arqueología

Beringia y la entrada en América (I)

Beringia y la entrada en América (I)

     Última actualizacón: 17 mayo 2020 a las 18:53

Ya hemos hablado en otra anotación acerca de los estudios de ADN antiguo (la paleogenómica), y la forma en que esta nueva tecnología está haciendo que cambie nuestra forma de ver el pasado 1. Esta herramienta provoca admiración y suspicacia a partes iguales ya que, pese a que la arqueología y la genética están ofreciendo una enorme cantidad de información, sus conclusiones no siempre coinciden. Esto es especialmente llamativo en relación a los modelos que se han propuesto, por ejemplo, para explicar cómo y cuándo se produjo el poblamiento del continente americano (uno de los temas que más «pasiones» levanta entre los especialistas).

Los estudios genéticos apuntan a que los primeros pobladores de América fueron descendientes de poblaciones que, a su vez, lo eran de grupos del este y el norte de Asia que permanecieron aislados temporalmente del flujo genético hace alrededor de 23000 años 2. Esto significa que estas poblaciones, en su camino al continente americano, quedaron separadas –genética y geográficamente hablando– durante miles de años antes de entrar efectivamente en América.

En esta serie de anotaciones vamos a tratar de responder varias cuestiones: ¿se produjo ese aislamiento?, ¿dónde?; y por último, ¿los datos arqueológicos apoyan esa interpretación?

Beringia

Datos introductorios

Hace unos 20000 años, mientras que la mayor parte del planeta era un territorio hostil para la vida debido a las duras y frías condiciones climáticas impuestas por el Último Máximo Glacial (UMG, o Last Glacial Maximum, LGM, por sus siglas en inglés), Beringia constituía un «refugio» de tundra y praderas con flores silvestres, charcas y arbustos. Los mamuts y los bisontes deambularon por esta planicie durante miles de años al tiempo que lo hacían sus depredadores: los leones (Panthera leo spelaea), las hienas de las cavernas (Crocuta crocuta spelaea) y, por supuesto, los seres humanos.

Tal y como se define en la actualidad, Beringia se extiende desde la cordillera de Verkhoyansk en Siberia (Rusia) en el oeste, hasta el río Mackenzie en Canadá al este, e incluye la porción de tierra que hoy en día se encuentra bajo el mar entre Alaska y Rusia.

Puedes acceder al mapa interactivo sobre la evolución humana para tener más información de los yacimientos y los fósiles descubiertos.

Para abordar el análisis de las posibles rutas y el momento en que se produjo esa entrada en América, debemos tener en mente algunos datos y fechas esenciales:

  1. El UMG se refiere a la época de máxima extensión de las capas de hielo. Su duración varía según las fuentes que consultemos, aunque el consenso la sitúa entre los 23000 y los 19000 años 3. Debemos tener presente en cualquier caso que este fenómeno no terminó de forma brusca, sino que la fase final de esta glaciación se extendió durante 10000 años más aproximadamente (hasta hace unos 8000 años). De este periodo no debemos quedarnos solamente con las frías condiciones climáticas que se extendieron por el planeta –con las exigencias de adaptación que supusieron para nuestros antepasados– sino con que vinieron acompañadas por un importante descenso del nivel del mar (el agua se concentraba en los glaciares), haciendo que grandes porciones de tierra quedasen emergidas. Este fue el caso de Beringia.
  2. En lo tocante a yacimientos arqueológicos, contamos con el yacimiento Yana RHS en el oeste de Beringia datado de forma fiable en 32000 años.
  3. Por otro lado, en la parte oriental de Beringia contamos también con otros yacimientos como las cuevas Bluefish (24000 años); mientras que en Norteamérica destacan Swan Point (14000 años) y Upward Sun River (11500 años).
  4. Finalmente, en Sudamérica, los yacimientos de Monte Verde en Chile arrojan una antigüedad bien atestiguada de 14600 años.

Con estos datos podemos empezar a dibujar un cuadro general. Podemos afirmar que poblaciones de Homo sapiens habitaron en el oeste de Beringia hace 32000 años, y que continuaron su camino hacia el este, hacia América, y llegaron a la parte oriental de Beringia hace unos 24000 años. Ya habitaban en Norteamérica hace 14000 años, como atestigua el yacimiento de Swan Point, aunque la presencia humana en el continente tuvo que ser mucho más antigua ya que alcanzaron Sudamérica hace 14600 años.

Beringia como punto estratégico

Hoy sabemos que Beringia fue una región clave en la ruta migratoria que llevó a los primeros humanos al continente americano.

Como hemos explicado en otra anotación 4, durante el UMG en América, una enorme masa de hielo formada por los glaciares Laurentino y de la Cordillera cubría la mayor parte de Canadá, bloqueando el acceso a América desde Beringia. Cuando las temperaturas ascendieron hace unos 10000 años, el deshielo provocó un aumento del nivel del mar de unos 120 metros que hizo que las tierras centrales de Beringia quedaran sumergidas bajo el agua. Actualmente, las zonas emergidas –situadas sobre el nivel del mar– son difíciles de alcanzar excepto en helicóptero, por lo que gran parte de Beringia es «tierra desconocida» para los arqueólogos.

Beringia durante el UMG. Fuente: Bond, J. D. (2019), Paleodrainage map of Beringia. Yukon Geological Survey. Open File 2019-2.

La primera vez que alguien se planteó que Beringia había sido el lugar por donde habíamos entrado en América fue en 1590. El español José de Acosta (jesuita, antropólogo y naturalista) argumentó en su obra «Historial natural y moral de las Indias» que dado que Adán había vivido en Oriente Medio, la dispersión de sus descendientes hasta llegar a «Nueva España» se tuvo que producir a través de Asia; y para ello, Asia y América debieron estar unidas.

En cualquier caso, sólo podemos atestiguar la importancia de Beringia en esta cuestión con el análisis de los datos paleoantropológicos. Para ello debemos prestar atención a los estudios genéticos (no solo de poblaciones actuales y de nuestros antepasados, sino también de otras especies animales e, incluso, de los piojos); al estudio de los restos humanos; los objetos y otros utensilios fabricados por el hombre; y también, por ejemplo, a los datos lingüísticos.

En este sentido, los investigadores mantienen dos posturas acerca de la función que cumplió esta región del planeta. Para muchos, Beringia actuó como un mero «pasillo», un «puente» que los grandes mamíferos —así como nuestros antepasados— se apresuraron a cruzar en su camino desde Asia al nuevo continente. Sin embargo, cada vez más datos apuntan a que estas poblaciones pudieron haberse detenido en la región durante miles de años, dejando una impronta genética en las poblaciones de los nativos americanos. Beringia en definitiva pudo haber sido un lugar más cómodo para vivir durante el UMG de lo que se pensaba hasta hace poco.

El problema es que, hasta la fecha, los datos arqueológicos están muy lejos de ser concluyentes ya que las pruebas directas de una estancia prolongada en Beringia son escasas.

Veamos por tanto con más detalle las dos posiciones que mantienen los especialistas, y qué datos manejan para apoyar sus argumentos.

