José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Cuando tu cuerpo es tu peor enemigo

Cuando tu cuerpo es tu peor enemigo

     Última actualizacón: 6 abril 2019 a las 15:48

El sistema inmunitario

Para entender qué es la autoinmunidad necesitamos tener claros algunos conceptos básicos de inmunología. La inmunidad es la capacidad que posee nuestro organismo para defenderse de cualquier elemento extraño o agresión exterior. Por lo tanto, la primera función del sistema inmunitario es la de ser capaz de reconocer lo propio de lo ajeno para, si se encuentra con ese elemento extraño, desencadenar una serie de mecanismos que permitan su eliminación. De esta forma, una de las tareas esenciales de nuestras defensas es la de aprender a reconocer las células del organismo: este proceso se denomina tolerancia inmunológica. Es una cuestión de crucial importancia porque un exceso de tolerancia hará que nuestro organismo no reconozca todas las sustancias extrañas que debiera, tornándose incapaz de defenderse (lo que conocemos como inmunodeficiencia); mientras que una falta de tolerancia provocará que considere como extrañas las propias estructuras del organismo, dando origen a la autoinmunidad (hipersensibilidad).

Nuestro sistema inmunitario se puede clasificar en función de si sus elementos precisan reconocer previamente al agente extraño (la llamada inmunidad específica, adaptativa o adquirida) o no reconocerlo (inmunidad natural, innata o inespecífica) para poder actuar. Por ejemplo, si un microorganismo logra atravesar la piel y los epitelios se pone en marcha el sistema de inmunidad natural. Se trata de una red de células y proteínas que responden a la infección o a la lesión de los tejidos a través del reconocimiento genéticamente programado de las moléculas extrañas. Por otro lado, el sistema de inmunidad específica constituye una barrera defensiva adicional, aún más sofisticada, formada por un tipo de moléculas que funcionan como adaptadores flexibles llamados anticuerpos, que por un lado se unen a los fagocitos, y por el otro se unen al microorganismo extraño (llamado antígeno) sin importar de qué tipo se trate. De esta forma los atrapan y eliminan.

NEXT DOOR

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STOP FMF, la asociación española de fiebre mediterránea familiar

STOP FMF, la asociación española de fiebre mediterránea familiar

     Última actualizacón: 17 septiembre 2017 a las 15:13

Hoy es el día mundial de las enfermedades raras y por tanto, un día perfecto para dar visibilidad al colectivo de enfermos y sus familiares. En este caso, me gustaría presentaros la asociación española de fiebre mediterránea familiar STOP FMF, a cuya junta directiva tengo el honor de pertenecer.

STOP-FMF

 

Esta asociación de ámbito estatal tiene como finalidad la mejora de la calidad de vida de los enfermos de FMF y de sus familiares. Para ello, trabajamos teniendo en cuenta los siguientes objetivos:

  • Defender los derechos de las personas afectadas.
  • Potenciar la presencia y conocimiento de la enfermedad ante la sociedad.
  • Impulsar la investigación sobre esta patología.
  • Reivindicar la normalización e integración de los pacientes a nivel escolar, laboral y en su vida cotidiana.
  • Fomentar la relación entre los afectados.
  • Ser interlocutor válido ante organismos públicos y privados en asuntos que afecten a los enfermos y familiares.

Ya he dicho en más de una ocasión que, bajo mi punto de vista, lo que debemos hacer quienes sufrimos cualquier enfermedad rara es involucrarnos a fondo, tenemos que ser conscientes de cómo se presenta, cuáles son los mecanismos que desencadenan las crisis y cuáles son las investigaciones que se están llevando a cabo. Es decir, debemos tratar de ser los mejores especialistas aún sin tener profundos conocimientos médicos.

Como suele ser habitual en este tipo de enfermedades raras o poco frecuentes, uno de los principales problemas es llegar a un diagnóstico correcto. Y en este sentido, una asociación como la nuestra aspira a conformar un núcleo de pacientes lo suficientemente numeroso que permita una mejor gestión de la enfermedad. Para ello tratamos de organizar y participar en reuniones, conferencias con profesionales sanitarios y otras partes interesadas con la finalidad de mejorar la detección precoz, la intervención y el seguimiento de los afectados. Asimismo, nos tomamos muy en serio la labor de promover la formación de los especialistas y el intercambio de conocimientos sobre la FMF. Finalmente, sería muy beneficioso conseguir la elaboración de protocolos para el diagnóstico, evaluación, valoración y tratamiento de la enfermedad.

