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¿Por qué la pseudociencia es peligrosa para nuestros estudiantes?

¿Por qué la pseudociencia es peligrosa para nuestros estudiantes?

     Última actualizacón: 21 septiembre 2017 a las 12:39

Es posible que haya visto en las noticias del mes pasado el Arca de Noé de «tamaño natural» que ha construido Ken Ham en Kentucky, del grupo religioso cristiano “Respuestas en el Génesis” (AiG [por sus siglas en inglés], que creen que la tierra se hizo hace 6.000 años, exactamente como se indica en la Biblia). Ham y su grupo no aceptan la evolución, piensan que los seres humanos y los dinosaurios vagaban juntos felizmente por la tierra y que hubo una inundación catastrófica, nada de lo cual tiene base científica o pruebas que lo respalden. Siempre habrá grupos con sus propias ideas y cada uno es libre de creer lo que quiera. El peligro de este Arca es que con la publicidad que está recibiendo y los muchos turistas que van a visitarla, significa que tienen un público más amplio donde difundir sus ideas que presentan como hechos y ciencia real, en lugar de una opinión y una pseudociencia que es lo que son realmente.

Los científicos y la mayoría de la gente sabe que la tierra tiene una antigüedad de 4.500 millones de años, que los dinosaurios vivieron hace 65 millones de años y que se extinguieron antes de que los humanos ni siquiera estuvieran cerca de aparecer en escena. Pero AiG presenta la historia de una manera sesgada y falsa, y está arruinando el duro trabajo que los científicos y los educadores han hecho para enseñar a los estudiantes la historia real de nuestra Tierra. Como expliqué en una anotación acerca de la importancia de la enseñanza de la evolución humana en el blog del Centro Nacional para la Educación Científica [que he también traducido aquí] es fundamental que entendamos nuestro lugar en este mundo y la fragilidad de nuestra especie a la hora de afrontar el cambio climático de forma que estemos motivados para hacer todo lo posible para frenar sus efectos. Proponer la idea de que cuando las cosas vayan mal Dios enviará una inundación o que hará entrar en éxtasis a las personas temerosas de Dios y así todo será mejor, no contribuye a lograr que la gente actúe para salvar nuestro hogar.

Al parecer, todos los dinosaurios eran pacíficos herbívoros según AiG

Al parecer, todos los dinosaurios eran pacíficos herbívoros según AiG

La ciencia se basa en hechos obtenidos a partir de pruebas y experimentación, y en conclusiones obtenidas de los resultados de esos experimentos y descubrimientos que se pueden comprobar y reproducir. Las teorías se forman a partir de un conjunto de hechos. AiG ha utilizado mucha imaginación en la creación del Arca ya que la historia del arca de Noé en la Biblia consta sólo 98 versículos y omite una gran cantidad de detalles. AiG hace todo lo posible por parecer seria y científica contratando científicos en su plantilla, pero éstos creen en esa rama del cristianismo, y uno de ellos, Nathaniel Jeanson, incluso dijo que «la ciencia no es la mejor herramienta para encontrar la verdad absoluta».

El Arca recibió fondos estatales y Ham anunció que los estudiantes que fueran de excursión con sus colegios podían visitarlo pagando 1 $ y sus profesores de forma gratuita. Podría ser el incentivo necesario para que un colegio con falta de fondos haga una excursión, pero sería extremadamente perjudicial para los estudiantes que están aprendiendo evolución, biología e historia. El Arca está configurada como si se tratase de un museo y rezuma ese aire de autoridad y sería difícil que una persona joven no quedara atrapada en las mentiras que venden. Por este motivo la pseudociencia es tan peligrosa y perjudicial para la educación; tratando de parecerse a otros, a museos educativos y de historia natural acreditados, el Arca parece auténtico pero no lo es. Es manipulador usar a niños a quienes les encantan los dinosaurios, los animales y las grandes atracciones estilo Disney para conseguir que se crean sus ideas.

El desarrollo intelectual y el conocimiento de nuestros hijos es demasiado importante como para mancharlos con cosas como el Arca de Ham. Este es sólo un ejemplo de cómo la pseudociencia puede ser subversiva y manipuladora. Otro ejemplo son los escépticos del cambio climático. Es esencial equipar a nuestros hijos con las habilidades del pensamiento crítico para que no sean manipulados por la pseudociencia y sean capaces de hacer juicios por sí mismos acerca de lo que tiene sentido y lo que no. Por eso la ciencia y la STEM son tan importantes para la educación de un niño. Dándoles las herramientas que necesitan para sopesar las pruebas y las ideas que se les enseñan pueden llegar por sí mismos a las conclusiones acertadas.

