José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
La evolución humana en «2001: Una odisea del espacio»

La evolución humana en «2001: Una odisea del espacio»

El 6 de abril de 1968, en el Cinerama Theatre Broadway de la ciudad de Nueva York, se estrenó la película 2001: a space odyssey 1. Stanley Kubrick no solo dirigió la película, sino que escribió el guion junto al novelista Arthur C. Clarke basándose en un relato corto de este último titulado «El centinela», escrito en 1948 y publicado originalmente en la revista «10 Story Fantasy» en 1951 2.

«2001: Una odisea del espacio» es considerada hoy en día como una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos.

Tráiler de la película 2001 A Space Odyssey.CC.

Dado que hoy se cumple el 50 aniversario de su estreno en EE.UU., quería aprovechar la ocasión para contaros algunos detalles que quizás no conozcáis de la escena inicial –ya convertida en un icono en sí misma– y que tiene especial relevancia para la paleoantropología.

2001: Una odisea del espacio

Al comienzo de la película, una frase sobreimpresa nos da cuenta de lo que vamos a ver: The dawn of man, que yo traduciría como «Los albores (o el origen) de la humanidad».

Un lento amanecer abre paso a un paisaje agreste, una región semiárida que fácilmente podemos asociar con una región de África, donde vemos a un grupo de animales de aspecto simiesco ­–en posición cuadrúpeda y con el cuerpo completamente cubierto de pelo– alimentándose de lo que encuentran a su alrededor, insectos, bayas y otros frutos.

La siguiente escena nos traslada a una charca donde el grupo está reunido desparasitándose y bebiendo tranquilamente, una conducta comparable a la que hoy en día realizan los chimpancés. Esta imagen apacible se ve alterada cuando otro grupo de «simios» asoma por una pequeña colina. Ambos grupos comienzan a gesticular, hacer aspavientos y gritar en un intento de defender, unos su territorio y otros su derecho a acceder al agua de la charca. La cosa no va más allá y, finalmente, el grupo «invasor» se hace con el acceso al líquido al tiempo que los otros se marchan.

Otra escena. Llega un nuevo día –y suponemos que ha transcurrido una gran cantidad de tiempo– y aparece uno de los personajes más importantes de la película: una piedra de color negro, con forma de paralelepípedo, perfectamente pulimentada y clavada en el suelo en posición vertical. Los simios se sorprenden de su presencia pero tampoco le dan mayor importancia.

2001: Una odisea del espacio. 1968. Metro-Goldwyn-Mayer

Al siguiente amanecer – ¿un nuevo salto temporal?– y, a la sombra del «monolito», vemos cómo uno de estos antepasados coge el hueso de un animal muerto y comienza a golpear su esqueleto al tiempo que se yergue sobre las dos piernas traseras. De golpear un cráneo a emplear ese hueso como arma para cazar animales transcurren unos pocos fotogramas. Ya tenemos a nuestro antepasado cazador.

2001: Una odisea del espacio. 1968. Metro-Goldwyn-Mayer

A partir de aquí las cosas comienzan a ir más deprisa: estos primates comienzan a comer carne, a manejar herramientas con las extremidades superiores, vemos a crías «aprendiendo» lo que es una maza 3 y por último, a un grupo rival caminar erguidos sobre dos piernas y a uno de sus miembros matar a golpes a otro de sus congéneres con la nueva arma. Como se suele decir, el resto es historia.

2001: Una odisea del espacio. 1968. Metro-Goldwyn-Mayer

Supongo que pocos de los que estáis leyendo estas líneas no habéis visto o no recordáis esta escena pero, por si acaso, os la dejo completa (podéis agrandar el reproductor):

Lo que Kubrick y Clarke quisieron poner de manifiesto en los primeros minutos de la película es la representación gráfica de la idea dominante en esa época acerca de la evolución de nuestros antepasados, la aparición de un animal que camina sobre dos piernas y es capaz de cazar y matar otros animales para su sustento. Un hueso se convierte «de pronto» en una herramienta para golpear, pero también para matar. Es un salto evolutivo gigantesco y dramático.

La hipótesis del «simio asesino»

Este planteamiento tiene su origen en una hipótesis defendida por uno de los paleoantropólogos pioneros en el estudio de la evolución humana: Raymond Dart. Él sostenía que Australopithecus africanus –que vemos «evolucionando» en los minutos iniciales de la película– eran una especie agresiva que utilizaba huesos y cuernos como armas y los empleaba para matar tanto a sus rivales como a otros animales. Llamada killer ape hypothesis o hipótesis del «simio asesino» tuvo una acogida desigual entre la comunidad científica 4.

El Dr. Dart había llegado a esa conclusión al quedar impresionado por la gran cantidad y diversidad de huesos fosilizados encontrados en Makapansgat, un yacimiento sudafricano que hoy forma parte de lo que conocemos como la Cuna de la Humanidad, donde Dart estuvo gran parte de su carrera realizando excavaciones.

Al recopilar diferentes restos fósiles se dio cuenta de que casi todos los huesos estaban fragmentados, aparecían literalmente destrozados debido a lo que él pensó eran golpes intencionados (como los golpes que vemos en la película). También se encontraron «porras» y «lanzas» hechas con huesos y cuernos de antílope cuyas puntas parecían coincidir con las marcas que presentaban algunos de los fósiles recuperados. Así, esos huesos se convirtieron en la prueba de las primeras «luchas» o «guerras» de la humanidad.

Una visión diferente.

Uno de los discípulos del Dr. Dart, Bob Brain, tenía una versión más «optimista». Brain se preguntó cómo se habían formado los fósiles y cuál era el motivo de que aparecieran incrustados literalmente en los bloques de roca (en brecha). Debemos recordar que el yacimiento de Makapansgat había sido una mina de la que se extraía el mineral empleando explosivos. No es necesario decir que los mineros tenían un nulo interés en el estudio de los restos fósiles. Su única preocupación era recuperar la mayor cantidad de mineral con el menor esfuerzo posible.

