cobre

El objeto de metal más antiguo de Oriente Próximo

El objeto de metal más antiguo de Oriente Próximo

     Última actualizacón: 7 abril 2017 a las 12:09

Arqueólogos e investigadores de la Universidad de Haifa, de la Universidad Hebrea de Jerusalén y del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín han publicado el hallazgo del objeto de metal más antiguo recuperado en Oriente Medio: se trata de un punzón de cobre datado hacia finales del sexto milenio o principios del quinto milenio antes de Cristo (todas las fechas que se citan en esta anotación están calibradas, por lo que se emplea la abreviatura CalBC) 1 descubierto en la tumba de una mujer en Tel Tsaf.

El yacimiento arqueológico de Tel Tsaf, situado en el valle del Jordán, ha sido objeto de cuatro intensas campañas de excavación entre los años 2004 y 2007. A pesar de que se documentó la zona por primera vez en la década de 1950, fue necesario esperar más de veinte años para que se iniciaran las excavaciones propiamente dichas. Los trabajos de investigación han permitido constatar que el principal periodo de ocupación del poblado tuvo lugar durante el Calcolítico medio, en una horquilla de tiempo comprendida entre los años 5100 a 4600 a.C.

Sabemos que los diferentes grupos humanos no han evolucionado de la misma forma y al mismo tiempo en todas las regiones, por lo que cuando utilizamos los términos clásicos de división de la Prehistoria (como Edad del Cobre, Bronce y Hierro) tenemos que hacer algunas precisiones. En este sentido, el término “Calcolítico” es puramente tecnológico y define un periodo en el que los grupos humanos alcanzan un nivel de desarrollo cultural que les permite un aprovechamiento más sistemático y diversificado del medio en el que viven, lo que va unido a una organización social más compleja. Así, se empieza a vislumbrar cierto grado de jerarquización social que irá aumentando y consolidándose con el paso del tiempo. Todos estos cambios van parejos al afianzamiento de la vida en poblados con un modelo protourbano: aumenta la población, se amplía la especialización de los trabajos y se generalizan rasgos comunes de carácter ideológico o religioso.

En el caso de Tel Tsaf, los arqueólogos han constatado la gran riqueza de la comunidad, así como la importancia de los lazos comerciales a larga distancia que mantuvieron tras analizar los grandes edificios construidos y el número de silos de que disponían, donde almacenaban el trigo y la cebada en una escala sin precedentes en la región (cada silo podía almacenar entre 15 y 30 toneladas de grano, muy lejos de las necesidades anuales de una familia media). Además, había muchos hornos en los patios que estaban repletos de huesos quemados de animales, lo que demuestra la celebración de grandes eventos multitudinarios.

Otros hallazgos importantes incluyen diversos artículos fabricados con obsidiana (una roca volcánica vítrea con origen en Anatolia o Armenia), conchas del río Nilo, así como fragmentos de cerámica provenientes de Mesopotamia y de otras zonas de la cuenca mediterránea. Ningún otro yacimiento de este periodo muestra unas conexiones a larga distancia de similares dimensiones.

Detalle de la tumba.

El punzón

Pero el hallazgo más importante hasta la fecha tiene sólo cuatro centímetros de largo. Este punzón de cobre (que se insertaba en un mango de madera) salió a la luz en 2007 en una excavación del yacimiento llevada a cabo por el profesor Yosef Garfinkel de la Universidad Hebrea.

El objeto se encontró en la tumba sellada de una mujer de unos 40 años de edad. El enterramiento, cuyo esqueleto tenía alrededor de su cintura 1.668 cuentas de concha de huevo de avestruz, estaba situado en el interior de un silo para almacenamiento de grano. Mientras que la tumba, el esqueleto de la mujer y el cinturón de cuentas ya se habían hecho públicos en revistas científicas 2, el pequeño punzón tuvo que esperar hasta que finalizase un estudio más profundo y se analizaran sus componentes químicos.

Se trata de un alfiler alargado hecho de metal fundido, con un corte transversal redondeado. Mide 41 mm de largo y su diámetro máximo (cerca de la base y en la mitad de su longitud) es de 5 mm, mientras que cerca de la punta es de 1 mm. El color externo es verde debido a la oxidación y corrosión, mientras que el núcleo es rojizo 3.

