José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Albert Einstein

Albert Einstein

     Última actualizacón: 4 mayo 2017 a las 14:07

Desde que era pequeño he considerado la figura de Albert Einstein como la del genio por antonomasia, ese científico con imagen de loco que revolucionó la física y la ciencia en general. Pocas veces me paré a pensar que, además de poseer una mente única para resolver los enigmas más recónditos de la realidad, era una persona con unas convicciones y unos valores morales dignos de respeto y admiración.

Sin embargo, con el paso del tiempo y el consiguiente incremento de mi bagaje intelectual, he llegado a saber que bajo ese portentoso intelectual había un no menos relevante ser humano, profundamente religioso, político, y gran filósofo.

Suyas son las siguientes palabras:

Ahora voy a añadir unas palabras improvisadas. Un país se convierte realmente en un alma sólo cuando conscientemente se pone al servicio de la vida intelectual, y en el caso de nuestro pueblo judío, ha sido realmente este esfuerzo el que lo ha mantenido unido. No existiríamos hoy en día, como una comunidad de personas, sin esta actividad continuada o suspendida en el aprendizaje y en el pensamiento y en la literatura.

Con ocasión de la publicación de un artículo del profesor Willy Hellpach en el periódico alemán Vossische Zeitung (hablamos del año 1929), Einstein se vio en la necesidad de contestar sus opiniones en su condición de firme defensor de la idea sionista:

He visto judíos dignos caricaturizados con bajeza y esto ha hecho sangrar mi corazón. He visto que las escuelas, las revistas satíricas y muchas otras fuerzas que responden a la mayoría gentil minan la confianza de los mejores de mis hermanos de sangre y he pensado que no se puede permitir que ello continúe. He comprendido también que sólo una empresa común, querida de todos los judíos del mundo, podría devolver la salud a este pueblo. Herzl ha hecho algo muy importante al comprender y proclamar con fuerza que, dada la tradicional actitud de los judíos, establecer un hogar nacional o, con más exactitud, un centro en Palestina es un objetivo digno de que en él se concentren todos nuestros esfuerzos. Usted llama a esto nacionalismo y no sin cierta razón. Pero una finalidad común sin la cual no podemos vivir ni morir en este mundo hostil siempre podrá ser denominada con ese feo nombre. De todas maneras, se trata de un nacionalismo cuyo fin no es el poder, sino la dignidad y la salud moral. Si no tuviéramos que vivir entre personas intolerantes, mezquinas y violentas, yo sería el primero en rechazar todo nacionalismo en favor de una comunidad universal.

Debemos tener presente el contexto histórico y político en el que escribió estas lineas; en un país, Alemania, que comenzaba a ver las primeras actitudes antisemitas que más tarde desembocarían en el advenimiento del nacionalsocialismo de Hitler y sus secuaces y con él, la sumisión de Europa y el mundo en la peor de las guerras que se haya conocido.

En próximas entradas iré desgranando algunos de estos aspectos personales del científico en temas que van desde la religión, la existencia de Dios o la libertad, pasando por la educación y el pacifismo.

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Reseña: 84, Charing Cross Road

Reseña: 84, Charing Cross Road

     Última actualizacón: 2 abril 2018 a las 17:51

Para la primera reseña que escribo en este blog, he decido hacerlo sobre un librito que me ha sorprendido y cautivado.  Se trata de la obra que catapultó a la fama mundial a Helene Hanff y convertido su obra en el icono de una época: 84, Charing Cross Road.

Pese a que se editó por primera vez en 1970 (el año 2002 en España), lo cierto es que no sabía nada de su existencia hasta que hace unas semanas leí un artículo publicado en un periódico digital.  El periodista afirmaba que era una lectura indispensable para todo amante de los libros ―es un libro que habla de otros libros― por lo que siendo uno de mis temas preferidos, decidí comprarlo sin pararme a conocer más detalles.

Como suelo hacer en estos casos, y gracias al mundo globalizado en el que vivimos, acudí a mi librería de cabecera para la compra de libros nuevos.  Hice el pedido y en unos días recibí un mensaje en mi smartphone que me indicaba que podía pasar a retirarlo (la página web ofrece un descuento del 5% para los pedidos que se recogen en la tienda, lo que por otro lado quita algo de frialdad a la adquisición y permite mantener el contacto con los encargados de la tienda que te aconsejan futuras adquisiciones).  Nada más verlo he de reconocer que me llevé una sorpresa al ver su reducido tamaño.  No soy de la opinión de que un buen libro tiene que llegar al menos a las 500 páginas, pero de entrada me defraudó (error que se disipó aquella misma tarde)

Bien, para quien no lo conozca, decir que se trata de un libro de 126 páginas en la edición española de Anagrama, de la que hasta enero de 2012 se han publicado un total de 15 ediciones.  Su fácil lectura y reducida extensión ―prometo que lo leí en menos de dos horas― no debe hacernos caer en mi error inicial: permite, si el lector así lo quiere, profundizar más y más en su contenido hasta desenterrar un segundo e incluso un tercer libro.  En cualquier caso, supone una entretenídisima y agradable lectura.

Se trata de la recopilación del intercambio epistolar entre Helene Hanff, una escritora neoyorquina, y Frank Doel, el jefe de adquisiciones de una pequeña librería de ocasión situada en Londres.  La relación comienza con una carta enviada por Hanff, una “escritora pobre amante de los libros”, el 5 de octubre de 1949 donde les envía una lista de sus “necesidades más apremiantes” en libros por su dificultad para encontrarlos en Nueva York a precios asequibles.  Les hace un pedido en firme si pueden remitirle esos libros cuando su coste sea inferior a 5 dólares por ejemplar (lo que al cambio actual, vendrían a ser unos 47 dólares).  Curiosamente, en la carta no aparece recogida esa lista de libros, aunque a lo largo de la correspondencia y viendo las peticiones que Helene va haciendo, es posible descubrir esa información.

A partir de este momento nos embarcamos en un intercambio epistolar que durará veinte años ―con algunos momentos de interrupción― y que logra transmitirnos los sentimientos de complicidad, ternura y humor ácido que comparten los protagonistas.  Hay quien opina que entre Frank y Helene se establece una relación amorosa en la distancia con el telón de fondo de un amor compartido por los libros.  Sin embargo, a mí no me ha dado esa sensación.  Es cierto que con el paso del tiempo, y tras dejar a un lado el exclusivo interés inicial por los libros, entre Frank Doel y Helene Hanff se establece un vínculo, una conexión especial que se hace extensible al resto del personal de la librería y a la propia familia de Frank.  Pero pienso que se debe al cariño con el que Helene trata a sus amigos londinenses, y al afecto y complicidad con que éstos responden (me explicaré más adelante).

Helene Hanff

Helene Hanff nació en la ciudad de Filadelfia en 1916.  Siempre quiso ser autora teatral, afición que heredó de sus padres, grandes amantes de la escena.  De hecho su padre, que era un vendedor de camisas, intentó en su juventud introducirse en el mundillo del teatro aunque finalmente hubo de dejarlo.  Éste acudía junto a su esposa a ver las representaciones todas las semanas a pesar de los apuros económicos a los que tenían que hacer frente.

Helene no pudo ir a la universidad, aunque superó este contratiempo con tesón y fuerza de voluntad.  Inició sus pasos dramáticos como actriz y escritora para compañías de aficionados en su ciudad natal pero, lo que supuso un cambio radical, fue la lectura a los diecisiete años de la obra de Quiller-Couch.  En una de sus incursiones a la biblioteca pública de Filadelfia conoció los escritos de este afamado profesor inglés, quien se convirtió desde ese momento en su maestro literario a distancia.  Q no sólo le enseñó cómo debía escribir, sino también y más importante, qué debía leer.  Hanff partía de la base de que su instrumento de trabajo era la lengua inglesa, pero no podía seleccionar correctamente los términos que debía utilizar si no conocía bien las raíces griegas o latinas de las palabras.  Este fue el motivo de que decidiese estudiar lenguas clásicas aunque con un método muy económico: puso un anuncio diciendo que quería estudiar latín y griego pero sin pagar nada.  Entre las ofertas que recibió, escogió la de un joven licenciado en Harvard, Tom Goethals.  Las clases consistían en ir traduciendo en voz alta el Evangelio según San Mateo y a Catulo.

