José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
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¿Humanos en América hace 130.000 años? (I)

¿Humanos en América hace 130.000 años? (I)

     Última actualizacón: 11 marzo 2018 a las 14:47

Hace varias semanas se publicó un trabajo en la revista Nature que ha causado un enorme revuelo. Se trata de un nuevo análisis (el primero data de 1995) del yacimiento conocido como «Cerutti Mastodon» por parte de un equipo de investigadores de EE.UU. y Australia. Aseguran haber encontrado pruebas que avalarían la presencia humana en América hace alrededor de 130.000 años. Hasta ahora, tanto las pruebas arqueológicas como genéticas apuntaban a que los primeros colonos del continente americano habrían llegado hace entre 15.000 y 25.000 años. La controversia por tanto está servida.

Dada la relevancia y la trascendencia mediática que ha tenido este asunto, en esta anotación quiero analizar críticamente el artículo y tratar de ponerlo en su contexto para, al final, ofrecer mi punto de vista de la cuestión. Por lo tanto, aún a riesgo de extenderme un poco, voy a ofrecer la información necesaria para que el lector tenga a su disposición los datos relevantes para comprender el estudio y así pueda extraer sus propias conclusiones.

El yacimiento de «Cerutti Mastodon»

En 1992, mientras se llevaban a cabo unas obras para ampliar la autopista del Condado de San Diego (California), el operario de una retroexcavadora desenterró unos huesos enormes. Las obras se paralizaron y se avisó a los paleontólogos del Museo de Historia Natural de San Diego para que se hicieran cargo de documentar el hallazgo antes de retomar los trabajos.

Levantamiento planimétrico del yacimiento.

La estratigrafía del yacimiento de Cerutti (llamado así en honor de Richard Cerutti, el paleontólogo que se encargó de su estudio inicial) nos muestra sedimentos del Pleistoceno 1 depositados por una corriente de agua. En una de esas capas de depósitos, llamada Bed E –de entre 20 y 30 centímetros de espesor– se encontraron los restos de un mastodonte macho adulto y otros fósiles de roedores, aves, reptiles y otros invertebrados terrestres.

Los investigadores detallan que el esqueleto parcial del mastodonte apareció desarticulado y en un área aproximada de 50 m2. No han aparecido todos los huesos, pero destacan los dos colmillos (uno de ellos incrustado verticalmente en el sedimento, lo que probaría según los autores del trabajo su colocación intencionada), tres molares y más de 300 fragmentos de otros huesos. Los fémures estaban rotos, con la cabeza femoral separada del resto del hueso, y presentaban fracturas en espiral hechas al parecer mientras los huesos estaban frescos. Por el contrario, algunas vértebras y costillas, más frágiles, no presentaban fractura alguna. Curiosamente, un molar superior también se halló fracturado en tres partes por percusión.

Como hemos apuntado, los huesos largos, los molares y los colmillos se encontraron muy fragmentados y presentaban marcas que los investigadores afirman son similares a las producidas por un martilleo repetido con herramientas de piedra. Del mismo modo, las partes distales de algunos huesos aparecieron separadas, lo que hace presumir que se extrajo la nutritiva médula de su interior. Los autores insisten además en que la distribución de estos huesos en el yacimiento era inusual si tenemos en cuenta la forma en que se descompone un animal después de morir ya sea por causas naturales o accidentales. Es decir, que la posición de los huesos está alterada.

Para completar el cuadro, junto a los huesos de este animal se encontraron lo que ha sido interpretado como herramientas de piedra: cantos rodados sin trabajar que habrían servido como «martillos» para golpear, y como «yunques» sobre los que se apoyarían los huesos para su fractura. Por ejemplo, los cantos catalogados como CM-281 y CM-114 se interpretan como yunques a partir de las marcas de desgaste y su ubicación dentro del yacimiento. Por otro lado, los cantos identificados como CM-423, CM-7 y CM-383 se interpretan como martillos.

Los múltiples fragmentos de huesos y molares, que muestran signos de percusión, junto con las marcas de los golpes y varias lascas de piedra, apoyan la hipótesis –según los autores del estudio– de que esas fracturas han sido realizadas por el hombre.

