Mes: mayo 2020

La arqueología del 99%

La arqueología del 99%

     Última actualizacón: 22 mayo 2020 a las 07:27

La gran mayoría de las personas en la antigüedad eran demasiado pobres para dejar atrás muchos artefactos. Pero los arqueólogos han aprendido a mirar más allá de los templos y los palacios.

Hasta hace pocas décadas, la arqueología tenía que ver con la grandeza y los ricos, centrada en templos, palacios y artefactos espectaculares: piense en la tumba del rey Tut o en los grandes templos y palacios de la ciudad maya de Tikal. Jeremy Sabloff, un arqueólogo ahora retirado de la Universidad de Pennsylvania y el Instituto Santa Fe, fue parte de la generación que cambió esto. Sabloff forjó su carrera estudiando a la gente corriente de la civilización maya de México y América Central, cartografiando y excavando ciudades enteras para estudiar quién vivía dónde y cómo.

En el número de 2019 de la Annual Review of Anthropology, Sabloff repasa sus más de 50 años de carrera y analiza lo que han aprendido los arqueólogos de los mayas a través del estudio de los patrones de asentamiento. Knowable Magazine habló con él sobre la arqueología de la gente corriente. Esta conversación ha sido editada por extensión y claridad.

¿Por qué los arqueólogos habían pasado por alto a la gente corriente durante tanto tiempo?

Antes de la Segunda Guerra Mundial, la investigación arqueológica era financiada principalmente por museos, individuos ricos o fundaciones. Querían hallazgos espectaculares: templos y palacios, no los restos de estructuras perecederas de la vida cotidiana. Querían tumbas reales, como la tumba del rey Tut, los tesoros reales de Ur, grandes esculturas, murales, hermosa cerámica, jade. Buscaban materiales que pudieran traer de vuelta y exhibir en museos.

¿Y por qué cambió eso?

Hasta mediados del siglo XX, gran parte de la arqueología también se hacía por personas ricas. La composición de la disciplina cambió significativamente después de la Segunda Guerra Mundial, y quienes la practicaban fueron más de clase media. Una de las razones es que había muchos más trabajos disponibles, particularmente en las universidades estatales. Y pudieron obtenerse subvenciones para trabajo de campo que no se basaban en la búsqueda de objetos o hallazgos espectaculares. Todo esto está relacionado con el cambio del 1% al 99%, como lo llamé a la ligera.

Para el área maya específicamente, el catalizador fue Gordon Willey de Harvard. Ya había sido un pionero en lo que se llamó el «enfoque del patrón de asentamiento»: quería ver todo el asentamiento de un yacimiento arqueológico, no solo los edificios principales. Estaba tan interesado en cartografiar los restos de las chozas con techo de paja, lo poco que quedara de ellas, como en los templos de piedra y los palacios. No es que las casas de los antiguos campesinos mayas hubieran sido ignoradas, pero Willey fue el primero en concentrar su atención en ellas y preguntarse: ¿cómo podemos entender a la sociedad maya en su conjunto?

Esta preocupación por el patrón de asentamiento, mirando el 100% en lugar del 1%, no solo amplió nuestra comprensión, sino que la cambió por completo. La antigua visión de los mayas era la de un pueblo pacífico no urbano gobernado por sacerdotes-astrónomos. Se pensaba que los complejos templos que se habían encontrado en Tikal y en otros lugares eran simplemente centros ceremoniales con una población mínima, y no ciudades por derecho propio. Pero los proyectos de cartografiado en Tikal y otros lugares mostraron que no se trataba solo de centros ceremoniales: había un gran número de restos de casas. En realidad eran centros urbanos de algún tipo. Esto cambió totalmente nuestra comprensión de los mayas precolombinos.

¿Por qué eligió centrarse en la arqueología de la gente corriente?

Realmente hay dos respuestas para eso. Una es que era estudiante de Willey. En 1965 comencé en un proyecto en la selva de Guatemala que analizaba toda la gama de restos mayas. Así que me metí en eso. Pero también estaba relacionado con mi interés general, que era: ¿cómo entendemos el desarrollo a través del tiempo de la civilización maya? Obviamente, si vas a hacer preguntas como esa y quieres obtener respuestas útiles, tenías que mirar toda la antigua sociedad maya al completo.

¿Cómo estudia los patrones de asentamiento?

Queremos tener una idea de la distribución de todos los tipos de viviendas y cómo están situadas en el paisaje y, en particular, queremos encontrar información sobre los habitantes de los diferentes tipos de arquitectura a través de la recopilación detallada de materiales en la superficie y mediante la excavación donde ello sea posible.

Uno de los proyectos que codirigí fue en el yacimiento de Sayil, en el norte de Yucatán, al sur de la actual Mérida. En primer lugar solo queríamos hacer un mapa del área urbana para poder tener una idea del alcance y la naturaleza de las estructuras. Una razón por la que elegimos trabajar en Sayil es que hubo muy poca perturbación después del siglo XVI. Donde hubo una choza con techo de paja, todavía se conservaba la única hilera de piedras que sostenía los postes de madera de las paredes, por lo que de hecho podías ver el diseño de las habitaciones, las plataformas sobre las que se habían construido etc.

Palacio de Sayil. CC. Fuente: Andreas Bossard

También hicimos una pequeña excavación de estas estructuras más perecederas, para poder completar un poco más. ¿Podríamos captar una idea de la composición del hogar? ¿Cuántas habitaciones habría tenido una familia? ¿Qué encontraríamos en el área de la cocina? Una de las cosas interesantes que encontramos fue que los espacios abiertos entre las casas, que solían considerarse pequeñas plazas o algo así, de hecho eran huertos donde habían estado cultivando judías, calabazas, tomates, etc.