Mientras continuaba escribiendo, realizó trabajos como mecanógrafa en una escuela o secretaria de dos músicos para ayudar a la economía familiar.  Sin embargo, su oportunidad llegó con un concurso para jóvenes escritores que buscaba talentos: Bureau of New Plays.  Fue su madre la que se enteró de la convocatoria por la radio y quien más la animó a participar.  Tras enviar un total de cuatro obras -la última fuera de plazo- resultó una de las ganadoras del prestigioso premio.  Este hecho la obligó a trasladarse a Nueva York donde recibiría clases de escritura escénica y donde viviría hasta su muerte.

Desde finales de los años treinta hasta principios de los cincuenta lo intentó con tesón, pero ningún productor pareció interesarse por su obra, pues se le criticaba la falta de consistencia en la trama, ya que, si bien creaba personajes perfectos, éstos acababan diluyéndose en el argumento.  Visto que pasaba el tiempo, la autora empezó a aceptar trabajos a tiempo parcial que le permitían desarrollar su pasión por la escritura.  Sin embargo, la realidad del fracaso la perseguía y la escasez de dinero para su manutención también.  Por ello no tuvo más remedio que contentarse y aceptar, a principios de los años cincuenta, el ofrecimiento de escribir guiones dramáticos para la televisión.

Por esta época consiguió alquilar un pequeñísimo apartamento en un edificio de cinco plantas en la calle 95 este, que antes había sido una casa particular y cuyas habitaciones más grandes habían sido transformadas en viviendas individuales.  Ocupaba la planta baja y en su habitación reinaba la oscuridad ya que la única ventana que había daba a un patio interior.  En cualquier caso, Hanff estaba encantada porque por primera vez en años tenía una casa para ella sola.  Además, el piso estaba a un tiro de piedra de Central Park, donde pasaba los fines de semana leyendo, remando en el lago o escuchando conciertos.

La televisión representaría su máximo éxito teniendo en cuenta que se convirtió en una de las guionistas más solicitadas y que tuvo que utilizar distintos seudónimos para poder percibir mayores ingresos: era ilegal cobrar por intervenir en más de un guión a la vez en la misma emisión.

Con la llegada de los años sesenta, los dramáticos en directo para la televisión dejaron de tener éxito y la industria se trasladó a Hollywood.  Hanff siempre se negó a dejar Nueva York (concretamente Manhattan) lo que le había supuesto en ocasiones problemas para adaptarse a los horarios de entrega de los guiones en la costa oeste.  Esta nueva década supuso un giro en la vida profesional de la autora ya que se centró en la literatura infantil y juvenil de divulgación.  Recibió diferentes encargos para escribir ensayos con la finalidad de dar a conocer la historia de los Estados Unidos a los niños de forma amena, y de hacer familiares personajes históricos casi desconocidos en aquel entonces.  Todo lo anterior lo complementó con diferentes colaboraciones en prestigiosas revistas como Harper´s Magazine, The New Yorker o Reader´s Digest, entre otras.  Finalmente estos trabajos desembocaron en la escritura de libros por encargo, apartado donde su nombre queda vinculado a la literatura.

La llegada de los años setenta marcó para siempre un cambio de rumbo en la vida literaria de Hanff.  A lo largo de esta década produjo toda su obra literaria por encargo, con la excepción del libro que reseñamos y el que escribió con posterioridad acerca de su primera visita a Londres: The Duchess of Bloomsbury Street.

Su producción escrita finalizaría en los años ochenta con sus colaboraciones radiofónicas semanales para el programa Woman´s Hour de la BBC Radio 4.  Consistían en contar unas crónicas semanales que iban trazando su día a día en la ciudad de Nueva York en forma de cartas.  Los temas tratados eran variados: la escasez de espacio en los apartamentos, sus relaciones con los vecinos y los perros, así como también el transcurrir de las estaciones del año teniendo como telón de fondo Central Park, espacio vital en su vida cotidiana.  Finalmente falleció en 1997 a la edad de 80 años.

Curiosidades

Helene explica desde la primera carta que los motivos que le llevaron a escoger esa librería londinense era porque aparecía recomendada en el New York Times Book Review.  Marks & Co. comenzó su andadura comercial en Old Compton Street, lo que hoy en día constituye el Soho londinense.  Benjamin Marks y Mark Cohen, los gerentes de la tienda, habían sido empleados de la firma Henry Sotheran Ltd. que era considerada la mejor lanzadera para los vendedores de libros del siglo XX.  A comienzos de los años 30, Marks & Co. eran considerados entre los mejores libreros anticuarios en Londres, convirtiéndose su establecimiento en la «Meca» a la que peregrinaban los más serios coleccionistas.  Aunque la tienda era relativamente pequeña, el edificio contaba con tres plantas y un sótano.  En él se llevaba a cabo la reparación y restauración de los libros; en la primera planta estaba la oficina de Mark Cohen junto con las obras más valiosas; en la segunda planta se almacenaban los libros con encuadernaciones en cuero, con cubiertas especiales y cantos dorados, mientras que en la última se guardaban los ejemplares sueltos de libros raros que se usaban en la restauración de los títulos incompletos.

En las cartas se hacen continuas alusiones a la situación económica a ambos lados del Atlántico. Debemos recordar que Europa estaba sumida en la dura postguerra, con continuos racionamientos de comida y escasez general de productos de primera necesidad.  Hanff opinaba que Estados Unidos había dado la espalda al Reino Unido, su principal aliado durante la Segunda Guerra Mundial, en favor de otros países que eran responsables de la mala situación como Japón o Alemania, con los que sin embargo se volcaba económicamente a través del Plan Marshall. Por este motivo, Helene comenzó su propio programa de ayuda con los empleados de Marks & Co.  Periódicamente recibían alimentos a través de la empresa Overseas Associates, alimentos que eran gratamente recibidos y calurosamente agradecidos por todos los empleados de la tienda, quienes no se olvidaban de que Helene no era rica ni mucho menos.

¡Ese paquete de carne, querida…! De verdad sigo pensando que no deberías gastar así el dinero. ¡Debe de haberte costado un dineral! Que Dios te bendiga por la bondad de tu corazón. Vivo con mi tía abuela, que ha cumplido ya setenta y cinco años.  Estoy seguro de que si usted hubiera visto la expresión de felicidad que se le pintó en la cara cuando llevé a casa la carne y la lata de lengua, habría comprendido hasta qué punto le estamos todos agradecidos. Es muy consolador sentir que hay alguien a muchísimos kilómetros de distancia capaz de ser tan generosa y amable con personas a las que ni siquiera conoce.  Bill Humphries

A través de la lectura, Helene establecía un diálogo triangular donde participaba el autor del libro, ella como lectora, y un tercero, su anterior propietario, de quien el propio libro hablaba. De esta forma, el libro se convertía en el nexo de unión de tres personajes completamente independientes, desconocidos y, al mismo tiempo, cómplices. Es evidente que este tipo de relación solo podía conseguirse a través de los libros de ocasión, en los que sus distintos propietarios habían dejado su impronta a lo largo del tiempo: bien por hacer anotaciones al margen o bien por leer en repetidas ocasiones un mismo pasaje lo que hacía que el libro se abriese por esos lugares.

