ciencia

Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Arqueología. Disciplina científica a la que se dedicó por vocación y por la que ha sido reconocida internacionalmente.

Bloomsbury. Kenyon vivía en este barrio londinense, en una casa junto al Museo Británico.

Cruz roja. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kenyon sirvió como Comandante de División de la Cruz Roja en Hammersmith, Londres.

Dame Commander of the British Empire (dama comendadora de la Orden del Imperio Británico). Recibió esta distinción al jubilarse en 1973.

Excavations at Jericho. Junto con Digging up Jericho, los libros que Kenyon escribió acerca de su trabajo en Jericó empleando un lenguaje divulgativo. Durante su carrera se esforzó porque los estudiantes a su cargo escribieran artículos divulgativos para llegar al público general.

Frederick Kenyon, su padre. Director del Museo Británico. Como arqueólogo trabajó en importantes excavaciones como Jericó.

Gertrude Caton Thompson. Arqueóloga y mentora de Kenyon. Fue una de las primeras mujeres que se dedicaron a esta disciplina. La minuciosidad y metodología de sus investigaciones fueron pioneras.

Holly Land (Tierra Santa). Kenyon ha sido considerada una de las primeras especialistas en arqueología bíblica, aunque siempre fue crítica con las contradicciones y falsedades históricas contenidas en los libros sagrados del judaísmo y cristianismo.

Instituto de arqueología de la Universidad de Londres. Elegida su primera directora hasta 1946.

Jericó. Yacimiento arqueológico al que dedicó mayor atención. Fue reconocido como el asentamiento ocupado de forma permanente más antiguo de la historia gracias a sus descubrimientos.

Kenyon Institute. La escuela británica de arqueología en Jerusalén se incorporó al Consejo para la Investigación Británica en el Levante (Council for British Research in the Levant). Esta institución cambió de nombre a Kenyon Institute en 2003 en su honor.

Leicester. Ciudad inglesa donde Kenyon excavó la Muralla Judía entre 1936 y 1939.

Margery Fry. Bibliotecaria del Colegio Somerville (Oxford), fue la primera persona que aconsejó a Kenyon estudiar la carrera de arqueología.

Neolítico. Periodo de la prehistoria en el que se especializó.

Oxford. Kenyon se graduó en el Colegio Somerville de Oxford (en 1929). Fue la primera mujer en llegar a ser presidenta de la Academia Arqueológica de Oxford.

Principal (directora). Nombrada directora del Colegio St Hugh’s de Oxford en 1962.

Qidron Valley. El valle de Cedrón o Valle de Kidron es un valle situado en Israel, concretamente entre Jerusalén y el monte de los Olivos donde Kenyon llevó a cabo trabajos de excavación de las murallas históricas de la ciudad en un intento de datar su ocupación.

Samaria. Entre 1931 y 1934 Kenyon trabajó allí con John y Grace Crowfoot. Obtuvo material crucial para la datación estratigráfica de la Edad del Hierro de Palestina.

Tell es-Sultan. Yacimiento en la orilla oeste del Jordán perteneciente a la antigua ciudad de Jericó, cuya excavación le otorgó fama mundial.

Verulamium (la actual Saint Albans, en Inglaterra). Excavación donde participó en 1930.

Wheeler. La pareja de arqueólogos formada por Mortimer y Tessa Wheeler fueron una fuente de inspiración (trabajó con ellos entre 1939 y 1935). Son referentes al desarrollar la excavación estratigráfica, en la que se recogen materiales de un terreno dividido en cuadrados disponiéndolos con una secuencia cronológica.

Zimbabwe. El Gran Zimbabue es el nombre dado a las ruinas de una antigua ciudad situada en el sur de África donde Kenyon desempeñó su primer trabajo de campo en calidad de fotógrafa.

Esta anotación forma parte de la iniciativa de Café Hipatia un blog que nació con el deseo de convertir la ciencia en temática central y fuente de inspiración para la escritura, experimentando con diversos puntos de vista y modos de contarla.