En este sentido, Brain se preguntó si las marcas que presentaban los fósiles ­—esas fracturas y marcas características— se debían más bien a la forma en que se había producido la fosilización, que a la manera en que habían muerto nuestros antepasados. Tras años de trabajos, concluyó que los fósiles presentaban esas marcas características porque en realidad eran los restos dejados por carnívoros después de cazarlos y comérselos 5.

Los leopardos, hienas, tigres dientes de sable y gatos gigantes con los que convivían nuestros antepasados, eran uno de nuestros principales depredadores. Literalmente nos daban caza, y conducían sus trofeos a la profundidad de las cuevas para devorarlos tranquilamente. El paso de decenas de miles de año hizo el resto.

The man hunters

 No quería terminar sin contaros otra anécdota en relación con la película. En términos generales, la opinión mayoritaria es que la película mantiene una buena coherencia científica tanto en los efectos especiales como en el argumento en sí mismo.

En lo que respecta a la escena inicial, los realizadores contaron con el asesoramiento científico y colaboración de los paleoantropólogos F. Clark HowellPhillip Tobias. Este último fue el encargado de trabajar con los actores que interpretaban a los «simios» bajo unos pesados y calurosos disfraces para que comprendieran cómo se comportaban y caminaban los australopitecinos. Algunas de las sesiones de trabajo aparecieron en un documental titulado The man hunters 6 emitido por primera vez en 1971. Puedes verlas a continuación:

El documental completo, para quien tenga interés, lo podéis ver aquí.

Notas

  1. Titulada en España como «2001: Una odisea del espacio».
  2. Y que más adelante, tras desarrollar más el argumento, se convertiría en una novela homónima, publicada el mismo año del estreno de la película.
  3. En la película utilizaron para esta escena a crías reales de chimpancés.
  4. El profesor Dart estaba acostumbrado a esta situación ya que su descripción del «niño de Taung» también fue acogida con escepticismo, aunque finalmente se impuso como acertada.
  5. Los agujeros de algunos cráneos coincidían exactamente con la posición de los colmillos de los depredadores.
  6.  The Man Hunters. Directed by NICHOLAS NOXON with F. CLARK HOWELL and PHILLIP TOBIAS as scientific consultants. Produced by MGM in association with Time-Life Books. 16mm, color, sound, 52 minutes.
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Reseña: La falsa medida del hombre

Reseña: La falsa medida del hombre

Ficha Técnica

Título: La falsa medida del hombre
Autor: Stephen Jay Gould
Edita: Editorial Crítica, 2017
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Número de páginas: 400 p.
ISBN: 978-8416771714

Reseña del editor

Esta es una de las obras fundamentales del gran paleontólogo recientemente fallecido y uno de los alegatos científicos más devastadores de las teorías racistas. En sus páginas, Gould estudia los diversos intentos realizados a lo largo del tiempo para medir la inteligencia humana: primero a través de los cráneos y del tamaño del cerebro, más tarde por medio de los tests para averiguar el «coeficiente intelectual» y, finalmente, recurriendo a análisis sociológicos como los de «La curva de Bell», siempre con la intención de afirmar la naturaleza hereditaria de la capacidad intelectual y, por lo tanto, la inutilidad de cualquier esfuerzo cultural y educativo. Gould denuncia con sagacidad la falsedad científica de estos planteamientos que condujeron en el siglo XX a la matanza de millones de seres humanos y que pretenden hoy perpetuar la pobreza y las injusticias sociales explicándolas como una consecuencia inevitable de la inferioridad innata de determinados seres humanos.

Reseña

Llevaba mucho tiempo queriendo leer este libro porque considero a Stephen Jay Gould como uno de mis héroes intelectuales, y porque el tema central de la obra es la inteligencia, un tema que me interesa mucho explorar.

Nos encontramos ante un texto denso, repleto de información, detalles y razonamientos profundos acerca de la inteligencia, pero de la inteligencia «como entidad singular, su localización en el cerebro, su cuantificación como número único para cada individuo, y el uso de esos números para clasificar a las personas en una sola escala de méritos». Los estudios que se hicieron con este objetivo en mente –comprender qué es la inteligencia y clasificar a las personas en función de la misma– llevó a postulados que no sólo defendían que los grupos (razas, clases o sexos) oprimidos y menos favorecidos eran inferiores por nacimiento y merecían ocupar esa posición, sino que debían ser esterilizados para evitar que propagasen su condición.

El profesor Gould dejó claro que su libro era una crítica de una «concreta» teoría de la inteligencia sostenida por las interpretaciones interesadas de un «determinado» estilo de test psicológicos: la teoría de la inteligencia unitaria, de base biológica e inmodificable.

El libro se apoya en tres pilares fundamentales:

Primero: el determinismo biológico

El determinismo biológico consiste en afirmar que tanto las normas de conducta como las diferencias sociales y económicas que se dan en las diferentes poblaciones ­­­­­­­­–básicamente, diferencias de «razas», clases o sexos– tienen su raíz en ciertas condiciones heredadas, innatas (y por tanto, inmodificables), y que, en este sentido, la sociedad es un reflejo fiel de la biología.

Lo que hace el autor es analizar la tesis defendida por muchos científicos en los siglos XIX y XX de que el «valor» de los individuos y de los grupos puede establecerse a través de la medida de la inteligencia como una cantidad aislada.

«Este libro analiza la abstracción de la inteligencia como entidad singular, su localización en el cerebro, su cuantificación como número único para cada individuo, y el uso de esos números para clasificar a las personas en una sola escala de méritos, descubrir en todos los casos que los grupos ­­­­­­­­–razas, clases o sexos– oprimidos y menos favorecidos son innatamente inferiores y merecen ocupar esa posición.»

