Ernest Shackleton, y el anuncio que no existió

Ernest Shackleton, que goza de la fama y honor de haber formado parte del glorioso elenco de exploradores polares, tuvo su primera toma de contacto con la Antártida al ser nombrado tercer oficial de la Expedición Discovery (1901-1904) del capitán Robert Falcon Scott. A pesar de haber tenido que abandonar la expedición de forma prematura por motivos de salud, este no fue sino el primero de muchos viajes por estas frías latitudes.

Tras este intento llegó su segundo viaje a la Antártida en 1907 como líder de la Expedición Nimrod, donde él y sus tres compañeros llegaron a pie al punto más al sur hasta ese momento. Sin embargo, en esta ocasión tampoco alcanzaron su objetivo y finalmente se les adelantó Roald Amundsen.

A pesar de todo, su gloria llegó con la  Expedición Imperial Transantártica: el intento de cruzar todo el continente antártico, desembarcando en el mar de Weddell y pasando por el Polo Sur hasta el estrecho de McMurdo. No es mi intención relatar los pormenores de esta aventura, aunque le reservo unas lineas en el futuro porque es fascinante. Lo que me interesa ahora es llamar la atención sobre una anécdota ampliamente difundida y que resulta ser falsa.

No pocos habréis visto u oído hablar del anuncio en el periódico británico The Times que supuestamente publicó Shackleton y que reproduzco sobre estas lineas.  Según se cuenta, y de lo que se han hecho eco numerosos libros, apareció en 1914 para reclutar la que debía ser su tripulación en la aventura.  La traducción del texto es la que sigue:

Se buscan hombres para viaje peligroso.  Salario bajo, frío penetrante, largos meses en la más completa oscuridad, peligro constante, y escasas posibilidades de regresar con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.

Al parecer contestaron 5.000 personas, de las que finalmente se escogieron los 27 tripulantes del Endurance.

Sin embargo, se ha realizado una búsqueda del original de este anuncio sin que hasta la fecha se haya dado con él. De hecho, The Antarctic Circle, un foro no-comercial de recursos históricos, literarios, bibliográficos, y otros aspectos artísticos y culturales de la Antártida y las regiones del Polo Sur ha convocado un concurso a fin de entregar 100 dólares a quien envíe un original del mismo. Por supuesto, nadie ha ganado aún.

Hay que destacar que el texto, pese a estar escrito por un anglo-irlandés y haber sido publicado en un diario británico, contiene la palabra «honor», término que en realidad forma parte del vocabulario inglés norteamericano.

A pesar de esta anécdota, resulta indiscutible el carisma y liderazgo que demostró Shackleton al lograr mantener con vida a sus hombres pese a los numerosos peligros a que los se enfrentaron aunque, como dice una conocida bloguera, «esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión»…

El arca de la sabiduría

Hace poco me topé con una imagen que me impactó. Tras un primer vistazo y sin pensar demasiado imaginé que se trataba del decorado de una película, una película que no conocía y que tenía que ver… Sin embargo, tras indagar un poco comprendí que no se trataba de la obra de ningún tramoyista ni de ningún artista digital sino un edificio real, un lugar que existe de verdad, aunque es mucho más que un simple edificio… Me refiero, y muchos ya lo sabréis, a la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos.

Se trata del edificio que alberga los libros raros y los manuscritos literarios de la Universidad de Yale (New Haven, Connecticut), y que sirve como centro de investigación para estudiantes, profesores universitarios y otros investigadores, ya estén asociados a la Universidad o no. Dado el valor y la importancia cultural de los objetos que custodia los libros no son objeto de préstamo, aunque pueden ser consultados en la sala de lectura una vez que el investigador se registra en la biblioteca.

La Biblioteca es considerado uno de los edificios más grandes del mundo dedicados exclusivamente a libros raros y manuscritos. Nada más entrar, y tras pasar por una puerta giratoria, sorprende la visión de una inmensa torre de cristal con una estructura de metal que asciende por el núcleo del edificio y custodia un total de 180.000 volúmenes. Dos escaleras permiten subir al nivel del entresuelo.

Además de la torre, los estantes del sótano tienen espacio para unos 600.000 volúmenes más. En la actualidad contiene 500.000 volúmenes y varios millones de manuscritos (entre ellos el Manuscrito Voynich, con la signatura «MS408»). Un control automático de la temperatura y la humedad asegura que todo el material que se conserva esté protegido y a disposición de las futuras generaciones.

