José Luis Moreno

Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza. Desde muy pronto comencé a leer los libros que tenía a mano, obras de Salgari, Verne y Dumas entre otros muchos autores, que hicieron volar mi imaginación. Sin embargo, hubo otros libros que me permitieron descubrir las grandes civilizaciones, la arqueología, la astronomía, el origen del hombre y la evolución de la vida en la Tierra. Estos temas me apasionaron, y desde entonces no ha dejado de crecer mi curiosidad. Ahora realizo un doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad de Málaga donde estudio el derecho a la ciencia recogido en los artículos 20.1.b) y 44.2 CE, profundizando en la limitación que supone la gestión pública de la ciencia por parte del Estado, todo ello con miras a ofrecer propuestas de mejora del sistema de ciencia y tecnología. Socio de número de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia, miembro de la Asociación HdC; AEC2, y StopFMF.
Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza. Desde muy pronto comencé a leer los libros que tenía a mano, obras de Salgari, Verne y Dumas entre otros muchos autores, que hicieron volar mi imaginación. Sin embargo, hubo otros libros que me permitieron descubrir las grandes civilizaciones, la arqueología, la astronomía, el origen del hombre y la evolución de la vida en la Tierra. Estos temas me apasionaron, y desde entonces no ha dejado de crecer mi curiosidad. Ahora realizo un doctorado en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad de Málaga donde estudio el derecho a la ciencia recogido en los artículos 20.1.b) y 44.2 CE, profundizando en la limitación que supone la gestión pública de la ciencia por parte del Estado, todo ello con miras a ofrecer propuestas de mejora del sistema de ciencia y tecnología. Socio de número de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia, miembro de la Asociación HdC; AEC2, y StopFMF.
¿Debe la ONU intervenir en el conflicto de Siria?

¿Debe la ONU intervenir en el conflicto de Siria?

     Última actualizacón: 1 enero 2021 a las 12:29

Tengo que reconocer que el título de este comentario ya es engañoso de por sí.  Nos hemos acostumbrado a emplear el término “conflicto” para referirnos tanto a una simple riña familiar como al caos más absoluto que se desata en un enfrentamiento armado entre dos Estados.  Por lo tanto, en honor a la verdad creo que lo que está sucediendo en Siria se define mejor como una guerra civil en la que el Estado emplea todos sus recursos militares no sólo en derrotar a una parte de la ciudadanía que se ha levantado en armas ―los llamados rebeldes―; sino en eliminar sistemáticamente pueblos y ciudades enteras con el objetivo último de sembrar el terror más absoluto entre el resto de la población.  La cifra de muertes aumenta sin parar (la inmensa mayoría de las víctimas son civiles) familias enteras cuyo único pecado ha sido nacer en ese país.

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Para responder a la pregunta que nos planteamos debemos señalar que la Organización de las Naciones Unidas es una “organización internacional fundada en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial por 51 países que se comprometieron a mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar entre las naciones relaciones de amistad y promover el progreso social, la mejora del nivel de vida y los derechos humanos”.  En la actualidad, el número de Estados miembros asciende a 193, lo que supone que la inmensa mayoría de la población del planeta se haya representada en su seno.

Como carta de intenciones, esta definición de la ONU tomada de su página web oficial resulta contundente.  Admitiré sin reparos que la labor que viene realizando la ONU constituye el pilar básico en el que se apoya el bienestar de una gran parte de la población del planeta; personas que tienen depositada su fe y la esperanza de un futuro mejor en los miles de funcionarios de este organismo, personas en definitiva que no han conocido otra cosa que la pobreza y la desilusión.  Sin embargo, esta realidad no debe impedirnos hacer una valoración crítica de su forma de actuar en “conflictos” como el que viene sufriendo la población siria desde hace más de un año, precisamente por tratarse de una situación creada tras el grito desesperado de la ciudadanía por tener libertad.

Deber … qué palabra tan interesante.  La Real Academia de la Lengua Española define el término “deber” entre otras acepciones como “estar obligado a algo por la ley divina, natural o positiva”, por lo que antes de valorar la actuación de la ONU en la situación de Siria tenemos que analizar cuáles son las normas por las que se rige este organismo.  En este sentido debemos acudir a la Carta de las Naciones Unidas que constituye el documento fundacional que establece la forma de trabajo de la organización, las funciones de sus organismos y los poderes y facultades de que gozan cada uno de ellos.

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En relación con esta cuestión, el artículo 24 de la Carta recoge las funciones y poderes del Consejo de Seguridad como órgano encargado de velar por el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales.  Las facultades que se le otorgan a este organismo colegiado, que está compuesto por cinco miembros permanentes (la República de China, Francia, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América) más otros diez miembros rotatorios, se recogen en los capítulos VI, VII VIII y XII de la Carta.  Ésta hace referencia además a la obligación de todos los Estados miembros de aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad (artículo 25) aunque, como se ha visto a lo largo de la trayectoria de este organismo, algunas decisiones se cumplen más rápidamente que otras; y en otros casos, simplemente se hace caso omiso de ellas (por lo tanto, la ausencia de voluntad política en unos casos, y el escaso compromiso a la hora de hacer cumplir sus decisiones en otros, son los principales puntos débiles de la ONU).  El artículo 27 establece que cada miembro tendrá un voto y que las decisiones del Consejo se tomarán con el voto afirmativo de nueve miembros “incluso los votos afirmativos de todos los miembros permanentes”.  He aquí la piedra de toque del Consejo de Seguridad.  Esta última coletilla hace referencia al famoso derecho de veto que poseen las grandes potencias en la toma de decisiones del órgano más importante de la ONU.  El lenguaje jurídico y diplomático sabe camuflar muy bien las cuestiones más controvertidas, puesto que el derecho de veto ha sido el muro de hormigón con el que han chocado las voluntades de algunos Estados miembros para intervenir en situaciones que se han vuelto insoportables para la comunidad internacional.

El Capítulo VI de la Carta comienza con el artículo 33 donde se mencionan los métodos de arreglo pacífico de controversias: “las partes en una controversia cuya continuación sea susceptible de poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tratarán de buscarle solución, ante todo, mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección”.

Ahora bien, cuando la situación es de tal gravedad que no permite una solución “pacífica” negociada entre las partes en conflicto ―caso evidente de la situación en Siria― entra en juego el Capítulo VII titulado “acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión”.  El artículo 39 afirma que es competencia del Consejo de Seguridad determinar en qué casos se está produciendo una amenaza a la paz o un acto de agresión, correspondiéndole decidir qué medidas de las contempladas en la propia Carta deben tomarse.

Entre las medidas a adoptar, el artículo 41 establece aquellas que no implican el uso de la fuerza: se refiere a los embargos, limitación de las transacciones económicas, bloqueos de las comunicaciones y ruptura de las relaciones diplomáticas entre otras.  Es lo que conocemos como “sanciones”; medidas que la comunidad internacional adopta de forma coordinada con el objetivo de hacerle saber al Estado “infractor” que el camino que está tomando sólo le perjudicará más aún ―aunque vemos que afecta sobre todo al terreno económico―.  Ejemplos recientes de la aplicación de estas medidas los tenemos en el embargo a la venta de crudo impuesto a Irán a consecuencia de su decisión de continuar el enriquecimiento de uranio, o el embargo de bienes y la prohibición de transacciones comerciales con Libia antes de la caída del régimen de Gadaffi.

Cuando estas sanciones no cumplen su cometido o no son suficientes, el Consejo de Seguridad puede decidir finalmente el empleo de la fuerza militar:

Artículo 42:  Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas.

Por lo tanto, la Carta otorga al Consejo de Seguridad, y por ende a la ONU, la capacidad para intervenir de forma directa ante cualquier conflicto que amenace la paz y seguridad internacionales recurriendo al uso de la fuerza si ello es necesario.  Ahora bien, no debemos olvidar un aspecto fundamental: Naciones Unidas no posee un ejército propio por lo que tiene que recurrir a los efectivos que los distintos Estados miembros y otras organizaciones regionales ―véase la OTAN― ponen a su disposición en cada caso concreto.  Este asunto no es de menor importancia ya que ha sido ―y seguirá siendo― fuente de enfrentamientos tanto por el enorme gasto que supone el despliegue de este tipo de operativos, como por los problemas de mando y control.  Estos soldados que actúan bajo el paraguas de Naciones Unidas son conocidos como cascos azules: fuerzas para el mantenimiento de la paz que “trabaja[n] para crear las condiciones adecuadas para una paz duradera en un país desgarrado por un conflicto”.

Los cascos azules se despliegan sobre el terreno únicamente cuando se cumplen una serie de requisitos y con unos principios operacionales que están claramente determinados.  Entre ellos destaca la necesidad de que las partes en el conflicto presen su consentimiento al despliegue de la misión y que «asuman un compromiso para avanzar hacia un proceso político»; la prohibición del uso de la fuerza ya que «las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas no son un instrumento para imponer la paz», aunque cabe una excepción a esta regla puesto que «pueden usar la fuerza a nivel táctico, con la autorización del Consejo de Seguridad y si se actúa en legítima defensa o en defensa del mandato».  Del mismo modo, la ONU exige a las misiones que sean imparciales:

Una operación de mantenimiento de la paz es similar a un buen árbitro que se mantiene imparcial, pero que sanciona las infracciones. La operación no debe tolerar las acciones de las partes que infrinjan los compromisos asumidos en el marco del proceso de paz o las normas y los principios internacionales que sostiene la operación.

A pesar de la necesidad de establecer y mantener buenas relaciones con las partes, una operación de mantenimiento de la paz debe evitar escrupulosamente las actividades que puedan comprometer su imagen de imparcialidad. Una misión no debe apartarse de la aplicación rigurosa del principio de imparcialidad por temor a una mala interpretación o a una represalia.

