José Luis Moreno

Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Doctor en Derecho. Jurista amante de la ciencia y bibliofrénico. Curioso por naturaleza.
Buscando agujas en un pajar planetario

Buscando agujas en un pajar planetario

     Última actualizacón: 17 septiembre 2017 a las 16:13

Volvamos ahora la vista a nuestros museos geológicos más ricos, y ¡qué triste espectáculo contemplamos! Que nuestras colecciones son incompletas, lo admite todo el mundo. Nunca debiera olvidarse la observación del admirable paleontólogo Edward Forbes, a saber, que muchísimas especies fósiles son conocidas y clasificadas por ejemplares únicos, y a menudo rotos, o por un corto número de ejemplares recogidos en un solo lugar. Tan sólo una pequeña parte de la superficie de la tierra se ha explorado geológicamente, y en ninguna con el cuidado suficiente, como lo prueban los importantes descubrimientos que cada año se hacen en Europa.

Charles Darwin, El Origen de las especies.

Yacimiento de Dmanisi - cortesía de David Lordkipanidze

Yacimiento de Dmanisi – cortesía de David Lordkipanidze

Comencemos contando una historia. Y como en toda buena historia, tenemos un héroe y un largo viaje por recorrer. Nos situaremos primero en una selva tropical como pudiera ser la de Guinea Ecuatorial. Vemos un pequeño animal en una rama que, protegido por el denso follaje, degusta lo que parece una sabrosa fruta. Aunque él no lo sabe, hace tiempo que el clima está cambiando, lo que ha provocado una importante reducción de la masa boscosa que forma su hábitat natural. Pasado el tiempo, cada vez tiene que desplazarse más lejos para obtener alimento y además, en lugar de hacerlo de rama en rama como era su costumbre, tiene que bajar al suelo ya que la sabana está ganando terreno.

De moverse a cuatro patas a hacerlo sobre las dos traseras fue un paso que, por supuesto, él no buscó pero que le resultó muy útil: desarrolló extremidades vigorosas que le permitieron cubrir grandes distancias, unos pulmones potentes para poder correr, y una vista ágil y movimientos furtivos para cazar las presas que ahora constituyen su principal fuente de alimento. La lucha por la existencia era dura, y se vio obligado a poner en juego todas sus facultades de inventiva e ingenio: fabricó y utilizó por primera vez armas de madera y, más adelante, comprobó que la piedra era más resistente para ese fin, perfeccionando diferentes técnicas para obtener una mayor variedad de utensilios.

Sus desplazamientos se hicieron cada vez más largos, llegando a recorrer miles de kilómetros. Encontrar hábitats cada vez más fríos ya no supuso ningún problema, gracias a su inteligencia y la cooperación con otros congéneres, pudo fabricar ropas con que abrigarse, controló el uso del fuego para calentarse y cocinar, y llegó a convertirse, en definitiva, en la especie dominante del planeta 1.

Contando historias

Misia Landau se graduó en biología en la Universidad de Oxford, pero su verdadero interés estaba en la neurología. Por ese motivo se matriculó en el programa de posgrado en antropología de la Universidad de Yale para estudiar la historia evolutiva de nuestro cerebro. Sin embargo, su otra pasión de la juventud, la literatura, trastocó sus planes. En lugar de seguir investigando acerca de la evolución del cerebro, planteó en su tesis la existencia de un fuerte vínculo entre la literatura y la paleoantropología 2. Descubrió en definitiva que los sesudos análisis científicos donde se explicaba la evolución del hombre no hacían otra cosa que narrar historias, relatos similares a los cuentos de hadas que todos conocemos y también nuestros hijos.

Landau sostenía que la descripción de la evolución humana que se hacía en las publicaciones especializadas seguía una estructura perfectamente reconocible, unos puntos recurrentes que Vladímir Propp había detectado hacía tiempo en los cuentos populares: en primer lugar se nos presenta un humilde héroe (en nuestro caso, un simio) en un entorno inicialmente estable. A continuación es expulsado de ese lugar seguro (como consecuencia de un cambio climático) y se ve obligado a iniciar un viaje peligroso donde debe superar una serie de pruebas (nuevas condiciones ambientales, enfrentamientos con otros depredadores…) que le obligan a demostrar su valor (mediante la adopción de la postura bípeda, el desarrollo de la inteligencia etc.). Tras estos primeros logros, nuestro héroe desarrolla nuevas ventajas (las herramientas) sólo para verse sometido a nuevas pruebas (los rigores de las glaciaciones) que al final le llevan a triunfar. Ese triunfo es el Homo sapiens 3.

Así, aunque a veces en diferente orden, los paleoantropólogos de comienzos del siglo pasado reconocían cuatro hitos fundamentales en nuestra evolución: el paso de los árboles al suelo; la postura erguida al andar; la expansión del cerebro y el desarrollo de la inteligencia y del lenguaje; y por último, el nacimiento de la tecnología, la moral y la sociedad, en definitiva, la civilización.

A pesar de que hoy en día sabemos que las cosas no sucedieron exactamente así, que el proceso evolutivo no persigue un fin (la creación de Homo sapiens) ni tampoco que «la evolución del hombre debió responder a un plan deliberado de algún poder espiritual» 4, hoy en día siguen vigentes antiguos debates acerca de la importancia de cada uno de esos momentos claves. Debates que se avivan con los descubrimientos de nuevos fósiles, la mejora de las técnicas de análisis, y el concurso de otras disciplinas científicas.