Segundo: los «grandes» argumentos

Para exponer su planteamiento –y rebatir las ideas de esos teóricos— se centra en los «grandes» argumentos y errores que cometieron los iniciadores de esta corriente de pensamiento. Así, el libro se divide claramente en dos mitades que representan las piedras centrales de esta teoría, en orden cronológico, durante los doscientos últimos años en que ha sido prominente:

«El siglo XIX se centró en las mediciones físicas de cráneos, ya fuera por el exterior, o desde dentro (para medir el volumen de la caja craneal). El siglo XX pasó al método, supuestamente más directo, de medir el contenido del cerebro mediante los test de inteligencia. En suma, de medir las propiedades físicas de los cráneos a medir el contenido interno de los cerebros.»

Tercero: aplicación del método científico

En su titánica tarea de desmontar las falaces argumentaciones de quienes defienden el determinismo biológico, el profesor Gould aplica el método científico: las diferencias entre los individuos son análogas a la variación de las poblaciones, y las diferencias que se miden entre los grupos son análogas a las diferencias temporales de los linajes a lo largo del tiempo. Por lo tanto, procede a hacer un profundo y sopesado análisis de los datos que manejaron los propios ideólogos para mostrar las falacias en sus argumentaciones sobre las diferencias en la «inteligencia» medidas entre los grupos humanos.

«La falsa medida del hombre se centra, por lo tanto, en el análisis de los grandes conjuntos de datos que hay en la historia del determinismo biológico. Este libro es una crónica de las falacias profundas y aleccionadoras (no de los errores tontos y superficiales) que hay en el origen y en la defensa de la teoría de la inteligencia unitaria, linealmente clasificable y muy poco alterable.»

El autor hace hincapié en dos falacias principalmente. La primera es la reificación o tendencia a convertir los conceptos abstractos en entidades. Todos nosotros somos conscientes de la importancia de la mente en nuestras vidas y deseamos caracterizarla. Por lo tanto, sostiene:

«[…] bautizamos con la palabra “inteligencia” ese conjunto de capacidades humanas prodigiosamente complejo y multifacético. Una vez que la inteligencia se ha convertido en una entidad, los procedimientos normales de la ciencia prácticamente deciden que debe dotársela de una localización y de un substrato físico. Puesto que el cerebro es la sede de la mentalidad, la inteligencia debe residir allí.»

Siguiendo este hilo argumental llegamos a la segunda falacia, la de la «gradación» o tendencia a ordenar la compleja variación de esa entidad en una escala ascendente:

«El estilo común en que se expresaron ambas falacias mentales fue el de la cuantificación, o medición de la inteligencia como número único para persona. En el siglo XX los test de inteligencia desempeñan la misma función que supuso la craneometría en el siglo pasado [en referencia al siglo XIX]: según ellos, la inteligencia (o al menos una parte dominante de la misma) es una cosa separada, innata, heredable y medible.»

En definitiva, los argumentos clásicos del determinismo biológico fracasan porque los caracteres que invoca para hacer diferencias entre grupos son producto de la evolución cultural. Los deterministas buscaron pruebas de la idea de que estamos «programados» desde que nacemos en caracteres anatómicos creados por la evolución biológica. Su profundo error –y que muchos siguen cometiendo hoy en día– es que trataron de utilizar la anatomía para hacer inferencias acerca de unas capacidades y conductas que vinculaban con la anatomía, cuando éstas tienen un origen cultural (sabemos que la «inteligencia» depende de numerosísimos factores entre los que destacan el desarrollo, la capacidad económica de los progenitores, el ambiente etc.)

«La falsa medida del hombre» no es un libro fácil de leer, y así lo reconoce el propio autor, pero alega en su defensa que dirigió el libro «[…] a todas las personas serias que se interesaran por el tema». Para ello siguió las dos reglas cardinales que siempre ha usado al escribir sus ensayos. En primer lugar, no detenerse en generalidades y sí centrarse en esos detalles pequeños pero fascinantes, que son capaces de captar el interés de los lectores. En segundo lugar, simplificar la escritura eliminando la jerga, por supuesto, por sin «adulterar» los conceptos; nada de compromisos, nada de aturdir.

«La divulgación forma parte de la gran tradición humanística de la erudición seria, no es un ejercicio de aturdir por placer ni por sacar provecho.»

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Nueva campaña de excavación en la cueva Rising Star

Nueva campaña de excavación en la cueva Rising Star

     Última actualizacón: 27 agosto 2018 a las 17:42

Portada: fotograma del documental de National Geographic «Discovering Homo Naledi: Journey to Find a Human Ancestor, Part 1 | Nat Geo Live»

Hace varios días empezó una nueva campaña de excavación en el complejo de cuevas Rising Star cerca de Johannesburgo. El yacimiento de Rising Star está formado por varias cámaras subterráneas con un acceso enormemente complicado donde se han hallado los restos de Homo naledi, el último miembro del género Homo, que fue descrito por un equipo multidisciplinar de científicos encabezados por el profesor Lee Berger de la universidad de Witwatersrand (te recomiendo que leas una introducción al tema en esta anotación: Una estrella en ascenso para buscar el origen de la humanidad. La cueva Rising Star).

Uno de los aspectos más llamativos e interesantes de este equipo de científicos ha sido su interés en que el público general pueda seguir el día a día de su trabajo desde cualquier parte del mundo. Lo lograron instalando cámaras en el interior de la cueva y desplegando kilómetros de cables, permitiendo incluso que hubiera señal WiFi en la cámara más profunda de donde se han extraído miles de restos fósiles. Creo que merecen nuestro aplauso y reconocimiento ya que gracias a este empeño en favor de la divulgación han conseguido, por ejemplo, que miles de estudiantes en escuelas repartidas por todo el mundo vieran en directo cómo trabajan y pudieran hacerles preguntas a las excavadoras y al resto del equipo mientras se hacían los descubrimientos (si quieres conocer algunos detalles de lo complicado de los trabajos y otras curiosidades, puedes ver la charla que dí sobre este tema: Paleoantropología 2.0).