Me encantan esos libros de segunda mano que se abren por aquella página que su anterior propietario leía más a menudo.No me parece que éste sea un intercambio de regalos de Navidad muy equitativo. Vosotros os comeréis el vuestro en una semana y antes del día de Año Nuevo os quedaréis sin nada. Yo, en cambio, conservaré el mío hasta el día que me muera… y moriré feliz sabiendo que lo dejo detrás para que algún otro lo aprecie. Pienso marcarlo a conciencia con suaves indicaciones a lápiz, para atraer la atención de un amante de los libros aún por nacer sobre los mejores pasajes.

También su lectura estaba interconectada con la adquisición de libros. Hanff habla de ellos como objetos preciosos que primero había apreciado y luego adquirido. Un proceso que explicaba comparándolo con las prendas de vestir, pues antes de comprarlas uno debe probárselas para ver si le quedan bien. Esto le obligó a prestar mucha atención a sus fuentes de información: las bibliotecas, donde el material estaba «expuesto» y cualquiera podía llevárselo a casa y leerlo; los catálogos de lectura y, por último, las propias solapas de los libros que contenían listados de títulos de sus colecciones.

¡Qué mundo tan extraño este nuestro, en el que uno puede adquirir para toda la vida algo tan hermoso…, por lo que cuesta una entrada para un cine de Broadway, o por la quincuagésima parte de lo que te cobra un dentista por empastarte un diente!.  Claro que, si vuestros libros costaran lo que valen, yo no podría permitirme comprarlos… ¿Tienes el Viaje a América de De Tocqueville? Alguien tomó prestado el mío, y no me lo ha devuelto. ¿Por qué será que personas a las que jamás se les pasaría por la imaginación robar nada encuentren perfectamente lícito robar libros?

Un aspecto relevante de su situación económica era la falta de espacio físico donde guardar sus adquisiciones. Esto tenía sus consecuencias todas las primaveras, momento en el que regalaba o tiraba aquellos libros que no pensaba volver a leer.

Los libros

Varias páginas web han hecho listados de los libros que Helene Hanff cita en su obra, aunque ninguna (que yo haya visto) lo hace facilitando los datos bibliográficos suficientes que permitan identificar correctamente cada obra, conocer el año de publicación, la editorial etc. La mayoría se limita a transcribir los títulos por lo que es bastante difícil y engorroso dar con ellos. Así que, en aras a desenterrar ese segundo libro escrito bajo el que se lee a simple vista, he decidido realizar ese trabajo y publicarlo para aquellos que les pueda interesar.

En aquellos casos en los que Helene cita una edición concreta, es la que menciono; y en los casos en que no he podido averiguar a cual hacía referencia, me he decantado por la primera edición o aquella, en su caso, que es más significativa por algún aspecto relevante.

Como hemos apuntado, el motivo de iniciar la correspondencia entre Helene y Frank tuvo que ver con la dificultad que tenía la escritora para acceder a alguna de estas obras bien por su precio, bien porque las propias bibliotecas públicas de Nueva York no disponían de ejemplares, o bien porque no se podían sacar en préstamo. Sin embargo, algo que ha cambiado con el avance de la tecnología es la posibilidad de acceder, a través de internet, a una cantidad de información antes inimaginable. Por ello he incluido (en los casos que me ha sido posible) enlaces directos que permiten leer online los mismos libros que Helene tanto amó, algo impensable en la época en la que se escribieron las cartas, pero que nuestro mundo globalizado permite para satisfacción de aquellos lectores que no tienen otra forma de acceder a ellos (debemos agradecer este trabajo de digitalización a The Internet Archive):

El enlace para la lectura de este libro es a una edición diferente de la citada en la obra.

William Hazlitt (1778-1830) fue un célebre escritor inglés, conocido sobre todo por sus ensayos humorísticos y por sus críticas literarias; vertiente por la que es considerado como el crítico inglés más importante tras Samuel Johnson.  Helene solicitó tres de sus ensayos entre las peticiones que incluyó en el primer listado que envía a la librería aunque Frank le envía una obra que incluía no solo estos tres ensayos, sino otros más al tratarse de un recopilatorio.

Robert Louis Stevenson (1850-1894) es citado por Arthur Quiller-Couch como ejemplo de buen escritor por su experta utilización del registro literario.  Este es el motivo de que Helene pida a la librería la primera colección de ensayos de este autor.  Estos trabajos fueron publicados en varias revistas entre los años 1876 y 1879, revelando su forma de entender la vida y la condición humana.  El tema principal de los ensayos recopilados es el matrimonio.

Esta es la reseña bibliográfica del primer volumen de la primera edición,  aunque el diálogo entre Esopo y Ródope se encuentra en esta otra edición.

Walter Savage Landor (1775-1864).  Poeta y escritor inglés del s. XVIII.  Estudió en el Trinity College de Oxford.  En 1808 vino a España para combatir contra las tropas invasoras de Napoleón Bonaparte, hecho por el que Fernando VII le otorgó el grado honorífico de coronel del ejército.  Vivió en Inglaterra, Francia y también en Italia, estableciéndose en Florencia en el año 1821 donde finalmente falleció.

En esta obra, compuesta de 6 volúmenes, Landor habla por boca de personajes históricos pero imaginados, es decir, empleando el método de diálogos inventados a la manera de los clásicos griegos.  Concretamente, el diálogo entre Esopo y Ródope hace referencia a la situación de privación que vivían los soldados romanos durante su servicio militar.  Esta situación es comparada por Hanff con el racionamiento y el hambre que se vivió en Inglaterra tras la Segunda Guerra Mundial, y la poca ayuda que se le prestaba a este país.

John Henry Newman(1801-1890) es uno de los escritores favoritos de Helene Hanff. Como en otras ocasiones, lo conoció a través de la obra de Quiller-Couch quien lo consideraba uno de los más importantes escritores ingleses. Admiraba de él la importancia que otorgaba al conocimiento de las lenguas clásicas y al empleo con precisión de los términos utilizados para referirse a conceptos de intelectualidad.

En lo personal, podemos decir que fue ordenado sacerdote de la Iglesia Anglicana en 1825, pero con posterioridad se convirtió al catolicismo (llegando a ser investido Cardenal). En la obra referida, afirma que la universidad tiene como fin formar al hombre sin importar su condición religiosa y educar el intelecto, según su capacidad, para que fuese capaz de razonar y buscar la verdad.

Helene nunca estuvo interesada en las primeras ediciones de los libros pues pensaba que eran más propias de coleccionistas que de auténticos amantes de la lectura y, sin embargo, sabe describir todo el placer que un simple contacto físico puede transmitir.

El Newman llegó hace ya casi una semana y ahora comienzo a recuperarme de la impresión. Lo tengo junto a mí todo el día, en mi mesa de trabajo, y de vez en cuando paro de escribir a máquina y alargo la mano para tocarlo. No porque sea una primera edición, sino porque jamás he visto un libro tan bello. Saberme su propietaria me inspira un vago sentimiento de culpabilidad. Un libro así, con reluciente encuadernación en piel, sus estampaciones en oro y su hermosa tipografía debería estar en la biblioteca revestida de madera de una casa solariega en la campiña inglesa, y está pidiendo ser leído junto a la chimenea por un caballero sentado en una butaca de cuero…, no en el desvencijado diván de un mezquino estudio de un edificio de ladrillo oscuro cuya fachada se cae a pedazos.

  • Pepys, Samuel (2003), The complete diary of Samuel Pepys.  Robert Latham y William Matthews (eds.).  London: HarperCollins Publishers Limited. Esta es la mejor edición en la actualidad del contenido íntegro del Diario de Samuel Pepys.

Samuel Pepys (1633-1703) descendía de la pequeña nobleza rural. Se graduó en letras por la Universidad de Cambridge y entró a trabajar en el gobierno. Fue miembro de la Royal Society, y ocupaba el cargo de Presidente cuando Isaac Newton publicó sus Principia Mathematica.

