José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Los libros de 2020

Los libros de 2020

Como ya es costumbre al llegar estas fechas, y como cierre del año que termina, os dejo con el listado de los libros que he leído durante 2020. En este año tan complicado muchas personas han encontrado cobijo y consuelo en la lectura, bien sea de libros en papel, o en formato digital, y mi caso particular no ha sido una excepción.

Los libros han seguido siendo una parte fundamental de mi día a día y tengo que reconocer que he encontrado verdaderas joyas, entre las que destacaría sin ninguna duda los libros de Irene Vallejo, especialmente «El infinito en un junco». Si alguien siente curiosidad o quiere más detalles acerca de alguno de estos libros, por favor, preguntadme porque estaré en encantando de atenderos.


ENERO

Hall, H. R. y Findlay, J. J. (1913), Days before History … With a preface by J. J. Findlay. London: George G. Harrap & Co., 144 p.

Sapkowski, A. (2009), El último deseo. La saga de Geralt de Rivia. Libro 1. Madrid: Alamut, 254 p.

García Cremades, S. (2017), Un número perfecto. 28 ideas asombrosas de la historia de las matemáticas. Madrid: Anaya Multimedia, 287 p.

FEBRERO

Devlin, B. (1971), El precio de mi alma. Barcelona: Plaza & Janés, 187 p.

Sapkowski, A. (2008), La espada del destino. La saga de Geralt de Rivia. Libro 2. Madrid: Alamut, 287 p.

Gómez Díaz, M. J., et al. (2018), Alfabetización científica en la escuela. Una investigación sobre arqueología en el aula. 144 p.

Moura, B. d. y Cruz Ruiz, J. (2014), Por el gusto de leer. Beatriz de Moura, editora por vocación. Barcelona: Tusquets, 288 p.

Cassini, M. (2010), Erratas. Diario de un editor incorregible. Madrid: Trama, 94 p.

Matsuoka, T. (2004), El honor del samurái. Barcelona: Ediciones B, 568 p.

MARZO

Sapkowski, A. (2008), La sangre de los elfos. La saga de Geralt de Rivia. Libro 3. Madrid: Alamut, 253 p.

Morell, V. (1995), Ancestral passions. The Leakey family and the quest for humankind’s beginnings. New York: Simon & Schuster, 638 p.

Sapkowski, A. (2008), Tiempo de odio. La saga de Geralt de Rivia. Libro 4. Madrid: Alamut, 272 p.

Vallejo Moreu, I. (2020), El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo. Madrid: Siruela, 449 p.

Dazieri, S. (2019), No está solo. Barcelona: Debolsillo, 574 p.

ABRIL

Sapkowski, A. (2008), Bautismo de fuego. La saga de Geralt de Rivia. Libro 5. Madrid: Alamut, 256 p.

Fernández Aguilar, E. M. (2020), Los renglones torcidos de la ciencia. De la antimateria a la medicina moderna. Barcelona: Antoni Bosch editor, 157 p.

Atalay, B. y Wamsley, K. (2020), Leonardo da Vinci. Vida, obra y legado del genio universal. National Geographic, 128 p.

Matsuoka, T. (2005), El puente de otoño. Barcelona: Zeta Bolsillo, 543 p.

Lovecraft, H. P.; Klinger, L. S. y Moore, A. (2017), H. P. Lovecraft anotado. Madrid: Akal, 981 p.

Funke, C. (2008), Corazón de tinta. Madrid: Fondo de Cultura Económica, Siruela, 606 p.

MAYO

Sapkowski, A. (2008), La torre de la golondrina. La saga de Geralt de Rivia. Libro 6. Madrid: Alamut, 256 p.

Benedict, R. (2003), El crisantemo y la espada. Patrones de la cultura japonesa. Madrid: Alianza Editorial, 311 p.

Bennett, A. (2015), Kendo. Culture of the sword. Oakland, California: University of California Press, xxxv, 286 p.

Harris, E. C. (1991), Principios de estratigrafía arqueológica. Barcelona: Crítica, XV, 227 p.

Leakey, M. D. (1984), Disclosing the past. An autobiography. London: Weidenfeld & Nicolson, 224 p.

JUNIO

Sapkowski, A. (2011), La dama del lago. La saga de Geralt de Rivia. Libro 7. Madrid: Alamut, 464 p.

Basanta Reyes, A. (2017), Leer contra la nada. Madrid: Siruela, 196 p.

Miéville, C. (2013), Embassytown. La ciudad embajada. Barcelona: Fantascy, 445 p.

Embid Tello, A. E. (2017), La libertad de investigación científica. Una interpretación integrada de sus dimensiones subjetiva y objetiva. Valencia: Tirant lo Blanch, 303 p.

Bueno Amoros, A. (2020), Culturas olvidadas. Historias de rincones remotos. Barcelona: Editorial UOC, 125 p.

Chueca, R. (2012), La investigación científica como derecho fundamental. Granada: Comares, 221 p.

JULIO

White, T. H. (1989), Camelot. Madrid: Debate, 728 p.

Kapuscinski, R. (2019), Viajes con Heródoto. Barcelona: Anagrama, 308 p.

Lem, S. (2019), Solaris. Madrid: Impedimenta, 292 p.

AGOSTO

Quammen, D. (2020), Contagio. La evolución de las pandemias. Barcelona: Debate, 621 p.

Gould, S. J. (2012), Ciencia versus religión. Un falso conflicto. Barcelona: Crítica, 229 p.

SEPTIEMBRE

Alonso Peña, J. R. (2015), ¿Quién robó el cerebro de JFK? Tiempos bélicos y neurociencia. Palencia: Cálamo, 286 p.

Natt Och Dag, N. (2020), 1793. Barcelona: Salamandra, 426 p.

Sáez Martín, R. (2019), Evolución humana. Prehistoria y origen de la compasión. Córdoba: Almuzara, 172 p.

OCTUBRE

Schrödinger, E. (2008), ¿Qué es la vida? Barcelona: Tusquets, 139 p.

Rosas González, A. (2019), Los fósiles de nuestra evolución. Un viaje por los yacimientos paleontológicos que explican nuestro pasado como especie. Barcelona: Ariel, 303 p.

London, J. (1971), La llamada de la selva. Barcelona: Bruguera, 177 p.

Vallejo Moreu, I. (2020), El silbido del arquero. Zaragoza: Editorial Contraseña, 210 p.

DICIEMBRE

Barnes, J. (2005), El loro de Flaubert. 232 p.

Chiang, T. (2019), La historia de tu vida. Madrid: Alalmut, 241 p.

Sampayo, P.; Zuaznávar, M. y Gil, I. (1999), Descripción con planos de la cueva llamada de Atapuerca. Madrid: Guillermo Blázquez, 8, 19, 6 h. de lám., 3 p. de plan.

Herbert, F. (2020), Dune. Barcelona: Penguin Random House, 780 p.

Mis lecturas este año han supuesto un total de 47 libros y más de 15 000 páginas. Como podéis ver, la variedad de temática de los libros de ensayo y las novelas sigue siendo constante; aunque también releo algunos de mis libros favoritos.

Si el año pasado el «protagonismo» lo tuvo la serie de la «Torre oscura» de Stephen King y puedo, este año ha sido para la saga de Geralt de Rivia… una auténtica maravilla!

¡Os deseo lo mejor para este año 2021 que está a punto de comenzar!

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¿Puede el Gobierno obligar a la población a vacunarse frente a la COVID-19?

¿Puede el Gobierno obligar a la población a vacunarse frente a la COVID-19?

Sí. Esta sería la respuesta rápida a la cuestión planteada como título de esta anotación.

El Gobierno puede obligar a que toda, o parte, de la población se someta a una vacunación frente a la COVID-19. Y puede hacerlo sin necesidad de promulgar una nueva Ley en el Congreso de los Diputados, es decir, sin necesidad de someter esta decisión al debate parlamentario que conlleva cualquier proceso legislativo –evitando al mismo tiempo el desgaste político que ello pudiera suponer–.

Hemos de señalar en primer lugar que la vacunación en España es voluntaria por disponerlo así el artículo 5.2 de la Ley 33/2011, 4 de octubre, General de Salud Pública:

Sin perjuicio del deber de colaboración, la participación en las actuaciones de salud pública será voluntaria.