Encontramos herramientas de piedra hechas de obsidiana, que no está disponible localmente. Así que empiezas a preguntarte cosas sobre el comercio. Económicamente, ¿dónde podrías encontrar los mercados? ¿Qué se vendía allí? ¿Los bienes eran accesibles tanto para la élite como para quienes no lo eran, o había algunas cosas disponibles solo para unos y no para otros? Todo esto hace que te preguntes cómo funcionaba la sociedad, y también cómo podría haber cambiado todo eso con el tiempo. Es una imagen mucho más rica de la sociedad maya precolombina.

Esta imagen más rica que estamos obteniendo del 100% depende de herramientas que los arqueólogos simplemente no tenían a su disposición hace 50 años. En términos de cartografiado de patrones de asentamiento, uno de los grandes avances técnicos de los últimos años es la teledetección, particularmente el LIDAR, donde aviones volando a baja altura o drones envían rayos láser hacia abajo de forma que puedes ver el suelo sin los árboles. Puedes ver caminos de piedra. Puedes ver los restos de las casas, calzadas, caminos, y fortificaciones defensivas. Esta técnica hará que el cartografiado de los yacimientos sea mucho más simple, particularmente en situaciones difíciles como en la selva tropical o un área muy boscosa. Podemos cubrir áreas mucho más extensas con mayor detalle y precisión que nunca. Los nuevos estudios de las tierras bajas mayas del sur basados en LIDAR muestran que muchas ciudades mayas precolombinas eran más extensas de lo que se pensaba anteriormente, aunque estos nuevos datos están a la espera de ser confirmados por investigaciones sobre el terreno.

¿Cómo era la vida de la gente corriente?

En primer lugar, lo que aprendimos es que es difícil hablar sobre los pueblos mayas en conjunto en un momento dado. En toda el área maya, que cubre parte de los modernos México, Belice, Honduras, Guatemala y El Salvador, hubo una gran variabilidad, tanto en el espacio como en el tiempo. Alguien que viviera en un pequeño pueblo en el norte de Yucatán puede ser diferente de los mayas que vivieron en las tierras altas de Guatemala u Honduras.

Es una sociedad agrícola. Pero evidentemente tenías artesanos de todo tipo. Algunos de ellos estaban centrados en la familia, produciendo cerámica, herramientas de piedra, materiales decorativos; otros, por ejemplo, los tejedores o quienes producen una cerámica pintada especialmente hermosa, podrían estar apoyados por la élite.

¿Ver el panorama completo les ha dado a los académicos una visión diferente de la civilización maya posclásica?

Uno de los mejores yacimientos para comprender esto es la ciudad de Mayapan, no muy lejos de la actual Mérida en Yucatán. Se ha venido trabajado allí durante varios años por un gran equipo internacional. Fue una ciudad amurallada que prosperó principalmente entre mediados del siglo XIII hasta mediados del siglo XV. Se pensaba que fue un período decadente –los mayas yendo cuesta abajo–, porque no veías grandes inversiones en bella arquitectura, en templos y palacios.

Pero descubrimos que económica y socialmente las cosas eran igual de complejas, si no más complejas. Los gobernantes de la ciudad no estaban invirtiendo su capital en una gran arquitectura o tumbas elaboradas, lo estaban usando para desarrollar almacenes, rutas comerciales, barcos, toda la infraestructura de un comercio local y de larga distancia. En mi opinión, nada decadente.

Mayapan. CC. Fuente: John

¿Hay lecciones de los mayas que podamos poner en práctica hoy?

La civilización maya clásica se desmoronó en el siglo IX, pero los mayas no desaparecieron: hoy hay más de 10 millones de hablantes mayas. ¿Qué les permitió continuar después del colapso de sus ciudades? Hay que tomar en consideración cuestiones sobre el crecimiento de la población, la guerra, la sequía y el cambio climático, que tienen relevancia. Las respuestas no necesariamente resolverán los problemas modernos, pero creo firmemente que podemos extraer potenciales lecciones del pasado. ¿En qué tuvieron éxito? ¿Qué es lo que no funcionó? ¿Cómo hicieron frente a la sequía o la guerra? Obviamente, los mayas precolombinos y otros estados antiguos son diferentes de los actuales, pero al menos nos pueden ofrecer antecedentes y contexto para iluminar los problemas modernos. Creo que por ese motivo las clases de arqueología todavía están en auge por todo el país.

Y la arqueología continúa hasta nuestros días. Hay un gran interés en este país en la arqueología de la esclavitud. Aunque es una historia reciente, la historia escrita no te da el mismo tipo de detalles sobre la vida de los esclavos que sobre la de quienes vivieron en la casa principal. La arqueología está ayudando a poner todo esto al descubierto.

Hay arqueólogos que se fijan en los restos de los campamentos de personas sin hogar para tratar de obtener más información acerca de algo que está sucediendo hoy. Es un ejemplo de una arqueología más completa sobre todos los grupos, sin importar cuán espectaculares o aparentemente no espectaculares sean sus restos materiales.

Este artículo, escrito por Bob Holmes, apareció publicado por primera vez en Knowable Magazine from Annual Reviews. Se publica esta traducción con autorización. Lee el original aquí.

