Los libros de 2019

Como ya es costumbre al llegar estas fechas, y como cierre del año que termina, os dejo con el listado de los libros que he leído durante el 2019. Esta es la típica anotación que casi nadie leerá, pero espero que si alguien siente curiosidad o quiere más detalles acerca de alguno de estos libros, que se sienta libre de preguntar y muy gustoso trataré de responder.


ENERO

Alonso Peña, J. R. y  De Carlos, J. A. (2018), Cajal: Un grito por la ciencia. Pamplona: Next Door Publishers, 247 p.
King, S. (2018), Lobos del Calla. La torre oscura V. Barcelona: Debolsillo, 791 p.
Kurzweil, A. (2001), La gran complicación. Barcelona: Editorial Diagonal/Grup 62, 355 p.
Maslin, M. (2016), The cradle of humanity: how the changing landscape of Africa made us so smart. Oxford: Oxford University Press, xxiv, 228 p.

FEBRERO

Follett, K. (2018), Triple. Barcelona: Debolsillo, 470 p.
Torregrosa López, D. (2018), Del mito al laboratorio. Palencia: Cálamo, 206 p.
Macaulay, D. (1979), Motel of the mysteries. Boston: Houghton Mifflin, 95 p.
Alonso Peña, J. R. (2014), Neurozapping: aprende sobre el cerebro viendo series de televisión. Navarra: Laetoli, 161 p.
King, S. (2017), Canción de Susannah. La torre oscura VI. Barcelona: Debolsillo, 492 p., 12 p. de lám.

MARZO

Verne, J. (2019), Viaje al centro de la tierra. Un drama en México. Diez horas de caza. Barcelona: RBA Coleccionables, 330 p.
Montoliu, L. (2019), Editando genes: recorta, pega y colorea. Las maravillosas herramientas CRISPR. Pamplona: Next Door Publishers, 434 p.

ABRIL

Marcos del Cano, A. M. (2011), Bioética y derechos humanos. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia, 387 p.
Harrold, F. B. y Eve, R. A. (1995), Cult archaeology & creationism: understanding pseudoscientific beliefs about the past. Iowa City: University of Iowa Press, xii, 187 p.

MAYO

King, S. (2016), La torre oscura. La torre oscura VII. Barcelona: Debolsillo, 992 p., 12 p. de lám.
Wagensberg, J. (2014), El gozo intelectual. Teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza. Barcelona: Tusquets, 267 p.
Campbell, J. y Moyers, B. (2015), El poder del mito. Madrid: Capitán Swing, 297 p.

JUNIO

Mukherjee, S. (2017), El gen. Una historia personal. Barcelona: Debate, 698 p.
Bermúdez de Castro, J. M. (2019), Atapuerca. Persiguiendo un sueño. Museo de la Evolución Humana. Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo. Junta de Castilla y León, 248 p.

Le Guin, U. K. (1988), Un mago de Terramar. Barcelona: Minotauro, 213 p.

Le Guin, U. K. (1988), Un mago de Terramar. Barcelona: Minotauro, 213 p.
Le Guin, U. K. (1988), Las tumbas de Atuan. Barcelona: Minotauro, 169 p. 1h.

JULIO

Stoker, B. (2018), Drácula. Barcelona: Penguin Random House, 496 p.
Le Guin, U. K. (1988), La costa más lejana. Barcelona: Minotauro, 237 p.
Le Guin, U. K. (1991), Tehanu. Barcelona: Minotauro, 248 p.
Pimentel Siles, M. y Navarro Espinosa, M. A. (2019), Arqueomanía. Historias de la Arqueología. Córdoba: Almuzara, 302 p.
Ruiz Zafón, C. (2016), El juego del ángel. Barcelona: Planeta, 667 p.

AGOSTO

Norwich, J. J. (2009), Historia de Venecia. Granada: AlMed, 829 p.
Taubman, W. (2018), Gorbachov. Vida y época. Barcelona: Debate, 1265 p.
Salmon, G. (2013), Kendo. Inherited wisdom and personal reflections. Rethink Press, 108 p.
Díaz López, D. (2018), La revolución de las células madre. Realidad, potencial y límites de las «estrellas» de la biología actual. Palencia: Cálamo, 164 p.
Wouk, H. (1952), El motín del «Caine». La novela de la segunda guerra mundial. México D. F.: Atlante, xiv, 689 p.
Ruiz Zafón, C. (2018), El prisionero del cielo. Barcelona: Planeta, 379 p.
Poundstone, W. (2015), El dilema del prisionero. John von Neumann, la teoría de juegos y la bomba. Madrid: Alianza, 503 p.

SEPTIEMBRE

Ruiz Zafón, C. (2018), El laberinto de los espíritus. Barcelona: Planeta, 925 p.
Kundera, M. (1984), The farewell party. London: Penguin Books, 184 p.
Verne, J. (2019), De la Tierra a la luna. Viaje directo en 97 horas y 20 minutos; El doctor Ox. Barcelona: RBA Coleccionables, 284 p.
Cervera, J., et al. (1999), Atapuerca. Un millón de años de historia. Madrid: Plot Ediciones; Editorial Complutense, 238, 2 p.
Peláez Pérez, J. (2019), 500 años de frío. La gran aventura del Ártico. Madrid: Crítica, 372 p.

