Ta Prohm

Angkor, la ciudad perdida

Angkor, la ciudad perdida

     Última actualizacón: 13 septiembre 2017 a las 18:47

Ambicioso Oriente se despoja

de las cosas que guarda en sí más bellas;

Ceilán cuantas su esfera exhala roja 1

engasta en el mejor metal centellas 2;

de sus veneros registró Camboya

las que a pesar del sol ostentó estrellas 3:

el esplendor, la vanidad, la gala,

en el templo, en el coso y en la sala 4.

Luis de Góngora. Extracto del Panegírico al duque de Lerma.


Estos versos, surgidos en 1617 de la mano de uno de los mayores exponentes del Siglo de Oro de las letras españolas reflejan el conocimiento que se tenía en Europa del sudeste asiático y, concretamente, de una ciudad perdida en la selva. Muy pocos sabrán a qué lugar me refiero, pero la imagen que encabeza esta anotación quizás ayude a despejar la incógnita.

Efectivamente, vamos a hablar del reino de los jemeres, constructores de los monumentos de Angkor, testimonio de una cultura desaparecida en el siglo XV que controló durante siglos amplias extensiones de Extremo Oriente.

Según la leyenda, el poderoso reino jemer tuvo su origen en la unión conyugal entre Kambu Swayambhuva, un asceta indio, y Mera, una ninfa divinizada hija del legendario rey Naga. Los Kambuya, hijos de Kambu, dieron nombre al país (Camboya). Sus soberanos eran elegidos por sus aptitudes para la lucha y por su capacidad para garantizar la seguridad de sus súbditos, por lo que incorporaban a sus nombres el sufijo –varman (protección).

Para lograr el desarrollo ordenado de su civilización, los gobernantes planearon una audaz y complicada obra de ingeniería 5: se diseñó una vasta red de canales para controlar las inundaciones del río Mekong, lo que permitió contar con un suministro estable de agua, y el desarrollo de la que quizás sea la nota más llamativa de la cultura jemer, su arquitectura, con la ciudad de Angkor como muestra más representativa 6.

Cuando pensamos en la arquitectura jemer nos imaginamos enormes edificios de piedra, con elaboradas tallas y enigmáticas caras sonrientes. Pero ni los reyes, ni los dignatarios, ni el pueblo vivían en aquellos edificios, sino en chozas de madera y paja (ya desaparecidas) situadas en el recinto del templo o en sus alrededores. De ahí que con sus templos y sus creaciones arquitectónicas la ciudad de Angkor sea el mayor complejo sagrado que haya existido en todo el mundo.

Edificios como los de Angkor Vat presentaban todas las superficies de piedra, desde los cimientos hasta los frontones, cubiertas por una exuberante decoración tallada y de esculturas. Algunos han calculado que fue necesaria la participación de cientos de miles de personas trabajando año tras año —hasta 60 o 70 años— en el mismo monumento, así como  enormes cantidades de oro, plata, perlas y piedras preciosas puestas al servicio de la naturaleza divina de los reyes.

El Bayón. Angkor Wat. Delaporte.

El descubrimiento de las ruinas de Angkor

Cuando uno acude a las fuentes para saber cómo llegaron a Europa las noticias sobre esta importante cultura se mencionan dos personajes (franceses para más señas) como los primeros europeos que dieron a conocer los misterios de la ciudad perdida de Angkor: Henri Mouhot y Louis Delaporte.

El naturalista Henri Mouhot viajó a principios de 1860 al reino de Siam 7 por encargo de la Real Sociedad Geográfica y de la Sociedad Zoológica de Londres con el objetivo de explorar y recoger muestras de los especímenes de la región. Una vez allí oyó rumores acerca de la existencia de unas antiguas ruinas y decidió visitarlas por sí mismo. Con la ayuda de un guía local y tras no pocas penalidades, surgió ante sí la impactante visión de unas construcciones en piedra —de enormes dimensiones— que, literalmente, estaban siendo devoradas por la selva. En su obra Voyage dans les royaumes de Siam, de Cambodge, de Laos dejó por escrito sus impresiones:

Uno de estos templos [Angkor Wat], rival del templo de Salomón y erigido por algún antiguo Miguel Ángel, podría ocupar un puesto de honor junto al más bello de nuestros edificios. Es más grandioso que los que nos dejaron Grecia o Roma.

A pesar de atribuir erróneamente la construcción de estos edificios a las antiguas civilizaciones de Oriente Medio (catalogó las cabezas de Buda como de “estilo egipcio”), la romántica descripción de Mouhot cautivó al público europeo.

Poco después de su muerte, Francia estableció un protectorado sobre Camboya y enseguida se planteó abrir una ruta comercial hasta la región china de Yunnan a través del río Mekong, uno de los más grandes ríos del mundo y de complicada navegación. Ernest Doudard de Lagrée y Francis Garnier fueron los encargados de dirigir la expedición que tenía como misión principal cartografiar la región, aunque no perdieron la oportunidad de desviarse para explorar Angkor: durante una semana se dedicaron a levantar planos de los templos y documentar las ruinas, al tiempo que el joven artista Louis Delaporte realizaba una serie de grabados que tendrían gran eco en Europa.

La expedición desapareció en los bosques tropicales del sureste asiático, aunque lograron volver dos años después a pesar de sufrir importantes bajas.

El Bayón. Angkor Wat. Delaporte.

