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Primera ocupación de la amazonia colombiana: pinturas rupestres en la selva

Primera ocupación de la amazonia colombiana: pinturas rupestres en la selva

     Última actualizacón: 9 marzo 2021 a las 18:58

INTRODUCCIÓN

Hace unas semanas saltó a todos los medios de comunicación el descubrimiento de unas pinturas rupestres en lo más profundo de la selva amazónica colombiana. Con el provocativo apelativo de la «capilla Sixtina del Amazonas», las noticias hacían referencia a un enorme número de pinturas en tonos ocres que representaban diferentes animales, figuras humanas y otros objetos. Sin duda se trataba de un hallazgo espectacular.

En casi todas esas noticias se mencionaba que un grupo de científicos había realizado excavaciones arqueológicas y recuperado numerosas herramientas de piedra y otros elementos que demostrarían que la zona había estado habitada. La conclusión era que los primeros habitantes llegaron a la región hace alrededor de 12 600 años antes del presente (AP).

Como suele pasar con este tipo de noticias, la realidad es diferente aunque mucho más interesante. Antes de entrar en materia voy a daros un par de consejos si queréis «descifrar» este tipo de anuncios para llegar al verdadero fondo de la cuestión (y que deberíais seguir siempre):

  • El primero es que tenéis que acudir a las fuentes originales. En este caso, habría que conseguir una copia del artículo científico en el que se basa la noticia para leerlo con detenimiento (puedes acceder a él más abajo).

Esa debería ser la primera tarea de cualquier periodista que va a escribir acerca de cualquier noticia científica aunque, desgraciadamente y por diferentes motivos, no suele ser habitual. La mayoría se limitan a reproducir las notas de prensa que envían los grupos de investigación o las diferentes universidades implicadas.

  • El segundo consejo es que profundicéis en el contexto, el trasfondo de ese anuncio. La ciencia no existe en un vacío, y por supuesto que la arqueología tampoco. Es muy poco habitual que se publique un descubrimiento sin que antes se hayan ido dando «pistas», sin que ningún trabajo o artículo anterior haya ofrecido una imagen más global.

En cualquier caso, conocer el contexto es esencial para dar más profundidad a la noticia, y que los lectores tengan una idea más general donde poder ubicar la novedad que se está ofreciendo.

LO QUE NOS HAN CONTADO LOS MEDIOS

Todas las noticias publicadas en medios generalistas han contado más o menos la misma historia: en la selva amazónica colombiana –concretamente en la Serranía La Lindosa– se han descubierto decenas de miles de pinturas rupestres de animales y humanos creadas hace unos 12 600 años. Se ha bautizado este impresionante hallazgo como «la Capilla Sixtina de los antiguos», tratándose de una de las mayores concentraciones de arte prehistórico documentadas hasta ahora en el mundo.

Para la datación se han analizado las imágenes que representan a especies de animales que desaparecieron en la Edad de Hielo (como los mastodontes, perezosos gigantes y los caballos).

El descubrimiento se mantuvo en secreto porque se quería hacer público al tiempo de la emisión de un documental del canal 4 británico titulado «Misterios de la jungla: reinos perdidos del Amazonas»

Y quizás aquí esté la clave de todo este revuelo mediático: la profusión de artículos y noticias no tenía demasiado que ver con el deseo de ofrecer una información arqueológica o antropológica relevante, sino de actuar como «publicidad» para el documental.

UN PRIMER ANÁLISIS

El gancho de todo —si se me permite la expresión— fue un artículo publicado por arqueólogos y antropólogos de las Universidades Nacional y de Antioquia (en Colombia), y la Universidad Exeter (Reino Unido) en la revista científica Quaternary International en el mes de abril de 2020 (puedes acceder al él aquí). En él se describen tres yacimientos arqueológicos en la Sierra de La Lindosa: Cerro Azul, Limoncillos y Cerro Montoya. El objetivo de los investigadores era entender cómo nuestros antepasados llegaron a la Amazonia, cuáles eran sus estrategias de supervivencia y cómo se adaptaron a la complejidad de la vida en los bosques tropicales.

Lo primero que nos debería llamar la atención, en un intento de analizar lo sucedido, es que cuando apareció el artículo (recordemos, en abril de 2020) pasó casi desapercibido. Esto, unido al hecho de no apareciera en una revista puntera, de las importantes en su campo, nos confirma que su contenido no es precisamente «rompedor».

Antes de pasar al artículo, vamos a profundizar un poco en el contexto de la noticia: qué sabemos de los primeros pobladores de la amazonia colombiana, y qué rastros arqueológicos se han podido estudiar hasta ahora.

LA ARQUEOLOGÍA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA

Serranía La Lindosa

En primer lugar, la Serranía de La Lindosa, en Guaviare, es un punto arqueológico clave para Colombia desde hace décadas, además de una zona de conservación vital ya que es la última frontera antes del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete.

Pero, ¿qué es el Chiribiquete, y qué relación tiene con el tema que estamos tratando? En 2018 la UNESCO declaró Chiribiquete patrimonio de la humanidad. Se trata de una formación rocosa que se sitúa en el corazón de la amazonia colombiana, entre Caquetá y Guaviare, dos de los 32 departamentos administrativos en los que está dividido el país.

Para los indígenas karijona, el Chiribiquete era el centro del mundo. Lo veneraban de tal manera que dedicaron buena parte de su tiempo a pintar en sus paredes animales de la selva, rituales y todo tipo de representaciones. Según el Ministerio de Cultura colombiano, se han identificado más de 50 paneles de 7 metros de largo en promedio, que incluyen aproximadamente 70 000 pinturas de estilo hiperrealista y con escenas que dan la sensación de movimiento.

Dado que se trata de una reserva natural donde viven comunidades indígenas no contactadas que desean permanecer así, el gobierno tomó la decisión de prohibir la entada en Chiribiquete tanto a los turistas como a los investigadores. De hecho, se pretende incrementar el área protegida hacia la Serranía La Lindosa, que se encuentra a unos 50 kilómetros.

Volviendo a La Lindosa, esta serranía forma parte de la misma formación geológica y comparte casi los mismos biomas. Aquí aparecen documentados 60 murales de pintura rupestre con las mismas características culturales de Chiribiquete y, desde el punto de vista iconográfico y estilístico, pertenece a la misma tradición cultural.

Por lo tanto, el turismo en La Lindosa ha sido estratégico para evitar la entrada en el PNN Serranía de Chiribiquete: quien quiere contemplar algunas de las pinturas rupestres del Chiribiquete las puede ver en La Lindosa.