Traducción de la anotación Why pseudoscience is dangerous to our students escrita por Lauren Saville.

Gracias a la autora por autorizar la traducción del texto.

Publicado por José Luis Moreno en HETERODOXIA, 2 comentarios
Tyson frente a Gabilondo

Tyson frente a Gabilondo

     Última actualizacón: 21 septiembre 2017 a las 10:46

Hoy os dejo con una anotación breve aunque intensa si aceptáis dedicar unos minutos a ver, oír, escuchar, sentir y absorber la entrevista que Iñaki Gabilondo tuvo la fortuna de hacerle a Neil deGrasse Tyson. Creo que el personaje no necesita presentación ya que desde que se reeditó la serie Cosmos, es uno de los rostros más reconocidos del planeta. Pero lo que es más importante, bajo mi punto de vista, es que se trata de una persona con una capacidad ilimitada de comunicar: tan pronto lo ves hablar, gesticular y sonreír mientras te aclara conceptos complejos de astrofísica o de biología, quedas inmediatamente atrapado.

La entrevista está dividida en dos partes. Os dejo mis impresiones y lo que destacaría de cada una de ellas. Me gustaría conocer tu opinión.

Hoy, en ‘Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años’, Gabilondo se reunirá con Neil deGrasse Tyson, uno de los divulgadores más prestigiosos y mediáticos del momento y director del Planetario Hayden en el Centro Rose para la Tierra y el Espacio. Neil De Grasse Tyson, conocido por ser el narrador de la exitosa serie Cosmos, nos recuerda que somos polvo de estrellas; y nos alerta sobre la falta de apoyo a la ciencia. De su instituto de secundaria del Bronx han salido el mismo número de Premios Nobel que de España.

PRIMERA PARTE

He de reconocer que desconocía una de los principales objetivos de las misiones a Marte: aprender cómo muere un planeta. Es lo que se llama «planetología comparada». Sabemos que en Marte existió agua líquida en la superficie, que tiene estaciones similares a las de la Tierra, un comportamiento geológico parecido etc. Entonces, ¿podría la Tierra convertirse en Marte algún día? Esta pregunta es muy relevante ya que quizás aún estemos a tiempo de revertir el cambio climático que podría convertir la Tierra en un lugar como el planeta rojo. Para lograrlo, saber qué le pasó a Marte es un inmejorable punto de partida.

Otro tema que ha aparecido bastante en la entrevista es el tema de la inversión en ciencia. Me ha encantado la frase «curiosidad a precio asequible», en el sentido de que se pueden hacer muchas cosas cuando te mueves por debajo del «radar presupuestario», es decir, cuando los científicos no piden una cantidad de dinero tan grande que haga que a los políticos le suden hasta las orejas. Por ejemplo, la misión del telescopio Hubble es relativamente barata (2.000 millones de euros), que es lo que vienen a costar 150 km de línea de alta velocidad en España. Por lo tanto, si se puede tanto con relativamente tan poco, la pregunta es ¿porqué no se hace?

Por último, de esta primera parte destacaría la cuestión de la vida eterna. Se dice que la ciencia será capaz de hacernos inmortales, pero Tyson plantea una cuestión importante: ¿quién quiere vivir para siempre? Para rechazar esta posibilidad, nos cuenta que conocer la finitud de nuestra vida es una motivación, una motivación para conseguir cosas en la vida. Si supiéramos que no vamos a morir, nos pasaríamos el día tirados en la cama.

SEGUNDA PARTE

Como no podía ser de otro modo, en la entrevista surgió el tema de la posible existencia de vida extraterrestre. Tyson sostiene que debemos tener cuidado con lo que deseamos. Si buscamos vida inteligente en el espacio, quizás la encontremos y sean más inteligentes que nosotros. «Quizás nosotros seamos los hámsters en una jaula llamada Tierra».

Tampoco podía faltar la alusión a Carl Sagan y una de sus frases más memorables: somos polvo de estrellas. Y es que saber que todo lo que vemos a nuestro alrededor está formado por los mismos constituyentes esenciales, y que al final todos venimos de las estrellas, supone una lección de humildad y, al mismo tiempo, un asombro maravilloso que a poco que tengamos sangre en las venas nos debe llevar a reflexionar sobre la importancia de comprender cómo funciona el universo.

Para finalizar me quedaría con una reflexión interesante: el objetivo de la divulgación científica es formar una generación de personas y, por ende, de los políticos que nos gobernarán en el futuro, a quienes no haya que explicarles qué es la ciencia o cuán importante es la inversión en ciencia. Ellos mismos lo asumirán como un tema propio, y sabrán qué es lo que hay que hacer.