Por suerte, en la asociación contamos con la colaboración de los principales especialistas de esta enfermedad en España (que han aceptado formar parte de la misma en calidad de socios de honor). Todos sabemos los problemas que encuentran los investigadores hoy en día para llevar adelante estudios en un área, la de las enfermedades raras, que si bien ganan cada día mayor visibilidad, no por ello consiguen un correlativo incremento de fondos para investigación. Un contacto directo con estos profesionales nos permitirá colaborar en los estudios de pacientes y familiares para el diagnóstico de portadores y otros ensayos sobre tratamientos y nuevos enfoques terapéuticos.

En definitiva, creo que la sociedad civil está llamada a tener un papel cada vez más relevante. La sociedad debería ser consciente de la importancia que tiene la ciencia en general y la investigación biomédica en particular; y las administraciones deberían facilitar esa tarea investigadora y no poner tantas trabas como sucede ahora.

Por eso, como colectivo de afectados, trataremos de defender los derechos de los pacientes y luchar para que se siga avanzando en el conocimiento de esta enfermedad y lograr, llegado el tiempo, una mejora en los tratamientos y en nuestra calidad de vida.

¿Te animas a colaborar con nosotros?

Más información en la página de la Asociación Española de Fiebre Mediterránea Familiar STOP-FMF.

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Practicando con aguafuerte

Practicando con aguafuerte

     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:50

Mañana dará comienzo la cuarta temporada de las Tertulias Literarias de Ciencia. Este proyecto, que comenzó como lo hacen todos, de forma tímida, se ha convertido en un referente de la blogosfera en castellano. Este año vamos a analizar el libro Los engaños de la mente de Susana Martinez-Conde y Stephen L. Macknick, cuyos autores «han convencido a un selecto grupo de magos para que les permitan estudiar algunas de sus técnicas, revelar sus secretos e investigar las implicaciones de sus descubrimientos en el campo de la neurociencia».

Desde aquí os invito a todos a participar en los debates (aunque no hayáis leído el libro) porque os garantizo que lo pasaremos bien y aprenderemos mucho.

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Además de esto, quería dejaros también una entrada en forma de videoblog sobre una actividad paralela a las Tertulias que se llamó «Practicando»… En fin, no os cuento más detalles y os dejo con ella:

Para quien tenga curiosidad, así quedó la botella:

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Y éstos son los restos de su contenido:

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La homeopatía no funciona

La homeopatía no funciona

     Última actualizacón: 22 abril 2019 a las 20:34

La homeopatía no funciona. ¿De verdad? Que estemos en pleno siglo veintiuno y que aún tengamos que ir repitiendo que la homeopatía es un engaño día sí, día también, parece una broma pesada. Hace días que internet hierve debido a una serie de comentarios y noticias publicadas en varias páginas web —incluso periódicos— que se hacen eco de un estudio de revisión publicado el año pasado sobre la homeopatía y que vamos a analizar a continuación. Como digo, el informe en cuestión se conoce desde hace casi un año, pero ahora vuelve a la palestra por diversos motivos.

El pasado 16 de febrero, Paul Glasziou, profesor en la facultad de medicina y ciencias de la salud de la Universidad de Bond (Australia), publicó una anotación en el blog del British Medical Journal donde se desahogaba ante una nueva campaña de recogida de fondos del Consejo Internacional para la Homeopatía. Esta “organización” busca fondos no para realizar estudios, investigaciones o ensayos que traten de demostrar la eficacia de sus productos, sino para atacar el informe antedicho. Glasziou fue el presidente del grupo de trabajo a quien el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica de Australia (NHMRC por sus siglas en inglés) encargó la tarea de revisar las conclusiones de 176 ensayos sobre la homeopatía para comprobar si los tratamientos eran efectivos.