El tema para este mes es mujer en ciencia:

Afortunadamente en la actualidad, la expresión “mujer en ciencia” nos trae multitud de imágenes a nuestra mente de las pioneras de diversas épocas que, de manera generalmente anónima, realizaron aportaciones significativas al conocimiento científico o a su difusión.

Nombres ignorados hace unas décadas como Maria Sybille Merian, Maria Clara Eimmart, Laura Bassi, Maria Gaetana Agnesi, Henrietta Swan Leavitt, Marie Meurdrac, Jane Marcet, Sofia Kovalevskaya y tantos otros que van surgiendo a la luz, aún presentan una pátina de olvido y desconocimiento que es necesario seguir retirando.

Por ello, en la tercera entrega de relatos polivulgadores de Café Hypatia hemos pensado que la relación y aportación de la mujer en la ciencia debe ser el siguiente tema de escritura. Os invitamos como de costumbre, amigos y amigas polivulgadores (especialmente a vosotras) a escribir scikus, retratos alfabéticos o microrrelatos hasta el próximo 15 de enero

Publicado por José Luis Moreno en BREVE, 2 comentarios
Reseña: La manzana de Newton

Reseña: La manzana de Newton

     Última actualizacón: 26 febrero 2018 a las 22:25

Ficha Técnica

Título: La manzana de Newton
Editores: Ronald L. Numbers y Kostas Kampourakis
Edita: Biblioteca Buridán, 2017
Encuadernación: Tapa blanda.
Número de páginas: 308 p.

RESEÑA DEL EDITOR

La caída de una manzana inspiró a Newton el descubrimiento de la ley de la gravedad, o eso nos habían dicho siempre. ¿Es verdad? Quizás no. «La manzana de Newton y otros mitos acerca de la ciencia» –continuación de «Galileo fue a la cárcel y otros mitos acerca de la ciencia y la religión», también publicado en Biblioteca Buridán– refuta una serie de errores o ideas falsas que han llegado a ser tan populares que suelen pasar acríticamente por verdades indiscutibles y los sustituye por una descripción más veraz de los grandes avances científicos que están en su base.

Entre los mitos refutados en este volumen está la idea de que durante la Edad Media la ciencia estuvo totalmente estancada y que de hecho no hubo actividad científica alguna entre la antigüedad griega y la Revolución científica; que la alquimia y la astrología eran puras supersticiones sin el menor contenido cognitivo; que solo por temor a la reacción pública Darwin demoró tantos años la publicación de su teoría de la evolución; que Gregor Mendel estuvo muy por delante de su tiempo como pionero de la genética. Varios mitos del siglo XX acerca de la física de partículas, la teoría de la relatividad de Einstein y muchos otros son igualmente desacreditados. Los mitos se resisten a morir por mucho que sean refutados, y en esta colección de ensayos, editada por Ronald L. Numbers y Kostas Kampourakis, los colaboradores, la mayoría de ellos profesores de historia de la ciencia, abordan algunos de los mitos más persistentes y nocivos para el conocimiento, refutándolos y situándolos en su contexto histórico.

RESEÑA

«La manzana de Newton» es un libro necesario: era necesario que alguien lo escribiera –y no podría recomendar mejores colaboradores–, y también era necesario que alguna editorial se lanzara a publicarlo en castellano. Es un libro que nos enseña que los mitos históricos acerca de la ciencia –porque el primer paso es admitir que esos mitos existen y están muy arraigados– dificultan la alfabetización científica y presentan una imagen distorsionada de cómo se ha hecho –y como se hace también hoy– la ciencia.

Entendiendo por mitos en este texto aquellas afirmaciones que son falsas, vemos que no sólo han adquirido una gran difusión, sino que pese a haber sido refutados en muchas ocasiones, mantienen todavía su poder porque la falsificación de los hechos es muy duradera. Pero un mito no es simplemente una completa invención de un suceso.

Las historias tradicionales acerca de determinados acontecimientos relacionados con la ciencia a menudo ocultan otros componentes muy importantes de esos logros científicos, como la contribución de colegas o ayudantes del descubridor, o la posibilidad de que la suerte haya desempeñado un papel muy relevante en el descubrimiento. Las historias que se centran en un componente concreto de un logro científico pueden llegar a pasar por alto otros componentes que son igualmente importantes.

