Hablar de evolución sin amedrentar

Hace unas semanas leí un artículo en la revista Undark titulado Speaking of Evolution, in Non-Threatening Tones escrito por Rachel E. Gross. He decidido traducir esta pieza al castellano −con el permiso de los editores− porque nos cuenta la iniciativa de Rick Potts (que trabaja en el Museo Nacional de Historia Natural en Washington D.C.), de llevar la explicación sobre la teoría de la evolución, y más concretamente, sobre la evolución del hombre, a aquellas comunidades que por diversos motivos (fundamentalmente religiosos) no acuden a la exposición permanente que se exhibe el museo. Es decir, se trata de una labor divulgativa en la que se pretende ir más allá del tradicional papel de los museos como receptores pasivos de visitantes, para llevar cuestiones tan importantes como la evolución directamente a quienes son más reacios a aceptarlas.

Este es un tema realmente esencial ya que considero que el estudio de la evolución biológica en general, y de la evolución humana en particular, es fundamental no solo para comprender cuál es nuestro lugar en el mundo, sino para afrontar los problemas que nos depara el futuro.

Hablando de evolución de forma no amenazadora

Durante dos años, los investigadores del Instituto Smithsoniano han viajado por el país para discutir, con calma, la ciencia de la evolución humana. Este es el por qué.

 

Rick Potts es un evolucionista y darwinista no-ateo. Esto sorprende a menudo a las comunidades religiosas con las que trabaja como jefe del programa «Orígenes del hombre» del Museo Nacional de Historia Natural en Washington D.C.

Criado como protestante —con «énfasis en la palabra “protesta”» como le gusta decir— el paleoantropólogo dedica los fines de semana a cantar en un coro que interpreta canciones sagradas y seculares. A los 18 años se convirtió en objetor de conciencia de la guerra de Vietnam porque sentía que era antitética con las personas que trataban de entenderse entre sí. En la universidad estudió religión comparada. «Quería comprender esa universalidad de los seres humanos», explica enmarcado por los moldes de cráneos de los primeros homininos que se alinean en su oficina en el National Mall. « ¿Cómo entender a todos los seres humanos como una totalidad, en lugar de las divisiones entre las personas?»

Por eso, para él, la evolución humana es el tema perfecto para derribar las profundas barreras que hay entre la gente en un mundo cada vez más polarizado y politizado.

Potts se incorporó en 1985 al Instituto Smithsoniano, la amplia red de museos públicos y centros de investigación de los Estados Unidos, y supo que quería crear un nuevo tipo de exposición sobre la evolución humana, una que fuera más allá de la filogenia y la taxonomía. La elección del título de la sala –¿Qué significa ser humano?– no es accidental. «La nuestra es la única que se hace esta pregunta tan amplia» dice sobre la instalación.

Aun así, Potts se dio cuenta en 2010 que los únicos que acudían a la exposición eran quienes no discrepaban con la ciencia de la evolución. Para llegar a los más de cien millones de estadounidenses que todavía dudan acerca de esa ciencia tendría que llevar hasta ellos las pruebas cuidadosamente empaquetadas.

Ese fue el origen de la «Human origins traveling exhibit», que terminó el año pasado. La idea era llevar las partes fundamentales de la exposición que puede verse de forma permanente en la capital de la nación, a diversas comunidades incluidas las rurales, las religiosas y las remotas. Al menos 10 de los 19 lugares visitados por el Smithsonian se consideraban «desafiantes», lugares donde los investigadores sospechaban que la evolución todavía podía ser un tema polémico por razones religiosas o de otro tipo. La exposición estaría acompañada por un equipo de miembros del clero y científicos cuidadosamente seleccionados por el Smithsonian, e involucrarían al público y al clero local en las conversaciones sobre este tema delicado.

Este proyecto fue financiado en parte por la Fundación John Templeton que respalda los esfuerzos para armonizar la religión y la ciencia, así como el fondo Peter Buck del Instituto Smithsoniano para la investigación de los orígenes del hombre. Parte del objetivo era la educación científica. Después de todo, la teoría de la evolución es la columna vertebral de la química y la biología, el hilo conductor que da sentido a todas las ciencias. La evolución humana es también «uno de los mayores obstáculos —si no el más importante— para la educación científica en Estados Unidos», dice Potts, un hombre de 64 años con gafas de montura metálica y un semblante amable.

Pero enseñar únicamente la ciencia evolutiva no era el objetivo. Potts buscaba algo más sutil: no una conversión, sino una conversación.

«Nuestro objetivo es bajar la temperatura» dice.

«Explorando los orígenes del hombre». Muestra de la exposición en la biblioteca de Historia Natural del Instituto Smithsoniano durante un taller para las 19 bibliotecas participantes.

Si no estás en uno de los bandos del debate sobre la evolución puede ser difícil comprender de qué va todo este alboroto. Aquí tienes la versión corta: el crimen de Charles Darwin no fue refutar a Dios. Más bien, la teoría evolutiva que defendió en «Sobre el origen de las especies» hizo innecesario a Dios. Darwin proporcionó una explicación para el origen de la vida –y, lo que era más problemático, los orígenes de la humanidad– que no requerían un creador.

¿Qué pensaría Darwin si pudiera ver la ira de las guerras sobre la evolución hoy en día?, ¿si supiera que, año tras año, las encuestas nacionales muestran que un tercio de los estadounidenses cree que los humanos siempre han existido en su forma actual? (En muchos grupos religiosos, ese número es mucho mayor). ¿Que entre todas las naciones occidentales, solo Turquía tiene más probabilidades que los Estados Unidos de rechazar rotundamente la noción de evolución humana?

Quienes investigan este tema llaman a este paradigma el «modo conflicto» porque enfrenta la religión y la ciencia entre sí, con poco espacio para la discusión. Y los investigadores están comenzando a darse cuenta de que se hace poco para aclarar la ciencia de la evolución a quienes más lo necesitan. «La aceptación es mi objetivo», dice Jamie Jensen, profesor asociado que enseña biología para universitarios en la Brigham Young University. Casi todos los estudiantes de Jensen se identifican como mormones. «Al final de la asignatura Biology 101 [asignatura introductoria] pueden responder todas las preguntas realmente bien, pero no creen una palabra de lo que digo», dice. «Si no la aceptan como algo real, entonces no están dispuestos a tomar decisiones importantes basadas en la evolución –como vacunar o no a sus hijos, o darles antibióticos».

En 2017, unos investigadores en educación de la biología de la Universidad Estatal de Arizona evaluaron si las estrategias de enseñanza podrían reducir esta sensación de conflicto. Para un estudio añadieron módulos de dos semanas de duración en las clases de biología para abordar directamente los obstáculos filosóficos de los estudiantes, y llevaron a científicos contemporáneos con antecedentes religiosos. Los autores señalaron en el artículo científico que al final de las clases los estudiantes que percibían un conflicto se habían reducido a la mitad, lo que les permitió concluir que discutir la compatibilidad de la religión y la evolución «puede tener un impacto positivo en los estudiantes que se puede extender más allá del aula».

Este trabajo es parte de un movimiento más amplio que busca cerrar la brecha entre la ciencia evolutiva y la religión, ya sea real o percibida. Entre los principales implicados se incluye la Fundación BioLogos, una organización que subraya la compatibilidad del cristianismo y la ciencia, financiada por el director de los Institutos Nacionales de Salud, Francis Collins, un cristiano evangélico; y la Asociación estadounidense para el avance del diálogo científico sobre ciencia, ética y religión (DoSER [por sus siglas en inglés]), un programa que tiene como objetivo fomentar el diálogo científico dentro de las comunidades religiosas.