Cantos rodados hallados en el yacimiento. a Yunque identificado como CM-281. e-f Martillo de piedra identificado como CM-383.

Por otro lado, el patrón de enterramiento de estos huesos también es diferente al de otros esqueletos hallados en el mismo yacimiento: un caballo y un lobo gigante. Estos esqueletos están más completos, no muestran fracturas en espiral o impactos de percusión y, además, tampoco aparecen cantos rodados junto a ellos.

En definitiva, no se han encontrado pruebas directas de la presencia humana, sino que la conclusión de los investigadores se basa en pruebas indirectas: el descubrimiento de restos óseos de un mastodonte con evidencias de haber sido manipulados con unas herramientas de piedra que han aparecido junto a los mismos.

Datación

La fecha que se adjudica al yacimiento ha sido el detonante de toda la controversia. Los investigadores han aplicado sobre los huesos un método de datación basado en la descomposición de átomos de uranio que ha arrojado una antigüedad de 130.700 años con un margen de error de más o menos 9.400 años. Esa época coincide con el comienzo del último periodo interglaciar, un tiempo cálido y húmedo. Se plantea por tanto que el clima habría facilitado los asentamientos de nuestros antepasados en la región.

¿Quiénes fueron, según los investigadores, los primeros colonizadores de América?

De ser correcta esta hipótesis, es posible que los denisovanos o los neandertales pudieran haber sido los primeros colonizadores de América ya que esas dos especies estaban presentes hace unos 130.000 años. Lo que sería imposible es que Homo sapiens haya tenido algo que ver, ya que su primera salida de África está datada aproximadamente en ese mismo momento.

En cualquier caso, varias especies de homininos deambulaban por Eurasia hace 130.000 años, aunque no hayan desarrollado necesariamente los mismos comportamientos tecnológicos. Además de los mencionados, otro posible candidato para ser el artífice de estas herramientas es Homo erectus.

En cuanto a la forma en que se produjo la entrada al continente, los autores proponen una entrada por la costa utilizando canoas u otro tipo de embarcaciones. A pesar del aumento del nivel del mar durante el último interglaciar, la distancia a América por mar podría estar dentro de las capacidades de las poblaciones humanas en esa época.

En apoyo de esta hipótesis se argumenta que diversos análisis genéticos emparentan a los actuales nativos de la cuenca del Amazonas con las poblaciones indígenas de Asia y Australia quienes, a su vez, están relacionadas con los denisovanos. Por otro lado, estas relaciones genéticas son más débiles o inexistentes con los nativos de centro y norte América. Esto apuntaría a que América fue colonizada en varias oleadas diferentes.

Por último, los datos arqueológicos que sustentarían la versión de una entrada temprana en las Américas provienen de los yacimientos de «Calico Hills» en California, «Pedra Furada» en Brasil y «Old Crow» en el territorio del Yukón. Sin embargo, los investigadores reconocen que las conclusiones publicadas acerca de estos yacimientos están sujetas a importantes críticas, tanto en lo relativo a su datación como a su ocupación efectiva por nuestros antepasados.

 

Continúa…

  1. Esta época geológica va desde hace 2 millones de años hasta hace 10.000 años. La secuencia del yacimiento tiene 12 metros de espesor en total
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Siete días … 5 a 11 de junio (Jebel Irhoud)

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     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:51

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¿La oveja Dolly envejeció prematuramente?

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Nuevos fósiles en el yacimiento marroquí de Jebel Irhoud

Un equipo de científicos ha descubierto en el yacimiento de Jebel Irhoud restos humanos de 300.000 años, que atribuyen a los orígenes de nuestra especie. Hasta ahora, los primeros Homo sapiens aparecían de repente en la historia, como caídos en un paracaídas hace 195.000 años sobre algunos puntos de Etiopía.

Referencias:

-Noticia en  Materia (El País).

-Noticia en Investigación y Ciencia.

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¿La oveja Dolly envejeció prematuramente?

