros también puede dejar marcas en los huesos similares a las que dejaría el ser humano, aunque ojos expertos sí pueden ver un patrón de desgaste característico de los animales que permite distinguir la manipulación humana.

Pues bien, en orden a identificar correctamente los huesos manipulados por nuestros antepasados, los investigadores confeccionaron una lista con seis criterios morfológicos que nunca se dan en los huesos modificados por procesos naturales. De un total de 36.000 huesos de mamíferos recuperados en los yacimientos y analizadas en este estudio, se seleccionaron 15 muestras (10 en la cueva I y 5 en la cueva II) que reunían todas las características morfológicas atribuidas a la actividad humana; más otras 20 muestras con «probables» modificaciones humanas.

La datación

Seis de estas muestras fueron finalmente remitidas al laboratorio para su datación mediante la técnica de espectrometría de masas con acelerador. Los resultados obtenidos oscilan entre una antigüedad de 10.490 ± 55 C14 AP y 19.650 ± 130 C14 AP, es decir, entre 12.000 y 24.000 AP una vez calibrados los resultados.

Ejemplar J7.8.17, correspondiente a la parte de una mandíbula de caballo.

La fecha más antigua obtenida (19.650 ± 130 C14 AP, código de muestra OxA-33778) es la de una mandíbula de caballo (J7.8.17) de la cueva II. Este resultado coincide con la posición estratigráfica del hueso en el yacimiento, ya que se localizó en la parte basal del loess, a una profundidad de 142 cm. Por desgracia, la profundidad exacta a la que se encontraron los otros especímenes óseos datados en esta investigación no ha podido establecerse con los datos registrados en la excavación original llevada a cabo por el equipo de Cinq-Mars, aunque la gran mayoría del material proviene de las capas inferiores de loess en ambas cuevas.

En la cueva I, otros tres huesos han sido datados al final del Pleistoceno, ca. 22.000 – 15.000 años AP (un húmero de caballo (J7.1.1), un metatarsiano de caballo (K8.1.13) y un metacarpiano de caribú (K8.1.27).

Tabla que recoge las dataciones de los nuevos especímenes.

Conclusión

Mientras que los yacimientos del río Yana aportan pruebas de la presencia humana en el oeste de Beringia hace cerca de 32.000 años AP, los yacimientos de las cuevas Bluefish demostrarían que nuestros antepasados habitaron –aún de forma ocasional– el este de Beringia durante el UMG, por los menos hace 24.000 años AP.

Este resultado proporcionaría el apoyo arqueológico que necesitaba la hipótesis de la «parada en Beringia», también llamado modelo de incubación en Beringia.

A pesar de todo, no todo el mundo está convencido. El arqueólogo de la Universidad de Alaska en Fairbanks, Ben Potter afirma que la investigación es interesante pero que el pequeño número de huesos con marcas, y la falta de pruebas claras de que las herramientas halladas en la cueva causaran los cortes arrojan muchas dudas.

Hace más de una década que se plantean críticas como esta. Hemos apuntado que en la cueva II se encontraron restos óseos que han sido interpretados como herramientas. Sin embargo, en los niveles donde se hallaron los huesos con marcas de corte no han aparecido estas herramientas. Además, tenemos que recordar que la llamada industria lítica está formada por microfragmentos líticos (supuestamente restos de talla) que podrían tener un origen natural, y haber quedado acumulados por procesos eólicos.

Por lo tanto, debemos ser cautos y esperar pruebas más claras de nuevos yacimientos y futuras investigaciones. Aunque nada impide que disfrutemos con cada nueva hipótesis.

Referencias

Bourgeon, L.; Burke, A. y  Higham, T. (2017), «Earliest human presence in North America dated to the Last Glacial Maximum: new radiocarbon dates from Bluefish Caves, Canada». PLoS ONE, vol. 12, núm. 1, p. e0169486.

Dyke, A. S. (2004), «An outline of North American deglaciation with emphasis on central and northern Canada». En: Ehlers, J. y Gibbard, P. L. (eds.). Developments in Quaternary Sciences. Elsevier, 373-424.