Notas

  1. Me refiero a la anotación «Ética en los estudios genéticos».
  2. Como siempre, hablamos de fechas radiocarbónicas calibradas.
  3. Gornitz, V. (2009), Encyclopedia of paleoclimatology and ancient environments. Dordrecht, New York: Springer, xxiv, 1047 p.
  4. Ver «¿Cómo llegaron nuestros antepasados a América?».
Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, EL VIAJE MÁS LARGO, 0 comentarios
Sacar a la luz nuestro pasado en América

Sacar a la luz nuestro pasado en América

     Última actualizacón: 22 octubre 2018 a las 18:31

Si eres un lector habitual de este blog sabrás que una de mis debilidades es el estudio de las migraciones de nuestros antepasados. En este sentido, es muy importante el trabajo que hacen los arqueólogos para resolver uno de los interrogantes que más debate genera en relación a este tema: cuándo y por dónde se produjo la entrada de Homo sapiens en el continente americano.

He publicado varias anotaciones sobre el particular, muchas de ellas basadas en los trabajos de un equipo de arqueólogos pertenecientes al Instituto Hakai 1 ubicado en la isla Calvert, en la Columbia Británica canadiense.

Hoy me gustaría que vierais un vídeo de corta duración (poco más de 10 minutos) donde vemos el trabajo que están haciendo en una región especialmente interesante para resolver la cuestión que planteábamos arriba.

Durante décadas se ha pensado que la entrada de Homo sapiens en América se produjo cuando los glaciares Laurentino y de la Cordillera se retiraron lo suficiente para dejar un «corredor libre de hielo». Ese espacio abrió la comunicación entre Beringia y el resto del continente americano, permitiendo el paso tanto de nuestros antepasados como del resto de fauna y flora.

Sin embargo, existen tradiciones orales —o leyendas— transmitidos por los pueblos indígenas que cuentan una entrada en el continente mucho más antigua 2. Se refieren a una travesía por la costa —libre de hielo— donde establecían residencias permanentes mientras se expandían hacia otras áreas del sur e interior.

Y lo cierto es que este pequeño equipo de arqueólogos llevan años cartografiando y excavando a lo largo de las islas del Descubrimiento en la costa oriental de la isla Vancouver en la Columbia Británica para tratar de validar esa hipótesis.

Su objetivo es encontrar pruebas de la presencia de nuestros antepasados así como intentar averiguar cómo fueron capaces de adaptarse a ese ambiente —un paisaje que ha cambiado completamente en los últimos 16.000 años— cuando los glaciares comenzaron a retirarse.

El primer paso en esta investigación ha sido obtener núcleos de sedimentos en pantanos y ciénagas. Estos testigos contienen granos de polen, semillas y restos de plantas cuyo estudio permite a los investigadores obtener información sobre el clima y cómo cambió, así como qué tipos de comunidades plantas había en una zona determinada. Y una de los hechos más importantes que ha permitido constatar el estudio de estos sedimentos es que la línea de costa no permaneció estable durante aquellos años.

Hace entre 14.000 y 12.000 años el nivel del mar cayó bastante rápido, a razón de un metro cada diez años aproximadamente, un cambio fácilmente perceptible para los pobladores según su esperanza de vida. Quizás lo más llamativo para estas personas es que el nivel del mar estuvo cambiando constantemente durante unos 2.000 años. Imagina que al nacer tu pueblo estuviese en la costa. Una tasa de cambio del nivel del mar de esta magnitud implicaría que cuando llegues a viejo ese pueblo estará bastante tierra adentro. Además, con una caída tan pronunciada, las islas comenzaron a quedar unidas por lenguas de tierra, mientras que otras se creaban, así como lagos etc. En definitiva, se ha comprobado un importante nivel de cambio ecológico.

Con los datos obtenidos por el estudio de los núcleos de sedimento se pudieron cartografiar las líneas de costa y junto al uso del LIDAR —un  escáner láser aerotransportado que permite cartografiar el terreno y «eliminar» la vegetación que lo cubre— se pudieron hacer una idea bastante aproximada de los lugares por los que estos pobladores se estuvieron moviendo. Esto les permitió trasladar esa información a sistemas de posicionamiento global y poder elegir así los mejores lugares donde realizar excavaciones de prueba.

Y al final esto es lo que le importa a un arqueólogo, excavar para recuperar objetos del pasado. Gracias a la información recabada se pueden excavar pequeños «parches» de terreno de unos 50 centímetros cuadrados a modo de «prueba», es decir, esa pequeña excavación les da una idea de lo que puede haber debajo. En el caso de que encuentren restos arqueológicos de interés, se abre una unidad de excavación mayor (de un metro cuadrado) y de esa forma se va ampliando la zona poco a poco y en sucesivas campañas.

Esta metodología ha sido bastante exitosa puesto que han localizado decenas de yacimientos interesantes y recuperado herramientas de piedra y, como ya comentamos aquí, las huellas de personas más antiguas de todo el continente americano.

Gracias a las sucesivas campañas de excavación (acaba de terminar la quinta temporada) el equipo comienza a hacerse una idea bastante clara de cómo era la vida en la costa de la Columbia Británica hace más de 10.000 años.

Las conclusiones que han sacado por ahora es que los primeros pobladores no solo estaban de paso, sino que fundaron establecimientos permanentes, utilizaban embarcaciones y lograban así sacar todo el partido a los recursos marinos.

Hay pruebas de un número reducido de grandes yacimientos muy complejos en términos de tecnología —cuatro o cinco de estos yacimientos están ubicados en la isla Quadra— con miles y miles de herramientas de piedra de una enorme variedad. Lo que demuestra que sus ocupantes pasaron mucho tiempo allí, quizás miles de años. De allí se desplazarían para obtener recursos que necesitaban, volviendo de nuevo. Es decir, no estamos ante el clásico ejemplo de cazadores-recolectores, aquí debieron de ser bastante estáticos.

Referencias

  1. Formado por Daryl Fedje, Nicole Smith, Alexander Mackie, Christine Roberts, Jenny Cohen, Quentin Mackie, Joanne McSporran, Louie Wilson y Colton Vogelaar.
  2. Estoy leyendo un libro: Wiget, A. (2012), Handbook of Native American literature. New York: Routledge, xviii, 598 p. para poder extenderme más sobre este tema en una nueva anotación, así que, ¡estad atentos!
Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 0 comentarios
Evolución humana. Un mapa con información de yacimientos, fósiles y cultura

Evolución humana. Un mapa con información de yacimientos, fósiles y cultura

     Última actualizacón: 31 agosto 2018 a las 12:27

«the pleasure of the first days partridge shooting or first days hunting

cannot be compared to finding a fine group of fossil bones,

which tell their story of former times with almost a living tongue». 1

«el placer de los primeros días de tiro a la perdiz o de caza

no se puede comparar a encontrar un buen grupo de fósiles,

que cuentan su historia de tiempos pasados casi con lengua viva».