PS. No me ha gustado nada la actitud de Iñaki Gabilondo. Menos mal que Tyson capta todo el interés así que más valdría dejarlo hablar y hablar de todo lo que se le ocurra…

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Reseña: The Art of Transforming Science

Reseña: The Art of Transforming Science

     Última actualizacón: 23 mayo 2019 a las 16:49

Ficha Técnica

Título: The Art of Transforming Science
Autor: José María Gil-Vernet Sedó
Edita: Next Door Publishers, Pamplona, 2015
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 168
ISBN: 978-8494443503
Precio: 54,50 €

Obra que incluye más de 100 dibujos de anatomía urológica, realizados entre los años 1940 y 1970 por dibujantes profesionales y estudiantes bajo la supervisión del Dr. Salvador Gil Vernet, uno de los científicos más relevantes en investigación urológica. El contenido de la obra nos conduce, en primer lugar, a través de la vida y labor científica de Salvador Gil Vernet para terminar mostrando la «Colección Salvador Gil Vernet de Dibujos Urológicos». Su autor, José María Gil-Vernet Sedó, ha conseguido darle a la Colección un asombroso sentido narrativo permitiéndole elaborar el contexto adecuado en el que situar al maestro Salvador Gil Vernet.

RESEÑA

Cuando me preguntaron en la editorial qué me parecía el libro que acababan de publicar les contesté que era una auténtica joya que hay que ver y tocar, así de sencillo. Para el que no lo haya hecho aún, creo que no hay mejor forma de apreciar el inmenso esfuerzo de sacar adelante esta edición que ponerse delante y cogerlo entre las manos. Una vez que abres la portada quedas cautivo.

Es cierto que estamos ante una obra diferente, un libro que, en palabras de su editor Oihan Iturbide, nos permite entender el tipo de pasión que lleva a un científico a consagrar su vida a la investigación. Porque el trabajo de Salvador Gil Vernet no se limitó al de un médico preocupado por curar a sus pacientes —algo que podríamos dar por sentado en alguien que ejerce esta profesión— sino que llegó a ser un cirujano de prestigio internacional y un anatomista de no menor talla. La combinación de estas tres vertientes lo convirtió en una persona única, a quien el Dr. Ian Thompson (que prologa el texto) compara con Leonardo da Vinci.

Y es una comparación completamente acertada. Gracias a su doble interés por la urología y la anatomía, el Dr. Gil Vernet se dio cuenta de que su experiencia cuando cogía un bisturí, lo que podía ver cada vez que entraba en un quirófano, contradecía los tratados médicos de la época. Y una de sus metas fue solucionar este problema, lográndolo a través de sus magníficos dibujos.

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No me voy a extender más en comentar el contenido del libro porque es algo que cada cual debe saborear, pero me gustaría que leyeran una anotación en el blog de la editorial que explica —mejor que yo sin duda— lo que ha supuesto la obra de tan insigne maestro: Arte en la Urología. Un viaje a la obra de Salvador Gil Vernet.

Lo que sí voy a hacer es contarles un viaje personal que estoy a punto de comenzar.

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Desde que era pequeño he sentido una especial fascinación por el cielo nocturno. Solía coger prestado el pequeño telescopio de mi padre para ver las estrellas y, una noche, lejos de la contaminación lumínica de la ciudad y gracias a una noche sin nubes, conseguí ver los anillos de Saturno. Para mí fue una experiencia casi mágica.

De igual forma, no menor ha sido mi curiosidad por estudiar el mundo microscópico. He leído muchos artículos y libros que relataban los logros de Anton van Leeuwenhoek, y sus esfuerzos por mejorar la calidad de los primeros microscopios. Pues bien, hace más de un año que me ronda la idea de hacerme con un microscopio y ver por mí mismo lo que tantas veces he visto en imágenes. Y la lectura de este libro ha sido el espaldarazo definitivo que necesitaba.

Gracias a la inestimable ayuda y consejos de dos magníficas personas (Óscar Huertas e Ignacio López-Goñi) me he hecho con un buen microscopio y espero contarles por aquí mis experiencias en una nueva sección de este blog.

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En definitiva —que me estoy yendo un poco por las ramas— no puedo dejar de recomendarles que adquieran este estupendo volumen, que a buen seguro lo disfrutarán tanto o más que yo, y quien sabe, quizás esta perfecta unión entre ciencia y arte les despierte la curiosidad y decidan adentrarse más en las maravillas que la ciencia nos ofrece.