Tratamientos electro-homeopáticos del Conde Cesare Mattei, Bolonia, Italia, 1873. Wellcome Images. CC

Tratamientos electro-homeopáticos del Conde Cesare Mattei, Bolonia, Italia, 1873. Wellcome Images. CC

Lo que hizo el panel de expertos del NHMRC fue revisar la evidencia científica sobre la eficacia de la homeopatía en el tratamiento de una variedad de cuadros clínicos con el objetivo de proporcionar a los australianos una información fiable sobre su uso. Los trabajos consistieron en:

  • Una revisión sistemática de la evidencia de los estudios sistemáticos disponibles sobre la eficacia de la homeopatía en el tratamiento de una variedad de enfermedades en los seres humanos.
  • Elaboración de un informe sobre las pruebas presentadas al NHMRC antes del comienzo de la revisión.
  • Elaboración de un informe sobre las pruebas presentadas al NHMRC durante el periodo de consulta pública sobre el borrador del informe; y
  • La toma en consideración de las directrices publicadas y otros informes del gobierno.

Entre las directrices de trabajo se definió que un tratamiento se considera eficaz cuando da lugar a una mejoría en la salud que no se puede explicar por el efecto placebo, al tiempo que esas mejoras deben ser significativas para el estado general de salud de la persona. Además, tiene que haber pruebas de que esas mejoras en la salud de quienes siguen el tratamiento no se deben al azar. Por último, el resultado se debe comprobar en varios estudios, no en casos aislados.

Las pruebas sobre la eficacia de la homeopatía se obtuvieron identificando en primer lugar las revisiones sistemáticas que habían evaluado la eficacia de la homeopatía en el tratamiento de diferentes enfermedades en los seres humanos. Se localizaron 57 revisiones sistemáticas de este tipo que hacían referencia a 176 estudios individuales. Sólo se tuvieron en cuenta los estudios en los que se comparaban los efectos en un grupo que había recibido tratamiento homeopático frente a otro grupo que no lo había recibido (el llamado grupo de control).

Aparte de esta información, se aceptaron para su análisis los datos aportados por grupos con intereses en la homeopatía (laboratorios, asociaciones y otros grupos de presión), así como del público en general. Esta información se obtuvo antes del análisis de las revisiones sistemáticas y durante la elaboración del borrador del informe definitivo.

Las conclusiones del estudio son contundentes. No existen pruebas fiables en la investigación en seres humanos de que la homeopatía sea eficaz para el tratamiento de la gama de enfermedades consideradas. Entre los principales problemas detectados al analizar las investigaciones se destaca que gran parte de los estudios analizados no son de buena calidad y están mal diseñados (por ejemplo, el número de participantes es insuficiente para obtener resultados significativos).

Para algunas enfermedades, los estudios indicaron que la homeopatía no era más eficaz que el placebo. Sin embargo, para otras, había estudios de baja calidad que concluyeron que la homeopatía era más eficaz que el placebo, o tan eficaz como otro tratamiento. Sin embargo, debido precisamente a sus limitaciones, esos estudios no eran fiables para llegar a conclusiones acerca de la eficacia real de la homeopatía. Para las restantes enfermedades analizadas simplemente no era posible llegar a ninguna conclusión porque no había suficientes pruebas.

Glasziou reconoce que comenzó el proceso de revisión con una mentalidad abierta, una actitud de duda y curiosidad acerca de si realmente podían funcionar estos productos. Como él mismo sostiene, «¿quién habría creído hace no demasiado tiempo que las bacterias pudieran causar úlceras, o que las vacunas contra el cáncer se convertirían en una rutina?» Sin embargo, al final perdió el interés tras analizar las 57 revisiones sistemáticas (referidas a 68 enfermedades) y no encontrar convincentes efectos perceptibles más allá del placebo.

Lo más grave de todo esto es que las organizaciones que promueven/defienden la homeopatía las publicitan como útiles para tratar enfermedades infecciosas —como el SIDA o la malaria— en lugares de África donde constituyen un auténtico problema nacional. Teniendo en cuenta los tratamientos actuales que sí son efectivos frente a estas enfermedades, este comportamiento no sólo es condenable éticamente, sino que debería ser perseguido legal y judicialmente. Como afirma la declaración final del NHMRC: «Las personas que eligen la homeopatía pueden poner en riesgo su salud si rechazan o retrasan los tratamientos sobre los que existe una buena evidencia de seguridad y eficacia».

Dos médicos luchan sobre el método a utilizar en un paciente; dramatiza el conflicto entre la alopatía y la homeopatía. Grabado en madera coloreado. Wellcome Images. CC

Dos médicos luchan sobre el método a utilizar en un paciente; dramatiza el conflicto entre la alopatía y la homeopatía. Grabado en madera coloreado. Wellcome Images. CC

Edzard Ernst, profesor emérito de la Universidad de Exeter, también se ha aportado su punto de vista en relación con esta publicación. Un periodista del diario The Independent le pidió que le mandara un breve artículo (unas 500 palabras) sobre el informe australiano, cosa que hizo gustoso. Su sorpresa vino cuando editaron sus palabras y cambiaron el sentido de sus conclusiones. Como no había cobrado nada por escribir este artículo decidió publicar el original en su propia página web.

