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Nuevas dataciones en las cuevas Bluefish. Datos para la colonización de América.

Nuevas dataciones en las cuevas Bluefish. Datos para la colonización de América.

     Última actualizacón: 24 febrero 2019 a las 16:55

Ya he publicado con anterioridad varias anotaciones relativas a la forma en la que se produjo el poblamiento de América (si te interesa, puedes leer ¿Quiénes fueron los primeros pobladores de América? y ¿Cómo llegaron nuestros antepasados a América?) pero cada cierto tiempo surgen nuevos estudios, y cada nueva propuesta trae consigo un encendido debate.

Ahora, un estudio recientemente publicado en la revista PLoS ONE 1 ofrece nuevos datos que pretenden arrojar nueva luz para conocer mejor tanto la posible ruta de entrada en el continente americano como el momento en que ésta se produjo.

Introducción

Las pruebas arqueológicas sugieren que la primera colonización de América del norte se inició hace alrededor de 14.000 años AP (nos referiremos siempre a fechas calibradas), es decir, bastante tiempo después del Último Máximo Glacial, la época de máxima extensión de las capas de hielo durante el último período glacial, cuya duración aproximada fue entre hace 18.000 y 28.000 años AP.

Sin embargo, Lauriane Bourgeon y Ariane Burke (del departamento de antropología de la Universidad de Montreal) y Thomas Higham (del Oxford Radiocarbon Accelerator Unit de la Universidad de Oxford) proponen en este artículo una nueva datación mediante radiocarbono de unos huesos de animales que presentan marcas de corte que los investigadores atribuyen al uso de herramientas por parte de nuestros antepasados.

Estos restos óseos –y otros artefactos asociados– fueron recuperados en el yacimiento conocido como cuevas Bluefish (Yukón, Canadá). Provienen de unas excavaciones dirigidas por el arqueólogo Jacques Cinq-Mars entre 1977 y 1987, que han permanecido almacenadas en el Museo Canadiense de Historia en Gatineau, Quebec. En aquel entonces, Cinq-Mars y su equipo concluyeron que las cuevas Bluefish mostraban pruebas de un uso humano ocasional hasta hace 30.000 años. Esa datación era mucho más antigua que cualquier otro yacimiento descubierto en todo el continente americano, por lo que las conclusiones de Cinq-Mars fueron muy discutidas, y las tres pequeñas cuevas quedaron fuera de las discusiones sobre el poblamiento de las Américas.

El yacimiento se compone de un total de tres pequeñas cavidades kársticas que no superan los 30 m3 de volumen en total, cuya estratigrafía contiene una capa de loess (Unidad B) de hasta un metro de espesor, depositada en el lecho rocoso (Unidad A) y recubierta por una capa de humus mezclada con restos crioclásticos 2 (Unidad C) y finalmente una moderna capa de humus (Unidad D). En cuanto al material recuperado, se extrajeron artefactos líticos del loess de la cueva I (MgVo-1) y de la cueva II (MgVo-2); y también se obtuvieron abundantes restos de fauna de las tres cuevas.

Perfil estratigráfico de la cueva Bluefish II

Los resultados de la datación que se publica en este nuevo trabajo apoyarían la hipótesis de que los seres humanos ocupaban el yacimiento hace 24.000 años AP (dando validez a la afirmación que hiciera en su día Cinq-Mars) y otorgaría automáticamente a las cuevas Bluefish el título del yacimiento más antiguo de América. Además, el hecho de que nuestros antepasados habitaran la región en una época tan temprana daría respaldo al modelo de ocupación del continente conocido como «parada en Beringia» (o Beringian standstill hypothesis, también llamado modelo de incubación en Beringia), que propone que una población genéticamente aislada sobrevivió en Beringia durante el Último Máximo Glacial, dispersándose desde allí hacia el sur durante el periodo más cálido posterior. Este modelo de colonización se ha visto reforzado por estudios genéticos recientes que sugieren que algunas poblaciones superaron las condiciones hostiles del Último Máximo Glacial en una situación de aislamiento en la relativamente hospitalaria Beringia antes de desplazarse al interior de Norteamérica cuando las condiciones mejoraron. Las pruebas arqueológicas de su presencia, que hasta ahora eran esquivas, podrían provenir de este yacimiento tanto tiempo denostado.

Además, aunque parezca osado sostener que nuestros antepasados pudieran haber soportado un clima tan extremo, unos hallazgos arqueológicos recientes dan muestra de la capacidad del ser humano para adaptarse a ambientes árticos desde hace al menos 45.000 años. Los yacimientos del río Yana en Siberia demuestran que nuestros antepasados llegaron a la parte occidental de Beringia hace 32.000 años.

Sin embargo, en la parte oriental de Beringia –ya dentro del continente americano– sólo contamos con los yacimientos confirmados del valle Tanana (en el interior de Alaska), Swan Point, Broken Mamooth, Mead y el yacimiento Little John en el territorio del Yukón. Estos yacimientos no tienen una antigüedad mayor de 14.000 años. Por lo tanto, el único candidato por ahora para una ocupación temprana de Beringia, en pleno Último Máximo Glacial (recordemos que se dio hace entre 18.000 y 28.000 años) es el yacimiento controvertido de las cuevas Bluefish.

Los datos

La presencia de nuestros antepasados en estas cuevas no ha podido verificarse directamente al no haberse encontrado restos humanos en ellas. El método indirecto empleado para sostener que hubo presencia humana en la zona ha sido el hallazgo tanto de herramientas como de unos huesos de animales con lo que parecen ser marcas de corte por al uso de esa industria lítica y de hueso.