Las pinturas de La Lindosa no son nuevas. En los años cincuenta del siglo XX, el arqueólogo y poeta francés Alain Gheerbrant describió algunos de sus paneles y pinturas; y en los sesenta del mismo siglo, P. Pinto y Helena Bischler hicieron una expedición a la Sierra de la Macarena en donde también describen algunas de estas pinturas. En 1980, varios profesores del departamento de Geografía de la Universidad Nacional organizaron la expedición «Punto Amazónico» en donde estudiaron un nuevo mural a nueve kilómetros de Cerro Azul.

¿Qué suponen el Chiribiquete y la Lindosa para el arte rupestre? Son los lugares con mayor número de representaciones de arte rupestre en Colombia, sobre todo si se suman. Para Carlos Castaño-Uribe, principal experto mundial, en el Chiribiquete hay aproximadamente 70 000 representaciones; y en la Lindosa, contabilizadas por el profesor Virgilio Becerra, se calcula que hay cerca de 45 000. Esto demostraría que el país tiene una riqueza mayor que Europa, sobre todo que España y Francia, donde se encuentran las más famosas.

Sin embargo, dado que los estudios donde se han hecho públicos estos hallazgos en las últimas décadas se han llevado a cabo por investigadores que hablan español —y que los artículos han aparecido también en español— han pasado desapercibidos para gran parte de la comunidad científica (angloparlante en su mayoría). Guillermo Muñoz, experto en arte rupestre del Grupo de Investigación del Patrimonio Rupestre Indígena de Colombia (GIPRI), ha definido perfectamente la situación al afirmar que «Europa aún está descubriendo América».

Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete

Como hemos comentado, los estudios que durante más de tres décadas llevan realizándose en Chiribiquete han permitido comprender que las simples bandas de cazadores-recolectores no eran ni tan simples, ni tan itinerantes como se suponía; y que quizás habían llegado a esta región con un modelo cosmogónico y espiritual más elaborado de lo que se había pensado.

Pocos lugares en la Amazonia tienen afloramientos del Escudo Guayanés, es decir, formaciones rocosas precámbricas y paleozoicas, en medio de la extensa cobertura selvática. Debe tenerse en cuenta que la mayoría de los tepuyes —una clase de meseta especialmente abrupta, con paredes verticales y cimas relativamente planas— del norte de Suramérica están en medio de sabanas naturales. La inmensidad de la selva y la dificultad de navegar sus ríos debido a sus fuertes corrientes, permitieron el aislamiento cultural de sus habitantes y la protección del medio ambiente hasta nuestros días. Al mismo tiempo, sí que pudieron aprovechar el gran río Amazonas como eje de movilidad permanente durante varios siglos.

En el PNN Serranía de Chiribiquete no se ha encontrado hasta el momento ninguna prueba material arqueológica de presencia humana —es decir, no se han recuperado objetos hallados bajo tierra— ni restos óseos de sus ocupantes. No hay herramientas, armas ni puntas de piedra.

Lo que sí tenemos es una prueba extraordinaria y documental de su cultura pictórica y de su gran proyección espiritual y guerrera en miles de dibujos pintados sobre las paredes de los tepuyes y en muchos abrigos, que nunca sirvieron de campamento de caza o de uso doméstico. En definitiva, todos los lugares que se han documentado hasta el momento están inalterados: no hay prueba de actividades humanas diferentes a las realizadas exclusivamente por grupos indígenas. La conclusión que podemos extraer de todo ello es que la finalidad de este lugar era, y sigue siendo, exclusivamente ritual y ceremonial.

Remarquemos esto último: Chiribiquete sigue siendo hoy en día un lugar ceremonial. Una de las principales conclusiones de los investigadores fue constatar que estos dibujos se han seguido realizando hasta fechas muy recientes y, quizás más sorprendentemente aun, que los siguen haciendo y usando hoy.

Hasta 2019 se han documentado 63 abrigos rocosos con pinturas rupestres. De estos yacimientos, se han llevado a cabo excavaciones arqueológicas en 17, completado el registro pictórico de 48 y adelantado el registro fotográfico preliminar de 9. Se han documentado pictografías en murales, abrigos rocosos y rocas conexas, que suman 70 500 representaciones.

Podemos asumir que la preparación de los murales tomaba mucho tiempo y exigía la permanencia de los artistas en el lugar durante muchos días —quizás semanas— y que esta actividad requería la presencia de un grupo de personas bajo el mando de uno o varios especialistas espirituales y operativos.

Otro aspecto importante de la infraestructura necesaria para hacer los dibujos de los grandes murales tiene que ver con las técnicas empleadas para pintar cómodamente en paredes que tienen cientos de metros cuadrados —a veces 50 metros de largo por 6 metros de altura—; y las peripecias necesarias para dibujar en los techos de algunos aleros o en sitios muy altos que exigieron el uso de andamios, que también aparecen pintados en los murales, algunos con hamacas colgadas para que los chamanes pudieran sentarse más cómodamente para pintar o para recostarse e inspirarse.

Las figuras más representadas son animales, humanos, plantas, antropozoomorfos y biomorfos, geométricas, artefactos y objetos, por ese orden.

La presencia de rasgos culturales en Chiriquibete empieza posiblemente hace 22 000 años AP (es decir, aproximadamente 19 882 años a.E.C.). Aunque para esa época no encontramos rocas exfoliadas pintadas, sí hallamos fogones en los que se recuperaron nódulos de ocre y semillas comestibles carbonizadas. Estas fechas muestran un contexto cronológico prolongado y sorprendente, convirtiendo Chiribiquete quizás en el único lugar del mundo donde se mantiene una tradición cultural de milenios, más o menos sin interrupción.

Como hemos apuntado, lo más probable es que este mundo simbólico no se haya desarrollado en América sino que se trataba de un bagaje cultural que ya poseían y que fue reinterpretado por los primeros pobladores que llegaron a la región. Quizás, el sentido y las expresiones de las representaciones que llegaron a América, por varias rutas migratorias, no sean tan monolíticas como creemos y, quizás, no todas llegaron por el norte como única vía y en el mismo momento. Como indican los investigadores que llevan tanto tiempo estudiando estas pinturas, la verdadera tarea está en evaluar si podemos constatar un origen diferente al asiático, tal como lo apuntan parte de las pruebas. No podemos ir más allá por ahora.

EL ARTÍCULO CIENTÍFICO

El artículo científico que aparece en Quaternary International (puedes descargarlo y leerlo desde aquí) informa de unas excavaciones llevadas a cabo en Serranía La Lindosa que permiten —según los autores— conocer la fecha de llegada de los primeros habitantes de esa región, así como conocer sus interacciones con el ambiente.

Para ello se han realizado excavaciones en tres abrigos rocosos —Cerro Azul, Cerro Montoya y Limoncillos— y obtenido varias dataciones por radiocarbono, lo que permitiría confirmar que la primera ocupación humana se produjo hace alrededor de 12 600 años AP.

