Título: Ancestral passions. The Leakey family and the quest for humankind’s beginnings Autor: Virginia Morell Edita: Simon & Schuster, 1995 Encuadernación: Tapa dura. Número de páginas: 638 p. ISBN: 0684801922
Reseña del editor
Esta es una biografía de la primera familia de la antropología: Louis, Mary y Richard Leakey, cuyos descubrimientos han sentado las bases de gran parte de nuestro conocimiento acerca de los orígenes del hombre. Los Leakey han dominado esta ciencia. No solo cada uno de ellos hizo descubrimientos fósiles clave, sino que Louis (quien defendió que el hombre no se había originado en el continente euroasiático hace decenas de miles de años, sino que era más probable que hubiera evolucionado en África hace millones de años) ayudó a establecer las bases teóricas para la ciencia de la paleoantropología.
Esta biografía explora los hallazgos significativos de los Leakey, que ponen al descubierto nuestra ascendencia y articulan nuestra relación con los otros primates, especialmente los primeros homínidos. También nos muestra la rivalidad y los celos dentro de la familia; así como con otros científicos.
Reseña
Han pasado varias décadas desde la publicación del libro que ahora reseño, pero su interés reside en la enorme cantidad de información que atesora sobre la vida de quienes han sido referentes en el campo de la arqueología y la paleoantropología. Estamos ante, en mi opinión, las biografías más completas de Louis, Mary y Richard Leakey, y el texto constituye, por tanto, una obra esencial para todo aquel que tenga interés en el estudio de la evolución humana. Quizás me repita demasiado, pero creo que este tipo de libros –que te llevan tras las bambalinas– permiten comprender mejor lo que luego leemos en los artículos científicos. Las historias personales de quienes se han convertido en personajes públicos, el conocer sus bondades pero también sus debilidades, rencillas y obsesiones, nos permiten tener una visión más completa de su ciencia.
Hemos de saber que se trata de una biografía «no autorizada». Aunque numerosos miembros de la familia cooperaron con la autora del libro, no ejercieron ningún control sobre lo que ésta debía escribir y nunca le pidieron leer el manuscrito antes de su publicación. Virginia Morell ha interpretado la información que ha ido recopilando, y realizado sus juicios de valor, siguiendo únicamente su propio criterio (al menos así lo afirma ella misma). Para obtener información de primera mano, la extensa familia Leakey no sólo facilitó a la autora cartas no publicadas, diarios y fotografías, sino que mantuvieron largas conversaciones con ella sin negarse en ningún momento a tratar hasta los temas más espinosos (y hay muchos).
De hecho, la autora participó en las campañas de excavación de 1984 y 1987 en la orilla occidental del lago Turkana (West Turkana) dirigidas por Richard Leakey, y éste le dio acceso ilimitado a los archivos familiares que se conservaban en los Museos Nacionales de Kenia.
Del mismo modo, Mary Leakey le entregó sus cartas personales –la autora y su marido se hospedaron en su casa de Olduvai–; Jonathan y Philip también contestaron a sus preguntas, y Frida, la primera mujer de Louis Leakey, compartió sus recuerdos que fueron de gran ayuda para completar los primeros capítulos del libro.
Es importante señalar –y es algo relevante a la vista de los acontecimientos– que ni Donald Johanson, Tim White ni Vanne Goodall (madre de Jane Goodall) quisieron conceder entrevistas a la autora para ofrecer sus puntos de vista acerca de distintos aspectos de la vida de los Leakey.
El texto, pese a su extensión, está escrito en un lenguaje
bastante accesible para alguien con conocimientos medios de inglés. No me voy a
detener en demasiados detalles para no estropear la lectura a quien quiera
adentrarse en la vida de los Leakey, pero no quería dejar pasar un par de
anécdotas de Louis Leakey.
Gracias al texto he sabido que en las navidades de 1915 un primo de Louis le regaló el libro «Days before history» (que he reseñado en un vídeo), una historia de aventuras acerca de los hombres de la Edad de Piedra en Reino Unido y que narraba las hazañas de un joven llamado Tig. Julia, la hermana de Louis, comentó que «vivía en ese libro», «que se había convertido en su Biblia». Tras su lectura, éste comenzó a coleccionar las piedras que encontraba cerca de su casa buscando vestigios de herramientas del pasado.