En un artículo publicado en 2015 por una de las investigadoras 3 se llevó a cabo un análisis de los restos de fauna hallados en la cueva II, y concluyó que los humanos habían contribuido «parcialmente» a la modificación del material óseo. Lo que hacen ahora es ampliar ese análisis a los restos de la cueva I para buscar señales indiscutibles de actividad humana y ofrecer nuevas dataciones, más precisas y fiables, de los huesos que muestran marcas de corte en ambas cuevas.

Por lo tanto, para afirmar que nuestros antepasados habitaron la región hace 24.000 años, los investigadores han tenido que responder de forma afirmativa a las siguientes cuestiones:

  • ¿Las piedras y herramientas de hueso con bordes cortantes halladas en el yacimiento son indiscutiblemente herramientas fabricadas por el hombre?
  • ¿Las marcas que presentan los huesos de animales hallados en el yacimiento se han producido indiscutiblemente por esas herramientas?
  • ¿Se han podido datar estos elementos (herramientas y huesos con marcas) y han arrojado una antigüedad de 24.000 años?

Vamos a analizarlas una a una:

Las herramientas

Las herramientas líticas (unas cien aproximadamente, sumando todas las tipologías) se extrajeron de la Unidad B de la cueva II, y aunque no se han podido datar con precisión, su tipología es similar a la cultura Dyuktai que apareció en el este de Siberia hace alrededor de 22.000 o 20.000 años AP.

En la cueva I se han encontrado también artefactos de este tipo, aunque la inmensa mayoría son de un tamaño tan pequeño (entre 1 y 3 mm) que no pueden considerarse más que como restos de talla en el mejor de los casos. Por su parte, las muestras más grandes apenas sobrepasan los 12 mm, por lo que no podemos decir que se hayan encontrado las herramientas de piedra empleadas para realizar los cortes en los huesos.

Ejemplos de industria lítica recuperada en las cuevas Bluefish.

Además de esta industria lítica, los investigadores refieren la existencia de varios huesos que han sido modificados para utilizarse como herramientas y que ya fueron datados en 1990. En este sentido, las fechas más antiguas sugeridas para la ocupación humana de la cueva II se basan en una tibia de caribú fechada en 24,820 ± 115 C14 años AP (código de referencia RIDDL-226) y otro fragmento de un hueso largo de mamut lanudo con su núcleo que arrojaron una datación de 23.910 ± 200 C14 AP (referencia RIDDL-224) y 23.200 ± 250 C14 AP (referencia RIDDL-225) respectivamente.

Las marcas de los huesos

Los autores reconocen que para poder identificar correctamente los huesos culturalmente modificados (como se denomina a los huesos manipulados por el hombre) se hace necesario un análisis tafonómico completo. Así, el contexto sedimentario y geológico de un yacimiento arqueológico es de crucial importancia. Como se ha indicado más arriba, el material recuperado en las cuevas Bluefish deriva de loess, es decir, de un sustrato formado por partículas finas de limo eólico que no producen arañazos en los huesos, aunque sí superficies pulidas. Por otro lado, los restos crioclásticos incorporados en el loess sí podrían haber desgastado las superficies óseas. Por último, es evidente que cualquier desprendimiento de rocas han podido modificar los huesos, produciendo estrías y patrones de rotura ósea.

Esto desde el punto de vista geológico. Por otro lado, la actividad de los carroñeros también puede dejar marcas en los huesos similares a las que dejaría el ser humano, aunque ojos expertos sí pueden ver un patrón de desgaste característico de los animales que permite distinguir la manipulación humana.

Pues bien, en orden a identificar correctamente los huesos manipulados por nuestros antepasados, los investigadores confeccionaron una lista con seis criterios morfológicos que nunca se dan en los huesos modificados por procesos naturales. De un total de 36.000 huesos de mamíferos recuperados en los yacimientos y analizadas en este estudio, se seleccionaron 15 muestras (10 en la cueva I y 5 en la cueva II) que reunían todas las características morfológicas atribuidas a la actividad humana; más otras 20 muestras con «probables» modificaciones humanas.

La datación

Seis de estas muestras fueron finalmente remitidas al laboratorio para su datación mediante la técnica de espectrometría de masas con acelerador. Los resultados obtenidos oscilan entre una antigüedad de 10.490 ± 55 C14 AP y 19.650 ± 130 C14 AP, es decir, entre 12.000 y 24.000 AP una vez calibrados los resultados.

Ejemplar J7.8.17, correspondiente a la parte de una mandíbula de caballo.

La fecha más antigua obtenida (19.650 ± 130 C14 AP, código de muestra OxA-33778) es la de una mandíbula de caballo (J7.8.17) de la cueva II. Este resultado coincide con la posición estratigráfica del hueso en el yacimiento, ya que se localizó en la parte basal del loess, a una profundidad de 142 cm. Por desgracia, la profundidad exacta a la que se encontraron los otros especímenes óseos datados en esta investigación no ha podido establecerse con los datos registrados en la excavación original llevada a cabo por el equipo de Cinq-Mars, aunque la gran mayoría del material proviene de las capas inferiores de loess en ambas cuevas.

En la cueva I, otros tres huesos han sido datados al final del Pleistoceno, ca. 22.000 – 15.000 años AP (un húmero de caballo (J7.1.1), un metatarsiano de caballo (K8.1.13) y un metacarpiano de caribú (K8.1.27).

Tabla que recoge las dataciones de los nuevos especímenes.

Conclusión

Mientras que los yacimientos del río Yana aportan pruebas de la presencia humana en el oeste de Beringia hace cerca de 32.000 años AP, los yacimientos de las cuevas Bluefish demostrarían que nuestros antepasados habitaron –aún de forma ocasional– el este de Beringia durante el UMG, por los menos hace 24.000 años AP.