Se han llevado a cabo dos campañas de excavación con sondeos, excavaciones de muestreo y un posterior análisis de los materiales arqueológicos y líticos recuperados. En 2017 se abrió una excavación de 12 m2 en Cerro Azul, un lugar ya estudiado con anterioridad, cuyo éxito al recuperar material arqueológico motivó una nueva exploración de la región. Así, en 2018 se descubrieron dos nuevos abrigos rocosos donde se hicieron excavaciones de muestreo (1×1 m): Cerro Montoya y Limoncillos.

Cronología

Gracias a estos trabajos se pudieron obtener 11 fechas radiocarbono por medio de espectrometría de masas con acelerador (accelerator mass spectrometry) en capas precerámicas del yacimiento de Cerro Azul, y que los autores marcaban como el comienzo de la ocupación (en el Pleistoceno Superior); mientras que sólo se pudo conseguir una fecha radiocarbono en cada uno de los otros dos nuevos yacimientos.

En Cerro Azul, dos muestras de carbón arrojaron fechas entre los 20 500 y 19 200 años AP (ya calibradas), tratándose de unas de las fechas más antiguas de todo el continente americano. Ambas muestras se recuperaron en el «Estrato II» (situado entre 105 y 95 cm de profundidad) formado por sedimentos naturales mezclados con algunas láminas de sílex, semillas quemadas y restos de carbón. Sin embargo, los investigadores han querido ser prudentes y no dan por buenas estas muestras hasta que futuras excavaciones permitan obtener un contexto más seguro y definido para la parte inferior de este estrato y que permita confirmar sin género de dudas el origen cultural o antrópico de ese carbón (es decir, descartar que no sea producto de un fuego natural, por ejemplo).

De esta forma, solo aceptan las fechas que apuntan al Pleistoceno Superior y que se han obtenido de semillas de palmera quemadas con una antigüedad de entre 12 100 y 11 800 años AP.

En cambio, para Limoncillos y Cerro Montoya, los dos nuevos yacimientos identificados, tenemos una horquilla de fechas entre los 12 642 y 12 424 años AP para el primero; y los 12 388 y 12 008 años AP para el segundo.

Pinturas rupestres

En cuanto a las pinturas, los investigadores reconocen que hay miles ellas documentadas a lo largo de las paredes rocosas de toda la Sierra La Lindosa, que hemos visto que supone uno de los yacimientos artísticos más ricos de toda Sudamérica, junto al cercano Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete.

En este sentido, nada nuevo nos ofrece este artículo ya que se han documentado pinturas que ya se conocían.

Lo «novedoso» (por ser muy generosos) de este trabajo ha sido tratar de «datar» esas pinturas. Sin embargo, no han aplicado los novedosos métodos que ya se emplean en otros lugares del mundo para datar pigmentos; sino que lo han hecho identificando las especies animales que se han pintado. Esto requiere una explicación: lo que han hecho los autores es identificar las especies representadas en los murales para, a partir de ahí, hacer una «estimación» de su antigüedad en función de lo que sabemos acerca de cuándo se extinguieron.

Viendo las imágenes uno puede encontrar parecidos con especies que sabemos que vivieron durante el Pleistoceno pero que se extinguieron tras unos procesos que aún no conocemos en detalle: es la megafauna, un término especialmente asociado en la literatura científica a los grandes animales del Pleistoceno Superior y el Holoceno que ha venido extinguiéndose en un proceso conocido como extinción masiva del Cuaternario.

El argumento que siguen los investigadores es que si en las paredes de Cerro Azul se representa lo que podría ser un megaterio (un perezoso gigante), eso es porque quienes hicieron esas pinturas los vieron con sus propios ojos. Por lo tanto, si los megaterios se extinguieron en Sudamérica hace 10 000 años, las pinturas son más antiguas.

El problema de esta aproximación creo resulta evidente para cualquiera: nada hay más subjetivo que tratar de identificar qué quisieron representar los autores de esas pinturas hace miles de años. Desde luego es una interpretación que deja demasiados interrogantes como para poder ofrecer un método eficaz de datación.

COMPLEMENTO

Para tener una visión más completa de este tema, he creado una página en Wakelet con accesos a varios artículos, entrevistas y un documental sobre Colombia donde se describe visualmente el PNN Serranía de Chiribiquete.

MÁS INFORMACIÓN

BAENA PREYSLER, J., et al., 1992. Hallazgos de arte rupestre en la serranía de Chiribiquete, Colombia. Misión arqueológica 1992.

BAENA PREYSLER, J., et al., 1996. Pinturas rupestres y ocupación humana en la Sierra del Chiribiquete. Revista de arqueología, 180, pp. 14-23.

CASTAÑO-URIBE, Carlos. 2008. Tradición Cultural ChiribiqueteRupestreweb.

URBINA, Fernando y PEÑA, Jorge, 2016. Perros de guerra, caballos, vacunos y otros temas en el arte rupestre de la serranía de La Lindosa (río Guayabero, Guaviare, Colombia). Una conversación. Ensayos: Historia y Teoría del Arte, 20, 31, pp. 7-37.

Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, ARTE, 0 comentarios
Shanidar. Nuevas excavaciones, nuevas oportunidades

Shanidar. Nuevas excavaciones, nuevas oportunidades

     Última actualizacón: 11 abril 2020 a las 15:06

Introducción

Hace unas semanas se publicaba un trabajo en la revista Antiquity de la máxima importancia, no solo por los hallazgos que describe y las posibilidades que se anticipan, sino porque supone el retomar la excavación de un yacimiento que se antoja crucial para comprender la evolución de los neandertales y, de paso, de Homo sapiens. Hablamos de la cueva de Shanidar, una gran cavidad kárstica que se eleva unos 750 metros sobre el nivel del mar y situada en la ladera de las montañas Zagros del Kurdistán iraquí.

Figura 1. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’»

Las primeras excavaciones se desarrollaron durante cuatro campañas entre 1951 y 1960 por el equipo encabezado por Ralph Solecki. Solecki y sus colaboradores (entre los que destacaban el Dr. Muzaffer Şenyürek y el Dr. T. Dale Stewart) comenzaron los trabajos abriendo una zanja de unos 20 metros de largo por 6 de ancho en el centro de la cueva. En el punto más profundo se llegaron a alcanzar los 14 metros bajo el nivel del suelo. Conforme avanzaban los trabajos, Solecki se hizo una idea de cómo se había formado el yacimiento y estableció cinco capas estratigráficas. La más superior (nivel A) incluía materiales desde el Neolítico hasta el presente. El hallazgo más importante se produjo en el nivel D, de unos 8,5 metros de espesor, donde el equipo desenterró los huesos de 9 neandertales, entre los que se incluían hombres, mujeres y dos niños (desde esqueletos casi completos a algunos pocos huesos de las extremidades).