¿Fueron los franceses los primeros en ofrecer noticias del reino jemer tras su desaparición?

Como hemos visto, los franceses Mouhot y Delaporte dejaron una profunda huella en la imaginación de los europeos gracias a los relatos (adornados con bellas imágenes) de sus aventuras, pero los cierto es que no fueron los primeros en llamar la atención sobre esta ciudad en ruinas. Las referencias escritas más tempranas de la existencia de la ciudad de Angkor se las debemos a los españoles.

La expansión marítima protagonizada por España y Portugal en el sudeste asiático durante los siglos XV y XVI, trajo consigo la llegada a esas tierras de conquistadores, comerciantes y misioneros que comenzaron a ver con otros ojos la vida que habían dejado atrás. Varios misioneros y militares escribieron “libros de viajes” en los que explicaban a sus respectivas coronas cómo era aquel otro mundo de ultramar. En ellos explicaban las costumbres, la religión, el orden político, la geografía y naturaleza, el clima o la economía de aquel nuevo territorio explorado.

Entre estos escritos merece especial atención la Historia de las islas del archipielago y reynos de la gran China, Tartaria, Cuchinchina, Malaca, Sian, Camboxa y Iappon, y de lo sucedido en ellos a los religiosos descalços 8 publicada en Barcelona en 1601. Escrita por Fray Marcelo de Ribadeneyra, misionero franciscano, consta de seis libros donde se describe la vida, costumbres, creencias y economía de diversos países asiáticos.

Página de Historia de las islas del archipielago … de Ribadeneyra.

Ribadeneyra no estuvo en Siam ni en gran parte de los territorios de los que habla en su libro. Construyó su historia a partir de los testimonios de algunos franciscanos que habían ejercido el apostolado en aquellos países y que, por una u otra razón, recalaban en Manila, lugar donde él residía. Ribadeneyra por tanto fue más un hombre de letras que un hombre de acción aunque, leyendo su libro, comprobamos su rigor literario y su preocupación por describir ese mundo con la mayor exactitud posible:

Es la ciudad muy agradable y de apacible vista, en su gran circuito tiene muchas torres, y pirámides doradas, y plateadas, y de diversas pinturas. Las casas reales son muy grandes y curiosas, y los templos son todos dorados y plateados, dentro y fuera, y de buena labor edificados. Todas las demás casas son pajizas.

[…]

Y la grandeza de aquella ciudad y de los muros curiosamente labrados, se colige, por lo que hoy día se ve en las ruinas de los edificios grandes que han quedado. De esta ciudad tuve yo particular noticia, de algunos españoles que estuvieron en el reino de Camboya.

Otros libros similares fueron escritos por Diego Aduarte y fray Gabriel Quiroga de San Antonio 9 quienes ya narraban en sus cartas enviadas a principios del siglo XVII al rey Felipe III, las experiencias vividas en Camboya por los aventureros españoles que había llegado a esas tierras en busca de fortuna y nuevos territorios para la corona española. Quiroga de hecho fue el primero en citar el nombre de Angkor Wat al referirse a un “templo de cinco torres llamado Angkor”.

No siendo arqueólogos ni historiadores, los misioneros no profundizaron en el estudio de la cultura jemer ya desaparecida y sus monumentos. Ribadeneyra atribuyó su construcción a Alejandro Magno o a los romanos, mientras que Quiroga creía que eran obra de los judíos, que habrían estado en la región antes de asentarse en China. Uno de los principales motivos por los que estos textos pasaron relativamente desapercibidos fue que carecían de los grabados que tanta impresión causaron más tarde.

Ta Prohm. Construido en 1186. Los templos de Ta Prohm no fueron liberados de la imparable jungla de forma intencionada para mostrar la fuerza de la naturaleza que se había apoderado de Angkor.

En este momento las ruinas camboyanas no despertaron demasiado interés ya que los españoles estaban más preocupados por la explotación comercial y la conversión de almas que por el estudio erudito de la historia de la región. Así, después de que el pequeño destacamento español en Camboya fuera masacrado en 1599 por un grupo de mercaderes malayos y los españoles abandonaran el país, los misteriosos templos de Angkor Wat se desvanecieron de la imaginación hasta la llegada de los franceses.

Notas

  1. Rubíes.
  2. Piedras preciosas.
  3. Diamantes.
  4.  Oriente ambicioso se despoja de las cosas más bellas que guarda en sí; Calan engasta en el mejor metal cuantas centellas exhala su esfera roja; Camboya registró de sus veneros las estrellas que ostentó a pesar del sol: el esplendor en el templo, la vanidad en el coso y la gala en la sala.
  5. Como ya se había hecho en Mesopotamia y Egipto mucho tiempo antes.
  6. La urbe fue fundada en el siglo VII por Jayavarman II y saqueada por los siameses en 1431, cuando la ciudad se hallaba en plena decadencia.
  7. Un reino situado en el centro del sudeste de Asia que comprendía los territorios de lo que hoy es Tailandia, Camboya y Laos.
  8. Historia de las islas del archipiélago, y reinos de la gran China, Malaca, Siam, Camboya y Japón, y de lo sucedido en ellas a los religiosos descalzos.
  9.  Breve y verdadera relación de los sucesos del reino de Camboya, publicado en 1604.
Publicado por José Luis Moreno en ARTE, HISTORIA, 1 comentario