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Reseña: Disclosing the past. An autobiography

Reseña: Disclosing the past. An autobiography

     Última actualizacón: 16 mayo 2020 a las 16:53

Ficha Técnica

Título: Disclosing the past. An autobiography
Autor: Mary Leakey
Edita: Weidenfeld & Nicolson, 1984
Encuadernación: Tapa dura.
Número de páginas: 224 p.
ISBN: 0297785451

Reseña del editor

La reconocida arqueóloga ofrece una mirada incisiva y detallada de su notable familia y analiza su trabajo con su marido en África Oriental, así como sus descubrimientos, que alteraron para siempre el curso de la antropología moderna.

Reseña

Lo primero que debemos señalar en honor a la verdad es que no estamos ante una verdadera «autobiografía». Mary Leakey, siempre reacia a hablar de su vida privada, necesitó de la ayuda de un escritor profesional para dar forma al texto que ahora tenemos entre manos. En cualquier caso, este dato no desmerece el contenido ni la importancia de contar con un libro gracias al que podemos conocer de primera mano las inquietudes y vivencias de quien ha sido una de las arqueólogas más importantes del siglo XX.

Lo segundo, pese a que a estas alturas no debiera ser necesario, es apuntar que Mary Leakey no fue solo «la mujer de Louis Leakey». Aún hay textos en los que se deja entrever que ese dato es todo lo que tenemos que saber. En realidad, la valía profesional e intelectual, así como los logros científicos de Mary Leakey superaron en muchos aspectos a los de su marido.

Mary divide su biografía en tres fases: desde la niñez hasta que conoce a Louis Leakey; sus años con él que terminan con al morir en 1972 y, por último, el periodo «post-Louis», donde destacan sus hallazgos en Laetoli.

Sin embargo, ella reconoce que todo comenzó en el verano de 1935 cuando, con apenas 22 años, visitó por primera vez África Oriental. Tras conducir por la ladera rocosa del cráter del Ngorongoro en Tanzania, se encontró frente a una vista que dejó una huella indeleble en su espíritu y marcó su futuro. Esa vista era la de la vasta llanura del Serengeti, «que se extendía hasta el horizonte como el mar… siempre igual, pero siempre diferente».

Según sus palabras, ese fue el momento en que África se apoderó de ella. A pesar de que vivió y viajó por diferentes lugares del mundo, los barrancos, los cauces de los arroyos, los acantilados y las laderas de ese paisaje africano iban a constituir su hogar durante casi medio siglo. Fue allí donde se vio involucrada en algunos de los hallazgos más importantes y dramáticos que han rodeado al mundo de la arqueología prehistórica y el estudio de la evolución humana.

Mary Nicol nació en Londres en 1913, hija única de Cecilia Frere y Erskine Nicol, un pintor de éxito de quien heredó no solo el amor al aire libre y la curiosidad por la vida de nuestros antepasados, sino un destacado talento para el dibujo. Era descendiente de John Frere, un anticuario (como se los conocía entonces) que encontró diversas herramientas de piedra y que en 1797 argumentó que fueron hechas por quienes aún no conocían el metal -una idea considerada por aquel entonces casi una herejía-.

Mary nos cuenta que tuvo una infancia alegre, dividida entre Londres y Europa, a donde su padre viajaba cada año para pintar. También nos explica que hacía sufrir terriblemente a las jóvenes institutrices que sus padres contrataban para darle una educación formal. En el suroeste de Francia comenzó su interés por la arqueología, participando en excavaciones arqueológicas y recogiendo herramientas de piedra con su padre. Por supuesto, también visitó las famosas pinturas rupestres de esa región. Tras la muerte de su padre, su madre y ella se vieron obligadas a regresar a Inglaterra, en ese momento sus intereses cambiaron hacia la historia y arqueologías británicas. Al final de su adolescencia ya conocía a muchos de los principales arqueólogos de la época y tenía perfectamente claro a qué quería dedicarse el resto de su vida. Sus visitas a Stonehenge y Avebury no hicieron sino reforzar ese interés.

Su sobresaliente capacidad para dibujar herramientas de piedra le llevó a reunirse con Louis Leakey, que buscaba un ilustrador para uno de sus libros, dando así comienzo la segunda fase de su vida.

En 1935 visitó Kenia y Tanzania con él, y en 1936 se casaron y se mudaron al este de África. Aquí profundizamos en los primeros años de sus trabajos en la garganta de Olduvai; los sempiternos problemas de financiación que obligan a Louis a centrarse en el objetivo de conseguir patrocinadores; el nacimiento de cuatro hijos (la pequeña Deborah murió a los tres meses de disentería) y el descubrimiento de Zinjanthropus boisei.

La muerte de Louis obligó a Mary a ocupar el centro del «escenario». Además de dirigir sus proyectos de investigación, tuvo que asumir los papeles de recaudadora de fondos, organizadora, publicista y conferenciante (roles que Louis había desempeñado siempre con enorme energía y entusiasmo). Para ella supuso un enorme desafío ya que se desenvolvía con más soltura en un yacimiento que en un salón repleto de público. Sin embargo, superado el rechazo inicial, lo aceptó con determinación y pronto destacó en la escena internacional, siendo reclamada como conferenciante en todo el mundo.

No vamos a encontrar en este libro referencias a la bochornosa conducta de Louis Leakey, tanto en lo personal como en lo profesional. Mary se limita a decir que llegó un momento en sus vidas en que ella había perdido el respeto por su marido, aunque refiriéndose más a su capacidad intelectual que a sus relaciones extramatrimoniales (la insistencia de Louis en defender el yacimiento californiano de Calico tuvo un papel determinante). Estuvieron bastante tiempo haciendo vidas separadas antes de su fallecimiento en 1972.