 

La paleoantropología, el estudio de la evolución humana, se centra fundamentalmente en el análisis de los fósiles. Esta afirmación es una simplificación, pero es innegable que a la hora de comprender el proceso y la historia evolutiva de nuestra especie, es necesario contar con testigos del pasado que nos cuenten cómo fue ese camino.

Tras años leyendo libros, artículos y todo tipo de material relacionado con la evolución humana, tengo claro que es necesario organizar adecuadamente la enorme cantidad de información disponible en relación tanto a los fósiles como a los yacimientos donde se han encontrado. Estoy seguro de que cualquiera que se haya interesado en este tema habrá comprobado que llega un momento en que resulta difícil seguir la pista de los nuevos hallazgos que, casi cada semana, se producen en relación a esta disciplina.

En mi caso, confieso que la solución que se me ocurrió fue bastante obvia y al mismo tiempo útil. La imagen que encabeza esta anotación es la del mapa que utilizo para marcar los yacimientos, los fósiles interesantes, dejar notas de artículos que he leído y, en definitiva, toda información relevante para estar al día y no perderme entre la maraña de datos.

Pero está claro que esa solución no es todo lo buena que cabría esperar. De nuevo, llegó un momento en que no cabían físicamente más datos así que tuve que ponerme manos a la obra. La solución, como suele pasar en estos casos, llegó de la mano del mundo digital. Utilizando la herramienta de Google «MyMaps» he creado una versión digital de mi mapa en papel, que ahora pongo a vuestra disposición por si la consideráis de utilidad.

El mapa

Como digo, he utilizado la herramienta de «MyMaps» —gratuita para cualquier usuario con un cuenta en Google— que permite diseñar mapas incluyendo información que es posible organizar en varias capas. Se trata de una herramienta muy interesante y versátil. A día de hoy, el mapa que estoy construyendo cuenta con cinco capas diferentes que pretenden ofrecer información relevante para el estudio de la evolución humana.

En el caso de este mapa sobre «La evolución humana», la primera capa recibe el nombre de «yacimientos»: es la base sobre la que pivotará el resto de información. Lo primero que hago cuando incluyo una nueva referencia (por ejemplo, la publicación de la descripción de un nuevo fósil) es localizar el punto exacto (las coordenadas geográficas) donde se ha encontrado y marcar el lugar como «yacimiento». Acto seguido, cuando he introducido esa información, paso a otra capa (en el ejemplo que estamos viendo sería la de «fósil») y sigo el mismo patrón.

Cada «entrada» en el mapa consta de tres campos: nombre, descripción y artículos. Mi objetivo no es ofrecer solamente una herramienta que permita saber dónde se recuperó tal o cual fósil o dónde están esas pinturas rupestres tan fascinantes, sino facilitar la labor de investigación o el interés por profundizar en cada ejemplo, ofreciendo la información bibliográfica en cada caso. La información contenida en estos apartados es propia salvo que se indique lo contrario. Igualmente, las imágenes provienen en su mayor parte de los propios artículos científicos que se indican.

Leyenda

Como he señalado más arriba, el mapa cuenta ahora mismo con cinco capas diferentes identificadas con los siguientes símbolos 2:

Este icono representa la capa básica del mapa, llamada «yacimientos». Con ella se marca la ubicación exacta de cada yacimiento arqueológico 3 que ha aportado información relevante. Se incluye el nombre, una descripción, y el/los artículos científicos que lo describen.

Este icono representa cada fósil de hominino. Aunque sea la imagen de un cráneo, se refiere a cualquier hueso del esqueleto. En ocasiones he agrupado todo un conjunto de restos (como el caso de Orrorin tugenensis) para simplificar. Actuaré así salvo que sea relevante individualizar más de un fósil de un mismo ejemplar.

Este icono representa cualquier fósil que no pertenezca a un hominino. Se trata, en la mayor parte de los casos, de fósiles que aportan pruebas de manipulación humana y que, por tanto, acreditan la presencia de nuestros antepasados en un yacimiento, época o lugares concretos.

Este icono representa las huellas que han sido identificadas como pertenecientes a homininos. Las más famosas son las huellas de Laetoli, pero cada vez más a menudo se describen nuevos yacimientos con este tipo de restos que permiten dibujar mejor los movimientos de migración de nuestros antepasados.

Este icono representa ejemplos llamativos o destacados por su importancia de industria lítica (herramientas de piedra individualizadas), o bien, conjuntos de este tipo de herramientas. Destacan ejemplos individuales como «Excalibur», un bifaz recuperado en Atapuerca, o el conjunto de herramientas más antiguas hasta ahora localizadas en Lomekwi 3.

Este icono representa objetos artísticos. De nuevo, como en el caso de la industria lítica, puede identificar una única estatuilla o representar un panel de pinturas en una cueva. Soy consciente de lo complicado de catalogar un objeto como «artístico», así que trataré de argumentar en cada caso el porqué de su inclusión en esta categoría.

Por último, utilizaré este icono para identificar cualquier elemento de las categorías anteriores cuando no conozca las coordenadas exactas de su ubicación. Sucede que en los artículos científicos de hace unos años no se consideraba necesario incluir las coordenadas como parte de la descripción de los yacimientos. Agradeceré vuestra ayuda para completar las lagunas.

Utilizando el mapa

He de reconocer que la utilización de la herramienta es bastante sencilla e intuitiva. En cualquier caso, os voy a explicar de forma rápida algunas de sus principales características:

Las capas del mapa se pueden visualizar u ocultar marcando o desmarcando las diferentes casillas de verificación. Dado que, por ejemplo, cada fósil está situado exactamente en el mismo lugar de un yacimiento, si están marcadas todas las capas sólo se verá la última de ellas. Por ese motivo, mi recomendación cuando se visita por primera vez el mapa es desmarcar todas las capas excepto la primera («yacimientos») hasta acostumbrarse a su uso.

En cualquier caso, el mapa cuenta con una magnífica herramienta de búsqueda que permite encontrar fácilmente cualquier elemento. Solo hay que pulsar sobre cada uno para que despliegue el menú de información.

En la imagen superior veis el ejemplo del yacimiento Kara-Bom, las cuevas de Denisova.

Y como os he comentado, en muchos casos incluyo enlaces directos que permiten leer y descargar los artículos científicos recogidos.

 

En definitiva, la mejora de este mapa es un trabajo que no tendrá fin dado que tampoco se detendrán los esfuerzos por la búsqueda de nuestros orígenes. El mapa estará en permanente construcción así que solo me resta deciros tres cosas:

  1. Sed indulgentes porque falta muchísima información. Todos los días trato de añadir nuevos elementos y completar la información que falta en los ya existentes. Creedme si os digo que no es un trabajo sencillo.
  2. Agradeceré cualquier ayuda sobre todo en conseguir coordenadas correctas de los yacimientos. Hay mucha información en internet en diferentes páginas, pero la mayoría de las coordenadas que se facilitan no son exactas (creo que de forma intencionada para evitar «visitas» no queridas en esos lugares). Por ese motivo busco la información en los propios artículos científicos y a veces cuesta bastante dar con el dato concreto.
  3. Espero que os parezca una herramienta útil e interesante. Estoy abierto a cualquier consejo para su mejora.