Cinq-Mars, J. (1979), «Bluefish Cave l: a Late Pleistocene Eastern Beringian cave deposit in the Northern Yukon». Canadian Journal of Archaeology / Journal Canadien D’Archéologie, núm. 3, p. 1-32.

Bourgeon, L. (2015), «Bluefish Cave II (Yukon Territory, Canada): taphonomic study of a bone assemblage». PaleoAmerica, vol. 1, núm. 1, p. 105-108.

Cinq-Mars J., Morlan R. E., “Bluefish Caves and Old Crow basin: a new rapport”. En: Bonnichsen R., Turnmire K. L. (eds.). Ice Age Peoples of North America Environments, Origins, and adaptations of the First Americans: Center for the Study of the First Americans. Oregon State University Press; 1999. p. 200-212.

Notas

La divergencia entre chimpancés y bonobos

Hace entre 1,5 y 2 millones de años, los chimpancés (Pan troglodytes) y los bonobos (Pan paniscus) sufrieron un proceso de especiación a partir de un ancestro común y desarrollaron unas claras diferencias físicas y de comportamiento. En este sentido, los bonobos son más pequeños y más delgados que los chimpancés y, desde el punto de vista social, los chimpancés viven en grupos dominados por machos, mientras que entre los bonobos son las hembras las que dominan.

Hasta hace poco tiempo nadie había tenido en cuenta la posibilidad de que estas dos especies pudieran intercambiar genes, debido en gran medida a la importante barrera física que los separa: el río Congo. El área de distribución de estos primates está bien definida: los chimpancés –con cuatro subespecies– viven en la ribera norte del río, mientras que los bonobos lo hacen en el lado sur. De hecho, se ha sugerido que la formación del río Congo, que también tuvo lugar hace entre 1,5 y 2 millones de años, pudo ser el factor clave que inició el proceso de especiación 1 a través de los llamados mecanismos de aislamiento reproductivo.

Distribución geográfica de las poblaciones del género Pan. azul: (Pan troglodytes verus), chimpancé del oeste de África u occidentales; verde: (Pan troglodytes troglodytes), chimpancé de África Central; naranja: (Pan troglodytes schweinfurthii), chimpancé del este de África; rojo: (Pan troglodytes ellioti), chimpancé de Nigeria-Camerún; morado: bonobos.

Un reciente artículo publicado en la revista Science 2 concluye que hay pruebas de que se produjo una mezcla genética entre ambas especies. Ahora sabemos que hace cientos de miles de años, los chimpancés y bonobos fueron capaces de aparearse y producir descendencia, dejando una marca genética en los animales que viven en la naturaleza hoy en día.

Ya se había observado –en las poblaciones de estos simios criadas en cautividad– que era posible que chimpancés y bonobos se apareasen y tuvieran descendencia fértil, incluso habiendo transcurrido más de un millón de años desde el momento de su divergencia. Pero ahora la ciencia ha sido capaz de proporcionar pruebas sólidas del entrecruzamiento entre las distintas subespecies de chimpancés, y entre éstos y los bonobos que viven en libertad.

Un equipo dirigido por Tomas Marques-Bonet (del Laboratorio de genómica comparada) ha analizado el genoma completo de un total de 75 chimpancés y bonobos de 10 países diferentes. Los resultados muestran que los chimpancés de África central y del este (Pan troglodytes troglodytes y Pan troglodytes schweinfurthii) comparten significativamente más material genético con los bonobos que con las otras subespecies. Los investigadores apuntan a que esto se debe al flujo genético que se produjo desde los bonobos a los antepasados de estos chimpancés hace entre 200.000 y 550.000 años.

Esquema que muestra los tiempos de divergencia así como los contactos tras la misma.