Solecki concluyó que, mientras algunos de esos individuos habían muerto tras el derrumbe del techo de la cueva, otros cuatro habían sido «enterrados» siguiendo algún tipo de «ritual funerario». Esta noticia tuvo un enorme impacto ya que hasta ese momento la mayoría de los fósiles recuperados en contextos musterienses eran huesos aislados o restos fragmentarios, por lo que la posibilidad de recuperar esqueletos en articulación anatómica sería un indicio muy prometedor de que se había llevado a cabo algún tipo de «enterramiento».

Y eso fue precisamente lo que hallaron. Los restos que acapararon la atención de la comunidad científica se identificaron como Shanidar 4. Se trataba del esqueleto casi completo de un neandertal adulto en posición fetal. Por si eso fuera poco, al limpiar el sustrato que lo rodeaba, los investigadores encontraron los restos fragmentados de otro individuo (catalogado como Shanidar 6).

Ante esta situación, el equipo tomó una decisión que hoy se calificaría, siendo bondadosos, como desafortunada 1. En lugar de retirar cuidadosamente y poco a poco los huesos y descender en la unidad estratigráfica lentamente, acordaron «cortar» un solo bloque del terreno y llevarlo fuera de la cueva.

Este bloque, con unas dimensiones aproximadas de un metro cuadrado de superficie y medio metro de profundidad, se protegió con yeso y madera. El bloque se llevó al Museo de Bagdad para su estudio (llevado a cabo en 1962), durante el que se pudo comprobar que al menos había huesos pertenecientes a tres adultos (identificados como Shanidar 4, 6 y 8), junto con algunas vértebras de un niño (Shanidar 9). Shanidar 6 en realidad podían ser dos individuos, por lo que se catalogaron como Shanidar 6-7 2.

Smithsonian Institution: series 1.7 photographs and slides 1950– 2017, box 59, folder ‘shanidar 4 flower burial’, Ralph S. and Rose L. Solecki papers, National Anthropological Archives.

Debido a los daños causados en el bloque durante su transporte –se hizo en el techo de un taxi– las relaciones estratigráficas precisas entre los distintos individuos se desconocen. De lo que no hay duda es que Shanidar 4 se encontraba encima de los demás. Parecía que el niño (Shanidar 9) se había depositado en primer lugar (y por lo tanto, estaba en la base del bloque) y encima se habían «depositado» dos mujeres. Por último se colocó al varón (Shanidar 4) que, según escribió Solecki, era «evidentemente» un hombre «importante» 3.

Tras el estudio del conjunto, los investigadores concluyeron que, o bien todos habían muerto al mismo tiempo y fueron enterrados en el mismo lugar; o bien los neandertales habían vuelto al mismo lugar para depositar los cuerpos en diferentes épocas.

Como parte del proceso de la investigación, Solecki tomó muestras del suelo alrededor de Shanidar 4 que envió a Arlette Leroi-Gourhan, palinóloga, para que realizara un análisis más detallado, resultando que dos de las muestras contenían restos de polen en una abundancia mucho mayor que el resto de sedimento. Ese hallazgo no tenía precedentes y los investigadores asumieron que estábamos ante un enterramiento en el que se habían depositado flores. Era, según informó Solecki, una nueva dimensión en la «humanidad» de los neandertales, una muestra de que tenían «alma» 4.

Las críticas a este planteamiento no se hicieron esperar. En el fondo subyacía una idea muy arraigada en aquel momento: los neandertales no poseían la capacidad simbólica de nuestra especie, eran «inferiores» culturalmente hablando, por lo que era impensable que Shanidar 4 hubiera sido enterrado de forma intencionada con una ofrenda floral. Mientras que Leroi-Gourhan defendía que la flores no habían sido introducidas de forma accidental o natural, sino que se trataba de ofrendas colocadas expresamente en la tumba; otros investigadores como Robert Gargett y Jeffrey Sommer argumentaron que había otras explicaciones más plausibles: el polen se había introducido por los propios trabajadores de la excavación, o por medio de un roedor que acostumbra a acumular semillas y flores en sus madrigueras. El debate continúa hoy en día.

Ralph Solecki no volvió a excavar en Shanidar. Pese a que intentó reanudar los trabajos varias veces tras la última campaña de 1960, la inestabilidad política impidió cualquier intervención; y la excavación, completamente descuidada, se llenó de escombros.

El nuevo estudio

En 2011, el gobierno regional Kurdo invitó al Dr. Graeme Barker, del Instituto McDonald de Arqueología de Cambridge, a reanudar las excavaciones en Shanidar. Barker aceptó encantado la proposición ya que suponía la oportunidad de volver a un yacimiento que ya era mítico, y comenzó los preparativos de una misión de por sí bastante complicada dada la situación que vivía Irak 5. Emma Pomeroy, autora principal del artículo que ahora comentamos, ha participado en los trabajos como la paleoantropóloga del equipo.

La nueva campaña de excavación comenzó en 2014, aunque solo dos días después de la llegada de los investigadores tuvieron que abandonar la región por las serias amenazas del ISIS. Los trabajos, una vez pasado el peligro, se retomaron en 2015.

El objetivo del nuevo proyecto de excavaciones en Shanidar era tratar de resolver algunas de las preguntas que habían quedado sin responder por Solecki: obtener una datación precisa de los neandertales, establecer con certeza su contexto estratigráfico y, como no podía ser de otra forma, determinar la naturaleza de la actividad mortuoria asociada con la posición de los cuerpos.

Para lograr ese objetivo, los investigadores se propusieron realizar un trabajo minucioso en los márgenes de la zanja original y obtener de esta forma muestras del suelo para establecer el contexto cronológico, paleoclimático, paleoecológico y cultural de los hallazgos de Solecki. La obvia ventaja es que para ello se contaría con el amplio abanico de técnicas modernas de las que dispone la ciencia arqueológica, y que Solecki no podía siquiera imaginar en su época.

Para sorpresa de todos, en 2016 —durante el trabajo inicial de limpieza y acondicionamiento— los investigadores se toparon con una costilla, una vértebra lumbar y algunos huesos de la mano que sobresalían de la pared vertical. La temporada de excavación llegaba a su fin, así que aseguraron la zona para continuar los trabajos al año siguiente. De esta forma, en 2017 comenzó la tarea de retirar lentamente los metros de roca y sedimentos que cubrían la zona. Entre 2018 y 2019 los trabajos dieron su fruto y se halló un cráneo casi completo aunque completamente aplastado por el sedimento que se había depositado durante miles de años. También aparecieron casi todos los huesos del esqueleto hasta la cintura. Estábamos por tanto ante el primer esqueleto neandertal articulado que se recuperaba en casi 25 años.

