José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Los libros de 2017

Los libros de 2017

 

Como siempre por estas fechas, toca hacer un repaso a los libros que he leído este año 2017. En esta pequeña selección hay un poco de todo, muy buenos libros de divulgación, novelas clásicas por las que no pasan los años, descubrimientos inesperados y, todo hay que decirlo, enormes decepciones —aunque era capaz de intuir de antemano cuáles iban a ser los de este tipo.

Dado que nuestro tiempo en esta vida es limitado —a pesar de los recurrentes anuncios acerca del descubrimiento de la píldora de la inmortalidad— como propósito para el 2018 voy a proponerme en serio ser más exigente con los libros que decido leer. Me siento orgulloso de haber dejado pocos libros sin terminar una vez que los empiezo pero, a partir de ahora, si un texto no me convence en unas decenas de páginas, pasarán a vivir el resto de su existencia en una caja en mi trastero. Pero como la vida me ha enseñado que no debemos ser tan severos con determinadas lecturas —la edad es sabia, y en gustos literarios hay que estar abiertos a los cambios— podrán redimir su condena si recibo alguna recomendación positiva.

En fin, os deseo a todos lo mejor para este nuevo año que está a punto de comenzar.

 

ENERO

López-Goñi, I. (2015), Virus y pandemias. Valladolid: Glyphos publicaciones, 222 p.

Hoy en día, en pleno siglo XXI, ¿puede un virus cambiar el mundo?, ¿puede haber una nueva pandemia mundial? En este libro explicaremos qué es un virus y cómo es la vida de un virus dentro de una célula, veremos qué es una pandemia y hablaremos sobre cómo se originan los nuevos virus de la gripe. Contestaremos a preguntas como: ¿por qué es tan difícil curar el SIDA?, ¿el ébola acabará siendo una pandemia? Hablaremos también de mosquitos, murciélagos, camellos y de los virus que transmiten. Repasaremos la historia para ver cómo los virus han influido en la construcción del canal de Panamá o en la conquista de América. Después de leer este libro, serás consciente de que sin virus la vida en la Tierra sería muy diferente e incluso puede que no existiera. Los virus son la causa de muchas enfermedades infecciosas, varias de ellas mortales, pero podemos manipular algunos virus y emplearlos como terapia contra el cáncer. Otros, como los retrovirus endógenos, son parte de nuestro genoma y probablemente hayan influido en nuestra propia evolución como humanos. Contestaremos a estas y muchas otras preguntas con rigor científico pero con un lenguaje divertido y muy divulgativo.

Alvargonzález, D. (1992), El sistema de clasificación de Linneo. Oviedo: Pentalfa Ediciones, 91 p.

Carlos Linneo (1707-1778) ocupa, sin duda, un lugar destacado entre los clásicos de la historia de la biología y continúa siendo una referencia inexcusable a la hora de discutir los problemas relativos a las clasificaciones biológicas. Tradicionalmente se ha considerado a Linneo como el paradigma de la biología esencialista y fijista, anclada firmemente en el aristotelismo y en la escolástica: efectivamente las obras de Linneo anteriores a 1753 ofrecen gran cantidad de textos que explícitamente avalan esta interpretación, de modo que no es difícil entender las razones por las que el célebre botánico sueco ha llevado siempre asociada la etiqueta del fijismo.

Sin embargo, al autor de este libro sostiene que es posible hablar de una evolución del pensamiento de Linneo, evolución que habría venido, de algún modo, forzada por los propios materiales con los que tuvo la oportunidad de trabajar. Según esto, las obras de Linneo posteriores a 1753 se habrían ido alejando de los planteamientos escolásticos que, sin duda, estaban presentes con anterioridad: los géneros anteriores, propios de un sistema de clasificación descendente (que va de lo general a lo especial), habrían dejado paso a géneros posteriores, asociados a una vía de clasificación ascendente (que parte de las especies para construir los géneros); el sistema de denominación esencialista porfiriano habría resultado desbordado por la propia variedad de los especímenes y habría conducido a la nomenclatura binomial; por último, la tesis sobre el carácter primitivo y fijo de las especies habrían dejado paso a concepciones en las que la hibridación, gobernada por las leyes de la Naturaleza, sería la responsable de las especies actualmente presentes. En este sentido, Alvargonzález estudia las condiciones que llevaron al propio Linneo a desbordar el marco conceptual tradicional, con el objeto de rectificar el tópico simplista de un Linneo fijista escolástico y hacer así mayor justicia a la complejidad de su obra. De este modo, se contribuye a hacer más inteligible el hiato entre las taxonomías de inspiración escolástica y el transformismo y evolucionismo posteriores.

MARZO

Bradbury, R. (1984), Fahrenheit 451. Barcelona: Orbis, 183 p.

Fahrenheit 451, la temperatura a que arde el papel, es la historia de Guy Montag, un bombero que en un futuro previsible tiene como oficio principal el de quemar libros. Montag, rebelde, es —ha dicho el crítico Charles Dobzinky— «uno de los tipos más puros de la literatura mundial».

«Al escribir esta novela corte pensé que describía un mundo que podía aparecer dentro de cuatro o cinco décadas. Pero una noche, en Beverly Hills, hace sólo unas semanas, se cruzaron conmigo un hombre y una mujer que paseaban con su perro. Me quedé mirándolos, estupefacto. La mujer llevaba en la mano una radio del tamaño de un paquete de cigarrillos, con una antenita temblorosa. Salían del aparato unos alambres que terminaban en un cono insertado en la oreja derecha de la mujer. Allí iba ella, olvidada del hombre y el perro, escuchando vientos lejanos, murmullos, y gritos de folletines musicales, caminando como sonámbula; y el marido, que bien podía no haber estado allí, la ayudaba a subir y bajar las aceras. Esto no era literatura. Esto era un hecho nuevo en nuestra cambiante sociedad». Ray Bradbury.