Estos grupos reconocen que son las barreras culturales, no la falta de educación, las que impiden que más estadounidenses acepten la evolución. «No quiero restar importancia a la enseñanza de la evolución a nuestros estudiantes, creo que es lo más importante que hacemos», dice Elizabeth Barnes, una de las coautoras del estudio sobre educación en biología. «Pero no es suficiente si queremos que los estudiantes acepten realmente la evolución».

La exposición itinerante sobre evolución del Museo Nacional de Historia Natural puede estar entre los esfuerzos más ambiciosos para cerrar la brecha ciencia-religión. La idea de pasar de un debate a una conversación «cambia las reglas del juego, en relación a cómo escuchas y cómo hablas con alguien» dice Potts. Para hacerlo buscó llevar la evolución humana no solo a las personas que querían oír hablar de ella, sino también a aquellos que realmente no querían.

La exposición itinerante incluye esta reproducción de una estatua de bronce creada por John Gurche de un curioso Homo neanderthalensis de dos años que está aprendiendo de su madre.

«Sabíamos que habría reacciones en contra», dice Penny Talbert, una mujer de 47 años que nació en una familia holandesa de Pensilvania y ahora trabaja como bibliotecaria y directora ejecutiva de la Biblioteca Pública de Ephrata en Pensilvania. «No esperábamos la ira».

De todas las comunidades elegidas para albergar la exposición del Smithsonian en 2015, Efrata demostraría ser la más desafiante. La ciudad, cuyo nombre significa «fructífera» y lo recibe del lugar bíblico Ephrath, se encuentra en el corazón del país amish. La mayoría de sus residentes son conservadores cristianos y anabaptistas (amish, menonitas, Brethren); más del 70 por ciento votó por Donald Trump. Efrata también fue la única ciudad que organizó un boicot significativo contra la exposición del Smithsonian, que incluía puntos de información con pantallas táctiles, moldes de cráneos prehistóricos y un panel que señalaba que Homo sapiens comparte el 60 por ciento de sus genes con los plátanos, el 85 por ciento con los ratones y el 75 por ciento con los pollos.

Pero fue una reproducción casi a tamaño real de una mujer neandertal y su hija desnuda lo que provocó el mayor escándalo entre las 30.000 personas del área que atiende la biblioteca. La estatua estaba colocada sobre un soporte de madera en la entrada principal de la biblioteca. Cuando las familias entraban, tapaban a menudo los ojos de sus hijos durante la exposición. Un grupo llamado Young Earth Action abrió una página web titulada «El diablo viene a Efrata», y un editorial en el periódico local acusó a Talbert de «librar una guerra espiritual» en su comunidad.

«Lo que más me molestó fue la estatua de una mujer y un niño pequeño desnudo justo a la entrada de la biblioteca», escribió una mujer en el tablón de la biblioteca. «Me quedé impactada. Nuestra biblioteca debe ser un lugar seguro para nuestros niños, no un sitio donde tengamos que preocuparnos por lo que verán nuestros hijos cuando vayamos a la biblioteca». La carta estaba firmada «una madre molesta».

Cuando visité a Talbert el verano pasado le pregunté si podía pensar en algún tema más ofensivo para su comunidad que la evolución humana. Llevaba unos pantalones vaqueros y unas gafas de sol granate; su cabello era marrón con algunas canas.

«Los abortos probablemente serían más ofensivos», respondió Talbert, «pero también podría ser esto».

Por supuesto, nadie que acude a la exposición «Orígenes del hombre» entra como un papel en blanco; los visitantes vienen moldeados por toda una vida de cultura y ambiente. Y un número cada vez mayor de investigaciones científicas sugieren que los hechos no cambian las creencias de las personas, particularmente cuando esas creencias están embebidas en su seña identitaria.

«En lo que se ha convertido en una sociedad relativamente polémica, ¿podemos crear espacios comunes cuando las personas que tienen diferencias serias y profundas entablan una conversación?» pregunta Jim Miller, presidente de la Asociación presbiteriana de ciencia, tecnología y fe cristiana, y asesor del programa Human Origins. La esperanza, dice Miller, es «que podamos alcanzar sino un nivel de acuerdo, al menos cierto nivel de entendimiento».

Dan Kahan, un experto en comunicación científica en la Facultad de derecho de Yale, cree que es posible, pero solo si abandonamos el terreno retórico trillado. Preguntar a las personas si «creen» o no en la evolución es hacer una pregunta equivocada –sugiere el trabajo de Kahan– porque les obliga a decidirse entre lo que saben y quiénes son.

Cuando le hablé a Kahan sobre el proyecto del Smithsonian, estuvo de acuerdo con la premisa. «Creo que los organizadores están tocando un punto realmente importante, que es el no querer poner a la gente en la posición de tener que elegir entre lo que la ciencia sabe y el ser quienes son como miembros de su comunidad», dice.

«De hecho, los estudios sugieren que eso es lo peor que se puede hacer si quieres que las personas que tienen esa identidad se impliquen abiertamente con la evolución», agrega.

Sugiere que es mejor preguntar a esas comunidades cómo creen que la ciencia debería explicar los mecanismos de la evolución. «La ciencia debe ser fiel a sí misma y averiguar cómo hacer que la experiencia sea lo más accesible posible para la mayor cantidad posible de personas», dice Kahan. Esto implica «enseñarles lo que sabe la ciencia, no convertirlos en otra persona».

Breve vídeo introductorio en el que Rick Potts nos explica algunas de las pruebas de la evolución humana.

Aproximadamente hacia la mitad de la sala de la exposición de los «Orígenes del hombre» se encuentra un punto de información interactivo que plantea la pregunta principal: «¿Qué significa ser humano?». En él los visitantes pueden ver respuestas antiguas: «Apreciamos la belleza», dice una. «Creer en el bien contra el mal», dice otra. «Escribe poesía y ecuaciones… Crea y habla sin cesar sobre eso… Imagina lo imposible… Ríe… Llora por la pérdida de un ser querido… Comprende nuestra conexión con otros seres vivos».

Luego se invita a los visitantes a escribir sus propias respuestas. Muchas de ellas, que aparecen en la página web de Human Origins, están centradas en Dios, son anti-evolución o no tienen nada que ver con la ciencia, pero eso no preocupa a Potts. Por supuesto que le gustaría ver una sociedad que aceptase más fácilmente la ciencia de la evolución. «Pero mi filosofía sobre esto es que la aceptación tiene que venir desde dentro», dice. «No vendrá de un esfuerzo externo para conseguir esa aceptación».

Lo que puede venir del exterior es la comprensión a través de la conversación. Incluso en Efrata, sugiere Talbert, la mayor sorpresa fue ver cuánto compromiso había alrededor de la exposición. «No todos terminaron esas conversaciones sintiéndose increíblemente emocionados», dice Talbert, «pero creo que todos se fueron sintiendo que los habían escuchado».

Y para Potts ese fue siempre el objetivo: pasar de la retórica nacional de un debate turbulento a una conversación a fuego lento. «El “modo conflicto” es algo que hemos heredado de las generaciones pasadas y depende de nosotros realmente si queremos continuar con él», dice. «Tenemos una alternativa».

La exhibición itinerante incluía un conjunto de réplicas de cráneos en 3D que representan importantes descubrimientos en el campo de la evolución humana. Estas réplicas quedaron finalmente en cada comunidad que albergó la exposición.