Notas

  1. Carta de Charles Darwin a su hermana Catherine. 6 de abril de 1834.
  2. Todos los iconos los he tomado de Flaticon (http://www.flaticon.com/), y han sido creados por Freepik (http://www.freepik.com/).
  3. En el caso de no conocer las coordenadas exactas, se utiliza otro icono que veremos más abajo.
Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 2 comentarios
Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Dama Kathleen Kenyon, arqueóloga.

Arqueología. Disciplina científica a la que se dedicó por vocación y por la que ha sido reconocida internacionalmente.

Bloomsbury. Kenyon vivía en este barrio londinense, en una casa junto al Museo Británico.

Cruz roja. Durante la Segunda Guerra Mundial, Kenyon sirvió como Comandante de División de la Cruz Roja en Hammersmith, Londres.

Dame Commander of the British Empire (dama comendadora de la Orden del Imperio Británico). Recibió esta distinción al jubilarse en 1973.

Excavations at Jericho. Junto con Digging up Jericho, los libros que Kenyon escribió acerca de su trabajo en Jericó empleando un lenguaje divulgativo. Durante su carrera se esforzó porque los estudiantes a su cargo escribieran artículos divulgativos para llegar al público general.

Frederick Kenyon, su padre. Director del Museo Británico. Como arqueólogo trabajó en importantes excavaciones como Jericó.

Gertrude Caton Thompson. Arqueóloga y mentora de Kenyon. Fue una de las primeras mujeres que se dedicaron a esta disciplina. La minuciosidad y metodología de sus investigaciones fueron pioneras.

Holly Land (Tierra Santa). Kenyon ha sido considerada una de las primeras especialistas en arqueología bíblica, aunque siempre fue crítica con las contradicciones y falsedades históricas contenidas en los libros sagrados del judaísmo y cristianismo.

Instituto de arqueología de la Universidad de Londres. Elegida su primera directora hasta 1946.

Jericó. Yacimiento arqueológico al que dedicó mayor atención. Fue reconocido como el asentamiento ocupado de forma permanente más antiguo de la historia gracias a sus descubrimientos.

Kenyon Institute. La escuela británica de arqueología en Jerusalén se incorporó al Consejo para la Investigación Británica en el Levante (Council for British Research in the Levant). Esta institución cambió de nombre a Kenyon Institute en 2003 en su honor.

Leicester. Ciudad inglesa donde Kenyon excavó la Muralla Judía entre 1936 y 1939.

Margery Fry. Bibliotecaria del Colegio Somerville (Oxford), fue la primera persona que aconsejó a Kenyon estudiar la carrera de arqueología.

Neolítico. Periodo de la prehistoria en el que se especializó.

Oxford. Kenyon se graduó en el Colegio Somerville de Oxford (en 1929). Fue la primera mujer en llegar a ser presidenta de la Academia Arqueológica de Oxford.

Principal (directora). Nombrada directora del Colegio St Hugh’s de Oxford en 1962.

Qidron Valley. El valle de Cedrón o Valle de Kidron es un valle situado en Israel, concretamente entre Jerusalén y el monte de los Olivos donde Kenyon llevó a cabo trabajos de excavación de las murallas históricas de la ciudad en un intento de datar su ocupación.

Samaria. Entre 1931 y 1934 Kenyon trabajó allí con John y Grace Crowfoot. Obtuvo material crucial para la datación estratigráfica de la Edad del Hierro de Palestina.

Tell es-Sultan. Yacimiento en la orilla oeste del Jordán perteneciente a la antigua ciudad de Jericó, cuya excavación le otorgó fama mundial.

Verulamium (la actual Saint Albans, en Inglaterra). Excavación donde participó en 1930.

Wheeler. La pareja de arqueólogos formada por Mortimer y Tessa Wheeler fueron una fuente de inspiración (trabajó con ellos entre 1939 y 1935). Son referentes al desarrollar la excavación estratigráfica, en la que se recogen materiales de un terreno dividido en cuadrados disponiéndolos con una secuencia cronológica.

Zimbabwe. El Gran Zimbabue es el nombre dado a las ruinas de una antigua ciudad situada en el sur de África donde Kenyon desempeñó su primer trabajo de campo en calidad de fotógrafa.

Esta anotación forma parte de la iniciativa de Café Hipatia un blog que nació con el deseo de convertir la ciencia en temática central y fuente de inspiración para la escritura, experimentando con diversos puntos de vista y modos de contarla.

El tema para este mes es mujer en ciencia:

Afortunadamente en la actualidad, la expresión “mujer en ciencia” nos trae multitud de imágenes a nuestra mente de las pioneras de diversas épocas que, de manera generalmente anónima, realizaron aportaciones significativas al conocimiento científico o a su difusión.

Nombres ignorados hace unas décadas como Maria Sybille Merian, Maria Clara Eimmart, Laura Bassi, Maria Gaetana Agnesi, Henrietta Swan Leavitt, Marie Meurdrac, Jane Marcet, Sofia Kovalevskaya y tantos otros que van surgiendo a la luz, aún presentan una pátina de olvido y desconocimiento que es necesario seguir retirando.

Por ello, en la tercera entrega de relatos polivulgadores de Café Hypatia hemos pensado que la relación y aportación de la mujer en la ciencia debe ser el siguiente tema de escritura. Os invitamos como de costumbre, amigos y amigas polivulgadores (especialmente a vosotras) a escribir scikus, retratos alfabéticos o microrrelatos hasta el próximo 15 de enero

Publicado por José Luis Moreno en BREVE, 2 comentarios
¿Humanos en América hace 130.000 años? (y II)

¿Humanos en América hace 130.000 años? (y II)

     Última actualizacón: 11 marzo 2018 a las 14:53

En la primera parte de esta anotación hemos hecho una breve introducción al yacimiento de «Cerutti Mastodon» que según los investigadores encargados del yacimiento proporciona pruebas de presencia humana en el continente americano hace 130.000 años. Ahora vamos a someter a prueba esta hipótesis analizando los datos aportados en la investigación.

Sometiendo a prueba la hipótesis

Dado que la entrada de nuestros antepasados en América es una cuestión sujeta a intensos debates (puedes leer más sobre este tema aquí), la comunidad científica ha apuntado cuatro características básicas para aceptar un yacimiento como válido (puntos que los propios investigadores del estudio que analizamos aceptan como correctos):

  1. Las pruebas deben encontrarse en un contexto geológico claramente definido y sin perturbar.
  2. La antigüedad tiene que establecerse mediante un proceso radiométrico fiable.
  3. Los resultados deben ser consistentes, es decir, han de aportarse varias líneas de evidencia mediante diferentes estudios interdisciplinares.
  4. Tienen que hallarse artefactos de indudable factura humana en un contexto primario.