¿Te suena de algo todo esto?

ABRIL

Martínez Ron, A. (2016), El ojo desnudo: Si no lo ven, ¿cómo saben que está ahí? El fascinante viaje de la ciencia más allá de lo aparente. Barcelona: Editorial Crítica, 312 p.

En los sótanos del museo de Ciencia e Industria de Manchester hay una caja de cristal con unas pequeñas virutas que parecen fragmentos de piel seca. Estos restos son lo que queda de los globos oculares de John Dalton, el padre de la teoría atómica y el primer científico en describir la ceguera al color. Dalton dejó encargado a su médico personal que tras su muerte le extrajera los ojos y los «desnudara» para aclarar un misterio que no pudo resolver en vida: ¿por qué él veía el mundo de manera distinta a los demás?

A partir de esta anécdota, y con la vida de Dalton como hilo conductor, El ojo desnudo reconstruye una historia de nuestro conocimiento de la visión y de la luz y nos ofrece la explicación de por qué vemos como vemos y cómo hemos alcanzado a comprender fenómenos que van mucho más allá de lo que nuestros sentidos nos permiten detectar. En sus páginas, el periodista científico Antonio Martínez Ron intenta dar respuesta a cuestiones como qué es el color, qué es la luz y cómo hemos aprendido a mirar el universo. Un viaje desde el ojo de los primeros hombres que observaron el cielo a simple vista hasta el de aquellos que dieron la vuelta a los instrumentos para mirar dentro de nosotros mismos. Y una aventura que nos ha llevado a superar nuestras limitaciones para convertirnos en la especie que todo lo ve.

MAYO

Maugham, W. S. (1961), El agente secreto. Barcelona: Ediciones G. P., 269 p.

Somerset Maugham, agente secreto del espionaje británico durante la I Guerra Mundial, plasmó sus propias vivencias en este libro fascinante, que encadena una serie de relatos que reflejan a la perfección la rudeza y la brutalidad de los servicios secretos, las intrigas y traiciones y, sobre todo, el absurdo de su existencia. Su tono y su estructura de mosaico sirvieron de modelo a los padres fundadores del género: Eric Ambler, Ian Fleming o Graham Greene.

Dicen que Ashenden o el agente secreto fue el primer libro de espías modernos que se escribió jamás. Somerset Maugham lo publicó en 1928, con historias al parecer recreadas de las cosas en las que anduvo cuando él mismo fuera un espía durante la I Guerra Mundial, después de conducir ambulancias en el frente como hicieran Dashiell Hammett o Ernest Hemingway. A Ashenden, el primer agente sofisticado, el primer espía con voz y traje de tweed de la historia, no le mueven ni el afán de aventura ni la pasión patriótica sino una especie de mal de Montano o de hambre de jugador de ajedrez que le achaca en algún momento el coronel R., un extravagante coronel del servicio secreto que propone a un escritor llamado Ashenden que ya que anda paseándose por Suiza y sus aledaños, por qué no hace unos trabajitos patrióticos y maneja a unos agentes infiltrados, recoge sus informes y les paga sus honorarios, todo muy burocrático. Maugham es un observador increíblemente perspicaz del comportamiento de los otros, del color de los muebles y de los sombreros ajenos.

Pepys, S. (2014), Diarios (1660-1669). Sevilla: Renacimiento, 560 p.

Las memorias y diarios más o menos íntimos constituyen todo un género en la literatura inglesa (mucho más rica en este sentido que la española e incluso que cualquier otra literatura). Entre este riquísimo acervo destacan, singularmente, la biografía de Johnson escrita por Boswell y los diarios de Samuel Pepys (Londres, 1633-1703), de los que presentamos ahora una amplia selección. Leer a Pepys es mirar el siglo XVII inglés como a través del ojo de una cerradura. Pepys, miembro del Parlamento y Secretario del Almirantazgo, uno de los principales responsables de que su país alcanzase la supremacía naval, habla con total sinceridad, gracias al uso de un sistema encriptado, lo mismo de su vida más íntima, que del Gobierno, la Corte y el Londres de su tiempo. En estos Diarios aparece a menudo España (Pepys conocía la lengua española y una importante parte de su biblioteca estaba formada por libros en castellano), la potencia declinante en ese momento histórico. Para esta nueva edición, la tercera publicada por Renacimiento, hemos añadido 150 páginas, espigadas a lo largo de los diez años que abarca el diario, que tratan sucesos a menudo relacionados con nuestro país; gracias a eso, la reedición de este volumen, hacía ya tiempo agotado, adquiere carácter de auténtica novedad. Samuel Pepys (Londres, 1633-1703) era hijo de un modesto sastre londinense, pero su parentesco con Sir Edward Montagu, futuro Lord Sandwich, le permitió colocarse en un puesto oficial e iniciar una carrera de funcionario que le colmaría de honores. Llegó a ocupar el cargo de Secretario del Almirantazgo y fue miembro del Parlamento.

A los veintisiete años comenzó la redacción de esta obra que terminaría diez años después, obligado por una enfermedad de la vista. El diario permaneció inédito hasta 1825. A través de la lectura de estas páginas podemos representarnos claramente la personalidad del autor. Pepys era un hombre inteligente, estudioso, lleno de ambiciones y con muchas y muy profundas debilidades. Tenía dos innegables virtudes: la sinceridad ante sí mismo y la capacidad de trabajo. Le interesaban todas las manifestaciones de cultura: la música, la pintura, la literatura, el teatro. Dominaba varias lenguas, vivas y muertas. Tocaba el laúd y componía música. Pero, a la vez, y con igual entusiasmo le atraían el dinero, las mujeres, los halagos, el vino y la buena mesa. He aquí, pues, el hombre más indicado para ofrecernos el verdadero cuadro de la Inglaterra del siglo XVII. Gracias a sus virtudes, Pepys nos hace vivir con toda naturalidad los grandes acontecimientos de su tiempo, la terrible peste de Londres o el incendio de la ciudad; y son sus defectos y vicios los que nos revelan la vida íntima de Carlos I, las costumbres pintorescas y licenciosas de la Corte, las intrigas palaciegas o la cantidad de platos que ofrecía un menú de la época. Esta dualidad de carácter le ha prestado un estilo al autor y sus páginas resultan amenas y vívidas, porque en ellas se han mezclado, por caprichos de la vida, los nombres famosos de un Shakespeare, un Holbein o un Cromwell con aquellos otros, más humildes, de un librero, un posadero o una prostituta. Pepys recurrió a un sistema encriptado para redactar sus notas. Probablemente, si Pepys no hubiese dispuesto de algo parecido, hubiera contenido su sinceridad evitando estampar nombres y sucesos que, de ser conocidos por sus contemporáneos, podrían haberle costado la carrera o la vida.