Esto puede llevar a una serie de estereotipos sobre cómo se producen los avances científicos. Algunos de estos estereotipos se exponen en los últimos capítulos del libro, que se centran en cómo se practica la ciencia y en el tipo de conocimientos que produce. Los primeros capítulos, en cambio, exploran algunos tópicos acerca de la ciencia y algunas falsas representaciones relativas a los métodos empleados y a los logros realizados por algunos de los más famosos científicos.

Por ejemplo, entre estos últimos podemos destacar el mito relativo a que no hubo actividad científica desde la antigüedad griega a la revolución científica (aquí Carl Sagan jugó un negativo papel al defender el mito en su, por otra parte, memorable libro «Cosmos»); que antes de Colón, los geógrafos y otros personajes cultos de la época creían que la Tierra era plana; o que las explicaciones acerca de la evolución biológica de ofrecieron Darwin y Wallace eran prácticamente idénticas.

Estudiantes, educadores y el público en general necesitan no solo adquirir el conocimiento de estas cuestiones científicas, sino también entender lo que se conoce como «la naturaleza de la ciencia», es decir, cómo se practica la ciencia, qué tipo de cuestiones se plantean los científicos y qué tipo de conocimientos producen. En definitiva, podríamos resumir esta aspiración diciendo que ciudadanos más y mejor informados son capaces de tomar decisiones razonables.

Se trata de un libro tremendamente interesante. Tras su lectura obtenemos no sólo un mejor conocimiento de algunos de los momentos más importantes de la historia de la ciencia –y de sus protagonistas–, sino que se convierte en una herramienta muy útil para cualquiera que quiera profundizar en ellos y obtener una comprensión global de los mismos desde diferentes perspectivas.

El libro se divide en cuatro partes. Como hemos apuntado, la primera se dedica a analizar los mitos relativos a los precursores de la ciencia moderna durante la Edad Media y Moderna; la segunda parte se centra en el siglo XIX, y la tercera en el siglo XX. Por último, la cuarta parte aborda cuestiones generales relacionadas con «la naturaleza de la ciencia». En general, el libro trata de refutar los mitos clásicos acerca de sucesos históricos, los relativos a cómo se practica la ciencia y también aquellos que implican a los propios científicos.

Sucede muy a menudo –más de lo que cualquier divulgador científico serio quisiera admitir– que a fuerza de tomar determinados datos de un mismo tipo de fuentes, repetimos sin contrastar historias acerca de cómo nacieron algunas teorías, de cómo funciona el método científico o cómo se produjo realmente ese hecho que removió los cimientos de la ciencia en su época. Este libro nos recuerda que debemos ser cuidadosos a la hora de acercarnos al pasado, que hemos de evitar caer de forma perezosa en manidos clichés y que, para evitarlo, debemos recurrir a distintas fuentes para contrastar toda la información que creemos saber.

Libros como el presente nos ayudan no solo a situar en su debido contexto histórico algunos de los momentos más trascendentales de la historia del pensamiento humano, sino que nos hacen pensar en qué es realmente la ciencia, cómo desarrollan su trabajo diariamente miles de científicos y a entender que ellos, como nosotros, tenemos limitaciones –en el sentido de sesgos– que debemos saber que existen para poder contrarrestarlos.

Más de treinta páginas de notas al final del texto nos guiarán si queremos profundizar en cualquiera de los temas tratados; y junto a ellas, contamos con un completo índice onomástico y por materias que facilitará la labor de localizar cualquier pasaje que estemos buscando.

En definitiva, se trata de un libro muy recomendable y que vamos a consultar a menudo, así que debe estar en la biblioteca de toda persona interesada en el desarrollo del conocimiento que hemos acumulado sobre la naturaleza.