El flujo genético en la evolución

Los investigadores han demostrado que los análisis completos del genoma tanto de chimpancés como de los bonobos no solo es útil para comprender la historia evolutiva de estos simios, sino también para facilitar las tareas de conservación de las especies y prevención del tráfico ilegal de animales: estos datos serán muy útiles a la hora de identificar geográficamente la procedencia de los animales que son capturados de forma ilícita. El equipo se ha propuesto además explorar si el material genético recibido de los bonobos ha tenido alguna ventaja selectiva en la evolución de los chimpancés.

Porque no podemos dejar de lado la importancia que este tipo de trabajos está teniendo si tenemos en cuenta que la relación genética entre chimpancés y bonobos muestra sorprendentes paralelos con la historia evolutiva de los seres humanos modernos.

Ya se han publicado numerosos trabajos que ponen de manifiesto que el flujo genético entre especies divergentes es un aspecto importante a tener en cuenta en su evolución. En los últimos diez años, las principales investigaciones sobre el pasado evolutivo de los seres humanos modernos han demostrado la importancia del cruzamiento en nuestra propia historia evolutiva. Ya sabemos por ejemplo que existe una introgresión 3 de genes de neandertal en nuestro genoma que podrían afectar a nuestra apariencia física, así como nuestra susceptibilidad a distintas enfermedades.

Referencia

de Manuel, M., et al. (2016), «Chimpanzee genomic diversity reveals ancient admixture with bonobos«. Science, vol. 354, núm. 6311, p. 477-481.

Notas

¿Los Neandertales sabían navegar?

Hoy en día tenemos bastante claro que nuestros parientes neandertales no eran los tipos rudos sin cerebro que aparecían en las ilustraciones de los antiguos libros que hablaban sobre la evolución humana. Mucho ha avanzado la paleoantropología desde entonces, pero aún hoy se plantean interesantes hipótesis acerca de su comportamiento y desarrollo cultural.

En este sentido, hace unos días conocimos la noticia (aún no se ha publicado el necesario artículo científico) de que se habían encontrado varias puntas de lanza de la cultura Musteriense en el yacimiento arqueológico de Stélida, en la isla griega de Naxos.

La importancia de este hallazgo radica en que este tipo de herramientas líticas se han asociado en la Grecia continental con los neandertales y Homo heidelbergensis, lo que vendría a cuestionar lo que sabíamos acerca de la colonización de esta región del Egeo: que un grupo de agricultores llegó a las islas hace aproximadamente 9.000 años, es decir, en plena transición al Neolítico. Este descubrimiento, de confirmarse, daría un vuelco a esta cuestión ya que significaría que los primeros en llegar a Naxos fueron bien neandertales o sus antepasados ​​probables Homo heidelbergensis, o tal vez incluso Homo erectus. Además de la cuestión de la antigüedad del asentamiento, se abren otros interrogantes como por ejemplo saber cómo llegaron los colonizadores a la isla, ¿pudieron estos homininos haber viajado en barco?

Yacimiento de Stélida visto desde el norte (cortesía de D. Depnering).

Los arqueólogos han considerado tradicionalmente que sólo los seres humanos que habían dado el salto del modo de vida de subsistencia –que caracteriza a los cazadores recolectores– a la agricultura y ganadería organizadas podrían haber logrado dominar la variedad de recursos y técnicas necesarios para realizar viajes por mar (recorrer una distancia importante por mar requiere la fabricación de herramientas y la cooperación necesarias para construir una embarcación, el conocimiento de las técnicas de navegación para pilotarla y, bajo mi punto de vista, lo más importante, el plantearse siquiera la necesidad el viaje).

Este reciente hallazgo, unido al descubrimiento de puntas de lanza similares en las islas de Zakynthos, Lefkada y Kefalonia – publicado en 2012 en el Journal of Archaeological Science1– son para algunos una prueba clara de que los orígenes de la navegación en el Mediterráneo preceden con mucho a la llegada de Homo sapiens a las islas. En apoyo a esta hipótesis se citan además los datos recientemente publicados acerca de la antigüedad del yacimiento de Liang Bua, que sitúan a Homo floresiensis en Indonesia hace entre 190.000 y 50.000 años 2 (y, por tanto, asocian a este ancestro con el conocimiento forzoso de las técnicas de navegación).