JUNIO

Berger, L. R. y  Hawks, J. (2017), Almost human: the astonishing tale of Homo naledi and the discovery that changed our human story. Washington, D.C.: National Geographic, 239 p.

Esta narración en primera persona de un descubrimiento arqueológico está reescribiendo la historia de la evolución humana. Lee Berger, un científico polémico, nos cuenta una historia de desafío y determinación acerca de la búsqueda de Homo naledi, una especie totalmente nueva en el árbol de la familia humana y uno de los mayores descubrimientos del siglo XXI. En 2013, Berger, explorador residente de National Geographic, se enteró de la existencia de una acumulación de huesos en una cueva subterránea de difícil acceso en Sudáfrica. Buscó por todo el mundo la ayuda de colaboradores –hombres y mujeres aventureros y de una estatura lo suficientemente pequeña como para poder atravesar túneles de 20,32 centímetros de diámetro, para llegar a una oscura cueva a 12 metros bajo tierra. Con este equipo de «astronautas subterráneas», Berger hizo un descubrimiento único en la vida: cientos de huesos, incluyendo esqueletos completos, de al menos 15 individuos. El equipo de Berger había descubierto una especie totalmente nueva a la que bautizaron Homo naledi. La cueva se convirtió rápidamente en el yacimiento de homínidos primitivos más rico jamás descubierto en África, con implicaciones que sacuden los mismos fundamentos acerca de cómo definimos lo que nos hace humanos. ¿Esta especie apareció antes, durante o después de que lo hiciera Homo sapiens en nuestro árbol evolutivo? ¿Cómo es posible que la cueva contuviera nada más que los restos de estos individuos? ¿Enterraban a sus muertos? Si es así, debieron poseer un nivel de autoconsciencia, además de la conciencia de la muerte. Y sin embargo, éstas son las mismas características que utilizamos para definir lo que nos hace humanos. ¿Existía una especie tan avanzada habitando la Tierra junto a nosotros, o antes de nosotros? Berger no duda en responder a todas estas preguntas.

Berthoud, E. y  Elderkin, S. (2017), Manual de remedios literarios. Cómo curarnos con los libros. Madrid y Barcelona: Siruela y Círculo de Lectores, 430 p.

Un original y divertido tratado de biblioterapia que condensa todo el poder curativo de la palabra escrita. ¿Qué tal una dosis de las Brontë para sanar el corazón roto? ¿Y una inyección de Hemingway para sobrellevar los días de resaca? El libro adecuado en el momento preciso puede cambiarnos la vida y los amantes de la literatura llevamos siglos utilizándola como tónico contra cualquier enfermedad, pero nunca antes habíamos tenido a nuestro alcance un manual como este.

Tanto si sufrimos jaquecas como si es el alma lo que tenemos maltrecho, en sus páginas encontraremos un ingenioso remedio en forma de novela que nos ayudará a curar nuestro mal. Un compendio que es además una buena manera de descubrir nuevas lecturas, de recuperar algunas ya olvidadas o de resolver los problemas más habituales entre los lectores: qué hacer si tenemos demasiados títulos pendientes, si solemos dejarlos siempre a medias… Nuestros males y cómo sanarlos con libros de la A a la Z.

Rymill, J.; Stephenson, A. y  Mill, H. R. (1943), Luces del sur: informe oficial de la expedición inglesa a la Tierra de Graham. 1934-1937. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 284 p., 1 hoj., 4 maps.

La expedición Británica a la Tierra de Graham (1934-1937), encabezada por John Rymill, zarpó hacia la península Antártica en el barco de vapor Penola. La embarcación transportaba un aeroplano De Havilland Fox Moth equipado con flotadores y esquíes que fue usado para el reconocimiento del hielo y para aprovisionar a los equipos en el terreno. Pasaron el primer invierno en una cabaña prefabricada de la expedición en las islas Argentinas, pero las oportunidades para desplazarse en trineo no eran buenas. Concluido el invierno, el barco regresó a la isla Decepción con el fin de cargar madera para una nueva cabaña que debía construirse para pasar el segundo invierno más al sur, en las islas Debenham y la bahía Margarita. Se recorrieron largas distancias en trineos de perros para trazar mapas y efectuar estudios geológicos, incluyendo una larga travesía a lo largo del canal Jorge VI hasta los 720 S entre el continente de la península y la isla Alejandro I. También se realizaron estudios ornitológicos, biológicos y meteorológicos, pero quizá el resultado más importante fue mostrar que la península era un elemento continuo, no dividido por canales en un archipiélago como Wilkins había sugerido con anterioridad.

AGOSTO

Dumas, A. (1935), Los tres mosqueteros. Barcelona: Ramon Sopena, 336 p.