OCTUBRE

Ríos San Martín, M. (2019), La huella del mal. Madrid: Planeta, 576 p.
Snowden, E. (2019), Vigilancia permanente. Madrid: Planeta, 448 p.
Salmon, G. (2013), Kendo. A comprehensive guide to japanese swordsmanship. Vermont: Tuttle, 192 p.
Hancock, G. (2019), America before. The key to Earth’s lost civilization. London: Coronet, 592 p.
Impey, C. (2019), Los monstruos de Einstein. La vida y la época de los agujeros negros. Biblioteca Buridán, 346 p.
Lalueza-Fox, C. (2016), Genes, reyes e impostores: una historia detectivesca tras los análisis genéticos de reyes europeos. Palencia: Cálamo, 156 p.

NOVIEMBRE

Yasumari, K. (1968), País de nieve. Barcelona: Zeus, 247 p.
Parcak, S. H. (2019), Archaeology from space. How the future shapes our past. New York: Henry Holt and Company, 277 p.

DICIEMBRE

Miyamoto, M. (1996), El libro de los cinco anillos. Madrid: Edaf, 125 p.
McEwan, I. (2019), Máquinas como yo. Barcelona: Anagrama, 355 p.
Tolkien, J. R. R. (2002), El Señor de los Anillos. Barcelona: Minotauro, 1258 p. [50] lám.

Como primer dato, este año he superado el número de páginas leídas llegando a las 20000. Como podéis ver, la variedad de temática de los libros de ensayo y las novelas sigue siendo constante; aunque también releo algunos de mis libros favoritos.

Este año he terminado la serie de la «Torre oscura» de Stephen King y puedo decir que no me ha decepcionado. No creo que nadie dude que King es uno de los escritores más importantes del momento, pero he de reconocer que estos son los primeros libros que leo suyos.

Y como colofón, os dejo con algunos de los libros que ya me esperan desde la mesa para 2020:

¡Os deseo lo mejor para este año 2020 que está a punto de comenzar!

Los libros de 2018

Como ya es costumbre al llegar estas fechas, y como cierre del año que termina, os dejo con el listado de los libros que he leído durante el 2018. Esta es la típica anotación que casi nadie leerá, pero espero que si alguien siente curiosidad o quiere más detalles acerca de alguno de estos libros, que se sienta libre de preguntar y muy gustoso trataré de responder.

ENERO

Murakami, H. (2006), Kafka en la orilla. Barcelona: Tusquets, 584 p.

Crichton, M. (1992), Sol naciente. Barcelona: Plaza & Janés, 352 p.

Por regla general trato siempre de leer los libros en que se basan las películas antes de ver estas últimas, Sin embargo, en este caso vi primero la genial película protagonizada por Wesley Snipes y Sean Conery. Siendo una de mis favoritas, no podía dejar pasar la ocasión de leer la novela original y he de reconocer que el tiempo –y las libertades del guión del largometraje– no la hacen desmerecer en absoluto.

FEBRERO

Crichton, M. (1991), Parque Jurásico. Barcelona: Plaza & Janés, 471 p.

Todos los años trato de releer algunos de los libros que más me gustaron cuando los leí siendo más joven. Este es uno de ellos, un texto que ya se ha convertido en todo un clásico.

Gould, S. J. (2011), La falsa medida del hombre. Barcelona: Crítica, 587 p.

Un libro que, como me ha pasado con gran parte de los escritos por el gran Stephen Jay Gould, me ha hecho cambiar mi forma de pensar en ciertos temas y, al mismo tiempo, confirma mi impresión de lo importante que es conocer la historia del pensamiento y cómo ha ido evolucionando nuestra comprensión de algunos conceptos, como en este caso la inteligencia.

Escribí una reseña.

MARZO

Crichton, M. (1996), El mundo perdido. Barcelona: Plaza & Janés, 419 p.

Aramburu, F. (2018), Patria. Barcelona: Tusquets, 646 p.

Una novela que se ha convertido en un éxito de ventas, pero no por ser un libro de lectura fácil y que se olvide rápidamente. Debería leerla todo el mundo, sobre todo los jóvenes. Debemos recordar nuestro pasado –en este caso muy reciente–, para hacer un esfuerzo de comprensión y evitar cometer los mismos errores.

Murakami, H. (2008), Sputnik, mi amor. Barcelona: Tusquets, 244 p.

VV.AA. (2018), El dilema Turing y otros textos científicos. Sevilla: Jot Down Books, 147 p.

Un libro de recopilación de relatos. Mi primer texto impreso de divulgación científica aparece en este volumen, junto con el de otros grandísimos escritores y divulgadores. Todo un honor.

Torday, P. (2009), La pesca del salmón en Yemen. Barcelona: Salamandra, 346 p.