Figura 2. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’».

Uno de los problemas con los que se han topado los investigadores es que la consistencia de los huesos era como la de una galleta mojada en leche. Para poder retirarlos aplicaron un consolidante similar al pegamento, antes de que las secciones se extrajeran y se envolvieran en papel de aluminio. Esto implicaba realizar un meticuloso y tremendamente lento trabajo de limpieza del sedimento. El calor y la humedad en la zanja no ayudaron a que el proceso fuera cómodo.

Aunque la labor de los científicos no se limitó a extraer los huesos. El sedimento que los rodeaba se llevó al campamento base donde se lavó y analizó en busca de cualquier pequeño fragmento que hubiera podido pasar desapercibido (en este tipo de excavaciones se recoge y etiqueta todo lo que tenga un tamaño mayor de dos milímetros).

Los nuevos restos recuperados están ubicados muy cerca del bloque de sedimento que Solecki extrajo y donde se había recuperado a Shanidar 4. Precisamente, esa forma un tanto «burda» de retirar los restos seguramente fue la que provocó el corte por la cintura del esqueleto que ahora se ha descuberto. De hecho, Solecki indicaba en sus notas de campo que había algunos huesos que sobresalían del bloque cuando lo sacaron del yacimiento.

Por lo tanto, parece que ahora podemos contemplar la parte superior del cuerpo de Shanidar 6, aunque hasta que no se lleve a cabo un estudio más detallado, los investigadores han etiquetado estos huesos como «Shanidar Z».

Figura 4. Fotografía del lugar donde se recuperó el esqueleto Shanidar 4 en 1960 (c); y en la actualidad (b). Ralph Solecki aparece en la fotografía (c) a la izquierda en primer plano, Thomas Dale Stewart detrás de él, y Jacques Bordaz en la parte posterior derecha (no hay datos de la cuarta persona).
Detalles: con un (1) se identifica la losa vertical, las rocas caídas (2), el hueco parcialmente cubierto de brechas (3) y una piedra triangular (4).
Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’»
Figura 5. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’».

Aunque el esqueleto se ha excavado solo parcialmente, el equipo de Barker ofrece una primera interpretación de la posición del cuerpo. El individuo estaba tumbado de espaldas con la cabeza descansando sobre la mano izquierda. La piedra triangular que vemos identificada en las fotografías superiores con el número 4 estaría colocada detrás de la cabeza y el hombro izquierdo.

Se desconoce la postura de los miembros inferiores, que pueden ser los que ahora conocemos como Shanidar 6 como hemos indicado antes; o bien permanecer aún en los sedimentos que no se han excavado todavía.

Figura 8. Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’».

Decir que estamos ante un «cementerio», o que hemos localizado una «tumba», es bastante problemático ya que en realidad no tenemos forma de asegurar si los neandertales cavaban agujeros para sus muertos y después los cubrían de tierra. Por lo tanto, sería más adecuado emplear términos como «comportamiento mortuorio».

Pomeroy señala en el artículo que los primeros indicios confirman que algunos de los cuerpos fueron depositados en cavidades naturales en el suelo de la cueva, pero que también ha habido una «excavación intencionada» alrededor de los cuerpos. Podemos estar ante una actividad meramente «práctica» (no querrías tener un cuerpo descomponiéndose en el suelo de la cueva donde estás viviendo), aunque reconoce que debemos ser cautos a la hora de hacer este tipo de interpretaciones.

En lo tocante a Shanidar Z hay pocas dudas acerca de que el cuerpo ha sido «colocado» intencionadamente, ya que los sedimentos así lo atestiguan. Las observaciones estratigráficas, el hecho de haber recuperado los huesos en articulación, la presencia de varios individuos en un espacio (tanto vertical como horizontal) muy reducido, apuntan a que estamos ante un enterramiento intencionado. Además, la asociación de la piedra triangular con los huesos, la propia forma de esa piedra y que es muy diferente del resto de rocas recuperadas en el yacimiento, sugiere que fue colocada en el momento en que se llevó a cabo el enterramiento.

Sin embargo, como indica Christopher Hunt, uno de los arqueólogos del equipo, demostrar que estamos ante algún tipo de «ritual» es casi imposible. Además, dado que los cuerpos no estaban al mismo nivel geológico, probablemente no fueron depositados al mismo tiempo; aunque esto apuntaría a alguna forma de «intencionalidad» o «memoria grupal» ya que los neandertales regresaron al mismo lugar durante generaciones para depositar los cuerpos.

Sabemos que grupos de neandertales vivieron diseminados por Europa y Oriente Próximo y que prosperaron durante miles de años sin mostrar una única forma enfrentarse a la muerte. Barker afirma que «entre arrojar un cuerpo a un agujero, y realizar una actividad funeraria elaborada que incluya elementos como flores, hay una amplia gama de posibilidades».

Otro detalle interesante y que anticipa futuros debates es que se han recuperado fragmentos de tejidos vegetales y material fosfático junto al esqueleto —así como posibles restos de polen—. Se están llevando a cabo análisis más profundos de estos elementos dada la importancia de la controversia acerca de las flores asociadas con Shanidar 4.

Por último, y bajo mi punto de vista quizás lo más interesante, se ha recuperado el hueso petroso completamente intacto de Shanidar Z. Se trata de uno de los huesos más densos del cuerpo y, por tanto, un «santo grial» para los paleogenetistas ya que puede conservar moléculas de ADN durante milenios. Ahora mismo contamos con ADN antiguo de los neandertales del norte, donde los ambientes húmedos ayudan a preservar el ADN, por eso es tan importante este hallazgo que permitirá el estudio —al menos eso esperan— del ADN de los neandertales que vivían en ambientes más cálidos. Además, se trata de una región donde es más probable que tuviera lugar el entrecruzamiento con los seres humanos modernos que salieron de África.

Ralph Solecki murió en marzo de 2019 a la edad de 101 años. Barker y su equipo le mantuvo puntualmente informado de los diferentes descubrimientos y manifestó su entusiasmo ante los avances que se estaban realizando. Espero que en los próximos meses haya más noticias que ayuden a profundizar nuestro conocimiento sobre el mundo neandertal.

Información adicional

Bibliografía

Cameron, D. W. y Groves, C. P. (2004), Bones, stones, and molecules: «out of Africa» and human origins. Burlington: Elsevier Academic Press, xi, 402 p.

Cela-Conde, C. J. y Ayala, F. J. (2007), Human evolution: trails from the past. Oxford: Oxford University Press, vii, 437 p.

Cela-Conde, C. J. y Ayala, F. J. (2013), Evolución humana: el camino de nuestra especie. Madrid: Alianza Editorial, 802 p.