Un joven gascón, D’Artagnan, es enviado por su padre a París con objeto de que haga carrera en el cuerpo de los mosqueteros. Una vez ingresado en él, entabla amistad con tres caballeros pertenecientes al mencionado instituto, Athos, Porthos y Aramis, al tiempo que se enamorará de la angélica, aunque casada, Constance Bonacieux. En lucha contra la duplicidad y la intriga política, los cuatro compañeros tendrán que vérselas con el cardenal Richelieu y sus temibles agentes: el conde de Rochefort y una tan bella como misteriosa inglesa conocida como Milady de Winter, con objeto de salvar el honor de la reina, doña Ana de Austria, que Richelieu pretende comprometer. Para ello tienen que recuperar unos herretes que ésta dio a su amante, el duque de Buckingham. Tan sólo D’Artagnan conseguirá escapar de la persecución de sus tenaces enemigos y presentarse en Londres. Toda la tensión de la intriga estriba en conocer si llegará a tiempo para entregar los herretes a la reina, de modo que ésta pueda presentarlos ante su marido, el rey Luis XIII y frustrar de este modo la intriga del ambicioso y taimado cardenal.

Rosas González, A. (2015), Los primeros homininos: paleontología humana. Madrid: CSIC, Los libros de la Catarata, 127 p.

La evolución humana, lejos de ser un proceso lineal y simple, es un complejo entramado del que han surgido múltiples géneros, especies y formas de relacionarse con la naturaleza. Tras más de un siglo de trabajo de campo y laboratorio, hoy disponemos de un respetable registro de fósiles que nos permiten indagar, aunque con carencias, el curso de nuestra evolución. La paleontología humana aporta a este conocimiento un caudal de pruebas empíricas con las que tratamos de reconstruir las pautas y procesos que nos han modelado. Y entre estos, el origen y la diversidad de los primeros homininos constituyen uno de los temas más apasionantes de abordar porque nos ayudan a entender cómo se han configurado las bases de nuestra anatomía. Desde este libro, queremos mostrar un ensayo de superación de este modelo lineal y abrirnos a esquemas en los que la ramificación y la diversidad sean la base de nuestra ordenación de los procesos de la naturaleza.

Marchamalo, J. y  Gomá Lanzón, J. (2011), Cortázar y los libros: un paseo por la biblioteca del autor de «Rayuela». Madrid: Fórcola, 107 p.

El autor de «Tocar los libros» (un libro que se ha convertido ya en un pequeño objeto de culto para los amantes de los libros) se adentra en «Cortázar y los libros» en el mundo más íntimo y curioso de Julio Cortázar, el de su biblioteca personal, el rastro de sus libros subrayados, con esquinas dobladas, apostillas y papeles-hojas de calendario, recortes de periódico, un pedazo de cartulina garabateado, dibujando un retrato imaginario sobre el autor de «Rayuela» que hará las delicias de bibliófilos y bibliópatas.

Marchamalo, J. (2016), Los reinos de papel: bibliotecas de escritores. Madrid: Siruela, 221 p.

Toda biblioteca se rige por una serie de códigos que trazan un retrato de sus dueños. Jesús Marchamalo recorre las bibliotecas de una veintena de autores y nos muestra sus obsesiones y secretas manías. Decía Marguerite Yourcenar que la mejor manera de conocer a una persona es ver sus libros. En el caso de los escritores, conocer sus bibliotecas, sus lecturas, adquiere el interés adicional de explicar su universo literario. Jesús Marchamalo —el inspector de bibliotecas, le bautizó con poético acierto Antonio Gamoneda— lleva años visitando e inspeccionando bibliotecas de escritores.

En 2011 publicó en Siruela un primer libro dedicado a este tema, «Donde se guardan los libros», y ahora presenta esta nueva entrega de sugerente título, «Los reinos de papel». Un recorrido por las bibliotecas personales de una veintena de autores a quienes nos acercamos a través de esos pequeños detalles que marcan su relación con los libros: la perrita Lola, de Elvira Lindo, que adoptó un libro de Caravaggio; la celda monacal en la que ha acabado convirtiendo su biblioteca Manuel Vicent; las fotografías de artistas del Hollywood dorado que salpican los estantes de Marta Sanz; el libro que Ezra Pound dedicó, hosco y malhumorado, a Antonio Colinas… Cada una de las bibliotecas que contiene Los reinos de papel traza un retrato original, inesperado a veces, de su dueño, al tiempo que desvela esas historias prodigiosas que guardan en su interior los libros.

Numbers, R. L. y  Kampourakis, K. (2017), La manzana de Newton. Valencia: Ediciones de Intervención Cultural/Biblioteca Buridán, 305 p.

La caída de una manzana inspiró a Newton el descubrimiento de la ley de la gravedad, o eso nos habían dicho siempre. ¿Es verdad? Quizás no. «La manzana de Newton y otros mitos acerca de la ciencia» –continuación de «Galileo fue a la cárcel y otros mitos acerca de la ciencia y la religión», también publicado en Biblioteca Buridán– refuta una serie de errores o ideas falsas que han llegado a ser tan populares que suelen pasar acríticamente por verdades indiscutibles y los sustituye por una descripción más veraz de los grandes avances científicos que están en su base.

Entre los mitos refutados en este volumen está la idea de que durante la Edad Media la ciencia estuvo totalmente estancada y que de hecho no hubo actividad científica alguna entre la antigüedad griega y la Revolución científica; que la alquimia y la astrología eran puras supersticiones sin el menor contenido cognitivo; que solo por temor a la reacción pública Darwin demoró tantos años la publicación de su teoría de la evolución; que Gregor Mendel estuvo muy por delante de su tiempo como pionero de la genética. Varios mitos del siglo XX acerca de la física de partículas, la teoría de la relatividad de Einstein y muchos otros son igualmente desacreditados. Los mitos se resisten a morir por mucho que sean refutados, y en esta colección de ensayos, editada por Ronald L. Numbers y Kostas Kampourakis, los colaboradores, la mayoría de ellos profesores de historia de la ciencia, abordan algunos de los mitos más persistentes y nocivos para el conocimiento, refutándolos y situándolos en su contexto histórico.