Estamos, en definitiva, ante un texto imprescindible para todo amante de la arqueología y la historia de la ciencia.

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Beringia y la entrada en América (y III)

Beringia y la entrada en América (y III)

     Última actualizacón: 15 mayo 2020 a las 16:16

Dos modelos acerca de la colonización de América

El modelo del «poblamiento rápido»

Como indicamos en la primera parte de esta serie de anotaciones, los investigadores mantienen dos posturas acerca de la función que cumplió Beringia en lo que hace referencia al poblamiento de América. Algunos sostienen que las poblaciones que migraron hacia América se detuvieron en la región durante miles de años, dejando una impronta genética en los nativos americanos. Es decir, Beringia pudo haber sido un lugar más cómodo para vivir durante el UMG de lo que se pensaba hasta hace poco, actuando como un «refugio» ante el duro clima circundante.

Sin embargo, otros defienden que Beringia no fue más que un mero «pasillo», un «puente» que tanto los grandes mamíferos como nuestros antepasados se apresuraron a cruzar en su camino desde Asia al nuevo continente: se trata de la llamada hipótesis del «poblamiento rápido», y según este modelo el aislamiento se habría producido en Asia y no en la masa terrestre de Beringia.

Su argumentación es la siguiente: dado que desde hace 40000 años las masas de hielo de los glaciares cubrían gran parte de lo que hoy es Alaska y Canadá –impidiendo el paso hacia América 1–, los primeros pobladores del continente hubieron de esperar hasta que se formaron unos corredores tras la retirada del hielo, bien por la costa (hace unos 15000 años), o bien por el interior (hace entre 14000 y 13500 años).

Analicemos los datos que apoyan esta versión.

Datos arqueológicos

Las herramientas de yacimientos como Swan Point, en el centro de Alaska, datado en 14000 años de antigüedad; el de Nenana, con una antigüedad de entre 13800 y 13000 años; y el de Ushki en Kamchatka (13000 años), constituyen las pruebas arqueológicas más tempranas y fiables que se han hallado hasta el momento en el este de Beringia.

Por otro lado, hemos de tener en cuenta que el registro arqueológico de los corredores que quedaron libres de hielo ya dentro del continente americano, aunque mejora con los recientes estudios y a pesar de que hay resultados prometedores, todavía es insuficiente para resolver algunas de las dudas que quedan pendientes en lo tocante a la presencia de poblaciones humanas.

Por lo tanto, los defensores del «poblamiento rápido» se apoyan en la ausencia de pruebas arqueológicas, en la falta de un enlace claro entre el yacimiento siberiano de Yana RHS (que analizamos en la segunda parte de esta serie) y Swan Point 2.

La combinación de datos genéticos y arqueológicos de Siberia, Beringia y de América sugieren que los humanos llegamos al continente americano desde el sur de Siberia poco después del UMG, hace unos 15000 años. Tomado de Goebel, Waters, y O’Rourke (2008).

El no haber encontrado yacimientos más antiguos hace suponer que las duras condiciones climáticas impidieron el poblamiento de América antes de que el deshielo de los glaciares hace aproximadamente 14000 años, permitiera el paso seguro. Los yacimientos de Monte Verde en Chile, Schaefer y Hebior, apuntan a esa época como la de la primera presencia humana en América. Estos yacimientos, junto a los de Meadowcroft, Page-Ladson y la cueva de Paisley, podrían representar el estrato más antiguo de la prehistoria americana y, por tanto, el origen de la cultura Clovis.

Si Beringia no fue un «refugio», ¿dónde se detuvieron las poblaciones en su camino a América mientras mejoraban las condiciones climáticas?

Dos investigadores 3 han analizado la tecnología de microláminas de diferentes yacimientos del noreste de Asia y de Beringia para concluir que la situación climática durante el UMG llevó a las poblaciones hacia las islas de Sajalín y Hokkaido. Por lo tanto, defienden que la migración desde el interior de Siberia se produjo en primer lugar hacia sur y el este, no directamente hacia Beringia.

Durante el UMG ambas islas estaban unidas entre sí y, al mismo tiempo, con tierra firme. Desde hace 26000 años, los signos de habitación humana en esta región aumentan bruscamente, lo que demostraría la existencia de un flujo más o menos constante de llegada de personas. Y esto sucede poco después de que el número de yacimientos humanos en el sur de Siberia descienda bruscamente, como si la gente se estuviera desplazando de un lugar a otro. Para ellos, el «refugio» no estuvo en Beringia sino en la península formada por esas islas.

Información genética

El trabajo de Raghavan et al. (2015) que analizamos en la anterior anotación planteaba que las duras condiciones climáticas habían provocado el aislamiento geográfico de los antepasados de los nativos americanos, que conllevó a su vez el aislamiento genético. Ofrecieron como fecha más probable para esta separación la de 22000 años, aunque parece que el flujo genético continuó hasta hace unos 12000 años, cuando el puente de Beringia quedó sumergido bajo el mar. Respecto a la cuestión de si ese aislamiento se había producido en Siberia o en Beringia quedó sin respuesta.

Los análisis completos tanto de ADN moderno como antiguo indican que las poblaciones de nativos americanos divergieron de sus antepasados asiáticos hace no más de 23000 años, demasiado poco tiempo para que tuviera lugar el aislamiento genético defendido por la «hipótesis de la parada en Beringia».

