José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Reseña: Vamos a comprar mentiras

Reseña: Vamos a comprar mentiras

Ficha Técnica

Título: Vamos a comprar mentiras
Autor: José Manuel López Nicolás
Edita: Editorial Cálamo, 2016
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Número de páginas: 361 p.
ISBN: 978-8496932951

 

Este libro no pretende decirle al lector lo que debe comprar o no. Nada más lejos de su objetivo. Lo que se persigue es contar al consumidor lo que dice la ciencia sobre la efectividad de famosos productos para que, con toda la información en la mano, pueda decidir qué opción elegir entre las muchas que ofrece el mercado. En este libro no solo se pone de manifiesto la verdad que esconden famosos productos alimentarios y cosméticos pertenecientes a las principales multinacionales, sino que ofrece propuestas de mejora, iniciativas que deben aplicar diferentes colectivos públicos y privados, para que el ciudadano, cuando vaya a los puntos de venta y centros comerciales, pueda estar seguro de que no le engañan.

RESEÑA

El libro que vamos a reseñar debería estar en todos los hogares españoles. Esta afirmación puede parecer un tanto exagerada, pero lo digo completamente en serio (también lo dije cuando hablé del volumen «Las vacunas funcionan» que ya hemos reseñado en este blog).

Vivimos en una sociedad donde, a pesar de la aparente libertad con la que tomamos nuestras decisiones, nos vemos continuamente condicionados por los medios de comunicación, las empresas de alimentación, los consejos de quienes nos rodean etc. Una actividad en principio tan sencilla como ir al supermercado o a una farmacia a comprar alimentos o medicamentos, se convierte en una auténtica actividad de riesgo si decidimos adquirir determinados productos por hacer caso a algunos consejos o anuncios publicitarios.

Con su libro, José Manuel López Nicolás (a quien podéis leer en su blog Scientia y en Twitter) nos abre los ojos para que nos demos cuenta de que, desde hace mucho tiempo, tanto las industrias alimentarias y como las de productos cosméticos –que en muchas ocasiones son idénticas– nos han estado mintiendo descaradamente con el único objetivo de enriquecerse. Pero el problema se ha visto agravado considerablemente porque estas empresas han decidido utilizar la ciencia como mecanismo para lograr una apariencia de seriedad y otorgar mayor credibilidad a sus productos.

Estamos por tanto frente a un libro que «quiere denunciar en voz alta los abusos que está sufriendo el ciudadano y que no solo tienen repercusión en su bolsillo, sino también en la salud».

Se trata de una batalla contra la manipulación, la mentira y las malas prácticas profesionales, pero como el autor se esfuerza en remarcar, no pretende decirnos lo que debemos comprar ni tampoco busca desprestigiar ningún producto, marca ni empresa. Lo que hace es confrontar los pretendidos beneficios y la supuesta efectividad de determinados productos con los hechos que han sido demostrados por la ciencia. En definitiva, pone a nuestro alcance toda la información veraz relativa a esos productos para que podamos decidir –ahora sí, sin manipulaciones– qué opción elegir.

En varias ocasiones he destacado la pasión, honestidad y el coraje con el que Jose realiza su labor como divulgador científico. Y es que hay que tener mucho coraje para poner nombres y apellidos a muchos productos que forman parte de nuestro día a día, de marcas comerciales muy conocidas, de superficies comerciales a las que acudimos con frecuencia, de grandes multinacionales, de científicos, de medios de comunicación, de asociaciones profesionales… Digo coraje –y casi con seguridad un buen asesoramiento legal– porque analiza las «técnicas de venta» de productos y marcas tan famosas como Actimel, Flora, L´Oréal, Red Bull, De Memory, la participación del CSIC en el apoyo a productos como el Revidox, la «labor» de la Fundación del Corazón en la recomendación de determinados suplementos alimenticios y un largo etcétera. Les aseguro que ninguno de ellos sale bien parado. Aunque, en un alarde de la honestidad que le caracteriza, también reconoce la labor de aquellas empresas que hacen bien su trabajo y que cumplen lo que prometen en su publicidad.