Como en el caso de «Sol naciente», vi la película antes de leer la novela y pese a que me gustó mucho el largometraje, prefiero con creces el libro de Torday. Sencillamente imprescindible.

Zweig, S. (2009), Mendel el de los libros. Barcelona: Acantilado, 57 p.

Leer a Zweig, cualquier cosa que haya escrito, es un acto de placer absoluto. Este relato breve sobre un bibliófilo es una auténtica joya.

Goldman, W. (1999), La princesa prometida. Barcelona: Martínez Roca, 252 p.

Nada se puede decir de esta novela que no se haya dicho ya. Todo niño cuando llega a los 12 o 13 años debe leer este libro. Y luego ver la película. Sin más.

ABRIL

Carrión, J. (2016), Librerías. Barcelona: Anagrama, 367 p.

Un delicioso recorrido por las más interesantes librerías del mundo a juicio de Jorge Carrión. La mezcla perfecta de libro de viajes y de los relatos apasionados de un bibliófilo.

MAYO

Stephenson, N. (2007), Criptonomicón. Barcelona: Ediciones B, 855 p.

Me encanta todo lo de Stephenson.

Harari, Y. N. (2015), Sapiens. De animales a dioses: breve historia de la humanidad. Barcelona: Debate, 492 p.

«Sapiens» de Harari se ha convertido en un «clásico» si se me permite la ligereza, dentro de la divulgación científica. El subtitulo hace honor a la verdad: es breve por necesidad dado que pretende contar la historia de la humanidad. Esa brevedad hace pecar al autor de simplismo en algunos aspectos pero, general, se trata de un libro interesante como primera aproximación a un tema tan apasionante y complejo como es el de conocer la historia de nuestra especie.

JUNIO

Bennett, M. R. y  Morse, S. A. (2014), Human footprints: fossilised locomotion? New York: Springer, 216 p.

Un ensayo técnico imprescindible para todo aquel que quiera adentrarse en la comprensión y análisis de las huellas de nuestros antepasados.

Espmark, K. (2008), El premio Nobel de literatura. Cien años con la misión. Madrid: Nórdica Libros, 363 p.

JULIO

Cela Conde, C. J. y  Ayala, F. J. (2006), La piedra que se volvió palabra: las claves evolutivas de la humanidad. Madrid: Alianza, 184 p.

Muy malo. Lo siento, pero este libro me parece un refrito de otros textos de los autores que no cumple con lo prometido en la introducción. Llevo meses queriendo escribir una reseña –muy crítica– pero la pereza me impide terminarla. Actualización 10/01/19: la reseña está lista.

Stephenson, N. (2012), Reamde. O el mundo a velocidad de videojuego. Barcelona: Ediciones B, Grupo Zeta, 982 p.

AGOSTO

Mukherjee, S. (2016), El emperador de todos los males: una biografía del cáncer. Barcelona: Debate, 681 p., 8 p. de lám.

Una obra maestra. Sin más. Lo he reseñado aquí.

Grine, F. E.; Fleagle, J. G. y  Leakey, R. E. (2009), The first humans: origin and early evolution of the genus Homo. Contributions from the third Stony Brook Human Evolution Symposium and Workshop, October 3-October 7, 2006. Dordrecht: Springer, xi, 218 p.

Pérez-Reverte, A. (2015), El maestro de esgrima. Barcelona: Debolsillo, 312 p.

SEPTIEMBRE

Larsson, S. (2005), Los hombres que no amaban a las mujeres: Millennium 1. Barcelona: Destino, 665 p.

Taschdjian, C. (2008), The Peking man is missing. New York: Felony & Mayhem, 339 p.

Un relato novelado del descubrimiento y desaparición de los primeros fósiles recuperados en Zhoukoudian de Homo erectus pekinensis. Lo importante de este texto es que la autora tuvo una implicación personal en todo lo que cuenta: fue colaboradora de Franz Weidenreich mientras estudió los fósiles.

OCTUBRE

Reyes, A. (2011), Libros y libreros en la Antigüedad. Madrid: Fórcola, 75 p.

Otra pequeña joya para los amantes de los libros.

Schwartz, G. A. y  Escobedo Bermúdez, V. (2017), #Nodos. Pamplona: Next door, 532 p.

Otro libro que este año me ha abierto los ojos acerca de temas de los que apenas había reflexionado y que ahora considero fundamentales. La reseña de la editorial lo dice perfectamente: «es un punto de encuentro transdisciplinar en el que artistas, científicos, escritores y humanistas de diferentes países comparten experiencias y reflexiones acerca de la relevancia y las posibilidades de interacción entre diferentes disciplinas».

Hughes, R. (1944), Huracán en Jamaica. Barcelona: Destino, 266 p.

King, S. (2017), El Pistolero. La torre oscura I. Barcelona: Debolsillo, 286 p., 8 f. de lám.

King, S. (2017), La llegada de los tres. La torre oscura II. Barcelona: Debolsillo, 539 p., 12 p. de lám.

NOVIEMBRE

Murakami, H. (2000), La caza del carnero salvaje. Barcelona: Anagrama, 329 p.