¿La oveja Dolly envejeció prematuramente?

Hace escasos tres meses que se han cumplido 20 años de un anuncio que conmocionó a la opinión pública, y a la comunidad científica en particular. La oveja Dolly, el primer animal clonado a partir de una célula adulta, nacía el 5 de julio de 1996 en el Instituto Roslin de Edimburgo. Dolly, criada en las instalaciones del Instituto junto con decenas de ovejas de diferentes razas, permaneció en un apacible anonimato –motivado por las gestiones para obtener las patentes relacionadas con la técnica empleada– hasta la rueda de prensa multitudinaria que se celebró en el Instituto el 22 de febrero de 1997, días antes de la publicación del artículo científico que dada cuenta de los detalles en la revista Nature el 27 de febrero 1. Desde ese momento, tres nombres entraron en los libros de historia: Dolly, Ian Wilmut y Keith Campbell.

El Instituto Roslin se dedicaba por entonces a investigar todo lo relacionado con los grandes animales de granja, desde su biología molecular, pasando por su genética, embriología, reproducción y desarrollo, hasta su crecimiento y, por supuesto, su bienestar. A pesar de que tanto el Instituto como otras empresas llevaban bastante tiempo trabajando en diferentes técnicas de clonación y habían obtenido resultados positivos, el caso particular de la oveja Dolly desató una oleada de reacciones. Y como era de esperar, los medios de comunicación se lanzaron sobre la noticia con vivo interés.

Un periódico norteamericano publicó que Dolly era carnívora y que se había comido a varias ovejas de su recinto; mientras que el semanario Der Spiegel ilustró la noticia 2 en portada con un regimiento de Hitlers, como si la técnica de clonación desarrollada por los investigadores permitiera una duplicación exacta, una especie de resurrección, de cualquier organismo.

A raíz de la tormenta desatada, en marzo de ese año el presidente norteamericano Bill Clinton impuso una moratoria de cinco años para todos los experimentos de clonación con humanos llevados a cabo en Estados Unidos, ya fueran financiados con fondos públicos o privados.

¿Cómo se logró la clonación?

El enorme interés que despertó el anuncio del nacimiento de Dolly no tuvo tanto que ver con la clonación en sí –ya se habían clonado con éxito distintas especies de animales antes– sino con la técnica utilizada: «transferencia nuclear de células somáticas3». Vamos a explicar cómo lo lograron:

El ADN empleado provenía de una célula epitelial extraída de la glándula mamaria de una oveja adulta. Concretamente, en marzo de 1995 se sacrificó una oveja de raza Finn-Dorset de seis años de edad que se encontraba en la fase final de gestación, por lo que sus células mamarias estaban preparándose para la lactancia. Estos tejidos se congelaron y fueron los utilizados como ADN donante 4.

El paso siguiente consistió en cultivar esas células y mantenerlas durante cinco días privadas del factor de crecimiento. Este constituye un paso esencial, ya que las coloca en estado quiescente (fase G0) donde se produce su reprogramación, consiguiendo que la célula adulta se convierta en una célula totipotente, es decir, con capacidad de dividirse y dar lugar a un nuevo organismo.

Acto seguido se fusiona esa célula cultivada con ovocitos enucleados de otra oveja por medio de una corriente eléctrica 5 para «reconstruir» un embrión. Éstos se introducen en ovejas receptoras temporales, se recuperan cuando han comenzado a dividirse y luego se transfieren finalmente a las madres sustitutas donde se desarrollan hasta convertirse en nuevas ovejas.

Según hemos ido explicando el proceso, vemos que se necesitan un total de cuatro grupos diferentes de ovejas para esta técnica: un grupo de ovejas proporciona ovocitos que, una vez enucleados, se convierten en los citoplastos 6 receptores del ADN donante. Otro grupo facilita los embriones, cuyas células son cultivadas para proporcionar los carioplastos 7, es decir, los núcleos donantes. Un tercer grupo actúa como receptoras temporales, incubando dentro de sus oviductos los embriones recién reconstruidos hasta que llegan a la etapa de blastocisto 8. El cuarto grupo opera como verdaderas madres sustitutas: los blastocistos son entonces transferidos a sus úteros, donde se desarrollan y nacen las crías.