Analicemos cada uno de ellos con algo más de detenimiento:

1. Contexto del yacimiento de «Cerutti Mastodon». ¿Hubo perturbación?

Ya hemos explicado al inicio que el descubrimiento de los huesos de mastodonte se hizo mientras se llevaban a cabo unas obras de construcción. Uno de los principales argumentos en contra de la afirmación de que las fracturas de estos fósiles tienen un origen antrópico (es decir, que fueron realizadas por el hombre de forma intencionada) es que las retroexcavadoras y otros equipos pesados pueden causar ese mismo tipo de daños. Es decir, los críticos sostienen que los patrones de fracturas que vemos en los fósiles de Cerutti fueron provocados por los trabajos de construcción y no por nuestros antepasados hace decenas de miles de años.

Excavadora empleada en las obras de la carretera.

Los autores responden que la maquinaria pesada produce un daño distintivo a los huesos que no se ve en estos restos. Además, insisten en que los trabajos de los paleontólogos para recuperar los huesos y las piedras implicaron excavar unos tres metros por debajo del área expuesta originalmente por los equipos pesados 1.

Sin embargo, esta afirmación no es del todo correcta si nos atenemos al propio artículo cuando se dice que:

The backhoe did not disturb all of Bed E in the northern grid units (B1, C1, D1, E1, B2, C2 and D2) and many fossils and the few cobbles in these units remained in situ.

La excavadora no distorsionó toda la capa E en las unidades más al norte (B1, C1, D1, E1, B2, C2 and D2) y muchos fósiles y los pocos cantos en estas unidades permanecieron en el mismo lugar.

Es decir, que la excavadora sí que perturbó la capa Bed E del yacimiento (aunque no en su totalidad), afectando las cuadrículas donde se hallaron precisamente los huesos del mastodonte y las piedras que ahora se consideran herramientas. Es más, refieren que esa zona fue procesada con más cuidado para retirar todos los fósiles y cantos rodados que habían sido desplazados por la máquina. Es significativo además el hecho de que la excavadora seccionó el colmillo que estaba incrustado verticalmente, lo que indica que ya había llegado al mismo nivel donde aparecieron los demás huesos.

A la izquierda vemos el colmillo seccionado por la excavadora. A la derecha, las cuadrículas del yacimiento afectadas por la maquinaria pesada de construcción (rayadas en rojo).

Otra cuestión es la posición que tienen los huesos y las piedras en el yacimiento.

De nuevo, los críticos indican que en esta región de California pudo haber cursos de agua que podrían haber desplazado los huesos del mastodonte junto con las piedras desde lugares distintos hasta el lugar donde finalmente fueron desenterrados. Ese traslado pudo causar los daños y fracturas que vemos en los huesos.

Los autores del estudio responden que los análisis de los sedimentos del yacimiento permiten concluir que no hubo desplazamiento de los huesos y las piedras por una corriente de agua:

Hay un contraste llamativo entre el contenido de la «capa E» y el de las capas superior e inferior («capas F» y «D» respectivamente) que únicamente albergaban conchas y dientes de roedor sin ningún tipo de herramienta de piedra. Los detallados análisis de los sedimentos realizados por los autores no apoyan el desplazamiento del material debido a la acción del agua, por el pisoteo de animales u otros procesos de enterramiento o fosilización que pudieran explicar las especiales características de la capa E.

2. La antigüedad del yacimiento

Para datar algunos de los huesos descubiertos en el yacimiento los investigadores han empleado un método conocido como «series del uranio». El uranio es un elemento radiactivo que podemos encontrar en la naturaleza y que está presente en forma de tres isótopos: 238U (que representa el 99,27 % del total), 235U (un 0,72 %) y 234U (el restante 0,005 %). Lo relevante para esta técnica de datación es que los isótopos son inestables, es decir, que con el paso del tiempo sufren una transmutación mediante la descomposición de sus neutrones en protones y electrones y la emisión de energía (es lo que conocemos como radiactividad).

El método de datación por desequilibrio de las series del uranio, también conocido como método de uranio-torio, utiliza dos de estas familias radiactivas, la del 238U y del 235U, que por desintegración dan lugar a una serie de elementos intermedios y finalizan en algún isotopo estable del plomo. Entre los elementos intermedios que se generan durante el proceso encontramos el 235U, el torio (230Th) y el protactinio (231Pa). La vida media del 238U y del 235U es muy elevada (4.510 y 713 millones de años respectivamente) por lo que no resultan de utilidad para datar yacimientos prehistóricos. Sin embargo, la vida media de varios de los productos intermedios, como el 234U, el 230Th y el 231Pa es mucho más corta y, por tanto, más útil para este propósito (250.000, 75.380 y 32.400 años respectivamente).

Veamos con un poco más de detalle cómo funciona este método. Debemos tener en cuenta que en un sistema natural que no haya sufrido perturbaciones durante un largo periodo de tiempo (más o menos 1 millón de años) se produce un equilibrio dinámico en el que los isótopos hijos se van formando al mismo ritmo que los elementos padres se van destruyendo, de forma que la relación entre unos y otros permanece constante. Si el sistema se ve perturbado, el balance de producción y destrucción se altera y las proporciones relativas entre los diferentes isótopos cambian. Si se mide la velocidad a la que el sistema alterado –que ha generado productos de desintegración– regresa de nuevo al equilibro, se puede saber el tiempo que ha pasado desde el inicio de la perturbación hasta el momento en que se hace la medida.

El método de las series del uranio se emplea desde hace décadas para conocer la edad de las rocas. El problema con el presente trabajo es que muy pocos especialistas en datación mediante series de uranio comparten la opinión de que un hueso pueda ser datado de forma fiable. El motivo es que el uranio se mueve dentro de los huesos, lo que impide obtener fechas fiables a menos que se utilice un modelo matemático de ese movimiento para compensar las cifras. Eso es exactamente lo que los autores de este trabajo han intentado hacer.

Cuando un hueso queda depositado en la tierra, el uranio es absorbido por la fase mineral del hueso y comienza la formación del torio, de forma que el cociente entre el uranio y el torio aumenta paulatinamente. El cociente de actividad del 230Th y el 234U proporciona la edad del fósil. En cualquier caso, es fundamental tener en cuenta el desequilibrio entre 234U y 238U que existe en el lugar del enterramiento para calcular la edad así como los posibles aportes de uranio de fuentes como el agua circundante (estas perturbaciones hacen que el hueso no se comporte como un sistema cerrado por completo y añaden incertidumbre a la datación definitiva).

En este punto es conveniente traer a colación los comentarios de un especialista sobre los datos expuestos en este trabajo.

En primer lugar, las concentraciones de uranio en los huesos deben mostrar un patrón en forma de U, es decir, ser más altas en los bordes e inferiores en el centro (según un patrón de absorción paulatino). En este sentido, en el primer diagrama de la imagen «a» publicada en el estudio, vemos que se cumple el patrón en los tres huesos sometidos a análisis, aunque el hueso etiquetado como CM-292 tiene una disminución hacia la parte derecha que podría indicar una inhomogeneidad. La comparación de la relación entre los isótopos hallados en las muestras con los previstos según el modelo matemático –segunda y tercera columnas de la imagen «c»– indica que el hueso CM-292 presenta el mejor ajuste, mientras que las otras dos muestras tienen distribuciones más irregulares. Por este motivo vemos diferentes valores en la incertidumbre de la antigüedad de cada hueso –primera columna de la imagen «c». La incertidumbre en los resultados es mayor en el primer y tercer hueso analizados y menor en el CM-292.