Este resultado proporcionaría el apoyo arqueológico que necesitaba la hipótesis de la «parada en Beringia», también llamado modelo de incubación en Beringia.

A pesar de todo, no todo el mundo está convencido. El arqueólogo de la Universidad de Alaska en Fairbanks, Ben Potter afirma que la investigación es interesante pero que el pequeño número de huesos con marcas, y la falta de pruebas claras de que las herramientas halladas en la cueva causaran los cortes arrojan muchas dudas.

Hace más de una década que se plantean críticas como esta. Hemos apuntado que en la cueva II se encontraron restos óseos que han sido interpretados como herramientas. Sin embargo, en los niveles donde se hallaron los huesos con marcas de corte no han aparecido estas herramientas. Además, tenemos que recordar que la llamada industria lítica está formada por microfragmentos líticos (supuestamente restos de talla) que podrían tener un origen natural, y haber quedado acumulados por procesos eólicos.

Por lo tanto, debemos ser cautos y esperar pruebas más claras de nuevos yacimientos y futuras investigaciones. Aunque nada impide que disfrutemos con cada nueva hipótesis.

Referencias

Bourgeon, L.; Burke, A. y  Higham, T. (2017), «Earliest human presence in North America dated to the Last Glacial Maximum: new radiocarbon dates from Bluefish Caves, Canada». PLoS ONE, vol. 12, núm. 1, p. e0169486.

Dyke, A. S. (2004), «An outline of North American deglaciation with emphasis on central and northern Canada». En: Ehlers, J. y Gibbard, P. L. (eds.). Developments in Quaternary Sciences. Elsevier, 373-424.

Cinq-Mars, J. (1979), «Bluefish Cave l: a Late Pleistocene Eastern Beringian cave deposit in the Northern Yukon». Canadian Journal of Archaeology / Journal Canadien D’Archéologie, núm. 3, p. 1-32.

Bourgeon, L. (2015), «Bluefish Cave II (Yukon Territory, Canada): taphonomic study of a bone assemblage». PaleoAmerica, vol. 1, núm. 1, p. 105-108.

Cinq-Mars J., Morlan R. E., “Bluefish Caves and Old Crow basin: a new rapport”. En: Bonnichsen R., Turnmire K. L. (eds.). Ice Age Peoples of North America Environments, Origins, and adaptations of the First Americans: Center for the Study of the First Americans. Oregon State University Press; 1999. p. 200-212.

Notas

  1. Earliest human presence in North America dated to the Last Glacial Maximum: new radiocarbon dates from Bluefish Caves, Canada.
  2. La gelifracción, gelivación o crioclastismo es el proceso geológico por el que se produce la fragmentación de una roca cuando el agua que se introduce en sus fisuras o poros se convierte en hielo y aumenta su volumen. La gelifracción es especialmente activa si el proceso hielo/deshielo es frecuente, dando como resultado material de roca anguloso.
  3. Bluefish Cave II (Yukon Territory, Canada): taphonomic study of a bone assemblage.
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Siete días … 31 de octubre a 6 de noviembre (Australia)

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     Última actualizacón: 11 octubre 2017 a las 10:55

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ÚLTIMAS ANOTACIONES

El «Grand Tour»: viajar para conocer mundo, viajar para conocerse a uno mismo.

 

NOTICIAS CIENTÍFICAS

 

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Descubren el asentamiento más antiguo de Australia

Un equipo de investigadores ha encontrado el asentamiento aborigen más antiguo del desierto del centro de Australia, datado hace unos 49.000 años.

El arqueólogo australiano Giles Hamm, de la Universidad de La Trobe, ha indicado en la investigación que tienen pruebas que demuestran que la migración del norte al sur fue anterior a lo que se pensaba y que estas comunidades desarrollaron tecnologías clave a una edad más temprana de lo establecido.

El hallazgo se encuentra situado a unos 550 kilómetros al norte de Adelaida, la capital del estado de Australia del Sur, en una garganta de la zona conocida como Flinders Ranges.

Referencia: Hamm, G., et al. (2016), «Cultural innovation and megafauna interaction in the early settlement of arid Australia«. Nature, en prensa.

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Siete días … 19 a 25 de septiembre (migración Homo sapiens)

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     Última actualizacón: 21 septiembre 2017 a las 10:25

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ÚLTIMA ANOTACIÓN:

Reseña: ¿Qué sabemos de la epigenética?

NOTICIAS CIENTÍFICAS

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Cuatro artículos consecutivos en Nature para hablar de la migración de Homo sapiens

El ser humano anatómicamente moderno, Homo sapiens, salió de África y comenzó un viaje de migración por el planeta que se dividió en cuatro grandes oleadas que comenzaron hace 125.000 años. Una serie de estudios publicados en la revista Nature nos indican, a partir de datos paleoclimáticos, cuáles fueron los patrones de migración de nuestros antepasados.

Los datos hablan de cuatro salidas a través de la península arábiga y Oriente Medio durante periodos glaciales que ocurrieron en los intervalos de entre 106.000 y 94.000, 89.000 y 73.000, 59.000 y 47.000, y 45.000 y 29.000 años. El modelo confirma que los cambios en las temperaturas inducidos por ligeras variaciones de la órbita terrestre fueron el principal motor de estas migraciones. Otro dato relevante es que incluye la llegada temprana de los primeros Homo sapiens a China hace unos 90.000 años, un dato que pusieron de manifiesto el año pasado las investigaciones llevadas a cabo por María Martinón-Torres y José María Bermúdez de Castro junto a sus colegas chinos.