Culotta, E. «New remains discovered at site of famous Neanderthal ‘flower burial’», [en línea], consultado el 22/01/2019. <https://www.sciencemag.org/news/2019/01/new-remains-discovered-site-famous-neanderthal-flower-burial>

Delson, E. (2000), Encyclopedia of human evolution and prehistory. New York; London: Garland Publishing, xiv, 753 p.

Gargett, R. H., et al. (1989), «Grave shortcomings: The Evidence for Neandertal burial [and comments and reply]«. Current Anthropology, vol. 30, núm. 2, p. 157-190.

Pomeroy, E., et al. (2020), «New Neanderthal remains associated with the ‘flower burial’ at Shanidar Cave«. Antiquity, vol. 94, núm. 373, p. 11-26.

Leroi-Gourhan, A. (1975), «The flowers found with Shanidar IV, a Neanderthal burial in Iraq». Science, vol. 190, núm. 4214, p. 562-564.

Solecki, R. S. (1971), Shanidar. The first flower people. New York: Knopf, 290 p.

Solecki, R. S. (1975), «Shanidar IV, a Neanderthal flower burial in northern Iraq«. Science, vol. 190, núm. 4217, p. 880-881.

Sommer, J. D. (1999), «The Shanidar IV ‘Flower Burial’: a re-evaluation of neanderthal burial ritual«. Cambridge Archaeological Journal, vol. 9, núm. 1, p. 127-129.

Trinkaus, E. (1983), The Shanidar Neandertals. New York; London: Academic Press, 502 p.

Notas

  1. Aunque hemos de tener en cuenta tanto la capacidad técnica como los medios con que se contaba en aquella época.
  2. La numeración de los restos ha sido un poco confusa. Erik Trinkaus, en su monografía sobre los neandertales de Shanidar, aclara esta situación de la siguiente manera: Shanidar I-VI se convierten en Shanidar 1-6; los restos simplemente catalogados como «niño Shanidar» (el primer niño) se convierte en Shanidar 7; Shanidar VII, tal y como había sido identificado por Steart y Solecki, se convierte en Shanidar 8; mientras que Shanidar VIII (el segundo niño) se convierte en Shanidar 9.
  3. Solecki, R. S. (1975), «Shanidar IV, a Neanderthal flower burial in northern Iraq», p. 880
  4. Solecki, R. S. (1975), «Shanidar IV, a Neanderthal flower burial in northern Iraq», p. 880
  5. Recordemos que por aquel entonces, tras la retirada de las tropas estadounidenses, la insurgencia irakí comenzó su campaña violenta.
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Un día en el Museo de Altamira

Un día en el Museo de Altamira

Hace unos días se cumplía el 18 aniversario de la inauguración del Museo de Altamira, y dado que pocos días antes tuve la ocasión de visitarlo por primera vez junto a mi familia, quiero ofreceros en esta anotación un pequeño «paseo» por su exposición permanente y el interior de la Neocueva.

Lo primero que debéis saber es que la visita a la cueva original está muy restringida por razones obvias de conservación. Únicamente se permite el acceso a cinco personas cada viernes, elegidas mediante un sorteo entre los visitantes presentes ese día y que deseen participar. Si por cualquier razón no puedes ir un viernes, o no tienes suerte con el sorteo, siempre puedes visitar la Neocueva –una reproducción tridimensional muy rigurosa de la cueva original– que te permitirá comprender, admirar y disfrutar plenamente las pinturas que realizaron sus ocupantes originales. Mi recomendación es que escojas una visita guiada (no supone un incremento del precio de la entrada) ya que tendrás una información mucho más completa de todo lo que vas a ver en su interior; así como de los trabajos arqueológicos que se están llevando a cabo.

Voy a dejar la Neocueva para el final (y no me extenderé demasiado porque creo que las imágenes nunca hacen justicia a toda su belleza) y comenzaré este recorrido por la exposición permanente.

Exposición permanente

Dividida en cuatro bloques temáticos, el recorrido empieza con una introducción acerca de la labor de investigación arqueológica. Podemos contemplar cuál sería la «típica» mesa de trabajo de un prehistoriador (aunque como podéis ver, haría falta actualizar un poco su contenido).

Los diferentes paneles explicativos nos cuentan cómo se lleva a cabo el proceso para clasificar y analizar el material recuperado en las excavaciones; y cuáles son las distintas fuentes de las que podemos obtener información acerca de la vida de nuestros antepasados: el estudio de la macro y micro fauna, análisis de sedimentos, pólenes, tipología de las herramientas de piedra, hueso o asta y un largo etcétera.

El segundo bloque está dedicado a explicar cómo han evolucionado los homininos hasta llegar al Homo sapiens que habitó Altamira; centrándose en el análisis del Pleistoceno, es decir, el periodo de tiempo que comprende los últimos 2,6 millones de años (Ma). Como sin duda sabréis, la mayor parte de este proceso tuvo lugar en África Oriental, que es donde se han recuperado gran parte de los restos de Australopithecus, Homo habilis y Homo erectus.

De una forma muy gráfica, y con la ayuda de grandes paneles expositores, se reconstruyen los paisajes y ambientes, y así podemos hacernos una idea de cómo vivían y se desenvolvían nuestros antepasados, qué comían etc. Algunas de las dataciones que aparecen han sido refinadas gracias a recientes trabajos de investigación, pero en ningún caso supone un inconveniente para obtener una imagen de conjunto de nuestra evolución.

Por último, se analiza cuál es el posible origen de Homo sapiens y cómo migramos por el resto de los continentes.

El tercer bloque temático de la exposición permanente se centra en cómo era la vida en tiempos de Altamira.

Sabemos que los hombres que habitaron la cueva durante el Pleistoceno encontraron un clima más frío que el actual, y por tanto una flora y fauna similares a las que hoy podemos ver en latitudes más altas de Eurasia o América. Nuestros antepasados disponían de los conocimientos, la tecnología y la organización social necesarios para poder adaptarse a las duras condiciones ambientales. Y prosperaron.

En diferentes dioramas a tamaño real, podemos ver cómo se alimentaban: conoceremos tanto las técnicas que emplearon para cazar ciervos y bisontes o la recolección de vegetales, así como  la incorporación de moluscos, truchas y salmones a su dieta.

Hay un espacio dedicado a conocer cómo se fabricaban las herramientas de piedra, lo que conocemos como «industria lítica». Podemos entender, paso a paso, cómo nuestros antepasados fueron capaces de fabricar los útiles que necesitaban para distintas funciones: desde los más primitivos «cuchillos», a las más perfeccionadas herramientas para tratar las pieles, o fabricar otras herramientas. Del mismo modo, vemos la progresiva modificación de estas herramientas con una disminución del uso de la piedra en favor del asta o el hueso, lo que les permitió obtener formas de más precisión, como son los arpones, anzuelos, punzones o las agujas de coser para confeccionar ropa de abrigo.