Notas

  • Tengo que agradecer a los editores de Undark el permiso para traducir este artículo.
  • Las imágenes que ilustran esta anotación se han tomado de la página que el Instituto Smithsoniano tiene abierta sobre esta exposición itinerante. Se ha hecho siguiendo el código ético de la propia institución sobre el uso de sus publicaciones.

Primates con plumas. La inteligencia de los córvidos

Huginn ok Muninn
fljúga hverjan dag
Jörmungrund yfir;
óumk ek of Hugin,
at hann aftr né komi-t,
þó sjámk meir of Munin.
Hugin y Munin
vuelan todos los días
alrededor del mundo
temo menos por Hugin
de que no regrese,
aún más temo por Munin.
Edda poética – Grímnismál, estrofa 20

En la mitología nórdica, Hugin y Munin son un par de cuervos asociados con el dios Odín. Hugin –el «pensamiento»– y Munin –la «memoria»– viajaban alrededor del mundo recogiendo noticias e información para Odín. Cuando regresaban cada tarde, se posaban en los hombros del dios y susurraban a sus oídos todas las noticias que habían conocido, transmitiéndole de este modo su sabiduría.

Los humanos hemos considerado a los córvidos como unas aves especialmente «inteligentes» desde tiempos inmemoriales. Esta idea, desarrollada en primera instancia por la mera observación de su comportamiento en la multitud de ambientes en que se desenvuelven, se ha visto reforzada y modulada con el paso del tiempo gracias a la labor de un buen número de científicos. Pero éstos, para llevar a cabo sus investigaciones y plantear experimentos con los que someter a prueba sus hipótesis, han tenido que tener muy presente el «canon de Morgan».

A finales del siglo XVIII, el psicólogo inglés Conwy Lloyd Morgan puso el énfasis en el peligro de caer en el antropocentrismo cuando se trataba de estudiar el comportamiento de los animales, y propuso el principio que hoy conocemos como «canon de Morgan». Según este –similar en espíritu al de la navaja de Occam– no deberíamos interpretar el comportamiento animal en términos de procesos cognitivos superiores si podemos explicarlo a partir de mecanismos psicológicos más simples.

También deberíamos mencionar la «objetividad» como otra cualidad esencial para este tipo de estudios –básica por otro lado en cualquier ámbito de la ciencia. En este sentido, me gusta la explicación que de este término da S. J. Gould en su libro «La falsa medida del hombre»:

La objetividad puede definirse desde una perspectiva funcional como el justo tratamiento de los datos, no como la ausencia de preferencias. […] La mejor forma de objetividad consiste en identificar explícitamente las preferencias, de modo que su influencia pueda reconocerse y contrarrestarse. […] Debemos identificar las preferencias con objeto de limitar su influencia en nuestro trabajo.

Los córvidos, ¿primates con plumas?

Los córvidos (Corvidae) son una familia de aves que comprende aproximadamente 120 especies diferentes que se hallan diseminadas por todo el planeta (excepto en las regiones polares). Podemos destacar entre ellas a los cuervos, los grajos y las urracas.

Este tipo de aves han sido objeto de un interés cada vez mayor por parte de científicos de diversos campos, quienes han llevado a cabo numerosos experimentos tratando de comprender algo que ya se intuía –como hemos comentado– pero que no resultó por ello menos llamativo: algunos córvidos no sólo son más «inteligentes» que otras especies de aves, sino que podrían ser rivales para algunos primates no humanos.

Antes de profundizar en los aspectos que hacen tan especiales a estas aves, debemos tener en cuenta algunos datos. En primer término, el tamaño del cerebro de un cuervo es mayor del que cabría esperar según su tamaño corporal y, además, tiene el mismo tamaño relativo que el cerebro de un chimpancé. En segundo lugar, cuando viven en libertad, los córvidos precisan al nacer de un largo tiempo de desarrollo antes de ser completamente independientes de sus padres, y muchos viven en grupos sociales complejos. ¿Te suenan algunas de estas características?

El trabajo que Nathan Emery y Nicola Clayton vienen realizando los últimos años ha permitido que tengamos una visión más completa del comportamiento de estas aves. En este sentido, ambos investigadores consideran a los córvidos y los psitácidos (la familia de los loros) como verdaderos «primates con plumas». Veamos con más detalle cuáles son estos comportamientos tan llamativos.

Esconder comida

Muchos córvidos esconden comida cuando disponen de ella en abundancia para poder alimentarse en el futuro. Ya se trate de esconder una gran cantidad de semillas en un área amplia de forma estacional, o bien ocultar una cantidad más pequeña de alimentos perecederos con la intención de recuperarlos horas o escasos días más tarde, este comportamiento exige el desarrollo de diferentes habilidades cognitivas que son esenciales para que esta estrategia tenga éxito.

Los científicos defienden que esta habilidad de recordar el qué, dónde y cuándo de eventos pasados se asemeja bastante a la memoria episódica de los humanos. La memoria episódica es la memoria relacionada con sucesos autobiográficos (momentos, lugares, emociones asociadas y demás conocimientos contextuales) que pueden evocarse de forma explícita. En nuestro caso, las aves tienen que recordar un episodio particular que ha tenido lugar en el pasado (el acto de esconder la comida), el lugar donde la han escondido y, al mismo tiempo, tener en cuenta el marco temporal, es decir, cuándo pueden ir a recuperarla (esencial en el caso de alimentos perecederos).

Estudios recientes han mostrado por ejemplo que el cascanueces americano o de Clark​ (Nucifraga columbiana) recuerda hitos verticales como árboles y grandes rocas porque es poco probable que esos elementos salgan volando o queden sepultados bajo la nieve, sirviendo como elementos clave a la hora de identificar los lugares escogidos para ocultar comida. Del mismo modo, estas aves recuperan primero la comida que se echa a perder en pocos días y, en caso de no poder hacerlo en su momento, la abandonan sabiendo que ya no será comestible.

Si este comportamiento es interesante de por sí, quizás nos sorprenda más saber que los córvidos también emplean una serie de estrategias para reducir el riesgo de que otros pájaros roben sus provisiones. Por ejemplo, prefieren escoger sitios ocultos tras grandes rocas, árboles, maleza etc. porque son elementos que dificultan la visión a los posibles ladrones (y usan estas barreras sólo cuando saben que alguien los está observando, no cuando están completamente solos).

Espías y ladrones

Los pájaros que en un alarde de previsión ante un futuro incierto deciden esconder parte de su alimento, tienen que prestar atención al contexto social en el que se realiza esa conducta: cuando se esconde comida es posible que alguien que te haya visto vaya y te la robe.

En este vídeo podemos ver una de las estrategias que utilizan los cuervos para evitar que otros le roben su comida. Sabiéndose observado, un cuervo «simula» esconder un trozo de carne y taparlo con algunas hierbas. El otro cuervo piensa que ha dejado ahí comida pero cuando llega al escondite se da cuenta de que está vacío.

Para las aves que roban, la habilidad de localizar rápida y eficazmente los almacenes de comida de otros puede ser la diferencia entre un robo exitoso o ser objeto de un ataque. Algunos córvidos observan a sus parientes cuando esconden comida y demuestran una excelente memoria espacial para localizar esos almacenes cuando sus dueños hace tiempo que se han marchado. En este sentido, el contexto social del almacenaje de comida puede verse como una carrera de armamento entre los que esconden la comida y los que la roban. Y en esa carrera, los primeros usan contramedidas para minimizar el riesgo de que roben sus provisiones.

Por ejemplo, se ha observado la conducta de algunos pájaros que deciden cambiar de sitio la comida que habían escondido porque estaban siendo observados por otros pájaros. Es decir, vuelven al escondite a cambiar la comida de lugar cuando el hipotético ladrón ya no está cerca.