Sin embargo, dicha norma recoge como excepción la existencia de «razones sanitarias de urgencia o necesidad». Estas razones, y el detalle de que se puede hacer y que no, aparecen recogidas en otra Ley Orgánica, la LO 3/1986 de 14 de abril, de medidas especiales en materia de salud pública. El artículo 3 de esta Ley, pese a ser terriblemente vago, contiene la habilitación legal para ordenar una vacunación obligatoria de la población:

Con el fin de controlar las enfermedades transmisibles, la autoridad sanitaria, además de realizar las acciones preventivas generales, podrá adoptar las medidas oportunas para el control de los enfermos, de las personas que estén o hayan estado en contacto con los mismos y del medio ambiente inmediato, así como las que se consideren necesarias en caso de riesgo de carácter transmisible.

Decía que la redacción de este artículo es difusa y vaga porque dentro de la expresión «adoptar las medidas […] que se consideren necesarias […]» cabe casi cualquier cosa.

Pero por si esto no fuera suficiente, bajo el paraguas general de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, que regula los estados de alarma, excepción y sitio, se autoriza al Gobierno en su artículo 4 a declarar el estado de alarma cuando se afronta una crisis sanitaria como la generada por una epidemia. Así, el Gobierno podría adoptar –de nuevo– las «medidas necesarias» para hacer frente a dicha situación (según el artículo 12).

Precisamente, el del «estado de alarma» es el marco legal en el que nos hayamos sumidos actualmente, y que permitió entre otras cosas el confinamiento de toda la población en los primeros meses de este año, y ahora establece la obligatoriedad del uso de mascarillas o los llamados «toques de queda» por citar dos ejemplos.

Por lo tanto, a día de hoy bastaría la promulgación de un Real Decreto (como el dictado al inicio de la pandemia) para hacer obligatoria la vacunación general de la población contra la COVID-19.

Una vez dicho esto, no quiero detenerme aquí en el análisis de una cuestión que tiene tan enorme trascendencia social. Procede por tanto valorar otra serie de circunstancias.

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Reseña: Genes, reyes e impostores. Una historia detectivesca tras los análisis genéticos de reyes europeos

Reseña: Genes, reyes e impostores. Una historia detectivesca tras los análisis genéticos de reyes europeos

     Última actualizacón: 26 octubre 2020 a las 11:58

Ficha Técnica

Título: Genes, reyes e impostores. Una historia detectivesca tras los análisis genéticos de reyes europeos.
Autor: Carles Lalueza-Fox
Edita: Cálamo, 2016
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Número de páginas: 156 p.
ISBN: 9788416742028

Reseña del editor

El origen de las casas reales europeas se suelen remontar a siglos y, en muchos casos, más de un milenio. Todos los seres humanos poseemos vínculos, pero los linajes monárquicos casi son un compartimento estanco desde ese punto de vista genético. Eso se traduce en una diferencia notable con las poblaciones de sus respectivos reinos, tanto en el pasado como en el presente.

El dramático fin de la familia real francesa y la destrucción sistemática de los restos de los monarcas durante la Revolución propició la aparición de impostores que pretendían ser el Delfín, Luis XVII, así como un insólito tráfico de presuntas reliquias reales.

Los avances genéticos permiten un nuevo enfoque sobre algunos misterios históricos, dudosas paternidades y falsas identidades. Carles Lalueza-Fox cuenta de forma amena en este libro una sucesión estrambótica de aventuras científicas: el análisis de la presunta sangre de Luis XVI conservada dentro de una calabaza, de la cabeza momificada de Enrique IV, de los corazones de Luis XVII y de San Luis, de unos pelos de Napoleón o de una pierna anónima perteneciente a una reina de Francia.

Pero estos estudios, a veces disparatados, son una excusa que le sirve al autor para proponer una nueva visión de la historia basada en la interpretación de los datos genómicos de sus protagonistas principales: la ‘genohistoria’.

Reseña

Estamos ante un libro tremendamente interesante. ¿Quién no ha sentido curiosidad por conocer los afanes y avatares de los miembros de la nobleza y las casas reales europeas? Desde hace siglos conforman un grupo de personas «privilegiadas» –aunque esta afirmación exigiría más de un matiz– que con sus decisiones han cambiado, literalmente, la historia. Gracias al libro que el experto en paleogenética Carles Lalueza-Fox ha puesto en nuestras manos, no volverás a verlos de la misma forma.

Párate a pensar en esto un momento: la nobleza y la realeza conforman líneas hereditarias (y por lo tanto, combinaciones particulares de genes) que han tratado de mantenerse separadas, aisladas del resto de la población. Por eso, el estudio de esos genomas nos permitiría obtener un tipo de información inalcanzable a través de los medios «clásicos» de investigación histórica.

Sin embargo, el marco temporal en el que nos movemos es demasiado corto para que la población general haya experimentado grandes cambios genéticos, para que haya habido un verdadero «aislamiento reproductivo» dentro de la nobleza y la aristocracia (y ello sin contar con la existencia de relaciones fuera de los matrimonios). Y todo es porque existe una gran interconexión entre todos nuestros antepasados: dado que este número se dobla en cada generación, un cálculo superficial indica que en tiempos de Roberto el Fuerte (que vivió entre los años 815/20 y 866), cada uno de nosotros tendría unos 255 antepasados (tomando unos 20 años como intervalo entre generaciones). Este valor absurdamente elevado equivale a multiplicar por unos 5 millones de veces la población mundial actual.

Esta imposibilidad numérica se debe a que en realidad nuestros antepasados se comparten entre sí y con otras personas: al retroceder en el tiempo, las genealogías comienzan a superponerse en una red realmente compleja (algo similar a la teoría de los «seis grados de separación» que sostiene que cualquiera de nosotros puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios).

«Estudios llevados a cabo con datos genómicos europeos actuales han demostrado que, en promedio, dos europeos tomados al azar, procedentes de dos poblaciones vecinas, comparten entre dos y doce antepasados en los últimos 1 500 años». Si retrocedemos 1 000 años más, el número de antepasados compartidos aumenta a 100. Por lo tanto, independientemente de su lugar de origen, cualquier europeo actual tiene antepasados en cualquier europeo pasado de los últimos 1 000 años; o como explica Adam Rutherford en su «Breve historia de todos los que han vivido», todos los que tenemos ascendencia europea procedemos, por una vía u otra, de Carlomagno. Todos pertenecemos, por lo tanto, a un linaje real.

Lo que el doctor Lalueza nos ayuda a comprender, en definitiva, es que «no somos individuos genéticamente aislados», sino que pertenecemos a genealogías fuertemente compartidas que hace que estemos, en un sentido más o menos lejano, emparentados. Si contáramos con nuestra información genética completa, podríamos descubrir conexiones con cualquier personaje relevante del pasado, ya lo odiemos o lo admiremos.

Vivimos un momento en el que «el estudio del ADN antiguo (paleogenómica) está haciendo que cambie completamente la forma en que vemos nuestro pasado». Con el importante desarrollo de las técnicas genéticas al que hemos asistido en los últimos años, se ha producido una explosión en el conocimiento científico de personajes del pasado, logrando obtener una información «íntima» que antes no estaba disponible. No solo podemos deducir el ADN de personas famosas analizando marcadores genéticos de algunos de sus descendientes vivos, sino que también es posible recuperarlo directamente de los restos esqueléticos o momificados de dichos personajes. Y en esta labor el doctor Lalueza ha tenido un considerable éxito, como muestran las numerosas publicaciones científicas que recogen los resultados de sus investigaciones (destacaría los estudios de la sangre de Jean-Paul Marat y de Luis XVI, rey de Francia).

No voy a darte muchos detalles de qué es lo que vas a encontrarte en este libro –arruinaría la sorpresa–, aunque me gustaría dar algunas pinceladas más del trabajo donde se analizó restos de sangre que podían pertenecer al rey de Francia Luis XVI, porque es realmente llamativo y da pistas acerca de cómo se llevan a cabo este tipo de estudios.