En el experimento se emplearon distintas técnicas —no  solo la transferencia nuclear de células somáticas— que dieron lugar al nacimiento de siete ovejas sanas: cuatro procedían de células embrionarias cultivadas (a partir de discos embrionarios de nueve días 9 llamadas Cedric, Cyril, Cecil y Tuppence); dos de fibroblastos fetales cultivados (a partir de fetos de ovejas de raza Welsh Black de 26 días llamadas Taffy y Tweed) y, por último, Dolly –que acaparó toda la atención debido a la novedosa técnica empleada– que nació a partir de células mamarias cultivadas.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que sólo 1 de los 277 embriones iniciales preparados mediante transferencia nuclear de células somáticas soportó todo el desarrollo y dio lugar al nacimiento de una oveja viva. Es decir, que el resultado de aplicar esta técnica novedosa fue de un éxito entre 277 intentos. Aun así, los investigadores se sorprendieron de que el experimento siquiera funcionase. Ahora parece evidente que si ninguno de los 277 embriones hubiera llegado a término, la ciencia habría descartado como imposible la posibilidad de clonar un animal a partir de células adultas. Wilmut y Campbell por su parte reconocieron que de haber sido ese el resultado no habrían vuelto a intentar la técnica.

Cuestión de edad

El nacimiento de Dolly demostró que era posible transferir el ADN extraído de una célula adulta a un ovocito sin fecundar y engendrar un animal genéticamente idéntico al donante, es decir, se demostró que era posible la clonación de un animal a partir de células diferenciadas. Como hemos visto, Dolly fue clonada a partir de una célula de una oveja de 6 años de edad, y la pregunta que muchos se formularon era si las células de Dolly eran las mismas de un animal joven o deberíamos añadir seis años a su edad biológica. La cuestión tiene relevancia porque se descubrió que los telómeros de las células de Dolly eran más cortos de lo esperado (los telómeros, los extremos de los cromosomas, tienen una longitud finita que se reduce con cada división celular hasta que la célula muere, de ahí que sean considerados marcadores o temporizadores para la edad de un organismo).

Dolly murió a los seis años y medio, cuando las ovejas de la raza Finn-Dorset alcanzan los nueve años o más de edad por término medio. Cuando el equipo del Instituto Roslin decidió sedar y sacrificar a Dolly para evitarle sufrimientos innecesarios, todo el mundo comenzó a cuestionar la viabilidad de la técnica de clonación y afirmaron que había muerto de forma prematura, que los animales clonados presentaban una menor esperanza de vida.

Sin embargo, Dolly no murió por una enfermedad asociada con la edad, sino por una enfermedad vírica que afectó a todo el rebaño y que le hizo desarrollar cáncer de pulmón. Es cierto que sufrió de artritis en las rodillas a los cinco años que curó aplicando un tratamiento con antiinflamatorios, pero como varios investigadores han puesto de manifiesto, cualquier oveja criada bajo techo y alimentada de la forma en que lo estuvo Dolly habría sufrido también problemas articulares.

En cualquier caso, los investigadores llevan más de dos décadas tratando de resolver los misterios del envejecimiento de los clones.

Los nuevos datos

Así las cosas, resulta muy pertinente un trabajo publicado hace unos meses que trata de arrojar luz sobre esta esquiva cuestión, ya que hasta ahora no había evaluaciones detalladas de las enfermedades no transmisibles de aparición tardía. Para ello, Kevin Sinclair y su equipo de colaboradores –entre los que se encontraba el prematuramente fallecido Keith Campbell, a quien se homenajea con este trabajo– ha examinado a cuatro de los clones de Dolly (por nombres Debbie, Denise, Dianna y Daisy) a lo largo de su vida. Decimos que son clones de Dolly porque las cuatro ovejas procedían del mismo lote de células congeladas del que nació aquella. Además, para completar la muestra de estudio, los investigadores realizaron el mismo seguimiento a otras nueve ovejas clonadas de razas diferentes. Estos trece animales tienen ahora más de 9 años (como hemos señalado, cerca de su máxima esperanza de vida) y todas gozan de buena salud.