Reconozcamos por tanto que la paleoantropología es apasionante. ¿Cómo podría ser de otra manera si es el medio que tiene el ser humano racional de buscar las respuestas sobre su origen?

Cita Broom

Pero como hemos apuntado, para llevar a cabo su tarea los científicos necesitan contar con fósiles, esos vestigios de nuestro pasado evolutivo que han llegado a convertirse en auténticas agujas en un pajar planetario. No en balde la fosilización es un proceso tremendamente complejo que comienza con la muerte del animal, pero que culmina miles e incluso millones de años más tarde. Pensándolo bien, el hecho de que seamos capaces de encontrar algunos restos ya es de por sí una proeza.

Aunque por suerte hoy vivimos un momento dulce. En primer lugar, se ha producido un notable incremento del número de fósiles que han visto la luz: once nuevas especies y cuatro nuevos géneros identificados desde 1987. Los descubrimientos en los yacimientos de Atapuerca, Dmanisi, Denisova, o la cueva Rising Star en Sudáfrica, han permitido añadir nuevas ramas a nuestro arbusto genealógico. Además, la mejora en las técnicas de datación y los estudios paleoclimáticos han proporcionado la precisión cronológica necesaria para relacionar adecuadamente esos fósiles con el ambiente en el que evolucionaron (aunque no en todos los casos: el flamante Homo naledi, descrito recientemente, sería el más llamativo fracaso).

En segundo término, se están planteando atrevidas soluciones para los graves problemas detectados en la reconstrucción de esta enmarañada genealogía; propuestas que generan debates acalorados como el surgido hace poco en una cuestión clave, la aparición del género Homo, y que la adelanta a hace 2,8 millones de años, una fecha demasiado cercana a los australopitecinos para desaprobación de algunos.

La tercera razón a destacar es el peso cada vez mayor que tienen los análisis de ADN antiguo que permiten secuenciar muestras de hace cientos de miles de años. Este tipo de análisis ayudan a establecer las relaciones de parentesco entre nuestros antepasados, así como a conocer la forma en que nuestra especie sigue evolucionando hoy en día.

Pero no es oro todo lo que reluce, y la afirmación de Darwin con la que comienza este artículo sigue siendo tan válida ahora como cuando se publicó hace más de ciento cincuenta años. De hecho, algunos capítulos de la historia humana simplemente no aparecen en el registro fósil, mientras que otros se apoyan en pruebas tan escasas que son poco más que especulaciones.

Por ejemplo, sólo conocemos unos pocos fósiles de más de dos millones de años de antigüedad que podamos atribuir sin dudas al género Homo, y los que hay, son restos dispersos y fragmentados. Como ha dicho William Kimbel, paleoantropólogo de la Universidad del Estado de Arizona: «Hay muy pocos especímenes. Podrías meterlos todos en una caja de zapatos y todavía te sobraría espacio para guardar los zapatos. 5» La situación con el resto de homininos no es mucho mejor.

Un poco de historia

El principal motivo de esta carestía tiene que ver con el proceso mismo de fosilización que hace muy difícil que los restos se conserven adecuadamente. A esta dificultad hay que añadir lo complicado que resulta localizar yacimientos productivos puesto que los fósiles tienen que volver a la superficie tras la erosión de los sedimentos que los cubren. De ahí que la suerte, la casualidad o el azar hayan sido los principales aliados de esta ciencia: hay investigadores que han pasado décadas de su carrera excavando sin hallar nada de interés; mientras que otros, en su primera o segunda temporada, han descubierto un espécimen que ha cambiado por completo la disciplina 6.

Formacion de un yacimiento

Formacion de un yacimiento

Veamos algunos ejemplos. El primer resto de un Neandertal se encontró en unas canteras de Gibraltar en 1848 (antes incluso de los hallazgos en el valle Neander que daría nombre a la especie). Cuando el nuevo gobernador de la prisión militar llegó al Peñón, decidió que los presos no se dedicarían únicamente a partir las rocas destinadas a la reconstrucción de las instalaciones militares, sino que también excavarían en nuevas zonas con el objetivo de encontrar fósiles (el gobernador era un ávido coleccionista). Así apareció el cráneo conocido hoy como Gibraltar 1.

Sin embargo, debemos reconocer que fue Eugène Dubois el primero que viajó deliberadamente a un lugar (las Indias Orientales Holandesas, la actual Indonesia) con el objetivo de encontrar el eslabón perdido entre los simios y los seres humanos modernos (a diferencia de Darwin y otros, Dubois consideraba Asia y no África como la “cuna de la humanidad”). Tras años de esfuerzos, sus “excavadores” (entre comillas porque eran presos condenados a trabajos forzados) encontraron un fémur y parte de un cráneo que este médico apasionado de la evolución humana designó como Pithecanthropus erectus, y que hoy reconocemos como un miembro más de nuestro género: Homo erectus 7.

Cita Le Gros

Por otro lado, unos mineros localizaron las famosas cuevas de Sudáfrica donde han aparecido importantes restos de Australopithecus (de hecho, el famoso cráneo del niño de Taung se extrajo de la roca por los propios mineros, quienes lo entregaron a Raymond Dart para su análisis). Lo mismo sucedió en Etiopía, donde gracias a unos geólogos que buscaban minerales se descubrió la riqueza de los yacimientos del Awash medio; o en Tanzania, donde un lepidopterólogo encontró la garganta de Olduvai.