Su diario es una de las fuentes primarias más importantes para el estudio del periodo de la Guerra Civil inglesa (que terminó con la ejecución del rey Carlos I, el exilio de su hijo y futuro rey Carlos II, y el gobierno de Oliver Cromwell) y de la Restauración. Se hace eco de los sucesos que tuvieron lugar desde el 1 de enero de 1660 hasta el 31 de mayo de 1669. Fue publicado parcialmente por John Smith en 1825 pero no fue hasta 1893 cuando se publicó en su totalidad.

  • Quiller-Couch, Arthur Thomas (1923), The Oxford book of english prose.  London: Oxford at the Clarendon Press.

Sir Arthur Quiller-Couch (1863-1944) fue el guía intelectual de Helene, su profesor universitario en la distancia y una referencia constante para la autora. Q, como llegó a ser conocido popularmente, estudió en Oxford donde pasó cinco años como profesor enseñando los clásicos grecolatinos. En 1900 fue nombrado caballero del Imperio Británico y dos años más tarde catedrático de literatura inglesa en la Universidad de Cambridge.

Entre sus obras más importantes destacan las que menciona Helene y que le sirvieron como obras de referencia: On the art of writing (1916), On the art of reading (1920). En ellas expone sus métodos pedagógicos que consistían en enseñar literatura como una materia viva que dotase a los estudiantes de modelos, tratando de que comprendiesen y no se limitasen a aprender de memoria nombres, títulos y fechas sin comprender la intención del autor en su creación. Esta comprensión debía comenzar con un profundo conocimiento de la propia lengua. Para ello el interesado debía bucear en la lengua inglesa partiendo de sus propias raíces clásicas como el latín, tarea en la Helene su esforzó desde muy pronto.

Helene visitó Cambridge en 1978 y gracias a la invitación que recibió de la viuda del biógrafo de Q, donde pudo pasar tres horas en contacto con sus objetos personales, conocer pequeños detalles de su vida diaria -como su coquetería al procurar que todas sus corbatas hiciesen juego con sus sombreros- y en definitiva, conocer más a fondo a su querido mentor literario. Serían recuerdos que la acompañarían durante años.

Sir Roger de Coverley es un personaje ideado por Joseph Addison como autor de artículos y cartas que fueron publicadas en el periódico The Spectator que pretendía representar al típico caballero inglés terrateniente. Sus escritos incluyen entretenidas viñetas de la vida inglesa de principios del s. XVIII que fueron consideradas como el mejor contenido del periódico.

La petición de esta obra parece responder al interés de Helene de conocer la historia de Estados Unidos y su visión desde la metrópoli londinense cuando aún era una de sus posesiones coloniales.

No he encontrado la edición de 1840 que se menciona en el libro, pero dejo el enlace a la de 1846.

Izaak Walton (1593-1683).  Escritor inglés del s. XVII cuya obra es representativa de la literatura inglesa de la Restauración. En su juventud trabajó como ferretero en Londres hasta la guerra civil. En 1614 abrió una tienda en la calle Fleet, época en la que trabó amistad con el Dr. John Donne, que era vicario de la parroquia. Tras la derrota realista en Marston Moor en 1644, se retiró y compró un pequeño trozo de tierra en Shallowford.

Es uno de los autores más admirados por Q por su capacidad de creación de una prosa poética como vehículo de expresión de los sentimientos en contacto con la naturaleza.

Su obra más conocida quizás sea «El pescador completo». Se publicaron un total de cinco ediciones en vida del autor (1653, 1655, 1661, 1668 y 1676) aunque se han publicado numerosas revisiones más modernas. He escogido esta de 1896 por ser la base de la mayoría de posteriores ediciones. Se trata en apariencia de un manual de pesca, que en realidad posee unas vívidas descripciones de la naturaleza y del placer y el ocio en el campo.

Se publicaron nueve volúmenes de esta obra, los dos primeros en 1759, y los restantes en los diez años siguientes.

Laurence Sterne (1713-1768) retrata en esta obra de forma sátira el orgullo de la intelectualidad. Helene supo más tarde que Sterne concibió la obra mientras veía salir a los miembros de su congregación los domingos después del servicio religioso y les oía hablar utilizando largas peroratas sin sentido.

Alexis De Tocqueville (1805-1859) fue un pensador, jurista, político e historiador francés, precursor de la sociología clásica y uno de los más importantes ideólogos del liberalismo.

Particularmente conocido por su libro «Democracia en América» (1838) donde analiza el sistema social y político de Estados Unidos como potencial democrático. La solicitud de este libro que hace Helene estaba relacionada con la de De Coverley y su encargo para escribir obras de divulgación sobre la historia norteamericana.

En la obra de Catulo (84 a.C.-54 a.C.) el lector participa íntimamente de sus poemas en un diálogo hasta el infinito donde se plantea el problema de que la vida del poeta es su poesía y ésta es su dolor o placer según el estado emocional de sus poemas. Helene criticó esta edición que le enviaron desde Londres. Constaba del texto original en latín y sendas traducciones al inglés, una en verso por Burton y la otra en prosa por Smithers pero las traducciones dejaban mucho que desear por los prejuicios de los traductores. Por este motivo Helene solicitó un diccionario Cassell de latín para ayudarse en la lectura del original.

La petición de esta edición concreta se debía a que Q la recomendaba a sus alumnos.

La primera edición es de 1908 (la enlazada), pero la que pide Helene y contiene las ilustraciones de E. H. Shepard es de 1931.

Kenneth Grahame (1859-1932) nació en Edimburgo. Fue un estudiante destacado de la escuela St. Edward de Oxford aunque no pudo acceder a los estudios universitarios por falta de dinero. En 1879 comenzó a trabajar en el Banco de Inglaterra hasta su retiro en 1908 por problemas de salud.

Esta obra (escrita para su hijo Alistair) está protagonizada por animales del bosque que combinan los comportamientos humanos con los suyos propios. Su éxito llevó a que fuera adaptada para el teatro, pasando a ser un clásico en las representaciones navideñas que ha perdurado hasta nuestros días.

Se adjunta enlace a la edición de 1908, no a la que se menciona en el libro que es posterior.

Samuel Johnson (1709-1784) es uno de los mayores representantes de la literatura inglesa. Hijo de un librero pobre recibe su educación en las escuelas parroquiales hasta que ingresa en el Pembroke College de Oxford aunque su falta de dinero le hace dejar los estudios sin obtener ningún título. En 1737 se traslada a Londres donde se dedicará a escribir ensayos, poesía, biografías e informes parlamentarios. Considerado el mejor crítico literario en lengua inglesa, Johnson sostenía que nadie podía hablar o escribir de algo que no había visto o vivido, idea compartida por Helene en sus gustos literarios al preferir los libros de memorias.

  • Chaucer, Geoffroy; Hill, Frank Ernest (1934), The Canterbury Tales: the Prologue and four tales, with the Book of the Duchess and six lyrics.  London: Longmans, Green & Co.

Geoffroy Chaucer (c. 1343-1400) es considerado el padre de la lengua inglesa actual.

  • Donne, John; Blake, William; Hillyer, Robert Silliman (ed.) (1941), The complete poetry and selected prose of John Donne and the complete poetry of William Blake (in one volume).  New York: Modern Library Giant

John Donne (1572-1631) nació en el seno de una familia católica pero tuvo que convertirse al anglicanismo para no ser perseguido y, dentro de esta creencia, escribió los sermones que le dieron renombre. Helene deseaba una edición con la obra completa de Donne, pero Frank le hizo desistir porque constaba de 40 volúmenes demasiado caros. En 1974, unos admiradores de Helene le regalaron un ejemplar de poemas en una edición de 1651 que compraron en una tienda de antigüedades. Este regalo le pareció tan maravilloso que lo introdujo en una bolsa de plástico porque tenía miedo de tocarlo con las manos.

  • St. John, Christopher (ed.) (1931), Ellen Terry and Bernard Shaw: a correspondence.  New York: G. P. Putnam´s sons

Louis, Duque de Saint-Simon (1675-1755) es uno de los grandes memorialistas de Francia.