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Elegimos nuevo libro para las #TertuliasCiencia

Elegimos nuevo libro para las #TertuliasCiencia

     Última actualizacón: 15 septiembre 2017 a las 11:12

Hay algo que echo en falta y es que estamos a mediados de enero y todavía no ha comenzado la cuarta edición de las Tertulias literarias de ciencia. Pero todo tiene una explicación, y además, esa explicación está perfectamente justificada.

Si eres lector habitual de este blog sabrás que todos los años participo en estas tertulias donde unos cuantos locos amantes de la ciencia, la literatura y los libros, con muchas ganas de aprender y compartir experiencias, nos juntamos todas las semanas para resumir y comentar un capítulo de un libro de divulgación científica.

Pues bien, como decía, este año aún no hemos comenzado porque la organización ha decidido que el libro que leamos este año lo escojamos entre todos los amigos de estas tertulias después de votar las propuestas que se vayan planteando. Así que ahí van mis dos propuestas:

La cuchara menguante de Sam Kean

 

Y aquí explico mis motivos:

  1. Lo primero y más importante: es un libro sencillamente espectacular que te engancha desde la primera página.
  2. Aunque pueda parecer que su autor únicamente nos habla de química —Kean utiliza la tabla periódica de los elementos como hilo argumental— en realidad profundiza en materias como la física, geología, historia, biología, matemáticas, geografía, genética y un largo etcétera. Además, lo hace de forma que el discurso general nunca pierde sentido y te mantiene pegado a sus hojas.
  3. Se trata de una obra editada en inglés en 2010, por lo que actualmente se puede comprar en cualquier librería (ya sea nuevo o de segunda mano) así como en formatos digitales.
  4. El texto se divide en 19 capítulos con una extensión adecuada para que puedan resumirse semanalmente.

Como este libro también lo ha escogido José Antonio Bustelo, os ruego que sigáis este enlace para votar por él: El pintor de las sombras.

Y la segunda propuesta es:

Los engaños de la mente

de  Stephen L. Macknik y Susana Martínez-Conde

 

Es un libro que, como leí en un reseña, «habla con amenidad del funcionamiento de nuestro cerebro y de nuestro comportamiento y, de esa manera, nos permite aprender algo más de nosotros mismos». Dividido en capítulos asequibles para el formato de las tertulias y de fácil acceso, es otra buena opción.

Para esta propuesta te ruego que comentes qué te parece contestando la breve encuesta que dejo a continuación. Los votos serán utilizados para seleccionar el libro definitivo:

Estas propuestas participan en el Carnaval de Tertulias Literarias deCiencia 2016 alojado en el blog del proyecto Tertulias Ciencia.

Para terminar, te dejo con más información que seguro es de tu interés:

Resumen: Normas de participación en Carnaval de Tertulias Literarias de Ciencia 2016:

  1. Publicar en enero de 2016 tu propuesta de libro para Tertulias Ciencia (si no tienes blog lo puedes publicar en el blog del proyecto). Si no eres capaz de decidirte entre dos propuestas puedes publicar dos. Para publicar más de dos ponte en contacto con la Organización de Tertulias Ciencia.
  1. En el post debes de explicar por qué propones ese libro en base a su contenido, su formato y su disponibilidad; también podrías hablar de la conveniencia en base a su temática, su autor o su carácter de obra imprescindible.
  1. La entrada de tu blog debe de estar enlazada a esta entrada (por ejemplo: “esta propuesta participa en el Carnaval de Tertulias Literarias deCiencia 2016 alojado en el blog del proyecto Tertulias Ciencia”).
  1. Debes de avisar por twitter, usando el Hashtag #CarnavalTertuliasCiencia2016, que has publicado una propuesta de libro. Tu entrada entrará a formar parte del resumen de todas las propuestas presentadas que puedes consultar aquí
  1. Te haremos llegar el enlace a la ficha que valorará tu propuesta, los interesados en participar en Tertulias Ciencia deben de rellenar (también te mandaremos el código html por si quieres incrustarla). Ese enlace (o código) deberás introducirlo en tu post

Otras consideraciones

  1. Hasta el 7 de febrero los tertulianos podrán votar las diferentes propuestas. Tendrán más peso las opiniones de votantes activos (los que más propuestas han valorado), ya que se les supone más interesados en el proyecto Tertulias Ciencia. La privacidad de las puntuaciones emitidas está garantizada por la Organización. Además, los tertulianos también podrán dejar comentarios en cada propuesta presentada.
  1. Cuando se cierren las votaciones la Organización de Tertulias Ciencia hará la recopilación y el análisis. Informará de los resultados el fin de semana del 13-14 de febrero y presentará la planificación anual de los libros que se piensan leer en el 2016.
  1. El inicio de los resúmenes de “capítulos” del primer libro elegido será el fin de semana del 27-28 de febrero.