Y fue una tarea que no se tomó como un mero pasatiempo. Para asegurarse de que sus hallazgos eran verdaderas herramientas de piedra prehistóricas, enseñó su colección a Arthur Loveridge, primer conservador del Museo de Historia Natural de Nairobi. Louis consideraba un héroe a este joven zoólogo que conocía los nombres latinos de todos los pájaros, animales y flores que encontraba a su paso. Gracias a los viajes de exploración y recolección de especímenes que Loveridge realizaba por la región llegó a Kabete donde vivían los Leakey, y donde pasó largas temporadas. De él aprendió Louis a clasificar los pájaros y a preparar especímenes para las colecciones del museo.
Pues bien, Louis le enseñó sus rocas y Loveridge, en vez de reírse de él como temía, las examinó con calma y le aseguró que algunas eran verdaderas herramientas prehistóricas, sobre todo las fabricadas con obsidiana. Gracias a los ánimos que recibió, Louis redobló sus esfuerzos con gran entusiasmo. De los escasos libros acerca de la prehistoria que Loveridge le prestó, Louis dedujo que se sabía muy poco acerca de esos hombres de la Edad de Piedra, y que nada se sabía de quienes habían vivido concretamente en el este de África, así que decidió rellenar ese vacío. Acaba de cumplir 13 años.
Hace unas semanas se publicaba un trabajo en la revista Antiquity de la máxima importancia, no solo por los hallazgos que describe y las posibilidades que se anticipan, sino porque supone el retomar la excavación de un yacimiento que se antoja crucial para comprender la evolución de los neandertales y, de paso, de Homo sapiens. Hablamos de la cueva de Shanidar, una gran cavidad kárstica que se eleva unos 750 metros sobre el nivel del mar y situada en la ladera de las montañas Zagros del Kurdistán iraquí.
Figura 1. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’»
Las primeras excavaciones se desarrollaron durante cuatro campañas entre 1951 y 1960 por el equipo encabezado por Ralph Solecki. Solecki y sus colaboradores (entre los que destacaban el Dr. Muzaffer Şenyürek y el Dr. T. Dale Stewart) comenzaron los trabajos abriendo una zanja de unos 20 metros de largo por 6 de ancho en el centro de la cueva. En el punto más profundo se llegaron a alcanzar los 14 metros bajo el nivel del suelo. Conforme avanzaban los trabajos, Solecki se hizo una idea de cómo se había formado el yacimiento y estableció cinco capas estratigráficas. La más superior (nivel A) incluía materiales desde el Neolítico hasta el presente. El hallazgo más importante se produjo en el nivel D, de unos 8,5 metros de espesor, donde el equipo desenterró los huesos de 9 neandertales, entre los que se incluían hombres, mujeres y dos niños (desde esqueletos casi completos a algunos pocos huesos de las extremidades).
Solecki concluyó que, mientras algunos de esos individuos habían muerto tras el derrumbe del techo de la cueva, otros cuatro habían sido «enterrados» siguiendo algún tipo de «ritual funerario». Esta noticia tuvo un enorme impacto ya que hasta ese momento la mayoría de los fósiles recuperados en contextos musterienses eran huesos aislados o restos fragmentarios, por lo que la posibilidad de recuperar esqueletos en articulación anatómica sería un indicio muy prometedor de que se había llevado a cabo algún tipo de «enterramiento».
Y eso fue precisamente lo que hallaron. Los restos que acapararon la atención de la comunidad científica se identificaron como Shanidar 4. Se trataba del esqueleto casi completo de un neandertal adulto en posición fetal. Por si eso fuera poco, al limpiar el sustrato que lo rodeaba, los investigadores encontraron los restos fragmentados de otro individuo (catalogado como Shanidar 6).
Ante esta situación, el equipo tomó una decisión que hoy se calificaría, siendo bondadosos, como desafortunada 1. En lugar de retirar cuidadosamente y poco a poco los huesos y descender en la unidad estratigráfica lentamente, acordaron «cortar» un solo bloque del terreno y llevarlo fuera de la cueva.
Este bloque, con unas dimensiones aproximadas de un metro cuadrado de superficie y medio metro de profundidad, se protegió con yeso y madera. El bloque se llevó al Museo de Bagdad para su estudio (llevado a cabo en 1962), durante el que se pudo comprobar que al menos había huesos pertenecientes a tres adultos (identificados como Shanidar 4, 6 y 8), junto con algunas vértebras de un niño (Shanidar 9). Shanidar 6 en realidad podían ser dos individuos, por lo que se catalogaron como Shanidar 6-7 2.