Referencias:

Timmermann, A. y  Friedrich, T. (2016), «Late Pleistocene climate drivers of early human migration«. Nature, publicado en línea.

Malaspinas, A.-S., et al. (2016), «A genomic history of Aboriginal Australia«. Nature, publicado en línea.

Pagani, L., et al. (2016), «Genomic analyses inform on migration events during the peopling of Eurasia«. Nature, publicado en línea.

Mallick, S., et al. (2016), «The Simons Genome Diversity Project: 300 genomes from 142 diverse populations«. Nature, publicado en línea.

Noticia en el Next: Recomponiendo el puzle de la expansión humana.

 

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¿Quiénes fueron los primeros pobladores de América?

¿Quiénes fueron los primeros pobladores de América?

     Última actualizacón: 4 marzo 2019 a las 22:02

¿Sabemos quiénes fueron los primeros pobladores de América y de dónde vinieron? Aunque no sean prehistoriadores o arqueólogos, seguro de que les suena esta historia: grupos de cazadores-recolectores que habitaban en lo que hoy es la estepa siberiana se desplazaron a través del llamado puente de Beringia (la porción de tierra bajo el estrecho de Bering que se encontraba por entonces emergida) para llegar a Canadá y, más adelante, a las Grandes Llanuras americanas. Esta explicación es la versión «ortodoxa» que ofrece la ciencia acerca de la forma en que se produjo el primer poblamiento del continente americano.

Sin embargo, desde hace más de diez años, se viene planteando la idea de que poblaciones de Europa y Oriente Medio (algunos apuntan directamente a alguna de las antiguas tribus de Israel) tenían los conocimientos necesarios para fabricar embarcaciones lo suficientemente robustas para salvar la distancia que separa ambos continentes. Se trataría de migraciones transatlánticas cuyas gentes habrían contribuido a poblar América antes de que otros llegaran por la conocida ruta asiática.

Esta teoría, que hoy se considera falsa arqueología o mala ciencia por la mayor parte de la comunidad científica, genera sin embargo mucho interés entre el público en general y ha sido difundida a través de documentales y libros que se han convertido en éxitos de ventas.

Hipotesis solutrense

En un reciente trabajo, Jennifer Raff y Deborah Bolnick, ambas profesoras de antropología (la primera en la Universidad de Kansas y la segunda en la Universidad de Texas) hacen una revisión de los estudios donde se ha analizado el ADN de los nativos americanos —tanto actuales como pasados— así como de otras poblaciones, llegando a la conclusión de que los resultados no son compatibles con una oleada de emigrantes europeos. Su conclusión es que los datos genéticos sólo muestran una migración desde la actual Siberia hacia el continente americano.

Pese a que quienes defienden una migración transatlántica utilizan varios argumentos, las autoras centran la discusión en la validez de las dos líneas principales de pruebas presentadas en apoyo de esa hipótesis: la presencia del haplogrupo mitocondrial X2a en el continente norteamericano, y una señal de ascendencia euroasiática occidental en el genoma de los nativos americanos.

La hipótesis solutrense

Si hacemos caso a las pruebas arqueológicas que se han recuperado hasta el momento, podemos confirmar la presencia del hombre en el continente americano desde hace unos 15.000 años. Quienes sostienen el argumento de una migración transatlántica —conocida como hipótesis solutrense— se apoyan, además de en una comparación de los artefactos arqueológicos de uno y otro lado del océano, en los datos genéticos de diferentes poblaciones. Sus defensores propugnan que la cultura Clovis (que se desarrolló en América del Norte hace entre 13.300 y 12.800 años antes del presente) desciende directamente de la cultura Solutrense del sudoeste europeo (que presenta una antigüedad de entre 23.500 y 18.000 años AP) y más concretamente de la zona de Cantabria. El profesor de prehistoria Bruce Bradley y el arqueólogo Dennis Stanford propusieron inicialmente esta idea a finales de los años noventa, y han sido duramente criticados desde entonces.

Y el motivo es que, más allá de las comparaciones de artefactos líticos —con el matiz de subjetividad que este tipo de comparaciones trae consigo—  lo cierto es que tras varias décadas de estudios que han analizado el genoma de diferentes poblaciones, se ha demostrado que todos los nativos americanos derivan de una población fundadora bastante pequeña que probablemente ocupó Beringia durante el Último Máximo Glacial (hace entre 28.000 y 18.000 años AP).

Analizando genomas

Nuestro genoma es una máquina del tiempo. Empleando las técnicas adecuadas podemos obtener información muy interesante de nuestro pasado evolutivo analizando el ADN de las diferentes poblaciones actuales y de nuestros antepasados (en aquellos casos en que éste se encuentra en buen estado de conservación). Para ello podemos recurrir al haplotipo, una especie de huella digital que se presenta en forma de una combinación de alelos de un cromosoma. Para desentrañar nuestra ascendencia se estudia el ADN mitocondrial (ADNmt) y el ADN del cromosoma Y (heredados por vía materna el primero, y paterna el segundo).

Tenemos que saber que, si bien todos tenemos el mismo código genético, en realidad se dan pequeñas variaciones llamadas polimorfismos. Entre las más comunes se encuentran los polimorfismos de nucleótido simple (o SNP, del inglés single nucleotide polymorphism), es decir, cambios de un único nucleótido en una secuencia dada. La probabilidad de que dos individuos no relacionados entre sí presenten un mismo haplotipo es prácticamente nula.