Afirma que la conclusión de que los remedios homeopáticos altamente diluidos son placebos puros es algo que ya se apreció en la época en que Hahnemann propuso sus teorías inverosímiles: que lo semejante cura lo semejante, y que diluir un remedio no lo hace débil sino más fuerte.

Los homeópatas han defendido durante los últimos 200 años que la ciencia aún no ha sido capaz de explicar cómo funciona la homeopatía. Insisten en que no se sabe si algo es bueno hasta que se prueba. Es decir, «si los pacientes se benefician de la homeopatía, significa que funciona independientemente de lo que diga la ciencia». En realidad, los pacientes se benefician del efecto placebo y de otros fenómenos que no están relacionados con las pastillas de azúcar que “recetan” los homeópatas. De hecho, para transmitir estos beneficios a sus pacientes, los médicos no necesitan placebos.

Por este motivo, Ernst sostiene que la pretensión de que hay un espacio para un debate legítimo acerca de la efectividad de la homeopatía es simplemente engañar a la gente. Después de investigar el tema durante más de dos décadas, está convencido de que el único lugar legítimo para la homeopatía está en los libros de historia. Y así debe ser.

Referencias

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Escándalos en la medicina británica

Escándalos en la medicina británica

     Última actualizacón: 16 septiembre 2017 a las 16:38

Esta semana, el British Medical Journal (BMJ) dedica un editorial a tratar lo que califica como “escándalos” en la profesión médica del Reino Unido. Se refiere concretamente a tres casos bastante diferentes que analizamos a continuación.

En primer lugar, los cardiólogos John Dean y Neil Sulke tratan el escándalo de la corta vida de las baterías de los marcapasos.

Imagine pagar 4000 euros por un reloj nuevo con una batería integrada en el mecanismo que no se puede cambiar o recargar. A pesar de que está previsto que la batería dure diez años o más, después de seis años descubres que está descargada, y el técnico le recomienda sustituir el reloj de inmediato, incluso aunque pueda funcionar bien durante un año o más.

Más de la mitad de los pacientes que llevan un marcapasos tienen que someterse a un procedimiento para sustituir las baterías, y muchos de ellos necesitarán varias sustituciones (entre un 11% y un 16% de los casos en el Reino Unido). Sin embargo, no existen incentivos para desarrollar dispositivos con una vida útil más larga, porque el aumento de la longevidad de estas baterías reduciría los beneficios de los fabricantes, los médicos que los implantan, así como de sus instituciones. Mientras tanto, los pacientes, sobre todos aquellos que necesitan un desfibrilador cardioversor implantable, corren el riesgo de sufrir infecciones y otras complicaciones en el proceso de sustitución, y malgastan una cantidad considerable de dinero al reemplazar las baterías antes de que hayan caducado.

Los marcapasos normalmente se sustituyen entre tres y doce meses antes de que alcancen el final de su vida útil. Una sustitución prematura puede ser razonable en pacientes de alto riesgo (como los que dependen por completo de su marcapasos). Sin embargo, se podría retrasar la sustitución del generador de impulsos hasta que las baterías estén casi agotadas en aquellos pacientes de bajo riesgo. Teniendo en cuenta que cada vez es más común tener en casa con sistemas de vigilancia de estos dispositivos (a través de teléfonos móviles u otras aplicaciones) es una tarea sencilla llevar un control directo de su estado.

Con la tecnología existente hoy en día, los ingenieros podrían diseñar y construir unos marcapasos que funcionasen durante 25 años o más, con un aumento del volumen del dispositivo de alrededor del 40%. Es evidente que hay una necesidad urgente de minimizar la necesidad de sustitución de estos dispositivos.

(Para conocer en detalle la situación en España, recomiendo la lectura del XII Informe Oficial de la Sección de Estimulación Cardiaca de la Sociedad Española de Cardiología (2014).

Hipocrates CC

Hipocrates (Wikimedia Commons)

El segundo escándalo es uno que está más arraigado: el fracaso de la comunidad médica para actuar cuando sus miembros incumplen los códigos básicos de honestidad y competencia.