Yourcenar, M. y  Cortázar, J. (1983), Memorias de Adriano. Barcelona: Edhasa, 272 p.

King, S. (2017), Las tierras baldías. La torre oscura III. Barcelona: Debolsillo, 622 p., 24 p. de lám.

Lee, S.-H. y Yoon, S.-Y. (2018), ¡No seas neandertal! Y otras historias sobre la evolución humana. Madrid: Debate, 323 p.

Una explicación de algunas de las cuestiones que más llaman la atención a quienes se acercan por primera vez al estudio de la evolución humana. Muy ameno, es un libro perfecto para iniciarse en la disciplina. 

Hoffecker, J. F. (2017), Modern humans: their African origin and global dispersal. New York: Columbia University Press, 506 p.

Un libro acerca de la evolución del género Homo muy completo y puesto al día. Uno de los descubrimientos más interesantes de este año.

DICIEMBRE

Turner, T. (2005), Biological anthropology and ethics. From repatriation to genetic identity. Albany: State University of New York Press, x, 326 p.

King, S. (2017), Mago y cristal. La torre oscura IV. Barcelona: Debolsillo, 927 p., 12 p. de lám.

Para concluir, después de haber leído casi 15.000 páginas de libros este año, me quedo con lo siguiente:

  • Salvo que alguien me lo recomiende entusiásticamente, no leeré más libros de Murakami. He leído casi todos los que ha escrito y me queda la sensación de haber leído una y otra vez la misma historia contada de forma diferente.
  • Tras haber comenzado la serie de la «Torre oscura» de Stephen King (llevo más de la mitad de los libros) tengo muchas ganas de terminarla. Para ser los primeros libros que leo de King (lo sé, más de uno me mataría por esto) me han parecido muy interesantes y debo reconocer que el universo que ha creado es atrayente.
  • No me canso de leer libros que tratan de libros, o de libreros, o de librerías… Mi bibliofrenia no parece que vaya a remitir en un corto espacio de tiempo.

Y como colofón, os dejo con algunos de los libros que ya me esperan desde la mesa para 2019:

¡Os deseo lo mejor para este año 2019 que está a punto de comenzar!

Consejos prácticos para dar una charla

Hace poco llegó a mis manos un texto breve escrito por Will Ratcliff, un biólogo evolutivo que actualmente ocupa un puesto de profesor asociado en el Instituto Tecnológico de Georgia, en el que exponía algunos consejos prácticos para dar una buena conferencia científica. Le puso el sonoro título de «estilo David Attenborough para hacer una presentación científica» (puedes acceder al texto original aquí).

El hecho es que me ha parecido una buena aproximación a un tema más complejo de lo que en un principio pudiera parecer, así que le pedí permiso para traducirlo al castellano. Dado que Ratcliff se dirige a científicos que tienen que hacer una presentación acerca de un determinado descubrimiento, o para exponer los resultados de una investigación, he querido hacer una serie de acotaciones para dar mi punto de vista con la idea de enfocar la cuestión para un público más general: divulgadores científicos o estudiantes que tienen que dar alguna charla en público.

Espero que sea de tu interés y que podamos enriquecer el debate en los comentarios.

Estilo David Attenborough para hacer una presentación científica

Uno de los mayores obstáculos a la hora de dar una buena charla es convencer a la gente de que vale la pena que dediquen su energía mental a escucharte. Esta estrategia de comunicación está diseñada para conseguir esto del público, sin que ellos se den cuenta siquiera de que lo están haciendo. La clave está en aprovecharse de un hecho simple: las personas son criaturas curiosas por naturaleza y prestarán atención a una buena historia siempre y cuando esa historia permanezca absolutamente clara.

En el estilo «David Attemborough» eres el narrador de una historia interesante. El objetivo es ofrecer una charla visualmente simple en la que el público esté tan metido en tu presentación que se olviden de que estás hablando delante de ellos. Te escuchan y ven las imágenes que acompañan tu historia y en ningún momento tienen que parar y tratar de darle sentido a lo que acabas de decir.

En esta introducción Ratcliff va directo al grano y nos da el mejor consejo que se puede dar a cualquier comunicador: si tienes que dirigirte a un grupo de personas y pretendes que te escuchen mientras lo haces, tienes que contarles algo interesante. El tiempo es un bien escaso —y por lo tanto valioso— así que tienes que se consecuente y ofrecer algo a cambio que merezca la pena escuchar.

Estos son los puntos principales:

1. Métete esto en la cabeza: tu principal trabajo es ser un entretenedor, no un científico. La mayoría de los científicos no hacen esto, razón por la cual la mayoría de las charlas científicas son malas. La verdad es que si el público no comprende y disfruta tu charla, no les importará si tu ciencia es buena.

Como dije al principio, estos consejos están dirigidos fundamentalmente a científicos que tienen que hacer una presentación. Pero como irás viendo, estos consejos son perfectamente válidos para cualquier persona que tenga que dar cualquier tipo de charla en público.