  • Woolf, Virginia (1925), The common reader.  New York: Harcourt, Brace & Co.
  • The complete plays of Bernard Shaw.
  • Shaw, George Bernard; Mead, Dodd (ed.) (1963), Bernard Shaw: complete plays with prefaces.  London: Constable and Co. Ltd. (Standard Edition).
  • Delafield, E. M. (1930), The diary of a provincial Lady.  London: Macmillan.  Ilustraciones de Arthur Watts.

 Para saber más:

  • Hanff, Helene (1977), Apple of my eye. London: André Deutsch
  • Hanff, Helene (2002), The Duchess of Blomsbury Street. London: Virago
  • Hanff, Helene (1986), Q´s legacy. London: Futura
  • Hanff, Helene (1984), Underfoot in show business. London: Futura
  • Ferrer Gimeno, M. R. (2005), El viaje de Helene Hanff a 84, Charing Cross Road. Valencia: Universidad de Valencia.
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¿Son idénticos los gemelos idénticos? (y III)

¿Son idénticos los gemelos idénticos? (y III)

     Última actualizacón: 20 marzo 2018 a las 10:47

El tercer elemento en discordia: la epigenética

Los diferentes estudios con gemelos han permitido hacer un descubrimiento esencial para la comprensión del funcionamiento de nuestro ADN: la herencia y el entorno no son las únicas fuerzas en juego que modelan el aspecto, el carácter o la inteligencia del ser humano; debemos tener presente la importancia de un tercer elemento: la epigenética.

Fue el escocés Conrad Waddington quien acuñó el término en 1939 en su obra An introduction to modern genetics donde definió el “epigenotipo” como el conjunto de organizadores y relaciones organizativas a los que un determinado tejido está sujeto durante su desarrollo. Podemos explicar su punto de vista con la analogía de una pelota que cae a través de un valle. La pelota puede seguir varios caminos en su descenso, pero nunca podrá abandonar la dirección que le va marcando la orografía del terreno. Es decir, el desarrollo de un tejido u órgano puede variar según las condiciones genéticas y del entorno, pero sin salirse del “programa” establecido previamente en el genoma. Waddington añadió que el aspecto de un órgano determinado es el producto del genotipo y del epigenotipo que reaccionan con el ambiente externo. En otro artículo publicado en 1942 1 se refiere a la “epigenética” como «la rama de la biología que estudia las interacciones causales entre los genes y sus productos, que dan lugar al fenotipo». Apuntó lo que consideraba una visión ingenua de muchos genetistas de su época en el sentido de que afirmaban que había una correspondencia simple y directa entre los genes y los caracteres. Para él, la dirección del desarrollo biológico estaba determinada por la interacción de muchos genes entre sí, y de estos con el ambiente.

Tras estos primeros pasos, los estudios relativos a esta nueva visión de la biología evolutiva han sido múltiples y variados, lo que ha motivado el sentido que se le dio en origen a este término haya ido cambiando, adaptándose de conformidad a las nuevas investigaciones que se han desarrollado. Ya entrado el siglo XXI, la definición más comúnmente aceptada de epigenética es la de la ciencia dedicada al «estudio de los cambios heredables en la función génica que se producen sin un cambio en la secuencia del ADN».

A simple vista puede parecer que existe una contradicción. Todos sabemos que la herencia viene dada por el ADN de nuestros padres, aunque estamos hablando de cambios que se pueden observar en el fenotipo y que se heredan, pero sin un cambio en la secuencia del ADN. La diferencia radica en que esos cambios pasan a la progenie no a través del mecanismo normal de replicación del ADN, sino por otras vías.

Resulta clarificadora la explicación que ofrece Thomas Jenuwein (investigador del Instituto Max-Planck de Inmunobiología):

la diferencia entre genética y epigenética probablemente puede compararse con la diferencia que existe entre escribir y leer un libro. Una vez que el libro ha sido escrito, el texto (los genes o la información almacenada en el ADN) será el mismo en todas las copias que se distribuyan entre los lectores.  Sin embargo, cada lector podría interpretar la historia del libro de una forma ligeramente diferente, con sus diferentes emociones y proyecciones que pueden ir cambiando a medida que se desarrollan los capítulos. De forma muy similar, la epigenética permitiría diferentes interpretaciones de un molde fijo (el libro o código genético) y resultaría en diferentes lecturas, dependiendo de las condiciones variables en las que se interprete el molde.

Todas las células de nuestro organismo ―cuyo número es imposible de determinar a ciencia cierta― derivan de una única célula primordial que ha sufrido innumerables divisiones (nos referimos al óvulo fecundado por el espermatozoide). Por lo tanto, cada célula de nuestro cuerpo contiene exactamente el mismo ADN. La diferencia entre cada tipo de célula y la función que desempeña reside en el subconjunto particular de genes que se han activado para su desarrollo. Es decir, a medida que las células van creciendo y diferenciándose, su destino y función vienen determinados por la activación y el silenciamiento selectivo de algunos genes,  activación o silenciamiento que se produce según se den ciertas condiciones bioquímicas (como por ejemplo la metilación del ADN, las modificaciones covalentes de las histonas o la forma de la cromatina). Dado que este mecanismo está sujeto a factores epigenéticos, es ahí donde la epigenética influye en la expresión e interpretación de nuestro código genético y el modo en que cada gen se ve fortalecido o debilitado, e incluso activado o desactivado, para formar los huesos, el cerebro y todas las demás partes del cuerpo.

Para explicar un poco más este mecanismo, debemos tener presente que el ADN no se distribuye al azar dentro del núcleo celular, sino que la doble hélice compuesta por las bases nitrogenadas (la adenina (A), la guanina (G), la timina (T) y la citosina (C), así como su armazón, se enrollan alrededor de unos grupos de proteínas, las histonas, y se empaqueta después para formar los cromosomas en la visión clásica de una equis. Esta combinación de histonas y doble hélice de ADN en los cromosomas se conoce como cromatina.

Estructura de la cromatina

Teniendo en mente esta configuración del ADN, lo que hacen las señales epigenéticas es ordenar que un segmento de cromatina se halle aflojado o condensado. Cuando un determinado segmento está distendido permite que la maquinaria celular acceda a los genes que contiene para su lectura y, por ende, su activación: se produce la transcripción del ADN en una cadena de ARN que servirá de plantilla para generar la proteína codificada por ese gen. Por el contrario, cuando el segmento de cromatina está condensado, la maquinaria de activación no puede alcanzar a los genes en su interior y estos quedan silenciados (este silenciamiento puede ser temporal o permanente). Es definitiva, las señales epigenéticas son marcadores químicos que se unen a las histonas o al mismo ADN y cuya presencia en un determinado lugar viene determinada por diversas enzimas, algunas de las cuales añaden marcadores y otras los eliminan: la presencia de estas enzimas viene influenciada por el ambiente y, de una forma muy importante, por la dieta y otros hábitos de vida.

Una vez aclarado el mecanismo por el que el ambiente provoca cambios en la forma en que los genes se expresan o silencian, debemos preguntarnos cómo se pueden heredar estas marcas epigenéticas.

Actualmente conocemos tres participantes fundamentales en este proceso: el ARN, el nucleosoma y la metilación del ADN.

Por ejemplo, y sin afán de entrar en demasiados detalles debido a lo complejo de esta cuestión, podemos decir que a veces un pequeño grupo químico denominado metilo se une a una base, otorgándole así un nivel extra de información. La metilación se produce principalmente en la base citosina (C) de la cadena de nucleótidos y se asocia a la formación de una cromatina “cerrada” y, por tanto, con el mecanismo de desactivación de genes que hemos explicado más arriba. Las células parecen marcar con metilo las secuencias de ADN repetidas para desactivarlas, lo que sirve al mismo tiempo para proteger nuestros genes. Baste pensar un momento en el lío que se produciría si de los aproximadamente 30.000 genes que posee el ser humano, no hubiera una gran parte que estuvieran inactivados. No es preciso que cada célula pueda usar en cada momento los dos metros completos de ADN que contiene ya que, por ejemplo, no querríamos que las células de nuestros ojos fabricasen uñas. De este modo se ahorran además recursos energéticos imprescindibles para otros procesos metabólicos.