Yendo más lejos, un trabajo demostró que la chara californiana (Aphelocoma califórnica) no cambiaba sus piñones de escondite al ver que otras charas la espiaban, sino que únicamente lo hacía cuando ella misma había robado antes a sus congéneres. Esta conducta es la traducción animal del famoso refrán: «piensa el ladrón que todos son de su condición». En este sentido, utilizar tu propia experiencia para predecir el comportamiento futuro de otro individuo ­–o lo que es lo mismo, ponerte en el lugar de otro– es uno de los sellos distintivos de la «teoría de la mente», otra habilidad considerada únicamente humana.

En definitiva, lo que podemos deducir de este comportamiento es que estos pájaros, que han sido ladrones en el pasado, relacionan esa información sobre su experiencia como ladrones con la posibilidad de que otro individuo les robe su comida, de forma que modifican su conducta para evitar esa posibilidad.

Uso y fabricación de herramientas

Hasta que Jane Goodall descubrió que los chimpancés fabricaban herramientas, los científicos pensaban que los humanos éramos los únicos animales con esa capacidad. De hecho, los paleoantropólogos defendían que la habilidad para fabricar herramientas habría actuado como un catalizador para el crecimiento de nuestro encéfalo (lee más: Evolución del tamaño de los dientes y el cerebro en nuestros antepasados) haciéndonos ser lo que somos. Es decir, la fabricación de herramientas habría podido impulsar la evolución de la inteligencia humana.

La propia Goodall definió hace más de cuatro décadas el uso de herramientas como «el empleo de un objeto externo como una extensión funcional de la boca, pico, mano o garra, para la consecución de un objetivo inmediato». En la actualidad sabemos que muchos animales (aves, primates y peces) usan herramientas, pero no tenemos claro si alguno de ellos sabe cómo funcionan y las fuerzas que subyacen a ese funcionamiento.  Los chimpancés (lee más: Comportamiento animal: uso de herramientas en primates), los orangutanes y solo un ave, el cuervo de Nueva Caledonia, destacan precisamente por fabricar herramientas en libertad.

Los cuervos de Nueva Caledonia​ (Corvus moneduloides) son extraordinariamente habilidosos fabricando y usando herramientas para conseguir comida que de otra manera sería inaccesible. Un buen ejemplo de ello es el empleo de ramas cortadas que las aves modifican hasta que consiguen que tenga un gancho al final. Luego la usan para sacar las larvas de insectos de los agujeros de los árboles. También fabrican herramientas aserradas a partir de hojas de pandano que utilizan para cazar: bajo las hojas del suelo del bosque, realizan una serie de movimientos rápidos hacia adelante y hacia atrás o movimientos lentos y deliberados que terminan por atrapar diferentes insectos. Este tipo de herramientas se fabrican según un patrón «estandarizado» y se transportan cuando las aves salen a buscar alimento.

En experimentos de laboratorio, estas aves fueron capaces de modificar un alambre dándole forma de gancho a una de las puntas para acceder a la comida introducida en un tubo.

Un grajo llamado Fry se ayuda de una herramienta fabricada con alambre para sacar un pequeño cubo con un gusano de un tubo. Imagen extraída del artículo: Bird, C. D. y Emery, N. J. (2009), «Insightful problem solving and creative tool modification by captive nontool-using rooks». Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 106, núm. 25, p. 10370-10375.

Existe una posible evolución acumulativa en la complejidad de las herramientas escalonadas (aumentando el número de pasos necesarios para hacer una herramienta más compleja), análoga a las innovaciones tecnológicas menores en humanos. Por lo tanto, las pruebas del uso y fabricación de herramientas sugieren que estos cuervos en ocasiones pueden combinar experiencias pasadas para encontrar nuevas soluciones a los problemas que se les plantean.

¿Cultura?

Emery y Clayton sostienen que los córvidos y los simios han desarrollado habilidades cognitivas complejas notablemente similares, pese a no ser parientes cercanos –los dos grupos divergieron hace más de 300 millones de años–, porque han tenido presiones evolutivas muy similares. Los dos son animales sociales, lo que requiere una comprensión de los motivos y deseos de los demás; y ambos buscan y procesan una extensa variedad de alimentos, algunos de los cuales solo pueden obtenerse mediante la fabricación y empleo de herramientas.

Estos investigadores sugieren que la solución de los problemas con los que se enfrentan viene de la utilización de cuatro herramientas cognitivas que han impulsado la evolución de la cognición compleja en los córvidos y otras aves: el razonamiento causal, la flexibilidad, la imaginación y la previsión.

Razonamiento causal

Algunos de los ejemplos de uso de herramientas que hemos descrito sugieren que las aves pueden entender las relaciones causales que explican por qué esas herramientas funcionan o son efectivas: el hecho de que se transforme un trozo de alambre en una herramienta con un gancho sugiere esta posibilidad.

Flexibilidad

La habilidad de actuar de forma flexible según la información de que se dispone es uno de los conceptos básicos del comportamiento inteligente. El desarrollo de estrategias flexibles de aprendizaje puede ser la base de la creatividad (como sucede cuando tienes que adaptar tu comportamiento de recogida de alimentos perecederos en función del clima).

En este sentido, un aspecto importante que subyace en todo comportamiento flexible es la habilidad de generalizar las reglas que se han aprendido en una situación concreta para aplicarlas a nuevas situaciones.

Imaginación

Cuando hablamos de imaginación nos referimos al proceso en el que los escenarios y las situaciones que ya no son percibidas se forman en la mente. Una de las ventajas de la imaginación es que se pueden practicar situaciones internamente (simuladas) antes de que se lleven a cabo, lo que puede ser importante cuando tenemos que enfrentarnos a un nuevo estímulo dentro de un contexto familiar. Por lo tanto, la habilidad para representar mentalmente la forma de objetos que están fuera de la percepción (como cuando se fabrica una herramienta a partir de cero) puede ser un precursor de la imaginación.

En otro experimento con córvidos se planteó el siguiente problema: se colocó un trozo de carne atado a una cuerda que colgaba del posadero del pájaro. La única forma de hacerse con la comida implicaba tirar de la cuerda con el pico, poner la pata sobre la cuerda después de cada tirón (para que no volviera a caer) y repetir esto varias veces hasta que la comida llegaba a su alcance. Muchos cuervos llegaron a la solución de este problema a la primera (lo que descartaba el aprendizaje por «ensayo y error»).

Aquí vemos como se plantea un experimento en el que un cuervo tiene que seguir varios pasos concretos en orden para poder alcanzar la comida. Según nos cuentan, los pájaros han realizado algunos de los pasos de forma aislada antes de la grabación, pero nunca los habían hecho todos juntos y siguiendo esta secuencia.

Previsión

Prever es la capacidad de imaginar posibles eventos futuros. El ejemplo que hemos estado viendo a lo largo de esta anotación sería el de esconder comida, ya que la comida se esconde en el presente para disponer de ella en el futuro. Otro ejemplo sería el del córvido que vuelve a esconder la comida cuando alguien le estaba observando. Dado que esa conducta no se producía cuando no había nadie vigilando, el ave está siguiendo una estrategia de futuro para protegerse frente a posibles robos.

Tomado de: Clayton, Nicola S. y Emery, Nathan J. (2015), «Avian models for human cognitive neuroscience: a proposal». Neuron, vol. 86, núm. 6, p. 1330-1342.