Además podemos visualizar cómo en el entorno o en el interior de las cuevas se llevaban a cabo las tareas domésticas  como el procesado de alimentos, curtido de pieles, la fabricación de ropa y adornos, así como de las propias herramientas. Por supuesto, los ocupantes de Altamira conocían el uso del fuego.

Como veis en las imágenes, la exposición es muy visual, aunque también hay varios vídeos explicativos donde escuchamos de forma más detallada todos estos procesos. Una parte que me llamó mucho la atención, por lo acertado de su inclusión, fue la posibilidad de reproducir –a elección de los visitantes– una serie de vídeos cortos donde vemos a bosquimanos, esquimales o aborígenes australianos, realizar las tareas que suponemos análogas a las que los hombres de Altamira hicieron, desde la caza y recolección de alimentos, a la confección de prendas de abrigo y un largo etcétera.

Los investigadores suponen que Altamira era un lugar de agregación, un espacio en el que se reunían con cierta periodicidad grupos humanos que normalmente se hallaban dispersos por el territorio, tal vez para realizar algún tipo de ritual. Las investigaciones al respecto siguen su curso.

Y así llegamos a una de las partes que me han resultado más interesantes de toda la exposición: el arte.

Todos sabemos que Altamira es un lugar singular por la calidad de sus pinturas rupestres. Sin embargo, tenemos que saber que el primer problema al que se enfrentan los investigadores para su estudio es establecer su antiguedad. La técnica de datación empleada de forma más habitual para este tipo de pinturas es el método del radiocarbono con el que podemos datar restos orgánicos (hasta un máximo de unos 50000 años) ya que podemos analizar el carbón vegetal usado para la fabricación de los pigmentos.

Gracias a una serie de ejemplos, podemos comprender también cuál fue la técnica empleada para crear las magníficas pinturas de la cueva de Altamira: comenzando con el rayado y estriado para hacer un bosquejo o «modelo» del objeto a representar, y al mismo tiempo dar volumen al interior de una figura; siguiendo por la definición del contorno sobre el que finalmente se aplicarían los distintos pigmentos.

Éstos eran de origen mineral, con la salvedad del carbón vegetal empleado para los trazos negros. Los más habituales eran óxidos de hierro –ocres, hematites– que combinados con otros elementos permitían obtener tonos amarillos, rojos o pardos.

Los pigmentos se aplicaban bien con los dedos, o mediante tampones de cuero, o incluso «soplados» al modo de un aerosol con la boca; y en algunos casos se matizaban mediante raspado o lavado parcial.

Pero en Altamira no todo son pinturas rupestres. Destaca la interesantísima colección de arte mueble: útiles y herramientas (como puntas, arpones, buriles); piezas de adorno (colgantes); bastones perforados y otras piezas de hueso decoradas. Son numerosísimos los ejemplos de este tipo de objetos que podemos admirar en sus vitrinas.

Por último, hay una parte dedicada a la música con la que finaliza el recorrido por la exposición permanente.

Neocueva

Como dije al principio, he querido dejar las imágenes de la Neocueva para el final, aunque no voy a poner muchas por dos motivos:

  1. Por muchas fotografías que veas de este espacio, nunca podrán sustituir a la experiencia que supone entrar en ese lugar y contemplar el techo plagado de maravillosas pinturas. Es un lugar que tienes que visitar y experimentar de primera mano.
  2. Quiero escribir una anotación más en profundidad sobre este tema, que espero tener lista lo antes posible.

En cualquier caso, lo prometido es deuda:

Finalmente, no puedo terminar este texto sin reconocer lo mucho que me impactó un cuadro colgado a las espaldas de la reconstrucción del despacho de D. Marcelino Sanz de Sautuola, el descubridor científico de la cueva de Altamira.

Se trata de una obra de Fernando Vicente titulada «Gran explosión»:

Fernando Vicente. «Gran explosión» (2004)

Con la siguiente explicación

La Humanidad tuvo su origen en África. Somos africanos más o menos despigmentados, todas las personas que actualmente poblamos los cinco continentes formamos una misma y única Humanidad. Este cuadro expresa la idea de nuestro origen común. Además, y al igual que sus primeros colegas paleolíticos, el autor emplea las formas naturales del soporte (la forma del continente africano en este caso), para crear una imagen simbólica, para crear Arte.

Fernando Vicente. «Gran explosión» (2004)
Detalle. Fernando Vicente. «Gran explosión» (2004)

Conclusiones

Puedo aseguraros que la visita al Museo de Altamira es obligada; y aunque no puedas entrar en la cueva de Altamira, te garantizo que la Neocueva no te defraudará lo más mínimo. El personal del Museo es amable y atento; y el trabajo de las guías que explican todos los detalles de la Neocueva impecable.

Además, si vas con niños pequeños no tienes que preocuparte de nada. Hay numerosas actividades y talleres programados a diario para que ellos puedan pasar un rato más lúdico aprendiendo sobre la vida en la prehistoria, mientras lo más mayores podemos sumergirnos plenamente en la exposición. En cualquier caso, te aconsejaría que llevaras a los más pequeños a visitar tanto la exposición permanente como la Neocueva, porque es una experiencia que seguro les encantará.

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Evolución humana. Un mapa con información de yacimientos, fósiles y cultura

Evolución humana. Un mapa con información de yacimientos, fósiles y cultura

     Última actualizacón: 31 agosto 2018 a las 12:27

«the pleasure of the first days partridge shooting or first days hunting

cannot be compared to finding a fine group of fossil bones,

which tell their story of former times with almost a living tongue». 1

«el placer de los primeros días de tiro a la perdiz o de caza

no se puede comparar a encontrar un buen grupo de fósiles,

que cuentan su historia de tiempos pasados casi con lengua viva».

 

La paleoantropología, el estudio de la evolución humana, se centra fundamentalmente en el análisis de los fósiles. Esta afirmación es una simplificación, pero es innegable que a la hora de comprender el proceso y la historia evolutiva de nuestra especie, es necesario contar con testigos del pasado que nos cuenten cómo fue ese camino.

Tras años leyendo libros, artículos y todo tipo de material relacionado con la evolución humana, tengo claro que es necesario organizar adecuadamente la enorme cantidad de información disponible en relación tanto a los fósiles como a los yacimientos donde se han encontrado. Estoy seguro de que cualquiera que se haya interesado en este tema habrá comprobado que llega un momento en que resulta difícil seguir la pista de los nuevos hallazgos que, casi cada semana, se producen en relación a esta disciplina.