En segundo lugar, y como ya hemos indicado, hay que tener en cuenta la cantidad de uranio que el agua subterránea aporta a las muestras. Los investigadores afirman que las proporciones de actividad inicial entre el 234U y el 238U calculadas para los huesos analizados presentan un rango (1.38-1.50) similar al rango de la medición moderna del agua del río Sweetwater, cercano al yacimiento (con un valor de 1.45-1.54). El punto clave aquí es que los autores no ofrecen ningún argumento que apoye que las mediciones en las aguas actuales sean comparables al valor que podían arrojar las aguas de hace 130.000 años con un ciclo glaciar completo.

Aunque en general los datos ofrecidos en este trabajo son bastante consistentes, hemos de remarcar que los métodos de datación científica no existen en el vacío. Las muestras provienen de un contexto estratigráfico concreto que proporcionan restricciones y controles a  las fechas obtenidas. Para comprobar los resultados sería útil tener una imagen más amplia del contexto estratigráfico que mostrase correlaciones con lugares cercanos y estimaciones de las edades de esos estratos. Por ese motivo es muy difícil poner en contexto una única fecha de alta calidad (la del hueso CM-292) que es la que tenemos en el estudio que estamos analizando.

Y esta afirmación hemos de ponerla en relación con el primer informe técnico del yacimiento publicado en 1995 y firmado por Thomas Deméré, Richard Cerutti y C. Paul Majors (los dos primeros, firmantes asimismo del artículo publicado en Nature). No he logrado acceder al contenido íntegro del mismo, pero sí podemos leer el resumen ejecutivo. En él se afirma que:

[…] la datación radiométrica del marfil y del carbonato de suelo del yacimiento ofreció fechas de 335 ± 35 Ka (miles de años antes del presente) y 196 ± 15 Ka respectivamente.

¿Cómo se obtuvieron estas dataciones? ¿Cuál fue el procedimiento empleado? Y quizás la pregunta más importante ¿por qué no se mencionan estos datos en el artículo publicado ahora?

Dado que estas fechas difieren mucho, no solo entre sí, sino también con las fechas atribuidas hoy en día al yacimiento de Cerutti, parece evidente que los autores deberían haberlas mencionado en este trabajo y explicar por qué estaban equivocadas para que podamos dar por fiable la nueva datación del yacimiento.

3. ¿Resultados consistentes?

Este punto implica que un hallazgo concreto no puede interpretarse de forma aislada, es decir, que no podemos dar verosimilitud a una única prueba que ponga en tela de juicio numerosos trabajos de investigación que apuntan en otra dirección. En este sentido, los críticos afirman que si tenemos en cuenta que las pruebas arqueológicas más antiguas de la presencia de nuestra especie en Asia (concretamente en el sur de China) son de una antigüedad menor de 100.000 años, es imposible que poblaciones de Homo sapiens fueran los autores de las supuestas fracturas de los huesos de mastodonde de Cerutti.

Por lo tanto, de seguir la hipótesis defendida por Holen y colaboradores, la autoría de esas herramientas habría que buscarla en alguna especie más antigua que estuviera presente en Asia en esa época. El problema es que no hay constancia de que especies como Homo erectus u otras llegaran tan al norte como para poder pasar a América hace tanto tiempo.

Del mismo modo, los estudios genéticos ofrecen una imagen diferente a la planteada en este trabajo.

4. ¿Artefactos de indudable factura humana?

Bajo mi punto de vista, este es el aspecto más discutible de todo lo que hemos comentado hasta ahora. Como ya hemos señalado, el yacimiento ofrece únicamente pruebas indirectas, es decir, presuntas herramientas de piedra con las que se pudieron romper los huesos para extraer la médula (de ahí se concluye la presencia humana en el yacimiento). Veamos por tanto con más detalle estos signos:

  • Las fracturas en los huesos

La tafonomía es la ciencia que analiza los numerosos procesos que intervienen sobre los restos enterrados. En lo referente a los huesos, los especialistas tratan de averiguar todo lo que les afecta tanto antes como después de su enterramiento: posibles fracturas y roturas, las marcas de haber sido manipulados antes de su consumo o los rasguños provocados por el carroñeo de otros animales.

Entre las huellas más comunes que podemos encontrar en un hueso están las marcas dejadas por los instrumentos de corte (herramientas de piedra fundamentalmente), así como las causadas por los animales. Entre estas últimas distinguimos las siguientes: puntures (agujeros de contorno redondeado provocados por el impacto directo de los caninos de los animales); pitting (pequeños orificios que denotan un masticado intensivo); scoring (ranuras transversales al eje del hueso que son consecuencia del arrastre de los dientes sobre él); y furrowing (ahuecado para extraer el tejido esponjoso de los extremos articulares de los huesos largos).

La investigación arqueológica considera esenciales las marcas de corte antrópico, es decir, las marcas provocadas por el hombre cuando utiliza herramientas para descuartizar los cadáveres de los animales y así consumir su carne. En este sentido, debemos tener presentes dos conceptos clave a la hora de analizar estas marcas: la fragmentación y la fracturación. La fragmentación de un hueso tiene un origen natural y depende de factores geológicos, hidrotérmicos y climáticos como la desecación y la deshidratación entre otros. La fracturación por el contrario es fruto de una acción biológica o antrópica. En el caso de la fracturación antrópica, la finalidad de romper el hueso –con el esfuerzo que ello implica– es acceder al nutritivo contenido medular.

Experimentos realizados con huesos de elefante.

Los especialistas son capaces de diferenciar los patrones generados tanto por la fragmentación como por la fracturación: los primeros se dan cuando el hueso está «seco»; mientras que la fracturación se produce cuando el hueso aún está «fresco».

Pensemos un momento en cómo podrían nuestros antepasados acceder a la médula del interior de un enorme hueso de mastodonte. Pongamos por caso que han cazado un mastodonte −o que lo han encontrado muerto− y se llevan varios de sus huesos como botín. Para romper el hueso es necesario disponer de una buena piedra y golpearlo con fuerza. Mientras los huesos están «frescos», la fuerza del impacto se distribuye entre el contenido orgánico del hueso que absorbe el golpe. En este sentido, tenemos que saber que la fuerza de los huesos proviene de los minerales que contiene (calcio y fósforo principalmente) y de su estructura, sustentada por una proteína llamada colágeno. Como decimos, la presencia de este contenido orgánico obliga a aplicar una fuerza suficiente para poder superar los límites de la resistencia del tejido óseo. Cuando se supera ese límite, el hueso comienza a romperse a partir de una microfractura que se propaga desde la zona de impacto hacia el exterior siguiendo las líneas de debilidad del hueso.