Vemos lo irónico, contradictorio y en ocasiones contraproducente de estos principios.  Se prohíbe el uso de la fuerza salvo en casos muy excepcionales, aunque para tomar finalmente esta decisión hay que tener en cuenta como «lo más importante, el efecto que la acción tendrá sobre el consentimiento nacional y local de la misión».  Es decir, antes de priorizar la defensa unos principios universales contenidos en la propia Carta (protección de la vida, defensa de los derechos humanos etc.), o los criterios éticos y morales que han llevado a la presencia de una fuerza multinacional de paz en un determinado territorio, es necesario calcular el efecto que ese uso de la fuerza puede tener en el consentimiento otorgado para su creación.  Por este motivo, según estos parámetros, «una misión no debe apartarse de la aplicación rigurosa del principio de imparcialidad por temor a una mala interpretación o a una represalia».  Puede suceder por tanto que los casos azules ―y las Naciones Unidas en su conjunto― se conviertan en rehenes de la voluntad de un Estado que en definitiva es el que está vulnerando los derechos humanos.

Quizá ahora podamos entender que en muchas ocasiones, el cumplimiento estricto de estos principios no haya hecho sino complicar enormemente la labor de los militares sobre el terreno (no olvidemos que los “cascos azules” son soldados profesionales y no personal humanitario).

Una vez analizada la vertiente jurídica relativa a las posibilidades de actuación de la ONU a través del Consejo de Seguridad, vamos a ver los pasos que se han dado en el seno de la Organización en relación a la cuestión siria.

La Resolución 2042 (2012) del Consejo de Seguridad aprobada en la sesión celebrada el pasado día 14 de abril ha sido la primera adoptada por el Consejo tras más de un año de matanzas en Siria.  Consiguió salir adelante tras la retirada del veto que tanto Rusia como China venían imponiendo desde el comienzo de la crisis ―curiosamente, Rusia es uno de los principales proveedores de armas de Siria y aún hoy continúa vendiendo armamento pesado al régimen―.  Como se puede leer en dicha Resolución, se condenan «las violaciones generalizadas de los derechos humanos por las autoridades sirias así como los abusos de los derechos humanos por parte de grupos armados, recordando que los responsables deberán responder de sus actos»; y expresa su «profundo pesar» por la muerte de muchos miles de personas en Siria.

Vemos como para los miembros del Consejo de Seguridad no queda margen a la duda acerca de lo que está haciendo el régimen sirio: eliminar sistemáticamente a una parte de la población civil, en su mayoría mujeres y niños.

Naciones Unidas acordó junto con la Liga de Estados Árabes que Kofi Annan actuase como enviado especial a la zona a fin de estudiar la situación sobre el terreno y poder plantear los medios necesarios para el cese de las hostilidades.  Fruto de esta misión ha sido la elaboración de un plan de seis puntos que el gobierno sirio se comprometió a aplicar en el mes de marzo.  Básicamente, Siria debía detener los movimientos de tropas hacia los centros de población, no continuar usando armas pesadas y proceder a la retirada de las tropas.

Sin embargo, a la hora de la verdad el Consejo de Seguridad solo:

Reafirma su pleno apoyo a todos los elementos de la propuesta de seis puntos del Enviado (anexo) para poner fin de inmediato a toda la violencia y las violaciones de los derechos humanos, garantizar el acceso humanitario y facilitar una transición política liderada por Siria hacia un sistema político democrático y plural, en el que los ciudadanos sean iguales ante la ley independientemente de su afiliación o grupo étnico o creencias, por medios como la celebración de un diálogo político amplio entre el Gobierno de Siria y todo el espectro de la oposición siria, y pide que se cumplan de manera urgente, general e inmediata dichos elementos;

Concluye «expresando su intención» de establecer una misión de supervisión para vigilar el cese de la violencia armada aunque, como hemos visto, aún no ha decidido la el empleo de medios coactivos para lograr ese cese de la violencia.  Acuerda el envío de 30 observadores militares no armados para que informen sobre la aplicación del cese de la violencia.

La Resolución 2043 (2012) del Consejo de Seguridad adoptada en la sesión celebrada el 21 de abril acordó establecer una Misión de Supervisión de las Naciones Unidas en Siria (UNSMIS) con un despliegue inicial de 300 observadores militares no armados con un mandato consistente en vigilar el cese de la violencia armada y apoyar la plena aplicación de la propuesta de Kofi Annan (los seis puntos contenidos en el anexo de la Resolución anterior).

¿Y qué opina Siria de la reacción de la comunidad internacional ante lo que está sucediendo en su territorio?  El régimen no deja escapar la oportunidad de manifestar que sus actuaciones se ajustan a la legalidad internacional ya que se trata de “asuntos internos del Estado sirio”, insistiendo en que mantiene una lucha contra grupos terroristas que intentan desestabilizar al gobierno.  Por lo tanto nos encontramos ante la clásica disyuntiva: ¿los rebeldes pueden ser considerados como terroristas y de esta forma convertir las acciones militares sirias en un medio legítimo de defensa; o bien nos encontramos ante el argumento que utilizan todos los dictadores para justificar los ataques indiscriminados contra la población civil?

Es cierto que la Carta de Naciones Unidas prohíbe la intervención de terceros Estados en los asuntos internos de otro Estado ya que se trata de una cuestión básica de soberanía nacional, aunque la pregunta que debemos hacernos es ¿quién decide que la matanza de civiles desarmados pueda justificarse como una defensa frente a actos de rebeldes o terroristas? es decir, ¿puede un Estado emplear la violencia contra su propia población para defenderse de una revuelta popular que pretende un cambio de régimen?

Bajo mi punto de vista resulta evidente que el gobierno sirio miente en lo tocante a la actuación de los grupos rebeldes.  Hay demasiados testimonios que confirman la participación tanto de soldados como de paramilitares adeptos al régimen de Bashar al-Assad en las matanzas perpetradas en distintos puntos del país.  De esta forma podemos concluir que, tal y como empieza a admitir la comunidad internacional, la matanza indiscriminada de civiles en la República Árabe Siria supone una amenaza para la paz y seguridad internacionales.

En definitiva, ¿qué puede hacer la comunidad internacional ante este tipo de situaciones, en las que o bien se produce un bloqueo en el seno del Consejo de Seguridad, o las medidas adoptadas no son suficientes?  Pues bien, tras muchos debates en el seno de la organización, es aquí donde debería entrar en juego la doctrina emanada de la propia ONU denominada “responsabilidad de proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad”.  La Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados publicó un informe titulado “La responsabilidad de proteger” donde se concluía que la soberanía no solamente daba al Estado el derecho de “controlar” sus asuntos, sino que también confería al Estado la “responsabilidad” primaria de proteger a la población dentro de sus fronteras.  En él se proponía que cuando un Estado no protegiera a su población, ya fuera por falta de capacidad o de voluntad, la responsabilidad incumbía a la comunidad internacional en su conjunto.

Fruto de estos debates, en la Resolución de la Asamblea General que aprueba el Documento Final de la Cumbre Mundial del año 2005 (página 33) se hace la siguiente manifestación:

La comunidad internacional, por medio de las Naciones Unidas, tiene también la responsabilidad de utilizar los medios diplomáticos, humanitarios y otros medios pacíficos apropiados, de conformidad con los Capítulos VI y VIII de la Carta, para ayudar a proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad. En este contexto, estamos dispuestos a adoptar medidas colectivas, de manera oportuna y decisiva, por medio del Consejo de Seguridad, de conformidad con la Carta, incluido su Capítulo VII, en cada caso concreto y en colaboración con las organizaciones regionales pertinentes cuando proceda, si los medios pacíficos resultan inadecuados y es evidente que las autoridades nacionales no protegen a su población del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad [énfasis añadido].

He aquí el punto de inflexión que deseamos destacar: la comunidad internacional tiene la obligación, incluso a través del empleo de fuerza militar, de proteger a la población de un Estado donde se están cometiendo actos de genocidio, crímenes de guerra, depuración étnica y crímenes de lesa humanidad.  ¿Hasta cuándo vamos a esperar?

Quizá sea ilustrativo que exponga cuáles han sido algunos de los antecedentes que han llevado a la ONU a adoptar esta doctrina:

Memorial por el genocidio en Ruanda

Memorial por el genocidio en Ruanda

1994 – RUANDA. Tras el atentado perpretado contra los Presidentes de Ruanda y Burundi al disparar un misil contra el avión en que viajaban juntos se produjeron en Ruanda masacres sistemáticas que se prolongaron durante varias semanas.  Se estima que al menos un millón de personas de la minoría étnica tutsi y también de hutus moderados fueron asesinados.  Se calcula además que entre 150.000 y 250.000 mujeres fueron violadas.

En respuesta a esta crisis, Naciones Unidas estableció la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda (UNAMIR) compuesta fundamentalmente por solados belgas (antigua potencia colonial).  Sin embargo, tras el asesinato de la primera ministra Uwilingiyimana, una líder hutu moderada, junto a diez cascos azules encargados de su protección, Bélgica retiró la totalidad de los soldados desplegados.  Acto seguido el resto de países pidieron la retirada de sus contingentes.  La población quedó en ese momento a merced de los genocidas.

El Secretario General de la ONU, Boutros Boutros-Ghali declaró el 26 de mayo:

«Es un escándalo.  Soy el primero en decirlo y estoy dispuesto a repetirlo.  Es un fracaso no sólo de las Naciones Unidas, sino también de la comunidad internacional, y todos somos responsables.  Se trata de un genocidio».