En primer término, debes saber que todo comenzó cuando un profesor de antropología biológica de la Universidad de Bolonia, Davide Pettener, se puso en contacto con el doctor Lalueza para pedirle que hiciera un análisis genético del contenido de una calabaza. Sí, una calabaza. Concretamente ésta:

Dentro podía estar la sangre del rey de Francia Luis XVI, guillotinado en 1793 en plena revolución. La calabaza había sido desecada y decorada con una técnica conocida como pirografía. El objeto es realmente hermoso, y se muestran los rostros y nombres de personajes relevantes de la Revolución francesa. La cosa es que en las inscripciones se puede leer que un tal Bourdaloue había subido al cadalso después de la ejecución del rey, mojado su pañuelo en la sangre para guardo acto seguido en su interior.

El doctor Lalueza nos cuenta que era técnicamente posible recuperar no solo parte de los genes de la muestra de sangre de la calabaza, sino el genoma completo. Así, su análisis permitiría obtener el primer genoma de un personaje histórico jamás obtenido, y se convertiría en una referencia futura en el campo de la genómica personalizada. En el artículo científico (Genomic analysis of the blood attributed to Louis XVI (1754–1793), king of France –acceso abierto) donde se hicieron públicos los resultados se demostró que la sangre de la calabaza no había pertenecido a Luis XVI, pero abrió el camino a recuperar genomas completos de nuestras forenses y a obtener genomas de periodos históricos que pueden proporcionar información sobre la génesis de las poblaciones modernas.

Termino estas líneas recomendándote su lectura, e indicándote los títulos de los capítulos en que se divide el libro, no tienen desperdicio:

Naundorff el impostor
El pelo de María Antonieta
El corazón del Delfín
La cabeza momificada de Enrique IV
El pelo de Napoleón
La pierna de alguien
El corazón de San Luis
El genoma de la calabaza
¿Vuelve Naundorff?
Ricardo III, el rey villano
La genohistoria


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«Cerutti Mastodon» tres años después

«Cerutti Mastodon» tres años después

     Última actualizacón: 15 junio 2020 a las 16:34

Introducción

Tres años han pasado desde la publicación del artículo científico que describía los restos del yacimiento Cerutti Mastodon, un trabajo que «aportaba pruebas» que avalaban la presencia humana en América hace alrededor de 130 000 años: nos referimos a Holen, S. R., et al. (2017), «A 130,000-year-old archaeological site in southern California, USA«. Nature, vol. 544, núm. 7651, p. 479-483.

Brevemente, el asunto giraba en torno al esqueleto parcial de un mastodonte junto al que habrían aparecido herramientas de piedra (unas en forma de yunques y otras como martillos). Todo el conjunto parecía indicar que un grupo humano había fracturado los huesos para extraer la médula del animal, ya que no presentaban marcas de corte propias del consumo de carne.

Para estar al tanto de lo que sabemos sobre la forma en que se pobló América basta con que visites esta página del blog. Hasta ahora, tanto las pruebas arqueológicas como genéticas apuntan a que los primeros pobladores del continente americano habrían llegado hace entre 15 000 y 25 000 años. Por lo tanto, la idea de que hubiera grupos humanos viviendo en América 100 000 años antes implicaría poner «patas arriba» todo lo que sabemos sobre la evolución humana, no solo acerca de la migración hacia el continente.

A pesar de que las críticas al artículo de Holen y colaboradores (para simplificar, a partir de aquí me referiré a este trabajo como «el artículo original») comenzaron desde el mismo momento de su publicación, en estos tres años han aparecido varios artículos en diferentes revistas especializadas que ponen en entredicho sus conclusiones así como varios aspectos de la metodología empleada. Estos trabajos han recibido respuesta –en la mayoría de los casos– por los autores del artículo original, permitiéndonos de esta forma «participar» en un interesante intercambio de opiniones.

Ha llegado el momento por tanto de poner al día esta cuestión.

Debate en PaleoAmérica

La revista PaleoAmerica publica la primera serie de artículos en relación a este debate. Se trata de tres artículos principales, dos de los cuales han tenido respuesta. Puedes acceder a ellos pinchando en los respectivos enlaces:

Boëda, E.; Griggo, C. y Lahaye, C. (2017), «The Cerutti Mastodon site: Archaeological or paleontological?«. PaleoAmerica, vol. 3, núm. 3, p. 193-195.

Haynes, G. (2017), «The Cerutti Mastodon«. PaleoAmerica, vol. 3, núm. 3, p. 196-199.

Holen, S. R., et al. (2018), «Broken bones and hammerstones at the Cerutti Mastodon site: A reply to Haynes«. PaleoAmerica, vol. 4, núm. 1, p. 8-11.

Haynes, G. (2018), «Reply to Holen et al. regarding the Cerutti Mastodon«. PaleoAmerica, vol. 4, núm. 2, p. 99-100.

Braje, T. J., et al. (2017), «Were hominins in California ∼130,000 Years Ago?«. PaleoAmerica, vol. 3, núm. 3, p. 200-202.

Holen, S. R., et al. (2018), «Disparate perspectives on evidence from the Cerutti Mastodon site: A reply to Braje et al«. PaleoAmerica, vol. 4, núm. 1, p. 12-15.

Boëda y colaboradores: The Cerutti Mastodon site: Archaeological or paleontological?

Eric Boëda, Christophe Griggo y Christelle Lahaye defienden que Cerutti Mastodon es, efectivamente, un yacimiento arqueológico que demuestra la presencia humana en América hace 130 000 años.

Los autores apoyan todas las interpretaciones del artículo original acerca del uso de las herramientas de piedra, la colocación intencionada de los huesos, su fractura para extraer la médula y la datación del yacimiento. En lo tocante a quiénes pudieron ser los que manipularon los huesos del mastodonte, sostienen que:

La situación cronológica hace difícil discutir los orígenes de este grupo de individuos y el proceso de su migración. […] Quizás, sin embargo, no eran unos recién llegados sino descendientes de generaciones ya presentes en las Américas. Pero dejad que nos protejamos durante este tiempo de agitación científica para dar prioridad solo a aquellos hechos que tienen valor heurístico por sí mismos.

En fin. En este punto es necesario recordar que Boëda ya planteó en 2016 que un yacimiento en Sudamérica tenía una antigüedad de 40 000 años 1. Es decir, que el yacimiento de Cerutti, de ser una verdadera prueba de la presencia humana en América hace 130 000 años, se convierte en un apoyo ideal para las propias conclusiones de Boëda en Sudamérica.

Gary Haynes: The Cerutti Mastodon

Gary Haynes por su parte, profesor emérito de antropología de la Universidad de Nevada hace hincapié, en primer lugar, en un tema interesante que no podemos dejar de lado al analizar todo lo relacionado con Cerutti Mastodon.

El hecho de que el artículo se publicara en una de las revistas científicas más importantes del mundo, y que en él se afirme que se aportan «pruebas indiscutibles» de la presencia humana en América hace 130 000 años, va a obligar al resto de académicos que traten este tema a citarlo, aunque sea para rebatirlo. Este asunto de las citas, aunque el trabajo sea malo, hará que el factor de impacto de Nature crezca en cualquier caso.

A partir de aquí, Haynes señala las incoherencias y errores que ha visto en el artículo original aunque no profundiza demasiado en ellas:

  • Las fracturas de los huesos –que son las que permiten calificar el yacimiento como «arqueológico»– pudieron causarlas los trabajos pesados que se estaban haciendo para construir una autopista; trabajos que, precisamente, fueron los que sacaron a la luz los huesos. Los autores del artículo descartaron cualquier posibilidad que no fuera la intervención humana para esas marcas, aunque lo hicieron sin realizar un estudio detallado de la cuestión. Según Haynes, esto no hace sino demostrar su ignorancia al no reconocer que otros procesos tafonómicos pudieron causar esas marcas.
  • La datación del pretendido yacimiento tampoco es clara: recordemos que cuando se descubrieron los restos (en 1992) se llevó a cabo una datación que no coincide con la que ahora se plantea. Pese a lo llamativo –y lo trascendental– de esa discrepancia, no se aporta ninguna explicación en el artículo que se ha publicado veinte años después.