Smithsonian Institution: series 1.7 photographs and slides 1950– 2017, box 59, folder ‘shanidar 4 flower burial’, Ralph S. and Rose L. Solecki papers, National Anthropological Archives.
Debido a los daños causados en el bloque durante su
transporte –se hizo en el techo de un taxi– las relaciones estratigráficas
precisas entre los distintos individuos se desconocen. De lo que no hay duda es
que Shanidar 4 se encontraba encima de los demás. Parecía que el niño (Shanidar
9) se había depositado en primer lugar (y por lo tanto, estaba en la base del
bloque) y encima se habían «depositado» dos mujeres. Por último se colocó al
varón (Shanidar 4) que, según escribió Solecki, era «evidentemente» un hombre
«importante» 3.
Tras el estudio del conjunto, los investigadores concluyeron
que, o bien todos habían muerto al mismo tiempo y fueron enterrados en el mismo
lugar; o bien los neandertales habían vuelto al mismo lugar para depositar los
cuerpos en diferentes épocas.
Como parte del proceso de la investigación, Solecki tomó muestras del suelo alrededor de Shanidar 4 que envió a Arlette Leroi-Gourhan, palinóloga, para que realizara un análisis más detallado, resultando que dos de las muestras contenían restos de polen en una abundancia mucho mayor que el resto de sedimento. Ese hallazgo no tenía precedentes y los investigadores asumieron que estábamos ante un enterramiento en el que se habían depositado flores. Era, según informó Solecki, una nueva dimensión en la «humanidad» de los neandertales, una muestra de que tenían «alma» 4.
Las críticas a este planteamiento no se hicieron esperar. En
el fondo subyacía una idea muy arraigada en aquel momento: los neandertales no
poseían la capacidad simbólica de nuestra especie, eran «inferiores»
culturalmente hablando, por lo que era impensable que Shanidar 4 hubiera sido
enterrado de forma intencionada con una ofrenda floral. Mientras que Leroi-Gourhan
defendía que la flores no habían sido introducidas de forma accidental o natural,
sino que se trataba de ofrendas colocadas expresamente en la tumba; otros
investigadores como Robert Gargett y Jeffrey Sommer argumentaron que había
otras explicaciones más plausibles: el polen se había introducido por los
propios trabajadores de la excavación, o por medio de un roedor que acostumbra
a acumular semillas y flores en sus madrigueras. El debate continúa hoy en día.
Ralph Solecki no volvió a excavar en Shanidar. Pese a que intentó
reanudar los trabajos varias veces tras la última campaña de 1960, la
inestabilidad política impidió cualquier intervención; y la excavación,
completamente descuidada, se llenó de escombros.
El nuevo estudio
En 2011, el gobierno regional Kurdo invitó al Dr. Graeme Barker, del Instituto McDonald de Arqueología de Cambridge, a reanudar las excavaciones en Shanidar. Barker aceptó encantado la proposición ya que suponía la oportunidad de volver a un yacimiento que ya era mítico, y comenzó los preparativos de una misión de por sí bastante complicada dada la situación que vivía Irak 5. Emma Pomeroy, autora principal del artículo que ahora comentamos, ha participado en los trabajos como la paleoantropóloga del equipo.
La nueva campaña de excavación comenzó en 2014, aunque solo
dos días después de la llegada de los investigadores tuvieron que abandonar la
región por las serias amenazas del ISIS. Los trabajos, una vez pasado el
peligro, se retomaron en 2015.
El objetivo del nuevo proyecto de excavaciones en Shanidar era
tratar de resolver algunas de las preguntas que habían quedado sin responder
por Solecki: obtener una datación precisa de los neandertales, establecer con
certeza su contexto estratigráfico y, como no podía ser de otra forma,
determinar la naturaleza de la actividad mortuoria asociada con la posición de
los cuerpos.
Para lograr ese objetivo, los investigadores se propusieron realizar
un trabajo minucioso en los márgenes de la zanja original y obtener de esta
forma muestras del suelo para establecer el contexto cronológico,
paleoclimático, paleoecológico y cultural de los hallazgos de Solecki. La obvia
ventaja es que para ello se contaría con el amplio abanico de técnicas modernas
de las que dispone la ciencia arqueológica, y que Solecki no podía siquiera
imaginar en su época.