Como digo, hace unos días se han retomado los trabajos y de nuevo tenemos la oportunidad de conocer no sólo cómo se lleva a cabo la recuperación de los fósiles, sino también otros aspectos interesantes acerca del funcionamiento de una compleja excavación paleoantropológica. Regularmente se hacen conexiones en directo a través de Periscope y Facebook Live, y se publican fotografías en Twitter Instragram que nos hacen sentirnos parte del equipo. Algo nunca visto hasta ahora en este campo de investigación.

Por ejemplo, en el primer vídeo que quiero compartir con vosotros, Lee Berger –director de la excavación– nos muestra cuál es el acceso a la cueva y también cómo son los alrededores del yacimiento –debemos tener presente que se trata de un complejo subterráneo y que desde el exterior sólo se aprecian los árboles que rodean la entrada–. Mucho ha cambiado este paisaje desde que se plantaron las primeras tiendas de campaña allá en 2013. De hecho, parte de la labor realizada en la zona –además de colocar vallas en el perímetro y cerrar con una reja la entrada– ha incluido la retirada de plantas que no eran endémicas de la región y la reintroducción de animales autóctonos.

Otro de los detalles llamativos de este yacimiento es que la entrada a la cueva, cuya importancia para el estudio de la evolución humana se conoció hace 5 años, se encuentra a muy corta distancia de dos de los yacimientos paleoantropológicos más importantes del continente africano: SwartkransSterkfontein (el profesor Berger mantiene varios equipos de espeleólogos inspeccionando las numerosas cuevas de la región en busca de otros posibles lugares donde recuperar más fósiles, por lo que no podemos descartar que pronto tengamos noticias en este sentido).

En el siguiente vídeo, el profesor Berger nos explica cómo es trabajo desde el «centro de control», el lugar donde tienen que permanecer todos aquellos que no poseen la complexión física necesaria para atravesar los estrechos pasajes que llevan a las diferentes cámaras. Allí están los ordenadores y los teléfonos que permiten una comunicación directa con diferentes partes de la cueva, así como la zona donde se dan las últimas instrucciones a las excavadoras, ahora mundialmente conocidas como «astronautas subterráneas».

Para que podáis orientaros mejor, os dejo un esquema de la cueva donde se se aprecian los estrechos pasadizos que hay que atravesar (uno recibe el nombre de «pasadizo de supermán» y otro sencillamente el de «conducto») y la pared que hay que escalar («espalda del dragón»). La mayoría de fósiles se han recuperado en la cámara Dinaledi:

Esquema de Rising Star y la cámara Dinaledi donde se encontraron los primeros restos de Homo naledi.

Precisamente, una de las partes más complicadas para trabajar es el «conducto» (chute en inglés), ya que se trata de un conducto vertical que posee una anchura máxima de 18 centímetros y que desemboca en el suelo de la cámara Dinaledi. Tan complicado es el acceso por este lugar, que la retirada del material fósil de la cámara requiere un enorme trabajo de preparación: los huesos deben estar en todo momento protegidos de cualquier posible daño.

Mathebela Tsikoane, un nuevo miembro del equipo, nos explica en este vídeo cómo se recupera el material ya que ahora mismo se encuentran excavando justo al final del «conducto», en la base:

Y lo que están tratando de hacer es sacar a la superficie un esqueleto (parece que parcial) de un ejemplar de Homo naledi. Una vez retirada la capa superior de sedimento, la labor de las dos astronautas subterráneas, Marina Elliott y Becca Peixotto, es preparar adecuadamente los restos para liberarlos del sustrato.

Una de las hipótesis de trabajo del equipo de investigación es que Homo naledi introducía deliberadamente a sus congéneres muertos en esta cámara arrojándolos por el conducto. De esta forma, ha sido posible encontrar esqueletos casi completos y articulados, es decir, con los huesos aún unidos a pesar de llevar «enterrados» decenas de miles de años. 

La forma de proceder es la misma que la que se hace diariamente en decenas de yacimientos: se cubren los fósiles con una fina cubierta de plástico y luego se refuerza todo con escayola y gasa:

Luego se deja secar,

O se acelera la tarea con ayuda de un secador de pelo (el nivel de humedad en el interior de la cueva es enorme, y los huesos se recuperan literalmente empapados de agua):

 

En fin, una forma apasionante de aprender acerca de nuestro pasado y comprender mejor cómo es la labor que decenas de científicos llevan a cabo en su esfuerzo por responder a las preguntas que la humanidad se lleva planteando desde el origen de los tiempos: quiénes somos y de dónde venimos.

Os dejo por último con una reivindicación del profesor Berger acerca de la labor de las mujeres científicas con ocasión del día internacional de la mujer celebrado el pasado 8 de marzo:

 

Puedes estar al tanto de todo siguiendo a los protagonistas en las redes sociales:

Lee Berger: @LeeRberger (twitter); Lee R. Berger (facebook)

John Hawks: @johnhawks (twitter); John Hawks (facebook); http://www.johnhawks.net/weblog (blog)

Marina Elliott:  @Troglonaut1 (twitter); Marina Elliott (facebook)

Becca Peixotto: @BeccaPeixotto (twitter); Becca Peixotto (facebook)

Mathebela Tsikoane: @Mathabela_Flip (twitter)

Steven Tucker: @sjtucker135 (twitter)

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#Homonaledi, #Risingstar, #Dinaledi, #MathabelaPhotographer

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Llamamiento de los científicos a cuidar el planeta

Llamamiento de los científicos a cuidar el planeta

En 1992, una asociación de científicos norteamericana (la Union of Concerned Scientists) junto a más de 1.500 científicos independientes –entre los que figuraban la mayoría de los galardonados con un premio Nobel en ciencias que estaban vivos por entonces– publicaron un comunicado con el título Advertencia a la Humanidad de los científicos del mundo, en el que postulaban que sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella si quería evitarse una enorme miseria humana, y que nuestro planeta quedaría «irremediablemente mutilado» en caso contrario.