El libro también hace pedagogía. Porque no olvidemos que si las empresas manipulan y tergiversan los hechos, falsean los pretendidos beneficios de sus productos etc. es porque determinados productos tienen un amplio público interesado. En este sentido, conoceremos las respuestas a una serie de preguntas relacionadas con la seguridad de los alimentos y cosméticos: ¿Es cierto que si se eliminan determinados compuestos químicos de la composición de estos productos aumenta su seguridad?, ¿Hay alguna relación entre determinados aditivos y el cáncer? Aprenderemos sobre alertas alimentarias y comprenderemos, con datos científicamente contrastados, que todos los productos que llegan al mercado han superado estrictos controles de seguridad.

Y también conoceremos alternativas a infinidad de nuevos productos sin sentido alguno que están alcanzado altas cotas de mercado, alternativas al mismo tiempo más económicas y más saludables.

Por último, el libro ofrece una serie de ideas para mejorar la situación, iniciativas, y acciones que es necesario poner en marcha de forma urgente para que cuando vayamos a comprar, podamos estar seguros de que no nos están engañando.

Como recoge el Libro blanco de la nutrición en España:

«Los errores, mitos y fraudes en materia nutricional son motivo de preocupación para las autoridades sanitarias, colectivos profesionales y comunidad científica. La proliferación de mensajes no basados en el conocimiento científico compromete el adecuado aporte de nutrientes y favorece la aparición de situaciones de malnutrición, como consecuencia de dar continuidad a pautas equivocadas, que alteran las condiciones de dietas equilibradas, poniendo en peligro el estado nutricional».

El objetivo último de esta obra es inculcar en el consumidor un espíritu crítico hacia muchas de las propiedades publicitadas en los alimentos y cosméticos. Hablemos claro: nosotros tenemos que poner de nuestra parte, hacer un juicio crítico de lo que nos cuentan y no creernos todo lo que nos quieran vender. Y aunque el peso no debería en el consumidor, es preciso el esfuerzo «porque la legislación que está detrás de que el fabricante tenga la obligación de ofrecer información veraz sobre su producto falla estrepitosamente».

En definitiva, háganme caso y compren este libro porque me lo agradecerán (y más aún a su autor).

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Siete días … 23 a 29 de enero (dinosarurios y el primer viaje de nuestra vida)

Siete días … 23 a 29 de enero (dinosarurios y el primer viaje de nuestra vida)

     Última actualizacón: 15 marzo 2017 a las 13:16

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ÚLTIMA ANOTACIÓN

Orígenes. los humanos. Capítulo 8. Prestissimo.

 

NOTICIAS CIENTÍFICAS

Recuperan por segunda vez colágeno de huesos fosilizados de dinosaurios

Investigadores de la North Carolina State University han logrado recuperar péptidos de colágeno, unas moléculas relativamente pequeñas que comprenden entre dos y un máximo de 100 aminoácidos, de un Brachylophosaurus de 80 millones de años, lo que permitirá ampliar nuestra capacidad de estudiar el registro fósil en el nivel molecular.

Referencia: Schroeter, E. R., et al. (2017), «Expansion for the Brachylophosaurus canadensis collagen I sequence and additional evidence of the preservation of Cretaceous protein«. Journal of Proteome Research, en prensa.

Noticia en  ABC.