El edificio está construido con mármol de Vermont y granito, bronce y cristal a partir del diseño de Gordon Bunshaft. Los trabajos comenzaron en 1960 y finalizaron tres años más tarde. Una característica sobresaliente, y un gran acierto del arquitecto, lo supone la cubierta. Uno de los principales problemas de las bibliotecas que custodian libros de esta antigüedad y rareza es su conservación: luz, temperatura, humedad y otros factores ambientales pueden deteriorar e incluso destruir obras de las que solo existen un ejemplar en todo el mundo. La solución ofrecida por el Sr. Bunshaft fue emplear mármol blanco, veteado de gris, para recubrir el exterior. Estos paneles filtran la luz natural protegiendo de esta forma los libros y ofreciendo una atmósfera visual adecuada.

Bajo rasante se encuentra el centro operativo de la biblioteca: la zona de catálogo, control, almacén y oficinas, así como una sala de lectura iluminada por un patio situado en el centro de la plaza. Junto con el nivel de entrada, el entresuelo sirve como espacio de exhibición donde la Biblioteca ofrece exposiciones rotatorias de las ricas colecciones de la biblioteca. La Biblia Gutenberg (primer libro impreso en una imprenta de tipos móviles) y la obra de John James Audubon The birds of America: from drawings made in the United States and their territories se exhiben de forma permanente.

La Biblioteca está dividida en seis grandes colecciones: la colección general, que se compone de la Colección General de Primeros Libros y Manuscritos y la Colección General de Libros Modernos y Manuscritos; la Colección de Literatura Americana; la Colección del Oeste Americano; la Colección de Literatura Alemana y la Colección Osborn de Manuscritos de Literatura e Historia Inglesa.

El edificio y su dotación fueron donados por Edwin J. Beinecke, Yale 1907; Frederick W. Beinecke, Yale 1909; Walter Beinecke, Yale 1910; y sus familias.

Me gustaría que me dejaran las llaves y pasar algún que otro rato recorriendo esos interminables estantes…

Energía limpia e inagotable

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que se hace necesario encontrar de forma urgente un medio alternativo a los combustibles fósiles para generar energía.  Debemos lograrlo no solo porque la energía es la base del crecimiento económico, necesario para el bienestar de la humanidad, sino porque la acumulación de gases de efecto invernadero por el empleo de estos combustibles (petróleo, carbón y gas natural en menor medida) está produciendo cambios en el sistema global del clima.  Por último, y no menos importante, nuestra dependencia de estos combustibles y su previsible escasez en las próximas décadas será una fuente segura de conflictos armados entre naciones.

Por todo ello, numerosos investigadores emplean su tiempo y recursos en encontrar una fuente alternativa, segura y limpia de suministro energético.  Desde hace décadas se viene especulando con la posibilidad de emplear la luz solar de forma diferente a como venimos haciéndolo en la actualidad.  Muestra de ello es la gran cantidad de artículos científicos que desde 1978 se vienen publicando (se puede acceder desde aquí a una selección).  La pregunta sería ¿cuál es la mejor forma de captar la energía que desprende el Sol?  Pues tomarla directamente desde el espacio, donde no hay problemas meteorológicos (en tierra, durante la noche y en días nublados no se captan los rayos solares) y es inagotable (al menos hasta el Sol explote dentro de miles de millones de años…).

John Mankins, que tiene una trayectoria profesional con más 25 años de experiencia en la NASA y en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de Caltech (Universidad de California), propone un satélite espacial de 5.000 metros de ancho y fabricado con 240.000 piezas autoencajables y reemplazables.  La NASA ha incorporado el proyecto a su programa de Conceptos Avanzados – NASA Institute for Advanced Concepts (NIAC por sus siglas en inglés).

El SPS-ALPHA (nombre del proyecto) supone un enfoque novedoso en la captación de los rayos solares.  Se trata de construir, directamente en el espacio, enormes plataformas de decenas de miles de pequeños elementos, espejos en su mayor parte, que son controlados de forma individual y se reparten por la superficie curvada del satélite.  Estos espejos móviles interceptarían y redirigirían la luz solar hacia unas células fotovoltaicas incorporadas en la parte posterior.  Aquí, una serie de paneles de transmisión de energía de microondas generaría un haz coherente de energía de radiofrecuencia de baja intensidad que la transmitiría a la Tierra.

Si el proyecto llega a ver la luz, supondrá disponer de forma remota y asequible de decenas de miles de megavatios de electricidad mediante una transmisión inalámbrica a la Tierra, permitiendo abastecer zonas del planeta sin apenas infraestructura energética (como por ejemplo, la mayoría de países del continente africano).  El sistema integrado aún no se ha construido pero Mankins cree que con 3 o 4 unidades se podría proveer de energía al 90% de la población mundial.