Hace unos meses se cumplió el vigésimo quinto aniversario de aquella declaración y un nuevo grupo, esta vez liderado por el experto en ecología William J. Ripple (junto a más de 15.000 investigadores de 184 países diferentes) han hecho pública una nueva advertencia (publicada en la revista BioScience, lleva por título World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice – léelo aquí).

Afirman que desde 1992, y exceptuando la estabilización de la capa de ozono, la humanidad no ha hecho suficientes progresos para resolver los desafíos ambientales a los que nos enfrentamos y que, de forma alarmante, están empeorando.

En este sentido, es especialmente preocupante la trayectoria que nos avoca a un cambio climático potencialmente catastrófico debido, fundamentalmente, a tres circunstancias relacionadas entre sí: el aumento de los gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la producción agrícola relacionada con el consumo de carne.

Además, confirman que nos encontramos ante un evento de extinción masiva ­­–la sexta en unos 540 millones de años– en el que muchas de las actuales especies desaparecerán a finales de este siglo.

Los datos no hacen sino confirmar esta peligrosa tendencia:

En este nuevo texto (puedes acceder al contenido  los científicos nos avisan de que estamos poniendo en peligro nuestro futuro debido a un desproporcionado consumo material (que además es desigual tanto geográfica como demográficamente), y por no darnos cuenta de que el rápido y sostenido crecimiento de la población es el principal causante de la mayoría de amenazas ecológicas y sociales que nos atenazan.

Y en este sentido, coinciden en reprochar a la comunidad internacional que no estamos dando los pasos necesarios para proteger nuestra biosfera debido a nuestra inacción a la hora de afrontar distintos retos:

  • Limitar el crecimiento de la población.
  • Reevaluar el papel de la economía basada en el crecimiento.
  • Reducción en la emisión de gases de efecto invernadero.
  • Incentivar la energía renovable.
  • Protección del hábitat.
  • Restauración de los ecosistemas.
  • Frenar la polución.
  • Detener la extinción de la fauna.
  • Poner coto a las especies invasivas

Aunque no basta con poner de manifiesto estos problemas. Dado que la mayoría de los líderes políticos sólo responden ante la presión, instan a los científicos, los medios de comunicación y a los ciudadanos a que insistamos ante los gobiernos para que pasen a la acción como un imperativo moral hacia las generaciones actuales y, sobre todo, las futuras. Al mismo tiempo, nosotros mismos tenemos que reexaminar y modificar nuestros comportamientos individuales.

Hemos conseguido algunas metas importantes: el esfuerzo realizado en la disminución de las sustancias que destruían la capa de ozono demuestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de manera decidida. También hemos hecho avances importantes para reducir la pobreza extrema y el hambre, reducir la tasa de deforestación en algunas regiones así como hemos avanzado en relación al uso e implementación de energías renovables. Pero aún queda mucho por hacer.

En este sentido, el cambio hacia la sostenibilidad se puede producir de diferentes maneras pero todas requieren que ejerzamos presión por parte de la sociedad civil, que utilicemos argumentos basados en pruebas, que reclamemos un liderazgo político claro y manejemos un conocimiento profundo de los instrumentos políticos, los mercados etc.

Finalmente, este grupo de científicos detalla algunos ejemplos de acciones efectivas que podemos hacer para lograr ese cambio hacia la sostenibilidad (no están ordenadas por importancia ni tan poco por la urgencia en su adopción):

  • Priorizar la creación de grandes espacios protegidos que incluyan una proporción significativa de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aéreos de todo el mundo.
  • Mantener los ecosistemas, frenando la transformación de selvas, bosques, praderas y otros hábitats naturales.
  • Restaurar las plantas autóctonas a gran escala, principalmente los bosques.
  • Reintroducir en la naturaleza las especies nativas, especialmente depredadores, para recuperar los procesos y dinámicas ecológicos.
  • Implementar las políticas adecuadas para evitar la extinción de especies animales, la crisis de la caza furtiva y la explotación y el comercio de especies amenazadas.
  • Reducir el desperdicio de alimentos mediante la educación y mejores infraestructuras.
  • Promover un cambio hacia dietas más vegetarianas.
  • Ampliar la reducción de la tasa de natalidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente en los lugares donde faltan tales recursos.
  • Incrementar la educación medioambiental de los niños, así como el compromiso de la sociedad en general con la naturaleza.
  • Desinvertir en inversiones monetarias y adquisiciones para promover un cambio ambiental positivo.
  • Diseñar y promover nuevas tecnologías no contaminantes y adoptar de forma masiva las energías renovables al tiempo que se eliminan las subvenciones a la producción de energía con combustibles fósiles.
  • Corregir la economía para reducir desigualdades y asegurarse que los precios, los impuestos y los sistemas de incentivos tengan en cuenta los costes reales que nuestro patrón de consumo imponen en nuestro medio ambiente.
  • Calcular un tamaño para la población humana que sea sostenible y científicamente defendible a largo plazo, y pedir a las naciones y sus líderes que apoyen ese objetivo vital.

La conclusión es demoledora:

Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y el tiempo se acaba. Debemos reconocer, en nuestra vida cotidiana y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar. Podemos hacer un gran progreso por el bien de la humanidad y del planeta, del que dependemos.

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La ruta costera de entrada en América

La ruta costera de entrada en América

     Última actualizacón: 7 junio 2018 a las 12:21

Se han planteado varias hipótesis acerca de cómo y cuándo llegaron nuestros antepasados por primera vez al continente americano (lo hemos tratado con anterioridad en la anotación titulada ¿Quienes fueron los primeros pobladores de América?). Se trata de una cuestión que genera un intenso –e interesante– debate tanto en la comunidad científica como entre el público en general, debate que se ha visto agudizado porque en los últimos años la hipótesis que más consenso aglutinaba se ha visto ampliamente superada por los resultados de las investigaciones más recientes.