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Pseudoarqueología no, falsa arqueología (y II)

Pseudoarqueología no, falsa arqueología (y II)

     Última actualizacón: 23 enero 2017 a las 13:40

Esta anotación es la segunda y última parte de la versión escrita —y extendida— de la charla sobre ciencia, arqueología y pensamiento crítico que dí el pasado viernes dentro del segundo ciclo de charlas Hablando de Ciencia en Málaga.

(Puedes ver las diapositivas originales aquí)

Los constructores de montículos

Bajo el apelativo de cultura de los montículos o constructores de montículos (Mound builders en inglés) se engloban una serie de grupos étnicos, habitantes prehistóricos de América del Norte, que se caracterizaron por levantar enormes estructuras artificiales de tierra, con formas, tamaños y fines muy diversos (podemos destacar el uso ceremonial, residencial o de enterramiento). En ellos se han hallado gran cantidad de objetos ornamentales, herramientas y restos humanos.

Durante los siglos XVIII y XIX, al tiempo que se producía la expansión de la frontera de los Estados Unidos hacia la costa del océano Pacífico, los colonos se fueron topando con una cantidad cada vez mayor de estas estructuras, dando pie a numerosas teorías acerca de quienes habitaron esos lugares y cómo podían haber levantado esas impresionantes construcciones. Sin embargo, en algo se pusieron de acuerdo casi de inmediato: no podían ser obra de los nativos americanos —a pesar de que llevaban viviendo en aquellas tierras mucho tiempo antes de que ningún europeo soñara siquiera con llegar hasta allí—.

Una vez descartada la posibilidad de que los nativos americanos fueran capaces de levantar esas estructuras y mantener unos asentamientos tan grandes, surgió la cuestión de encontrar a los posibles responsables. Las propuestas fueron tan variadas como sorprendentes: Benjamin Smith Barton propuso que habían sido los vikingos; otros hablaron de los egipcios, israelitas, griegos, chinos, polinesios, fenicios o incluso los belgas. La lista se hace interminable y no mencionan los sumerios por desconocer siquiera su existencia. Por supuesto, en fechas más recientes, no han faltado quienes han atribuido estos trabajos a los mismísimos atlantes, los incas o los mayas.

Quien ha sido considerado como el primer arqueólogo de América, Thomas Jefferson, también se interesó por los constructores de montículos al encontrar varios vestigios de esa cultura en sus tierras de Virginia. Realizó cuidadosas excavaciones donde desenterró varios restos humanos aunque no obtuvo ninguna conclusión clara acerca de sus autores.

El interés por descifrar el misterio de la cultura de los montículos fue en aumento a medida que pasaba el tiempo sin obtener una respuesta concluyente. Así, el recientemente creado Instituto Smithsoniano destinó gran parte de sus fondos a tratar de resolver este enigma. Fruto de este esfuerzo fue la primera publicación de la institución: Ancients monuments of the Mississippi Valley.

Este trabajo, la primera investigación seria sobre el tema, fue realizado por Ephraim G. Squier (un ingeniero civil) y Edwin Davis (médico y arqueólogo). Los dos investigadores analizaron más de doscientos yacimientos, llevaron a cabo excavaciones en muchos de ellos y levantaron los primeros mapas detallados y dibujos de los artefactos que encontraron: cerámicas, adornos y herramientas de metal, objetos de hueso y piedra, esculturas etc. Se dedicaron a su tarea desechando todos los prejuicios y teorías existentes a pesar de lo cual mantuvieron que la calidad de las obras de arte halladas en los montículos estaba muy lejos de cualquier cosa producida por los nativos americanos. Concluyeron que había una conexión, más o menos profunda, entre los constructores de los montículos y las antiguas civilizaciones de México, América central y Perú. Por lo tanto, serían obra de un grupo diferente de los nativos americanos, y culturalmente superior.

A la labor del Instituto Smithsoniano se unió la Oficina de Etnología Americana que destinó la quinta parte de todo su presupuesto (5.000 $) a resolver el misterio. En 1882, el entomólogo Cyrus Thomas fue nombrado director de la División de exploración de montículos e inició el que sería el mayor y más extenso estudio sobre la cuestión. Su enfoque partió de la base de obtener la mayor cantidad de información posible antes de formular ninguna hipótesis acerca de la función de los montículos, su antigüedad, orígenes y constructores. Para ello, él y su equipo investigaron durante más de dos años alrededor de 2000 yacimientos en un total de 21 Estados, y lograron reunir más de 40.000 artefactos, que más tarde pasaron a formar parte de la colección del Instituto Smithsoniano.