El estudio publicado en Nature Communications confirma que los cuatro clones de Dolly no sufren artritis, diabetes, dolencias cardiovasculares u otro trastorno asociado a la edad.

El trabajo ha consistido en realizar evaluaciones musculoesqueléticas, pruebas metabólicas y medidas de presión arterial en las trece ovejas clonadas. Además, se realizaron exámenes radiológicos de todas las articulaciones principales, incluyendo las rodillas –la articulación más afectada por la osteoartritis en Dolly. Todos los datos obtenidos se compararon con los obtenidos para grupos de ovejas no clonadas.

Es importante destacar que, a pesar de su edad avanzada, ninguno de los clones mostró signos clínicos de enfermedad, siendo euglicémicas, insulino sensibles y normotensivas. Ningún animal sufría cojera a pesar de que la mayoría mostraba evidencias radiográficas de osteoartritis leve en una o dos articulaciones, como por otro lado cabría esperar en las ovejas de esa edad. Ninguna precisó tratamiento para esas molestias articulares.

Como hemos apuntado, en ausencia de animales de control de idénticas características a los sometidos a estudio (por edad, por el genotipo y el ambiente donde éstas se han criado), los investigadores siguieron estos parámetros como comparativa:

  • Un grupo contemporáneo de ovejas de seis años de edad que fueron criadas junto con los clones y sometidas a las mismas evaluaciones metabólicas y cardiovasculares
  • Los rangos de referencia publicados en estudios veterinarios previos para los niveles de glucosa en sangre
  • Radiografías pélvicas de ocho ovejas sanas de 5 años de edad
  • Y, por último, otros trabajos científicos disponibles –debidamente reseñados en la bibliografía.

Conclusiones

Algo que tanto Ian Wilmut como Keith Campbel dejaron claro desde la publicación de su trabajo pionero allá por mediados de los años 90 es que la clonación es un procedimiento mucho menos eficaz que la reproducción natural o la fecundación in vitro. Sólo un 1% de las veces que se transfiere un óvulo se consigue que nazca una oveja y sobreviva a sus primeros días. De hecho, esta baja tasa de éxitos llevó al Instituto Roslin a abandonar esta técnica de clonación.

Sin embargo, los trabajos con animales clonados, y concretamente en este caso, el estudio de su envejecimiento, nos permiten afirmar que si un animal clonado sobrevive a la gestación y goza de buena salud durante las primeras semanas de vida, tendrá las mismas posibilidades que otros animales de su raza nacidos de forma natural, y envejecerán del mismo modo.

Si tomamos una célula de un animal de cualquier edad e introducimos su núcleo en un óvulo maduro no fertilizado, los datos actuales apuntan a que podemos obtener un animal que nace con una esperanza de vida igual a los gestados de forma natural. La relación entre la longitud de los telómeros, la salud y la longevidad en organismos multicelulares es bastante compleja y aún no hemos desentrañado todos los misterios. Ahora sabemos que la restauración de la longitud de los telómeros está dictada por intrincadas alteraciones epigenéticas de la cromatina, cuya variación podría explicar las discrepancias entre las especies, y los tipos de células donantes dentro de las especies.

Lo que los científicos sospechan es que parece haber un mecanismo natural incorporado a los óvulos que es capaz de rejuvenecer una célula, así que por ese camino irán los futuros trabajos de investigación.

 

Referencia

Sinclair, K. D., et al. (2016), «Healthy ageing of cloned sheep». Nature communications, vol. 7, p. 12359.

Lee el artículo aquí.

Más información

Wilmutt, I.; Campbell, K. y  Tudge, C. (2000), La segunda creación: de «Dolly» a la clonación humana. Barcelona: Ediciones B, 388 p.

Wilmut, I., et al. (1997), «Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells». Nature, vol. 385, núm. 6619, p. 810-813.

The Life of Dolly. Página web del Instituto Roslin.