2. Cuenta una historia; no te limites a hablar de los métodos empleados y los resultados obtenidos.

Dicho así parece una tarea bastante sencilla, pero créeme si te digo que no lo es en absoluto. Más abajo hay algunos consejos para diseñar la estructura de la charla y veremos esto con un poco más de detalle, pero tienes que tener claro —casi antes de sentarte a escribir— que tienes que dar con una forma de crear una narrativa a partir del tema que tengas que exponer. Es decir, tienes que ser capaz de montar una historia sea cual sea el tema concreto del que debas hablar.

3. Una historia científica sólida es fundamental para una fácil comprensión, y la comprensión fácil es crítica en el estilo D. A. El público necesita comprender cada palabra que dices porque en el momento en que alguien deja de prestar atención el hechizo se rompe. Tu objetivo es no perder nunca la atención del público. Por eso una narrativa clara es esencial para el éxito. Mira algunas sugerencias más abajo.

4. Practica las transiciones entre las diapositivas y los temas. El momento más habitual en el que las personas pierden la atención es cuando hay una mala transición. Una vez que alguien pierde el ritmo, es difícil que retome el flujo de la charla.

Mi opinión personal es que las transiciones entre las diapositivas de tu presentación deben ser sencillas y uniformes: nada de artificios y mantén la coherencia durante toda la presentación.

5. Mata el desorden. Elimina texto. Debes desterrar de tu charla las frases completas. En lugar de escribir frases completas, pronúncialas mientras diriges la atención de la gente hacia las imágenes que refuerzan lo que estás diciendo. Excepción: una sola oración (o fragmento de oración) en la parte superior de cada diapositiva que resume de qué trata es una buena idea.

Yo tatuaría esta frase en el brazo de más de un conferenciante.

6. Únicamente enseña la parte de la diapositiva que las personas necesitan para entender lo que les estás explicando en ese preciso momento. A menudo oculto la mayor parte de la diapositiva, mostrando los detalles adicionales en el momento en que es necesario para que se entienda lo que estoy contando. Para que esto sea más efectivo, aprende a usar las animaciones personalizadas en PowerPoint.

Más allá del programa informático concreto que utilices para montar tu presentación (hay muchos programas gratuitos y de calidad para esta tarea) este consejo va encaminado en la misma dirección: la de utilizar la información que muestras al público como parte de una narrativa. Puedes incluir varias imágenes en una misma diapositiva que vas desvelando de forma progresiva, creando una suerte de suspense o tensión para evitar distracciones y, al mismo tiempo, mantener la atención del público.

7. Emociónate. Si no estás entusiasmado con tu trabajo, ¿por qué debería entusiasmar al público?

Otra buena frase para tatuarte.

8. Involúcrate. No le hables al techo, al suelo o (lo que es peor) a la presentación. No son el público. Fija tu mirada en la parte posterior de la sala de conferencias. Hace que la gente sienta que conectas con ellos y también los hace sentirse observados. Prestarán más atención de esta manera.

Este punto es esencial. La mirada ejerce un poder considerable. Puedes fijar la vista en un punto difuso al fondo de la sala como aconseja Ratcliff, pero yo te recomendaría en cambio que fueras desplazando tu vista por todo el público. Mírales directamente a los ojos. Empieza por la izquierda y ve trazando un arco hasta terminar en la parte derecha. No hay mejor forma de captar la atención y, al mismo tiempo, mostrar cercanía y seguridad en ti mismo, que ser capaz de mirar a tu público directamente a los ojos. Esto te permitirá además conocer su reacción (verás caras de asombro, interés o aburrimiento) lo que te permitirá adaptar tu forma de expresarte.

9. Las bromas son delicadas, probablemente tienes más que perder que ganar. Si bien su trabajo es ser un entretenedor, sigue siendo una charla científica, así que mantén las tonterías al mínimo. Es cierto que un buen chiste puede hacer que la gente se ponga de tu parte, pero el público tiene que tener una disposición positiva hacia ti para que esto funcione. Una broma a destiempo o sin gusto puede hacer mucho daño, así que minimiza las bromas a menos que realmente conozcas a tu público.

Esta es otra cuestión fundamental. He discutido largo y tendido con mucha gente sobre el uso de humor para ofrecer una buena charla de divulgación científica. Creo que no hay un consejo que puedas estandarizar. Lo mejor es que hagas lo que nos dice Ratcliff: «minimiza las bromas a menos que realmente conozcas a tu público». Y, por supuesto, nunca seas grosero u ofensivo.

Cómo diseñar tu charla

Fase 1

Montar la charla. Escribir la introducción es probablemente la parte más importante y difícil de la charla, pero esta sección es crítica para elaborar la narrativa. El resto de la charla se desarrolla de forma natural a partir de ahí. Hazla corta y directa.