Por otro lado, recientes estudios de ADN 4 sugieren que esa divergencia se produjo mucho antes, hace 36000 años –con una separación definitiva hace entre 25000 y 20000 años–, lo que supondría que la separación geográfica entre las poblaciones se produjo mucho antes de lo que sugiere la «hipótesis de la parada en Beringia».

En cualquier caso debemos ser cautos con este tipo de estudios genéticos: el cálculo del reloj molecular puede plantear problemas metodológicos, es decir, la estimación de la tasa de mutación que sirve ­para establecer fechas aún no es una cuestión zanjada. Por ello, pese al hallazgo en el ártico canadiense (yacimiento de Bluefish) de marcas de corte en huesos con una antigüedad de 23700 años, y que podría documentar la presencia humana en el este de Beringia, el hecho de que sea un yacimiento aislado y que no se hayan recuperado herramientas de piedra o pruebas del uso del fuego plantean dudas acerca de si esos yacimientos demuestran realmente la presencia humana continuada en la región.

Volviendo al patrón genético que vemos en los múltiples estudios que se están realizando, puede haber una explicación alternativa: el «surfing»genético. Se trata de un cambio genético acelerado que se produce cuando una población pequeña se extiende muy rápido por un área geográfica muy grande 5. Esta podría ser una explicación alternativa a la que han ofrecido los defensores de la parada en Beringia.

Paleoecología

Varios estudios apuntan a que la migración hacia América fue viable hace unos 18000 años, al confirmar que el margen occidental de la capa de hielo que constituía el Glaciar de la Cordillera se había retirado antes de lo que se pensaba. Este temprano deshielo dejó expuestas numerosas islas que podrían haber sido utilizadas por las primeras personas que emigraron hacia el sur dentro del continente 6.

En 2016 7 se publicaron los primeros resultados del análisis de un enorme yacimiento SITUADO en el Ártico central de Siberia, datado en alrededor de 48000 años. Se encontraron los huesos de un mamut con evidentes marcas de corte. Este yacimiento amplía el área de poblamiento hasta casi los 72° N. La capacidad de nuestros antepasados para cazar mamuts les permitió sobrevivir y extenderse ampliamente por la Siberia ártica más septentrional y supuso un cambio cultural y adaptativo notable. Y lo que es más importante, la presencia de Homo sapiens en esta zona cercana al puente de Beringia pudo haberles brindado la oportunidad de entrar en el Nuevo Mundo antes del UMG.

Yacimiento SK. Los restos de un mamut con evidentes marcas de corte y de haber sido manipulado tras su muerte, demuestran la presencia humana en la región hace unos 49000 años. Tomado de Pitulko et al (2016).

En cualquier caso, como hemos venido comentado, el mayor problema a la hora de establecer cuándo y cómo se produjo la entrada en América es la ausencia de pruebas físicas directas de la ocupación humana de Beringia que permitan poner a prueba las interpretaciones de los datos genéticos.

Conclusiones

Con todos los datos sobre la mesa, lo que podemos afirmar con seguridad es que la colonización de Beringia no se produjo al mismo tiempo que el poblamiento de América. Mucho antes de la entrada de los humanos en el nuevo continente se asentaron en la parte norte de Eurasia. Contamos con bastantes pruebas de que Homo sapiens colonizó la región hace entre 50000 y 40000 años.

Sin embargo la hipótesis de la «parada en Beringia» sólo podrá confirmarse cuando se encuentren fósiles humanos o pruebas arqueológicas fehacientes de la presencia de poblaciones en Beringia durante el UMG y pruebas que vinculen esas poblaciones con uno o varios de los linajes de Nativos Americanos que se dispersaron a lo largo del hemisferio occidental después de hace 15000 años (cuando terminó el UMG).

Por otro lado, unir el registro arqueológico con los datos genéticos es complicado. Por ejemplo, los movimientos a gran escala de las personas y sus genes pueden producirse de diferentes formas. Además de «colonizar» una región que estuviera desocupada con anterioridad, los migrantes también pudieron acceder a regiones que ya estaban ocupadas por otras poblaciones y, gradualmente, relacionarse con ellos. Pero también existe la posibilidad de que se produjera un completo reemplazo físico de los habitantes preexistentes.

Como estamos acostumbrados a decir en este blog, serán necesarios más hallazgos, nuevas investigaciones, la aplicación de métodos novedosos, para poder despejar las dudas que envuelven a un tema de tanta importancia como fue la forma en que nuestros antepasados llegaron al continente americano.

Esperamos contarlos en esta bitácora.

Referencias

Bond, J. D. (2019), Paleodrainage map of Beringia. Yukon Geological Survey. Open File 2019-2.

Buvit, I. y Terry, K. (2016), «Outside Beringia: Why the northeast asian Upper Paleolithic record does not support a long standstill model«. PaleoAmerica, vol. 2, núm. 4, p. 281-285.

Darvill, C. M., et al. (2018), «Retreat of the western Cordilleran ice sheet margin during the last deglaciation«. Geophysical Research Letters, vol. 45, núm. 18, p. 9710-9720.

Goebel, T.; Waters, M. R. y O’Rourke, D. H. (2008), «The Late Pleistocene dispersal of modern humans in the Americas«. Science, vol. 319, núm. 5869, p. 1497-1502.

Hoffecker, J. F., et al. (2016), «Beringia and the global dispersal of modern humans«. Evolutionary Anthropology: Issues, News, and Reviews, vol. 25, núm. 2, p. 64-78.

Hoffecker, J. F.; Elias, S. A. y  O’Rourke, D. H. (2014), «Out of Beringia?». Science, vol. 343, núm. 6174, p. 979-980.