Para último, no podemos olvidar dos descubrimientos muy mediáticos que han tenido como protagonista al paleoantropólogo Lee Berger. El primero fue el hallazgo de Australopithecus sediba. El espécimen tipo de este hominino lo encontró Matthew, el hijo de Berger, mientras paseaba cerca del lugar donde su padre llevaba excavando casi dos décadas. Matthew tropezó, literalmente, con una mandíbula con un diente 8. El segundo caso es el de Homo naledi. Berger contrató a un geólogo y varios espeleólogos para que inspeccionaran paulatinamente el inmenso sistema de cuevas calizas que forman parte del yacimiento sudafricano llamado Cuna de la Humanidad. Ellos realizarían la tediosa y casi siempre improductiva labor de buscar yacimientos, y así él podía centrar sus esfuerzos en otras tareas. En cualquier caso, su idea tuvo éxito y fruto de ello se localizó la impresionante cueva Rising Star que promete ofrecer muchas sorpresas.

Nuevas técnicas, nueva ciencia

bibliografia

Parte de los libros consultados para escribir esta anotación (colección del autor).

Sabemos que debido al proceso de fosilización, los restos de nuestros antepasados se encuentran mayoritariamente en ciertos conjuntos de rocas de características similares, de ahí que conocer la geología del terreno sea fundamental para localizar con éxito yacimientos relevantes. Por ello los paleoantropólogos han venido analizando mapas geológicos y topográficos para saber dónde pueden encontrar fósiles expuestos en la superficie. Sin embargo, al final hay que peinar muchos kilómetros a pie y soportando duras condiciones climáticas, además de que, a pesar de tener los ojos bien entrenados, en demasiadas ocasiones los fósiles pasan desapercibidos.

Pero, ¿y si pudiéramos utilizar las imágenes vía satélite para localizar yacimientos fósiles productivos? Eso es precisamente lo que persiguen varios equipos de investigadores: optimizar esa búsqueda mediante el uso de técnicas de teledetección y el empleo de herramientas como sistemas de información geográfica, que permite combinar y apilar múltiples capas de información espacial para identificar patrones. La idea es que si contamos con imágenes vía satélite de alta resolución de una región dada, y algunos yacimientos ya conocidos con los que “entrenar” el modelo, seremos capaces de generar un mapa personalizado que indique nuevos lugares donde, con gran probabilidad, podamos encontrar fósiles.

El primer uso de la teledetección para la búsqueda de fósiles de nuestros antepasados lo emplearon Berhane Asfaw, Tim White y sus colegas del proyecto de inventario paleoantropológico de Etiopía. Utilizaron este tipo de imágenes para identificar afloramientos rocosos que pudieran albergar fósiles en el valle del Rift y la depresión de Afar, conocidas áreas de interés pero que debido a su extensión y complicada climatología eran difíciles y costosas de explorar. Este proyecto creó un nuevo paradigma de investigación que ha cosechado grandes éxitos, y que sigue perfeccionándose con cada avance en las distintas técnicas empleadas.

En cualquier caso debemos ser conscientes que este tipo de tecnologías servirán para reducir los costes de exploración y extracción de los fósiles. Pero al final, el trabajo más delicado seguirá haciéndose sobre el terreno en calurosos desiertos, llanuras rocosas y en profundas cuevas con pequeñas herramientas de mano.

 

Referencias

Anemone, R.; Emerson, C. y Conroy, G. (2011), «Finding fossils in new ways: an artificial neural network approach to predicting the location of productive fossil localities». Evolutionary Anthropology, vol. 20, núm. 5, p. 169-180.

Anemone, R. L.; Conroy, G. C. y Emerson, C. W. (2011), «GIS and paleoanthropology: incorporating new approaches from the geospatial sciences in the analysis of primate and human evolution». American Journal of Physical Anthropology, vol. 146, núm. 54, p. 19-46.

Ciochon, R. L. y  Corruccini, R. S. (1983), New interpretations of ape and human ancestry. New York: Plenum Press, xxiv, 888 p.

Cole, S. (1975), Leakey’s luck: the life of Louis Seymour Bazett Leakey, 1903-1972. Londres: William Collins Sons & Co, 448 p.

Delson, E. y  History, A. M. o. N. (1985), Ancestors, the hard evidence: proceedings of the symposium held at the American Museum of Natural History April 6-10, 1984 to mark the opening of the exhibition «Ancestors, four million years of humanity». New York: A. R. Liss, xii, 366 p.

Johanson, D. C. y  Edey, M. A. (1987), El primer antepasado del hombre. Barcelona: Planeta, 347 p.

Kalb, J. E. (2001), Adventures in the bone trade: the race to discover human ancestors in Ethiopia’s Afar Depression. New York: Copernicus Books, xv, 389 p.

Landau, M. (1984), «Human evolution as narrative: have hero myths and folktales influenced our interpretations of the evolutionary past?». American Scientist, vol. 72, núm. 3, p. 262-268.

Leakey, R. E. y  Lewin, R. (1977), Origins: what new discoveries reveal about the emergence of our species and its possible future. London: Macdonald and Jane’s, 264 p.

Leakey, R. E. (1989), Leakey. Barcelona: Salvat, 195 p.

Leakey, L. S. B. (1937), White African. London: Hodder and Stoughton, 320 p.