  1. Contexto general. Imagina a David Attenborough hablando de lo guay que es Madagascar mientras la pantalla muestra imágenes aéreas de una majestuosa cadena montañosa. Tú quieres algo tan grande como esto. Me resulta útil para memorizar la visión general que explico durante la primera diapositiva.
  2. Asuntos clave que estás investigando (centra el foco a partir del contexto general). A los científicos les encantan las preguntas interesantes incluso más que las respuestas. Darás una buena charla si puedes hacerte algunas preguntas al principio que luego responderás.
  3. No ocultes las pistas. Explica rápidamente el resultado principal de tu investigación a grandes pinceladas, y sigue a partir de ahí. En realidad a la gente no le gusta el suspense y tienen mala memoria. Así que explícales la respuesta principal antes de entrar en los detalles. En lugar de tratar de adivinar a dónde vas podrán concentrarse en los pequeños detalles de tu charla.

La introducción es la parte más importante. Con una buena introducción (corta y directa) informas al público de lo que vas a hablar y les ofreces pistas para que puedan seguir el argumento de la charla. Cuando facilitas a la gente un sencillo esquema mental de lo que vas a exponer (piensa que a lo mejor vas a estar hablando durante media hora o más) es más fácil que retomen el hilo si se distraen en un momento dado.

Fase 2

Métodos y resultados.

  1. Explica brevemente los métodos. A la mayoría no les importan los métodos, es una distracción de la historia principal. Aporta suficientes detalles para que sepan lo que hiciste y ten confianza en que sabes lo que estás haciendo.
  2. Responde las preguntas que planteaste al principio. Cuenta la historia de la forma más clara posible, teniendo en cuenta que estás respondiendo las preguntas que presentaste en la introducción.

Este apartado está pensado específicamente para comunicar los resultados de una investigación o un experimento. Para una charla de contenido más general, aquí tendrías que exponer el cuerpo principal de tus argumentos. Puedes dividirlo en tantos apartados como necesites pero te recomendaría que cada vez que terminases un bloque, hicieras una breve recapitulación de lo dicho y explicaras brevemente lo que viene a continuación. La idea, de nuevo, es darle al público un esquema mental. Lo que yo hago en estos casos es poner una diapositiva al principio con todos los puntos que voy a tratar, y repetirla cada vez que empiezo un nuevo bloque (aunque, obviamente, esto no será necesario si tu charla es muy corta).

Fase 3

Terminando la charla.

  1. Resume brevemente las respuestas a las preguntas planteadas en la introducción.
  2. Explica por qué tus resultados son importantes en el contexto general. ¿Ves la simetría? Comenzamos con una visión global y terminamos con una visión global, y cómo tus resultados tienen que ver con la forma en que reflexionamos sobre el contexto general.

La conclusión es tan importante como la introducción. Es el momento de culminar con éxito todo el trabajo que has hecho lanzando un mensaje claro y directo que cierre el círculo de tu narrativa.

Últimos pasos                                         

  1. Busca los comentarios de tus colegas desde el principio para demostrar que no estás obcecado en tu forma de hacer las cosas.
  2. Practica la charla hasta que puedas darla dormido.

Algunos consejos finales para tu charla

  1. Conoce a tu público. Expón algo con lo que puedan disfrutar, para los científicos esto significa generalmente adaptar el nivel de detalle técnico (y la cantidad de material introductorio) a tu público.
  2. Anticipa las preguntas y respóndelas después de los agradecimientos. Además de permitirte precisar las preguntas y respuestas, es una buena forma de tratar detalles muy interesantes pero tangenciales que hayas omitido en la exposición principal de tu charla.
  3. No entierres tus conclusiones en los agradecimientos. No querrás que la gente olvide tus conclusiones justo antes de la sesión de preguntas y respuestas con una lista de agradecimientos de 5 minutos de duración. Me gusta integrar los reconocimientos más importantes en la charla. Una buena forma de hacerlo es mostrando una imagen en miniatura de las personas clave en una esquina de la pantalla cuando explico su contribución.

Como todo en la vida, las cosas necesitan un tiempo de aprendizaje. No te agobies pensando en todos estos puntos y tómalos como lo que pretenden ser: una pequeña guía para ayudarte a ser un buen comunicador. Tenemos que perder el miedo a hablar en público, y la mejor forma de hacerlo es hablando mucho en público.

Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Arqueología. Disciplina científica a la que se dedicó por vocación y por la que ha sido reconocida internacionalmente.

Bloomsbury. Kenyon vivía en este barrio londinense, en una casa junto al Museo Británico.

Cruz roja. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kenyon sirvió como Comandante de División de la Cruz Roja en Hammersmith, Londres.

Dame Commander of the British Empire (dama comendadora de la Orden del Imperio Británico). Recibió esta distinción al jubilarse en 1973.

Excavations at Jericho. Junto con Digging up Jericho, los libros que Kenyon escribió acerca de su trabajo en Jericó empleando un lenguaje divulgativo. Durante su carrera se esforzó porque los estudiantes a su cargo escribieran artículos divulgativos para llegar al público general.

Frederick Kenyon, su padre. Director del Museo Británico. Como arqueólogo trabajó en importantes excavaciones como Jericó.

Gertrude Caton Thompson. Arqueóloga y mentora de Kenyon. Fue una de las primeras mujeres que se dedicaron a esta disciplina. La minuciosidad y metodología de sus investigaciones fueron pioneras.