Notas

  1. Mediante una carta a la revista que llevaba por título Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells. Puedes leerla aquí.
  2. Puedes descargar el artículo (en alemán) aquí.
  3. SCNT, por las siglas en inglés de somatic cell nuclear transfer.
  4. Como curiosidad señalaremos que en principio no estaban destinados para su uso en la clonación de Dolly, pero por la pérdida de una línea celular se eligieron como «repuestos» de última hora.
  5. Digo que son ovocitos enucleados aunque se hallan detenidos en mitad de la meiosis y por lo tanto, estrictamente hablando, no tienen núcleo ya que en esa fase la membrana nuclear se ha roto. Los ovocitos empleados en la clonación de Dolly fueron aportados por ovejas Scottish Blackface para confirmar a simple vista que no habían aportado ningún gen a la nueva oveja.
  6. En este contexto, un citoplasto es una célula enucleada (es decir, sin núcleo, solo el citoplasma) que se utiliza para recibir un nuevo núcleo (donante) en el proceso de transferencia nuclear.
  7. Un carioplasto es un núcleo donante, con mayor o menor cantidad adherida de citoplasma, que pasa a un nuevo citoplasma en la transferencia nuclear.
  8. Un blastocisto es un embrión que se encuentra en la etapa en que es una pelota de células, más avanzado que una mórula. En el caso por ejemplo de los embriones humanos logrados por fecundación in vitro, éstos pasan de cigoto a blastocisto en una placa de cultivo y luego son transferidos directamente a las madres que los gestarán y parirán.
  9. El disco embrionario está formado por células de la masa interior celular, realmente el comienzo de un nuevo animal en los blastocistos avanzados.
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¿Cuántas pruebas han encontrado los científicos acerca de la evolución humana?

¿Cuántas pruebas han encontrado los científicos acerca de la evolución humana?

Hay tantos fósiles que nadie sabe el número total. Y esto es sólo el comienzo.

No sé cuántos fósiles de homininos hay en el mundo. No hay una tabulación. El ritmo de los descubrimientos ahora es demasiado rápido para seguirlo. Cada año de la última década, los antropólogos han desenterrado cientos de fósiles de especies y poblaciones extintas de homininos.

En 2012, el conjunto de homininos de la Sima de los Huesos, cerca de Burgos, España, ascendía a más de 6.500 ejemplares de al menos 28 individuos. En cada campaña se recuperan muchos más fósiles. En Sudáfrica, la muestra de homininos de [la cueva] Rising Star asciende hoy a más de 2.000 especímenes de al menos 18 individuos. Este depósito de fósiles de homininos era completamente desconocido hasta 2013. Sólo en dos cuevas, hay cerca de 9.000 ejemplares de homininos fósiles.

Hay muchos otros yacimientos con cientos de especímenes cada uno. Uno de mis favoritos es Krapina, Croacia, que conserva los restos de más de 30 neandertales que vivieron hace unos 120.000 años. Hadar, Etiopía, es una gran área de sedimentos depositados por antiguos ríos y lagos hace entre 2,3 y 3,6 millones de años. Los paleoantropólogos han desenterrado allí cientos de ejemplares de fósiles de hominino durante los últimos 45 años, incluyendo el famoso esqueleto de «Lucy». Sterkfontein es un sistema de cuevas de Sudáfrica con varios depósitos que contienen homininos fósiles, junto con otras criaturas. Hasta la fecha, se han encontrado más de 600 especímenes en las cuevas de Sterkfontein. Los antiguos depósitos de fósiles alrededor del lago Turkana, Kenia, que incluye áreas conocidas como Koobi Fora, Ileret, Nariokotome, Lomekwi y Kanapoi, también han generado cientos de ejemplares de homininos fósiles.

El Museo Nacional de Historia Natural [de EE.UU.] informa que el registro de fósiles de homininos incluye los restos de más de 6.000 individuos. Contando sólo los esqueletos de humanos modernos con una antigüedad mayor de 10.000 años, creo que ese número es conservadoramente bajo.