Vamos a analizar el argumentario que se empleó en contra de la idea de que los nativos americanos fueran los constructores de los montículos y que podemos resumir en cinco puntos:

Los nativos americanos eran demasiado primitivos como para haber realizado los finos trabajos en piedra, metal y arcilla que se habían encontrado en los montículos y sus alrededores.

J. W. Foster, a la sazón presidente de la Academia de las Ciencias de Chicago, afirmaba en 1873:

Su carácter [del indio], desde que se conoce por el hombre blanco, se ha caracterizado por la traición y la crueldad. Rechaza todos los esfuerzos por elevarle de su posición rebajada: y pese a que no tiene la naturaleza moral para adoptar las virtudes de la civilización, sus instintos brutales le llevan a acoger sus vicios. Nunca se ha sabido que se haya involucrado voluntariamente en una empresa que requiriera un trabajo metódico; habita en viviendas temporales y portátiles; sigue a la caza en sus migraciones; impone una vida monótona a su esposa; no presta atención al futuro. Suponer que esa raza construyó las fuertes líneas de circunvalación y los montículos simétricos que coronan muchos de los terraplenes de nuestros ríos, es tan absurdo, casi, como suponer que construyeron las pirámides de Egipto.

¿Es excesivo definir estos comentarios como racistas? Desde luego, carecen del más mínimo rigor intelectual y no digamos ya científico.

Tanto los montículos como los artefactos asociados a los yacimientos son mucho más antiguos que los restos más tempranos de la cultura india.

Aunque la estratigrafía ―el análisis de las capas del suelo― no se aplicó a la investigación arqueológica hasta bien entrado el siglo XIX, varios estudiosos emplearon un rudimentario antecedente de este método para determinar la antigüedad de los artefactos. Además, se apoyaron en la dendrocronología aplicada sobre algunos troncos de roble hallados en la cumbre de varios montículos llegando a la conclusión de que éstos se construyeron antes del año 1300 a.e.c.

Las dataciones de los montículos realizadas hasta ese momento se pusieron en tela de juicio aunque en un sentido equivocado: Thomas concluyó que las construcciones se habían erigido tras la llegada de los europeos al Nuevo Mundo.

Hoy en día sabemos que no hubo una única cultura de los montículos, sino que fueron varios pueblos los que levantaban estas enormes estructuras. La evidencia más antigua de esta tradición la encontramos en el yacimiento de Watson Brake en Luisiana (ver este artículo), con una datación comprobada que oscila entre hace 5400 y 5000 años. Este dato nos demuestra que la construcción de montículos tiene una larga historia en Norte América.

Se han encontrado piedras talladas con inscripciones en alfabetos europeos, asiáticos o africanos. Dado que los nativos americanos no poseían ningún tipo de alfabeto ni escritura antes de la llegada de los colonizadores, ésta constituyó una de las pruebas más sólidas contra la posibilidad de que ellos fueran los responsables de levantar esas estructuras.

El ejemplo más citado de estas piedras es el de las llamadas “piedras sagradas de Newark”. En 1860, David Wyrick, un arqueólogo aficionado, afirmó haber encontrado en unos montículos de Ohio una piedra pulida parecida a una plomada con una serie de letras hebreas talladas en la superficie. La llamó “Piedra angular” (Keystone) y rápidamente avivó la idea de que los constructores de los montículos pertenecían a una de las tribus perdidas de Israel.

A pesar de la importancia que se le dio dado al hallazgo, muchos pusieron en duda su autenticidad ya que la escritura hebrea era demasiado moderna teniendo en cuenta la antigüedad que se atribuía al objeto.

Algunos meses después se produjo un nuevo descubrimiento: una tablilla de piedra caliza que también incluía caracteres hebreos aunque esta vez más antiguos. Se la llamó “El Decálogo” (Decalogue) ya que su traducción indicaba que se trataba de una versión de los Diez Mandamientos que Moisés recibió directamente de Dios según las Sagradas Escrituras.

¿Qué oportuno verdad? Cuando se pone en entredicho la autenticidad del primer hallazgo porque los caracteres eran demasiado modernos, aparece una segunda piedra esta vez mejor elaborada. A pesar de que muchos hoy en día siguen manteniendo la autenticidad de estos dos artefactos, lo cierto es que las investigaciones más recientes vienen a demostrar que estas piedras fueron fabricadas y colocadas expresamente para ser descubiertas.

Los nativos americanos ya no construían montículos cuando los colonizadores europeos llegaron a sus tierras. Cuando se les preguntaba acerca de quién los había construido o cuál era su uso, desconocían todo acerca de ellos.