Debido a esta corrosión no se ha podido observar la microestructura original, los vestigios visibles del proceso de fabricación ni tampoco las cantidades relativas originales de los diferentes elementos que sí se han conservado. A pesar de todo, los resultados confirman la presencia de cobre con un 6% de estaño, un 0,8% de arsénico y trazas de plomo y hierro.

Si bien las proporciones de los elementos que se han indicado no son las mismas que estaban presentes en el metal original —durante el proceso de corrosión éstas se ven alteradas— la presencia de estaño plantea importantes preguntas. Hasta ahora, los objetos de cobre con esta composición química no se habían encontrado en el Calcolítico final ni en la Edad de Bronce temprana del Levante, ni esa composición encaja con el cobre local.

De hecho, hasta ahora sólo se han documentado en la zona objetos con una composición química similar a partir del segundo milenio y en periodos posteriores. Por lo tanto, el punzón de Tel Tsaf no sólo se adelanta en el tiempo a todos los metales conocidos en Oriente Próximo, sino que también lo hace respecto a todos los objetos de bronce de la región en cerca de 3.000 años.

Fabricando objetos de cobre

Según nuestro conocimiento, el uso del mineral de cobre en Oriente Próximo se ha desarrollado en tres etapas principales. Durante la primera fase se utilizaron trozos de malaquita (que posee un 57% de cobre) para la fabricación de pigmentos y adornos entre hace 10500 y 8800 años. En una segunda fase, alrededor del séptimo milenio, se produjo un desarrollo importante cuando se fabrican cuentas y otros objetos decorativos con cobre nativo martilleado 4. Por último, en una tercera fase (datada en el sexto milenio) se funden y fusionan diferentes menas para extraer el cobre —un proceso mucho más complicado que el uso de cobre nativo— que implica mejor tecnología y unos conocimientos más precisos: un pequeño error en el complejo y largo proceso de fabricación hace que el producto final sea inservible.

Debemos tener presente que los avances tecnológicos en la Prehistoria no se producen de forma súbita sino que podemos reconstruir, con mayor o menor dificultad, una cadena lógica de causa y efecto a través de la experimentación y la observación. Si nos centramos en la metalurgia es importante no olvidar que dado que el conocimiento químico sólo era empírico y la tecnología se iba desarrollando sobre la base de ensayo y error, los objetos que desenterramos en los yacimientos arqueológicos representan —en la inmensa mayoría de los casos— los aciertos, mientras que los errores, desaparecidos en la refundición, no dejan rastro.

Así, podemos rastrear el origen de la metalurgia en la experiencia que a lo largo de los siglos habían acumulado los alfareros, que no habían cesado de innovar y transformar los hornos de cocción de cerámica para mejorar el aporte térmico. De esta forma, con la inclusión de sistemas de oxigenación del foco calorífico y el perfeccionamiento de las estructuras para soportar altas temperaturas, pudieron trabajar el cobre para lo que era preciso alcanzar más de 1000 oC.

No podemos hablar de auténtica metalurgia del cobre en las dos primeras fases que hemos señalado. La extracción de pigmento, y el trabajo de cobre nativo con la técnica del martilleado para obtener pequeños objetos no implican la fundición del metal, sino que tiene que ver más con la orfebrería. Estos inicios han sido denominados por Cyril Stanley Smith, uno de los más renombrados historiadores de la ciencia, como la “metalurgia de la bisutería”, al considerar que la mayor parte de las primeras piezas metálicas tenían una función decorativa, como elementos de prestigio para quienes las poseían. Smith defendía precisamente que el origen de la metalurgia había que buscarlo en las artes decorativas para cubrir necesidades estéticas y de prestigio personal en el seno de unas sociedades en las que comenzaban a aflorar las diferencias sociales.

El primer paso del complejo proceso metalúrgico era la localización y extracción de la materia prima. En un primer momento, antes de que se proyectase la creación de minas, se pudo identificar la existencia de mineral de cobre cuando aparecía en superficie en forma de óxidos, es decir, como malaquita y azurita, gracias a su llamativa apariencia de colores brillantes (verde y azul en este caso). Una vez extraído, había que trocear el mineral y convertir el sulfuro en óxido mediante un simple proceso de tostado en una hoguera al aire libre.

El siguiente paso era la reducción, un proceso para conseguir la reacción química en el mineral: trabajando con un horno de crisol (y altas temperaturas como hemos apuntado), la diferencia del peso específico del cobre y de las impurezas hace que el primero se deposite en el fondo en forma de gotas de cobre puro, quedando el resto en la superficie. Estas impurezas se solidifican en forma de escoria que es tan característica de los lugares antiguos de fundición al ser eliminadas del producto final. El fundente, material que se añade para facilitar la reacción química, era un elemento importante en este proceso: el más habitual era la ceniza procedente del carbón de leña, de modo que a veces no hacía falta añadir nada más.