Por supuesto, el número total de fósiles depende de cómo los contemos. Los esqueletos parciales hacen que este desafío sea especialmente claro. Los fósiles de homininos de la garganta de Olduvai se han numerado por individuos, hasta «Olduvai Hominid 82». Algunos de esos individuos se conocen únicamente por un diente aislado. Otros son esqueletos parciales compuestos por decenas de fragmentos, como OH 62.

Algunos yacimientos, como las localidades fósiles de la región de Omo Shungura en el sur de Etiopía, presentan fragmentos de un gran número de individuos homininos que vivieron durante muchos miles de años, sin esqueletos parciales. Casi cada fósil diminuto o un puñado de dientes conforma otro individuo. Puede que no sepamos mucho sobre cada uno, pero podemos entender algo acerca de cómo varían.

Esqueletos MH2 y MH1 de Malapa, Sudáfrica. Créditos: Lee Berger

Otros yacimientos son conocidos por sus esqueletos parciales. Malapa tiene dos, con más individuos representados por huesos que todavía están en la roca. Los grandes yacimientos de neandertales de Francia, Bélgica, España, Italia y Alemania: La Ferrassie, La Chapelle-aux-Saints, Spy, Le Moustier, Sima de las Palomas, Altamura, cueva Feldhofer, Monte Circeo. Los yacimientos del Cercano Oriente: Skhūl, Tabun, Kebara, Amud, Qafzeh, Dederiyeh, Shanidar. La lista sigue y sigue, y cada yacimiento cuenta con esqueletos parciales de individuos de poblaciones que ya no existen. Los esqueletos son esenciales para entender cómo diferentes partes del cuerpo estaban sujetas a diferentes historias adaptativas y no adaptativas. Cuando nos fijamos en períodos anteriores a hace un millón de años, los yacimientos fósiles con esqueletos se vuelven mucho más excepcionales, pero quedan algunos: Malapa, Nariokotome, Aramis, Dmanisi, Sterkfontein, Hadar, Woranso-Mille, la garganta de Olduvai y Koobi Fora. Su importancia es evidente, da igual cómo contemos las piezas.

Los antropólogos han tenido durante mucho tiempo una fijación con el cráneo. Hay más de 200 cráneos relativamente completos de homininos distintos de los humanos modernos. Algunos yacimientos, como Sangiran y Ngandong en Indonesia, y Zhoukoudian, China, son conocidos principalmente por su conjunto de cráneos, contando cerca de una docena en cada uno de ellos, aunque otros huesos del esqueleto también se han encontrado en estos lugares. Un esqueleto parcial se asocia con los restos de uno de los cráneos humanos más antiguos de África; para otros yacimientos como Jebel Irhoud, Marruecos, Laetoli, Tanzania y Herto, Etiopía, los cráneos han sido el foco principal.

Una vez que te das cuenta de cuántas pruebas de la evolución provienen de los humanos modernos, casi no hay fin. Las colecciones de investigación de esqueletos de humanos modernos suman cientos de miles de individuos en todo el mundo. Cada zanja que se abre en una carretera o para poner los cimientos de  un edificio presenta la ocasión de tropezar con restos humanos antiguos. Cuando esto sucede, muchos de estos restos arqueológicos son estudiados por científicos y conservados en colecciones.

Moldes de cráneos de homininos exhibidos en el Museo Nacional de Historia Natural. Créditos Lenny Flank (CC)

Los grandes museos de historia natural del mundo, muchos de ellos fundados a finales del siglo XIX, tenían la misión de documentar las pruebas de la variación humana en todo el mundo. En aquellos días, expediciones y excavaciones recolectaron decenas de miles de cráneos contemporáneos de todo el mundo. Charles Darwin sólo tocó un fósil de neandertal, pero él y otros antropólogos de su tiempo sabían mucho acerca de la variación entre los seres humanos de todo el mundo, permitiendo que Darwin planteara algunas hipótesis sobre la evolución humana que todavía aceptamos hoy, y otras que la evidencia fósil ha rechazado. Muchas de esas enormes colecciones de huesos humanos todavía existen y hoy, científicos como yo, los estudiamos para documentar la evolución reciente de las poblaciones humanas. He estudiado miles en mi trabajo.