SEPTIEMBRE

Yoshikawa, E. (2014), Musashi. Vol. 1, La leyenda del samurai: Tierra, agua, fuego. Madrid: Quaterni, 437 p.

Miyamoto Musashi es, quizás, el más famoso de todos los samurais que poblaron la época feudal del Japón. Vivió en unos tiempos convulsos, en los cuales Japón se recuperaba de una guerra civil que desencadenó el inicio del shogunato Tokugawa, y donde la nueva paz reinante reformulaba una serie de reformas sociales que afectaba de forma especial a los ronin, aquellos samurais que, como Musashi, carecían de amo.

Musashi, escrita por Eiji Yoshikawa y publicada inicialmente por entregas entre 1935 y 1939, rápidamente se convirtió en todo un éxito al tiempo que se ha ido haciendo con un hueco cada vez más importante en el panorama tanto nipón como del resto del mundo. Con su mezcla de ficción y realidad es una obra fundamental para acceder al mito, gozando de una popularidad e influencia inigualables que siguen acrecentándose a medida que pasan los años. Pero Musashi es además una novela en la mejor tradición de la narrativa japonesa. Es un relato vivo, sutil e imaginativo, rebosante de personajes memorables, que pinta vívidamente un mundo que durante mucho tiempo fue impenetrable para Occidente. Llena de brío y humor, posee una épica repleta de calidad y un atractivo universal.

OCTUBRE

Yoshikawa, E. (2009), Musashi. Vol. 2, El camino de la espada: Viento, cielo. Madrid: Quaterni, 431 p.

Musashi ha progresado en el Camino de la Espada y sus tempranos éxitos empiezan a hacer de él un espadachín de renombre. Durante su peregrinaje vence a los estudiantes de la prestigiosa escuela Yoshioka de Kyoto, quienes heridos en su orgullo no están muy dispuestos a aceptar su derrota. Musashi es desafiado a un duelo con Seijuro, el joven maestro de los Yoshioka, quien espera poder vengar a su escuela y restablecer el prestigio perdido…

Dumas, A. (1933). Veinte años después (continuación de «Los tres mosqueteros»). Barcelona: Ramón Sopena, 352 p.

Veinte años después, novela de tintes otoñales, es más melancólica. Los mosqueteros han llegado a la cuarentena, se han dispersado y sirven en bandos distintos: unos están con Mazarino, otros con los sublevados de La Fronda. Sin embargo, siguen siendo fieles a la vieja amistad y juntos correrán de nuevo innumerables peligros y aventuras, tanto en Francia como en Inglaterra. Una espectacular novela de acción que después de un siglo y medio perdura en la memoria por su ingenio y su garbo. Veinte años después es la continuación de una de las obras más conocidas del autor francés Alejandro Dumas, Los tres mosqueteros.

Yoshikawa, E. (2010), Musashi. Vol. 3, La luz perfecta: Sol y luna. La perfección absoluta. Madrid: Quaterni, XXIV, 288 p.

En su peregrinar por Japón, la fama de Musashi ha ido aumentando a la par que su creciente dominio del Camino de la Espada. Convertido en un espadachín ejemplar, los grandes señores del Japón feudal quieren emplearlo y hacer de él su siervo, convencidos de la tremenda valía de su brazo. Sin embargo, Musashi no es el único guerrero cuyo nombre está en boca de todos: como él, Sasaki Kojiro se ha hecho con una reputación sin parangón. Convertidos ambos sin discusión en los dos espadachines más importantes de su tiempo, sólo uno de ellos puede quedar como el más grande, en una batalla épica e inmortal. Con este tercer volumen llega a su fin la epopeya de Musashi, cuya vida y hechos sedujeron el imaginario mítico japonés como quizás ninguna otra figura lo logró jamás. En Miyamoto Musashi (1584-1645) la vida se reviste de un luminoso halo de leyenda que se superpone a su historia real y sería, por su importancia, el equivalente nipón al Cid Campeador en España.

NOVIEMBRE

Martín Jiménez, C. (2013), Perdidos. ¿Quién maneja los hilos del poder?. Los planes secretos del Club Bilderberg. Madrid: Martínez Roca, 284 p.

¿Quién se ha quedado nuestro dinero? ¿Quién dirige nuestra política e instituciones? ¿Los despidos y recortes se deciden desde aquí o se pactan desde despachos en la otra punta del mundo? ¿Existe una mano invisible, férreamente organizada, que ha creado una crisis artificial con un objetivo específico: la instauración de un único gobierno mundial, una única moneda o mercado y una sola religión? ¿Es esta la crisis tan anhelada por David Rockefeller, el alma del Club Bilderberg? ¿Quiénes son los verdaderos amos del mundo?

Si estás dispuesto a conocer otra realidad diferente a la «oficial»; si estás cansado de seguir creyendo lo que dicen nuestros políticos a través de sus altavoces oficiales: los medios de comunicación; si quieres saber quién ha planeado este fraude mundial…, lee este libro.

Lo de arriba es la reseña del editor y es evidente que están obligados a tratar de vendernos libros aunque no valgan el papel en que están impresos.

Para mí, lo que sí es un fraude mundial es que esta escritora (¿periodista?) tenga vía libre en algunas de las editoriales de más éxito de nuestro país. Una verdadera lástima para la enorme cantidad de buenos autores que están esperando su oportunidad.

DICIEMBRE

Tolkien, J. R. R. y Tolkien, C. (2016), El Silmarilion. Barcelona: Minotauro, 432 p.

Tolkien comenzó a escribir El Silmarillion mucho antes que El Hobbit, obra concebida como historia independiente, pero que fue parte de lo que él llamaba un «tema que copia y se ramifica», y del que emergió El Señor de los Anillos.

El Silmarillion cuenta la historia de la Primera Edad, el antiguo drama del que hablan los personajes de El Señor de los Anillos, y en cuyos acontecimientos algunos de ellos tomaron parte, como Elrond y Galadriel.