Del mismo modo, se sabe que es altamente improbable que desaparezca un SNP dado que no hay recombinación. De este modo, los SNPs se irán acumulando a lo largo del tiempo en cada población, lo que nos permite hacer grupos (haplogrupos) unos descendientes de otros, pudiendo remontarnos a los antepasados que dieron origen a la población humana: en el caso de los análisis de ANDmt se llega hasta la denominada «Eva mitocondrial»; y en el caso de los análisis del cromosoma Y, al «Adán cromosoma-Y».

When Did Humans Come to the Americas - Smithsonian magazine

Imagen tomada del artículo When did Humans come to America? publicado en la Smithsonian Magazine, por Guy Gugliotta, ilustrado por Andy Martin. Febrero de 2013.

Como ya hemos apuntado, la presencia del haplogrupo mitocondrial X2a en las poblaciones de nativos americanos se ha utilizado como prueba de la existencia de un flujo genético transatlántico hacia Norteamérica. El haplogrupo X2a es único de América del Norte, y se encuentra con alta frecuencia en las poblaciones de los Grandes Lagos, y frecuencias más bajas en las Grandes Llanuras y el Pacífico noroeste. Del mismo modo, parece estar completamente ausente en las poblaciones de América Central y del Sur. Los linajes intermedios que relacionan el haplogrupo general X2 con el más específico X2a parecen haberse perdido en las poblaciones contemporáneas —o son tan raros que aún no han sido bien estudiados.

Y es precisamente este vacío en nuestro conocimiento del ADN antiguo lo que ha servido a los defensores de la idea de una migración desde Oriente Medio a América del Norte. Sin embargo, esta hipótesis se viene abajo si tenemos en cuenta cuatro hechos clave:

  1. El haplogrupo X2a no se encuentra en Oriente Medio.
  2. Ninguno de los linajes del haplogrupo X2 presentes en Oriente Medio son antepasados directos del haplogrupo X2a. Estos dos datos rompen cualquier posible relación directa entre los pobladores de Oriente Medio y Norteamérica.
  3. La fecha estimada para la separación del haplogrupo X2a del general X2 (hace entre 14.200 y 17.000 años AP) es muy anterior a la fecha propuesta para la hipotética migración desde Oriente Medio.
  4. Por último, y en relación con el punto anterior, el haplogrupo X2a estaba presente en Norteamérica mucho antes que esa supuesta migración.

En segundo lugar, la otra versión de la migración transatlántica postula que el haplogrupo X2a llegó a América del Norte durante el Pleistoceno de la mano de poblaciones solutrenses de Europa occidental. Para ello mencionan específicamente la alta frecuencia del haplogrupo X2 en las Islas Orcadas (presente en un 7,24% de los individuos) como apoyo a la migración transatlántica del haplogrupo X2a —las islas Orcadas constituirían un punto de paso intermedio.

Basan esta hipótesis en dos líneas de razonamiento:

  1. En Siberia no se han encontrado linajes ancestrales al haplogrupo X2a, al contrario de lo que sucede con los otros haplogrupos americanos.
  2. La distribución filogeográfica del haplogrupo X2a en América del Norte sitúa la rama más antigua y más profunda de sus antepasados en el noreste de Canadá (lo que cabría esperar si los pobladores hubiesen llegado a Norteamérica desde Europa).

Montaje Hipotesis solutrense

Además, argumentan que la ausencia de evidencia del haplogrupo X2a en el oeste de Eurasia no es prueba de su ausencia (aunque este argumento lo podemos emplear igualmente para el caso siberiano). En definitiva, no hay ninguna razón de peso para sostener que el haplogrupo X2a tenga más probabilidades de haber venido de Europa que de Siberia. Por eso, hacen falta más muestras de ADN antiguo cuyo análisis permita aclarar la cuestión.

Y aquí entran en escena las recientes investigaciones. Parte de la solución de este rompecabezas ha llegado con la publicación del genoma completo del llamado hombre de Kennewick, de unos 8.500 años de antigüedad. Si bien se ha comprobado que pertenecía al haplogrupo X2a, el resto de su genoma no presenta indicios de que tuviera antepasados europeos. Además, resulta significativo que los restos del hombre de Kennewick se encontraran en la costa oeste norteamericana: este hecho sitúa el haplotipo X2a más antiguo localizado hasta la fecha en la región geográfica que encaja mejor con una migración desde Siberia a través de Beringia.

Curiosamente, antes de la secuenciación de su genoma, el hombre de Kennewick era utilizado como argumento para apoyar su origen no-siberiano dadas las diferencias en la forma de su cráneo en relación con el de los nativos americanos. Si bien es cierto que la comparación de la morfología craneal fue durante mucho tiempo la herramienta predilecta de los antropólogos para estudiar las relaciones genéticas entre poblaciones, durante las últimas décadas hemos desarrollado la tecnología que nos permite evaluar las relaciones biológicas entre los individuos y las poblaciones mediante la comparación de los genomas. Éste es el medio más preciso y directo de evaluar la ascendencia que la morfología ósea, que hoy sabemos puede venir influenciada por factores ambientales, de desarrollo y culturales.

Por último, la mejor prueba hasta la fecha quizás sea la que aporta el estudio que ha llevado a cabo el equipo de Iosif Lazaridis (del departamento de genética de la facultad de medicina de Harvard). Han modelizado las relaciones ancestrales entre las poblaciones euroasiáticas, africanas y de los nativos americanos, concluyendo que el flujo genético se produjo desde las poblaciones del norte de Eurasia hacia las poblaciones nativas americanas. No han encontrado ninguna prueba directa de flujo genético durante el Pleistoceno entre los europeos occidentales y los nativos americanos. Su modelo también es consistente con otros estudios que han demostrado que entre un 62% y un 86% de los antepasados de los nativos americanos provienen de Asia Oriental.