Pero otros, en cambio, sostienen que la isla de Flores pudo ofrecer un acceso más fácil desde el continente debido al descenso del nivel del mar en aquella época. Los detractores de aquélla hipótesis argumentan que el hecho de que hayamos analizado algunas “excursiones” al azar en Indonesia y el Egeo no demuestra la existencia de viajes deliberados por mar (a diferencia de lo que hemos podido constatar acerca de la colonización del continente americano). Además, es necesario explicar por qué los artefactos paleolíticos en el Egeo son tan escasos: milenios de habitación humana deberían haber dejado un registro más indeleble (aunque la causa de esta situación puede deberse a que la mayoría de los investigadores de la región son especialistas en las culturas que produjeron las exquisitas figuras de marfil y alfarería del Neolítico, y carecen de los conocimientos y el entrenamiento necesario para reconocer un yacimientos de lascas y piedras rotas –industria lítica en definitiva– que pueden confundirse fácilmente con material de desecho).

Modelos en 3D de los niveles de la costa en las islas jónicas. P: Peloponeso, AA: Aetolo-Akarnania, IZ: Zakynthos, IK: Kefallinia, IL: Lefkada. Tomado de Ferentinos, G., et al. (2012), «Early seafaring activity in the southern Ionian Islands, Mediterranean Sea». Journal of Archaeological Science, vol.39, núm. 7, p. 2167-2176.

Como decimos, será necesario contar con todos los datos para poder ofrecer una respuesta a la cuestión de si los neandertales eran capaces de navegar. Por lo pronto, sabemos que el equipo de arqueólogos está empleando la técnica de luminiscencia estimulada ópticamentepara determinar la cantidad de tiempo transcurrido desde que los granos del mineral sedimentario fueron expuestos a la luz por última vez. A diferencia de la más conocida datación por radiocarbono, la luminiscencia estimulada ópticamente trabaja en depósitos de suelo extremadamente antiguos aunque tarda meses en procesarse. Los primeros resultados de laboratorio han fechado algunos de los artefactos de Stelida hace al menos 50.000 años, pero el equipo todavía está esperando los resultados de las capas inferiores del yacimiento que permitirá la datación de las herramientas Musterienses que tanta importancia han despertado.

Estaremos atentos a los resultados de estos trabajos.

Notas

¿Los Neandertales se extinguieron por falta de ropa de abrigo?

Uno de los temas recurrentes en el estudio de la evolución humana tiene que ver con el motivo que llevó a la extinción a los Neandertales y permitió la expansión del ser humano moderno por todo el planeta. Bajo mi punto de vista resulta difícil sostener que los Neandertales desaparecieran por una única causa, máxime cuando se ha demostrado su hibridación con los seres humanos. En cualquier caso, hay consenso en que una de las claves pudo estar en el clima de Eurasia en los últimos 50.000 años.

En esa época el clima experimentó importantes fluctuaciones de frío a templado y a la inversa en cuestión de unas pocas decenas de años. Durante las olas de frío, en la mayor parte del territorio habitado por los Neandertales, la expansión de la cubierta de hielo y la tundra provocó una reducción progresiva de los bosques, y por ende, de las presas potenciales que les servían de alimento. En este caso, muchos argumentan que la falta de recursos alimenticios fue la principal causa de su extinción, no el frío en sí mismo.

Sin embargo, un grupo de investigadores retoma una idea ya planteada y discutida con anterioridad que sugiere que una pieza esencial para resolver el rompecabezas de la extinción de los Neandertales estaría en el uso de ropa de abrigo.

En un artículo publicado en el Journal of Anthropological Archaeology, leemos las conclusiones de un estudio que ha sido diseñado para arrojar luz sobre la posibilidad de que las diferencias en la ropa empleada por nuestros antepasados tuviera un papel preponderante en la sustitución de los Neandertales por los seres humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens sapiens o AMH – anatomically modern humans).