Los cambios que vemos en los esqueletos de las poblaciones de los últimos 10.000 años fueron algunos de los descubrimientos científicos más antiguos de la antropología. Estos resultados han sido rejuvenecidos por el estudio del ADN antiguo recuperado de los huesos, lo que ha confirmado algunos cambios evolutivos muy rápidos en ese lapso de tiempo relativamente corto.

El ADN antiguo ha transformado la cantidad de las pruebas de algunos yacimientos fósiles. Un yacimiento con escasísimos y fragmentarios restos esqueléticos, la cueva de Denisova en Rusia, conserva el ADN antiguo con una fidelidad superior a cualquier otro yacimiento de esa antigüedad, que se extiende desde 30.000 a 100.000 años atrás. En 2014, Matthias Meyer y sus colegas recuperaron datos de ADN de un pequeño fragmento de hueso de un dedo conocido como «Denisova 3». Contar estas pruebas es como contar las hojas de un millón de árboles.

Los descubrimientos transformadores del ADN demuestran que la prueba de nuestra evolución no está sólo en buscar fósiles, sino que nos obliga a mirar dentro y más allá de los fósiles. Ahora los científicos están buscando no sólo pruebas en el ADN, sino también en las proteínas antiguas, la epigenética y otros rastros bioquímicos. Para  someter a prueba hipótesis con tales evidencias, debemos conocer tanto o más acerca de la biología de los seres humanos vivos como de la de nuestros parientes primates. Hoy en día, algunas preguntas acerca de los parientes antiguos de los humanos no están limitadas por los fósiles, sino que están limitadas por lo poco que sabemos sobre el funcionamiento de la biología humana.

Así que ya ve, no hay una respuesta simple acerca de cuántas pruebas hemos encontrado sobre la evolución humana. Hay muchísimas, en cierto sentido más de las que podemos contar. La última vez que los científicos intentaron generar un compendio con información básica sobre los restos fósiles de los yacimientos importantes, llegó a cuatro volúmenes que abarcaban más de 1.800 páginas. Eso fue hace más de diez años.

Algunos antropólogos dicen que no necesitamos más pruebas, sino mejores formas de usar las evidencias que hemos encontrado. Yo digo que si eso fuera cierto, entonces los descubrimientos fósiles de la última década deberían habernos dado más de las mismas cosas que ya habíamos visto.

En vez de eso, la exploración científica sigue generando descubrimientos verdaderamente inesperados. Hemos encontrado nuevas poblaciones antiguas, tanto con nuevos descubrimientos fósiles como con genomas. Hemos encontrado rizos de nuestra ascendencia genética en lugares inesperados, y homininos fósiles con formas que nunca imaginamos. El pasado no es el mundo cómodo con el que crecí leyendo los libros de Time-Life en los años setenta. Es extraño y nuevo, y cambiante.

Debemos seguir explorando para conseguir más.

 

Traducción autorizada de la anotación publicada por John Hawks en Medium bajo el título How much evidence have scientists found for human evolution?

 

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Siete días … 1 a 7 de mayo (Bantúes y PoS)

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     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:49

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Reseña: El ojo desnudo

NOTICIAS CIENTÍFICAS

El genoma de los bantúes

Investigadores han utilizado el análisis genético para modelar los caminos de la migración y los patrones de mezcla de personas de habla bantú con el fin de saber cómo se diseminaron a través de África. Sus resultados revelan cómo los pueblos de habla bantú que a día de hoy representan un tercio de los africanos subsaharianos, alcanzaron variaciones genéticas asociadas con la resistencia a la malaria y la digestión de la lactosa, además de arrojar luz sobre la diversidad genética de los afroamericanos modernos.

Referencia: Patin, E., et al. (2017), «Dispersals and genetic adaptation of Bantu-speaking populations in Africa and North America«. Science, vol. 356, núm. 6337, p. 543-546.

Lee el artículo aquí.

Entrevista en El Método: La historia genética de los pueblos Bantú

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