Una característica importante de la metilación es que puede copiarse con exactitud en el proceso de replicación del ADN. Cuando las células duplican sus cromosomas para la división celular la metilación pasa a la línea germinal a través del ADN que contiene el espermatozoide y el óvulo. Aunque en la actualidad se investiga la forma concreta en que se produce esta transmisión hereditaria, la presencia de estos marcadores epigenéticos puede ser, por ejemplo, resultado de lo que la madre comió cuando estaba embarazada. En este sentido, alimentos ricos en folato (vitamina B) como varias verduras, frutas cítricas y fresas, son fuentes alimenticias de metilo. Del mismo modo, la vitamina B12, presente en el pescado, la carne, la leche y los huevos, puede asimismo donar grupos metilo al metabolismo.

Concluyendo, en el caso de los gemelos idénticos, la constitución genética de ambos será igual desde su nacimiento hasta el fin de sus vidas, pero a medida que crezcan y se desarrollen, los dos sujetos experimentarán diferencias en su ambiente, algunas de las cuales podrán alterar su apariencia y su comportamiento, permitiendo incluso que éstas sean heredadas por sus hijos. Es decir, aunque los dos comparten los mismos genes, hemos visto como es posible que algunos de ellos estén activos en un gemelo y no en el otro. Puede que sean idénticos genéticamente pero no epigenéticamente.

Notas

  1.  Waddington, C. H. (1942), «The epigenotype». Endeavour, núm. 1, p. 18-20
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¿Son idénticos los gemelos idénticos? (II)

¿Son idénticos los gemelos idénticos? (II)

     Última actualizacón: 20 marzo 2018 a las 10:44

Estudios modernos con gemelos

En ocasiones, hasta lo que sin duda es una tragedia puede ofrecer una oportunidad para el avance de la ciencia.  La situación nos parecerá hoy en día impensable, pero se han dado numerosos casos en los que dos hermanos gemelos han sido separados nada más nacer y entregados en adopción a familias diferentes.  No vamos a entrar en este momento en más detalles, pero incluso al llegar a la edad adulta, muchos de ellos ni siquiera son conscientes de que tienen un hermano o hermana, y la mayoría no se habían visto nunca.  El trabajo de Thomas Bouchard ha consistido en estudiar estas parejas de gemelos para desentrañar el origen bien genético, bien ambiental de determinados rasgos del ser humano.

Bouchard es profesor de psicología en la Universidad de Minnesota, y dedica sus esfuerzos a estudiar los gemelos para resolver algunas de las cuestiones más controvertidas, como por ejemplo, las relacionadas con la sociabilidad, enfermedades mentales o el origen de la inteligencia.  El principal proyecto de investigación llevado a cabo por el centro que dirige (Centro para la investigación de gemelos y la adopción de Minesota) ha sido el estudio de gemelos criados por separado 1.  El estudio comenzó en 1979, se ha completado en el año 2000 y la evaluación de los datos continúa actualmente.

Para afrontar la tarea, el profesor Bouchard ha formulado un concepto estadístico denominado «heredabilidad» (heritability).  En líneas generales, la heredabilidad determina en qué medida la influencia de los genes contribuye a la expresión de un determinado rasgo.  Ha enfocado su trabajo en la comparación de dos probabilidades: la de que dos gemelos idénticos presenten el mismo rasgo y la de que lo presenten dos mellizos.  De esta forma es posible calcular qué grado de la diferencia entre esas dos probabilidades es atribuible a la variación genética y que parte a la crianza (ambiente) u otros aspectos.  Según sus resultados, por ejemplo, la heredabilidad de la estatura es de 0,8, lo que significa que el 80% de las diferencias de estatura entre distintas personas se deben a diferencias genéticas (el 20% restante tiene que ver con la dieta y el ejercicio físico fundamentalmente).  Los investigadores calcularon que la heredabilidad de la inteligencia es de 0,75.  A pesar de que los resultados de estos estudios se han puesto en entredicho en por otros científicos, lo cierto es que existe una abundante literatura que los avala.

Resulta muy interesante el enfoque planteado por el Dr. Bouchard y sus colegas.  Cuando compararon el coeficiente intelectual de los gemelos idénticos criados en diferentes familias con los criados en la misma familia observaron que para ambas las parejas de gemelos los resultados eran similares.  Por lo tanto, se podría decir que ni el ambiente, ni la dedicación de los padres, los medios económicos destinados a la educación ni el empeño de los profesores son factores determinantes para que los niños sean más inteligentes; la herencia genética recibida al nacer ha marcado el coeficiente intelectual de cada uno de nosotros.  Sin embargo, estas semejanzas en el grado de inteligencia requieren tiempo para aflorar.  Aunque más adelante ahondaremos en este aspecto, es a los 16 años cuando el coeficiente intelectual de los gemelos adoptados por separado se parece al coeficiente intelectual de sus padres biológicos en la misma proporción que el coeficiente de los gemelos criados por sus padres biológicos.

¿Nuestro destino está realmente fijado en nuestro código genético?

Pese a todo, como ya hemos apuntado, las cosas nunca son tan sencillas.  Es cierto que cuando hay que explicar las diferencias, por ejemplo del cociente intelectual, dentro de un determinado grupo de niños, el 75% de la variación se puede atribuir a la genética y no a la crianza.  A pesar de todo, están surgiendo nuevas investigaciones que hacen que nos planteemos este determinismo genético y debamos tener en cuenta otras consideraciones.  Qué duda cabe que los genes desempeñan un papel clave en la inteligencia (como en otros rasgos de nuestra personalidad), pero parece que éstos no operan en solitario.

Robert Plomin es profesor de genética de la conducta adscrito al Instituto de Psiquiatría del King´s College de Londres.  El tema central de su investigación consiste en reunir las estrategias de investigación genética y ambiental para estudiar el desarrollo del comportamiento.  Entre otros aspectos, se ha propuesto desentrañar la naturaleza de la inteligencia realizando pruebas con gemelos.  En sus estudios emplea diversos test de inteligencia y ha demostrado que las puntuaciones obtenidas por los gemelos idénticos muestran una mayor semejanza entre sí que las de los gemelos no idénticos (mellizos).  Las de estos últimos difieren a su vez menos que las de los niños sin parentesco alguno entre sí.  Por tanto, la puntuación estos resultados viene a corroborar que nuestra carga genética posee una influencia notoria en la puntuación de los test de inteligencia.

Plomin es uno de los más destacados investigadores a nivel mundial en el campo de la genética del comportamiento.  Sus trabajos han sentado las bases de este campo de investigación que une la genética y las ciencias del comportamiento para desentrañar los mecanismos de las habilidades y discapacidades cognitivas, las psicopatologías y la personalidad.

En 1987 publicó el que quizá sea el artículo más influyente en este campo junto con Denise Daniels (reimpreso en 2011) 2.  Tal ha sido la importancia de este artículo que a partir de su publicación se creó todo un nuevo campo de investigación empírica para tratar de responder la pregunta formulada en su título: ¿Por qué son tan diferentes unos de otros los niños de la misma familia?  Dos nuevas aportaciones al tema se publicaron en 2001 3 y 2011 4.