Hay un acuerdo general en que los seres humanos sí utilizaron ropa de abrigo para afrontar el frío clima que encontraron al llegar a Europa, mientras que se discute la naturaleza de la ropa usada por Neandertales. En este sentido, son varias las posturas que se han mantenido a lo largo de los años: hay quienes sostienen que los Neandertales no usaron ropa alguna; otros que se limitaron a llevar una especie de capa (es decir, poniéndose la piel de un animal grande alrededor de los hombros); y finalmente, quienes afirman que la ropa fabricada por los Neandertales no era sustancialmente diferente en términos de eficacia térmica que la utilizada por los primeros seres humanos modernos.

¿Qué aporta el nuevo estudio?

Para poner a prueba estas hipótesis los investigadores han planteado un enfoque diferente a los seguidos hasta la fecha: han decidido estudiar los huesos de los animales cuyas pieles pueden haberse utilizado para fabricar la ropa de abrigo.

De esta forma, el trabajo se ha dividido en tres partes:

  1. Se consultó una base de datos (Stage Three Project database) para identificar los mamíferos que vivieron durante la edad de hielo en Europa hace entre 60.000 y 20.000 años (puedes acceder a la base de datos aquí, y a los códigos de identificación de los animales aquí). Esta base de datos recoge la presencia o ausencia de estos animales en 493 yacimientos europeos.
  2. A continuación, el equipo examinó una base de datos etnográfica (eHRAF World Cultures) para identificar cuáles de esos mamíferos se han utilizado por los pueblos tradicionales que viven en latitudes medias y altas para fabricar ropa de abrigo.
  3. Con estos datos sobre la mesa, se comparó la frecuencia de aparición de estos animales en los diferentes yacimientos arqueológicos asociados con los seres humanos modernos y los Neandertales.

Este análisis produjo dos resultados principales. El primero es que aparecen restos de los mismos animales tanto en los yacimientos asociados a Homo sapiens como en los de Neandertales, aunque las frecuencias varían. Y aquí es donde los investigadores llaman la atención: el segundo resultado es que tres de las familias de mamíferos, Leporidae (conejos y liebres), Canidae (lobos, perros, chacales etc.) y Mustelidae (comadrejas, visones, glotones etc.), aparecen con mayor frecuencia en los estratos de los yacimientos asociados con los seres humanos modernos.

Por ejemplo, los investigadores destacan 56 yacimientos donde se hallaron miembros de la familia Mustelidae, donde se incluye el glotón, cuyo pelaje todavía se utiliza hoy en día por los habitantes del Ártico para la confección de los cuellos en sus abrigos. Este tipo de animales no se encuentra en ninguno de los asentamientos Neandertales.

Las consecuencias

Resulta evidente que la exposición prolongada al frío puede causar hipotermia y, desde luego, la muerte. Por lo tanto, analizando la cuestión con una perspectiva amplia, el impacto de la diferencia en la forma de vestir pudo ser importante para nuestros antepasados:

  • No disponer de ropa de abrigo adecuada limita las regiones habitables (tanto en latitud como en altitud), las horas del día en que se puede buscar alimento, así como las técnicas de caza (en muchas ocasiones, es necesario pasar muchas horas quieto en un mismo lugar esperando que aparezcan las presas).
  • La ropa de abrigo es necesaria para mantener a los niños calientes y en unas mejores condiciones, lo que aumenta sus posibilidades de supervivencia.
  • La falta de abrigo tiene una relación directa con la ingesta de calorías que, a la larga, puede conducir a una menor tasa de natalidad. Esta circunstancia llevaría a que las comunidades se hicieran cada vez más pequeñas y, finalmente, se volvieran insostenibles.

Disponemos de datos concluyentes que confirman que los seres humanos modernos sí fabricaban ropa de abrigo: se han hallado agujas de hueso para coser, y son muy abundantes las raederas, unas herramientas de piedra que podían usarse para raspar las pieles. Además, en Siberia se ha encontrado un conjunto de figuritas de marfil que llevaban abrigos parecidos a las modernas parkas (con grandes capuchas de piel) y que tienen una antigüedad aproximada de 24.000 años 1.