Lewin, R. (1989), La interpretación de los fósiles: una polémica búsqueda del origen del hombre. Barcelona: Planeta, 328 p.

Tobias, P. V. (1985), Hominid evolution: past, present, and future. Proceedings of the Taung Diamond Jubilee International Symposium, Johannesburg and Mmabatho, Southern Africa, 27th January-4th February 1985. New York: Alan R. Liss Inc., xxix, 499 p.

separador2

  1. Este relato acerca de la evolución del ser humano estuvo en vigor durante décadas. Para esta reconstrucción he tomado datos de obras de importantes paleoantropólogos de comienzos del siglo pasado como Henry Fairfield Osborn, William King Gregory, Arthur Keith y Grafton Elliot Smith.
  2.  La rama de la antropología que estudia la evolución humana y su registro fósil.
  3.  El trabajo de Landau en el departamento de historia de la ciencia de la Universidad de Harvard le llevó a publicar su primer libro: Narratives of human evolution.
  4. Como sostenía el famoso paleontólogo Robert Broom.
  5.  Fischman, J. (2011), «Medio mono, medio humano». National Geographic España, vol. 29, núm. 2, p. 78-91.
  6. Los casos por ejemplo de Don Johanson o Richard Leakey.
  7.  La controversia surgida a raíz de la ubicación de estos fósiles en nuestro árbol evolutivo nos enseña la parte mezquina de esta ciencia: Dubois se enrocó tan firmemente por las críticas que recibía que decidió enterrar los fósiles bajo su comedor y durante treinta años se negó a enseñárselos a nadie.
  8.  Noticia publicada en el New York Times, 9 de abril de 2010.
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Siete días … 4 a 10 de julio (neandertales y evangelios)

Siete días … 4 a 10 de julio (neandertales y evangelios)

     Última actualizacón: 17 septiembre 2017 a las 15:53

 

 

NOTICIAS CIENTÍFICAS

Restos de Neandertales

Restos de Neandertales analizados en el estudio

El primer estudio que quiero comentar esta semana es un trabajo publicado en Nature Scientific Reports por un amplio grupo de científicos encabezado por Helene Rugie, donde se analizan un total de 99 restos de neandertales hallados en la cueva de Goyet en Bélgica.

La principal conclusión tras estudiar los huesos es la confirmación de que los neandertales realizaban prácticas caníbales. Este comportamiento ya se había documentado antes (aquí en España hay varios yacimientos bien documentados), pero nunca se habían localizado cinco de estos individuos tan al norte de Europa.

Referencia:

Papiro

Papiro conocido como el «evangelio de la esposa de Jesús»

La otra noticia relevante tiene que ver con un asunto que acaparó mucha atención mediática. Me refiero a la presentación por Karen King, una profesora de la Harvard Divinity School del que se ha conocido como «evangelio de la esposa de Jesús».

Ahora, un artículo publicado en The Atlantic analiza en profundidad el origen del papiro, la cadena de propietarios que lo han poseído y ha desvelado lo que muchos ya sospechaban, que es una falsificación.

Referencias:

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Reseña: Disecciones: diez relatos sobre la enfermedad (y uno más)

Reseña: Disecciones: diez relatos sobre la enfermedad (y uno más)

     Última actualizacón: 17 septiembre 2017 a las 15:45

Diez apasionantes historias que diseccionan diferentes aspectos de la enfermedad. Unos personajes que afrontan dificultades que ponen a prueba su verdadera naturaleza. Situaciones impactantes, inciertas y dolorosas que sacuden al lector y le muestran lo mejor y lo peor de la condición humana. Diez de los mejores divulgadores científicos del panorama actual ponen su talento al servicio de la ficción para tratar la enfermedad a través de sus personales y variados estilos narrativos. Se han inspirado en la ciencia para alcanzar un objetivo común: no dejar a nadie indiferente y obligarnos a mantener la mirada frente al espejo.

Esta es la descripción de la obra que aparece en el volumen que hoy reseño. Como puedes ver, se trata de un libro de relatos cortos que nos ofrece diferentes puntos de vista de la enfermedad que, de esta forma, se convierte en un personaje más que actúa como aglutinante de las historias que contiene. Hoy no voy a hacer una reseña al uso, sino que dejaré que una cita extraída de cada relato sea quien guíe las reflexiones —subjetivas y ficticias— que me suscitó su lectura, una lectura que comencé y terminé la misma noche…

lacarta

—¿Cómo has pasado la noche?

—Leyendo —la respuesta, corta, directa, cortante si quieres, pero sin otra intención que ofrecer un dato concreto, salió de su boca mientras seguía echándose agua en la cara. —Una noche buena o mala según se mire.

Ella le reprochaba continuamente sus respuestas quirúrgicas, esas que se dan queriendo zanjar una conversación, aunque en este caso la conversación ni siquiera había empezado. Sus cambios de humor eran constantes e impredecibles. La falta de sueño era una parte de la ecuación que explicaba su situación pero, quizás, la más importante tenía que ver con esa vieja enfermedad que, si bien molesta pero tolerable al principio, se estaba adueñando cada vez más de su día a día.

La otra Enfermedad, esa que hay que escribir en mayúsculas, el verdadero problema que le había hecho la vida imposible –literalmente– estaba controlada. Estaba claro que el nuevo medicamento estaba funcionando. Bueno, decir que funcionaba era quedarse corto, había eliminado casi por completo las crisis que venía sufriendo desde hacía tantos años que ya ni recordaba cuándo empezaron.