Para sorpresa de todos, en 2016 —durante el trabajo inicial
de limpieza y acondicionamiento— los investigadores se toparon con una
costilla, una vértebra lumbar y algunos huesos de la mano que sobresalían de la
pared vertical. La temporada de excavación llegaba a su fin, así que aseguraron
la zona para continuar los trabajos al año siguiente. De esta forma, en 2017 comenzó
la tarea de retirar lentamente los metros de roca y sedimentos que cubrían la
zona. Entre 2018 y 2019 los trabajos dieron su fruto y se halló un cráneo casi
completo aunque completamente aplastado por el sedimento que se había depositado
durante miles de años. También aparecieron casi todos los huesos del esqueleto hasta
la cintura. Estábamos por tanto ante el primer esqueleto neandertal articulado que
se recuperaba en casi 25 años.
Figura 2. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’».
Uno de los problemas con los que se han topado los investigadores es que la consistencia de los huesos era como la de una galleta mojada en leche. Para poder retirarlos aplicaron un consolidante similar al pegamento, antes de que las secciones se extrajeran y se envolvieran en papel de aluminio. Esto implicaba realizar un meticuloso y tremendamente lento trabajo de limpieza del sedimento. El calor y la humedad en la zanja no ayudaron a que el proceso fuera cómodo.
Aunque la labor de los científicos no se limitó a extraer
los huesos. El sedimento que los rodeaba se llevó al campamento base donde se lavó
y analizó en busca de cualquier pequeño fragmento que hubiera podido pasar
desapercibido (en este tipo de excavaciones se recoge y etiqueta todo lo que
tenga un tamaño mayor de dos milímetros).
Los nuevos restos recuperados están ubicados muy cerca del
bloque de sedimento que Solecki extrajo y donde se había recuperado a Shanidar
4. Precisamente, esa forma un tanto «burda» de retirar los restos seguramente fue
la que provocó el corte por la cintura del esqueleto que ahora se ha descuberto.
De hecho, Solecki indicaba en sus notas de campo que había algunos huesos que
sobresalían del bloque cuando lo sacaron del yacimiento.
Por lo tanto, parece que ahora podemos contemplar la parte
superior del cuerpo de Shanidar 6, aunque hasta que no se lleve a cabo un
estudio más detallado, los investigadores han etiquetado estos huesos como «Shanidar
Z».
Figura 4. Fotografía del lugar donde se recuperó el esqueleto Shanidar 4 en 1960 (c); y en la actualidad (b). Ralph Solecki aparece en la fotografía (c) a la izquierda en primer plano, Thomas Dale Stewart detrás de él, y Jacques Bordaz en la parte posterior derecha (no hay datos de la cuarta persona). Detalles: con un (1) se identifica la losa vertical, las rocas caídas (2), el hueco parcialmente cubierto de brechas (3) y una piedra triangular (4). Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’»
Figura 5. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’».
Aunque el esqueleto se ha excavado solo parcialmente, el
equipo de Barker ofrece una primera interpretación de la posición del cuerpo.
El individuo estaba tumbado de espaldas con la cabeza descansando sobre la mano
izquierda. La piedra triangular que vemos identificada en las fotografías
superiores con el número 4 estaría colocada detrás de la cabeza y el hombro
izquierdo.
Se desconoce la postura de los miembros inferiores, que pueden ser los que ahora conocemos como Shanidar 6 como hemos indicado antes; o bien permanecer aún en los sedimentos que no se han excavado todavía.
Figura 8. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’».
Decir que estamos ante un «cementerio», o que hemos
localizado una «tumba», es bastante problemático ya que en realidad no tenemos
forma de asegurar si los neandertales cavaban agujeros para sus muertos y
después los cubrían de tierra. Por lo tanto, sería más adecuado emplear
términos como «comportamiento mortuorio».
Pomeroy señala en el artículo que los primeros indicios confirman
que algunos de los cuerpos fueron depositados en cavidades naturales en el
suelo de la cueva, pero que también ha habido una «excavación intencionada»
alrededor de los cuerpos. Podemos estar ante una actividad meramente «práctica»
(no querrías tener un cuerpo descomponiéndose en el suelo de la cueva donde
estás viviendo), aunque reconoce que debemos ser cautos a la hora de hacer este
tipo de interpretaciones.
En lo tocante a Shanidar Z hay pocas dudas acerca de que el
cuerpo ha sido «colocado» intencionadamente, ya que los sedimentos así lo
atestiguan. Las observaciones estratigráficas, el hecho de haber recuperado los
huesos en articulación, la presencia de varios individuos en un espacio (tanto
vertical como horizontal) muy reducido, apuntan a que estamos ante un
enterramiento intencionado. Además, la asociación de la piedra triangular con
los huesos, la propia forma de esa piedra y que es muy diferente del resto de
rocas recuperadas en el yacimiento, sugiere que fue colocada en el momento en
que se llevó a cabo el enterramiento.