Respuesta de Holen y colaboradores: Broken bones and hammerstones at the Cerutti Mastodon site: A reply to Haynes

La respuesta de los autores del artículo original a los comentarios de Haynes insiste en que la excavadora no trabajaba sobre el yacimiento, sino que lo hacía sobre un terraplén a bastante altura. Con ello defienden que su peso no pudo perturbar el yacimiento ni causar daños a los huesos. Cuando la pala de la excavadora expuso el colmillo, cortándolo (se trata de las unidades etiquetadas como A1, A2, B1 y B2 del yacimiento), el paleontólogo detuvo inmediatamente los trabajos de movimiento de tierras. Todo el material alterado se recuperó a mano, incluidos todos los fragmentos de hueso, colmillo y roca, y la superficie se tamizó.

Dicho esto, el principal argumento de Holen y colaboradores para defender que los huesos se fracturaron hace 130 000 años es que aparecieron con incrustaciones de carbonato de calcio formado en aquel momento. Dado que las costras no estaban rotas, quedaba claro que las fracturas en los huesos –insistimos, cubiertas de ese carbonato– deberían haberse producido antes de esa incrustación y no por una comprensión moderna del suelo. Por tanto, los trabajos de construcción no habrían tenido nada que ver.

Respecto a las primeras dataciones del yacimiento realizadas en 1995 2 y que suponen una contradicción con las presentadas en 2017, mantienen que aquellas contenían errores ya que el método de datación empleado no se conocía bien. En definitiva, en ausencia de otras explicaciones plausibles para las diferentes pruebas aportadas, mantienen su interpretación de que fueron unos homininos quienes fracturaron los huesos del yacimiento usando martillos y yunques de piedra.

Haynes responde a Holen y colaboradores: Reply to Holen et al. regarding the Cerutti Mastodon

Haynes responde animando a los autores del artículo original a descartar por completo la posibilidad de que cualquier otra máquina pesada haya impactado el suelo antes de la construcción del terraplén.

Lo dice porque cuando se publicó el artículo en 2017 aparecieron algunas imágenes en diferentes artículos periodísticos cedidas por el propio Museo de Historia Natural de San Diego (más abajo vamos a analizar estas fotografías así que por ahora basta decir que Haynes insiste en que es importante descartar cualquier otra potencial fuente de presión sobre el suelo en el yacimiento).

Todd Braje y colaboradores: Were hominins in California ∼130,000 years ago?

Todd Braje y colaboradores plantean en su editorial un análisis más detallado y hacen unas críticas más concretas al artículo original que las hechas por Haynes.

En primer lugar, reconocen que no ponen en duda la datación de los huesos del mastodonte, aunque si el material no ha sido modificado por el hombre, su antigüedad sería arqueológicamente irrelevante.

Para un arqueólogo, establecer un contexto estratigráfico controlado e íntegro es fundamental para poder extraer conclusiones fiables. Este comentario debería ser innecesario ya que es algo que se enseña en todas las universidades. Sin embargo, este tema cobra especial relevancia porque los restos cuya descripción y análisis se publicó en 2017, se habían recuperado 25 años antes, mientras se llevaban a cabo trabajos de construcción de una autopista.

Lo que Braje y colaboradores sostienen es que los datos de la estratigrafía del yacimiento aportados en el artículo son incompletos (a pesar de la información suplementaria que acompañaba al trabajo publicado en Nature) por lo que es imposible saber a ciencia cierta si las piedras a las que se atribuye una función de herramientas son tales, o en realidad llegaron al yacimiento de forma natural.

Hay abundantes ejemplos de piedras que se han desprendido de colinas debido a los efectos del agua y otros procesos geológicos. Además, en este caso resulta más llamativa la ausencia de herramientas de piedra claramente identificables como tales. Hemos de recordar que por aquel entonces, hace 130 000 años, los humanos disponían de un abundante repertorio y sin embargo, no vemos nada de eso en el yacimiento de Cerutti.

Por último, en lo tocante a las fracturas de los huesos, las conclusiones de Holen y colaboradores no contemplan, y por lo tanto no analizan, otras posibles explicaciones tafonómicas. Es decir, como ya apuntaba Haynes, los autores han fallado a la hora de demostrar que esas marcas «sólo» pudieron hacerlas unos humanos que pretendían alimentarse con la médula de su interior.

Respuesta de Holen y colaboradores: Disparate perspectives on evidence from the Cerutti Mastodon site: A reply to Braje et al.

En su respuesta, los autores del trabajo original recuerdan que la excavación del yacimiento duró cinco meses durante los que se siguieron estrictos protocolos. Por lo tanto, rechazan el comentario de Braje y colaboradores de que se tratara de un «proyecto paleontológico de rescate» apresurado. Sostienen que esa metodología les permitió determinar con precisión la posición de cada objeto mayor de 2 cm, y confirmar que los materiales arqueológicos quedaron depositados sin intervención de corrientes de agua activas.

El hecho de que no se hayan encontrado herramientas de piedra se debe a que no hay evidencia de trabajos de carnicería o despiece en el yacimiento, donde habrían sido necesarias. Lo único que necesitaban nuestros ancestros para romper los huesos del mastodonte son los martillos y yunques que han aparecido.

Concluyen discutiendo la afirmación de Braje y colaboradores de que «si la antigüedad de los homininos en el Nuevo Mundo se extendiera más de 110 000 años, deberíamos tener pruebas arqueológicas inequívocas». Pero, ¿quién va a decidir qué es «inequívoco»? Defienden que las pruebas individuales raramente son –si es que lo son alguna vez– «inequívocas», pero la ciencia avanza por medio de la valoración racional de todos los datos disponibles, analizándolos en su conjunto, incluso aunque no se disponga de toda la información completa.

Debate en Nature

La revista Nature, donde se publicó el artículo original, sólo ha publicado un trabajo crítico que ha recibido respuesta por parte de los autores:

Ferraro, J. V., et al. (2018), «Contesting early archaeology in California«. Nature, vol. 554, p. E1.

Holen, S. R., et al. (2018), «Holen et al. reply«. Nature, vol. 554, p. E3.

Ferraro y colaboradores: Contesting early archaeology in California

Para Ferraro y colaboradores –de los departamentos de antropología, arqueología y paleoclimatología de la Univeridad Baylor de Texas– hay una interpretación más parsimoniosa –más sencilla– del yacimiento de Cerutti Mastodon: se trata del resultado de procesos geológicos y tafonómicos habituales –por bien conocidos– que no implican la intervención humana en su formación.

Al igual que argumentaban Braje y colaboradores, consideran extraño que no haya restos de talla de herramientas ni de otro tipo de industria lítica. Las pretendidas «herramientas» (yunques y martillos) bien pueden ser meros cantos rodados que han acabado en el yacimiento tras desprenderse de las laderas de las colinas circundantes. Y esto es así porque ninguno de los criterios que usan los autores del artículo original para catalogar esas piedras como herramientas requiere la participación de homininos ni cumple los criterios aceptados para falsear «geofactos» 3 naturales. Es decir, el número de posibles interpretaciones geológicas para las piedras recuperadas pone de relevancia una cuestión crítica: la equifinalidad. Un producto final, como una piedra rota, puede producirse de maneras diferentes no relacionadas entre sí.

Lo mismo puede decirse de las marcas en los huesos. ¿Analizaron otras posibles explicaciones para la aparición de esas marcas? No lo hicieron ¿Hay pruebas en otros yacimientos de marcas similares debidas a procesos no humanos? Sí, bastantes.

Huesos con fracturas similares a las descritas por Holen y colaboradores recuperados en el yacimiento Waco Mammoth National Monument (WMNM), en Waco, Texas, EE.UU. Este yacimiento contiene 26 mamuts. No se han hallado pruebas de presencia humana y esas marcas se atribuyen a procesos geológicos en la formación del yacimiento.

Respuesta de Holen y colaboradores

Holen y colaboradores también respondieron a este trabajo.

Sostienen que no hay pruebas sedimentológicas o geomórficas de un abanico aluvial (que podría explicar la caída de rocas en el yacimiento); y el escenario planteado por Ferraro y colaboradores deja sin respuesta un buen número de aspectos tafonómicos observados: las concentraciones de piedras y la posición junto a ellas de los huesos fracturados y el colmillo en posición vertical.