Peter Wilmshurst, un médico que lleva casi 20 años denunciando la mala praxis de algunos miembros de su profesión, se pregunta cómo es posible que el cirujano Anjan Kumar Banerjee fuera galardonado en 2014 con la Excelentísima Orden del Imperio Británico (aunque la retuvo solo dos meses) a pesar de haber sido eliminado del registro de médicos durante cinco años (entre 2002 y 2008) seguidos de otros dos años de suspensión por mala conducta profesional y falta grave en la investigación. A pesar de estos siete años retirado de la profesión, se le han otorgado becas (fellowship) en tres Colegios Reales y mantiene su Master en Cirugía por la Universidad de Londres, también obtenido con datos fraudulentos.

Wilmshurst explica que este caso no es aislado y hay graves problemas en casi todos los pilares del estamento médico: las universidades, el Colegio de Médicos (GMC), los Colegios Reales etc. La medicina británica mantiene procedimientos opacos que pueden manipularse para obtener honores, ascensos y dinero (por ejemplo, los premios a la excelencia clínica). Cuando se producen errores, las instituciones tienden por lo general a cerrar filas y silenciar a los denunciantes que a corregir esos errores.

Hay que deshacerse de la actual «cultura de club» (que podríamos traducir como corporativismo) en la medicina británica y sustituirla por una cultura que valore la integridad y la transparencia.

medicamentos CC

El tercer escándalo refleja también un malestar generalizado desde hace mucho tiempo, esta vez en relación con el desarrollo de nuevos fármacos.

El British Medical Journal encargó a una de sus editoras, Deborah Cohen, una investigación sobre un nuevo tipo de fármacos. Cohen concluyó que las recomendaciones para el uso de los anticoagulantes orales de nueva generación podían estar viciadas porque la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido (MHRA por sus siglas en inglés) no había podido examinar las pruebas que demostraban que una monitorización de los niveles del fármaco en el plasma podría mejorar su seguridad.

Cohen siguió durante tres años el desarrollo de las pruebas de los nuevos anticoagulantes orales de acción directa. Su primer informe demostró que los fabricantes de estos fármacos habían ocultado a la MHRA análisis importantes. Por ejemplo, en el caso del dabigatrán, las directrices sanitarias de EE.UU., Europa y Canadá recomiendan este fármaco por encima de otros en gran parte porque no requiere una monitorización de los niveles plasmáticos o de la actividad anticoagulante, y por consiguiente, no precisa un ajuste de la dosis. Esto no sucede con los tratamientos con fármacos más antiguos como la warfarina.

Lo cierto es que, Boehringer Ingelheim, el fabricante de dabigatrán, no compartió con los funcionaros de la MHRA los estudios que demostraban los posibles beneficios de una monitorización de la actividad anticoagulante y un ajuste de la dosis para asegurarse de que el medicamento estuviera funcionando de forma tan segura y efectiva como fuera posible. La compañía también ocultó los análisis que calculaban el número de hemorragias masivas que un ajuste de la dosis podría prevenir. La excusa del fabricante fue que esa información no se hizo pública porque los análisis no arrojaban una predicción fiable de los efectos para los pacientes. La no necesidad de controles periódicos es una de las ventajas del nuevo medicamento, y como tal, esta característica es clave para su éxito de ventas:

En un comunicado de prensa de la FDA (la agencia norteamericana de medicamentos) en 2010 cuando se aprobó en Estados Unidos el medicamento, se indicó que «a diferencia de la warfarina, que requiere que los pacientes se sometan a controles periódicos con análisis de sangre, esa supervisión no es necesaria con Pradaxa (nombre comercial del dabigatran)”.

La investigación, que ha supuesto un trabajo enorme por parte de Cohen y ha arrojado  otras interesantes conclusiones (que se pueden leer en el enlace que se acompaña la pie de esta anotación), también descubrió el uso de un dispositivo de control defectuoso en el único ensayo clínico clave sobre el rivaroxaban, poniendo bajo sospecha las recomendaciones que sustentan el uso del que actualmente es el anticoagulante oral de mayor éxito de ventas a nivel mundial. Los esfuerzos para lograr un análisis independiente de los datos han fracasado hasta ahora.

Como concluyen los editores de la prestigiosa revista médica, el verdadero escándalo está en no actuar correctamente cuando se descubren todas estas irregularidades.

Referencias

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