Lesnek, A. J., et al. (2018), «Deglaciation of the Pacific coastal corridor directly preceded the human colonization of the Americas«. Science Advances, vol. 4, núm. 5, p.

Llamas, B., et al. (2016), «Ancient mitochondrial DNA provides high-resolution time scale of the peopling of the Americas«. Science Advances, vol. 2, núm. 4, p. e1501385.

Meiri, M., et al. (2014), «Faunal record identifies Bering isthmus conditions as constraint to end-Pleistocene migration to the New World«. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, vol. 281, núm. 1776, p. 20132167.

Moreno-Mayar, J. V., et al. (2018), «Terminal Pleistocene Alaskan genome reveals first founding population of Native Americans«. Nature, vol. 553, núm. 7687, p. 203-207.

Pitulko, V. V., et al. (2004), «The Yana RHS Site: humans in the arctic before the Last Glacial Maximum«. Science, vol. 303, núm. 5654, p. 52-56.

Pitulko, V. V., et al. (2012), «The oldest art of the Eurasian Arctic: personal ornaments and symbolic objects from Yana RHS, Arctic Siberia«. Antiquity, vol. 86, núm. 333, p. 642-659.

Pitulko, V. V., et al. (2016), «Early human presence in the Arctic: Evidence from 45,000-year-old mammoth remains«. Science, vol. 351, núm. 6270, p. 260-263.

Pitulko, V.; Pavlova, E. y Nikolskiy, P. (2017), «Revising the archaeological record of the Upper Pleistocene arctic Siberia: Human dispersal and adaptations in MIS 3 and 2«. Quaternary Science Reviews, vol. 165, p. 127-148.

Pringle, H. (2014), «Welcome to Beringia«. Science, vol. 343, núm. 6174, p. 961-963.

Raghavan, M., et al. (2015), «Genomic evidence for the Pleistocene and recent population history of Native Americans«. Science, vol. 349, núm. 6250, p. aab3884.

Tamm, E., et al. (2007), «Beringian standstill and spread of Native American founders«. PLoS ONE, vol. 2, núm. 9, p. e829.

Watson, T. (2017), «News Feature: Is theory about peopling of the Americas a bridge too far?«. Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 114, núm. 22, p. 5554-5557.

Bibliografía recomendada

Goebel, T. y Buvit, I. (2011), From the Yenisei to the Yukon. Interpreting lithic assemblage variability in Late Pleistocene-Early Holocene Beringia. College Station: Texas A&M University Press, 416 p.

West, F. H. y West, C. F. (1996), American beginnings. The prehistory and palaeoecology of Beringia. Chicago: University of Chicago Press, xxi, 576 p.

Notas

  1. Quienes defienden esta hipótesis ven cualquier afirmación de una colonización de América antes de esa fecha con mucho escepticismo.
  2. Aunque, por el contrario, se argumenta que ese vacío de 16000 años en el registro arqueológico se debe a que los yacimientos que podrían arrojar luz sobre esta cuestión están bajo el agua.
  3. Buvit y Terry (2016).
  4. Como el de Moreno-Mayar et al. (2018).
  5. Un ejemplo de este proceso se ha analizado en relación a la tortuga mora en Murcia.
  6. Ver, en este sentido, Lesnek et al. (2018) y Darvill et al. (2018).
  7. Pitulko et al (2016).
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¿Asia reescribirá la historia humana?

¿Asia reescribirá la historia humana?

     Última actualizacón: 7 mayo 2020 a las 15:53

La política, la geografía y la tradición han centrado durante mucho tiempo la atención arqueológica en la evolución de Homo sapiens en Europa y África. Ahora, una nueva investigación desafía las viejas ideas al mostrar que las primeras migraciones humanas se desarrollaron en Asia mucho antes de lo que se sabía con anterioridad.

El desierto de Nefud es una zona desolada de dunas de arena anaranjadas y amarillas. Cubre aproximadamente 40000 km cuadrados de la Península Arábiga. Pero hace decenas de miles de años, esta área era una tierra exuberante de lagos, con un clima que podría haber sido más agradable para la vida humana.

Una tarde de enero de 2016, un equipo internacional de arqueólogos y paleontólogos estudiaba la superficie del antiguo lecho de un lago en un yacimiento llamado Al Wusta en el paisaje de arena y grava del Nefud. Buscaban atentamente fósiles, trozos de herramientas de piedra y cualquier otro signo que hubiera quedado del pasado alguna vez verde de la región.

De repente, Iyad Zalmout, un paleontólogo que trabaja para el Servicio Geológico de Arabia Saudi, localizó lo que parecía un hueso. Con pequeños picos y pinceles, él y sus colegas extrajeron el hallazgo del suelo.

«Sabíamos que [era] importante», recordó Zalmout en un correo electrónico. Era la primera prueba directa de la presencia de primates u homínidos en el área. En 2018, las pruebas de laboratorio confirmaron que este espécimen era el hueso de un dedo de un humano anatómicamente moderno que habría vivido hace al menos 86000 años.

Antes de este descubrimiento de Al Wusta, las pruebas en forma de herramientas de piedra habían sugerido la presencia humana en el Nefud hace entre 125000 y 55000 años. Para los antropólogos, «humano» y «hominino» pueden significar cualquiera de varias especies estrechamente relacionadas con la nuestra. El hueso del dedo era el Homo sapiens más antiguo encontrado en la región.