Si ellos eran los constructores, ¿por qué no continuaron sus trabajos a pesar de la llegada de los europeos? Al menos deberían ser capaces de recordar quienes lo habían hecho. Al contrario, los nativos americanos no sólo no sabían quién las había levantado, sino que insistían en afirmar que habían encontrado las ruinas en el mismo estado en que se ven hoy en día.

En este caso los estudiosos anteriores también estaban equivocados. Los trabajos de Thomas demostraron que ya en los siglos XVI y XVII las crónicas españolas mencionaban la construcción de montículos por parte de los nativos americanos. Garcilaso de la Vega narra cómo construían los montículos de tierra e instalaban sobre ellos los templos y las viviendas de los jefes de la comunidad. Del mismo modo, William Clark, quien comandó junto con Meriwether Lewis la primera expedición terrestre que alcanzó la costa del Pacífico partiendo del este, observó la construcción de estos montículos por los nativos de Misuri.

Una explicación para el declive de muchas de las poblaciones de nativos americanos que mantenían viva esta cultura fue la introducción de la viruela por parte del explorador español Hernando de Soto. Murió una gran parte de los indígenas y sus grandes ciudades fueron abandonadas junto con sus tradiciones ancestrales.

Se han encontrado artefactos de metal (hierro, plata, cobre etc.) y otras aleaciones enterrados en los montículos.

Los nativos americanos conocían métodos rudimentarios de metalurgia y utilizaban el cobre y la plata que encontraban en vetas naturales o en pepitas; pero no las técnicas de fundición necesarias para producir cobre, plata o las aleaciones para obtener bronce.

Las investigaciones de Cyrus Thomas confirmaron que todos los artefactos encontrados en los montículos estaban hechos del llamado cobre nativo, es decir, el cobre hallado en vetas naturales. Es cierto en cualquier caso que estos minerales fueron objeto de un comercio intensivo ya que desde Michigan, la fuente de la mayoría del metal empleado, alcanzaron una amplia distribución.

En conclusión, salvando la fabricación de pruebas falsas como las piedras y tablillas talladas, lo cierto es que la creencia en que una misteriosa raza desaparecida había levantado los montículos y edificado una gran civilización se debió más bien a la ignorancia y la aceptación selectiva e interesada de los datos disponibles.

Sin embargo, estas creencias calaron hondo y sirvieron de excusa perfecta para justificar la persecución, expulsión y matanza de los nativos americanos. Éstos se veían como intrusos, e incluso invasores, que habían destruido la cultura más civilizada de los constructores de montículos. De esta manera, los colonizadores europeos pudieron racionalizar su conducta ya que solo estaban reclamando el territorio que sus antepasados habían poseído antes de la llegada de los “indios”.

Conclusiones

Los científicos —ya hablemos de físicos, astrónomos, biólogos, arqueólogos etc.— realizan su labor bajo cuatro principios bastante sencillos pero esenciales:

  1. Existe un universo real que se puede conocer.
  1. El universo opera de acuerdo a ciertas reglas o leyes entendibles.

En lo que hace referencia a las ciencias históricas, aunque sabemos que las sociedades humanas son sistemas muy complejos, y que las personas no actuamos de acuerdo a unas reglas de comportamiento rígidas, los científicos pueden hacer generalizaciones similares a leyes que predicen con exactitud cómo reaccionan los grupos humanos a los cambios en su entorno y cómo evolucionan sus culturas a través del tiempo.

Lo que hemos aprendido de las sociedades del pasado nos enseña que la evolución de las grandes civilizaciones parece mostrar unos mismos patrones generales. Aunque se han desarrollado en diferentes ambientes físicos y culturales, podemos señalar unos hitos comunes a todas ellas: el nacimiento de la civilización fue precedido por el desarrollo de una economía agrícola y el surgimiento de sociedades estratificadas; existió un crecimiento de la población, así como un aumento de la densidad de la población en determinadas áreas (el surgimiento de ciudades). También encontramos en cada caso la construcción de monumentos, comercio a larga distancia, y desarrollo de métodos para llevar registros de propiedades, bienes, impuestos etc.

  1. Estas leyes son inmutables, lo que significa que, en general, no cambian en función de dónde o cuándo estés.
  1. Por último, podemos conocer y comprender estas leyes por medio de la investigación.

Este último tal vez sea el principio más importante. Sabemos que el universo es, al menos teóricamente, cognoscible. Puede ser complicado, puede llevarnos muchos años entender el fenómeno más sencillo; pero cada intento nos lleva a recopilar más datos y probar, reevaluar y refinar las explicaciones propuestas.