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Reseña: Vamos a comprar mentiras

Reseña: Vamos a comprar mentiras

Ficha Técnica

Título: Vamos a comprar mentiras
Autor: José Manuel López Nicolás
Edita: Editorial Cálamo, 2016
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Número de páginas: 361 p.
ISBN: 978-8496932951

 

Este libro no pretende decirle al lector lo que debe comprar o no. Nada más lejos de su objetivo. Lo que se persigue es contar al consumidor lo que dice la ciencia sobre la efectividad de famosos productos para que, con toda la información en la mano, pueda decidir qué opción elegir entre las muchas que ofrece el mercado. En este libro no solo se pone de manifiesto la verdad que esconden famosos productos alimentarios y cosméticos pertenecientes a las principales multinacionales, sino que ofrece propuestas de mejora, iniciativas que deben aplicar diferentes colectivos públicos y privados, para que el ciudadano, cuando vaya a los puntos de venta y centros comerciales, pueda estar seguro de que no le engañan.

RESEÑA

El libro que vamos a reseñar debería estar en todos los hogares españoles. Esta afirmación puede parecer un tanto exagerada, pero lo digo completamente en serio (también lo dije cuando hablé del volumen «Las vacunas funcionan» que ya hemos reseñado en este blog).

Vivimos en una sociedad donde, a pesar de la aparente libertad con la que tomamos nuestras decisiones, nos vemos continuamente condicionados por los medios de comunicación, las empresas de alimentación, los consejos de quienes nos rodean etc. Una actividad en principio tan sencilla como ir al supermercado o a una farmacia a comprar alimentos o medicamentos, se convierte en una auténtica actividad de riesgo si decidimos adquirir determinados productos por hacer caso a algunos consejos o anuncios publicitarios.

Con su libro, José Manuel López Nicolás (a quien podéis leer en su blog Scientia y en Twitter) nos abre los ojos para que nos demos cuenta de que, desde hace mucho tiempo, tanto las industrias alimentarias y como las de productos cosméticos –que en muchas ocasiones son idénticas– nos han estado mintiendo descaradamente con el único objetivo de enriquecerse. Pero el problema se ha visto agravado considerablemente porque estas empresas han decidido utilizar la ciencia como mecanismo para lograr una apariencia de seriedad y otorgar mayor credibilidad a sus productos.

Estamos por tanto frente a un libro que «quiere denunciar en voz alta los abusos que está sufriendo el ciudadano y que no solo tienen repercusión en su bolsillo, sino también en la salud».

Se trata de una batalla contra la manipulación, la mentira y las malas prácticas profesionales, pero como el autor se esfuerza en remarcar, no pretende decirnos lo que debemos comprar ni tampoco busca desprestigiar ningún producto, marca ni empresa. Lo que hace es confrontar los pretendidos beneficios y la supuesta efectividad de determinados productos con los hechos que han sido demostrados por la ciencia. En definitiva, pone a nuestro alcance toda la información veraz relativa a esos productos para que podamos decidir –ahora sí, sin manipulaciones– qué opción elegir.

En varias ocasiones he destacado la pasión, honestidad y el coraje con el que Jose realiza su labor como divulgador científico. Y es que hay que tener mucho coraje para poner nombres y apellidos a muchos productos que forman parte de nuestro día a día, de marcas comerciales muy conocidas, de superficies comerciales a las que acudimos con frecuencia, de grandes multinacionales, de científicos, de medios de comunicación, de asociaciones profesionales… Digo coraje –y casi con seguridad un buen asesoramiento legal– porque analiza las «técnicas de venta» de productos y marcas tan famosas como Actimel, Flora, L´Oréal, Red Bull, De Memory, la participación del CSIC en el apoyo a productos como el Revidox, la «labor» de la Fundación del Corazón en la recomendación de determinados suplementos alimenticios y un largo etcétera. Les aseguro que ninguno de ellos sale bien parado. Aunque, en un alarde de la honestidad que le caracteriza, también reconoce la labor de aquellas empresas que hacen bien su trabajo y que cumplen lo que prometen en su publicidad.