La datación del hueso contradice un discurso bien establecido en la comunidad científica. Los hallazgos, particularmente en el área de los actuales Israel, Jordania y Líbano –conocidos como el «Levante»-, han llevado a comprender que H. sapiens salió por primera vez de África no antes de hace 120000 años, probablemente migrando hacia el norte junto a la costa mediterránea. Estas personas se establecieron en el Levante y sus descendientes –o aquellos de una posterior migración humana fuera de África–, viajaron a Europa decenas de miles de años después.

Solo más tarde, sigue la historia, viajaron a partes de Asia, como Arabia Saudí. Según algunas estimaciones, los humanos anatómicamente modernos no habrían estado en lo que ahora es Al Wusta hasta hace unos 50000 años.

El hueso del dedo, por lo tanto, supone un nuevo giro en la historia de cómo y cuándo nuestra especie dejó el continente africano y, a trompicones, pobló gran parte del resto de la tierra. Una nueva serie de descubrimientos, particularmente en Asia, sugieren que los humanos modernos abandonaron por primera vez África hace unos 200000 años, tomando muchas rutas diferentes.

El Levante ya no es necesariamente central, y los lugares al este podrían haber tenido una importancia inesperada en las primeras migraciones humanas. Como dice el antropólogo Michael Petraglia, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, «se está revelando una nueva historia».

Estos hallazgos podrían arrojar luz sobre grandes preguntas sin respuesta, como por qué los humanos hicieron estas migraciones, cuáles fueron las condiciones ambientales del pasado, y cómo interactuó H. sapiens con otros homininos. Pero esta nueva narrativa también subraya cuánto de nuestro conocimiento proviene, y está limitado por, dónde han trabajado los arqueólogos y otros investigadores. El énfasis geográfico ha estado influenciado durante mucho tiempo no por la ciencia sino por el acceso, la financiación y la tradición.

El primer indicio de que la larga historia de los viajes humanos fuera de África había pasado por alto algo crítico provino de la región del Levante, concretamente de la Cueva Misliya en Israel. En 2018, los arqueólogos anunciaron que habían encontrado una mandíbula humana en esta cueva.

El hueso –datado con tres métodos diferentes en el curso de una investigación que ha durado diez años–, tiene entre 177000 y 194000 años, adelantando la cronología de la presencia humana allí al menos 50000 años. Y unas herramientas de piedra más antiguas halladas bajo la mandíbula sugieren que los humanos podrían haber estado en esa área incluso antes.

Entonces, es posible que los humanos abandonaran África y viajaran al Levante, y a otros lugares, incluso antes de la fecha que indica esa mandíbula. Esta idea ganó aún más fuerza en julio de 2019, cuando un grupo de investigadores publicó nuevos hallazgos acerca de un cráneo descubierto en Grecia en la década de 1970. Ese fósil, sugiere el nuevo estudio, es humano y tiene más de 210000 años.

Pero además de esta cronología cambiante, los investigadores están replanteándose a dónde viajaron los humanos cuando salieron de África. El hallazgo de Al Wusta es solo un ejemplo.

En 2015, investigadores de China publicaron el hallazgo de 47 dientes humanos, con una antigüedad de entre 85000 y 120000 años, en una cueva de la provincia de Hunan. Hasta este descubrimiento, los fósiles de seres humanos modernos más antiguos encontrados en el sur de Asia tenían solo unos 45000 años.

Estos nuevos hallazgos «obligan a replantearnos cuándo y cómo nos dispersamos», dice la antropóloga forense María Martinón-Torres, directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana en Burgos, España, y miembro del equipo que descubrió y estudió los dientes. Añade: «Pudo haber más de una migración “fuera de África”… los humanos, como cualquier otro animal, pudieron haberse expandido hasta que no hubo ninguna barrera, ecológica o geográfica, que les impidiera hacerlo».

En 2018, investigadores de la India publicaron el descubrimiento de una colección de herramientas de piedra avanzadas. Afirman que este hallazgo indica la presencia de homininos que se remontaría al menos 170000 años, miles de años antes de lo sugerido por las investigaciones anteriores. Y otras pruebas sugieren que los primeros humanos pudieron haberse dirigido directamente a Asia al cruzar desde África a lo largo de la Península Arábiga, rodeando el Levante, de donde proviene gran parte de las pruebas más antiguas de los seres humanos fuera de África.

Una serie de nuevos descubrimientos ha cambiado la comprensión del tiempo, las rutas y el alcance geográfico asociado con la dispersión de H. sapiens fuera de África. Pero para los arqueólogos, estos hallazgos también señalan una especie de punto ciego. Como dice Martinón-Torres, «estos hallazgos también son una llamada de atención con respecto a Asia».

De hecho, existe una mayor conciencia acerca de la necesidad de ampliar el ámbito geográfico de la paleontología y la arqueología relacionadas con las primeras migraciones humanas y la evolución. «Durante mucho tiempo», agrega Martinón-Torres, «Asia se consideró como un callejón sin salida con un papel secundario en la corriente principal de la evolución humana».

«Hay un enorme sesgo en el trabajo de campo arqueológico y dónde se está produciendo, y nuestras teorías sobre la evolución humana se basan en estos sesgos geográficos», dice Petraglia, quien junto con Zalmout y sus colegas de la Comisión Saudita de Turismo y Patrimonio Nacional encontraron el hueso de Al Wusta.

Varios factores han contribuido a este sesgo, explica la arqueóloga y escritora Nadia Durrani, coautora del libro «Archaeology: A Brief Introduction» junto al antropólogo Brian Fagan. La arqueología comenzó hace más de un siglo «como una disciplina científica occidental», dice.