En mi caso, confieso que la solución que se me ocurrió fue bastante obvia y al mismo tiempo útil. La imagen que encabeza esta anotación es la del mapa que utilizo para marcar los yacimientos, los fósiles interesantes, dejar notas de artículos que he leído y, en definitiva, toda información relevante para estar al día y no perderme entre la maraña de datos.

Pero está claro que esa solución no es todo lo buena que cabría esperar. De nuevo, llegó un momento en que no cabían físicamente más datos así que tuve que ponerme manos a la obra. La solución, como suele pasar en estos casos, llegó de la mano del mundo digital. Utilizando la herramienta de Google «MyMaps» he creado una versión digital de mi mapa en papel, que ahora pongo a vuestra disposición por si la consideráis de utilidad.

El mapa

Como digo, he utilizado la herramienta de «MyMaps» —gratuita para cualquier usuario con un cuenta en Google— que permite diseñar mapas incluyendo información que es posible organizar en varias capas. Se trata de una herramienta muy interesante y versátil. A día de hoy, el mapa que estoy construyendo cuenta con cinco capas diferentes que pretenden ofrecer información relevante para el estudio de la evolución humana.

En el caso de este mapa sobre «La evolución humana», la primera capa recibe el nombre de «yacimientos»: es la base sobre la que pivotará el resto de información. Lo primero que hago cuando incluyo una nueva referencia (por ejemplo, la publicación de la descripción de un nuevo fósil) es localizar el punto exacto (las coordenadas geográficas) donde se ha encontrado y marcar el lugar como «yacimiento». Acto seguido, cuando he introducido esa información, paso a otra capa (en el ejemplo que estamos viendo sería la de «fósil») y sigo el mismo patrón.

Cada «entrada» en el mapa consta de tres campos: nombre, descripción y artículos. Mi objetivo no es ofrecer solamente una herramienta que permita saber dónde se recuperó tal o cual fósil o dónde están esas pinturas rupestres tan fascinantes, sino facilitar la labor de investigación o el interés por profundizar en cada ejemplo, ofreciendo la información bibliográfica en cada caso. La información contenida en estos apartados es propia salvo que se indique lo contrario. Igualmente, las imágenes provienen en su mayor parte de los propios artículos científicos que se indican.

Leyenda

Como he señalado más arriba, el mapa cuenta ahora mismo con cinco capas diferentes identificadas con los siguientes símbolos 2:

Este icono representa la capa básica del mapa, llamada «yacimientos». Con ella se marca la ubicación exacta de cada yacimiento arqueológico 3 que ha aportado información relevante. Se incluye el nombre, una descripción, y el/los artículos científicos que lo describen.

Este icono representa cada fósil de hominino. Aunque sea la imagen de un cráneo, se refiere a cualquier hueso del esqueleto. En ocasiones he agrupado todo un conjunto de restos (como el caso de Orrorin tugenensis) para simplificar. Actuaré así salvo que sea relevante individualizar más de un fósil de un mismo ejemplar.

Este icono representa cualquier fósil que no pertenezca a un hominino. Se trata, en la mayor parte de los casos, de fósiles que aportan pruebas de manipulación humana y que, por tanto, acreditan la presencia de nuestros antepasados en un yacimiento, época o lugares concretos.

Este icono representa las huellas que han sido identificadas como pertenecientes a homininos. Las más famosas son las huellas de Laetoli, pero cada vez más a menudo se describen nuevos yacimientos con este tipo de restos que permiten dibujar mejor los movimientos de migración de nuestros antepasados.

Este icono representa ejemplos llamativos o destacados por su importancia de industria lítica (herramientas de piedra individualizadas), o bien, conjuntos de este tipo de herramientas. Destacan ejemplos individuales como «Excalibur», un bifaz recuperado en Atapuerca, o el conjunto de herramientas más antiguas hasta ahora localizadas en Lomekwi 3.

Este icono representa objetos artísticos. De nuevo, como en el caso de la industria lítica, puede identificar una única estatuilla o representar un panel de pinturas en una cueva. Soy consciente de lo complicado de catalogar un objeto como «artístico», así que trataré de argumentar en cada caso el porqué de su inclusión en esta categoría.

Por último, utilizaré este icono para identificar cualquier elemento de las categorías anteriores cuando no conozca las coordenadas exactas de su ubicación. Sucede que en los artículos científicos de hace unos años no se consideraba necesario incluir las coordenadas como parte de la descripción de los yacimientos. Agradeceré vuestra ayuda para completar las lagunas.

Utilizando el mapa

He de reconocer que la utilización de la herramienta es bastante sencilla e intuitiva. En cualquier caso, os voy a explicar de forma rápida algunas de sus principales características:

Las capas del mapa se pueden visualizar u ocultar marcando o desmarcando las diferentes casillas de verificación. Dado que, por ejemplo, cada fósil está situado exactamente en el mismo lugar de un yacimiento, si están marcadas todas las capas sólo se verá la última de ellas. Por ese motivo, mi recomendación cuando se visita por primera vez el mapa es desmarcar todas las capas excepto la primera («yacimientos») hasta acostumbrarse a su uso.

En cualquier caso, el mapa cuenta con una magnífica herramienta de búsqueda que permite encontrar fácilmente cualquier elemento. Solo hay que pulsar sobre cada uno para que despliegue el menú de información.

En la imagen superior veis el ejemplo del yacimiento Kara-Bom, las cuevas de Denisova.

Y como os he comentado, en muchos casos incluyo enlaces directos que permiten leer y descargar los artículos científicos recogidos.

 

En definitiva, la mejora de este mapa es un trabajo que no tendrá fin dado que tampoco se detendrán los esfuerzos por la búsqueda de nuestros orígenes. El mapa estará en permanente construcción así que solo me resta deciros tres cosas:

  1. Sed indulgentes porque falta muchísima información. Todos los días trato de añadir nuevos elementos y completar la información que falta en los ya existentes. Creedme si os digo que no es un trabajo sencillo.
  2. Agradeceré cualquier ayuda sobre todo en conseguir coordenadas correctas de los yacimientos. Hay mucha información en internet en diferentes páginas, pero la mayoría de las coordenadas que se facilitan no son exactas (creo que de forma intencionada para evitar «visitas» no queridas en esos lugares). Por ese motivo busco la información en los propios artículos científicos y a veces cuesta bastante dar con el dato concreto.
  3. Espero que os parezca una herramienta útil e interesante. Estoy abierto a cualquier consejo para su mejora.

Notas

  1. Carta de Charles Darwin a su hermana Catherine. 6 de abril de 1834.
  2. Todos los iconos los he tomado de Flaticon (http://www.flaticon.com/), y han sido creados por Freepik (http://www.freepik.com/).
  3. En el caso de no conocer las coordenadas exactas, se utiliza otro icono que veremos más abajo.
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