Holly Land (Tierra Santa). Kenyon ha sido considerada una de las primeras especialistas en arqueología bíblica, aunque siempre fue crítica con las contradicciones y falsedades históricas contenidas en los libros sagrados del judaísmo y cristianismo.

Instituto de arqueología de la Universidad de Londres. Elegida su primera directora hasta 1946.

Jericó. Yacimiento arqueológico al que dedicó mayor atención. Fue reconocido como el asentamiento ocupado de forma permanente más antiguo de la historia gracias a sus descubrimientos.

Kenyon Institute. La escuela británica de arqueología en Jerusalén se incorporó al Consejo para la Investigación Británica en el Levante (Council for British Research in the Levant). Esta institución cambió de nombre a Kenyon Institute en 2003 en su honor.

Leicester. Ciudad inglesa donde Kenyon excavó la Muralla Judía entre 1936 y 1939.

Margery Fry. Bibliotecaria del Colegio Somerville (Oxford), fue la primera persona que aconsejó a Kenyon estudiar la carrera de arqueología.

Neolítico. Periodo de la prehistoria en el que se especializó.

Oxford. Kenyon se graduó en el Colegio Somerville de Oxford (en 1929). Fue la primera mujer en llegar a ser presidenta de la Academia Arqueológica de Oxford.

Principal (directora). Nombrada directora del Colegio St Hugh’s de Oxford en 1962.

Qidron Valley. El valle de Cedrón o Valle de Kidron es un valle situado en Israel, concretamente entre Jerusalén y el monte de los Olivos donde Kenyon llevó a cabo trabajos de excavación de las murallas históricas de la ciudad en un intento de datar su ocupación.

Samaria. Entre 1931 y 1934 Kenyon trabajó allí con John y Grace Crowfoot. Obtuvo material crucial para la datación estratigráfica de la Edad del Hierro de Palestina.

Tell es-Sultan. Yacimiento en la orilla oeste del Jordán perteneciente a la antigua ciudad de Jericó, cuya excavación le otorgó fama mundial.

Verulamium (la actual Saint Albans, en Inglaterra). Excavación donde participó en 1930.

Wheeler. La pareja de arqueólogos formada por Mortimer y Tessa Wheeler fueron una fuente de inspiración (trabajó con ellos entre 1939 y 1935). Son referentes al desarrollar la excavación estratigráfica, en la que se recogen materiales de un terreno dividido en cuadrados disponiéndolos con una secuencia cronológica.

Zimbabwe. El Gran Zimbabue es el nombre dado a las ruinas de una antigua ciudad situada en el sur de África donde Kenyon desempeñó su primer trabajo de campo en calidad de fotógrafa.

Esta anotación forma parte de la iniciativa de Café Hipatia un blog que nació con el deseo de convertir la ciencia en temática central y fuente de inspiración para la escritura, experimentando con diversos puntos de vista y modos de contarla.

El tema para este mes es mujer en ciencia:

Afortunadamente en la actualidad, la expresión “mujer en ciencia” nos trae multitud de imágenes a nuestra mente de las pioneras de diversas épocas que, de manera generalmente anónima, realizaron aportaciones significativas al conocimiento científico o a su difusión.

Nombres ignorados hace unas décadas como Maria Sybille Merian, Maria Clara Eimmart, Laura Bassi, Maria Gaetana Agnesi, Henrietta Swan Leavitt, Marie Meurdrac, Jane Marcet, Sofia Kovalevskaya y tantos otros que van surgiendo a la luz, aún presentan una pátina de olvido y desconocimiento que es necesario seguir retirando.

Por ello, en la tercera entrega de relatos polivulgadores de Café Hypatia hemos pensado que la relación y aportación de la mujer en la ciencia debe ser el siguiente tema de escritura. Os invitamos como de costumbre, amigos y amigas polivulgadores (especialmente a vosotras) a escribir scikus, retratos alfabéticos o microrrelatos hasta el próximo 15 de enero

Orígenes. Los humanos. Capítulo 8. Prestissimo

La historia evolutiva de Homo sapiens es todavía muy breve pero hemos de reconocer que en pocos milenos hemos alcanzado cotas increíbles de desarrollo. La pregunta que se ha venido planteando en este sentido es si este éxito evolutivo no habrá tenido que ver con la complejidad del lenguaje. Se han llevado a cabo muchos análisis de los fósiles de nuestros antepasados para descifrar si poseían una capacidad de habla como la nuestra, pero no podemos ofrecer ninguna respuesta definitiva porque ni las sutiles diferencias de forma, ni tampoco el tamaño de nuestro cerebro parecen ser la solución. A grandes rasgos, podemos descartar diferencias sustanciales entre el cerebro de los primeros miembros de Homo sapiens y nosotros mismos.

En cualquier caso, hace 150.000 años éramos cazadores y recolectores y ahora estamos planeando viajar a Marte. Este salto cualitativo en nuestro desarrollo cultural encaja con un progreso exponencial de la tecnología, y suscita de nuevo la misma pregunta: ¿Dónde reside la diferencia entre nuestros antepasados africanos de hace 200.000 años y los actuales habitantes del planeta?