No obstante, desde el momento en que un animal muere, el hueso comienza a perder esa fuerza estructural al deteriorarse el colágeno. De esta manera, con el paso del tiempo el hueso se «seca» y se convierte en un objeto poco elástico y poco flexible (susceptible por tanto a sufrir daños por factores ambientales).

Los huesos fracturados en estado fresco presentan en el punto de rotura ángulos oblicuos, obtusos y agudos, frente a los ángulos rectos que vemos cuando un hueso seco se fragmenta. Por lo tanto, en estos últimos destaca un perfil diagonal, longitudinal o transversal de las líneas de fractura frente a las líneas curvas de los huesos frescos. Sin embargo, las fracturas helicoidales presentan una peculiaridad y es que pueden producirse tanto en huesos secos como frescos aunque en los secos la fractura tiene una superficie rugosa mientras que en el fresco está pulida y bruñida, con bordes suaves y alisados.

Paños y ángulos de fractura de los huesos.

Volviendo al artículo que estamos analizando, los investigadores no hacen un estudio detallado de las líneas de fractura o fracturación que presentan los huesos. Se limitan a indicar que algunos tienen fracturas espirales (helicoidales) y atribuyen estas marcas al uso de piedras basándose en unos experimentos donde utilizaron cantos rodados para golpear huesos de elefante. Después de realizar varias pruebas de este tipo se convencieron de que la única manera de producir el daño que habían observado en los huesos del yacimiento era mediante su aplastamiento con piedras.

Sin embargo, ya hemos visto que una rotura helicoidal también se puede producir cuando el hueso está «seco», por lo que los resultados de estos experimentos no permiten discriminar el origen de estas marcas. Además, pese a reconocer que algunos huesos sí que presentan grietas y roturas longitudinales –propias de una fragmentación «seca»– sostienen que éstas se produjeron después de que el hueso fuera fracturado intencionadamente por el hombre. Es decir, aun reconociendo que hay pruebas de fragmentación de los huesos debida a procesos geológicos naturales, mantienen que ésta se produjo después de que nuestros antepasados hubieran roto los huesos para acceder a la médula. ¿Ofrecen datos para apoyar esta afirmación? No.

Otro de los argumentos que se emplean para defender un origen antrópico de estas marcas es que estos patrones de rotura no se observaron en otros esqueletos encontrados en el yacimiento: un caballo, un lobo gigante y un ciervo.

Sin embargo, a nadie se le escapa que para poder comparar el proceso tafonómico de los enterramientos de los cuatro esqueletos deberíamos tener información precisa de la localidad 3677 (donde se encontró el esqueleto parcial del caballo) y de la localidad 3698 (donde se hallaron los otros dos). Esta información no se ofrece en el artículo (posiblemente porque no se dispone de ella) por lo que no sabemos a qué distancia estaban unos de otros ni a qué procesos geológicos pudieron verse sometidos. Por lo tanto, es imposible contrastar esta suposición.

Por último, los autores descartan otras hipótesis alternativas: una modificación de los huesos por carnívoros, por aplastamiento o que el desgaste se deba a procesos naturales. En concreto, niegan la posibilidad de que un carnívoro del Pleistoceno fuera capaz de romper un fémur fresco o de producir una marca de impacto profunda. Sin embargo, lo cierto es que sí tenemos un posible candidato. Ruth Blasco, experta en procesos de fosilización del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, ha comentado que «los animales que producen este tipo de fracturación necesitan un potente aparato masticatorio, como los carnívoros durófagos, y uno de estos carnívoros al que no hay que perderle la pista en el continente americano es el lobo gigante». ¿Es casualidad que se haya encontrado un esqueleto de lobo gigante junto al de un ciervo y un caballo cerca del yacimiento de Cerutti?

  • Las herramientas de piedra

En cuanto a las presuntas herramientas de piedra, vuelve a ser necesario que nos familiaricemos con la terminología. En inglés, los cantos rodados reciben el nombre de peeble tool o cobble. Si la piedra se trabaja sobre una cara se llama chopper (en castellano protobifaz) o chopping tool si se actúa sobre las dos (bifaz o hacha de mano). Las lascas o esquirlas que se obtienen cuando se rompe un núcleo se denominan flakes. Por último, también se han catalogado como herramientas los cantos rodados que no tienen un filo cortante pero que presentan señales evidentes de haberse utilizado para golpear otras piedras: es lo que conocemos como martillos (hammer o hammerstone en inglés).

En el yacimiento de Cerutti los investigadores refieren la presencia de dos tipos de herramientas líticas: martillos y yunques (anvil en inglés) 2. Ya hemos indicado que los cantos catalogados como CM-281 y CM-114 se interpretan como yunques, mientras que los identificados como CM-423, CM-7 y CM-383 se interpretan como martillos.

En cuanto a sus características físicas, el yunque CM-281 tiene marcas dentadas, iniciaciones hertzianas, rastros de abrasión y estrías que los autores consideran pruebas de golpes realizados con martillos. Por otro lado, el yunque CM-114 no presenta marcas y tiene una superficie suave producida por abrasión (es decir, por fricción con un elemento más duro). Una roca de pegmatita (CM-423) y dos de andesita (CM-7 y CM-383) han sido catalogadas como martillos en función de las marcas de desgaste y de impacto. Además, los autores del estudio señalan que todas las pretendidas herramientas del yacimiento presentan en mayor o menor medida rastros de golpes de piedra contra piedra, que atribuyen a golpes perdidos al golpear contra un yunque.

La tafonomía también se encarga de analizar la industria lítica presente en un yacimiento para determinar si es el resultado de una manipulación por el hombre. Sabemos que distintos procesos naturales (llamados procesos geomórficos) pueden alterar los cantos rodados de forma que parezcan artefactos o herramientas, por lo que un análisis detenido de estos elementos se hace esencial.

En 1896, el físico H. Hertz llevó a cabo los primeros experimentos científicos para entender cómo se podía fabricar una herramienta de piedra sin emplear metal. Así, se centró en saber qué pasaba cuando dos rocas eran golpeadas entre sí. Observó que cuando un cuerpo esférico golpea la superficie plana de un sólido frágil isotrópico, en éste se producía una fractura en forma de cono (que hoy conocemos como cono hertziano). En cambio, cuando se desprende una lasca no se forma un cono completo, sino un cono parcial.

Por su parte, Caleb Vance Haynes –un reputado arqueólogo norteamericano– estudió estos y otros mecanismos y acuñó el término geofact para referirse a las rocas que habiendo estado sometidas a procesos naturales, parecían artefactos hechos por el hombre.

Entre los  procesos geológicos que pueden alterar una roca podemos mencionar los movimientos del suelo, las glaciaciones, fuertes corrientes de agua, cambios rápidos de temperatura, presión interna etc. Los procesos de baja energía (por ejemplo, procesos eólicos, fluviales y de solifluxión) pueden dar lugar a estrías, picoteo, desprendimiento de bordes o trituración. Los procesos glaciales son particularmente eficientes en la modificación de las rocas ya que durante el transporte glacial se ven sometidas a empuje, cizallamiento y estrés de carga.