De nuevo dan mucha importancia a la capa de carbonato que cubre los huesos, lo que constituye una prueba de que la fractura y colocación de los huesos tuvo lugar hace muchos miles de años, antes de que fueran enterrados. Terminan por afirmar que Ferraro y colaboradores no han ofrecido una alternativa convincente a la hipótesis de la formación del yacimiento y sí que ofrece una explicación coherente a todas las pruebas recuperadas.

Debate en PaleoAmerica

De nuevo, la revista PaleoAmerica publica tres trabajos entre finales de 2018 y 2019 con diferentes enfoques sobre el yacimiento de Cerutti Mastodon. En esta ocasión, los autores del trabajo original no han publicado réplicas.

Gruhn, R. (2018), «Observations concerning the Cerutti Mastodon site«. PaleoAmerica, vol. 4, núm. 2, p. 101-102.

Ferrell, P. M. (2019), «The Cerutti Mastodon site reinterpreted with reference to freeway construction plans and methods«. PaleoAmerica, vol. 5, núm. 1, p. 1-7.

Sutton, M. Q.; Parkinson, J. y Rosen, M. D. (2019), «Observations regarding the Cerutti Mastodon«. PaleoAmerica, vol. 5, núm. 1, p. 8-15.

Ruth Gruhn: Observations concerning the Cerutti Mastodon site

Ruth Gruhn, arqueóloga de la Universidad de Alberta (Canadá), asistió a principios de marzo de 2018 a la conferencia anual de la Sociedad para la arqueología de California.

Allí tuvo la oportunidad de recorrer la exposición especial organizada por el Museo de Historia Natural de San Diego sobre el yacimiento junto a Richard Cerutti y Tom Deméré, y comprobó lo que los autores del artículo original vienen repitiendo en diferentes lugares: que la capa de carbonato que cubre los huesos demuestra que las fracturas son antiguas. Por lo tanto, insta a la comunidad científica a dar por cerrada la cuestión de si la intervención de maquinaria pesada en el yacimiento tuvo o no que ver con esas fracturas, descartando esta posibilidad. El artículo –que no alcanza una página de texto– no va más allá. Tenemos que fiarnos de la agudeza visual y el criterio de esta arqueóloga para dar por buena su apreciación.

Patrick Ferrell: The Cerutti Mastodon site reinterpreted with reference to freeway construction plans and methods

Patrick Ferrell es topógrafo y licenciado en geología, y por ese motivo firma este artículo como «investigador independiente», es decir, como un investigador no adscrito a ninguna universidad o centro de investigación. En este trabajo utiliza los planos de construcción de la autopista estatal, un mapa de prioridad de paso de la obra, su experiencia en construcción de carreteras y varias fotografías, para concluir que los daños de los huesos del mastodonte fueron provocados por esos mismos trabajos de construcción.

Gracias a este artículo conocemos detalles precisos de las obras llevadas a cabo en 1992 para ampliar la autopista del Condado de San Diego (California). En concreto, podemos ver los planos de situación del yacimiento en relación con las obras. Analicémoslos con más detalle:

Este es el plano de situación del yacimiento (bajo la leyenda «CM site», enmarcado) en relación a la autopista. W/B: ramal sentido oeste de la autopista; DR SYS: sistema drenaje; R/W: carretera preferencia de paso.
En este plano vemos un corte trasversal de la obra. Como vemos, el yacimiento se encontró cuando se estaban haciendo los trabajos de construcción del terraplén que separa las viviendas de la autopista.

Para construir el sistema de drenaje y el terraplén (que hace de pantalla sonora) se emplearon grandes camiones para mover ingentes cantidades de tierra, y que pasaban continuamente sobre el yacimiento. Además, la proximidad de las viviendas obligó a usar un camión cargado de agua para para rociar el área y así controlar el polvo.

Aquí vemos al paleontólogo Richard Cerutti comprobando los trabajos para ampliar el área de excavación del yacimiento. Vemos el terraplén y la ubicación de los restos. Fotografía aparecida en Popular Archaeology.

Al llevar a cabo la excavación y los movimientos de tierra es habitual encontrar rocas que deben dejarse de lado para no obstaculizar los trabajos. Es exactamente lo que vemos en la fotografía que ilustra un artículo de Carl Zimmer sobre el yacimiento:

Esta imagen se tomó cuando comenzaba el relleno del yacimiento una vez retirados todos los materiales recuperados. Se pueden ver las piedras que han aparecido durante las obras de la autopista, colocadas a la izquierda de la pala de la excavadora. Estas rocas son iguales a las descritas en el artículo original de Holen y colaboradores, que ahora están expuestas en el Museo de Historia Natural de San Diego. Imagen aparecida en The New York Times.

Ferrell considera que los trabajos de la excavadora no pudieron afectar al yacimiento: como vemos en las imágenes de arriba, la máquina siempre trabajaba sobre el terraplén. Sin embargo, para la construcción del camino que corre paralelo a ese terraplén sí que fue necesaria la intervención de maquinaria pesada: otras excavadoras y, sobre todo, decenas de camiones moviendo toneladas de tierra (de hecho, el autor calcula que cada camión pesaría unas 20 toneladas).

Este quizás sea el plano más clarificador. Los círculos numerados indican las ubicaciones de las pretendidas «herramientas de piedra»; las áreas sombreadas muestran el camino seguido por los camiones cargados de tierra a través del yacimiento; DR SYS: sistema drenaje; R/W: carretera preferencia de paso. Los cuadrados se corresponden con las cuadrículas realizadas por los arqueólogos durante los trabajos de toma de datos.

Tras comprobar que la trayectoria de los camiones atravesaba el yacimiento, se constató además que cruzaban las dos concentraciones de huesos rotos, cada uno centrada en una de las grandes rocas (marcadas con círculos en el plano superior). Lo que parece haber sucedido es que estas rocas han concentrado la presión de los camiones sobre los huesos, aplastándolos y fracturándolos en más de 300 fragmentos.

¿Los autores del trabajo original no pensaron que el daño que vemos en los huesos es mucho más del necesario para acceder a la médula, o para obtener material para la fabricación de herramientas? La médula, de haberse extraído, habría quedado esparcida por el suelo mezclada con fragmentos de hueso.

Sutton y colaboradores: Observations regarding the Cerutti Mastodon

Gracias a este artículo podemos añadir algunos retazos más de información sobre la excavación del yacimiento Cerutti Mastodon: Deméré explicó a unos de los autores (Sutton) que casi el 50% del yacimiento quedó destruido por la construcción de unas viviendas; otro 25% fue el que excavaron entre 1992 y 1993, mientras que el resto permanece intacto (bajo la autopista, se supone).

Dado que Mark Sutton y Martin Rosen son arqueólogos y trabajan en la Universidad de San Diego (cerca por tanto del museo donde se custodian todos los materiales recuperados), contactaron con Deméré para que les permitiera estudiar con detalle todos los objetos (de hecho, Rosen trabajó un tiempo en el propio yacimiento durante la campaña de 1992). Éste les dio permiso, así que en febrero de 2018 acudieron al Museo para analizar los huesos, rocas y demás objetos expuestos allí. Sin embargo, cuando solicitaron llevar a cabo un estudio más detallado y sistemático en su laboratorio, Deméré se negó argumentando que todavía estaban llevado a cabo sus propios análisis (a pesar de que el artículo describiendo sus conclusiones se había publicado en 2017).