En conclusión, este tipo de trabajos son esenciales no sólo porque nos permiten conocer mejor la maravillosa variedad de estrategias cognitivas que desarrollan distintos tipos de animales en su vida cotidiana, sino porque la comprensión de este tipo de conductas son importantes para comprender cómo ha evolucionado la mente humana, una cuestión que sigue intrigando a científicos de muy diversos campos y que tiene importantes repercusiones éticas y morales.

Referencias

Bird, C. D. y  Emery, N. J. (2009), «Insightful problem solving and creative tool modification by captive nontool-using rooks«. Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 106, núm. 25, p. 10370-10375.

Clayton, Nicola S. y  Emery, Nathan J. (2015), «Avian models for human cognitive neuroscience: a proposal«. Neuron, vol. 86, núm. 6, p. 1330-1342.

Emery, N. J. y  Clayton, N. S. (2004), «The mentality of crows: convergent evolution of intelligence in corvids and apes». Science, vol. 306, núm. 5703, p. 1903-1907.

Emery, N. J. y  Clayton, N. S. (2009), «Tool use and physical cognition in birds and mammals». Current Opinion in Neurobiology, vol. 19, núm. 1, p. 27-33.

Van Lawick-Goodall, J. (1971), «Tool-using in primates and other vertebrates». En: Lehrman, Daniel S., et al. (eds.). Advances in the study of behavior. Academic Press, 195-249.

Llamamiento de los científicos a cuidar el planeta

En 1992, una asociación de científicos norteamericana (la Union of Concerned Scientists) junto a más de 1.500 científicos independientes –entre los que figuraban la mayoría de los galardonados con un premio Nobel en ciencias que estaban vivos por entonces– publicaron un comunicado con el título Advertencia a la Humanidad de los científicos del mundo, en el que postulaban que sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella si quería evitarse una enorme miseria humana, y que nuestro planeta quedaría «irremediablemente mutilado» en caso contrario.

Hace unos meses se cumplió el vigésimo quinto aniversario de aquella declaración y un nuevo grupo, esta vez liderado por el experto en ecología William J. Ripple (junto a más de 15.000 investigadores de 184 países diferentes) han hecho pública una nueva advertencia (publicada en la revista BioScience, lleva por título World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice – léelo aquí).

Afirman que desde 1992, y exceptuando la estabilización de la capa de ozono, la humanidad no ha hecho suficientes progresos para resolver los desafíos ambientales a los que nos enfrentamos y que, de forma alarmante, están empeorando.

En este sentido, es especialmente preocupante la trayectoria que nos avoca a un cambio climático potencialmente catastrófico debido, fundamentalmente, a tres circunstancias relacionadas entre sí: el aumento de los gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la producción agrícola relacionada con el consumo de carne.

Además, confirman que nos encontramos ante un evento de extinción masiva ­­–la sexta en unos 540 millones de años– en el que muchas de las actuales especies desaparecerán a finales de este siglo.

Los datos no hacen sino confirmar esta peligrosa tendencia:

En este nuevo texto (puedes acceder al contenido  los científicos nos avisan de que estamos poniendo en peligro nuestro futuro debido a un desproporcionado consumo material (que además es desigual tanto geográfica como demográficamente), y por no darnos cuenta de que el rápido y sostenido crecimiento de la población es el principal causante de la mayoría de amenazas ecológicas y sociales que nos atenazan.

Y en este sentido, coinciden en reprochar a la comunidad internacional que no estamos dando los pasos necesarios para proteger nuestra biosfera debido a nuestra inacción a la hora de afrontar distintos retos:

  • Limitar el crecimiento de la población.
  • Reevaluar el papel de la economía basada en el crecimiento.
  • Reducción en la emisión de gases de efecto invernadero.
  • Incentivar la energía renovable.
  • Protección del hábitat.
  • Restauración de los ecosistemas.
  • Frenar la polución.
  • Detener la extinción de la fauna.
  • Poner coto a las especies invasivas

Aunque no basta con poner de manifiesto estos problemas. Dado que la mayoría de los líderes políticos sólo responden ante la presión, instan a los científicos, los medios de comunicación y a los ciudadanos a que insistamos ante los gobiernos para que pasen a la acción como un imperativo moral hacia las generaciones actuales y, sobre todo, las futuras. Al mismo tiempo, nosotros mismos tenemos que reexaminar y modificar nuestros comportamientos individuales.

Hemos conseguido algunas metas importantes: el esfuerzo realizado en la disminución de las sustancias que destruían la capa de ozono demuestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de manera decidida. También hemos hecho avances importantes para reducir la pobreza extrema y el hambre, reducir la tasa de deforestación en algunas regiones así como hemos avanzado en relación al uso e implementación de energías renovables. Pero aún queda mucho por hacer.

En este sentido, el cambio hacia la sostenibilidad se puede producir de diferentes maneras pero todas requieren que ejerzamos presión por parte de la sociedad civil, que utilicemos argumentos basados en pruebas, que reclamemos un liderazgo político claro y manejemos un conocimiento profundo de los instrumentos políticos, los mercados etc.

Finalmente, este grupo de científicos detalla algunos ejemplos de acciones efectivas que podemos hacer para lograr ese cambio hacia la sostenibilidad (no están ordenadas por importancia ni tan poco por la urgencia en su adopción):

  • Priorizar la creación de grandes espacios protegidos que incluyan una proporción significativa de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aéreos de todo el mundo.
  • Mantener los ecosistemas, frenando la transformación de selvas, bosques, praderas y otros hábitats naturales.
  • Restaurar las plantas autóctonas a gran escala, principalmente los bosques.
  • Reintroducir en la naturaleza las especies nativas, especialmente depredadores, para recuperar los procesos y dinámicas ecológicos.
  • Implementar las políticas adecuadas para evitar la extinción de especies animales, la crisis de la caza furtiva y la explotación y el comercio de especies amenazadas.
  • Reducir el desperdicio de alimentos mediante la educación y mejores infraestructuras.
  • Promover un cambio hacia dietas más vegetarianas.
  • Ampliar la reducción de la tasa de natalidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente en los lugares donde faltan tales recursos.
  • Incrementar la educación medioambiental de los niños, así como el compromiso de la sociedad en general con la naturaleza.
  • Desinvertir en inversiones monetarias y adquisiciones para promover un cambio ambiental positivo.
  • Diseñar y promover nuevas tecnologías no contaminantes y adoptar de forma masiva las energías renovables al tiempo que se eliminan las subvenciones a la producción de energía con combustibles fósiles.
  • Corregir la economía para reducir desigualdades y asegurarse que los precios, los impuestos y los sistemas de incentivos tengan en cuenta los costes reales que nuestro patrón de consumo imponen en nuestro medio ambiente.
  • Calcular un tamaño para la población humana que sea sostenible y científicamente defendible a largo plazo, y pedir a las naciones y sus líderes que apoyen ese objetivo vital.

La conclusión es demoledora:

Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y el tiempo se acaba. Debemos reconocer, en nuestra vida cotidiana y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar. Podemos hacer un gran progreso por el bien de la humanidad y del planeta, del que dependemos.

¿La oveja Dolly envejeció prematuramente?

Hace escasos tres meses que se han cumplido 20 años de un anuncio que conmocionó a la opinión pública, y a la comunidad científica en particular. La oveja Dolly, el primer animal clonado a partir de una célula adulta, nacía el 5 de julio de 1996 en el Instituto Roslin de Edimburgo. Dolly, criada en las instalaciones del Instituto junto con decenas de ovejas de diferentes razas, permaneció en un apacible anonimato –motivado por las gestiones para obtener las patentes relacionadas con la técnica empleada– hasta la rueda de prensa multitudinaria que se celebró en el Instituto el 22 de febrero de 1997, días antes de la publicación del artículo científico que dada cuenta de los detalles en la revista Nature el 27 de febrero 1. Desde ese momento, tres nombres entraron en los libros de historia: Dolly, Ian Wilmut y Keith Campbell.