Conclusiones

Raff y Bolnick no creen que vaya a aparecer de repente una prueba que demuestre una ascendencia europea de los nativos americanos, aunque reconocen que ésta sigue siendo una posibilidad formal, remota, pero posible.

¿Qué pasa entonces con la señal de una ascendencia del occidente europeo que se ha encontrado en los genomas de los nativos americanos? ¿Es compatible con una migración transatlántica?

Varios investigadores estudiaron los genomas de un individuo hallado en Siberia denominado Mal’ta y del individuo Anzick-1 (un niño datado hace 12.600 año AP hallado en Montana), y encontraron que una parte de sus antepasados (entre un 14% y un 38%) deriva de una población que también aportó alelos a los habitantes contemporáneos de Eurasia occidental. Cabe destacar que el acervo genético de los europeos contemporáneos parece haber surgido muy recientemente, en los últimos 8.000 años, como resultado de sucesos de migración y de mezcla. No sabemos cómo eran los genomas de los pueblos Solutrenses, ya que hasta la fecha no se ha secuenciado ninguno de ellos, pero a partir de estos resultados podemos predecir que se parecerían más a los cazadores-recolectores pre-neolíticos que a los europeos contemporáneos. Es importante destacar que a partir de los genomas pre-neolíticos que se han estudiado, parece que estos primeros cazadores-recolectores europeos no mostraban afinidades genéticas cercanas a los nativos americanos.

Sentado lo anterior, y como colofón teniendo en cuenta las investigaciones sobre el tema, podemos decir que el posible escenario de la colonización americana sería el siguiente:

  1. Hace unos 32.000 años se produjo el desplazamiento de grupos de cazadores-recolectores desde Siberia al norte de Beringia.
  2. Más adelante, y en una única ola migratoria hace como máximo unos 23.000 años, se expandieron hacia el este de Beringia y comenzó la llamada «evolución genética de las características únicas de los nativos americanos».
  3. Por último, la entrada en el continente americano no pudo verificarse hasta que se produjo el deshielo de la franja costera del Pacífico hace unos 13.000 años y con él, la apertura de rutas de tránsito en el interior de América del Norte. El acervo genético de estos pobladores se diversificó en dos ramas que configuran las diversas poblaciones nativas que vemos hoy en el continente.

Las condiciones que tuvieron que soportar nuestros antepasados aislados en Beringia durante miles de años tuvieron que ser tremendamente duras. Más adelante, hubo al menos otras dos entradas de población siberiana en América que acabaron de conformar las poblaciones indígenas, que hasta la llegada de Cristóbal Colón, no recibieron ningún aporte genético de Europa occidental.

Referencias

Documental del canal Discovery: Ice age Columbus (Acceso abierto).

Lazaridis, I., et al. (2014), «Ancient human genomes suggest three ancestral populations for present-day Europeans«. Nature, vol. 513, núm. 7518, p. 409-413. (Acceso abierto).

Raff, J. A. y Bolnick, D. A. (2015), «Does Mitochondrial Haplogroup X Indicate Ancient Trans-Atlantic Migration to the Americas? A Critical Re-Evaluation«. PaleoAmerica, vol. 1, núm. 4, p. 297-304. (Acceso abierto).

Raghavan, M., et al. (2015), «Genomic evidence for the Pleistocene and recent population history of Native Americans«. Science, vol. 349, núm. 6250.

Rasmussen, M., et al. (2015), «The ancestry and affiliations of Kennewick Man«. Nature, vol. 523, núm. 7561, p. 455-458. (Acceso abierto).

Skoglund, P., et al. (2015), «Genetic evidence for two founding populations of the Americas«. Nature, vol. 525, núm. 7567, p. 104-108.

Stanford, D. J. y  Bradley, B. A. (2012), Across Atlantic ice: the origin of America’s Clovis culture. Berkeley: University of California Press, xv, 319 p.

Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 4 comentarios
Siete días … 3 a 9 de febrero (datando Atapuerca y huellas fósiles)

Siete días … 3 a 9 de febrero (datando Atapuerca y huellas fósiles)

     Última actualizacón: 24 noviembre 2017 a las 10:03

En esta nueva sección pretendo destacar los avances científicos que se han producido en la semana que termina, con enlaces directos a las noticias más relevantes e incluyendo los artículos originales para que el lector pueda acudir directamente a la fuente para tener una información más completa.

ECOLOGÍA

El número de peces de profundidad es diez veces superior a lo estimado. Conocidos como mesopelágicos por vivir en las aguas profundas del océano, entre 400 y 700 metros de profundidad, estos peces son los más numerosos de la biosfera. Ahora un equipo de investigadores, en el cual participa Carlos Duarte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha descubierto que el número de estos vertebrados es 10 veces superior al estimado. Duarte fue el impulsor del proyecto español “Malaspina” que se llevó a cabo a bordo del buque oceanográfico Hespérides.

Gracias a las sondas acústicas instaladas en el buque, los científicos han descubierto que el número de individuos es 10 veces superior a las 10.000 toneladas de ejemplares que calculaba hasta ahora la comunidad científica.

«Estos peces no se pueden capturar con redes, por ello su abundancia y biomasa no se había cuantificado, y las aproximaciones estaban basadas en cálculos, con asunciones que ahora sabemos eran erróneas», indica el investigador español.

La importancia de este estudio radica en que los peces mesopelágicos contribuyen a reducir la cantidad de dióxido de carbono (CO2) que se encuentra en las superficies de los océanos.