Sin embargo, como indica Christopher Hunt, uno de los arqueólogos del equipo, demostrar que estamos ante algún tipo de «ritual» es casi imposible. Además, dado que los cuerpos no estaban al mismo nivel geológico, probablemente no fueron depositados al mismo tiempo; aunque esto apuntaría a alguna forma de «intencionalidad» o «memoria grupal» ya que los neandertales regresaron al mismo lugar durante generaciones para depositar los cuerpos.
Sabemos que grupos de neandertales vivieron diseminados por
Europa y Oriente Próximo y que prosperaron durante miles de años sin mostrar
una única forma enfrentarse a la muerte. Barker afirma que «entre arrojar un
cuerpo a un agujero, y realizar una actividad funeraria elaborada que incluya
elementos como flores, hay una amplia gama de posibilidades».
Otro detalle interesante y que anticipa futuros debates es
que se han recuperado fragmentos de tejidos vegetales y material fosfático
junto al esqueleto —así como posibles restos de polen—. Se están llevando a
cabo análisis más profundos de estos elementos dada la importancia de la
controversia acerca de las flores asociadas con Shanidar 4.
Por último, y bajo mi punto de vista quizás lo más interesante, se ha recuperado el hueso petroso completamente intacto de Shanidar Z. Se trata de uno de los huesos más densos del cuerpo y, por tanto, un «santo grial» para los paleogenetistas ya que puede conservar moléculas de ADN durante milenios. Ahora mismo contamos con ADN antiguo de los neandertales del norte, donde los ambientes húmedos ayudan a preservar el ADN, por eso es tan importante este hallazgo que permitirá el estudio —al menos eso esperan— del ADN de los neandertales que vivían en ambientes más cálidos. Además, se trata de una región donde es más probable que tuviera lugar el entrecruzamiento con los seres humanos modernos que salieron de África.
Ralph Solecki murió en marzo de 2019 a la edad de 101 años. Barker
y su equipo le mantuvo puntualmente informado de los diferentes descubrimientos
y manifestó su entusiasmo ante los avances que se estaban realizando. Espero
que en los próximos meses haya más noticias que ayuden a profundizar nuestro
conocimiento sobre el mundo neandertal.
Información adicional
Bibliografía
Cameron, D. W. y Groves, C. P. (2004), Bones, stones, and
molecules: «out of Africa» and human origins. Burlington:
Elsevier Academic Press, xi, 402 p.
Cela-Conde, C. J. y Ayala, F. J. (2007), Human evolution:
trails from the past. Oxford: Oxford University Press, vii, 437 p.
Cela-Conde, C. J. y Ayala, F. J. (2013), Evolución
humana: el camino de nuestra especie. Madrid: Alianza Editorial, 802 p.
Culotta, E. «New remains discovered at site of famous
Neanderthal ‘flower burial’», [en línea], consultado el 22/01/2019. <https://www.sciencemag.org/news/2019/01/new-remains-discovered-site-famous-neanderthal-flower-burial>
Delson, E. (2000), Encyclopedia of human evolution and
prehistory. New York; London: Garland Publishing, xiv, 753 p.
Trinkaus, E. (1983), The Shanidar Neandertals. New
York; London: Academic Press, 502 p.
Notas
Aunque hemos de tener en cuenta tanto la capacidad técnica como los medios con que se contaba en aquella época. ↩
La numeración de los restos ha sido un poco confusa. Erik Trinkaus, en su monografía sobre los neandertales de Shanidar, aclara esta situación de la siguiente manera: Shanidar I-VI se convierten en Shanidar 1-6; los restos simplemente catalogados como «niño Shanidar» (el primer niño) se convierte en Shanidar 7; Shanidar VII, tal y como había sido identificado por Steart y Solecki, se convierte en Shanidar 8; mientras que Shanidar VIII (el segundo niño) se convierte en Shanidar 9. ↩
Solecki, R. S. (1975), «Shanidar IV, a Neanderthal flower
burial in northern Iraq», p. 880 ↩
Solecki, R. S. (1975), «Shanidar IV, a Neanderthal flower burial in northern Iraq», p. 880 ↩
Recordemos que por aquel entonces, tras la retirada de las tropas estadounidenses, la insurgencia irakí comenzó su campaña violenta. ↩