Por lo tanto, en este artículo, Sutton y colaboradores sólo exponen sus impresiones basándose en lo que vieron (a simple vista), y las descripciones y fotografías publicadas en el artículo original de Nature:

  • ¿Las rocas son artefactos? Según su criterio, éstas no poseen ninguna característica que permita asociarlas a artefactos culturales. Descartan por tanto que se traten de herramientas.
  • En lo tocante a cómo pudieron acabar esas rocas en el yacimiento si no fueron utilizadas por humanos, argumentan que pudieron ser los propios mastodontes quienes las transportaron. Se trata de un comportamiento que ha sido descrito en elefantes: utilizan rocas o troncos para lanzarlos contra otros individuos en sus luchas.
  • Fractura de los huesos. Los huesos de unos animales tan grandes como un mastodonte permanecen «frescos» durante mucho tiempo, años incluso, por lo que esas fracturas pudieron producirse después de haber muerto el animal. Además, los huesos analizados por los autores del artículo original no tienen las marcas características que veríamos en un hueso que hubiera sigo golpeado con un percutor.
  • Pruebas de modificación de los huesos por humanos. Nada permite afirmar que los seres humanos hubieran cazado o despiezado al mastodonte. Los huesos no presentan marcas de corte, ni tampoco las necesarias marcas de impacto que deberían aparecer junto a las fracturas si éstos hubieran sido golpeados con piedras.
  • Colmillo vertical. Se dio mucha importancia a esta circunstancia por los autores del artículo original, argumentando que era una «prueba de peso» de la intervención humana en el yacimiento. Sin embargo, sabemos que los elefantes interactúan con los cráneos y los colmillos de sus congéneres, por lo que es posible que otros mastodontes hayan movido y enterrado esa pieza. Esta explicación sería más «parsimoniosa» para la posición de ese colmillo.
  • ¿Daño en los huesos de tipo mecánico? Los autores descartan que los daños en los huesos tuvieran su origen en la maquinaria pesada usada en la construcción de la autopista. Para ellos, la capa de carbonatos que los cubre es una prueba suficiente para descartar esa posibilidad.

Sutton y colaboradores coinciden con los autores del artículo original en que hay fracturas espirales en los huesos que sugieren que se produjeron mientras estaban frescos, y que no hay pruebas de un daño mecánico. A pesar de todo concluyen que la intervención humana en el yacimiento sigue siendo ambigua como mucho.

El principal problema para aceptar como cultural –modificado por el hombre– el yacimiento de Cerutti Mastodon tiene que ver con la equifinalidad, un argumento que hemos visto mencionado por Ferraro y colaboradores. El hecho de que los humanos puedan causar unos patrones de fractura como los que vemos en los huesos del yacimiento no significa que los humanos causaran esos daños.

Hay muchas explicaciones alternativas a la participación humana para dar cuenta de las fracturas de los huesos: pudieron ser pisoteados por otros mastodontes (las marcas estriadas que presentan son típicas de este mecanismo), pudo romperlos un oso de cara corta (u oso bulldog, un animal del género Arctodus), o bien haberse causado tras el proceso de fosilización puesto que los huesos permanecen frescos durante años. La única forma de descartar todos estos mecanismos es hacer un profundo y detallado análisis de los restos, no basta con una identificación superficial (que es lo único que tenemos por ahora, ya que Deméré se negó a que la hicieran los autores de este artículo). Hasta conocer los resultados de ese análisis (si es que se llega a hacer), Sutton y colaboradores descartan la intervención humana en Cerutti Mastodon.

Debate en Antiquity

Llegamos al final de esta anotación, con los cinco artículos publicados en la revista Antiquity en junio de 2019. Hasta la fecha, son los últimos trabajos relacionados con el controvertido yacimiento de Cerutti Mastodon.

Magnani, M., et al. (2019), «Evaluating claims for an early peopling of the Americas: experimental design and the Cerutti Mastodon site«. Antiquity, vol. 93, núm. 369, p. 789-795.

Holen, K.; Fullagar, R. y Holen, S. R. (2019), «Archaeological site interpretation using experimental quantitative and qualitative data: a response to Magnani et al. (2019)«. Antiquity, vol. 93, núm. 369, p. 798-801.

Eren, M. I. y Bebber, M. R. (2019), «The Cerutti Mastodon site and experimental archaeology’s quiet coming of age«. Antiquity, vol. 93, núm. 369, p. 796-797.

McNabb, J. (2019), «Evaluating claims for an early peopling of the Americas: the broader context«. Antiquity, vol. 93, núm. 369, p. 802-807.

Magnani, M., et al. (2019), «Experimental futures in archaeology«. Antiquity, vol. 93, núm. 369, p. 808-810.

Magnani y colaboradores: Evaluating claims for an early peopling of the Americas: experimental design and the Cerutti Mastodon site.

Magnani y colaboradores cuestionan básicamente la forma en que los autores del trabajo original diseñaron los experimentos que hicieron con los huesos y que sirvieron para apoyar sus conclusiones acerca de que las fracturas eran compatibles con el uso de martillos por grupos humanos.

Los autores recuerdan que el primer paso en el diseño y posterior desarrollo de un experimento arqueológico consiste en la formulación de una hipótesis. El método por el que se generan las ideas debe establecerse de forma clara, ya que la interpretación de los resultados depende directamente de las asunciones previas de los autores. Es decir, la hipótesis tiene que formularse según un esquema de causa y efecto falsable, y para ello hace falta una hipótesis nula contraria.

Los autores del trabajo original no actuaron así, no plantearon dos hipótesis opuestas: hicieron sus experimentos y confirmaron que los patrones de fracturas de los huesos coincidían con los del yacimiento de Cerutti. A pesar de que conocían otras alternativas posibles para que se produjeran ese tipo de fracturas, no evaluaron esas otras explicaciones. Lo que deberían haber hecho es comparar de forma cuantitativa dos conjuntos de datos: por un lado, herramientas de piedra y restos de huesos modificados por otros procesos tafonómicos; y por otro, los encontrados en el yacimiento.

Además el experimento debe configurarse de forma que todas las variables estén lo más cerca posible de la observación que se intenta replicar. Sin embargo, los experimentos que hicieron Holen y colaboradores fueron demasiado variables e inconsistentes para permitir una valoración de su hipótesis. No solo utilizaron materias primas diferentes, sino que la forma de ejecutar los golpes también: de los experimentos, dos se hicieron con huesos de elefante, mientras que otros dos se hicieron con huesos de ganado y/o canguro. En el primer caso, los huesos de elefante se apoyaron en un bloque de madera y fueron golpeados con una piedra. El primer intento falló, así que en el segundo se usó una piedra más grande. Los detalles de los siguientes experimentos, utilizando huesos de ganado y canguro, son aún menos claros ya que no disponemos de informes detallados que permitan su replicación. En definitiva, todas estas variables anulan cualquier posibilidad de extraer conclusiones válidas.

La conclusión de Magnani y colaboradores es que los experimentos que han realizado los autores del artículo original no son suficientes por sí mismos para anular décadas de investigación arqueológica sobre la migración de nuestros antepasados.

Respuesta de Holen y colaboradores: Archaeological site interpretation using experimental quantitative and qualitative data: a response to Magnani et al. (2019).

Los autores del artículo original explican que los métodos experimentales actualísticos –los que ellos han hecho al golpear huesos con piedras–, a diferencia de los realizados en un laboratorio, se usan para probar escenarios hipotéticos usando materiales y condiciones «potencialmente» auténticos.

Para que entendamos esto, un estudio actualístico consiste en relacionar observaciones en especímenes modernos, con sucesos y procesos que ocurrieron en el pasado. La hipótesis de partida es una presunción: que las leyes naturales son iguales en cualquier momento y lugar del espacio (siempre y cuando se muevan en un marco temporal controlable por el experimento y las analogías observadas sean sustanciales).

Por lo tanto, para Holen y colaboradores, aunque los experimentos se hicieron con diferentes factores ambientales, diferencias en el peso y tamaño de los martillos, y distintos materiales del yunque, el proceso de percusión produjo las fracturas características vistas en el yacimiento. Por lo tanto, las conclusiones son válidas. Explican que decidieron no hacer experimentos cuantitativos porque el número de características diagnósticas de la percusión son demasiado pocas para llevar a cabo análisis estadísticos válidos. En lugar de eso, prefirieron hacer análisis cualitativos, usando analogías. En cualquier caso, insisten en que las fracturas de los huesos del yacimiento son sólo una de las múltiples pruebas que apuntan a que los huesos del mastodonte fueron «procesados» por homininos.

Por último, los autores están de acuerdo en que realizar experimentos en un laboratorio, incluyendo controles y muestras más grandes, sería de ayuda. De hecho, afirman que se están haciendo estudios sobre el uso y el desgaste de las rocas.

Metin Eren y Michelle Bebber: The Cerutti Mastodon site and experimental archaeology’s quiet coming of age

La aportación de Eren y Bebber a este debate es muy limitada, por no decir nula. En poco más de una página se limitan a decir que las críticas de Magnani, Braje, Haynes, Ferraro y demás investigadores al trabajo de Holen y colaboradores son válidas y convincentes. Hasta que el trabajo sea replicado, no hay razón para que los arqueólogos que estudian el poblamiento de América incluyan el yacimiento de Cerutti Mastodon en sus planteamientos.