Él sabía perfectamente que ella no tenía culpa de nada, pero era difícil conciliarse con el mundo, la familia, el trabajo y demás rutinas cotidianas cuando de repente te caías redondo al suelo y no podías hacer nada para evitarlo; o cuando sin previo aviso el mundo comenzaba a darte vueltas y llegaban los sudores fríos… ¿Las cosas no estaban empezando a mejorar?

lapaciencia

—No te preocupes, quédate en la cama y descansa. Yo me llevaré a los niños a la calle para que estés tranquilo.

—¿Qué pasa conmigo? —se preguntaba mientras veía que su mujer se hacía cargo de todo –una vez más– para que él estuviera bien. Ella lo quería, lo comprendía y se preocupaba por él. Seguramente era la única persona en el mundo que lo entendía de verdad, y, al mismo tiempo, era la única persona del mundo que sufría sus malos modos, sus malas caras, sus silencios. Hay que estar hecho de una pasta especial para soportar a un enfermo crónico.

Mientras ella salía de casa recordó que su interés por la medicina surgió en parte cuando nadie fue capaz de diagnosticar su Enfermedad. Fueron años de un continuo deambular por clínicas, hospitales, consultas y médicos. Ahora comprendía algunos de los procesos defectuosos que se dan en nuestro organismo y que llamamos «enfermedad». Por eso mismo le molestaba que precisamente ahora, cuando la Enfermedad estaba controlada –con lo que nos gusta tener las cosas bajo control– viniese a ocupar su lugar esa otra dolencia a la que tan poca atención le prestó con anterioridad. En su descargo, ten en cuenta que la Enfermedad era realmente complicada y esa otra sólo suponían unas molestias que empequeñecían al lado de los trastornos que provocaba su hermana mayor.

alotrolado

—Bueno, ya tengo otra cosa más en mi lista de asuntos pendientes —comentó en voz alta mientras cogía su libreta negra y comenzaba a escribir.

¿Sería posible que la manifestación de los síntomas de una patología quedaran «enmascarados» por otra más grave, y que cuando ésta desapareciese, la otra aflorara con mayor virulencia? No encontraba otra explicación a lo que le pasaba. Se lo preguntaría a su médico en la próxima revisión, aunque antes indagaría un poco sobre el tema para no hacer preguntas estúpidas; y también para poder explicarse con mejores argumentos en caso de que la cuestión tuviera algún fundamento.

Le había costado mucho encontrar un médico que realmente se preocupara por su caso, un caso que había estado huérfano durante demasiado tiempo. No en balde, en los dos últimos años su situación había cambiado más que en los veinte años anteriores; y no porque la ciencia médica estuviera en pañales entonces, sino más bien porque los médicos, los que tenían que aplicar esos conocimientos, rara vez tenían el tiempo, el interés o las ganas de esforzarse en buscar una solución a un problema que no se presentaba habitualmente. El suyo era un caso raro, lo que demuestra lo poco que sabemos acerca de muchas cosas.

Y casualmente –o no por casualidad– era un médico del servicio público de salud. Ese tan vilipendiado por las personas sanas y, a veces, también por los enfermos, pero que cuenta con algunos de los profesionales más dedicados y preocupados por sus pacientes que haya podido conocer. Por eso todos deberían pasar un tiempo ingresados en un hospital, para ver el verdadero trabajo que hacen, y para recibir no sólo una cura física, sino también de humildad. Verían la vida con otros ojos.

autores

aneycarlos

Él era fuerte psicológicamente. Opinaba que pensar demasiado en lo que le pasaba era una total pérdida de tiempo, por más que tratarse de mirar en su «interior» no llegaría a ningún lado, no iba con su carácter. Asumía sus problemas de salud como quien asume que es alto, o que es buen nadador: sencillamente era la vida que le había tocado en la lotería genética. Además, reconozcámoslo, hay quienes lo pasan mucho peor.

Así que, aunque esa cabeza le había ayudado a superar los peores momentos, al mismo tiempo se había convertido en un lastre en su relación con los demás. Al menos con quienes compartían su día a día. De hecho, su mujer no dejaba de reprocharle que a ella la trataba con desprecio, mientras que con el resto de la gente era normal. Pero él no lo veía así. Lo que sucedía es que si estaba con otras personas es porque se encontraba bien; mientras que su carácter se agriaba en cuanto asomaban los síntomas y tenía que quedarse en casa, dónde sólo su familia cercana tenía que aguantarle.

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Por eso siempre decía que no le encontraba sentido a quejarse. ¿Aliviaría los dolores? No, desde luego que no. ¿Cambiaría algo su situación? ¿Realmente necesitaba exteriorizar su malestar? No.

—Ya estamos en casa —susurró su mujer mientras abría la puerta y le hacía un gesto a los pequeños para que no hablaran alto. Quizás habría conseguido dormirse y no quería despertarlo.

—Y aquí sigo yo —otra respuesta impertinente.

Pudo ver de nuevo la decepción marcada en el rostro de su mujer, que apartó la mirada sin decir nada y terminó de cerrar la puerta. Los niños ya iban de camino al cuarto de baño para lavarse las manos. El ni siquiera los llamó. Eran daños colaterales de su guerra fría.