Figuras de marfil. Tomada de Hoffecker, J. F. (2005).

En cambio, no se ha encontrado ninguna evidencia de que los Neandertales usaran ropas hechas a mano.

Pero estos datos no son suficientes. No se equivocan quienes argumentan en contra de la tesis de que la falta de ropa abrigo supusiera el final para los Neandertales, que éstos ya estaban bien adaptados por su propia constitución a los climas fríos 2, aunque los defensores de la tesis del cambio climático ponen el énfasis en que con anterioridad esas fluctuaciones se daban en periodos más prolongados de tiempo. Por aquél entonces las poblaciones de Neandertales contaban con el tiempo suficiente para adaptarse a las nuevas condiciones más duras. En esta ocasión, sin embargo, la rapidez de los cambios en el clima habría hecho imposible que se recuperaran.

Puntos flacos de esta investigación

La base de datos de fauna del MIS 3 utilizada en la investigación detalla si los yacimientos pertenecen a una de estas tres culturas líticas:

  • Musteriense (comienza hace 250.000 años y desaparece hace entre 41.000 y 39.000 años) Asociada exclusivamente a Neandertales.
  • Auriñaciense (aparece hace 42.000 años y finaliza hace alrededor de 30.000 años). Asociada exclusivamente con los seres humanos modernos.
  • Gravetiense (se solapa con el final del Auriñaciense y finaliza hace unos 24.000 años). Asociada tanto con Neandertales como seres humanos modernos.

Los autores han excluido los estratos en los que se puede sospechar una mezcla de culturas líticas, lo que elimina información relevante.

Para saber si los animales encontrados en los yacimientos eran utilizados para fabricar ropa de abrigo han partido del uso actual que se hace de esas pieles –información recogida en la base de datos etnográfica–, dando por sentado una relación entre el uso pasado y presente de dichos animales. Creo que este es el peor sesgo de la muestra de datos utilizada: presuponer el comportamiento de nuestros antepasados a partir del comportamiento actual de los pueblos que viven en las latitudes polares.

Otro problema importante es que la base de datos de la fauna no distingue el número de animales de cada taxón localizados en cada yacimiento, de ahí que la presencia de un solo ejemplar de una familia tenga el mismo peso en este trabajo que la presencia de 100 ejemplares de otra. Esto supone un grave problema ya que los investigadores no han tenido en cuenta circunstancias como:

  • Disponibilidad: los restos de algunos animales podrían estar ausentes de los yacimientos Neandertales porque esos mamíferos simplemente no estaban presentes en esas áreas al mismo tiempo.
  • Uso efectivo de las pieles: es muy difícil saber si la presencia de esos huesos de un yacimiento implica que las pieles se utilizaron para fabricar ropa, o bien para alimentarse, o para ambas actividades.
  • Si esos animales compartieron el mismo espacio que los homininos pero no fueron explotados.
  • Problemas tafonómicos que han impedido contabilizar animales que efectivamente estuvieron presentes.

En definitiva, consultando estas bases de datos no tenemos forma alguna de saber si esos animales fueron desollados o no para fabricar ropas de abrigo con sus pieles, por lo que extraer conclusiones acerca de la posible extinción de los Neandertales a partir de esa información es, bajo mi punto de vista, demasiado aventurado.

 

Referencia

Collard, M., et al. (2016), «Faunal evidence for a difference in clothing use between Neanderthals and early modern humans in Europe«. Journal of Anthropological Archaeology, vol. 44, Part B, p. 235-246.

Notas

Reseña: Los cazadores recolectores del Pleistoceno y del Holoceno…

Ficha Técnica

Título: Los cazadores recolectores del Pleistoceno y del Holoceno en Iberia y el Estrecho de Gibraltar: estado actual del conocimiento del registro arqueológico
Autor: Robert Sala Ramos (Redactor)
Edita: Universidad de Burgos, 2014
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Número de páginas: 768 p.
ISBN: 978-8492681853

 

El manual de Prehistoria antigua de la península Ibérica más actualizado con los datos básicos de los grandes sitios de la Evolución Humana en España y Gibraltar. Un libro coral en el que participan todos los especialistas más destacados de la arqueología del Paleolítico y Mesolítico para ofrecer el estado del conocimiento sobre el poblamiento primitivo. El lector hallará en él la información esencial de los yacimientos de primer orden: la estratigrafía, los hallazgos esenciales y las líneas de investigación y los grandes temas de la evolución tratados por la Arqueología de hoy.