Sus estudios tratan de arrojar algo de luz sobre la constante dicotomía entre genética y ambiente para explicar nuestro comportamiento, nuestras habilidades cognitivas, las enfermedades mentales que padecemos etc.  Los autores plantearon que una vez tenida en cuenta la genética, la mayor parte de la variación entre las personas proviene del ambiente, pero concretamente de factores ambientales no compartidos (nonshared environment).  El objetivo del primer artículo publicado 1987 era exponer que las diferencias ambientales entre los niños criados en una misma familia representan la mayor fuente de variación en rasgos como la personalidad, la psicopatología y las habilidades cognitivas.  Esto es, llegaron a la conclusión que dado que la influencia genética no puede explicar toda la diversidad de los fenotipos complejos (como ya indicamos, con fenotipo nos referimos a las características físicas y bioquímicas visibles o medibles de una persona), la varianza restante debe ser atribuida al ambiente.  Dado que la genética da cuenta del 50% de la variación fenotípica, el resto de esta variación debemos atribuirlo al ambiente, teniendo que distinguir entre el ambiente compartido por todos los niños criados en una misma familia, y el específico o no compartido ―hay que tener en cuenta además el posible error de medición­ que en los estudios se sitúa entre el 5% y el 10% de la variación total―

Y es en este punto donde entran los estudios con gemelos ya que permiten dividir la variación no genética en los dos componentes expuestos (compartidos y no compartidos).  El ambiente compartido incluye todas las influencias ambientales que hacen que los niños de una misma familia se parezcan entre sí, mientras que el ambiente no compartido da cuenta de las diferencias entre ellos.  En el caso de los gemelos idénticos criados en una misma familia, las diferencias que pueda haber entre ellos sólo pueden deberse a factores no genéticos (dado que su genoma es idéntico al 100%), al tiempo que  estos factores ambientales son no compartidos puesto que el ambiente compartido no hace sino que se parezcan más.

Como ejemplos de factores ambientales no compartidos podemos citar el caso de que uno de los gemelos sufra un accidente traumático, las diferentes enfermedades que hayan sufrido cada uno, el orden en el nacimiento, las diferencias de género, las diferencias en el trato por parte de los progenitores (los padres suelen tratar de forma diferente a los niños, a veces de forma inadvertida, y este trato diferencial se traduce en una adaptación diferencial), el diferente trato por parte de otros hermanos y de los gemelos entre sí, así como las redes extrafamiliares (diferentes amigos, diferentes profesores del colegio, la televisión, el deporte etc.)  Cuando hablamos de factores ambientales no compartidos tenemos que puntualizar que hacemos referencia más a los “efectos” de esos factores que a un “suceso” concreto.  Por ejemplo, el divorcio de los padres es un factor compartido por todos los niños de una familia, pero lo relevante es que cada niño puede experimentar de forma diferente esta situación, convirtiéndose de esta forma en un factor ambiental no compartido.

Es razonable suponer que las influencias clave en el desarrollo de los niños son aquellas compartidas: la personalidad de los padres, el grado de disciplina o la actitud de éstos hacia su educación, el estatus socioeconómico de la familia, el vecindario donde crecen etc.  Sin embargo, como hemos apuntado más arriba, en la medida en que estos factores son compartidos por todos los niños de la misma familia no pueden explicar las diferencias entre ellos que todos somos capaces de observar.  Hay algo más.  El mensaje que pretender hacer llegar los científicos no es que las experiencias familiares no sean importantes ―que lo son― sino que lo más relevante según el tema objeto de estudio es la experiencia individual de cada niño, teniendo en cuenta que ellos seleccionan, modifican y construyen y reconstruyen sus vivencias en parte sobre la base de sus tendencias genéticas.

En cualquier caso, echamos en falta en esta serie de estudios un planteamiento investigador que ya hemos tratado con anterioridad: el estudio de gemelos idénticos criados en diferentes familias.  Esta metodología nos permitiría restringir más aún la búsqueda de lo que hace que los gemelos idénticos sean diferentes entre sí, y que nos hace estar más cerca del tercer elemento en esta ecuación junto con la genética y el ambiente.

Notas

  1. Bouchard, T. J., Jr., et al. (1990), «Sources of human psychological differences: the Minnesota Study of Twins Reared Apart». Science, vol. 250, núm. 4978, p. 223-228.
  2. Plomin, R. y  Daniels, D. (2011), «Why are children in the same family so different from one another?». International Journal of Epidemiology, vol. 40, núm. 3, p. 563-582.
  3. Plomin, R., et al. (2001), «Why are children in the same family so different? Nonshared environment a decade later». Canadian Journal of Psychiatry. Revue Canadienne de Psychiatrie, vol. 46, núm. 3, p. 225-233.
  4. Plomin, R. (2011), «Commentary: Why are children in the same family so different? Non-shared environment three decades later». International Journal of Epidemiology, vol. 40, núm. 3, p. 582-592.
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¿Son idénticos los gemelos idénticos? (I)

¿Son idénticos los gemelos idénticos? (I)

     Última actualizacón: 20 marzo 2018 a las 10:41

Breve introducción. Genética

Para la finalidad de este comentario no será necesario profundizar en exceso en los conceptos genéticos ya que a veces no hacen sino confundirnos; centrar nuestra atención cada vez más en los detalles nos impide en ocasiones ver la imagen de conjunto. En cualquier caso, debemos saber que el ser humano cuenta con 23 cromosomas en cada una de las células del organismo aunque, en realidad, durante la mitosis ―fase de división celular― podemos ver en el núcleo de cada célula un par de cromosomas idénticos unidos por un punto común, llamado centrómero, formando lo que se llama pareja de cromosomas homólogos. Es decir, para cada cromosoma existe otro con rasgos idénticos con el que se une y configura la tan conocida imagen en forma de aspa.  Esta unión hace por tanto que el número total de cromosomas en el ser humano sea de 46 (llamado número diploide).

La pareja de cromosomas homólogos tiene una semejanza genética muy importante ya que presenta los mismos genes situados en los mismos lugares ―esta ubicación recibe el nombre latino de locus (lugar) y en plural loci―. Esta localización se muestra gráficamente marcando en cada cromosoma una línea donde se ubica cada gen, debiendo tener presente que los cromosomas tienen dos “brazos” separados por el centrómero, uno corto (que se designa habitualmente con la letra “p”) y otro largo (designado con la letra  “q”).

El Diccionario Akal de términos biológicos 1 define en síntesis el gen como «la unidad básica de la herencia, por la que los caracteres hereditarios se transmiten de padres a hijos». Cada una de las copias de los cromosomas homólogos proviene de un progenitor distinto, una del padre (a través del espermatozoide) y otra de la madre (a través del óvulo). La unión de estas dos células germinales provee por tanto de dos copias del material hereditario al embrión. De esta forma, como hemos dicho, cada célula somática contiene dos copias de cada cromosoma (y por tanto dos copias de cada gen), mientras que los óvulos y espermatozoides sólo poseen una ―con la finalidad de que al unirse, otorguen al embrión las dos copias precisas―.

Hay que señalar no obstante que existe una excepción a la regla de las parejas de cromosomas homólogos. Nos referimos a los cromosomas que determinan el sexo.  En el ser humano existen dos cromosomas sexuales, llamados cromosoma X e Y (las mujeres poseen dos cromosomas X homólogos, mientras que los hombres poseen un cromosoma X y otro Y) que no tienen ni el mismo tamaño, ni la misma situación del centrómero ni tampoco el mismo potencial genético. Sin embargo, a la hora de producirse la meiosis (la división celular) se comportan como homólogos para permitir su replicación.

Esta descripción podría hacernos pensar que un embrión tiene los mismos genes repetidos dos veces. Aunque en general es así, sucede en ocasiones que uno de los dos cromosomas homólogos presenta una copia diferente de un gen. Esta diferencia, motivada por la mutación, hace que debamos tener en cuenta el concepto de alelo, esto es, cada una de las formas alternativas de un gen: un organismo diploide (es decir, organismos en cuyas células hay dos copias de cada cromosoma) tiene dos alelos por locus, uno en cada cromosoma homólogo. Los dos alelos pueden ser idénticos o diferentes, y es la combinación de los alelos lo que determina el fenotipo.