Mark Huband refiere que “durante los dos días de la masacre de Rukara, 12 y 13 de abril de 1993, el representante permanente de Gran Bretaña en las Naciones Unidas propuso que la ONU adoptase el papel de «mediador político» en Ruanda.  Tal posición presuponía que era posible la negociación entre quienes cortaban a hachazos cabezas, piernas, brazos y genitales a las víctimas ruandesas.  Todos los miembros de las Naciones Unidas, salvo los africanos, declararon que Ruanda sufría una guerra civil entre el Frente Patriótico Ruandés y el gobierno.  Pretendían contribuir así a que la ONU se plantease asumir el papel de mediador y posibilitase el alto el fuego.  Fue una de las respuestas exteriores más grotescas ante el genocidio de Ruanda, donde la cuestión de la guerra civil era insignificante en comparación con el genocidio”.

Huband, M. (2004), África después de la Guerra Fría: la promesa rota de un continente. Barcelona: Paidós Ibérica, 463 p.

Enlace a la página permanente del Tribunal Penal Internacional para Ruanda.

srebrenica2007

Entierro de 465 bosnios identificados en 2007

1995 – SREBRENICA (BOSNIA). Srebrenica es una ciudad situada en el este de Bosnia que durante la guerra que asoló Yugoslavia entre los años 1992 y 1995 constituyó un enclave bajo control del ejército bosnio.  Durante años, los serbobosnios sitiaron la ciudad bombardeándola en numerosas ocasiones.

Srebrenica fue declarada zona segura en 1993, y zona desmilitarizada bajo la protección de UNPROFOR, la Fuerza de Protección de Naciones Unidas (operación de mantenimiento de la paz establecida por el Consejo de Seguridad).  A pesar de ello, y tras numerosos ataques a pequeña escala y otras escaramuzas, en julio de 1995 Srebrenica fue tomada por las fuerzas serbias.  En los días siguientes, los miembros del ejército serbobosnio y la policía bajo el mando del general Ratko Mladic llevaron a cabo un plan premeditado para eliminar a más de 8.000 bosnios musulmanes, incluidos hombres, mujeres, ancianos y niños.

La Fuerza de Protección de las Naciones Unidas compuesta por 400 soldados holandeses sólo estaba autorizada a usar la fuerza en defensa propia, y no en defensa de los civiles a los que debían proteger.

Esta matanza ha sido la mayor masacre con pérdida de vidas humanas en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.  Ha sido considerada por Naciones Unidas como un acto de genocidio y limpieza étnica.

Enlace a la página permanente del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia.

Terminaré este ya bastante extenso comentario con un extracto del libro de Michael Ignatieff quien, pese a referirse a la guerra de Kosovo (1999), realiza una serie de valoraciones que considero plenamente aplicables al tema tratado:

«Los países no occidentales, especialmente Rusia y China, afirman que el presupuesto de la soberanía nacional contenido en la Carta de las Naciones Unidas no ha cambiado y no debe hacerlo.  Pero las naciones occidentales ―en particular los países miembros de la OTAN― han defendido, al menos desde el final de la guerra fría, que poseen el derecho de intervenir cuando las violaciones de los derechos humanos son flagrantes y persistentes, y también en aquellos casos en los que estas violaciones constituyan una amenaza para la seguridad y la paz internacionales.

Por tanto, las limitaciones en el uso occidental de su poder militar en las misiones humanitarias son, en su mayor parte, autoimpuestas.  Aunque los críticos del imperialismo estadounidense lo negarán, estas limitaciones autoimpuestas son importantes.  La más importante consiste en que las democracias que defienden la autodeterminación no pueden rechazar la autodeterminación de los demás si desean ser coherentes».

Ignatieff, M. (2003), Guerra virtual: más allá de Kosovo. Barcelona: Paidós Ibérica, 195 p.

En Libia se autorizó por la ONU la adopción de las medidas que fueran necesarias para proteger a los civiles que estuvieran bajo la amenaza de ataque por parte de las fuerzas gubernamentales.  La adopción de la Resolución 1973 (2011) del Consejo de Seguridad supuso el ataque por mar y aire de las posiciones del ejército libio por una coalición internacional cuyo mando pasó finalmente a la OTAN.

¿En qué se diferencia el caso de Siria?

Publicado por José Luis Moreno en POLÍTICA INTERNACIONAL, 2 comentarios
Etimología y taxonomía del gorila

Etimología y taxonomía del gorila

     Última actualizacón: 22 agosto 2017 a las 12:29

La primera vez que podemos leer el término «gorila» ―según las noticias que tenemos hasta ahora― es en el relato «El viaje de Hannón, comandante de los cartagineses, alrededor de las regiones de Libia más allá de las Columnas de Hércules, que depositó en el templo de Baal». La pieza que conservamos es una traducción griega posterior en varios siglos a la redacción del original, lo que hace que se discuta la autenticidad y la veracidad del texto.

1

En cualquier caso, se trata de un breve relato del viaje o periplo ­―título con el que se conoce coloquialmente a la obra― que realizó en el siglo V a.C. Hannón, un general cartaginés que recibió el encargo de seguir la costa occidental de África para fundar nuevas colonias. Aunque el nombre de Hannón era muy común en la antigua Cartago, los estudiosos coinciden en apuntar a que se trata bien del padre o del hijo del también famoso Amílcar que comandó una gran expedición cartaginesa a Sicilia en el año 480 a.C.

Según el relato, casi al final de su viaje llegaron a una ensenada o recodo llamado Cabo del Sur, en cuyo interior había una isla con una laguna. En esa laguna había otra isla llena de salvajes cuyo mayor número era de mujeres, las cuales tenían el cuerpo lleno de pelo. Los intérpretes Lixitas o Lixios que los acompañaban ―pueblo nómada que vivía a orillas del río Lixo― las llamaban “Γοριλλαι = gorillai” (término que aparece en la traducción griega del texto original desparecido). Añade que cuando los persiguieron no lograron capturar a los hombres porque huyeron trepando por los riscos y defendiéndose con piedras; pero sí alcanzaron a tres mujeres que se defendieron mordiendo y arañando a sus captores. Dado que no podían llevárselas por la resistencia que oponían, finalmente las mataron y llevaron sus pieles de vuelta a Cartago.

En su estudio sobre la obra de Hannón, Schoff (1913) 1 llega a la conclusión de que el lugar al que llegaron los cartagineses y donde encontraron estos “salvajes” coincide con la actual isla Sherbro en Sierra Leona.

En relación con este relato, el padre jesuita Juan de Mariana escribe en 1601 su obra Historia general de España donde recoge diversos apuntes sobre el relato de la Navegación de Hannón (libro 1, capítulo 22):

[…] Pasado aquel monte descubrieron una isla habitada de hombres cubiertos de vello (así lo entendieron ellos) y para memoria de cosa tan señalada de dos hembras que prendieron, porque á los machos no pudieron alcanzar por su gran ligereza, como no se amansasen, las mataron y enviaron á Carthago las pieles llenas de paja, donde estuvieron mucho tiempo colgadas en el templo de Venus para memoria de tan grande maravilla.

Más adelante añade:

Los hombres cubiertos de vello entendemos que fueron cierto genero de monas grandes, quales en África hay muchas y de diversas raleas, de todo en la figura semejantes a los hombres, y de ingenios y astucias maravillosas.

Mucho tiempo después, un marino inglés llamado Andrew Battell fue el primer europeo que habló de los gorilas ―aunque en su relato emplease el término Pongo― al contar sus peripecias tras su captura por parte de los portugueses en las costas de Brasil. En esa época, Portugal se encontraba en guerra junto a España contra Inglaterra, por lo que fue trasladado a la costa occidental de África en calidad de prisionero, y condenado a servir a los portugueses en sus enfrentamientos con las tribus locales. Fruto de estas experiencias, y del tiempo que vivió con los indígenas, es el libro donde cuenta sus aventuras publicado en Londres en 1613 por Samuel Purchas, justo un año antes de su fallecimiento. A pesar de los detalles que ofrece, es importante tener presente que fue redactado de memoria a su regreso a Inglaterra.

Nos cuenta 2 que en la provincia de Mayombe había dos tipos de monstruos muy comunes en esos bosques y muy peligrosos. Al más grande los nativos lo llamaban Pongo (en realidad Mpungu), mientras que al más pequeño, Engeco ―se trata del gorila y el chimpancé respectivamente―. Describió al Pongo como un animal que tenía las mismas proporciones que un hombre aunque fuera como un gigante en altura. Tenía cara de hombre, los ojos hundidos y pelos largos en las cejas. Afirmaba que tenía todo el cuerpo lleno de pelo de un color parduzco, salvo la cara, las orejas y las manos. Siempre caminaba erguido sobre sus pies, dormía en los árboles y construía refugios para protegerse cuando llovía. En cuanto a sus hábitos alimenticios, afirmaba que comía fruta y nueces que encontraba en el bosque, pero no comía nada de carne. Terminaba sosteniendo que no podía hablar y que poseía poca inteligencia.

Pese a que en la actualidad se pone en duda que Battell viera en realidad estos animales, la descripción del Pongo es claramente la de un gorila pese a algunas incorrecciones, debidas quizá a las distorsiones propias de los relatos transmitidos oralmente. Curiosamente, el término Pongo se empleó finalmente como el nombre genérico de los orangutanes asiáticos ―el nombre científico del Orang-outan es Pongo pygmaeus― y no de los grandes simios africanos. De hecho, el término Orang, que aparece escrito en los textos antiguos más comúnmente pero de forma incorrecta «ourang», se aplica estrictamente a las especies de simios orientales. “Orang” es una palabra malaya que significa “ser razonable” y se emplea para referirse tanto al hombre como al elefante. Por otro lado, “outan” significa “salvaje” o “de los bosques” por lo que orang-outan se puede traducir como “hombre salvaje” 3.