El libro también hace pedagogía. Porque no olvidemos que si las empresas manipulan y tergiversan los hechos, falsean los pretendidos beneficios de sus productos etc. es porque determinados productos tienen un amplio público interesado. En este sentido, conoceremos las respuestas a una serie de preguntas relacionadas con la seguridad de los alimentos y cosméticos: ¿Es cierto que si se eliminan determinados compuestos químicos de la composición de estos productos aumenta su seguridad?, ¿Hay alguna relación entre determinados aditivos y el cáncer? Aprenderemos sobre alertas alimentarias y comprenderemos, con datos científicamente contrastados, que todos los productos que llegan al mercado han superado estrictos controles de seguridad.

Y también conoceremos alternativas a infinidad de nuevos productos sin sentido alguno que están alcanzado altas cotas de mercado, alternativas al mismo tiempo más económicas y más saludables.

Por último, el libro ofrece una serie de ideas para mejorar la situación, iniciativas, y acciones que es necesario poner en marcha de forma urgente para que cuando vayamos a comprar, podamos estar seguros de que no nos están engañando.

Como recoge el Libro blanco de la nutrición en España:

«Los errores, mitos y fraudes en materia nutricional son motivo de preocupación para las autoridades sanitarias, colectivos profesionales y comunidad científica. La proliferación de mensajes no basados en el conocimiento científico compromete el adecuado aporte de nutrientes y favorece la aparición de situaciones de malnutrición, como consecuencia de dar continuidad a pautas equivocadas, que alteran las condiciones de dietas equilibradas, poniendo en peligro el estado nutricional».

El objetivo último de esta obra es inculcar en el consumidor un espíritu crítico hacia muchas de las propiedades publicitadas en los alimentos y cosméticos. Hablemos claro: nosotros tenemos que poner de nuestra parte, hacer un juicio crítico de lo que nos cuentan y no creernos todo lo que nos quieran vender. Y aunque el peso no debería en el consumidor, es preciso el esfuerzo «porque la legislación que está detrás de que el fabricante tenga la obligación de ofrecer información veraz sobre su producto falla estrepitosamente».

En definitiva, háganme caso y compren este libro porque me lo agradecerán (y más aún a su autor).

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El «Grand Tour»: viajar para conocer mundo, viajar para conocerse a uno mismo.

El «Grand Tour»: viajar para conocer mundo, viajar para conocerse a uno mismo.

     Última actualizacón: 6 abril 2019 a las 15:52

Permitidme que os lleve a recorrer los viejos caminos de una época pasada. Que hagamos un viaje a través de una Europa convulsa de guerras y luchas que alumbran cambios sociales, económicos, políticos y culturales de primera magnitud. Os propongo que retrocedamos hasta los siglos XVIII y XIX para conocer el Grand Tour: el viaje que los jóvenes de clase acomodada (sobre todo británicos), emprendían para completar su educación una vez alcanzados los 17 o 18 años de edad.

Durante meses, incluso años, recorrían diferentes países de la Europa continental como un medio de prepararse para la vida adulta, para ampliar su visión del mundo y, cómo no, para prepararse para las altas tareas de gobierno que algunos de ellos estaban llamados a ejercer. Esta práctica alcanzó su apogeo en la década de 1770 y fue rápidamente imitada en otros países europeos y algunas partes de América.

Estamos ante todo frente a un viaje de iniciación y, también hay que decirlo, de esparcimiento. Pretendía servir de complemento a la educación más formal que estos jóvenes aristócratas recibían en sus lugares de origen. Otros factores influían, como la preferencia tradicional de los escoceses por las universidades holandesas, y el deseo de los católicos británicos de educar a sus hijos en el extranjero.

Los jóvenes iban acompañados de un pequeño grupo de sirvientes con un tutor a la cabeza. Éste se encargaba de organizar el tour hasta en los más pequeños detalles (tanto como lo permitían las cambiantes circunstancias de los países de tránsito y de destino): fijaba la fecha de salida, las ciudades a visitar, con quién entrevistarse (para ello se enviaban con antelación cartas de presentación), las actividades a realizar, los medios de transporte a contratar (si es que no se contaba con medios propios), los lugares donde alojarse (habitualmente casas de familiares, amigos o amigos de amigos) y, por último, la fecha de regreso.