 

LIBRO DE LA SEMANA

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Orígenes. Los humanos. Capítulo 8. Prestissimo

Orígenes. Los humanos. Capítulo 8. Prestissimo

La historia evolutiva de Homo sapiens es todavía muy breve pero hemos de reconocer que en pocos milenos hemos alcanzado cotas increíbles de desarrollo. La pregunta que se ha venido planteando en este sentido es si este éxito evolutivo no habrá tenido que ver con la complejidad del lenguaje. Se han llevado a cabo muchos análisis de los fósiles de nuestros antepasados para descifrar si poseían una capacidad de habla como la nuestra, pero no podemos ofrecer ninguna respuesta definitiva porque ni las sutiles diferencias de forma, ni tampoco el tamaño de nuestro cerebro parecen ser la solución. A grandes rasgos, podemos descartar diferencias sustanciales entre el cerebro de los primeros miembros de Homo sapiens y nosotros mismos.

En cualquier caso, hace 150.000 años éramos cazadores y recolectores y ahora estamos planeando viajar a Marte. Este salto cualitativo en nuestro desarrollo cultural encaja con un progreso exponencial de la tecnología, y suscita de nuevo la misma pregunta: ¿Dónde reside la diferencia entre nuestros antepasados africanos de hace 200.000 años y los actuales habitantes del planeta?

Para varios investigadores, la diferencia radica en las mutaciones de unos pocos genes reguladores, que habrían tenido una selección positiva y se habrían extendido muy rápidamente en las poblaciones humanas.

Es decir, una única mutación génica permite alcanzar resultados espectaculares y llegar a fenotipos completamente distintos. El ejemplo de esto es claro: las diferencias genéticas entre los chimpancés y los humanos apenas superan el 1,5% del genoma. Sin embargo, la función de cada uno de los genes que nos separan de ellos puede tener –y de hecho las tiene– consecuencias cualitativas de gran envergadura.

Es posible que la selección natural haya actuado sobre ciertas variantes de éstos y otros genes que nos han procurado un cerebro más eficaz en sus funciones cognitivas, como la memoria operativa y la autoconciencia. Así, la selección natural ha potenciado las variantes que nos han ayudado a mejorar nuestra relación con un medio siempre hostil.

Ahora bien, podemos preguntarnos si lo que denominamos de manera genérica inteligencia está relacionada únicamente con mutaciones específicas en nuestro genoma. Tengamos en cuenta que si cualquiera de nosotros quedara aislado en un medio rural o un bosque durante el otoño o el invierno  (por ejemplo) no sólo seríamos incapaces de conseguir alimento, sino que moriríamos de frío en muy poco tiempo. Es cierto que quizás sobrevivirían algunos individuos entrenados en técnicas de supervivencia, pero es evidente que no sucedería lo mismo con la inmensa mayoría de nosotros.

Y esto es porque nuestra evolución ha seguido su propio camino hacia una socialización muy desarrollada. Siempre hemos sido primates sociales, pero ahora lo somos en grado extremo. Nuestra especie ha dado un salto gigantesco hacia la complejidad social: en ello reside nuestro éxito, pero también el mayor peligro que nos acecha.

Autores como Bruce Lahn sostienen que la presión selectiva y la fijación de ciertos haplotipos en momentos relativamente recientes de la evolución de Homo sapiens estarían sin duda relacionadas con el surgimiento de avances culturales de gran calado, como la domesticación de los animales y la agricultura.

Es lo que conocemos como la «revolución neolítica». El Neolítico surgió hace entre 10.000 y 5.000 años en varios puntos de planeta y supuso el desarrollo de nuevas formas de obtener recursos para nuestra subsistencia, mediante la domesticación de animales salvajes y el cultivo sistemático de plantas comestibles.

Esta «revolución neolítica» trajo consigo un crecimiento demográfico muy significativo, sin duda influido más por el incremento de la natalidad que por el descenso de la mortalidad –a mayor y mejor alimentación, mayor aumento de la natalidad–. Como consecuencia de lo anterior, vivimos grandes desplazamientos de poblaciones para conquistar territorios, asistimos a la construcción de viviendas, la producción de cerámica y la mejora de las técnicas de fabricación de herramientas. En definitiva, el Neolítico ha sido clave en la distribución actual de las diferentes lenguas y sus variantes, así como en la fijación de determinadas mutaciones genéticas en las poblaciones humanas.