Para varios investigadores, la diferencia radica en las mutaciones de unos pocos genes reguladores, que habrían tenido una selección positiva y se habrían extendido muy rápidamente en las poblaciones humanas.

Es decir, una única mutación génica permite alcanzar resultados espectaculares y llegar a fenotipos completamente distintos. El ejemplo de esto es claro: las diferencias genéticas entre los chimpancés y los humanos apenas superan el 1,5% del genoma. Sin embargo, la función de cada uno de los genes que nos separan de ellos puede tener –y de hecho las tiene– consecuencias cualitativas de gran envergadura.

Es posible que la selección natural haya actuado sobre ciertas variantes de éstos y otros genes que nos han procurado un cerebro más eficaz en sus funciones cognitivas, como la memoria operativa y la autoconciencia. Así, la selección natural ha potenciado las variantes que nos han ayudado a mejorar nuestra relación con un medio siempre hostil.

Ahora bien, podemos preguntarnos si lo que denominamos de manera genérica inteligencia está relacionada únicamente con mutaciones específicas en nuestro genoma. Tengamos en cuenta que si cualquiera de nosotros quedara aislado en un medio rural o un bosque durante el otoño o el invierno  (por ejemplo) no sólo seríamos incapaces de conseguir alimento, sino que moriríamos de frío en muy poco tiempo. Es cierto que quizás sobrevivirían algunos individuos entrenados en técnicas de supervivencia, pero es evidente que no sucedería lo mismo con la inmensa mayoría de nosotros.

Y esto es porque nuestra evolución ha seguido su propio camino hacia una socialización muy desarrollada. Siempre hemos sido primates sociales, pero ahora lo somos en grado extremo. Nuestra especie ha dado un salto gigantesco hacia la complejidad social: en ello reside nuestro éxito, pero también el mayor peligro que nos acecha.

Autores como Bruce Lahn sostienen que la presión selectiva y la fijación de ciertos haplotipos en momentos relativamente recientes de la evolución de Homo sapiens estarían sin duda relacionadas con el surgimiento de avances culturales de gran calado, como la domesticación de los animales y la agricultura.

Es lo que conocemos como la «revolución neolítica». El Neolítico surgió hace entre 10.000 y 5.000 años en varios puntos de planeta y supuso el desarrollo de nuevas formas de obtener recursos para nuestra subsistencia, mediante la domesticación de animales salvajes y el cultivo sistemático de plantas comestibles.

Esta «revolución neolítica» trajo consigo un crecimiento demográfico muy significativo, sin duda influido más por el incremento de la natalidad que por el descenso de la mortalidad –a mayor y mejor alimentación, mayor aumento de la natalidad–. Como consecuencia de lo anterior, vivimos grandes desplazamientos de poblaciones para conquistar territorios, asistimos a la construcción de viviendas, la producción de cerámica y la mejora de las técnicas de fabricación de herramientas. En definitiva, el Neolítico ha sido clave en la distribución actual de las diferentes lenguas y sus variantes, así como en la fijación de determinadas mutaciones genéticas en las poblaciones humanas.

A pesar de que la revolución neolítica se expandió por el globo con las poblaciones humanas que iban buscando nuevos territorios, hoy en día existen poblaciones que no han alcanzado este nivel de desarrollo (como sucede con los pigmeos de la región del Congo, los Hazda de Tanzania, o los Ache de Paraguay). Dado que el genoma de los componentes de todos estos pueblos es como el de los demás humanos del planeta –aunque no hayan alcanzado el grado de complejidad cultural que nos caracteriza– parece evidente que debe haber algo más, parece que no bastan algunas mutaciones genéticas para que nuestra especie haya llegado a cotas tecnológicas impensables hace tan solo un par de cientos de años.

Es posible que la respuesta a este misterio esté en el llamado «cerebro colectivo». Los seres humanos somos totalmente interdependientes, cada uno de nosotros desarrolla un rol complementario con el de los demás miembros de la sociedad. Aunque es muy posible que en las sociedades primitivas hubiera individuos con una alta capacidad creativa, sus innovaciones desaparecían en muy poco tiempo sin llegar más allá de, como mucho, unos cuantos cientos de kilómetros. Si a esto le sumamos la poca esperanza de vida, el enorme potencial de la «sabiduría de los mayores» se perdería irremediablemente.

En resumen, para ofrecer una respuesta a porqué hemos llegado a ser lo que somos, podemos acudir a la idea del «cerebro colectivo». A las posibles mutaciones que han terminado fijándose por selección positiva en el genoma de las actuales poblaciones del planeta, hemos de añadir la conexión virtual entre los centenares o miles de individuos que formamos cada población, y la que globalmente forman todas las poblaciones del planeta. Para que se de esa conexión no es necesario que nuestras neuronas entren en contacto directo. Aunque hace relativamente poco tiempo que hemos prescindido de la conectividad física para transmitir información, estamos dando un paso trascendental hacia el futuro, quizá de una nueva especie.

 

Participa en el debate entrando en las Tertulias Literarias de Ciencia

 

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