NEXT DOOR

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El creacionismo en Europa

El creacionismo en Europa

     Última actualizacón: 20 marzo 2018 a las 10:43

Cuando leemos algún artículo o noticia que habla del creacionismo, es decir, la doctrina religiosa que sostiene que tanto el Universo, como la Tierra y los seres vivos que en ella habitamos debemos nuestra existencia a un acto divino 1, pensamos en grupos de fundamentalistas cristianos radicados en Norteamérica que difunden sus ideas, panfletos y libros únicamente dentro de sus fronteras (al menos de forma perceptible). Sin ir más lejos, en estas páginas hemos publicado recientemente dos anotaciones, una acerca de la importancia de enseñar la evolución humana (que aborda fundamentalmente la situación en las escuelas norteamericanas); y otra relativa al problema que supone la pseudociencia y cómo día a día ­­–y poco a poco– ésta va ganando terreno al pensamiento crítico y la ciencia.

encuesta-gallup

Resultados de una encuesta realizada por GALLUP donde, durante los últimos años, preguntan acerca de la evolución del hombre. Un 73% de los estadounidenses encuestados en 2013 sostienen que Dios ha tenido algo que ver en la evolución del hombre.

Si bien podemos situar el origen del creacionismo como movimiento organizado en EE.UU. alrededor de la década de los años veinte del siglo pasado (aunque ya en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX había quienes sostenían estos planteamientos de una u otra forma), en las últimas décadas se ha convertido en una tendencia global, y estas ideas se han introducido con fuerza tanto en Europa como en otros continentes.

El vuelco en la situación previa de «confinamiento» se produjo a mediados de los años noventa del siglo pasado. En esa época asistimos a un cambio de liderazgo en el movimiento creacionista estadounidense con el ascenso de la figura de Kenneth A. Ham, de Answers in Genesis (Respuestas en el Génesis –AiG por sus siglas en inglés–), radicado en el Estado de Kentucky 2. En menos de una década, Ham y los miembros de su grupo habían conseguido crear una red de filiales internacionales a través de las cuales distribuían sus libros y panfletos en decenas de idiomas (desde el afrikáans, el rumano o el ruso, pasando por el coreano, el castellano, el francés y un largo etcétera). También lograron algo que quizás sea más sorprendente y es que el creacionismo –y el diseño inteligente– se expandiera desde el protestantismo al resto de religiones monoteístas: catolicismo, judaísmo e islamismo.

El panorama europeo

Las distintas encuestas realizadas en Europa muestran que estamos entre los niveles más altos en la aceptación de la teoría de la evolución (junto a China y Japón). Sin embargo, los creacionistas no han permanecido ociosos y se esfuerzan por incrementar «sus cifras», que no son nada halagüeñas para los defensores del pensamiento racional: uno de cada cinco europeos rechaza la evolución humana 3; y en Turquía, más del 50% de la población rechaza la evolución 4. De hecho, el caso más llamativo quizás tenga que ver con el incremento generalizado del creacionismo a medida que avanzamos hacia el Este, hacia los países que conformaron el bloque comunista –algo paradójico si recordamos que esos países eran oficialmente ateos.

Resultados de la encuesta del Eurobarómetro del año 2005.

Resultados de la encuesta del Eurobarómetro del año 2005. La pregunta es si los seres humanos, tal y como los conocemos hoy, se han desarrollado a partir de especies animales anteriores.

A pesar de que durante años los creacionistas han aumentado su presencia en Europa, y que de forma paralela han incrementado gradualmente su influencia en las escuelas y las comunidades locales, hemos de reseñar que durante mucho tiempo se mantuvieron «bajo el radar», manteniendo en sus actividades un perfil bajo.

Sin embargo, la situación cambió de forma brusca en 2007 cuando el creacionismo se convirtió en un tema de debate público y político. Ese año, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa adoptó el texto de la resolución 1580 sobre «Los peligros del creacionismo en la educación» 5. Esta resolución trataba de lanzar una advertencia contra el incremento de la presencia del movimiento creacionista en la sociedad, y la potencial amenaza que suponía para el sistema educativo, llegando a calificar la enseñanza de su doctrina como «una amenaza a los derechos humanos». El Consejo advirtió del «riesgo real de que se introduzca una confusión grave en las mentes de nuestros hijos entre lo que tiene que ver con las convicciones, creencias e ideales de todo tipo, y lo que tiene que ver con la ciencia». El objetivo de esta resolución era claro: impedir que se presentasen las teorías creacionistas como una disciplina científica ya que se basaban en «afirmaciones puramente dogmáticas» y en la «utilización deformada de citas científicas».