—Estoy algo mejor, he dormido un rato y acabo de darme una ducha fría —al menos intentaría salvar un poco la situación siendo más comunicativo. —Perdona mi forma de ser —añadió— a veces me dan ganas de darme cabezazos contra la pared. No me aguanto ni yo mismo. No consigo centrarme.

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Había pensado en acudir a un psicólogo, pero lo rechazó tan pronto como ella se lo planteó. Para él, quienes sufrían depresión u otros trastornos mentales eran poco menos que unos débiles, personas incapaces de superar las pruebas que nos planta la vida. Él no era de esos, su mente analítica mantendría a raya cualquier pensamiento que le impidiera bloquear todo lo referente a su salud. Insistía en que no tenía ningún problema mental aunque, por supuesto, él no era el más indicado para decirlo.

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Porque siendo sincero, hubo momentos en que su cabeza le jugó malas pasadas. En su día lo achacó a la fiebre alta, o a la fuerte medicación que tomaba. Los mareos y el fuerte pitido que inundaba su cabeza todo el tiempo —sí, todo el tiempo— tampoco ayudaban demasiado en su esfuerzo por mantener la cordura. En cualquier caso, todo era pasajero, y cuando la realidad se imponía de nuevo, y los síntomas daban paso a una relativa «normalidad», las malas experiencias quedaban bajo llave en un compartimento. Aunque el era consciente de que volvería a abrirse en la siguiente oleada.

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Y todo esto lo sabía su mujer. Porque a pesar de que él evitaba darle demasiados detalles, las mujeres leen en tu interior por más que intentes evitarlo. Una mujer es capaz de conocerte mejor que tú mismo. De hecho, ella sabía cuándo la cosa empeoraba, cuándo era mejor no hablarle o dejarlo tranquilo. Ella nunca se quejaba de la situación. Él tampoco expresaba nada. Dos silencios que lo decían todo.

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Pero cada vez más, él se daba cuenta que era necesario cambiar. Tenía que afrontar la situación de otra forma, buscar apoyo en quien la persona que mejor lo comprendía. No era una debilidad, sino una necesidad. En el fondo sabía que cambiar de actitud podía convertirse en un bálsamo que curase mejor que cualquier fármaco que pudiera tomar.

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Porque en el fondo, toda aquella presunta fortaleza, toda esa capacidad de ocultar sus sentimientos, de no dejar traslucir lo que realmente pasaba por su cabeza eran reflejos de una misma cosa: miedo. Miedo a estar solo, a no encontrar la salida, a que la situación llegase a superarle y no fuera capaz de encontrar el camino a casa, a no poder lograr la paz y el descanso.

 

P.S. Si quieres una copia de este libro solo tienes que pedirlo. Deja un comentario en esta anotación y haré un sorteo entre aquellos que estén interesados en llevarse un ejemplar (la participación en el sorteo se cerrará el próximo día 14 julio a las 23.59 horas y al día siguiente anunciaré el ganador).

P.S. Si quieres profundizar un poco más en el último de los relatos (escrito por César Tomé) visita su blog y atrévete con el juego que plantea

FICHA COMPLETA

Publicado por José Luis Moreno en RESEÑAS, 11 comentarios
¿Cómo eran realmente los neandertales?

¿Cómo eran realmente los neandertales?

     Última actualizacón: 21 septiembre 2017 a las 09:49

Hoy les presento mi participación en la serie audiovisual de divulgación «El Universo en 1 Minuto» con el vídeo titulado ¿Cómo eran realmente los neandertales? Espero que sea de interés:


Además, pueden descargar la ficha docente de este capítulo aquí.

Publicado por José Luis Moreno en VÍDEO, 0 comentarios
El sacrificio humano como forma de control social

El sacrificio humano como forma de control social

     Última actualizacón: 17 septiembre 2017 a las 15:37

Cuando hablamos de sacrificios humanos, seguro que les viene a la mente la imagen de un sacerdote maya o azteca sosteniendo en sus manos el corazón aún palpitante de un pobre muchacho. No en balde, Octavio Paz, en su ensayo titulado «Voluntad de forma» ya nos advertía que «[…] el fundamento de la religión mesoamericana, su mito fundador y el eje de sus cosmogonías y de su ética, era el sacrificio: los dioses se sacrificaban para salvar al mundo y los hombres pagan con su vida el sacrificio divino”.

Sacrificio humano mesoamerica - Códice Tudela

Sacrificio humano mesoamerica. Códice Tudela. CC

Sin embargo, podemos encontrar pruebas de sacrificios humanos en muchos otros lugares. Han quedado huellas en el registro arqueológico de las primeras civilizaciones, en los registros etnográficos de las culturas indígenas de todo el mundo, así como en los textos sagrados de gran parte de las religiones contemporáneas.

Buscando una explicación para esta conducta, algunos sociólogos como Émile Durkheim, Robertson Smith y Edward Evans-Pritchard, sostuvieron que el sacrificio humano —entendido como la eliminación deliberada y ritualizada de un individuo con el fin de agradar o aplacar a seres sobrenaturales— tenía como función básica fortalecer los lazos de solidaridad de un pueblo. Sería un mecanismo para afianzar la cohesión de la comunidad y garantizar el mantenimiento del grupo social, legitimando la autoridad política y el propio sistema de clases: de ahí que los sacrificios se repitan de forma constante, que la celebración del ritual suponga una importante inversión de trabajo colectivo, y la obligación de que todos los miembros del grupo participen.