John McNabb: Evaluating claims for an early peopling of the Americas: the broader context

John McNabb afirma que no son necesarias pruebas extraordinarias para afirmaciones extraordinarias, basta con que sean sólidas: cuanto más extraordinarias sean las afirmaciones, más sólidas deberán ser las pruebas.

Los problemas del yacimiento de Cerutti Mastodon giran en torno a tres cuestiones:

  • ¿Existe un hominino que haya podido migrar a América hacer unos 127 000 años?
  • ¿Hay pruebas arqueológicas que apoyen esa migración?
  • ¿Hay alguna interpretación plausible que explique la actividad de homininos en el yacimiento durante el Pleistoceno Superior?

En lo tocante a la primera cuestión, de todos los candidatos a ser los primeros cazadores recolectores del Nuevo Mundo, los denisovanos o los Homo sapiens arcaicos son los más probables. Sin embargo, las pruebas de que disponemos ahora mismo no apoyan la presencia ni de denisovanos ni de otros antepasados al norte del paralelo 40º o al noreste del meridiano 120º en ese momento.

Y esto nos lleva al trasfondo arqueológico. Beringia no fue ocupada hasta el Paleolítico Superior, y sólo de forma esporádica en las primeras fases 4. En cualquier caso, debemos tener presente que el trabajo de campo en el norte de Siberia es realmente complicado, y por eso se centra en lugares junto a asentamientos y carreteras por cuestiones de logística. Por eso debemos ser cautos ante la ausencia de pruebas arqueológicas, puede que todavía no se hayan encontrado.

Por último, McNabb hace una valoración de las «pruebas arqueológicas» recuperadas en el yacimiento de Cerutti, aunque lo hace únicamente sobre la base de observaciones generales ya que no ha visto por sí mismo los artefactos recuperados.

Para poder extraer la médula de huesos densos se necesitan técnicas sofisticadas, técnicas que sólo se han visto en yacimientos del Paleolítico Superior y posteriores, de ahí que no sea plausible que se intentara extraer la médula hace 130 000 años. Dado que no hay marcas de corte ni tampoco herramientas de piedra claramente identificables, volviendo a la plausibilidad, la interpretación de Holen y colaboradores carece de la solidez suficiente como para dar por cierta la presencia de humanos en América en ese momento.

Magnani y colaboradores: Experimental futures in archaeology

Magnani y sus colaboradores defienden que la arqueología experimental está ayudando a comprender los patrones de producción de nuestros antepasados, así como aportando información muy relevante en los debates acerca de la migración humana o la dieta. Sin embargo, cuando los experimentos no se llevan a cabo de forma sistemática y se utilizan para apoyar conclusiones que podemos considerar «atrevidas», se acerca peligrosamente a la mala ciencia.

Por eso, aunque ven con buenos ojos la disposición favorable de los autores del artículo original para realizar análisis cuantitativos e investigaciones más profundas, mantienen que se deberían haber diseñado unos experimentos más rigurosos antes de publicar esas afirmaciones.

Metin Eren escribió que:

[…] nos hemos encontrado con arqueólogos que piensan que el simple acto de «romper rocas» o usar una herramienta de piedra para matar a un animal suponen investigaciones que merecen publicarse. Pudo haber sido el caso hace tiempo, de la misma forma que el diseccionar un molusco pudo dar lugar a un artículo de biología publicado hace 150 años.

Test, model, and method validation: the role of experimental stone artifact replication in hypothesis-driven archaeology. Ethnoarchaeology, núm 8: pp. 103–136.

Por ese motivo, las afirmaciones extraordinarias como las hechas acerca del yacimiento de Cerutti Mastodon, deben hacerse conforme a los más exigentes estándares empíricos. Los experimentos que hicieron Holen y sus colaboradores serían adecuados para la investigación de un contexto arqueológico en sus primeras fases. Es decir, pueden servir como base para llevar a cabo más análisis, pero no para apoyar sus conclusiones.

Conclusiones

Tras haber leído y revisado todos los artículos que aparecen en esta anotación, creo que hay un aspecto del yacimiento que podría ser la base para acallar las numerosas críticas que se han planteado: la capa de carbonatos que, al parecer, recubren los huesos fracturados.

Por sí sola esta cuestión no sería suficiente para despejar todas las críticas, pero no cabe duda de que sería un primer paso. Sin embargo, quienes han querido realizar un estudio detallado de esta cuestión han recibido una negativa por parte de Deméré y el Museo de Historia Natural de San Diego.

Esta actitud no permite otra cosa que mantener –más que fundadas hasta el momento– que las interpretaciones sobre la presencia humana en América hace 130 000 años se han hecho de forma prematura y sin pruebas sólidas.

Notas

  1. Boëda, E., R. Rocca, A. Da Costa, M. Fontugne, C. Hatté, I. Clemente-Conte, J. C. Santos, et al. 2016. “New Data on a Pleistocene Archaeological Sequence in South America: Toca do Sítio do Meio, Piauí, Brazil.” PaleoAmerica, vol. 2, núm. 4, p. 286–302.
  2. Deméré, T. A., R. A. Cerutti, and C. P. Majors. 1995. “State Route 54 Paleontological Mitigation Program: Final Report.” Unpublished technical report prepared by San Diego Natural History Museum for Caltrans, District 11, 51 pp.
  3. Geofacto es el término utilizado para describir objetos, particularmente líticos, que han sido creados por procesos geológicos naturales en lugar de por la actividad humana.
  4. Puedes leer más sobre este tema aquí.
Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, CIENCIA, 0 comentarios
La arqueología del 99%

La arqueología del 99%

     Última actualizacón: 22 mayo 2020 a las 07:27

La gran mayoría de las personas en la antigüedad eran demasiado pobres para dejar atrás muchos artefactos. Pero los arqueólogos han aprendido a mirar más allá de los templos y los palacios.

Hasta hace pocas décadas, la arqueología tenía que ver con la grandeza y los ricos, centrada en templos, palacios y artefactos espectaculares: piense en la tumba del rey Tut o en los grandes templos y palacios de la ciudad maya de Tikal. Jeremy Sabloff, un arqueólogo ahora retirado de la Universidad de Pennsylvania y el Instituto Santa Fe, fue parte de la generación que cambió esto. Sabloff forjó su carrera estudiando a la gente corriente de la civilización maya de México y América Central, cartografiando y excavando ciudades enteras para estudiar quién vivía dónde y cómo.

En el número de 2019 de la Annual Review of Anthropology, Sabloff repasa sus más de 50 años de carrera y analiza lo que han aprendido los arqueólogos de los mayas a través del estudio de los patrones de asentamiento. Knowable Magazine habló con él sobre la arqueología de la gente corriente. Esta conversación ha sido editada por extensión y claridad.

¿Por qué los arqueólogos habían pasado por alto a la gente corriente durante tanto tiempo?

Antes de la Segunda Guerra Mundial, la investigación arqueológica era financiada principalmente por museos, individuos ricos o fundaciones. Querían hallazgos espectaculares: templos y palacios, no los restos de estructuras perecederas de la vida cotidiana. Querían tumbas reales, como la tumba del rey Tut, los tesoros reales de Ur, grandes esculturas, murales, hermosa cerámica, jade. Buscaban materiales que pudieran traer de vuelta y exhibir en museos.

¿Y por qué cambió eso?

Hasta mediados del siglo XX, gran parte de la arqueología también se hacía por personas ricas. La composición de la disciplina cambió significativamente después de la Segunda Guerra Mundial, y quienes la practicaban fueron más de clase media. Una de las razones es que había muchos más trabajos disponibles, particularmente en las universidades estatales. Y pudieron obtenerse subvenciones para trabajo de campo que no se basaban en la búsqueda de objetos o hallazgos espectaculares. Todo esto está relacionado con el cambio del 1% al 99%, como lo llamé a la ligera.