• Noticia en El Mundo

• Artículo: Large mesopelagic fishes biomass and trophic efficiency in the open ocean

EVOLUCIÓN HUMANA

Una de las cuestiones de los yacimientos de Atapuerca que genera más debate científico es la datación de los estratos donde se hallan los fósiles. Por ello, investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana –entre otros– se afanan en ajustar las fechas. Un estudio publicado por el Journal of Archaeological Science ha precisado que el sedimento de la Gran Dolina donde se hallaron en 1994 los primeros restos de Homo antecessor tiene una antigüedad de 900.000 años.

“Estamos aplicando nuevos métodos y técnicas, y además tenemos mejor conocimiento de campo y laboratorio. Hemos publicado un estudio que supone un pequeño paso a un gran proyecto que nos va a llevar más tiempo, que es revisar todas las fechas para afinarlas. Queremos incluirlo todo en un marco geocronológico más sólido”, declara a Sinc Josep M. Parés, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, que lidera este estudio sobre la nueva datación del nivel TD6 de la Gran Dolina.

Lo que estrictamente aporta este trabajo es la combinación de la técnica de paleomagentismo –que supone revisar la polaridad de los materiales que constituyen las capas estratigráficas– con la evaluación de las dataciones numéricas ya existentes

“Este yacimiento ha dado lugar a miles de fósiles y artefactos, y se ha convertido en un punto de referencia en los estudios sobre el Pleistoceno y las primeras ocupaciones humanas fuera del continente africano”, destaca el artículo.

Lo que van a intentar ahora es utilizar fósiles individuales, en particular dientes, y obtener fechas directas de los restos encontrados, además de las ya conocidas por los sedimentos.

• Noticia Agencia SINC

• Artículo: Reassessing the age of Atapuerca-TD6 (Spain): new paleomagnetic results

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Uno de los eventos más importantes en la historia de nuestra especie es el éxodo desde África hace unos 65.000 años, el inicio de la larga marcha del Homo sapiens en todo el mundo. Ahora, un estudio de los genes del sur de África muestra que, inesperadamente, otra migración tomó ADN de Eurasia occidental de vuelta a la punta sur del continente hace 3000 años.

De acuerdo con el pensamiento convencional, la tribu Khoisan del sur de África, ha vivido casi aislada del resto de la humanidad durante miles de años. De hecho, este estudio muestra que una parte de su ADN coincide más estrechamente con gente actual del sur de Europa, entre ellos España e Italia. Ya que la gente de Eurasia también lleva restos de ADN de Neandertal, el hallazgo muestra también (por primera vez) que el material genético de nuestro primo extinto puede ser algo generalizado en las poblaciones africanas.

“Estas son las poblaciones aisladas, muy especiales, que son, probablemente, los más antiguos linajes de las poblaciones humanas actuales”, dice David Reich de la Universidad de Harvard. “En muchos estudios genéticos les habíamos tratado como grupos que se habían separado del resto de los seres humanos actuales, antes de que se hubieran separado el uno del otro“

Así que él y sus colegas no esperaban encontrar signos de genes euroasiáticos occidentales en 32 individuos pertenecientes a una variedad de tribu Khoisan. “Creo que nos quedamos impactados”.

Los estudios arqueológicos y lingüísticos de la región pueden dar un sentido al descubrimiento. Sugieren que un subconjunto de los Khoisan, conocido como Khoe-Kwadi , llegó a África meridional procedente de África oriental hace unos 2.200 años. Los Khoe-Kwadi eran  y siguen siendo  pastores que viven de la cría de vacas y ovejas. La idea es que introdujeron la cría de ganado importada de una región que era dominada por cazadores-recolectores.

• Noticia New Scientist (traducción al castellano)

• Artículo: Ancient west Eurasian ancestry in southern and eastern Africa (descarga directa en formato PDF)

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Un equipo científico británico ha anunciado el hallazgo de unas huellas de pisadas humanas, de hace algo más de 800.000 años, que descubrieron en la costa de Norfolk. Es el rastro más antiguo de pisadas de homínidos que se conoce fuera de África, donde están las famosas huellas de Laetoli (Tanzania) de hace 3,6 millones de años. “La importancia del descubrimiento es que las huellas proporcionan evidencia directa de los primeros humanos conocidos en el Norte de Europa”, afirma el Museo de Historia Natural de Londres, donde se presentará el hallazgo en una muestra a finales de este mes. Se trata “de uno de los más importantes descubrimiento, si no el más importante, que se ha hecho en las costas británicas”.

Las huellas de Norfolk, en el yacimiento de Happisburg, quedaron expuestas durante una marea baja en la zona, cuando el mar agitado limpió la arena que las cubría y unos investigadores las vieron. Tomaron imágenes de los sedimentos petrificados antes de que el mar se las tragase de nuevo, explica el museo londinense. Con esas fotografías y un modelo en tres dimensiones del rastro han trabajado los científicos que probablemente correspondían un grupo de cinco individuos, posiblemente familiar, de adultos y niños. La pisada más grande sería de un individuo que calzaría un número 42 actual y los investigadores estiman, por tanto, que mediría algo más de 1,70 metros, y el más pequeño, 90 centímetros.

“En aquella época, Gran Bretaña está todavía unida por tierra a la Europa continental y lo que ahora es el Happisburgh debió ser un terreno encharcado a varios kilómetros de la costa, con ciervos, bisontes y rinocerontes”, explica el museo en un comunicado. La zona habría proporcionado a aquellos humanos primitivos plantas comestibles, algas y mariscos, además allí podrían cazar, continúan esa institución, cuyos expertos forman parte del equipo autor del descubrimiento. En cuanto al clima, sería más frío que el actual, probablemente similar al que ahora tiene el sur de Escandinavia.