RESEÑA

 Esta obra que hoy reseñamos tiene una importancia fundamental para quienes pretendan acercarse al conocimiento de la Prehistoria de la Península Ibérica, no solo por la densidad de la información que contiene sino, sobre todo, por su rigurosidad, por una exquisita ordenación sistemática, y por tratarse de la más actualizada que podemos hallar hoy en día.

Esta obra nace en el marco del XVII congreso de la UISPP (Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas) celebrado en Burgos los pasados 1 a 7 de septiembre de 2014 con el objetivo de poner al día los últimos datos de paleohistoria de España, realizando un recorrido por las primeras paleocupaciones registradas en la Prehistoria de la Península Ibérica.

Hemos de tener en cuenta que el registro de esta región es esencial para la reconstrucción de la evolución humana en Europa ya que contiene los elementos más antiguos y significativos de la humanización del continente, y porque además permiten trazar las grandes líneas explicativas de todo el proceso. Tenemos la suerte de disponer de magníficos yacimientos y de magníficos investigadores para interpretarlos. Esto ha permitido que el conocimiento de la Prehistoria de nuestro país sea de los más rigurosos y actualizados en el esquema mundial. Con solo pasearnos por las páginas de este trabajo podemos apreciar la ardua labor de síntesis realizada por los autores para ofrecernos la información más completa y rigurosa –sin dejar de lado una más que necesaria concreción–.

Y es que la investigación sobre la Prehistoria no puede avanzar si no es gracias al trabajo de campo, de laboratorio y de gabinete que realizan a diario científicos de numerosas disciplinas. En este volumen contamos con los datos empíricos que permiten a los arqueólogos y prehistoriadores hacer las interpretaciones a «posteriori» de las estructuras y sistemas de vida del pasado y la evolución paleocológica de nuestro género en un marco territorial concreto. De esta forma podemos encontrar de forma sistematizada los datos de la evolución del género Homo y de su entorno.

Presentación oficial de la obra en el Museo Arqueológico Nacional.

Además, este volumen viene a cubrir una necesidad. Una necesidad si tenemos en cuenta el ingente número de publicaciones sobre el particular que aparecen periódicamente en las revistas especializadas. Este aluvión de información hace que sea imprescindible contar con trabajos de síntesis en los que los datos de todas las investigaciones sean accesibles en un solo volumen monográfico. Por supuesto, gracias a la completa bibliografía disponible podremos profundizar en cualquier aspecto que sea de nuestro interés.

El volumen está organizado según la disposición geográfica de los diferentes yacimientos. Se han incluido los datos de los conjuntos arqueo-paleontológicos principales (son un total de 121 artículos), organizados en ocho grandes regiones fisiográficas y geológicas que buscan evidenciar la adaptación humana a entornos similares. Además, se han incorporado dos capítulos temáticos dedicados a las regiones con registro de comportamiento simbólico rupestre más extenso: la región cantábrica y la levantina. No es menos reseñable la inclusión de yacimientos del estrecho de Gibraltar –tanto al norte como al sur– que supone traspasar las fronteras de la Península para poner a nuestra disposición una información valiosísima por la importancia de este lugar de tránsito.

En definitiva, se trata de una obra de consulta, un vademécum que pretender servir como guía a los estudiantes interesados en la arqueología del Cuaternario –y a cualquier otra persona amante del conocimiento– que disponen así de un volumen al que acudir para obtener una visión de conjunto, los datos imprescindibles, y la información más actualizada de los yacimientos arqueológicos más significativos de nuestra Prehistoria.

Accede al índice completo de la obra aquí.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.