Para el área maya específicamente, el catalizador fue Gordon Willey de Harvard. Ya había sido un pionero en lo que se llamó el «enfoque del patrón de asentamiento»: quería ver todo el asentamiento de un yacimiento arqueológico, no solo los edificios principales. Estaba tan interesado en cartografiar los restos de las chozas con techo de paja, lo poco que quedara de ellas, como en los templos de piedra y los palacios. No es que las casas de los antiguos campesinos mayas hubieran sido ignoradas, pero Willey fue el primero en concentrar su atención en ellas y preguntarse: ¿cómo podemos entender a la sociedad maya en su conjunto?

Esta preocupación por el patrón de asentamiento, mirando el 100% en lugar del 1%, no solo amplió nuestra comprensión, sino que la cambió por completo. La antigua visión de los mayas era la de un pueblo pacífico no urbano gobernado por sacerdotes-astrónomos. Se pensaba que los complejos templos que se habían encontrado en Tikal y en otros lugares eran simplemente centros ceremoniales con una población mínima, y no ciudades por derecho propio. Pero los proyectos de cartografiado en Tikal y otros lugares mostraron que no se trataba solo de centros ceremoniales: había un gran número de restos de casas. En realidad eran centros urbanos de algún tipo. Esto cambió totalmente nuestra comprensión de los mayas precolombinos.

¿Por qué eligió centrarse en la arqueología de la gente corriente?

Realmente hay dos respuestas para eso. Una es que era estudiante de Willey. En 1965 comencé en un proyecto en la selva de Guatemala que analizaba toda la gama de restos mayas. Así que me metí en eso. Pero también estaba relacionado con mi interés general, que era: ¿cómo entendemos el desarrollo a través del tiempo de la civilización maya? Obviamente, si vas a hacer preguntas como esa y quieres obtener respuestas útiles, tenías que mirar toda la antigua sociedad maya al completo.

¿Cómo estudia los patrones de asentamiento?

Queremos tener una idea de la distribución de todos los tipos de viviendas y cómo están situadas en el paisaje y, en particular, queremos encontrar información sobre los habitantes de los diferentes tipos de arquitectura a través de la recopilación detallada de materiales en la superficie y mediante la excavación donde ello sea posible.

Uno de los proyectos que codirigí fue en el yacimiento de Sayil, en el norte de Yucatán, al sur de la actual Mérida. En primer lugar solo queríamos hacer un mapa del área urbana para poder tener una idea del alcance y la naturaleza de las estructuras. Una razón por la que elegimos trabajar en Sayil es que hubo muy poca perturbación después del siglo XVI. Donde hubo una choza con techo de paja, todavía se conservaba la única hilera de piedras que sostenía los postes de madera de las paredes, por lo que de hecho podías ver el diseño de las habitaciones, las plataformas sobre las que se habían construido etc.

Palacio de Sayil. CC. Fuente: Andreas Bossard

También hicimos una pequeña excavación de estas estructuras más perecederas, para poder completar un poco más. ¿Podríamos captar una idea de la composición del hogar? ¿Cuántas habitaciones habría tenido una familia? ¿Qué encontraríamos en el área de la cocina? Una de las cosas interesantes que encontramos fue que los espacios abiertos entre las casas, que solían considerarse pequeñas plazas o algo así, de hecho eran huertos donde habían estado cultivando judías, calabazas, tomates, etc.

Encontramos herramientas de piedra hechas de obsidiana, que no está disponible localmente. Así que empiezas a preguntarte cosas sobre el comercio. Económicamente, ¿dónde podrías encontrar los mercados? ¿Qué se vendía allí? ¿Los bienes eran accesibles tanto para la élite como para quienes no lo eran, o había algunas cosas disponibles solo para unos y no para otros? Todo esto hace que te preguntes cómo funcionaba la sociedad, y también cómo podría haber cambiado todo eso con el tiempo. Es una imagen mucho más rica de la sociedad maya precolombina.

Esta imagen más rica que estamos obteniendo del 100% depende de herramientas que los arqueólogos simplemente no tenían a su disposición hace 50 años. En términos de cartografiado de patrones de asentamiento, uno de los grandes avances técnicos de los últimos años es la teledetección, particularmente el LIDAR, donde aviones volando a baja altura o drones envían rayos láser hacia abajo de forma que puedes ver el suelo sin los árboles. Puedes ver caminos de piedra. Puedes ver los restos de las casas, calzadas, caminos, y fortificaciones defensivas. Esta técnica hará que el cartografiado de los yacimientos sea mucho más simple, particularmente en situaciones difíciles como en la selva tropical o un área muy boscosa. Podemos cubrir áreas mucho más extensas con mayor detalle y precisión que nunca. Los nuevos estudios de las tierras bajas mayas del sur basados en LIDAR muestran que muchas ciudades mayas precolombinas eran más extensas de lo que se pensaba anteriormente, aunque estos nuevos datos están a la espera de ser confirmados por investigaciones sobre el terreno.

¿Cómo era la vida de la gente corriente?

En primer lugar, lo que aprendimos es que es difícil hablar sobre los pueblos mayas en conjunto en un momento dado. En toda el área maya, que cubre parte de los modernos México, Belice, Honduras, Guatemala y El Salvador, hubo una gran variabilidad, tanto en el espacio como en el tiempo. Alguien que viviera en un pequeño pueblo en el norte de Yucatán puede ser diferente de los mayas que vivieron en las tierras altas de Guatemala u Honduras.

Es una sociedad agrícola. Pero evidentemente tenías artesanos de todo tipo. Algunos de ellos estaban centrados en la familia, produciendo cerámica, herramientas de piedra, materiales decorativos; otros, por ejemplo, los tejedores o quienes producen una cerámica pintada especialmente hermosa, podrían estar apoyados por la élite.

¿Ver el panorama completo les ha dado a los académicos una visión diferente de la civilización maya posclásica?

Uno de los mejores yacimientos para comprender esto es la ciudad de Mayapan, no muy lejos de la actual Mérida en Yucatán. Se ha venido trabajado allí durante varios años por un gran equipo internacional. Fue una ciudad amurallada que prosperó principalmente entre mediados del siglo XIII hasta mediados del siglo XV. Se pensaba que fue un período decadente –los mayas yendo cuesta abajo–, porque no veías grandes inversiones en bella arquitectura, en templos y palacios.

Pero descubrimos que económica y socialmente las cosas eran igual de complejas, si no más complejas. Los gobernantes de la ciudad no estaban invirtiendo su capital en una gran arquitectura o tumbas elaboradas, lo estaban usando para desarrollar almacenes, rutas comerciales, barcos, toda la infraestructura de un comercio local y de larga distancia. En mi opinión, nada decadente.

Mayapan. CC. Fuente: John

¿Hay lecciones de los mayas que podamos poner en práctica hoy?

La civilización maya clásica se desmoronó en el siglo IX, pero los mayas no desaparecieron: hoy hay más de 10 millones de hablantes mayas. ¿Qué les permitió continuar después del colapso de sus ciudades? Hay que tomar en consideración cuestiones sobre el crecimiento de la población, la guerra, la sequía y el cambio climático, que tienen relevancia. Las respuestas no necesariamente resolverán los problemas modernos, pero creo firmemente que podemos extraer potenciales lecciones del pasado. ¿En qué tuvieron éxito? ¿Qué es lo que no funcionó? ¿Cómo hicieron frente a la sequía o la guerra? Obviamente, los mayas precolombinos y otros estados antiguos son diferentes de los actuales, pero al menos nos pueden ofrecer antecedentes y contexto para iluminar los problemas modernos. Creo que por ese motivo las clases de arqueología todavía están en auge por todo el país.

Y la arqueología continúa hasta nuestros días. Hay un gran interés en este país en la arqueología de la esclavitud. Aunque es una historia reciente, la historia escrita no te da el mismo tipo de detalles sobre la vida de los esclavos que sobre la de quienes vivieron en la casa principal. La arqueología está ayudando a poner todo esto al descubierto.

Hay arqueólogos que se fijan en los restos de los campamentos de personas sin hogar para tratar de obtener más información acerca de algo que está sucediendo hoy. Es un ejemplo de una arqueología más completa sobre todos los grupos, sin importar cuán espectaculares o aparentemente no espectaculares sean sus restos materiales.

Este artículo, escrito por Bob Holmes, apareció publicado por primera vez en Knowable Magazine from Annual Reviews. Se publica esta traducción con autorización. Lee el original aquí.

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