Los tres Silmarils eran gemas creadas por Fëanor, el más dotado de los Elfos, y contenían la Luz de los Dos Árboles de Valinor antes de que los Árboles mismos fueran destruidos por Morgoth, el primer Señor Oscuro. Desde entonces la inmaculada Luz de Valinor vivió sólo en los Silmarils, pero Morgoth se apoderó de ellos, y los engarzó en su corona, guardada en la fortaleza impenetrable de Angband en el norte de la Tierra Media.

En este volumen se incluyen otras obras cortas, como el Ainulindalë o la Música de los Ainur, la creación mítica del mundo, y el Valaquenta, sobre la naturaleza y poderes de los dioses. A El Silmarillion sigue el Akallabeth, que vuelve a narrar la caída del reino de Númenor al fin de la Segunda Edad, y por último la historia De los Anillos de Poder, en la que el tema de El Señor de los Anillos reaparece en la perspectiva más amplia de El Silmarillion.

El Silmarillion no es una novela, ni un cuento de hadas, ni una historia ficticia. Podría definirse como una obra de imaginación inspirada, una visión sombría, legendaria o mítica, del interminable conflicto entre el deseo de poder y la capacidad de crear.

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Siete días … 27 de noviembre a 3 de diciembre (bipedismo)

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NOTICIAS CIENTÍFICAS

La locomoción de los homininos del Pleistoceno era igual de eficiente que la de los humanos actuales

En un trabajo publicado recientemente en la revista American Journal of Physical Anthropology, investigadores del grupo de Paleofisiología y Ecología del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) han analizado la influencia de las proporciones corporales en el coste de la locomoción mediante un estudio de energética experimental con 46 sujetos de ambos sexos, cuyos resultados indican que la marcha de los homininos del Pleistoceno no era menos eficiente energéticamente que la de los humanos actuales.

Referencia: Vidal-Cordasco et al. «Energetic cost of walking in fossil hominins«Am J Phys Anthropol., vol. 2017, núm. 164, p. 609622.

LIBRO DE LA SEMANA

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Reseña: La manzana de Newton

Reseña: La manzana de Newton

     Última actualizacón: 26 febrero 2018 a las 22:25

Ficha Técnica

Título: La manzana de Newton
Editores: Ronald L. Numbers y Kostas Kampourakis
Edita: Biblioteca Buridán, 2017
Encuadernación: Tapa blanda.
Número de páginas: 308 p.

RESEÑA DEL EDITOR

La caída de una manzana inspiró a Newton el descubrimiento de la ley de la gravedad, o eso nos habían dicho siempre. ¿Es verdad? Quizás no. «La manzana de Newton y otros mitos acerca de la ciencia» –continuación de «Galileo fue a la cárcel y otros mitos acerca de la ciencia y la religión», también publicado en Biblioteca Buridán– refuta una serie de errores o ideas falsas que han llegado a ser tan populares que suelen pasar acríticamente por verdades indiscutibles y los sustituye por una descripción más veraz de los grandes avances científicos que están en su base.

Entre los mitos refutados en este volumen está la idea de que durante la Edad Media la ciencia estuvo totalmente estancada y que de hecho no hubo actividad científica alguna entre la antigüedad griega y la Revolución científica; que la alquimia y la astrología eran puras supersticiones sin el menor contenido cognitivo; que solo por temor a la reacción pública Darwin demoró tantos años la publicación de su teoría de la evolución; que Gregor Mendel estuvo muy por delante de su tiempo como pionero de la genética. Varios mitos del siglo XX acerca de la física de partículas, la teoría de la relatividad de Einstein y muchos otros son igualmente desacreditados. Los mitos se resisten a morir por mucho que sean refutados, y en esta colección de ensayos, editada por Ronald L. Numbers y Kostas Kampourakis, los colaboradores, la mayoría de ellos profesores de historia de la ciencia, abordan algunos de los mitos más persistentes y nocivos para el conocimiento, refutándolos y situándolos en su contexto histórico.

RESEÑA

«La manzana de Newton» es un libro necesario: era necesario que alguien lo escribiera –y no podría recomendar mejores colaboradores–, y también era necesario que alguna editorial se lanzara a publicarlo en castellano. Es un libro que nos enseña que los mitos históricos acerca de la ciencia –porque el primer paso es admitir que esos mitos existen y están muy arraigados– dificultan la alfabetización científica y presentan una imagen distorsionada de cómo se ha hecho –y como se hace también hoy– la ciencia.

Entendiendo por mitos en este texto aquellas afirmaciones que son falsas, vemos que no sólo han adquirido una gran difusión, sino que pese a haber sido refutados en muchas ocasiones, mantienen todavía su poder porque la falsificación de los hechos es muy duradera. Pero un mito no es simplemente una completa invención de un suceso.

Las historias tradicionales acerca de determinados acontecimientos relacionados con la ciencia a menudo ocultan otros componentes muy importantes de esos logros científicos, como la contribución de colegas o ayudantes del descubridor, o la posibilidad de que la suerte haya desempeñado un papel muy relevante en el descubrimiento. Las historias que se centran en un componente concreto de un logro científico pueden llegar a pasar por alto otros componentes que son igualmente importantes.

Esto puede llevar a una serie de estereotipos sobre cómo se producen los avances científicos. Algunos de estos estereotipos se exponen en los últimos capítulos del libro, que se centran en cómo se practica la ciencia y en el tipo de conocimientos que produce. Los primeros capítulos, en cambio, exploran algunos tópicos acerca de la ciencia y algunas falsas representaciones relativas a los métodos empleados y a los logros realizados por algunos de los más famosos científicos.