Por otro lado, desde la antropología se ha visto como un mecanismo de catarsis social, una manera de justificar los conflictos políticos y la lucha por los medios de subsistencia. Cuando el sacrificio se combinaba con el canibalismo, se explicaba como un medio para superar la escasez de proteínas.

En definitiva, los investigadores han sostenido que los sacrificios humanos permitirían legitimar las diferencias de poder basadas en las clases sociales. No habría contestación por parte del resto de la sociedad porque la decisión de las élites de eliminar una vida tendría su justificación en el mundo sobrenatural, vendría impuesta por la autoridad divina. Recordemos que la estratificación social ha sido una de las primeras formas de dirección institucionalizada que surge en los diferentes grupos humanos, dando lugar a los reinos, las monarquías y los estados políticos modernos.

Sacrificio hawaiano. Jacques Arago. CC

Sacrificio hawaiano. Jacques Arago. CC

Sin embargo, los apoyos a esta hipótesis se limitan en gran medida a anécdotas históricas y tradiciones orales que no se han sometido a un análisis cuantitativo riguroso. Para tratar de ofrecer una imagen más real de esta conducta se ha publicado un estudio que ha puesto a prueba esta hipótesis del control social empleando métodos bayesianos (un tipo de inferencia estadística) a una muestra de 93 culturas austronesias (Los austronesios son un grupo de pueblos presentes en Oceanía y el Sureste Asiático que hablan, o cuyos antepasados hablaban, alguna de las lenguas austronesias. Estos pueblos son originarios de la isla de Taiwán e incluyen a los malayo-polinesios que se expandieron por toda Oceanía, excepto Australia, además de Madagascar).

La conclusión a la que han llegado los investigadores es que los sacrificios humanos fueron una herramienta utilizada para mantener la estratificación social una vez que el grupo social ya había alcanzado ese nivel de jerarquización. Es decir, más que propiciar la estratificación de las sociedades, la ritualización de los sacrificios humanos habría ayudado a estabilizar y mantener esos sistemas de clases una vez que éstos habían surgido con anterioridad.

Los datos

Para este estudio, los investigadores han empleado los datos contenidos en la base de datos Pulotu (Pulotu significa “morada de los dioses”), un reservorio de información acerca de las creencias y prácticas religiosas de las culturas austronesias (entendiendo “cultura” como el conjunto de tradiciones que son características de un determinado grupo de personas, o, a la inversa, el grupo de personas que se caracterizan por un conjunto particular de tradiciones). Esta base de datos analiza las distintas culturas considerando 62 variables, de las cuales 17 están relacionadas con las creencias religiosas, 4 con la práctica religiosa, 10 tienen que ver con el entorno social y 12 con el medio físico. Este conjunto de variables se divide en tres secciones principales en función de distintos períodos de tiempo: la primera y más grande es la sección “estado tradicional” que contiene información sobre cada cultura  antes de la modernización, la segunda sección cubre el momento en que se produjo el contacto con el “mundo moderno” y, por último, la tercera sección documenta el estado actual de cada cultura.

Distribución geográfica de las culturas incluidas en la base de datos Pulotu.

Distribución geográfica de las culturas incluidas en la base de datos Pulotu.


Antes de analizar con más detalle las conclusiones del estudio es necesario que tengamos claros algunos conceptos:

  • Se entienden por austronesios los pueblos que históricamente han hablado lenguas austronesias, es decir, que el criterio de inclusión para la investigación viene referido al origen común de los distintos idiomas y dialectos.
  • Se define el ritual como una secuencia o conjunto de acciones llevadas a cabo en la forma prescrita por la tradición. Además, la explicación causal o la justificación para ese comportamiento es opaca o afecta a las fuerzas sobrenaturales.

El análisis

Desde hace décadas los antropólogos han considerado las culturas austronesias como un laboratorio natural debido tanto a la diversidad de ambientes que habitan (desde diminutos atolones a continentes) como a la riqueza de sus caracteres culturales (sus estructuras sociales abarcan desde pequeñas sociedades igualitarias basadas en el parentesco, a entidades políticas más grandes y complejas como las de los hawaianos). Desde su tierra ancestral en Taiwán, los pueblos austronesias se extendieron hacia el oeste llegando a Madagascar; al este hasta la isla de Pascua (Rapa Nui); y hacia el sur hasta Nueva Zelanda.

Lo que han hecho los investigadores con este trabajo ha sido registrar la existencia o no de sacrificios humanos en cada una de las 93 culturas sometidas a estudio, catalogando su nivel de estratificación social según el siguiente esquema:

  • Las culturas que carecían de diferencias en riqueza o estatus de sus miembros se han definido como sin estratificación social y se han codificado como igualitarias.
  • Se han considerado moderadamente estratificadas aquellas culturas que presentaban diferencias en la riqueza y posición social, pero existía la posibilidad de cambiar la situación en el lapso de una generación.
  • Por último, las culturas se codificaron como muy estratificadas si presentaban diferencias en la riqueza y posición social, habiendo pocas o ninguna posibilidad de cambio de estado dentro de una generación.

Como hemos adelantado, la hipótesis del control social predice que la existencia de este tipo de rituales (que incluyen sacrificios humanos) en las diferentes culturas coevolucionan con la estratificación social, es decir, a mayor estratificación social, más sacrificios. Así, aumenta la posibilidad de que una cultura incremente su estratificación social, al tiempo que reduce la posibilidad de que se abandone la estratificación social por una sociedad más igualitaria una vez que ha aquélla ha aparecido.