El Instituto Roslin se dedicaba por entonces a investigar todo lo relacionado con los grandes animales de granja, desde su biología molecular, pasando por su genética, embriología, reproducción y desarrollo, hasta su crecimiento y, por supuesto, su bienestar. A pesar de que tanto el Instituto como otras empresas llevaban bastante tiempo trabajando en diferentes técnicas de clonación y habían obtenido resultados positivos, el caso particular de la oveja Dolly desató una oleada de reacciones. Y como era de esperar, los medios de comunicación se lanzaron sobre la noticia con vivo interés.

Un periódico norteamericano publicó que Dolly era carnívora y que se había comido a varias ovejas de su recinto; mientras que el semanario Der Spiegel ilustró la noticia 2 en portada con un regimiento de Hitlers, como si la técnica de clonación desarrollada por los investigadores permitiera una duplicación exacta, una especie de resurrección, de cualquier organismo.

A raíz de la tormenta desatada, en marzo de ese año el presidente norteamericano Bill Clinton impuso una moratoria de cinco años para todos los experimentos de clonación con humanos llevados a cabo en Estados Unidos, ya fueran financiados con fondos públicos o privados.

¿Cómo se logró la clonación?

El enorme interés que despertó el anuncio del nacimiento de Dolly no tuvo tanto que ver con la clonación en sí –ya se habían clonado con éxito distintas especies de animales antes– sino con la técnica utilizada: «transferencia nuclear de células somáticas3». Vamos a explicar cómo lo lograron:

El ADN empleado provenía de una célula epitelial extraída de la glándula mamaria de una oveja adulta. Concretamente, en marzo de 1995 se sacrificó una oveja de raza Finn-Dorset de seis años de edad que se encontraba en la fase final de gestación, por lo que sus células mamarias estaban preparándose para la lactancia. Estos tejidos se congelaron y fueron los utilizados como ADN donante 4.

El paso siguiente consistió en cultivar esas células y mantenerlas durante cinco días privadas del factor de crecimiento. Este constituye un paso esencial, ya que las coloca en estado quiescente (fase G0) donde se produce su reprogramación, consiguiendo que la célula adulta se convierta en una célula totipotente, es decir, con capacidad de dividirse y dar lugar a un nuevo organismo.

Acto seguido se fusiona esa célula cultivada con ovocitos enucleados de otra oveja por medio de una corriente eléctrica 5 para «reconstruir» un embrión. Éstos se introducen en ovejas receptoras temporales, se recuperan cuando han comenzado a dividirse y luego se transfieren finalmente a las madres sustitutas donde se desarrollan hasta convertirse en nuevas ovejas.

Según hemos ido explicando el proceso, vemos que se necesitan un total de cuatro grupos diferentes de ovejas para esta técnica: un grupo de ovejas proporciona ovocitos que, una vez enucleados, se convierten en los citoplastos 6 receptores del ADN donante. Otro grupo facilita los embriones, cuyas células son cultivadas para proporcionar los carioplastos 7, es decir, los núcleos donantes. Un tercer grupo actúa como receptoras temporales, incubando dentro de sus oviductos los embriones recién reconstruidos hasta que llegan a la etapa de blastocisto 8. El cuarto grupo opera como verdaderas madres sustitutas: los blastocistos son entonces transferidos a sus úteros, donde se desarrollan y nacen las crías.

En el experimento se emplearon distintas técnicas —no  solo la transferencia nuclear de células somáticas— que dieron lugar al nacimiento de siete ovejas sanas: cuatro procedían de células embrionarias cultivadas (a partir de discos embrionarios de nueve días 9 llamadas Cedric, Cyril, Cecil y Tuppence); dos de fibroblastos fetales cultivados (a partir de fetos de ovejas de raza Welsh Black de 26 días llamadas Taffy y Tweed) y, por último, Dolly –que acaparó toda la atención debido a la novedosa técnica empleada– que nació a partir de células mamarias cultivadas.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que sólo 1 de los 277 embriones iniciales preparados mediante transferencia nuclear de células somáticas soportó todo el desarrollo y dio lugar al nacimiento de una oveja viva. Es decir, que el resultado de aplicar esta técnica novedosa fue de un éxito entre 277 intentos. Aun así, los investigadores se sorprendieron de que el experimento siquiera funcionase. Ahora parece evidente que si ninguno de los 277 embriones hubiera llegado a término, la ciencia habría descartado como imposible la posibilidad de clonar un animal a partir de células adultas. Wilmut y Campbell por su parte reconocieron que de haber sido ese el resultado no habrían vuelto a intentar la técnica.

Cuestión de edad

El nacimiento de Dolly demostró que era posible transferir el ADN extraído de una célula adulta a un ovocito sin fecundar y engendrar un animal genéticamente idéntico al donante, es decir, se demostró que era posible la clonación de un animal a partir de células diferenciadas. Como hemos visto, Dolly fue clonada a partir de una célula de una oveja de 6 años de edad, y la pregunta que muchos se formularon era si las células de Dolly eran las mismas de un animal joven o deberíamos añadir seis años a su edad biológica. La cuestión tiene relevancia porque se descubrió que los telómeros de las células de Dolly eran más cortos de lo esperado (los telómeros, los extremos de los cromosomas, tienen una longitud finita que se reduce con cada división celular hasta que la célula muere, de ahí que sean considerados marcadores o temporizadores para la edad de un organismo).

Dolly murió a los seis años y medio, cuando las ovejas de la raza Finn-Dorset alcanzan los nueve años o más de edad por término medio. Cuando el equipo del Instituto Roslin decidió sedar y sacrificar a Dolly para evitarle sufrimientos innecesarios, todo el mundo comenzó a cuestionar la viabilidad de la técnica de clonación y afirmaron que había muerto de forma prematura, que los animales clonados presentaban una menor esperanza de vida.

Sin embargo, Dolly no murió por una enfermedad asociada con la edad, sino por una enfermedad vírica que afectó a todo el rebaño y que le hizo desarrollar cáncer de pulmón. Es cierto que sufrió de artritis en las rodillas a los cinco años que curó aplicando un tratamiento con antiinflamatorios, pero como varios investigadores han puesto de manifiesto, cualquier oveja criada bajo techo y alimentada de la forma en que lo estuvo Dolly habría sufrido también problemas articulares.

En cualquier caso, los investigadores llevan más de dos décadas tratando de resolver los misterios del envejecimiento de los clones.

Los nuevos datos

Así las cosas, resulta muy pertinente un trabajo publicado hace unos meses que trata de arrojar luz sobre esta esquiva cuestión, ya que hasta ahora no había evaluaciones detalladas de las enfermedades no transmisibles de aparición tardía. Para ello, Kevin Sinclair y su equipo de colaboradores –entre los que se encontraba el prematuramente fallecido Keith Campbell, a quien se homenajea con este trabajo– ha examinado a cuatro de los clones de Dolly (por nombres Debbie, Denise, Dianna y Daisy) a lo largo de su vida. Decimos que son clones de Dolly porque las cuatro ovejas procedían del mismo lote de células congeladas del que nació aquella. Además, para completar la muestra de estudio, los investigadores realizaron el mismo seguimiento a otras nueve ovejas clonadas de razas diferentes. Estos trece animales tienen ahora más de 9 años (como hemos señalado, cerca de su máxima esperanza de vida) y todas gozan de buena salud.