En 1774, en la segunda edición de su obra sobre los orígenes del lenguaje, James Burnett expone los informes incluidos por Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, en su magna obra Histoire naturelle (concretamente, en el volumen 14 de la misma), donde se dan los detalles ofrecidos por diferentes testigos acerca de los grandes simios parecidos al hombre: el Orang-outan y el chimpancé. Tras reproducir los mismos relatos, aporta un informe inédito que le facilitó un comerciante de Bristol que anteriormente había sido capitán de un barco mercante en la costa de los esclavos de África. Éste le remitió una carta 4 donde describe un animal del que existen tres especies que se diferencian por su tamaño. El mayor de ellos es llamado por los nativos de Loango, Malemba, Cabenda y Congo como «Impungu» ―de nuevo nos encontramos con Pongo―. Afirma que camina erguido como el hombre, alcanza entre los 7 y los 9 pies de alto (más de dos metros de altura) cuando es adulto, es grueso en proporción y sorprendentemente fuerte. Tiene todo el cuerpo cubierto de un pelo largo y negro como el azabache, la cara es más “humana” que la del chimpancé (llamado Chimpenza) y no tiene cola. Manifiesta que ni él ni su hijo vieron nunca este animal aunque sí una mano cortada a la altura de la muñeca. Cada dedo era del tamaño de tres dedos suyos. Sostiene que no ha oído hablar de la presencia de este animal salvo en las costas de Angola.

En todas las descripciones se cuenta que estos animales cazan, se relacionan con otras personas y llegan a formar familias. Burnett, a pesar de que confía en los hechos que relata el conde de Buffon, confiesa que éste expone una hipótesis distinta a la suya, es decir, que el Orang Outang no es un hombre, sino una especie intermedia entre el hombre y el mono.

Burnett pasa a continuación a explicar los motivos por los que él considera que el Orang Outang sí pertenece a nuestra especie: que es un animal con forma humana tanto en el aspecto externo como en la disposición de los órganos internos, que tiene la inteligencia del ser humano (tanta como puede esperarse de un animal que vive fuera de la civilización y de las artes), que tiene los sentimientos propios de nuestra especie etc.

En otro lugar ahondaremos en este debate, pero parece evidente que no están hablando del mismo espécimen. Burnett se esfuerza en demostrar que el Orang Outan posee las características propias del ser humano y entra en una larga disquisición acerca del origen del lenguaje ―que por otro lado, es el tema fundamental de su libro― rebatiendo las conclusiones que ofrece el conde de Buffon en su obra. Del mismo modo, aborda la cuestión de qué debemos entender por un “hombre”, es decir, cuáles son los caracteres determinantes para afirmar que un animal pertenece al género Homo. Como digo, será en otro lugar donde entremos a analizar sus conclusiones ya que se escapa del objeto de este comentario.

Ya en 1821, George Maxwell, capitán de un barco mercante, publicó una carta 5 en The Edinburgh Philosophical Journal donde relata algunas de las observaciones que hizo en el viaje al Congo y Loango en 1790. Menciona que «poongo» es el animal más maravilloso del género de los simios. Cuando camina erguido mide 6 pies de altura y se dice que tiene la fuerza de diez hombres. Afirma que, según le cuentan los nativos, es capaz de conducir a los elefantes con garrotes y que cargan con sus mujeres a sus espaldas cuando las encuentran lejos de su casa. Este animal lo pone en contraposición al «chimpainzee» que, según sostiene, los europeos llaman Oran Outan.

Vemos hasta ahora una gran confusión no sólo en los nombres empleados para referirse a este animal, sino incluso en la descripción, más que de su aspecto, de su comportamiento.

Finalmente, no es hasta mediados del siglo XIX cuando obtenemos la primera descripción científica de los gorilas gracias al trabajo de Thomas Staughton Savage, un clérigo y naturalista que fue enviado en 1836 a Liberia como misionero.

Gorilla-Savage1

Savage en primer lugar remitió una escueta comunicación 6 dando cuenta de la nueva especie descubierta. En ella explica que mientras regresaba a su casa tras realizar un viaje a Cabo Palmas, tuvo que detenerse en el río Gabón y pasar el mes de abril de 1847 en la casa del reverendo J. L. Wilson. Aprovechando su estancia, y conociendo el interés de Savage por los animales exóticos y desconocidos, éste le enseñó un cráneo que los nativos afirmaban que pertenecía a un animal simiesco, de un gran tamaño y temido por su ferocidad. Del examen del cráneo y de la información facilitada por algunos de esos nativos, Savage aventuró que se encontraba ante una nueva especie de Orang. Expuso su opinión al reverendo Wilson deseando investigar más a fondo y, si era posible, zanjar cualquier duda encontrando un espécimen, ya fuera vivo o muerto. A pesar de no conseguir ningún animal vivo, sí pudo examinar varios cráneos de ambos sexos y de diferentes edades, así como otras partes del esqueleto. Tras realizar un examen de los restos, realizó una descripción detallada de los mismos en el artículo que envió a la Boston Society of Natural History.

Otorgó a este espécimen el nombre científico de Troglodytes gorilla, empleando para el nombre específico el término que utilizó Hannón el navegante para describir a  esos “salvajes con el cuerpo lleno de pelo”. Acto seguido publicó un artículo 7 junto con Jeffries Wyman donde se hacia un análisis más detallado de los restos analizados.
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Notas

  1.  Schoff, W. H. (1913), The Periplus of Hanno; a voyage of discovery down the west African coast, by a carthaginian admiral of the fifth century B. C. Philadelphia: Commercial Museum.
  2. Purchas, S. (1901), The strange adventures of Andrew Battell, of Leigh, in Angola and the adjoining regions. London: Printed for the Hakluyt Society, xx, 210 p.
  3.  Cuvier, G. y  McMurtrie, H. (1834), Cuvier’s animal kingdom: arranged according to its organization / translated from the French, and abridged for the use of students by H. McMurtrie. London: Orr & Smith, 508 p.
  4.  Burnett, J. (1774), Of the origin and progress of language. Edinburgh: J. Balfour.
  5.  Maxwell, G. (1821), «Observations on the countries of Congo and Loango, as in 1790». The Edinburgh Philosophical Journal, vol. V, p. 268-270.
  6. Savage, T. S. (1847), «Communication describing the external character and habits of a new species of Troglodytes (T. gorilla, Savage,) recently discovered by Dr. S. in Empongwe, near the river Gaboon, Africa.». Proceedings of the Boston Society of Natural History, vol. 2, p. 245-247.
  7. Savage, T. S. y  Wyman, J. (1847), «Notice of the external characters and habits of Troglodytes Gorilla, a new species of Orang from the Gaboon River». Boston Journal of Natural History, vol. 5, núm. 4, p. 417-443.
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El hundimiento del Titanic

El hundimiento del Titanic

     Última actualizacón: 24 agosto 2022 a las 07:53

Hace pocos días se ha cumplido el centenario de la muerte de 1.496 personas. Todas ellas viajaban a bordo de un barco insumergible según los criterios técnicos de la época, que tuvo su primer y último accidente a las 2.20 horas de la madrugada del 15 de abril de 1912. El hundimiento del Titanic se ha convertido, con el paso del tiempo, en el paradigma de las tragedias en alta mar; no solo por la cantidad de vidas que se perdieron en tan poco tiempo, sino por las circunstancias que rodearon el suceso, las situaciones grotescas y las conductas valerosas de algunos de sus protagonistas.

Portada de uno de los periódicos que ofreció la noticia.

La noticia aparecía de esta forma en la revista Scientific American: «El domingo 14 de abril, el más grande y, supuestamente, el más seguro de los buques de vapor hoy en servicio, mientras navegaba con su rumbo correcto en una noche clara y estrellada, chocó con un iceberg y se hundió al cabo de pocas horas, arrastrando consigo al fondo a más de mil seiscientas almas. Tres son las lecciones técnicas que podemos extraer de tan abrumador desastre. Primera, que los arquitectos navales aún no saben cómo construir un buque absolutamente insumergible, y tal vez nunca lo consigan. Segunda, que si todos los barcos pueden hundirse, deberán llevar al menos un número suficiente de botes salvavidas para todas las personas a bordo hasta que otros buques, avisados por radio, lleguen a la escena del desastre. Tercera, que las rutas transatlánticas de los buques de pasajeros deben ser desplazadas hacia el sur lo suficiente para alejarlos por completo de las rutas de los hielos flotantes».

Podríamos pensar que fue la arrogancia de algunos lo que provocó la tragedia, que la tecnología de principios del siglo XX no permitía asegurar la vida de todos los tripulantes y pasajeros o que, sencillamente, se trató de un desgraciado accidente como los que se producen continuamente en cualquier rincón del globo y fue inevitable. Sin embargo, debemos evitar extraer conclusiones precipitadas dado que la actualidad es terca a la hora de hacernos ver los hechos con perspectiva: hace pocos meses se produjo el hundimiento de otro gran transatlántico, el Costa Concordia. Se trataba de un moderno barco de pasajeros, y cuyo naufragio provocó el fallecimiento más de 15 personas. Las diferencias con el caso del Titanic son abrumadoras: el choque contra las rocas se produjo relativamente cerca de la costa y en una zona habitada, a pesar de lo cual, ni los más modernos sistemas de radar, navegación mediante posicionamiento global, comunicaciones vía satélite y servicios de rescate marítimo pudieron evitar la pérdida de vidas humanas. Desde luego es una experiencia que invita a la reflexión.

El Titanic golpeó tangencialmente la masa de hielo a las 23.40 horas de la noche. El impacto provocó una brecha de casi 100 metros en el costado de estribor con la consiguiente inundación de los seis compartimentos estancos de proa. A las 2.18 horas,  ésta se llenó completamente de agua y la popa, debido a la tensión, ya sobresalía por encima del agua hasta el punto de que las hélices ya no tocaban el mar. Instantes después, y debido a la insoportable presión, el barco se partió en dos. La proa se hundió de forma bastante vertical y a gran velocidad, lo que hizo que las chimeneas se rompieran y se desprendieran grandes partes de la estructura durante los cinco minutos que duró el descenso. Finalmente, la proa se estrelló contra el fondo situado a más de cuatro kilómetros de profundidad (aún hoy se pueden ver las marcas dejadas en el lecho marino). La popa en cambio, al no ser tan hidrodinámica, se hundió dando bandazos y girando sobre sí misma hasta que, al tocar fondo, las cubiertas se aplastaron una sobre otra quedando mucho más dañada que la popa. Estas son las conclusiones a las que se han llegado tras años de análisis detallados del pecio y con la ayuda de avanzados sistemas informáticos que han simulado la forma en que se produjo. Los resultados los podemos ver en un documental producido por National Geographic.