Siguiendo a Klug y Cummings (1999) 2 el alelo más frecuente de una población, o el que arbitrariamente se designa como normal, se denomina alelo de tipo silvestre.  Este alelo normalmente es el dominante y responsable del correspondiente fenotipo silvestre, y se utiliza como patrón de comparación de todas las mutaciones que se producen en un locus concreto. Siguiendo con las definiciones, el genotipo es la constitución genética exacta de un organismo (el conjunto de genes incluidos en los cromosomas), mientras que el fenotipo está formado por todas las características físicas y bioquímicas visibles o medibles de ese organismo (en términos generales, con fenotipo nos referimos al aspecto externo de cada persona).

Por lo tanto, podríamos decir que en un mundo ideal ―al menos para aquellos que intentan desentrañar  el misterio del funcionamiento de nuestros genes― la expresión o no de un gen (es decir, su activación o inhibición) debería dar lugar a la presencia o ausencia de un determinado rasgo fenotípico (por ejemplo, si un individuo posee el gen que codifica el color de ojos azules, tendrá los ojos azules…) Sin embargo, la realidad nos muestra que el mecanismo de expresión del fenotipo es en realidad mucho más complejo.  No solo existen casos en los que un determinado rasgo sólo se expresa cuando intervienen numerosos genes (lo que llamamos expresión poligénica), o que hay genes cuya función es silenciar la activación de otros genes, sino que hay que tener presente que la expresión de un gen y el fenotipo resultante está determinada por la interacción del genotipo con el ambiente, y esto es importante, no solo el ambiente externo sino también el interno de cada individuo concreto.

En los seres humanos, el grado de pigmentación de la piel, la inteligencia, la obesidad y la predisposición a distintas enfermedades se piensa que están sometidas a alguna forma de control poligénico. Existe por tanto una dualidad: el genotipo que se fija en la fecundación del óvulo determina un rango o abanico de posibles fenotipos, y son los factores ambientales los que determinan en definitiva cuál de esas distintas opciones es la que se expresará finalmente.  Sobre esto ahondaremos más adelante.

Los gemelos entran en acción

Por todos es conocido el significado de la palabra gemelo.  Llamamos gemelo a cada uno de los individuos engendrados en una misma gestación y que se desarrollan bien a partir de un mismo óvulo que luego se divide en dos (gemelos monocigóticos o idénticos), o de dos óvulos fecundados al mismo tiempo (gemelos dicigóticos, fraternos o mellizos).  La palabra gemelo es un término que se emplea de forma casi exclusiva al referirnos al ser humano aunque la gestación múltiple también se da en algunas especies de animales.  Concretando más aún, entendemos por gemelos idénticos aquellos que comparten exactamente el mismo genotipo ya que provienen de un mismo óvulo (la división del óvulo una vez fecundado por el espermatozoide conlleva que se produzca una copia de la misma carga genética en ambos gemelos); mientras que los mellizos solo comparten entre sí un 50% del genotipo heredado de sus padres (recordemos que han intervenido en la gestación dos espermatozoides diferentes).

Una vez sentado lo anterior, seremos capaces de entender la importancia y utilidad de las investigaciones que se vienen realizando con gemelos. Estudiando tanto el genotipo como el fenotipo de los gemelos idénticos podemos ser capaces de distinguir qué influencia ejercen la herencia y el ambiente en el desarrollo de cada individuo. Así, dado que ambos gemelos comparten el mismo material hereditario, cualquier diferencia que exista entre ellos en su aspecto o en su comportamiento debería estar causada por factores ambientales (véase alimentación, educación, contaminación etc.). Del mismo modo, si dos gemelos idénticos presentan más similitudes entre sí respecto a la forma de desarrollarse una enfermedad que los mellizos, entonces la propensión a esa enfermedad debe tener, al menos, un fuerte componente hereditario.

El primer científico del que tenemos constancia que pensó en la utilidad de estudiar los gemelos para medir la influencia de la herencia fue Sir Francis Galton. Decimos científico, aunque su actividad intelectual abarca tantos campos diferentes que guarda más parecido con los grandes pensadores y filósofos naturales de la antigüedad.  Primo de Charles Darwin, desarrolló sus trabajos fuera de las cátedras universitarias, dedicando especial atención al estudio del ser humano y sus diferencias individuales.  En este sentido, dedicó un capítulo ―si bien de carácter introductorio― en su obra English men of science: their nature and nurture publicada en 1874.  Propone los términos «nature and nurture» ―que puede traducirse como la dicotomía entre “lo innato” (naturaleza, herencia) y “lo adquirido” (crianza)― para aunar los innumerables elementos de los que está formada la personalidad. Explica que la herencia, lo innato, es todo lo que el hombre trae consigo al mundo; mientras que la crianza, lo adquirido, es toda la influencia del exterior que le afecta desde su nacimiento.  Debemos llamar la atención sobre le hecho de que habla de la herencia y del ambiente en una época en la que no se conocía el funcionamiento de la herencia ni la existencia de los genes.  Recordemos que las leyes genéticas de Mendel no eran conocidas a pesar de haber sido publicados sus descubrimientos en 1866 (no sería hasta el año 1900 cuando fueron redescubiertas y elevadas al conocimiento científico global).

A partir de estos esbozos, dedica un artículo más extenso 3 a exponer su teoría acerca de los gemelos.  Explica que su objetivo es estudiar la historia vital de los gemelos porque ésta proporciona los medios para distinguir entre los efectos de la herencia recibida al nacer, de aquellos rasgos impuestos por las circunstancias de sus vidas; en otras palabras, permite diferenciar los efectos de la herencia y de la crianza.  Hay que criticar el método que empleó para esta investigación ya que presenta innegables problemas: la recopilación de los casos de estudio se hizo mediante el envío de cartas con un cuestionario a gemelos y a personas que mantenían relaciones cercanas con ellos. Con las contestaciones recibidas y los posteriores intercambios epistolares obtuvo los datos que precisaba.  A pesar de esta forma poco objetiva de recopilación de información, alcanzó conclusiones interesantes que se han visto confirmadas en muchos aspectos por los estudios posteriores.

Su principal curiosidad residía en estudiar los gemelos que son muy parecidos en la niñez y la juventud, y que han sido educados juntos durante muchos años para saber si crecieron posteriormente de forma diferente y, si esto fue así, cuáles fueron las causas que, según la familia provocaron esta diferencia.  Obtuvo datos empleando también el método inverso. Investigó la historia vital de los gemelos que eran distintos en la infancia para averiguar hasta dónde se asimilaban bajo la influencia del mismo ambiente, teniendo el mismo hogar, los mismos profesores, los mismos compañeros y, en todos los sentidos, el mismo entorno.

Incluye muchas anécdotas acerca de la vida cotidiana de estas personas y lo sorprendente de algunos casos en los que el parecido entre los gemelos era tal (mismo aspecto físico, tono de voz, forma de carácter etc.) que ni su propia madre era capaz de diferenciarlos. Concluyó afirmando que la herencia prevalece sobre la crianza cuando las diferencias en este último aspecto no superan las que habitualmente se encuentran entre personas del mismo estrato social y del mismo país.

Estos avances supusieron un impulso en el estudio de la herencia que se vio incrementado tras conocerse y comprenderse los trabajos de Mendel sobre genética. Pero los estudios de gemelos dieron un giro inesperado en la década de 1980 tras el descubrimiento de numerosos gemelos idénticos que habían sido adoptados y separados después de nacer.

Notas

  1. Mientras no se indique lo contrario, para las definiciones de los términos científicos se empleará el diccionario: Lawrence, E. (2003), Diccionario Akal de términos biológicos. Madrid: Akal, 687 p.
  2. Klug, W. S. y  Cummings, M. R. (1999), Conceptos de genética. Madrid: Prentice Hall, 840 p.
  3. Galton, F. (1875), «The history of twins, as a criterion of the relative powers of nature and nurture». Fraser´s Magazine, vol. 12, núm. LXVII, p. 566-576.
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