A partir de aquí se obtenían lingotes que permitían su fácil transporte hasta el lugar definitivo donde se fabricarían los diferentes objetos.

Conclusiones

Los investigadores sostienen que el punzón analizado es importante porque hasta ahora sólo había constancia del uso de metales en esta región durante el Calcolítico tardío (alrededor de la segunda mitad del quinto milenio a.C.), por lo que este descubrimiento adelanta ese uso en varios cientos de años. Pero esta no es la única razón de su importancia: el examen químico del metal muestra que el cobre utilizado puede haber llegado desde el Cáucaso, en una zona situada a unos 1.000 kilómetros de Tel Tsaf.

Mapa de distribución de menas de cobre.

Pero hay que ser precavidos porque la cuestión de la composición del mineral es complicada. La aleación —añadiendo arsénico, estaño o plomo al cobre— implica que la composición de los objetos acabados tendrá diferentes proporciones relativas. Sin embargo, cuando en los análisis se detectan pequeñas cantidades de otro mineral junto al cobre, no podemos saber con seguridad si su presencia responde a una intencionalidad o se trata simplemente de una impureza preexistente.

La metalurgia de extracción más temprana que se conoce en el Levante se relaciona con el periodo Calcolítico tardío (4500-3800 CalBC) y varias dataciones fiables mediante carbono 14 muestran que ya se fabricaban objetos de prestigio en el periodo comprendido entre los años 4350 y 4250 CalBC.

Por lo tanto, el escenario que dibujan los nuevos datos es que, teniendo presente el actual registro arqueológico, podemos situar el pico de la evolución técnica de la metalurgia del cobre en su mismo origen. Esta situación hace que los investigadores lleguen a la conclusión de que gran parte de la evolución tecnológica de la metalurgia no fue descubierta, sino que fue importada de otro lugar. Aunque el alto porcentaje de estaño en el punzón puede ser utilizado para argumentar que el objeto es una “contaminación” de un periodo mucho más tardío, durante la excavación del yacimiento no se documentaron alteraciones y la tumba estaba sellada por ladrillos de barro, losas de piedra y cantos rodados.

Recientemente han surgido nuevos datos sobre artefactos de cobre muy tempranos en la parte noroccidental de Oriente Próximo y los Balcanes que indican que el estaño se encontraba en muchos de los primeros objetos de metal conocidos en esta área (como una cuenta/abalorio hallado en el yacimiento de Aruchlo I en Georgia datado entre 5800-5300 CalBC). Así, la afirmación de que este punzón provenga de una “contaminación” de una fecha posterior es poco plausible ya que no se conocen esos asentamientos; y mientras que una aleación artificial de cobre y estaño sería muy improbable en esa época tan temprana, una aleación natural de ambos es, por el momento, una interpretación que también se considera.

Por lo tanto, los autores sostienen que la tecnología metalúrgica se extendió por difusión desde el norte: los artefactos manufacturados llegaron al principio a través de redes comerciales de intercambio y sólo más tarde se fabricó el metal localmente.

Esto sugiere que la elaborada metalurgia del Calcolítico tardío fue producto de una tradición más larga. Por eso, el hecho de que se haya encontrado en ese contexto un único objeto puede indicar solamente que no se han realizado suficientes prospecciones arqueológicas y que se debe poner más énfasis en el estudio de este periodo. En segundo lugar, el hecho de que el punzón se haya encontrado en el enterramiento más elaborado en todo el Levante de este periodo sugiere que los objetos de metal eran percibidos como raros bienes de prestigio.

Según el Dr. Rosenberg, autor principal del trabajo, varias de las cuestiones planteadas por este artículo serán afrontadas por un proyecto de investigación interdisciplinar que integra arqueólogos e investigadores multinacionales de una variedad de disciplinas científicas. Esperemos que los resultados arrojen más luz sobre este periodo tan interesante de nuestro pasado y podamos comprender mejor el desarrollo posterior de sus comunidades. Sin duda desde aquí comentaremos sus conclusiones.