En cualquier caso, a diferencia del capitán del moderno y tecnológicamente avanzado Costa Concordia (oficial cobarde y negligente donde los haya) el capitán del Titanic, Edward John Smith, un marino experimentado a punto de jubilarse, pese a lo que podamos pensar de las erróneas decisiones tomadas durante la travesía (como no reducir la velocidad pese a los continuos avisos de la presencia de icebergs en la ruta) permaneció en el puente de mando hasta el fatal desenlace. Del mismo modo, los operadores de radio continuaron pidiendo ayuda hasta el último momento. Sobradamente conocida es la anécdota de que la orquesta del Titanic tocó sus instrumentos hasta el final.

El Titanic pertenecía a una clase de navíos de los que se habían construido tres unidades. El Olympic, el Titanic y el Gigantic (que tras la tragedia del anterior cambió su nombre por el de Britannic). El Olympic fue botado en octubre de 1909, hizo su viaje inaugural el 14 de junio de 1911, sobrevivió a la Primera Guerra Mundial y navegó hasta 1935; mientras que el Britannic, que fue botado en febrero de 1914 y empezó su servicio como barco hospital en diciembre de 1915, se hundió el 21 de noviembre de 1916 en el mar Egeo tras chocar con una mina.

Es de señalar que la mayoría de las víctimas pereció de hipotermia en la superficie del océano, flotando en sus chalecos salvavidas de corcho; aunque no podemos olvidar que otros muchos fallecieron en el interior del barco, sobre todo los pasajeros de tercera clase, en su mayor parte inmigrantes que deseaban comenzar una nueva vida en América.

Cubierta de paseo del Titanic. National Geographic.

Se discute mucho en la actualidad acerca de las causas del hundimiento y de si éste se pudo evitar o, al menos, provocar menos víctimas. En realidad había suficientes botas salvavidas para todos los pasajeros aunque, en el caos del momento, muchos de ellos se arriaran casi vacíos (de nuevo tenemos que recordar con tristeza que gran parte de los tripulantes y oficiales del Costa Concordia no sabían cómo debía realizarse el desalojo del barco en caso de emergencia).

El choque contra el iceberg fue catastrófico porque se produjo tangencialmente y esto provocó la rotura de la parte menos protegida del casco. De haber chocado frontalmente contra el hielo, pese a los importantes daños que hubiera supuesto, es muy probable que el barco hubiera terminado su viaje. Del mismo modo, se incide en el hecho de que el timón era demasiado pequeño, lo que provocó que la maniobra de esquivar el iceberg fuera demasiado lenta, aunque su tamaño se encontraba incluso dentro de los estándares de navegación actuales, por lo que esta circunstancia no fue tan determinante. El segundo de a bordo, tras recibir el aviso de los vigías de la presencia del obstáculo dio dos órdenes rápidas: «todo a estribor» y «marcha atrás». Algunos técnicos opinan que la decisión no fue correcta, pero desde luego resultó insuficiente debido la poca distancia que separaba al buque del iceberg. En la actualidad muchos opinan que el hundimiento pudiera haberse evitado si los vigías hubieran contado con los prismáticos obligatorios y reglamentarios que no se encontraban en su sitio. El níveo bloque de hielo resaltaba mucho contra el fondo oscuro del cielo y el mar, por lo que de haber contado con ellos, y teniendo en cuenta que había una noche despejada, se hubiera divisado con mucha antelación y habría dado tiempo suficiente a realizar la maniobra de evasión.

Hoy 30 de mayo puedo leer esta noticia en El Confidencial:

El ‘Titanic II’ navegará en 2016

Una réplica del mítico Titanic, el Titanic II, surcará las aguas del Atlántico desde Inglaterra a Nueva York en 2016, reveló hoy el magnate australiano Clive Palmer que planea construir una copia del famoso transatlántico. «El nuevo barco será tan lujoso como el Titanic original, pero por supuesto contará con la tecnología del siglo XXI y los últimos sistemas de navegación y seguridad», indicó Palmer a los medios en una rueda de prensa en Brisbane.

La reconstrucción del barco, del que este año se cumplían los 100 años de su hundimiento, servirá de tributo al espíritu de los hombres y mujeres que construyeron el original. «Estas personas hicieron un trabajo que continúa maravillando al mundo 100 años más tarde, nosotros pretendemos que el ese espíritu continúe otros 100 años más», explicó el millonario australiano.

La única diferencia entre el original y el «Titanic II» será el motor diesel que sustituirá al de carbón del primer modelo. El Titanic II contará con 840 habitaciones y nueve cubiertas, al igual que su predecesor, además de tener «lo último en comodidades y lujos, como gimnasios y piscinas a bordo, biblioteca y restaurantes de clase alta».
El millonario australiano indicó que la naviera de su propiedad Blue Star Line ha encargado la construcción del barco al astillero estatal chino Jinling, cuyo costo no ha sido desvelado. Según Palmer, el viaje inaugural está previsto para finales del 2016 desde Inglaterra a América del Norte.

Esperemos que tenga mejor suerte en la travesía que su predecesor…

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El muro de Berlín (y II)

El muro de Berlín (y II)

     Última actualizacón: 8 agosto 2017 a las 11:55

John F. Kennedy realizó un viaje en dos etapas en el mes de junio de 1961, tan sólo seis meses tras su toma de posesión como presidente de los Estados Unidos.  Primero visitó la capital francesa para conversar con su homólogo Charles de Gaulle; para, a continuación, dirigirse a Viena para mantener una reunión con Nikita Kruschev.  Su lista de temas a tratar estaba encabezada por la cuestión berlinesa.

Dwight D. Eisenhower, quien ocupó la presidencia después de Harry S. Truman, legaba a Kennedy el pecado de omisión que él mismo, siendo general y primer gobernador militar de Alemania, endosara a su sucesor Lucius Clay en 1945: haber renunciado a una garantía escrita donde los soviéticos reconocieran el derecho de las potencias occidentales sobre los accesos de Berlín.  En Bonn, el canciller federal Konrad Adenauer sintió una gran preocupación, acuciado por el ultimátum lanzado por Kruschev en 1958 cuando, para detener la salida de la población de Alemania oriental, otorgó un plazo de 6 meses a las potencias occidentales para aceptar que Berlín occidental se convirtiera en una “ciudad libre” y por tanto, fuera de su control.  En caso de una negativa, Moscú otorgaría a la RDA plena soberanía sobre el Berlín oriental y sobre los accesos a la ciudad.  Ante esta amenaza, americanos, británicos y franceses hicieron peligrosas concesiones el 19 de junio de 1959 en la Conferencia de Ginebra: aprobaron el control del tránsito aliado hacia Berlín por la Policía popular (policía de la RDA) mientras los accesos estuviesen abiertos al tráfico, la reducción de los contingentes militares occidentales en Berlín, la limitación de su armamento al tipo convencional (no atómico), y la supresión de los medios propagandísticos (RIAS).

Hay que mencionar que en el mes de septiembre de 1961, la República Federal iba a elegir un nuevo Parlamento, por lo que la incertidumbre respecto a la actitud americana en Berlín iba a influir necesariamente en el curso de las elecciones y podría, incluso, entregar las riendas gubernamentales al SPD.  En este estado de cosas, De Gaulle –que había sido elegido presidente de la República Francesa el 8 de enero de 1959- prometió ayuda y aliento a su amigo Adenauer y lo hizo de una forma particular: dos días antes de que Kennedy recalara en París antes de llegar a Viena, la edición parisiense del New York Herald Tribune publicó la siguiente noticia: “el presidente De Gaulle preguntará esta semana al presidente John F. Kennedy si los Estados Unidos están dispuestos a emprender una guerra por Berlín; asimismo, anunciará que Francia está presta para una prueba de fuerza con los soviéticos”.

En realidad este desafío era absurdo ya que Francia tenía desplegadas únicamente dos divisiones equipadas en el continente, y justamente por aquellos días sus más prestigiosos generales, participantes en el levantamiento de Argelia, comparecían acusados de alta traición ante los tribunales.

Finalmente, quizá movido por la situación creada, Kennedy ratificó un curso de acción a cuyo fin contribuirían los Estados Unidos con más resolución que todos los gabinetes europeos juntos, una garantía que sólo podían dar ellos: la defensa de Berlín.

En Viena, los líderes de las dos principales potencias mundiales se reunieron en la embajada soviética.  Kruschev inició la conversación animadamente, pero sin acaloramiento: la situación alemana era intolerable.  Habían transcurrido 16 años desde la guerra y no existía ningún tratado de paz.  Mientras tanto, Alemania occidental emprendía el rearme y ocupaba una posición predominante dentro de la OTAN, por ello se cernía una tercera guerra mundial.  Según su opinión, los únicos interesados en diferir el tratado de paz eran los militaristas alemanes occidentales, pero él quería llegar a un acuerdo con Occidente sobre ese tratado.  Si los Estados Unidos no quisieran colaborar, Moscú firmaría solo el documento con la RDA, así se pondría fin al estado de guerra y desaparecerían todos los derechos y obligaciones inherentes a la ocupación, incluido el derecho de los aliados occidentales sobre el empleo de las vías hacia Berlín occidental.  Por consiguiente, Berlín sería una “ciudad libre”.  De esta forma, las potencias occidentales deberían negociar con el gobierno de la RDA para regularizar sus visitas a la ciudad.  Bajo ciertas condiciones podrían estacionar tropas en Berlín occidental… pero acompañadas por las fuerzas armadas soviéticas.