El estudio publicado en Nature Communications confirma que los cuatro clones de Dolly no sufren artritis, diabetes, dolencias cardiovasculares u otro trastorno asociado a la edad.

El trabajo ha consistido en realizar evaluaciones musculoesqueléticas, pruebas metabólicas y medidas de presión arterial en las trece ovejas clonadas. Además, se realizaron exámenes radiológicos de todas las articulaciones principales, incluyendo las rodillas –la articulación más afectada por la osteoartritis en Dolly. Todos los datos obtenidos se compararon con los obtenidos para grupos de ovejas no clonadas.

Es importante destacar que, a pesar de su edad avanzada, ninguno de los clones mostró signos clínicos de enfermedad, siendo euglicémicas, insulino sensibles y normotensivas. Ningún animal sufría cojera a pesar de que la mayoría mostraba evidencias radiográficas de osteoartritis leve en una o dos articulaciones, como por otro lado cabría esperar en las ovejas de esa edad. Ninguna precisó tratamiento para esas molestias articulares.

Como hemos apuntado, en ausencia de animales de control de idénticas características a los sometidos a estudio (por edad, por el genotipo y el ambiente donde éstas se han criado), los investigadores siguieron estos parámetros como comparativa:

  • Un grupo contemporáneo de ovejas de seis años de edad que fueron criadas junto con los clones y sometidas a las mismas evaluaciones metabólicas y cardiovasculares
  • Los rangos de referencia publicados en estudios veterinarios previos para los niveles de glucosa en sangre
  • Radiografías pélvicas de ocho ovejas sanas de 5 años de edad
  • Y, por último, otros trabajos científicos disponibles –debidamente reseñados en la bibliografía.

Conclusiones

Algo que tanto Ian Wilmut como Keith Campbel dejaron claro desde la publicación de su trabajo pionero allá por mediados de los años 90 es que la clonación es un procedimiento mucho menos eficaz que la reproducción natural o la fecundación in vitro. Sólo un 1% de las veces que se transfiere un óvulo se consigue que nazca una oveja y sobreviva a sus primeros días. De hecho, esta baja tasa de éxitos llevó al Instituto Roslin a abandonar esta técnica de clonación.

Sin embargo, los trabajos con animales clonados, y concretamente en este caso, el estudio de su envejecimiento, nos permiten afirmar que si un animal clonado sobrevive a la gestación y goza de buena salud durante las primeras semanas de vida, tendrá las mismas posibilidades que otros animales de su raza nacidos de forma natural, y envejecerán del mismo modo.

Si tomamos una célula de un animal de cualquier edad e introducimos su núcleo en un óvulo maduro no fertilizado, los datos actuales apuntan a que podemos obtener un animal que nace con una esperanza de vida igual a los gestados de forma natural. La relación entre la longitud de los telómeros, la salud y la longevidad en organismos multicelulares es bastante compleja y aún no hemos desentrañado todos los misterios. Ahora sabemos que la restauración de la longitud de los telómeros está dictada por intrincadas alteraciones epigenéticas de la cromatina, cuya variación podría explicar las discrepancias entre las especies, y los tipos de células donantes dentro de las especies.

Lo que los científicos sospechan es que parece haber un mecanismo natural incorporado a los óvulos que es capaz de rejuvenecer una célula, así que por ese camino irán los futuros trabajos de investigación.

 

Referencia

Sinclair, K. D., et al. (2016), «Healthy ageing of cloned sheep». Nature communications, vol. 7, p. 12359.

Lee el artículo aquí.

Más información

Wilmutt, I.; Campbell, K. y  Tudge, C. (2000), La segunda creación: de «Dolly» a la clonación humana. Barcelona: Ediciones B, 388 p.

Wilmut, I., et al. (1997), «Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells». Nature, vol. 385, núm. 6619, p. 810-813.

The Life of Dolly. Página web del Instituto Roslin.

Notas

El creacionismo en Europa

Cuando leemos algún artículo o noticia que habla del creacionismo, es decir, la doctrina religiosa que sostiene que tanto el Universo, como la Tierra y los seres vivos que en ella habitamos debemos nuestra existencia a un acto divino 1, pensamos en grupos de fundamentalistas cristianos radicados en Norteamérica que difunden sus ideas, panfletos y libros únicamente dentro de sus fronteras (al menos de forma perceptible). Sin ir más lejos, en estas páginas hemos publicado recientemente dos anotaciones, una acerca de la importancia de enseñar la evolución humana (que aborda fundamentalmente la situación en las escuelas norteamericanas); y otra relativa al problema que supone la pseudociencia y cómo día a día ­­–y poco a poco– ésta va ganando terreno al pensamiento crítico y la ciencia.

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Resultados de una encuesta realizada por GALLUP donde, durante los últimos años, preguntan acerca de la evolución del hombre. Un 73% de los estadounidenses encuestados en 2013 sostienen que Dios ha tenido algo que ver en la evolución del hombre.

Si bien podemos situar el origen del creacionismo como movimiento organizado en EE.UU. alrededor de la década de los años veinte del siglo pasado (aunque ya en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX había quienes sostenían estos planteamientos de una u otra forma), en las últimas décadas se ha convertido en una tendencia global, y estas ideas se han introducido con fuerza tanto en Europa como en otros continentes.

El vuelco en la situación previa de «confinamiento» se produjo a mediados de los años noventa del siglo pasado. En esa época asistimos a un cambio de liderazgo en el movimiento creacionista estadounidense con el ascenso de la figura de Kenneth A. Ham, de Answers in Genesis (Respuestas en el Génesis –AiG por sus siglas en inglés–), radicado en el Estado de Kentucky 2. En menos de una década, Ham y los miembros de su grupo habían conseguido crear una red de filiales internacionales a través de las cuales distribuían sus libros y panfletos en decenas de idiomas (desde el afrikáans, el rumano o el ruso, pasando por el coreano, el castellano, el francés y un largo etcétera). También lograron algo que quizás sea más sorprendente y es que el creacionismo –y el diseño inteligente– se expandiera desde el protestantismo al resto de religiones monoteístas: catolicismo, judaísmo e islamismo.

El panorama europeo

Las distintas encuestas realizadas en Europa muestran que estamos entre los niveles más altos en la aceptación de la teoría de la evolución (junto a China y Japón). Sin embargo, los creacionistas no han permanecido ociosos y se esfuerzan por incrementar «sus cifras», que no son nada halagüeñas para los defensores del pensamiento racional: uno de cada cinco europeos rechaza la evolución humana 3; y en Turquía, más del 50% de la población rechaza la evolución 4. De hecho, el caso más llamativo quizás tenga que ver con el incremento generalizado del creacionismo a medida que avanzamos hacia el Este, hacia los países que conformaron el bloque comunista –algo paradójico si recordamos que esos países eran oficialmente ateos.

Resultados de la encuesta del Eurobarómetro del año 2005.
Resultados de la encuesta del Eurobarómetro del año 2005. La pregunta es si los seres humanos, tal y como los conocemos hoy, se han desarrollado a partir de especies animales anteriores.

A pesar de que durante años los creacionistas han aumentado su presencia en Europa, y que de forma paralela han incrementado gradualmente su influencia en las escuelas y las comunidades locales, hemos de reseñar que durante mucho tiempo se mantuvieron «bajo el radar», manteniendo en sus actividades un perfil bajo.