Para mayor información, se puede acceder aquí al informe final de la Asociación Internacional de Astronáutica sobre el tema.

Cita de Louis Pasteur

 Le hasard ne favorise que les esprits préparés

La suerte favorece solo a las mentes preparadas

A pesar de que en una enorme cantidad de páginas y comentarios se atribuye esta cita a Isaac Asimov —no pongo en duda que en alguna ocasión la emplease— lo cierto es que fue pronunciada por el eminente químico francés Louis Pasteur (1822-1895) en el discurso que ofreció el 7 de diciembre de 1854 con ocasión de la inauguración solemne de la Facultad de Letras de Douai y la Facultad de Ciencias de Lille.

En este discurso explicó al auditorio el experimento que realizó el físico sueco Oersted que le llevó a descubrir el electromagnetismo: relató como colocó un hilo de cobre unido por sus extremos a los polos de una pila de Volta. Sobre la mesa había una aguja imantada que giró sobre su eje y terminó adoptando una posición muy diferente de la que cabría esperar según el magnetismo terrestre.  De esta forma atribuyó su giro a la fuerza que ejercía el campo electromagnético del hilo de cobre.

En relación a la presencia de una aguja imantada junto al experimento, Louis Pasteur concluyó: «pensarán que fue por casualidad, pero recuerden que en el campo de la observación, la suerte favorece solo a las mentes preparadas».

En definitiva, la suerte hay que buscarla con esfuerzo día a día.

Albert Einstein

Desde que era pequeño he considerado la figura de Albert Einstein como la del genio por antonomasia, ese científico con imagen de loco que revolucionó la física y la ciencia en general. Pocas veces me paré a pensar que, además de poseer una mente única para resolver los enigmas más recónditos de la realidad, era una persona con unas convicciones y unos valores morales dignos de respeto y admiración.

Sin embargo, con el paso del tiempo y el consiguiente incremento de mi bagaje intelectual, he llegado a saber que bajo ese portentoso intelectual había un no menos relevante ser humano, profundamente religioso, político, y gran filósofo.

Suyas son las siguientes palabras:

Ahora voy a añadir unas palabras improvisadas. Un país se convierte realmente en un alma sólo cuando conscientemente se pone al servicio de la vida intelectual, y en el caso de nuestro pueblo judío, ha sido realmente este esfuerzo el que lo ha mantenido unido. No existiríamos hoy en día, como una comunidad de personas, sin esta actividad continuada o suspendida en el aprendizaje y en el pensamiento y en la literatura.

Con ocasión de la publicación de un artículo del profesor Willy Hellpach en el periódico alemán Vossische Zeitung (hablamos del año 1929), Einstein se vio en la necesidad de contestar sus opiniones en su condición de firme defensor de la idea sionista:

He visto judíos dignos caricaturizados con bajeza y esto ha hecho sangrar mi corazón. He visto que las escuelas, las revistas satíricas y muchas otras fuerzas que responden a la mayoría gentil minan la confianza de los mejores de mis hermanos de sangre y he pensado que no se puede permitir que ello continúe. He comprendido también que sólo una empresa común, querida de todos los judíos del mundo, podría devolver la salud a este pueblo. Herzl ha hecho algo muy importante al comprender y proclamar con fuerza que, dada la tradicional actitud de los judíos, establecer un hogar nacional o, con más exactitud, un centro en Palestina es un objetivo digno de que en él se concentren todos nuestros esfuerzos. Usted llama a esto nacionalismo y no sin cierta razón. Pero una finalidad común sin la cual no podemos vivir ni morir en este mundo hostil siempre podrá ser denominada con ese feo nombre. De todas maneras, se trata de un nacionalismo cuyo fin no es el poder, sino la dignidad y la salud moral. Si no tuviéramos que vivir entre personas intolerantes, mezquinas y violentas, yo sería el primero en rechazar todo nacionalismo en favor de una comunidad universal.

Debemos tener presente el contexto histórico y político en el que escribió estas lineas; en un país, Alemania, que comenzaba a ver las primeras actitudes antisemitas que más tarde desembocarían en el advenimiento del nacionalsocialismo de Hitler y sus secuaces y con él, la sumisión de Europa y el mundo en la peor de las guerras que se haya conocido.

En próximas entradas iré desgranando algunos de estos aspectos personales del científico en temas que van desde la religión, la existencia de Dios o la libertad, pasando por la educación y el pacifismo.

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