Chris Stringer, un reconocido experto en neandertales, del Museo de Historia Natural, considera que los humanos que dejaron aquellas huellas podrían estar relacionados con la población de Atapuerca, en concreto, aquellos cuyos restos se han conservado en el yacimiento de la Gran Dolina tienen también más de 800.000 años y fueron bautizados cuando se descubrieron los primeros fósiles, en 1994, como Homo antecesor.

• Noticia El País

• Artículo: Hominin Footprints from Early Pleistocene Deposits at Happisburgh, UK (descarga directa en formato PDF)

• Vídeo:

PALEONTOLOGÍA

Hace 120 millones de años, un dinosaurio emplumado y muchos otros animales primitivos quedaron atrapados en una muerte instantánea y violenta.

Los fósiles de estas criaturas originarias del Cretácico inferior llegaron excepcionalmente conservados hasta nuestros días, y los expertos creen que fueron erupciones volcánicas similares a la explosión que golpeó la ciudad romana de Pompeya. Como los residentes de aquella ciudad, los animales fueron sepultados por las cenizas y congelados en el tiempo en su último estertor.

Enterradas juntas, estas criaturas están notablemente conservadas y parecen haber sido víctimas de un enorme evento mortífero. Ahora, los científicos sostienen que erupciones volcánicas fueron las responsables. Los bosques de coníferas y lagos en los que una vez vivieron estos animales estaban rodeados de volcanes, y los investigadores creen que grandes explosiones lanzaron una ola de gas increíblemente caliente, cenizas y roca –conocida como flujo piroclástico– a través del paisaje.

«Estas nuevas observaciones confirman y aclaran los que se sospechaba», comentó al respecto Mike Benton, paleontólogo de la Universidad de Bristol, en Reino Unido. «Pero los autores fueron un paso más allá al sugerir que a todos los animales de Jehol los mataron, transportaron y preservaron de forma excepcional los flujos piroclásticos. Esto desafía considerablemente las ideas previas que asumían que la mayoría de los animales vivían en y cerca de los lagos en los que fueron encontrados, y que podían haber sido trasladados por ríos regulares u otros medios», añadió Benton.

• Noticia BBC Mundo

• Artículo: New evidence suggests pyroclastic flows are responsible for the remarkable preservation of the Jehol biota

CIENCIAS PLANETARIAS

Un espectacular nuevo cráter de impacto en Marte

Las imágenes de la Cámara de Contexto (CTX) de la misión HiRISE mostraron un posible nuevo cráter de impacto que se habría formado en Marte entre julio de 2010 y mayo de 2012.

La imagen muestra una gran zona de impacto con rayas radiales y materiales secundarios que han salido despedidos lejos alrededor de un cráter de aproximadamente 30 metros de diámetro, indicando una gran explosión que expulsó materiales hasta unos 15 kilómetros de distancia. Debido a que el terreno donde se formó el cráter está cubierto de polvo, el cráter aparece de color azul en la imagen de color mejorado debido a la ausencia de polvo rojizo.

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Astrónomos australianos aseguran haber encontrado una estrella de 13,600 millones de años de edad, por lo que sería la estrella más antigua jamás vista. La estrella, afirman, se formó sólo un par de cientos de millones de años después del Big Bang que creó el universo. Se encuentra en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, a una distancia de unos 6.000 años luz de la Tierra. Los catálogos de estrellas la listan por el número de SMSS J031300.36-670839.3.

“La señal de que la estrella es tan antigua es la ausencia completa de cualquier nivel detectable de hierro en el espectro de luz que emerge de la estrella”.

El Big Bang dio origen a un universo lleno de hidrógeno, helio y trazas de litio. Todos los demás elementos que vemos hoy se forjaron en las estrellas, que nacen en nubes de gas y polvo legadas por las estrellas muertas como supernovas enormes que explotan al final de su vida. Este proceso de reciclaje sin fin ha dado una herramienta interesante a los astrofísicos.

Una forma de determinar la edad estelar es el hierro, cuyo contenido en una estrella enriquece con cada parto sucesivo. Así, cuanto menor es el contenido de hierro en el espectro de la luz de una estrella, más antigua es esta.

“En el caso de esta estrella que hemos anunciado, la cantidad de hierro presente es menos de una millonésima parte que de la del sol y está presente con un factor de, como poco, 60 veces menos que cualquier otra estrella conocida. Esto indica que nuestra estrella es la más antigua y encontrada.”

• Noticia en Physorg (traducción al castellano)

• Artículo: A single low-energy, iron-poor supernova as the source of metals in the star SMSS J031300.36−670839.3

INGENIERÍA

Un profesor chino desarrolla un sistema ecológico que abarata el coste de imprimir en un 99%. El profesor de la Universidad de Jilin en China Sean Zhang ha desarrollado un sistema de impresión que emplea agua en lugar de tinta, y un papel especial que cambia de color al reaccionar con la humedad.

Este sistema presenta dos grandes ventajas, ya que además de no contener sustancias tóxicas que sí se encuentran presentes en la tinta convencional, cada hoja de papel puede reutilizarse hasta 50 veces, ya que el contenido del folio desaparece 22 horas después de haber sido impreso.

Por si todo esto fuera poco, los cartuchos con los que funciona este novedoso método se rellenan con agua del grifo y funcionan en cualquier impresora de inyección de tinta sin necesidad de realizarle ningún tipo de adaptación especial. Teniendo en cuenta el elevado precio de la tinta convencional y el del papel empleado en este sistema, los investigadores aseguran que su método de impresión permite un ahorro de hasta el 99 por ciento en comparación con los métodos actuales.

• Noticia ABC

• Artículo: Hydrochromic molecular switches for water-jet rewritable paper

Publicado por José Luis Moreno en SIETE DÍAS, 1 comentario