Hace unas décadas pocos dudaban de que los primeros colonizadores del continente americano habían llegado atravesando Beringia —una porción de tierra que hoy en día se encuentra sumergida bajo el actual estrecho de Bering y que en otro tiempo unió los continentes asiático y americano—. Desde ahí siguieron su camino a través de un «corredor libre de hielo» (ice-free corridor) abierto entre dos masas glaciares en retroceso, lo que les permitió alcanzar las llanuras al este de las Montañas Rocosas. De esta manera, hace aproximadamente 13.500 años, estos antepasados desarrollaron un complejo de herramientas de piedra —que hoy conocemos como «cultura Clovis»— y se expandieron rápidamente hacia el sur colonizando todo el continente en un corto plazo de tiempo (alrededor de 1.000 años).

Dado que durante la última glaciación Beringia unía por tierra Asia y América y que, al parecer, los primeros americanos eran nómadas que practicaban la caza mayor, fue fácil concluir que éstos habían seguido a los mamuts y a otras presas desde Asia en dirección sur. La fecha propuesta para la entrada en las llanuras americanas casaba con la ausencia –hasta ese momento– de ningún yacimiento arqueológico con una antigüedad mayor.

Sin embargo, cada vez tenemos más pruebas que apoyan la idea de que los primeros colonizadores siguieron una ruta costera. Según esta hipótesis, la entrada en América desde Beringia se verificó hace aproximadamente 16.000 años utilizando embarcaciones de diferentes tipos. Este flujo migratorio no se interrumpió y se produjo una rápida expansión hacia el sur por la costa del Pacífico, llegando a Chile al menos hace 14.500 años, donde se asentaron en lo que hoy conocemos como el yacimiento arqueológico de Monte Verde 1.

Nuevas dataciones para los yacimientos del interior

Como hemos apuntado, la hipótesis inicial que defendía la migración hacia el sur a través del «corredor libre de hielo» sufrió un primer revés serio cuando la datación del yacimiento de Monte Verde II en Chile arrojó 14.500 años de antigüedad, más de 1.000 años antes de que aparecieran las primeras herramientas de los Clovis. Desde entonces han ido apareciendo muchos yacimientos más antiguos que los primeros artefactos de este complejo cultural.

Por ejemplo, las recientes excavaciones en el yacimiento de Page-Ladson han sacado a la luz huesos de mastodonte y herramientas de piedra datados en 14.550 años 2. Page-Ladson era una dolina con un pequeño estanque en su interior donde se podía encontrar agua dulce. Actualmente forma parte del lecho del río Aucilla. Con esta configuración se trataba de un lugar magnífico donde nuestros antepasados podían conseguir alimento. Los animales acudirían allí para refrescarse y podrían ser cazados con relativa facilidad. De hecho, los restos de mastodontes y las puntas de flecha introducidas entre los huesos son los que acreditan la presencia humana.

Otro yacimiento interesante es el de las cuevas Paisley. En 2008 se publicó el hallazgo de unos coprolitos (término con el que se designan los excrementos fósiles) cuyo estudio de ADN confirmó que se trataba de heces humanas datadas entre hace 14.000 y 15.000 años 3. El yacimiento lo conforman una serie de cuevas poco profundas cercanas a la localidad de Paisley, desde las que se domina un antiguo lecho lacustre. La hipótesis lanzada en aquel momento fue la de que nuestros antepasados se habían adentrado en la región desde el Pacífico remontando el curso de los ríos Columbia o Klamath.

Sin embargo, estos resultados se pusieron en entredicho 4 sobre la base de que los análisis de ADN presentaban defectos metodológicos y que los restos se habían recuperado en un yacimiento alterado (de ahí la sospecha de que las fechas obtenidas mediante radiocarbono no eran fiables). Asimismo, los críticos sostenían que no se habían localizado otros tipos de artefactos que dieran más robustez a los resultados.

La cuestión parece haberse resuelto con la publicación en 2012 5 de un nuevo trabajo donde se analiza con más detalle la estratigrafía del yacimiento y se informa de la recuperación de varias puntas de flecha. Ahora la datación del yacimiento es más fiable y arroja una antigüedad de 14.500 años.

En definitiva, cada vez tienen más aceptación las dataciones de algunos yacimientos que apoyan la presencia humana en el continente americano antes de la aparición de la «cultura Clovis». Por tanto, la hipótesis de la entrada por la ruta costera se ve reforzada ya que por esas fechas el «corredor libre de hielo» aún no existía.

En cualquier caso, debemos tener presente que no fue hasta hace unos 17.000 años cuando la costa del Pacífico se hizo practicable con la retirada de las masas de hielo y se pudo formar un «camino» rico en recursos terrestres y marítimos (especialmente algas marinas) y sin grandes barreras geográficas que complicasen la travesía 6 7.

De lo dicho hasta ahora podría pensarse que la hipótesis de la ruta costera está firmemente confirmada, aunque lo cierto es que necesitamos encontrar pruebas de presencia humana a lo largo de dicha ruta. En esencia, lo ideal sería encontrar varios yacimientos con dataciones precisas superiores a los 15.000 años antes del presente en el sudoeste de Alaska o la Columbia Británica canadiense, y que se extendieran por toda la costa hacia el sur.

Cambiando de paradigma

Sin embargo, no es probable que tengamos tanta suerte. El principal problema a la hora de someter a prueba las diferentes hipótesis acerca de cómo se produjo la entrada en el continente americano tiene mucho que ver con el clima.

Los glaciares comenzaron a derretirse hace aproximadamente 26.500 años (durante el Último Máximo Glacial), permitiendo no sólo el paso a las llanuras americanas a través del «corredor libre de hielo» del que tanto hemos hablado, sino también seguir la ruta por la costa bastante tiempo antes.

Pero éstas no fueron las únicas consecuencias. El masivo aporte de agua tras la fusión de los glaciares hizo que el nivel del mar aumentase globalmente entre 100 y 125 metros 8, inundando grandes porciones de costa. A raíz de esto quedó sumergido bajo el agua cualquier posible yacimiento arqueológico que pudieran albergar y que nosotros pudiéramos investigar.