Los primeros arqueólogos, que eran europeos y estadounidenses, se centraron principalmente en la Europa mediterránea y los lugares mencionados en la Biblia, incluidos los actuales Irán, Irak, Egipto, Israel y Cisjordania. «La gente estaba interesada en la Biblia y los temas clásicos», incluida la antigua Grecia y Roma, dice Durrani. A medida que los arqueólogos hicieron descubrimientos en esas áreas, el interés en esas regiones creció y las instituciones también se asentaron en esos lugares, lo que a su vez alimentó más investigaciones allí.

«Los países donde se ha venido desarrollando durante décadas la investigación paleoantropológica tienen más probabilidades de tener hallazgos importantes, que son tanto bien conocidos como valorados», dice Katerina Harvati, directora de paleoantropología de la Universidad de Tübingen. «Y por lo tanto, es probable que tengan más oportunidades de financiación».

Lo contrario también es cierto. Puede ser difícil convencer a colegas o a posibles financiadores del potencial de un lugar cuando se ha explorado poco y carece de ciertas infraestructuras. Las barreras ambientales y naturales también juegan su papel. Petraglia señala que trabajar en áreas que no han sido bien exploradas puede exigir comenzar desde el principio, con tareas como reconocimientos y mapeo, y a menudo no hay un trabajo previo en el que basarse.

Por ese motivo, los problemas políticos pueden ayudar u obstaculizar a los arqueólogos. Durrani, por ejemplo, llevó a cabo trabajo de campo en Yemen en la década de 1990, y luego dirigió visitas guiadas a yacimientos arqueológicos. Tuvo que detener su trabajo en 2008 debido a la inestabilidad política en la zona. La violencia y los conflictos suponen graves obstáculos de acceso, dice.

Los nuevos hallazgos indican que la actitud hacia Asia está cambiando, y cada vez se presta más atención a esta región. Este cambio de postura coincide con cambios económicos y políticos. En las últimas dos décadas, China ha invitado a investigadores a regiones que no se habían estudiado antes. Más recientemente, Arabia Saudí ha abierto ciertos yacimientos para la arqueología y el turismo.

Con el tiempo, los científicos esperan que el acceso y las condiciones mejoren aún más. Mientras tanto, esta investigación muestra que los humanos anatómicamente modernos abandonaron África antes de lo esperado y viajaron hacia el sur, a lo largo de la Península Arábiga, además de hacia el norte.

Sin embargo, algunos de estos hallazgos han generado escepticismo. Jeffrey Schwartz, profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, advierte en contra de extraer conclusiones dramáticas de los hallazgos. «Creo que estamos llamando a demasiadas cosas H. sapiens», dice.

Por el contrario, Mina Weinstein-Evron, una arqueóloga de la Universidad de Haifa que fue codescubridora de la mandíbula de la Cueva de Misliya, sospecha que los hallazgos recientes pertenecen a H. sapiens, aunque está de acuerdo en que la historia de la migración de los humanos anatómicamente modernos dista de ser clara. «No sabemos nada. Tenemos una prueba aquí y otra allá», dice. «Y luego usamos grandes palabras como “migración” y “dispersión”. Hablamos como si hubieran comprado un billete. Pero no sabían a dónde iban. Para ellos quizás ni siquiera fuera un movimiento, tal vez viajaron 10 kilómetros cada generación».

Además, algunos hallazgos genéticos sugieren que, incluso si los humanos viajaron fuera de África hacia Asia antes de lo que se pensaba anteriormente, es posible que esas primeras migraciones no hubieran tenido éxito desde una perspectiva evolutiva. Según las conclusiones de tres grupos diferentes de científicos publicadas en Nature en 2016, el ADN de los euroasiáticos divergió del de los africanos hace entre 60000 y 80000 años. En otras palabras, todos los humanos vivos hoy en día son descendientes de H. sapiens que emigraron fuera de África dentro de esa ventana, así como otros homininos, como los neandertales.

Posibles rutas de migración de Homo sapiens. Tomado de:
Bae, C. J.; Douka, K. y Petraglia, M. D. (2017), «On the origin of modern humans: Asian perspectives». Science, vol. 358, núm. 6368, p. eaai9067.

No obstante, las migraciones anteriores son intrigantes, dice Luca Pagani, un antropólogo biológico que escribió uno de los artículos de Nature. «Aunque no va a cambiar nuestra idea de cuáles migraciones fueron exitosas, muestra una variedad más rica de intentos de dispersión», dice, y esa es una parte esencial de la historia de los primeros humanos modernos.

De hecho, las razones por las que fallaron algunas migraciones de los primeros humanos podrían aclarar algunas de las principales cuestiones en arqueología. Martinón-Torres y sus colegas que trabajan en China, por ejemplo, han postulado que los primeros humanos modernos podrían haber competido con los neandertales u otros homininos, lo que podría haber influido en sus desplazamientos.

Petraglia, por otra parte, sospecha que los primeros humanos modernos pueden haber prosperado en el yacimiento árabe hasta que el agua desapareció a medida que el desierto crecía. «Si quieres saber cómo puede afectarnos el cambio climático algún día, bueno, aquí tenemos una historia completa sobre los efectos del cambio climático en las poblaciones humanas», dice. En resumen, puede que los descendientes de estos intrépidos humanos no hubieran sobrevivido, pero sus historias aún podrían guiarnos hacia el futuro.

Este trabajo apareció publicado por primera vez en SAPIENS bajo una licencia CC BY-ND 4.0. Lee el original aquí.

Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 0 comentarios