A pesar de que la revolución neolítica se expandió por el globo con las poblaciones humanas que iban buscando nuevos territorios, hoy en día existen poblaciones que no han alcanzado este nivel de desarrollo (como sucede con los pigmeos de la región del Congo, los Hazda de Tanzania, o los Ache de Paraguay). Dado que el genoma de los componentes de todos estos pueblos es como el de los demás humanos del planeta –aunque no hayan alcanzado el grado de complejidad cultural que nos caracteriza– parece evidente que debe haber algo más, parece que no bastan algunas mutaciones genéticas para que nuestra especie haya llegado a cotas tecnológicas impensables hace tan solo un par de cientos de años.

Es posible que la respuesta a este misterio esté en el llamado «cerebro colectivo». Los seres humanos somos totalmente interdependientes, cada uno de nosotros desarrolla un rol complementario con el de los demás miembros de la sociedad. Aunque es muy posible que en las sociedades primitivas hubiera individuos con una alta capacidad creativa, sus innovaciones desaparecían en muy poco tiempo sin llegar más allá de, como mucho, unos cuantos cientos de kilómetros. Si a esto le sumamos la poca esperanza de vida, el enorme potencial de la «sabiduría de los mayores» se perdería irremediablemente.

En resumen, para ofrecer una respuesta a porqué hemos llegado a ser lo que somos, podemos acudir a la idea del «cerebro colectivo». A las posibles mutaciones que han terminado fijándose por selección positiva en el genoma de las actuales poblaciones del planeta, hemos de añadir la conexión virtual entre los centenares o miles de individuos que formamos cada población, y la que globalmente forman todas las poblaciones del planeta. Para que se de esa conexión no es necesario que nuestras neuronas entren en contacto directo. Aunque hace relativamente poco tiempo que hemos prescindido de la conectividad física para transmitir información, estamos dando un paso trascendental hacia el futuro, quizá de una nueva especie.

 

Participa en el debate entrando en las Tertulias Literarias de Ciencia

 

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Siete días … 14 a 22 de enero (bonobos y Hidden figures)

Siete días … 14 a 22 de enero (bonobos y Hidden figures)

     Última actualizacón: 18 octubre 2019 a las 09:20

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ÚLTIMAS ANOTACIONES

La divergencia entre chimpancés y bonobos.

 

NOTICIAS CIENTÍFICAS

Hidden figures 

Esta semana, en lugar de hablar de un artículo científico, he preferido contaros el estreno de la película «Talentos ocultos», que cuenta la historia de la afroamericana y matemática Katherine Johnson y sus dos colegas, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, quien, mientras estaba trabajando en el división segregada de Ordenadores de Área Del oeste de Langley  Research Center, ayudaron a la NASA en la carrera espacial.

LIBRO DE LA SEMANA

FICHA COMPLETA

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La divergencia entre chimpancés y bonobos

La divergencia entre chimpancés y bonobos

     Última actualizacón: 26 febrero 2018 a las 17:34

Hace entre 1,5 y 2 millones de años, los chimpancés (Pan troglodytes) y los bonobos (Pan paniscus) sufrieron un proceso de especiación a partir de un ancestro común y desarrollaron unas claras diferencias físicas y de comportamiento. En este sentido, los bonobos son más pequeños y más delgados que los chimpancés y, desde el punto de vista social, los chimpancés viven en grupos dominados por machos, mientras que entre los bonobos son las hembras las que dominan.

Hasta hace poco tiempo nadie había tenido en cuenta la posibilidad de que estas dos especies pudieran intercambiar genes, debido en gran medida a la importante barrera física que los separa: el río Congo. El área de distribución de estos primates está bien definida: los chimpancés –con cuatro subespecies– viven en la ribera norte del río, mientras que los bonobos lo hacen en el lado sur. De hecho, se ha sugerido que la formación del río Congo, que también tuvo lugar hace entre 1,5 y 2 millones de años, pudo ser el factor clave que inició el proceso de especiación 1 a través de los llamados mecanismos de aislamiento reproductivo.