Aunque sí que hay algo que podemos hacer para resolver este problema. Por ejemplo, estudiar las zonas adyacentes a Beringia para tratar de localizar yacimientos costeros en zonas de escasa profundidad. Otra opción es buscar posibles asentamientos en aquellas islas que no estuvieron conectadas a tierra durante el Pleistoceno o, de forma más indirecta, buscar pruebas de un posible «comercio» de objetos relacionados con el mar –conchas, anzuelos u otros elementos de este tipo– en yacimientos del interior, lo que demostraría una conexión con marineros o ecosistemas marinos. Del mismo modo, la búsqueda de posibles yacimientos en las riberas de ríos como el Columbia podría ofrecer buenos resultados ya que esos cursos de agua eran una fuente fiable de alimento y también se podían remontar fácilmente hacia el interior.

Otra estrategia –que lleva en práctica desde hace unos años– consiste en localizar los lugares de la ruta que pudieron servir como asentamientos para estos antiguos marineros. Esto nos permitiría acotar en gran medida la búsqueda de yacimientos arqueológicos viables. La forma de hacerlo es buscando un recurso insoslayable: el agua dulce. Hoy en día, varios equipos de científicos están escaneando el fondo marino para localizar el curso de los ríos antiguos. Esperemos que estos trabajos den frutos pronto.

En definitiva, debemos tener en cuenta que cualquier planteamiento que sigamos se encontrará con diversas dificultades como la erosión del fondo marino y de la línea de costa. Esto ha provocado el desplazamiento de los yacimientos decenas e incluso centenares de kilómetros desde sus ubicaciones originales. Por lo tanto, se precisa un programa de investigación interdisciplinar. Los avances metodológicos y de análisis nos permitirán comprender mejor cuándo, cómo y porqué se produjo la colonización de América y, para ello, el estudio de las regiones costeras es fundamental.

Yacimientos costeros del norte

Contamos con un buen número de yacimientos arqueológicos en la costa noreste de América. Vamos a analizar algunos de ellos.

Yacimientos arqueológicos en la costa noreste de América.

Comenzaremos por la cueva Shuká Kaa (antes llamada On Your Knees e identificada con el código 49-PET-408) 9. Se trata de una pequeña cueva kárstica situada en la isla del Príncipe de Gales en el sudeste de Alaska. El uso más intensivo de la cueva tuvo lugar entre hace 11.200 y 9.200 años, con la aparición de restos de pequeñas hojas de corte fabricadas con obsidiana, numerosos bifaces y otros tipos de herramientas de piedra 10. También se ha recuperado un esqueleto cuya datación coincide con ese nivel arqueológico y sobre el que se han realizado unos estudios de isótopos que han permitido saber que seguía una dieta rica en alimentos del mar.

Más al sur, la isla Richardson alberga un yacimiento –localizado en la costa sudeste de Haida Gwaii– datado entre hace 10.600 y 9.500 años 11, donde se han recuperado más de 10.000 artefactos líticos, pudiendo distinguir dos componentes culturales: el primero, el nivel basal, con una datación que va desde los 10.600 a los 10.000 años caracterizado por la abundancia de bifaces; y un segundo datado entre los 10.000 y los 9.500 años. El componente 1 coincide con un lugar de habitación ya que se han encontrado pruebas de la existencia de un hogar, agujeros para postes de madera y restos de huesos calcinados (con una notable abundancia de peces de roca).

En las cuevas Gaadu Din 11, situadas en la costa este de la isla Moresby, se hallaron huesos de pequeños animales en superficie, aunque una excavación sistemática permitió que se recuperaran –tras varios años de trabajo– más huesos de nutrias, ratones, murciélagos y, en lo que más nos interesa, osos negros. El yacimiento se convirtió en arqueológicamente interesante cuando se desenterraron los restos de una antigua cacería de osos con puntas de lanzas mezcladas con los huesos. El conjunto ha sido datado en 12.700 años.

Finalmente, durante la celebración del congreso de 2017 de la Sociedad Americana de Arqueólogos, Duncan McLaren y Daryl Fedje hicieron público un hallazgo en la isla Calvert, situada en la costa de la Columbia Británica 13. El equipo de arqueólogos del instituto Hakai ha encontrado un total de 29 huellas que pertenecieron a nuestros antepasados y que han sido datadas de forma provisional en 13.200 años. Aunque hemos de esperar a la publicación formal del trabajo en una revista científica, el anuncio en sí ha generado una enorme expectación.

El clima de nuevo ha jugado un papel fundamental en este descubrimiento: una vez que la tierra se libró del peso de los glaciares en retroceso, partes de la corteza subyacente que estaban hundidas «rebotaron», elevando esta isla (y otras de la zona) lo suficiente para permitir que escaparan a la subida del nivel del mar.

Sin embargo, no todo está resuelto

Hemos realizado un breve recorrido por algunos de los yacimientos costeros más interesantes del continente americano pero, llegados a este punto, es necesario dejar claro que la ruta por el «corredor libre de hielo» fue utilizada con seguridad por nuestros antepasados. Lo que no sabemos a ciencia cierta es cuándo y de qué manera se empleó ese corredor.

En una anotación anterior ya analizamos todos estos escenarios a raíz de la publicación de un trabajo de prospección realizado en el propio «corredor», donde los investigadores concluyeron 14 que la hipótesis más plausible sugería la colonización de América en una oleada a lo largo de la costa, y un movimiento posterior (hace menos de 12.500 años) de norte a sur y viceversa a través del «corredor libre de hielo».

Otra pregunta que hay que responder es si esta colonización se produjo mucho antes de la última desglaciación (que se produjo hace alrededor de 25.000 años) o después. En la actualidad, los abundantes datos arqueológicos y genómicos sugieren que la colonización se produjo en un lapso temporal que va desde los 25.000 a los 15.000 años antes del presente 15, aunque lo más probable es que ocurriera en la mitad final de este rango. Un dato muy relevante en relación a esta cuestión es que, pese al enorme esfuerzo realizado, los investigadores no han encontrado pruebas claras de la presencia de nuestros antepasados en el noroeste de Asia antes de los 50.000 años.