Llegados a este punto debemos saber que numerosos yacimientos están hoy en día bajo discusión porque se ha defendido la presencia humana en ellos contando únicamente con presuntas herramientas líticas.

Por ese motivo, desde hace tiempo la arqueología plantea un enfoque sistemático para abordar este problema. Para asignar un estatus cultural a un conjunto de rocas o sus desechos (lo que llamamos debitage) no basta con demostrar que no existieron en el pasado procesos geomórficos que pudieran haber alterado las piedras. Es preciso analizar cada pretendida herramienta y puntuar sus características según una lista que varía en extensión, pero que comprende 18 atributos en los estudios más modernos. Los investigadores han demostrado que la presencia de un único atributo (por ejemplo, marcas de estrías en los bordes o marcas dentadas) es insuficiente para diferenciar entre artefactos y geofactos, además de que algunos atributos son más subjetivos que otros, es decir, que su apreciación depende de la interpretación que haga cada arqueólogo. Así que, una vez analizados todos y cada uno de los elementos del yacimiento y puntuados en función de la presencia o ausencia de esos atributos, se aplica una prueba chi-cuadrado como método de análisis estadístico. Es importante señalar que esta técnica no proporciona información sobre artefactos individuales sino que se utiliza para comparar poblaciones de muestra. Por eso se debe contar con tablas de referencia de rocas modificadas por el hombre y restos de rocas sometidas a procesos geomórficos para llegar a una conclusión.

Leyendo el estudio de las pretendidas herramientas líticas del yacimiento de Cerutti vemos que no se ha seguido este método de análisis. Los investigadores se han limitado a señalar algunas características en las rocas que ellos atribuyen a una intervención del hombre, sin tener en cuenta que esas mismas marcas pueden haberse producido por muy diversos procesos naturales.

En definitiva, lo que tratamos de decir es que no es posible establecer el estatus arqueológico de un objeto o herramienta siguiendo únicamente criterios subjetivos y apelando a la experiencia del analista. La arqueología hace tiempo que aplica métodos científicos y procesos explicativos con la intención de que sean replicables.

Conclusiones

Si analizamos el yacimiento en su conjunto y la información de contexto que hemos tratado de exponer, vemos que hay varios aspectos que no son «coherentes»:

–Dado que no hay marcas de corte en los huesos, los autores afirman que nuestros antepasados se llevaron parte del esqueleto del mastodonte en una actividad de carroñeo. Es decir, ellos no cazaron el animal y no se alimentaron de su carne, sino que únicamente trataron de obtener la médula de sus huesos.

Siguiendo esta argumentación, las marcas que vemos en los huesos bien pudieron producirlas los animales que sí se alimentaron de la carne; mientras que su fragmentación puede deberse a procesos geomórficos y no a la intervención del hombre.

–Las pretendidas herramientas de piedra son muy «básicas», es decir, no han sido trabajadas en absoluto. Esto descartaría a Homo sapiens como el autor de las mismas ya que éstos tenían una cultura lítica mucho más desarrollada.

Pero la alternativa no es más creíble. Si atribuimos su fabricación a parientes más lejanos como Homo erectus, tenemos el problema de atribuirles unos conocimientos avanzados de navegación así como la capacidad de superar temperaturas extremas con la confección de ropa de abrigo, que no casarían con unas habilidades tan básicas en la fabricación y utilización de herramientas. ¿Cómo pudieron ser capaces de construir embarcaciones resistentes para recorrer miles de kilómetros de costa y no disponer siquiera de un cuchillo de piedra?

–Por último, la datación tampoco es un dato que ofrezca demasiada seguridad. Hemos visto que el yacimiento cuenta ahora con tres dataciones muy diferentes, sin que los investigadores hayan explicado los motivos de las discrepancias entre ellas.

En definitiva, creo que con la publicación de este trabajo, y sobre todo con las conclusiones que se exponen, se ha perseguido únicamente obtener un impacto mediático (algo que sin duda han conseguido).

Con esto no pretendo negar la posibilidad de que nuestros antepasados hayan llegado al continente americano con anterioridad a las fechas que manejan de forma mayoritaria los especialistas. Lo que digo es que las pruebas descritas en el estudio que estamos analizando no son suficientes para afirmar que los humanos llegaron a América hace 130.000 años.

 

Referencias

  • Holen, S. R., et al. (2017), «A 130,000-year-old archaeological site in southern California, USA». Nature, vol. 544, núm. 7651, p. 479-483. Descarga el artículo aquí.
  • Información suplementaria del artículo. Descarga el archivo aquí.

 

Más información

Bibliografía para la datación

Bibliografía para la fractura de los huesos

  • García, V., et al. (2006), “Determinación de procesos de fractura sobre huesos frescos: un sistema de análisis de los ángulos de los planos de fracturación como discriminador de agentes bióticos”. Trabajos de prehistoria, vol. 63, núm. 1, p. 37-45.
  • Johnson, E. V.; Parmenter, P. C. R. y Outram, A. K. (2016), «A new approach to profiling taphonomic history through bone fracture analysis, with an example application to the Linearbandkeramik site of Ludwinowo 7». Journal of Archaeological Science: Reports, vol. 9, p. 623-629.
  • Outram, A. K. (2001), «A new approach to identifying bone marrow and grease exploitation: why the “indeterminate” fragments should not be Ignored». Journal of Archaeological Science, vol. 28, núm. 4, p. 401-410.
  • Pickering, T. R. y Egeland, C. P. (2006), «Experimental patterns of hammerstone percussion damage on bones: implications for inferences of carcass processing by humans». Journal of Archaeological Science, vol. 33, núm. 4, p. 459-469.

Bibliografía para el estudio de las herramientas líticas

  • Andrefsky, W. (2005), Lithics: macroscopic approaches to analysis. Cambridge; New York: Cambridge University Press, xxiv, 301 p.
  • Gillespie, J. D.; Tupakka, S. y Cluney, C. (2004), «Distinguishing between naturally and culturally flaked cobbles: A test case from Alberta, Canada». Geoarchaeology, vol. 19, núm. 7, p. 615-633.
  • Haynes, V. (1973), «The Calico Site: artifacts or geofacts?». Science, vol. 181, núm. 4097, p. 305-310.
  • Johnson, L. L., et al. (1978), «A history of flint-knapping experimentation, 1838-1976 [and Comments and Reply]». Current Anthropology, vol. 19, núm. 2, p. 337-372.
  • Lubinski, P. M.; Terry, K. y McCutcheon, P. T. (2014), «Comparative methods for distinguishing flakes from geofacts: a case study from the Wenas Creek Mammoth site». Journal of Archaeological Science, vol. 52, p. 308-320.

Notas

  1. Eventually the back wall of the excavation was up to 3 m high between the base of Bed E and the top of the sound-berm.
  2. El yunque no es más que una roca, de mayor tamaño que el resto y generalmente plana, sobre la que se apoyan los elementos a golpear.
Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 4 comentarios