Al mismo tiempo, el texto expresaba su preocupación por la influencia negativa del creacionismo en el progreso de la investigación médica en la lucha contra infecciones como el sida, así como en materias como la biodiversidad y el cambio climático.

En definitiva, la resolución pedía a los Estados de esta organización paneuropea que defendieran la promoción del conocimiento científico, que lo hicieran «más comprensivo y atractivo», y que se opusieran a la enseñanza del creacionismo en las escuelas como disciplina científica.

La resolución fue aprobada por 48 votos a favor, 25 en contra y 3 abstenciones.

Las críticas no se hicieron esperar. Vsevolod Chaplin, jefe adjunto del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores de la Iglesia ortodoxa rusa criticó el texto afirmando que «esos pocos fósiles que han presentado los antropólogos como ejemplos de formas de transición entre simios y humanos podrían explicarse como mutaciones al azar. Nosotros no decimos que hemos encontrado una nueva especie cuando encontramos un pez con dos cabezas».

Críticas de este tipo eran más que previsibles y poco relevantes, pero lo verdaderamente importante era que la resolución adoptada por el Consejo no tenía mayor fuerza que la de ser una mera recomendación.

El Consejo de Europa «es una organización internacional de ámbito regional destinada a promover, mediante la cooperación de los estados de Europa, la configuración de un espacio político y jurídico común en el continente, sustentado sobre los valores de la democracia, los derechos humanos y el Imperio de la ley». Lo que traducido al lenguaje común significa que el poder tanto del Consejo como de la Asamblea –compuestos por políticos– se extiende únicamente a la posibilidad de investigar, hacer recomendaciones y aconsejar.

De ahí que en la práctica no todos los centros educativos europeos sigan las recomendaciones del Consejo. Y aunque el creacionismo y el diseño inteligente no forman parte oficial del currículo básico de enseñanza en los estados miembros, varios políticos europeos, entre ellos ministros de educación, han apoyado la introducción de estas ideas sin base científica en las clases de biología. Otras veces son los propios profesores quienes las introducen en sus clases. Si a esto añadimos que muchos países mantienen la educación religiosa como una opción en las escuelas públicas, éstas y los centros puramente religiosos sí pueden incorporar el creacionismo y el diseño inteligente entre las enseñanzas que reciben sus alumnos 6.

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A pesar de todo, cuando el creacionismo ha encontrado la forma de introducirse en el sistema educativo, los científicos europeos no se han limitado a rechazarlo en los medios de comunicación, sino que se han organizado y buscado apoyos para emprender acciones en contra. Por ejemplo, en 2004, Ljiljana Colic, ministra serbia de educación, ordenó la retirada de la teoría de la evolución del programa educativo con el argumento de que esa teoría debía tomar al hombre como una creación divina. Esta postura recibió críticas casi de inmediato y la Academia Serbia de Ciencias impulsó una campaña contra dicha posibilidad, apoyada por cuarenta organizaciones diferentes, que finalmente la obligaron a dimitir.

Como contrapunto, en 2009, año en el que coincidía el 150 aniversario de la publicación de «El origen de las especies» y el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin 7, se celebraron por toda Europa actos conmemorativos. En algunos países los creacionistas gozaron de mayores presupuestos para desarrollar actividades contra la teoría evolución del que disponían las instituciones científicas para promover el conocimiento acerca de la misma. Muchas de las campañas que llevaron a cabo los creacionistas estaban bien producidas, captaron la atención del público y tuvieron un gran impacto.

Ya hemos señalado que creacionistas europeos han establecido redes transfronterizas, pero además vienen organizado «congresos» desde 1984. Estas reuniones son controladas fundamentalmente por los creacionistas protestantes del noroeste de Europa, y sirven de escaparate para sus correligionarios estadounidenses que ofrecen ponencias y, al mismo tiempo, logran difusión para sus textos. Todo ello con el objetivo declarado de influir en las políticas educativas e introducir alternativas a la teoría de la evolución en las clases de biología.