Kruschev era de la opinión de que el acuerdo que había puesto fin al bloqueo de Berlín de 1948-1949 era injusto.  Sostenía que el mundo occidental se las había arreglado para explotar la tensión originada por el bloqueo, y para imponer condiciones a Alemania oriental que resultaban mucho más restrictivas que las acordadas en el convenio de Postdam.

Kennedy respondió que Berlín constituía un problema vital para los Estados Unidos (los ejércitos norteamericanos se habían abierto paso hasta Berlín con las armas, resultando un importante número de pérdidas de vidas), por lo que si se dejaban expulsar de la ciudad, el mundo atribuiría a todas las promesas y obligaciones americanas el valor del papel mojado. Entonces se acaloró el jefe del Kremlin : “Una vez concluido el tratado de paz, no reconoceré jamás, bajo ningún concepto, los derechos americanos en Berlín occidental”.  Kennedy repuso sin alterarse: “No he ocupado mi cargo para aceptar reglamentaciones totalmente incompatibles con los intereses americanos”.

Tras la cena, mantuvieron una última conversación en la que Kennedy afirmó que los Estados Unidos no podían ni querían impedir que la Unión Soviética hiciera cuanto estimase conveniente en su esfera de influencia, ahora bien, si Moscú atentara contra Berlín occidental y sus vías de comunicación, dañaría los intereses y derechos de los Estados Unidos, y ellos no podrían aceptar tal cosa.  Kruschev repuso que si una vez firmado el tratado con la RDA, el presidente insistiera en los derechos de ocupación y vulnerara las fronteras de Alemania oriental, se respondería a la fuerza con la fuerza.

-Yo deseo la paz –afirmó Kruschev-. Si a pesar de todo, usted prefiere la guerra, eso es cosa suya.

-Es usted, y no yo, quien quiere introducir modificaciones –respondió Kennedy.

-Guerra o paz… la respuesta está en su mano.  En diciembre se firmará el tratado con la RDA.

Con expresiones glaciales, los jefes de los colosos atómicos abandonaron la embajada.

Nikita Kruschev y John F. Kennedy dialogan en Viena en 1961 sobre el futuro de Alemania.

Kennedy emprendió el regreso con un memorándum donde Kruschev había precisado sus condiciones: desmilitarizar el Berlín occidental para su conversión en una ciudad libre, es decir, desprovista de la protección occidental.  Una de dos: o las potencias beligerantes firman un tratado de paz con ambos gobiernos germanos, o la Unión Soviética lo hará unilateralmente con la RDA.  En el Berlín occidental, enclavado en el territorio de la RDA, deben prescribir los derechos de ocupación.  Contingentes militares simbólicos de las tres potencias occidentales podrán estacionarse en Berlín, siempre y cuando los acompañen tropas soviéticas.  Se debe fomentar entre los alemanes la necesidad de unirse para formar una parte contratante del tratado.  En este documento, el gobierno soviético dio un plazo de seis meses, aunque fijando el mes de diciembre de 1961 como término improrrogable.

Desde Viena se dirigió a Bonn Foy Kohler, encargado del departamento “Europa” dentro del Departamento de Estado norteamericano, para presentar al canciller federal, Konrad Adenauer, una copia del documento soviético sobre las cuestiones alemana y berlinesa.  Kennedy deseaba saber si el jefe del estado alemán aceptaría un encargo de América, Francia e Inglaterra, consistente en ponerse en contacto con el gobierno de la RDA para acordar antes de seis meses una postura común sobre el tratado de paz.  Al mismo tiempo, Moscú sugeriría esa conversación entre alemanes al Berlín oriental.  Si Bonn no quisiera establecer contacto con Walter Ulbricht (presidente del Consejo de la RDA), se podrían firmar tratados de paz bilaterales, es decir, Occidente-Bonn por un lado, y Moscú-Berlín oriental por otro.  Caso de rechazarse también esta propuesta, se podía tener la seguridad de que el Kremlin firmaría por su cuenta el tratado con la RDA.

Kohler había preparado un informe para Kennedy donde sostenía que los soviéticos no escenificarían una crisis sobre Berlín hacia fines de 1961, sino en el mes de agosto.  El porque de esta fecha tenía que ver con Kruschev, que necesitaba acrecentar su prestigio para la XXII Asamblea del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) el 17 de octubre.  De otro lado, los comicios electorales de la República Federal, señalados para mediados de julio, desempeñaban también un destacado papel en el plan cronológico soviético.

En la República Federal se observó cómo se desplazaban los acentos en la política mundial desde el ultimátum de Kruschev planteado el mes de noviembre de 1958 para hacer de Berlín occidental una “ciudad libre”.  Al parecer, Berlín oriental y la RDA habían roto ya toda relación con el Occidente, rescindiendo por tanto las obligaciones anejas al acuerdo de Postdam, así como los pactos de la República Federal, aquellos inicios aprovechables para una futura unificación.

Debemos señalar que en el mes de enero de 1961, el embajador soviético en Berlín oriental, Mijail Fervujin había hecho saber a Ulbricht que el proyecto de “ciudad libre” de Berlín se conservaba aún en hielo.  Era preciso aplazar nuevamente el término asignado (abril de 1961) para la firma del tratado bilateral entre Moscú y Berlín oriental.  Kruschev quería averiguar primero cómo evolucionarían sus relaciones con el nuevo presidente estadounidense, quién había ocupado el cargo hacía poco tiempo como hemos visto.

A mediados de mayo, los aliados de la OTAN volvieron a hacer patente su desinterés por el Berlín oriental.  Durante la Asamblea de Oslo formularon los tres puntos esenciales que estaban dispuestos a defender: la presencia de las tropas aliadas en el Berlín occidental, accesos a la ciudad para los aliados y viabilidad para la población berlinesa occidental.  No se mencionó el Berlín oriental, dando a entender que caía dentro de la órbita soviética y que, por tanto, no tenían derecho a inmiscuirse.

En el Departamento de Estado norteamericano se había creado el “grupo de estudios Berlín” (Berlín Task Force) que estaba “de guardia” las veinticuatro horas.  Hacia principios del mes de junio se había elaborado un informe para responder a una pregunta: ¿podría conducir realmente la crisis de Berlín a una guerra?.  La respuesta fue tajante y clara: “Sí”.  Por su parte, el secretario de defensa McNamara detalló los planes secretos de la OTAN para afrontar un posible conflicto sobre Berlín: caso de que los soviéticos negasen el acceso a las potencias occidentales, se concentrarían en la frontera zonal tropas de la OTAN y, entre ellas, también algunas unidades del ejército de la República Federal.  Un grupo de combate ocuparía seguidamente el punto de control de la RDA en Marienborn, junto con toda la zona circundante, tras lo cual se avanzaría por la autopista camino de Berlín.  Al mismo tiempo, Washington, Londres y París exigirían tajantemente al gobierno soviético que despejara el camino a Berlín y levantara el bloqueo.  Si las tropas rusas o alemanas orientales ofrecieran resistencia, los aliados emplearían armas atómicas tácticas, puesto que eran inferiores al Este en armamento convencional.  El ex Secretario de Estado Dean Acheson apoyó este plan respaldándolo con un análisis político según el cual la Unión Soviética no buscaba Berlín, sino un tanteo de fuerzas y la humillación americana.  Si Kruschev se sintiera suficientemente fuerte intentaría quebrantar la voluntad de occidente ante un mundo expectante.  A decir verdad, el Occidente carecía de unidad ya que los aliados estaban divididos, y de los países neutrales no cabía esperar el menor apoyo.  Puesto que las fuerzas de tierra estadounidenses eran inferiores a las del bloque oriental, Estados Unidos tendría solamente una alternativa para impresionar y frenar a Kruschev: la bomba atómica.

A las tesis de McNamara y Acheson, el presidente opuso su antítesis: la voluntad americana de defensa debe ser convincente.  Mientras que los Estados Unidos se apoyen exclusivamente en la bomba atómica, los soviéticos desestimarán la resolución occidental de luchar por Berlín y defender adecuadamente ese puesto avanzado.  Sólo se les puede convencer mediante el refuerzo de las unidades convencionales en Europa.  Éstas deben tener potencia suficiente para atajar la ocupación de Berlín occidental por los soldados alemanes orientales.

En contra de esta argumentación, Acheson opuso, según lo anotó Sorensen (consejero de Kennedy) que Kruschev sólo se intimidaría cuando tuviese la certeza de que los Estados Unidos desencadenarían una guerra atómica por Berlín si fuera necesario.  Propuso que se decretara inmediatamente el “estado de emergencia nacional”, así los soviéticos no pondrían en duda que Estados Unidos hablaba con seriedad sobre Berlín. El presidente se opuso.  Era mejor esperar a que Moscú concertara un tratado de paz con Ulbricht y atentara de verdad contra los accesos de Berlín para tomar en ese caso una decisión definitiva. Los partidarios del curso inflexible (“halcones”) se enfrentaron en Washington con los defensores del caminar pausado (“palomas”), anticipando el curso futuro de numerosas situaciones.

Los especialistas en el Kremlin, como el embajador americano en Moscú Thompson, y su predecesor Harriman, aconsejaron que se procurara impresionar a los soviéticos mediante acciones rotundas, pero espaciadas que, además, no hiciesen cundir el pánico entre los aliados.  Sorensen apuntó: “según otros asesores, la fanfarria bélica sembraría tal vez el desconcierto entre los soviéticos obligándoles a hacer, por su parte, una enérgica declaración y a adoptar medidas militares para endurecer su postura negociadora”.