En cualquier caso, no hemos tratado en esta anotación el abundante número de estudios sobre el ADN antiguo que permiten extraer información relevante para comprender cómo y cuándo se produjo la colonización de América. Comprender tanto la metodología como las conclusiones de estos trabajos requiere que les dediquemos una anotación temática que abordaremos en breve para completar el cuadro general acerca de la migración de nuestros antepasados.

En definitiva, seguiremos de cerca los nuevos descubrimientos y profundizaremos en los yacimientos que hemos visto para ofrecer una imagen cada vez más completa de esta migración.

Referencias

Dyke, A. S. (2004), «An outline of North American deglaciation with emphasis on central and northern Canada». En: Ehlers, J. y Gibbard, P. L. (ed.). Developments in Quaternary Sciences. Elsevier, 373-424.

Erlandson, J. M. y Braje, T. J. (2011), «From Asia to the Americas by boat? Paleogeography, paleoecology, and stemmed points of the northwest Pacific». Quaternary International, vol. 239, núm. 1–2, p. 28-37.

Erlandson, J. M. y Braje, T. J. (2015), «Stemmed points, the coastal migration theory, and the peopling of the Americas». En: Frachetti, Michael David y Spengler III, Robert N. (eds.). Mobility and ancient society in Asia and the Americas. Heidelberg, New York, Dordrecht, London: Springer International Publishing, 49-58.

Erlandson, J. M.; Moss, M. L. y Des Lauriers, M. (2008), «Life on the edge: early maritime cultures of the Pacific Coast of North America». Quaternary Science Reviews, vol. 27, núm. 23, p. 2232-2245.

Fiedel, S. J. (2000), «The peopling of the New World: present evidence, new theories, and future directions». Journal of Archaeological Research, vol. 8, núm. 1, p. 39-103.

Llamas, B., et al. (2016), «Ancient mitochondrial DNA provides high-resolution time scale of the peopling of the Americas». Science Advances, vol. 2, núm. 4, p. e1501385.

Madsen, D. B. (2004), Entering America: northeast Asia and Beringia before the last glacial maximum. Salt Lake City: University of Utah Press, vi, 486 p.

Potter, B. A., et al. (2017), «Early colonization of Beringia and Northern North America: chronology, routes, and adaptive strategies». Quaternary International, vol. 444, Parte B, p. 36-55.

Wade, L. (2017), «Relics of the first Americans?». Science, vol. 356, núm. 6333, p. 13-14.

Wade, L. (2017), «On the trail of ancient mariners». Science, vol. 357, núm. 6351, p. 542-545.

Notas

  1. Las nuevas dataciones de este yacimiento apuntan a que la primera ocupación pudo haberse producido hace entre 16.000 y 18.000 años, más de mil años antes de que el «corredor libre de hielo» por el interior del continente fuera transitable.
  2. Halligan, J. J., et al. (2016), «Pre-Clovis occupation 14,550 years ago at the Page-Ladson site, Florida, and the peopling of the Americas». Science Advances, vol. 2, núm. 5.
  3. Gilbert, M. T. P., et al. (2008), «DNA from Pre-Clovis Human Coprolites in Oregon, North America». Science, vol. 320, núm. 5877, p. 786-789.
  4. Poinar, H., et al. (2009), «Comment on “DNA from Pre-Clovis Human Coprolites in Oregon, North America”». Science, vol. 325, núm. 5937, p. 148.
  5. Jenkins, D. L., et al. (2012), «Clovis age western stemmed projectile points and human coprolites at the Paisley Caves». Science, vol. 337, núm. 6091, p. 223-228.
  6. Erlandson, J. M., et al. (2007), «The kelp highway hypothesis: marine ecology, the coastal migration theory, and the peopling of the americas». The Journal of Island and Coastal Archaeology, vol. 2, núm. 2, p. 161-174.
  7. Dillehay, T. D., et al. (2017), «Simple technologies and diverse food strategies of the Late Pleistocene and Early Holocene at Huaca Prieta, Coastal Peru». Science Advances, vol. 3, núm. 5, p. e1602778.
  8. Shugar, D. H., et al. (2014), «Post-glacial sea-level change along the Pacific coast of North America». Quaternary Science Reviews, vol. 97, Supplement C, p. 170-192.
  9. Dixon, E. J., et al. (1997), «Late quaternary regional geoarchaeology of Southeast Alaska Karst: A progress report». Geoarchaeology – An International Journal, vol. 12, núm. 6, p. 689-712.
  10. El análisis de esta obsidiana ha permitido saber que provenía de dos lugares: el monte Edziza (en la Columbia Británica) y la isla Suemez (sudeste de Alaska), lo que muestra una ruta de intercambio que exigía el empleo de barcos para transportar el material hasta la isla.
  11. Fedje, D. W. y  Mathewes, R. W. (2005), Haida Gwaii: human history and environment from the time of loon to the time of the iron people. Vancouver: UBC Press, xxii, 426 p.
  12. Fedje, D. W. y  Mathewes, R. W. (2005), Haida Gwaii: human history and environment from the time of loon to the time of the iron people. Vancouver: UBC Press, xxii, 426 p.
  13. Más información en Stepping into the past: the Discovery of 13,000-year-old footprints on a remote island in western Canada indicate that people were living on the Pacific Coast during the Clovis period y Wade, L. (2017), «Relics of the first Americans?». Science, vol. 356, núm. 6333, p. 13-14.
  14. Pedersen, M. W., et al. (2016), “Postglacial viability and colonization in North America’s ice-free corridor“. Nature, vol. 537, núm. 7618, p. 45–49.
  15. Llamas, B., et al. (2016), «Ancient mitochondrial DNA provides high-resolution time scale of the peopling of the Americas». Science Advances, vol. 2, núm. 4, p. e1501385.
Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 2 comentarios