Distribución geográfica de las poblaciones del género Pan. azul: (Pan troglodytes verus), chimpancé del oeste de África u occidentales; verde: (Pan troglodytes troglodytes), chimpancé de África Central; naranja: (Pan troglodytes schweinfurthii), chimpancé del este de África; rojo: (Pan troglodytes ellioti), chimpancé de Nigeria-Camerún; morado: bonobos.

Un reciente artículo publicado en la revista Science 2 concluye que hay pruebas de que se produjo una mezcla genética entre ambas especies. Ahora sabemos que hace cientos de miles de años, los chimpancés y bonobos fueron capaces de aparearse y producir descendencia, dejando una marca genética en los animales que viven en la naturaleza hoy en día.

Ya se había observado –en las poblaciones de estos simios criadas en cautividad– que era posible que chimpancés y bonobos se apareasen y tuvieran descendencia fértil, incluso habiendo transcurrido más de un millón de años desde el momento de su divergencia. Pero ahora la ciencia ha sido capaz de proporcionar pruebas sólidas del entrecruzamiento entre las distintas subespecies de chimpancés, y entre éstos y los bonobos que viven en libertad.

Un equipo dirigido por Tomas Marques-Bonet (del Laboratorio de genómica comparada) ha analizado el genoma completo de un total de 75 chimpancés y bonobos de 10 países diferentes. Los resultados muestran que los chimpancés de África central y del este (Pan troglodytes troglodytes y Pan troglodytes schweinfurthii) comparten significativamente más material genético con los bonobos que con las otras subespecies. Los investigadores apuntan a que esto se debe al flujo genético que se produjo desde los bonobos a los antepasados de estos chimpancés hace entre 200.000 y 550.000 años.

Esquema que muestra los tiempos de divergencia así como los contactos tras la misma.

El flujo genético en la evolución

Los investigadores han demostrado que los análisis completos del genoma tanto de chimpancés como de los bonobos no solo es útil para comprender la historia evolutiva de estos simios, sino también para facilitar las tareas de conservación de las especies y prevención del tráfico ilegal de animales: estos datos serán muy útiles a la hora de identificar geográficamente la procedencia de los animales que son capturados de forma ilícita. El equipo se ha propuesto además explorar si el material genético recibido de los bonobos ha tenido alguna ventaja selectiva en la evolución de los chimpancés.

Porque no podemos dejar de lado la importancia que este tipo de trabajos está teniendo si tenemos en cuenta que la relación genética entre chimpancés y bonobos muestra sorprendentes paralelos con la historia evolutiva de los seres humanos modernos.

Ya se han publicado numerosos trabajos que ponen de manifiesto que el flujo genético entre especies divergentes es un aspecto importante a tener en cuenta en su evolución. En los últimos diez años, las principales investigaciones sobre el pasado evolutivo de los seres humanos modernos han demostrado la importancia del cruzamiento en nuestra propia historia evolutiva. Ya sabemos por ejemplo que existe una introgresión 3 de genes de neandertal en nuestro genoma que podrían afectar a nuestra apariencia física, así como nuestra susceptibilidad a distintas enfermedades.

Referencia

de Manuel, M., et al. (2016), «Chimpanzee genomic diversity reveals ancient admixture with bonobos«. Science, vol. 354, núm. 6311, p. 477-481.

Notas

  1. Para más información, puedes leer el artículo Analysis of chimpanzee history based on genome sequence alignments
  2. Chimpanzee genomic diversity reveals ancient admixture with bonobos
  3. Que se produce cuando el material genético de una especie está integrado en el genoma de otra
Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 9 comentarios