En este trabajo se han realizado dos series de análisis: el primero ha consistido en estudiar los efectos de los sacrificios humanos en la evolución en general de la estratificación social en cada cultura; mientras que el segundo se ha centrado en determinar los efectos que esos sacrificios han tenido en la evolución de una alta estratificación social.

Tras estudiar los datos, los investigadores comprobaron que tanto la presencia de una sociedad estratificada, como la práctica del ritual del sacrificio humano, variaban de forma importante entre las diferentes regiones geográficas y los distintos grupos culturales. Se hallaron pruebas de sacrificios humanos en 40 de las 93 culturas incluidas en la muestra (lo que supone un 43%). Los sacrificios humanos se practicaban en 5 de las 20 sociedades que fueron calificadas como igualitarias (25%); en 17 de las 46 sociedades moderadamente estratificadas (37%); y en 18 de las 27 sociedades muy estratificadas (67%).

En la primera serie de análisis se agruparon los resultados de las sociedades moderada y altamente estratificadas. Para comprobar si había existido una evolución conjunta de la práctica de sacrificios humanos y la estratificación social, se comparó la distribución posterior entre dos modelos: uno en el que el sacrificio humano y la estratificación social evolucionaban de forma independiente; y otro en el que ambos rasgos evolucionaban conjuntamente. De esta manera, la probabilidad de cambio en un rasgo se hacía depender del valor del otro rasgo. Acto seguido llevaron a cabo dos análisis más para comprobar si el sacrificio humano había servido para dirigir y estabilizar la evolución de la estratificación social tal y como ha venido propugnando la hipótesis del control social.

En conjunto, los resultados indican que el sacrificio humano jugó un papel fundamental en el origen y el mantenimiento de las sociedades estratificadas. Aunque el sacrificio humano se practicaba en la mayoría de las sociedades calificadas como muy estratificadas, era escaso en las sociedades igualitarias, apareciendo una correlación entre ambos, es decir, que el efecto dependía del nivel de estratificación.

En concreto, la práctica de sacrificios humanos aumentó considerablemente la estratificación social, al tiempo que sirvió para mantenerla (estabilizarla en el tiempo). Por el contrario, la práctica de este ritual no sirvió para aumentar la estratificación social en aquellas sociedades que eran igualitarias. Esta imagen tiene su apoyo en diferentes relatos históricos que ya apuntaban que para que el sacrificio humano pudiera ser explotado por las élites como mecanismo de control social, primero tenía que haber élites sociales, es decir, que la sociedad ya debía estar estratificada.

Esta investigación indica además que mientras que la desigualdad social puede fomentar la toma de decisiones colectivas y la eficiencia, las jerarquías de poder se vuelven inestables cuando carecen de un estatus sancionador. En este sentido, en las culturas austronesias se utilizó el sacrificio humano como castigo por violaciones de los tabúes, como medio para desmoralizar a las clases bajas, para marcar los límites entre las diferentes clases sociales y, por supuesto, para infundir miedo hacia las élites. Vemos por tanto una amplia gama de posibles mecanismos para el mantenimiento y la construcción del control social.

Y si bien hay muchos factores que pueden servir para crear y mantener una estratificación social, los sacrificios humanos son un medio particularmente eficaz de control social porque minimiza las posibles represalias por la muerte de la víctima: recordemos que el propio ritual lleva a la sociedad al convencimiento de que la responsabilidad última de lo sucedido debe atribuirse al mundo sobrenatural.

James Cook es testgio de un sacrificio humano en Taihiti (en la isla de Otaheite) en 1773. CC

James Cook es testigo de un sacrificio humano en Taihiti (en la isla de Otaheite) en 1773. CC

Conclusión

Desde hace tiempo se afirma que la religión juega un papel funcional en la sociedad y que ha sido un motor clave de la moralidad y la cooperación. Así, las actuales teorías evolutivas de la religión se han centrado en el potencial de las creencias religiosas como mecanismo para aumentar la cooperación entre los individuos. Sin embargo, las conclusiones de este nuevo estudio sugieren que los rituales religiosos desempeñaron un papel más oscuro en la evolución de las sociedades complejas: en las culturas austronesias había una importante superposición entre la política y la religión, donde el sacrificio humano se utilizó por las élites como un medio de control social sancionado por la divinidad.

Por desagradable que pueda parecer, los sacrificios humanos fueron una fuerza motriz que predispuso a las sociedades para aceptar la existencia de clases, para admitir una fuerte estratificación social. La práctica de este ritual ayudó a los seres humanos en la transición de los pequeños grupos igualitarios de nuestros antepasados, a las grandes sociedades estratificadas en las que vivimos hoy en día.

 

Referencias

Paz, Octavio (1991), Voluntad de forma. En México. Esplendores de treinta siglos, Nueva York: The Metropolitan Museum of Art, pp. 3-37

Watts, J., et al. (2015), «Pulotu: database of austronesian supernatural beliefs and practices«. PLoS ONE, vol. 10, núm. 9, p. e0136783. (Con acceso al artículo)

Watts, J., et al. (2016), «Ritual human sacrifice promoted and sustained the evolution of stratified societies«. Nature, vol. 532, núm. 7598, p. 228-231.

Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 0 comentarios