El 19 de julio a las 16.00 horas, Kennedy convocó en la sala de conferencias de la Casa Blanca al Consejo Nacional de Seguridad y anunció su decisión: se elevaría el presupuesto militar a 3.200 millones de dólares, se movilizaría a los reservistas, y se proclamaría el estado de alarma en Berlín occidental.  Los Estados Unidos seguirían dispuestos a negociar con Moscú, pero cuadrándose en posición militar.

Entre soviéticos y americanos se enfriaron las relaciones.  Ambas potencias estuvieron a punto de la movilización general.  Kruschev suspendió el licenciamiento ya previsto de 1,2 millones de soldados.  El presupuesto militar soviético se incrementó en un tercio y alrededor de Berlín se concentraron unidades soviéticas y alemanas orientales (sumando un total de 67.500 soldados).  El Pentágono dispuso que se reforzara el ejército hasta su contingente máximo de 1 millón de soldados, se enviaron 3.500 de ellos a Europa por vía aérea para compensar, al menos simbólicamente, la superioridad del Este (165 divisiones del Pacto de Varsovia, frente a 49 divisiones de la OTAN).

Esta situación de tensa espera era vivida por la población alemana con creciente inquietud.  En los campamentos berlineses de tránsito –lugares destinados a recibir los refugiados que escapaban de la RDA- aumentaron las cifras de fugitivos.  Solamente entre los meses de junio y julio de 1961 llegaron 50.000 evadidos.  Entonces cundió un rumor por la RDA: Ulbricht cerrará pronto la puerta hacia el Oeste.  Esta amenaza no hizo sino aumentar la intensidad de la huída.

Este movimiento de evasión preocupó a Kennedy.  Según la CIA, los asuntos estaban al rojo vivo en la RDA, el movimiento de evasión era cada vez mayor y no se excluía la posibilidad de un nuevo levantamiento (recordemos que el 18 de junio de 1953, las tropas soviéticas tuvieron que reprimir violentos disturbios iniciados dos días antes, cuando se decidió el aumento de un 10% de las cuotas de producción impuesto a los obreros de la construcción.  El saldo fue de 21 muertos, 187 heridos y 1.200 detenidos).  En Alemania, el servicio secreto federal, bajo la dirección de Reinhard Gehlen, compartía la misma opinión.  Éste previno al canciller, y la embajada de Estados Unidos en Bonn informó al Departamento de Estado.

El temor de que Estados Unidos pudiera verse envuelto en una guerra con la Unión Soviética a causa de los fugitivos alemanes indujo al senador William Fullbright, presidente de la Comisión de Política Exterior del Senado norteamericano a favorecer los deseos de Kruschev y de Ulbricht.  En un discurso televisado el 30 de julio, Fullbright declaró: “Me parece incomprensible que los alemanes orientales no hayan cerrado todavía sus fronteras; tienen pleno derecho a hacerlo, creo yo.  Nosotros sin embargo, no tenemos derecho a pedirles que autoricen la salida de los fugitivos”.  Cuando se solicitó del presidente su opinión sobre las manifestaciones del senador, Kennedy no lo contradijo: “Nada puedo decir sobre el cierre de las fronteras zonales propuesto por Fullbright.  El gobierno no está interesado en ese problema”.  Más contemporización.

El editor alemán Axel Springer confesó a Ed Murrow que se acusaba de no haber intervenido con la diligencia necesaria para evitar el genocidio de 6 millones de judíos y los subsiguientes cargos contra el pueblo alemán.  Ahora no quería tener que reprocharse otra vez su tardía denuncia de una segunda matanza: “Si los soviéticos echan las compuertas, tendremos una nueva Hungría en la RDA; y el Occidente mirará para otro lado como hizo ya en 1956”.  Springer repitió la advertencia que había hecho llegar al presidente del Parlamento alemán Gerstenmaier: “El alambre de espino dividirá Alemania en dos, y quien pretenda huir será abatido a tiros sobre la alambrada”.

Precisamente por estas fechas (abril de 1961) Kennedy había tomado la nefasta decisión de autorizar la invasión de Cuba por los exiliados cubanos.  Sin el apoyo aéreo estadounidense, que el presidente creyó obligado negarles, los rebeldes sucumbieron luchando contra Castro en la bahía de Cochinos.  Kennedy se consideró responsable de la matanza –no sin razón- y no quiso dejarse arrastrar hacia un nuevo desastre, máxime cuando esta vez podría conducir al enfrentamiento con una potencia universal.  El presidente sólo temía una cosa: provocar una guerra nuclear por una decisión incorrecta.

La situación de los desplazados había sido tratada por la comisión planificadora estatal de la RDA.  En el mes de febrero se le expuso a Ulbricht el balance de fugas correspondiente al año 1960: 199.188 ciudadanos, estudiantes, obreros y campesinos se habían escapado (de estos, 151.291 lo había hecho por los límites entre sectores hacia el Berlín occidental, y el resto a través de la frontera zonal).  La cuestión que se planteaba el presidente de la RDA era cómo podía evitar la emigración de los ciudadanos y su captación por los agentes occidentales, aun cuando el camarada Kruschev desease aplazar la regulación del problema del Berlín occidental (como hemos apuntado, quería esperar conocer a Kennedy para saber cómo reaccionaría).

El 29 de marzo de 1961, a las 9.00 de la mañana, se reunieron en el Kremlin los Jefes de Gobierno y del Partido Comunista de la RDA, Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Checoslovaquia y la Unión Soviética (integrantes del Pacto de Varsovia).  Todos los participantes llevaron a sus economistas dado que la cuestión a debatir tenía que ver con el hecho de que los planes económicos de la RDA no podrían materializarse por falta de fuerza laboral, y el Berlín oriental demoraría sus exportaciones a los países del Pacto de Varsovia, perjudicando con ello la labor de consolidación en el “campo socialista”.  El jefe del partido comunista polaco Wladislaw Gomulka quiso saber cómo pensaba contenerse la evasión.  Ulbricht respondió textualmente: “La pregunta del camarada Gomulka tiene exclusivamente una respuesta, sólo podremos evitar las graves mermas de nuestra producción planificada mediante la rigurosa incomunicación del Berlín occidental con nuestra capital y la RDA.  Es preciso taponar los escapes del Berlín occidental con barreras, centinelas de nuestros cuerpos armados fronterizos y, tal vez, también alambradas”.  Tras una votación de la propuesta, se rechazó con el único voto a favor del propio Ulbricht.

En la primera mitad de 1961, más de 100.000 alemanes orientales escaparon de la RDA, figurando entre ellos muchos especialistas insustituibles de la industria.  En el mes de junio Moscú reaccionó militarmente.  Con el pretexto de equilibrar los refuerzos americanos enviados a Europa, el alto mando soviético destacó nuevas formaciones militares en Polonia, mientras que otras unidades armadas se situaron en viaductos, centrales eléctricas, embalses y almacenes de la RDA.

En julio, John McCloy, nombrado alto comisario estadounidense en Alemania, se encontraba de viaje con su familia recorriendo la Unión Soviética y mantuvo un encuentro con Kruschev en su dacha del mar Negro.  Allí, el mandatario soviético expuso al americano su mayor preocupación: la huída masiva desde la RDA, que preconizaba le riesgo de un levantamiento y el subsiguiente ataque alemán occidental contra la RDA.  McCloy intentó disipar las preocupaciones de su anfitrión: Alemania occidental se hallaba bajo la supervisión estadounidense y encuadrada en la OTAN por lo que Bonn no podía desencadenar unilateralmente una guerra.  Tras su vuelta a Estados Unidos, Kennedy escuchó la crónica de este viaje y comentó: “Yo puedo hacer intervenir a la OTAN si Kruschev realiza alguna maniobra contra Berlín occidental, pero no si limita su acción al Berlín oriental”.

De nuevo en agosto, Kruschev convocó una otra reunión en el Kremlin con los miembros del Pacto de Varsovia:  “Ha llegado el momento de auxiliar al camarada Ulbricht para que pueda salvar sus presentes dificultades.  Los países del sistema federativo de Varsovia deben señalar con un solo dedo a los “revanchistas y conquistadores” de Alemania occidental.  Por ello, propongo que esas fronteras herméticas y guarnecidas de la RDA no sean una responsabilidad exclusiva de su Gobierno y de la URSS.  Tras esa acción deberían figurar los siete confederados”.  De esta forma, Ulbricht consiguió su autorización para edificar el muro, y desde ese momento se ocupo únicamente de los detalles.  Sus militares expertos habían llegado a la conclusión de que una alambrada –como se determinó en un principio- no sería suficiente para asegurar la frontera.  Su sugerencia fue construir un muro a lo largo de 46 kilómetros, la longitud de la línea divisoria entre los sectores berlineses.  Pese a todo, Kruschev sugirió una fórmula de compromiso: aplazar la construcción definitiva de las defensas fronterizas hasta que se supiera a ciencia cierta cómo se comportaría el mundo occidental.  En una primera etapa se debería adoptar cada medida con la mayor elasticidad posible para que el Este pudiera reaccionar con movilidad si el Oeste –contra todo lo esperado- se mostrara agresivo frente a la RDA.

El líder soviético hizo llamar al mariscal Iván Stepánovich Kóniev y le entregó sus órdenes: levantar las barreras fronterizas en Berlín con equipos de la RDA; en caso de una acometida occidental, desplazar dos veces unos cien metros hacia Berlín oriental las barreras y los destacamentos de seguridad de la RDA; y si se acentuara la penetración de los contingentes occidentales hacia Berlín oriental, hacer entrar en posición a las fuerzas armadas soviéticas.  La suerte estaba echada.

Publicado por José Luis Moreno en Historia contemporánea, 0 comentarios
¿Desvelado por fin el secreto de Tutankamon?

¿Desvelado por fin el secreto de Tutankamon?