Por ejemplo, entre estos últimos podemos destacar el mito relativo a que no hubo actividad científica desde la antigüedad griega a la revolución científica (aquí Carl Sagan jugó un negativo papel al defender el mito en su, por otra parte, memorable libro «Cosmos»); que antes de Colón, los geógrafos y otros personajes cultos de la época creían que la Tierra era plana; o que las explicaciones acerca de la evolución biológica de ofrecieron Darwin y Wallace eran prácticamente idénticas.

Estudiantes, educadores y el público en general necesitan no solo adquirir el conocimiento de estas cuestiones científicas, sino también entender lo que se conoce como «la naturaleza de la ciencia», es decir, cómo se practica la ciencia, qué tipo de cuestiones se plantean los científicos y qué tipo de conocimientos producen. En definitiva, podríamos resumir esta aspiración diciendo que ciudadanos más y mejor informados son capaces de tomar decisiones razonables.

Se trata de un libro tremendamente interesante. Tras su lectura obtenemos no sólo un mejor conocimiento de algunos de los momentos más importantes de la historia de la ciencia –y de sus protagonistas–, sino que se convierte en una herramienta muy útil para cualquiera que quiera profundizar en ellos y obtener una comprensión global de los mismos desde diferentes perspectivas.

El libro se divide en cuatro partes. Como hemos apuntado, la primera se dedica a analizar los mitos relativos a los precursores de la ciencia moderna durante la Edad Media y Moderna; la segunda parte se centra en el siglo XIX, y la tercera en el siglo XX. Por último, la cuarta parte aborda cuestiones generales relacionadas con «la naturaleza de la ciencia». En general, el libro trata de refutar los mitos clásicos acerca de sucesos históricos, los relativos a cómo se practica la ciencia y también aquellos que implican a los propios científicos.

Sucede muy a menudo –más de lo que cualquier divulgador científico serio quisiera admitir– que a fuerza de tomar determinados datos de un mismo tipo de fuentes, repetimos sin contrastar historias acerca de cómo nacieron algunas teorías, de cómo funciona el método científico o cómo se produjo realmente ese hecho que removió los cimientos de la ciencia en su época. Este libro nos recuerda que debemos ser cuidadosos a la hora de acercarnos al pasado, que hemos de evitar caer de forma perezosa en manidos clichés y que, para evitarlo, debemos recurrir a distintas fuentes para contrastar toda la información que creemos saber.

Libros como el presente nos ayudan no solo a situar en su debido contexto histórico algunos de los momentos más trascendentales de la historia del pensamiento humano, sino que nos hacen pensar en qué es realmente la ciencia, cómo desarrollan su trabajo diariamente miles de científicos y a entender que ellos, como nosotros, tenemos limitaciones –en el sentido de sesgos– que debemos saber que existen para poder contrarrestarlos.

Más de treinta páginas de notas al final del texto nos guiarán si queremos profundizar en cualquiera de los temas tratados; y junto a ellas, contamos con un completo índice onomástico y por materias que facilitará la labor de localizar cualquier pasaje que estemos buscando.

En definitiva, se trata de un libro muy recomendable y que vamos a consultar a menudo, así que debe estar en la biblioteca de toda persona interesada en el desarrollo del conocimiento que hemos acumulado sobre la naturaleza.

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El arbusto evolutivo. 6. Humanos anatómicamente modernos

El arbusto evolutivo. 6. Humanos anatómicamente modernos

     Última actualizacón: 4 abril 2020 a las 12:25

Este grupo incluye todos los restos fósiles que son indistinguibles (morfológicamente hablando) de los seres humanos modernos. Incluimos por tanto en Homo sapiens a los humanos actuales y sus antepasados que no lo son a su vez de H. neanderthalensis. En este sentido, excluimos otras especies que han llegado a coexistir con los humanos modernos como los neandertales que ya hemos mencionado, así como los denisovanos, H. floresiensis y H. naledi.

Homo sapiens

Nombre taxonómico: Homo sapiens s.s. ―Linnaeus, 1758―. Desde el primer descubrimiento de un fósil perteneciente a este taxón en 1824 en la cueva Goat’s Hole en Gales (tomado en retrospectiva porque en aquel entonces no se identificó como tal), se han recuperado restos de H. sapiens en yacimientos de todos los continentes excepto la Antártida. Antigüedad: Aproximadamente desde hace 100.000 años hasta el presente.

Espécimen tipo: Carl Von Linné no designó un tipo específico ­—el holotipo— para esta nueva especie ya que su descripción se hizo, literalmente, en los inicios de la nomenclatura taxonómica y no se habían establecido aún las normas que rigen en la actualidad. En cualquier caso, no es necesario establecer un holotipo formal porque todos sabemos lo que es un H. sapiens.

Características y comportamiento: Muchos de los restos de H. sapiens aparecen en enterramientos, por lo que los fósiles de este taxón son abundantes y generalmente están muy bien conservados. Sin embargo, en algunas regiones los restos son escasos y aparecen muy dispersos (como sucede por ejemplo en el África Occidental).

Los fósiles más antiguos que presentan la morfología de los seres humanos anatómicamente modernos proceden de yacimientos de África (yacimiento de Omo Kibish en Etiopía, y varios yacimientos de Sudáfrica) y de Oriente Próximo. También proceden de África los fósiles del posible antepasado (morfológicamente hablando) de los seres humanos anatómicamente modernos. Nos referimos a algunos cráneos que por lo general son más robustos y de apariencia más primitiva que H. sapiens aunque no son lo suficientemente arcaicos o derivados como para justificar incluirlos en los taxones que ya hemos analizado como por ejemplo H. heidelbergensis u H. neanderthalensis. Concretamente, hablamos de los especímenes recuperados en Jebel Irhoud (Marruecos), los fósiles identificados como Omo II y LH 18 (espécimen nº 18 de Laetoli), recuperados en Tanzania; y el espécimen conocido como cráneo de Florisbad de Sudáfrica.