Así, aunque todos podemos tener nuestro punto de vista sobre la historia, sobre la forma en que se desarrollaron las culturas del pasado, debemos tener claro que no todos los puntos de vista son igualmente válidos. Algunos son históricos y otros pseudohistóricos. ¿Cómo distinguirlos?

Para ello debemos acudir al concepto de carga de la prueba (para una comprensión clara de este concepto netamente jurídico, os recomiendo la lectura de esta anotación de César Tomé para el Cuaderno de Cultura Científica).

Este principio supone que quien realiza una afirmación (como la de que existieron astronautas en la prehistoria) debe probarla. Pero esa prueba debe cumplir una serie de premisas como nos explica César Tomé: debe ser comprobable/reproducible por cualquiera siguiendo una metodología conocida, en cualquier momento y que no valen ni textos revelados, ni palabras de una “autoridad”.

De esta forma, tanto si defendemos que la losa de la tumba de Pakal representa a un astronauta, como si postulamos que en realidad simboliza la muerte y resurrección de dicho gobernante, tenemos que aportar pruebas de ello. A pesar de que la arqueología o la historia no pueden emplear el método de experimentación reproducible que se sigue en otras disciplinas, ello no es óbice para la existencia de este tipo de pruebas.

El método de investigación estándar en historia y arqueología se basa en la proposición de hipótesis con apoyo en los datos obtenidos gracias a las excavaciones arqueológicas y al resto de métodos para obtener información del pasado. A continuación, éstas se comprueban con otros datos, se someten a escrutinio y a la reconsideración por otros colegas. La clave por tanto está en la capacidad para verificar esas hipótesis. En cierto sentido, la ciencia histórica se vuelve experimental cuando las predicciones basadas en las observaciones iniciales son verificadas, o rechazadas, por observaciones posteriores.

Ahora bien, los arqueólogos reconocen que en ocasiones sus hipótesis se apoyan en un conocimiento imperfecto e incompleto del pasado, y que deben estar preparados para cambiar sus puntos de vista si aparecen nuevos datos que así lo aconsejen.  De ahí que al contrario de lo que afirman los defensores de la pseudoarqueología, la adhesión a los procedimientos de la investigación racional no constituye un dogma o una doctrina inmutable.  Son la guía básica para alcanzar resultados verificables.  La capacidad para rechazar explicaciones previas una vez aparecen nuevos datos, así como la constante renovación que supone aplicar nuevos procedimientos metodológicos, es el sello del método científico y uno de los medios de distinguir la investigación racional de la religión, la fantasía o la superstición. Este último paso, la aceptación de explicaciones diferentes cuando hay nuevos datos, es algo que los pseudoarqueólogos son incapaces de hacer.

En definitiva, hemos de ser conscientes de que el pensamiento crítico o científico no surgen de manera natural. Son necesarias formación, experiencia y esfuerzo. Es más fácil explicar los hechos con extraterrestres, ovnis, fantasmas y demás, que dedicar mucho tiempo y esfuerzos para comprender todos los aspectos de una cultura ya desaparecida. Por esto ninguno de estos libros profundiza en las culturas que abordan. Son una mera recopilación de hechos aislados, sin un contexto adecuado, que están ahí para sostener un argumento preconstituído. Tenemos que esforzarnos en eliminar nuestra necesidad de certezas y control absolutos y nuestra tendencia a buscar la solución más sencilla y cómoda a cualquier problema. De vez en cuando la solución puede ser sencilla, pero la mayor parte de las veces no lo es.

Como hemos señalado, hay muchísima gente interesada en conocer nuestro pasado pero que acaba completamente desinformada sobre el tema. Creo que parte del problema reside en que los arqueólogos profesionales dedican la mayor parte de su tiempo a escribir y discutir entre ellos acerca de sus descubrimientos (algo imprescindible), descuidando una parte esencial de su labor como es la de comunicar sus hallazgos a la sociedad en un lenguaje claro. Deben divulgar más y mejor. En caso contrario, la gente buscará información por otras vías (internet, libros pseudohistóricos etc.) cuya principal función no es enseñar, sino ganar dinero.

Concluyendo, si a esto lo llamamos pseudoarqueología le estamos dando un estatus que no merece, una justificación de sus afirmaciones. Es como si dentro de la arqueología racional hubiera una frontera más o menos difusa donde podrían tener cabida estos argumentos. Es decir, como si formaran parte del conocimiento racional pero alejados del centro, de una visión arcaica y obsoleta de la historia. Esto es un error.

Llamemos a las cosas por su nombre, esto no es pseudoarqueología, es falsa arqueología.

 

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Publicado por José Luis Moreno en CIENCIA, HETERODOXIA, HISTORIA, 1 comentario