     Última actualizacón: 2 abril 2018 a las 17:52

El 17 de febrero se publicó en el Journal of the American Medical Association (JAMA) un artículo que ha provocado muy diversas reacciones. Encabezado por el Dr. Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, han participado en el estudio 17 personas (entre colaboradores y científicos de diversos campos) que han puesto su empeño en resolver uno de los misterios que más ha llamado la atención del público en general: desvelar la causa de la muerte de Tutankamón. Aunque no era éste el único objetivo del estudio, ha sido el que más titulares ha provocado, así como el centro de diversas críticas provenientes tanto de la comunidad científica, como de otros estudiosos y de algunos medios de comunicación (parte importante de esta reacción ha tenido que ver con la personalidad del propio Dr. Hawass y su desmesurado interés por mediatizar todos los descubrimientos).

Faraón de Egipto durante el Imperio Nuevo (periodo de tiempo comprendido entre los años 1550 a.C. y 1295 a.C. aproximadamente) el rey Tutankamón cobró relevancia mundial por el descubrimiento de su tumba, hallada relativamente intacta, por Howard Carter en 1922. La tumba se identifica con las siglas KV62, que significa la tumba 62 del Valle de los Reyes (King Valley). Poco se conoce acerca de su reinado, salvo que murió relativamente joven, a los 19 años, tras nueve o diez años en el trono (la cronología convencional de la dinastía XVIII establece que reinó entre los años 1345 a.C. y 1335 a.C.).

Tiempo después de su fabuloso descubrimiento, Howard Carter escribió un libro titulado «La tumba de Tutankamón» en el que realizó el siguiente comentario acerca de lo que se conocía de su biografía:

Sabemos que nació, reinó y fue enterrado en el Valle de los Reyes.

Siguiendo a Kuhrt (2000), podemos exponer de forma aproximada la sucesión de los acontecimientos de este periodo: a Amenofis III (1403-1364) le sucedió su hijo, Amenofis IV (1364-1347) quien cambió su nombre por el de Akhenatón en un momento dado (cambio relacionado con lo que ha venido en denominarse la “herejía de Amarna” al suprimir el culto al dios Amón, y sustituirlo por el de Atón). Se casó con Nefertiti, con la que tuvo por lo menos seis hijas. Según parece, al morir Nefertiti poco después del decimocuarto año de su reinado, contrajo matrimonio con una de sus hijas. Tras el fallecimiento de Akhenatón lo sucedió Tutankhatón (posiblemente un hermano), que cambió su nombre por el de Tutankamón y reinó durante unos nueve años (1345-1335); se casó con una de las hijas de Akhenatón, Ankhes-en-pa-atón, quien también cambió su nombre por el de Ankhes-en-amón.

Aunque en la actualidad se ha avanzado algo más en el conocimiento de los detalles de su vida, es cierto que aún siendo el faraón del que más páginas se han escrito, son muy fragmentarios y todavía inciertos algunos de sus aspectos biográficos, lo que es comprensible, teniendo en cuenta el momento turbulento de la historia de Egipto en el que le tocó vivir y reinar.

Los objetivos del artículo titulado «Ancestry and pathology in King Tutankhamun´s family» son avanzar en la egiptología molecular y médica, con la intención de determinar las posibles relaciones familiares entre 11 momias reales del periodo estudiado (Imperio Nuevo), así como buscar rasgos patológicos que puedan determinar la causa de la muerte, consanguinidad, enfermedades hereditarias y enfermedades infecciosas del linaje real. Para lograrlo, se han escaneado mediante un tomógrafo (instalado en un camión) todas las momias, así como se han llevado a cabo estudios de ADN analizando muestras tomadas de los huesos.

Los resultados del análisis genético han determinado que los bisabuelos de Tutankhamón son Yuya (KV46) y Tuya (KV46), sus abuelos Amenhotep (Amenofis) III y Tiy (KV35EL), mientras que sus padres serían Akhenatón (KV55) y la momia denominada KV35YL (que aún no ha sido identificada con certeza).

Hasta ahora se habían planteado varias hipótesis acerca de los posibles progenitores de Tutankamón. La que agrupaba más consenso entre los estudiosos era la que consideraba a Akhenatón y Kiya como sus padres, aunque algunos autores, como Amélie Khurt, se han decantado por Amenofis III, siendo su madre una concubina de su harén (por lo tanto, Tutankamón sería hermano –hermano de padre- de Akhenatón). Esta posibilidad está apoyada por numerosas inscripciones halladas en diversos templos y otros lugares. Sin embargo, dado el largo periodo de reinado de Akhenatón (17 años) y que Tutankamón fue coronado cuando tenía alrededor de 9 años, solo sería posible si Amenofis III hubiera compartido el trono con Akhenatón durante al menos 12 años, hecho que está completamente descartado. En definitiva, lo que la comunidad científica podía afirmar era que no existía una teoría que pudiera considerarse científicamente histórica puesto que no había datos suficientes que permitieran establecer claramente la genealogía de Tutankamón.

Una posibilidad de superar este obstáculo se presentó en 1996 cuando el egiptólogo Alain Zivie descubrió en Saqqara la tumba de Maia, la nodriza de Tutankamón. El arqueólogo pensó que por fin podría desvelar el misterio de la ascendencia del joven faraón con un estudio en profundidad de la tumba, sus frescos e inscripciones, pero sufrió una gran decepción ya que los nombres de los padres de Tutankamón no aparecieron.  De nuevo se hurtaba la posibilidad de desvelar este misterio.

Por lo tanto, ha sido necesario realizar un estudio genético completo a numerosas momias reales, convenientemente autorizado por el Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, para intentar hallar una solución a la cuestión y poder así salir de dudas, ¿o es que aún quedan algunos interrogantes al respecto?

Linaje real Tutankamon.

Hemos de tener en cuenta que los análisis genéticos de este tipo (que deben realizarse a partir de muestras muy antiguas, y en ocasiones muy deterioradas por el propio proceso de momificación) no siempre ofrecen resultados concluyentes. Sin embargo, el estudio confirma que la momia identificada como KV55 es el padre de Tutankamón con una probabilidad del 99,99999981%, mientras que la momia KV55YL (apodada younger lady) es la madre con una probabilidad del 99,99999997%. Queda totalmente descartado que Amenofis III fuera el padre de Tutankamón, mientras que sí lo es de la momia KV55 con una probabilidad del 99,99999999%. Por lo tanto, los análisis confirman que Amenofis III es el padre de la momia KV55, y que ésta es, a su vez, el padre de Tutankamón.

Pero, ¿cómo se ha identificado la momia encontrada en la tumba KV55 con Akhenatón?  Los análisis antropológicos han establecido que esta momia no vivió los 20 años que se pensaba hasta ahora, sino que tenía entre 35 y 45 años cuando murió. Este hecho, unido a la prueba de que Amenofis III y la reina Tiy son los padres de la momia KV55, junto con otros datos arqueológicos, llevan a los autores a afirmar que la momia de la tumba KV55 es casi con total seguridad Akhenatón.

Bien, tras lograr identificar al padre del joven faraón, queda por tanto determinar quién es la momia denominada KV55YL, que con seguridad es la madre de Tutankamón .

A este respecto se puede negar con rotundidad que Nefertiti fuera la madre de Tutankamón. Según los resultados del estudio genético, la momia KV55YL era hermana de Akhenatón (hija de Amenofis III y de Tiy) por lo que se descarta su identificación con Nefertiti o Kiya, ya que no hay constancia alguna de que éstas fueran hijas de Amenofis III. Así, Tutankamón tuvo que ser el descendiente de una de las cinco hijas de Amenofis III y deja por tanto como candidatas más probables a ocupar el puesto a Nebetiah o Beketatón, ambas por tanto hermanas de Akhenatón. Dado que faltan más datos que apoyen esta afirmación, el estudio únicamente deja abierta esta posibilidad y pone un interrogante sobre la momia KV55YL, que permanece por tanto sin identificar de forma concluyente.

Hasta aquí la parte del trabajo destinada a establecer el linaje real de Tutankamón. Sin embargo, hay otros aspectos que han sido tratados en el estudio y que, como ya hemos señalado, tienen que ver con las enfermedades que padeció y con la posible causa de su muerte.

Se descarta que falleciera asesinado. En su lugar, se ha podido establecer que no podía caminar debido a una enfermedad necrótica de los huesos (enfermedad de Köhler) que le obligaba a usar bastones (se encontraron más de 130 en su tumba). Del mismo modo, se afirma que padeció malaria, aunque estos datos no son concluyentes.

De hecho, un artículo publicado en la revista Nature en el que se incluyen aportaciones de numerosos investigadores, cuestiona las conclusiones médicas del estudio acerca de las enfermedades que sufrió Tutankamón y que le pudieron causar la muerte. No se sugiere que el grupo exagerara o malinterpretara los datos, sino que las afirmaciones del estudio acerca de la causa de la muerte del faraón son especulativas.

Evaluar las enfermedades de las momias antiguas es una tarea muy difícil dados los efectos producidos por el proceso de embalsamamiento y el mero transcurso del tiempo, así como por el hecho de que la mayoría de los órganos internos no han podido ser analizados. Por lo tanto, concluyen, las afirmaciones acerca del linaje genético de las momias reales son mucho más convincentes que la determinación de las posibles causas de la muerte de Tutankamón que se sugieren.

En definitiva, podemos congratularnos de que se comiencen a realizar estudios de este tipo en los que se empleen los medios y las tecnologías más modernas para aportar más datos con los que contrastar los descubrimientos arqueológicos realizados sobre el terreno.

Referencias

Hawass, Z. (2010). Ancestry and Pathology in King Tutankhamun’s Family. JAMA: The Journal of the American Medical Association, 303 (7) DOI: 10.1001/jama.2010.121

KUHRT, A. 2000. El Oriente Próximo en la Antigüedad (c. 3000-330 a. C.). Barcelona: Editorial Crítica. 2 vols. 493 p.; 416 p.

TYLDESLEY, J. 2006. Los descubridores del antiguo Egipto. Barcelona: Destino. 293 p., [28] p. de lám.

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