Cuando analizamos H. sapiens nos enfrentamos a una tarea complicada debido a que presenta una importante gradación en su morfología, hay una enorme variabilidad interna. Por ejemplo, si usamos límites estadísticos de tamaño craneal para diferenciar a los miembros de nuestra especie de otros taxones, esos mismos límites excluirían a muchos individuos humanos tanto actuales como ancestrales. La explicación de esta aparente paradoja tiene que ver con el hecho de que hemos colonizado todos los continentes (salvo la Antártida), adaptándonos a climas y circunstancias muy diferentes desde hace decenas, si no centenares de miles de años.

Esto hace que sea difícil establecer por tanto una frontera clara entre los seres humanos anatómicamente modernos y H. heidelbergensis. Así, los investigadores que quieren distinguir los fósiles de Florisbad, Omo II y LH 18 de los seres humanos que vivimos hoy en día, optan o bien por incluir a aquéllos ejemplares en un nuevo taxón (Homo helmei) o bien referirse a ellos de manera informal como «Homo sapiens arcaicos». Por su parte, Tim White sostiene que debemos distinguir el cráneo de Herto de los seres humanos modernos, pero a nivel de subespecie, eligiendo para ello el nombre de H. sapiens idaltu.

Referencias

 

Con esta anotación llegamos al final del camino que iniciamos hace unas semanas analizando los primeros fósiles que, con unos 7 Ma de antigüedad, podemos considerar nuestros antepasados más lejanos. Aunque, pensándolo mejor, más que el final de un camino me gustaría pensar que esta última anotación supondrá el inicio de una maravillosa aventura para quienes deseen profundizar más y, sobre todo, comprender mejor cómo hemos llegado a donde nos encontramos hoy en día. Creedme si os digo que es un viaje apasionante.

Hoy en día nadie duda que la evolución humana, lejos de ser un proceso lineal y simple, se parece más a un enrevesado arbusto del que han surgido múltiples géneros, especies y distintas formas de relacionarse con la naturaleza, y que ha llevado incluso a que distintas especies hayan hibridado entre sí en distintos momentos (lo que supone reconocer que la paleoantropología no sigue el criterio biológico a la hora de definir las especies como apuntamos al inicio de esta serie). Sin embargo, aún persiste en la sociedad la idea de que tenemos muy claro cómo se produjo la evolución desde Sahelanthropus tchadensis hasta H. sapiens.

Esta idea de una evolución lineal quedó grabada en nuestras mentes gracias al trabajo del pintor de historia natural y muralista Rudolph Franz Zallinger (1919-1995). Fue en 1965 cuando se publicó por primera vez su hoy mundialmente famosa ilustración conocida como «la marcha del progreso», en un libro escrito por el gran antropólogo Francis Clark Howell (1925-2007) titulado «Hombre primitivo» (Early man). Esta ilustración, si bien sirvió como una explicación aceptable teniendo en cuenta el momento en que se publicó, también ha provocado innumerables malentendidos acerca de cómo ha sido realmente la evolución humana.

La marcha del progreso. Ilustración de Rudolph Franz Zallinger para el libro de Francis Clark Howell titulado «Hombre primitivo» (Early man).

En definitiva, espero que esta serie de anotaciones sirva como punto de partida para profundizar en esta cuestión que, si bien no nos permitirá tener una respuesta tan contundente como nos gustaría a las preguntas que la humanidad se viene planteando desde su mismo origen ­— ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? Y ¿adónde vamos? — seguro que nos hará tener más claro cuál es nuestro lugar en este mundo y quiénes lo ocuparon antes de nosotros.

PS: Para profundizar en esta materia, me gustaría recomendaros algunos libros que seguro os serán de enorme utilidad:

  • Arsuaga, J. L. (2001), El enigma de la esfinge. Barcelona: Círculo de Lectores, 470 p.
  • Bermúdez de Castro, J. M. (2013), Exploradores: la historia del yacimiento de Atapuerca. Barcelona: Debolsillo, 267 p.
  • Bermúdez de Castro, J. M., et al. (2011), Hijos de un tiempo perdido: la búsqueda de nuestros orígenes. Barcelona: Crítica, 361 p.
  • Carbonell, E. y Rodríguez, X. P. (2005), Homínidos: las primeras ocupaciones de los continentes. Barcelona: Ariel, 780 p.
  • Cela Conde, C. J. y Ayala, F. J. (2013), Evolución humana: el camino de nuestra especie. Madrid: Alianza Editorial, 802 p.
  • Johanson, D. C. y Edey, M. A. (1987), El primer antepasado del hombre. Barcelona: Planeta, 347 p., 8 p. de lám. col.
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Siete días … 13 a 19 de noviembre (mala ciencia)

Siete días … 13 a 19 de noviembre (mala ciencia)

     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:52

ÚLTIMAS ANOTACIONES

Para entender la paleoantropología. 4ª parte: el arbusto evolutivo.

En esta serie de anotaciones analizamos el arbusto evolutivo, es decir, cuáles son las especies de nuestros antepasados que los paleoantropólogos han descrito para la ciencia. Aprenderemos los conceptos clave y a distinguir su historia evolutiva.

NOTICIAS CIENTÍFICAS

Indicios de mala ciencia en referencia a la primera ocupación del continente Europeo.

Un grupo de arqueólogos ha afirmado en un texto publicado en bioRXiv.org, que “al menos un hueso robado” y “otros materiales de procedencia dudosa” cuestionan las últimas investigaciones sobre las primeras ocupaciones humanas en Europa. En concreto, se ponen en duda tres artículos científicos −publicados en 2013, 2016 y 2017− y consideran que no se hicieron “las preguntas adecuadas”. Además rechazan la conclusión de que el yacimiento alemán de Untermassfeld, conocido por sus abundantes restos de animales, hubiera sido ocupado por homininos hace 1 millón de años.

Referencias:

LIBRO DE LA SEMANA

FICHA COMPLETA

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