Sin embargo, el creacionismo en Europa no conforma todavía una comunidad unida y varía mucho de un país a otro: encontramos países donde sirve de identidad a pequeñas comunidades religiosas locales (sería el caso de los países escandinavos); mientras que en otros lugares está ligado a subculturas bien organizadas, como sucede en los Países Bajos. También tenemos el caso donde creacionismo subsiste en las élites religiosas que poseen un considerable poder político (Rusia es el ejemplo paradigmático). De cualquier forma, y con la excepción de Turquía, la teoría de la evolución es mucho más aceptada en Europa que en Estados Unidos (aunque demasiadas noticias y demasiadas encuestas muestran un cambio en la opinión pública).

Conclusiones

Debemos seguir varias estrategias para revertir esta tendencia.

El biólogo John A. Moore pronunció un discurso en la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia de 1979 donde abordó el tema del creacionismo. Moore señaló que si aceptamos la premisa de que los creacionistas se enfrentan a nosotros como si se tratara de un problema político y no científico, entonces debemos aceptar que los argumentos científicos por sí solos no van a resolver el problema.

Hoy en día no es suficiente recitar todas las pruebas y argumentos en apoyo de la teoría evolutiva. En lugar de ello, los científicos, profesores, divulgadores y demás actores involucrados en la difusión de la ciencia tienen que actuar en todas las plataformas y en todos los medios donde los creacionistas están activos. Esto incluye dar conferencias públicas, escribir artículos de opinión en los periódicos, hablar de estos temas en programas de televisión y radio, y desarrollar y mantener páginas web donde se explique la evolución.

También debemos actuar a nivel educativo. En el Reino Unido, por ejemplo, los estudiantes no comienzan el estudio de la evolución hasta los 14 o 16 años. Además, en la mayoría de los casos, cuando se introduce en las clases de biología se hace de forma marginal, como si fuera un tema aislado (es como intentar enseñar química dejando la teoría atómica fuera del temario).

Es necesario introducir los conceptos básicos de la teoría evolutiva en edades más tempranas, y mantenerlos como piezas centrales del currículo en biología para poder desarrollarlos progresivamente. Fomentar al mismo tiempo el pensamiento crítico ayudaría a que las evidencias científicas calaran en la mente de los estudiantes, minimizando la posibilidad de que acepten sin más ideas que carecen de apoyo científico. Cuando alguien se forma una idea equivocada acerca de un tema científico, es verdaderamente difícil hacerle cambiar de opinión.

Por último, los medios de comunicación no pueden hacer una «cobertura equilibrada», como si hubiera un enfrentamiento entre dos posturas contrapuestas que gozan de los mismos niveles de validez. Los periodistas deben conocer los métodos que emplean los creacionistas para dar la falsa sensación de que su ideas son tan válidas como las teorías científicas aceptadas ya que así dan pie a exigir una dedicación paritaria de ambas posturas en las escuelas.

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Notas

  1. Es decir, que implica una interpretación literal del libro del Génesis contenido en la Biblia, que sitúa el origen del Universo hace unos 10.000 años aproximadamente y supone, entre otras barbaridades, que los seres humanos literalmente cabalgamos sobre dinosaurios.
  2. Aunque Ham ya había hecho de las suyas en Australia.
  3. Teniendo en cuenta que en 2016 Europa alcanzó la cifra de más de 510 millones de habitantes, esto significa que más de 100 millones de personas creen que un dios nos creó tal y como somos ahora.
  4. Este porcentaje supone alrededor de 39 millones de personas.
  5. Resolución emanada del informe (Doc. 11375) del Comité de Cultura, Ciencia y Educación de dicho organismo.
  6. De hecho, a nivel local, colegios públicos y religiosos han complementado los planes de estudio fijados a nivel nacional con libros de texto creacionistas.
  7. Las celebraciones se englobaron bajo el «año Charles Darwin».
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