Sin embargo, la situación cambió de forma brusca en 2007 cuando el creacionismo se convirtió en un tema de debate público y político. Ese año, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa adoptó el texto de la resolución 1580 sobre «Los peligros del creacionismo en la educación» 5. Esta resolución trataba de lanzar una advertencia contra el incremento de la presencia del movimiento creacionista en la sociedad, y la potencial amenaza que suponía para el sistema educativo, llegando a calificar la enseñanza de su doctrina como «una amenaza a los derechos humanos». El Consejo advirtió del «riesgo real de que se introduzca una confusión grave en las mentes de nuestros hijos entre lo que tiene que ver con las convicciones, creencias e ideales de todo tipo, y lo que tiene que ver con la ciencia». El objetivo de esta resolución era claro: impedir que se presentasen las teorías creacionistas como una disciplina científica ya que se basaban en «afirmaciones puramente dogmáticas» y en la «utilización deformada de citas científicas».

Al mismo tiempo, el texto expresaba su preocupación por la influencia negativa del creacionismo en el progreso de la investigación médica en la lucha contra infecciones como el sida, así como en materias como la biodiversidad y el cambio climático.

En definitiva, la resolución pedía a los Estados de esta organización paneuropea que defendieran la promoción del conocimiento científico, que lo hicieran «más comprensivo y atractivo», y que se opusieran a la enseñanza del creacionismo en las escuelas como disciplina científica.

La resolución fue aprobada por 48 votos a favor, 25 en contra y 3 abstenciones.

Las críticas no se hicieron esperar. Vsevolod Chaplin, jefe adjunto del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores de la Iglesia ortodoxa rusa criticó el texto afirmando que «esos pocos fósiles que han presentado los antropólogos como ejemplos de formas de transición entre simios y humanos podrían explicarse como mutaciones al azar. Nosotros no decimos que hemos encontrado una nueva especie cuando encontramos un pez con dos cabezas».

Críticas de este tipo eran más que previsibles y poco relevantes, pero lo verdaderamente importante era que la resolución adoptada por el Consejo no tenía mayor fuerza que la de ser una mera recomendación.

El Consejo de Europa «es una organización internacional de ámbito regional destinada a promover, mediante la cooperación de los estados de Europa, la configuración de un espacio político y jurídico común en el continente, sustentado sobre los valores de la democracia, los derechos humanos y el Imperio de la ley». Lo que traducido al lenguaje común significa que el poder tanto del Consejo como de la Asamblea –compuestos por políticos– se extiende únicamente a la posibilidad de investigar, hacer recomendaciones y aconsejar.

De ahí que en la práctica no todos los centros educativos europeos sigan las recomendaciones del Consejo. Y aunque el creacionismo y el diseño inteligente no forman parte oficial del currículo básico de enseñanza en los estados miembros, varios políticos europeos, entre ellos ministros de educación, han apoyado la introducción de estas ideas sin base científica en las clases de biología. Otras veces son los propios profesores quienes las introducen en sus clases. Si a esto añadimos que muchos países mantienen la educación religiosa como una opción en las escuelas públicas, éstas y los centros puramente religiosos sí pueden incorporar el creacionismo y el diseño inteligente entre las enseñanzas que reciben sus alumnos 6.

educacion

A pesar de todo, cuando el creacionismo ha encontrado la forma de introducirse en el sistema educativo, los científicos europeos no se han limitado a rechazarlo en los medios de comunicación, sino que se han organizado y buscado apoyos para emprender acciones en contra. Por ejemplo, en 2004, Ljiljana Colic, ministra serbia de educación, ordenó la retirada de la teoría de la evolución del programa educativo con el argumento de que esa teoría debía tomar al hombre como una creación divina. Esta postura recibió críticas casi de inmediato y la Academia Serbia de Ciencias impulsó una campaña contra dicha posibilidad, apoyada por cuarenta organizaciones diferentes, que finalmente la obligaron a dimitir.

Como contrapunto, en 2009, año en el que coincidía el 150 aniversario de la publicación de «El origen de las especies» y el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin 7, se celebraron por toda Europa actos conmemorativos. En algunos países los creacionistas gozaron de mayores presupuestos para desarrollar actividades contra la teoría evolución del que disponían las instituciones científicas para promover el conocimiento acerca de la misma. Muchas de las campañas que llevaron a cabo los creacionistas estaban bien producidas, captaron la atención del público y tuvieron un gran impacto.

Ya hemos señalado que creacionistas europeos han establecido redes transfronterizas, pero además vienen organizado «congresos» desde 1984. Estas reuniones son controladas fundamentalmente por los creacionistas protestantes del noroeste de Europa, y sirven de escaparate para sus correligionarios estadounidenses que ofrecen ponencias y, al mismo tiempo, logran difusión para sus textos. Todo ello con el objetivo declarado de influir en las políticas educativas e introducir alternativas a la teoría de la evolución en las clases de biología.

Sin embargo, el creacionismo en Europa no conforma todavía una comunidad unida y varía mucho de un país a otro: encontramos países donde sirve de identidad a pequeñas comunidades religiosas locales (sería el caso de los países escandinavos); mientras que en otros lugares está ligado a subculturas bien organizadas, como sucede en los Países Bajos. También tenemos el caso donde creacionismo subsiste en las élites religiosas que poseen un considerable poder político (Rusia es el ejemplo paradigmático). De cualquier forma, y con la excepción de Turquía, la teoría de la evolución es mucho más aceptada en Europa que en Estados Unidos (aunque demasiadas noticias y demasiadas encuestas muestran un cambio en la opinión pública).

Conclusiones

Debemos seguir varias estrategias para revertir esta tendencia.

El biólogo John A. Moore pronunció un discurso en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia de 1979 donde abordó el tema del creacionismo. Moore señaló que si aceptamos la premisa de que los creacionistas se enfrentan a nosotros como si se tratara de un problema político y no científico, entonces debemos aceptar que los argumentos científicos por sí solos no van a resolver el problema.

Hoy en día no es suficiente recitar todas las pruebas y argumentos en apoyo de la teoría evolutiva. En lugar de ello, los científicos, profesores, divulgadores y demás actores involucrados en la difusión de la ciencia tienen que actuar en todas las plataformas y en todos los medios donde los creacionistas están activos. Esto incluye dar conferencias públicas, escribir artículos de opinión en los periódicos, hablar de estos temas en programas de televisión y radio, y desarrollar y mantener páginas web donde se explique la evolución.

También debemos actuar a nivel educativo. En el Reino Unido, por ejemplo, los estudiantes no comienzan el estudio de la evolución hasta los 14 o 16 años. Además, en la mayoría de los casos, cuando se introduce en las clases de biología se hace de forma marginal, como si fuera un tema aislado (es como intentar enseñar química dejando la teoría atómica fuera del temario).

Es necesario introducir los conceptos básicos de la teoría evolutiva en edades más tempranas, y mantenerlos como piezas centrales del currículo en biología para poder desarrollarlos progresivamente. Fomentar al mismo tiempo el pensamiento crítico ayudaría a que las evidencias científicas calaran en la mente de los estudiantes, minimizando la posibilidad de que acepten sin más ideas que carecen de apoyo científico. Cuando alguien se forma una idea equivocada acerca de un tema científico, es verdaderamente difícil hacerle cambiar de opinión.

Por último, los medios de comunicación no pueden hacer una «cobertura equilibrada», como si hubiera un enfrentamiento entre dos posturas contrapuestas que gozan de los mismos niveles de validez. Los periodistas deben conocer los métodos que emplean los creacionistas para dar la falsa sensación de que su ideas son tan válidas como las teorías científicas aceptadas ya que así dan pie a exigir una dedicación paritaria de ambas posturas en las escuelas.

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Notas

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