Artículo principal

Garfinkel, Y., Klimscha, F., Shalev, S., & Rosenberg, D. (2014). The Beginning of Metallurgy in the Southern Levant: A Late 6th Millennium CalBC Copper Awl from Tel Tsaf, Israel PLoS ONE, 9 (3) DOI: 10.1371/journal.pone.0092591

Pueden descargarlo y leerlo aquí.

Más información

Eiroa, J. J. (2006), Nociones de prehistoria general. Barcelona: Ariel, 699 p.

Garfinkel, Y.; Ben-Shlomo, D. y  Kuperman, T. (2009), «Large-scale storage of grain surplus in the sixth millennium BC: the silos of Tel Tsaf«. Antiquity, vol. 83, núm. 320, p. 309-325.

Harding, A. F. (2003), Sociedades europeas en la Edad del Bronce. Barcelona: Ariel, 539 p.

Notas

  1. Sería más correcto indicar las fechas utilizando la expresión “antes del presente” para evitar connotaciones religiosas, pero los investigadores no lo han hecho así en el artículo que analizamos, por lo que se mantendrá la referencia original.
  2. ver Garfinkel, Y.; Ben-Shlomo, D. y  Kuperman, T. (2009), «Large-scale storage of grain surplus in the sixth millennium BC: the silos of Tel Tsaf». Antiquity, vol. 83, núm. 320, p. 309-325.
  3. La corrosión se produce porque el metal de cobre se degrada lentamente, combinándose con elementos del medio ambiente para volver a su estado natural. Como resultado aparece una capa de sales de cobre sobre la superficie que llamamos pátina.
  4. El cobre nativo es el que se encuentra en la naturaleza en su forma metálica, bien puro o mezclado con otros metales.
Publicado por José Luis Moreno en HISTORIA, 2 comentarios
Y las naranjas hicieron la luz

Y las naranjas hicieron la luz

     Última actualizacón: 13 junio 2017 a las 11:04

Tómense un minuto en ver el siguiente vídeo:

¿Realmente es posible generar electricidad utilizando naranjas? La respuesta, a tenor de lo que hemos visto, es que sí. Sin embargo, como ya habrán imaginado quienes leen habitualmente estas líneas, no me gusta quedarme ahí, con esa respuesta tan sencilla. Así que vamos a explicar con más detalle cómo se produce este fenómeno y de paso, vamos a construir nuestro propio circuito eléctrico para comprobar su funcionamiento.

Antes de comenzar, es conveniente que tengamos claros algunos conceptos que nos serán útiles. En primer lugar, una batería es un dispositivo que almacena electricidad en forma de energía química para, posteriormente, mediante procedimientos electroquímicos, producir energía eléctrica. Cuando la batería se conecta a una demanda externa de corriente, como un diodo LED por ejemplo, la energía química se convierte en energía eléctrica y fluye a través del circuito.

Una batería consta generalmente de dos electrodos que actúan como conductores eléctricos (un metal o un semiconductor, que pueden ser idénticos o diferentes) y un electrolito, que es el líquido que actúa como conductor iónico. El principio de funcionamiento de una batería se basa esencialmente en un proceso químico reversible llamado reducción-oxidación (también conocido como redox), un proceso en el cual uno de los componentes se oxida (pierde electrones) y el otro se reduce (gana electrones) generándose una corriente de electrones (que es lo mismo que decir que se produce una corriente eléctrica). Es un proceso cuyos componentes no resultan consumidos ni se pierden, sino que cambian su estado de oxidación y que, a su vez, pueden retornar a su estado original en las circunstancias adecuadas (por ejemplo, en el caso de baterías de teléfonos móviles, conectándolas a la corriente para volver a cargarlas).

Con esta idea en mente podemos comprender a la perfección lo que hemos visto en el vídeo al inicio.

En nuestro caso, las naranjas (o limones por ejemplo) aportan el electrolito: el ácido cítrico. Por su parte, la reacción redox tiene lugar entre los metales que se introducen dentro del cítrico: el zinc y el cobre. El jugo ácido de las naranjas disuelve pequeñas cantidades de estos dos metales y sus electrones reaccionan unos con otros haciendo que los iones cargados negativamente fluyan por los cables creando una corriente eléctrica. Para explicarlo con más de detalle diremos que mediante la oxidación un compuesto cede electrones en el ánodo (que constituye el polo negativo y está formado por zinc como ya hemos apuntado), mientras que la reducción se produce en el cátodo (el polo positivo formado por cobre). Se crea de esta forma un circuito cerrado que permite a los electrones fluir desde la fuente de energía y regresar de nuevo sin interrupciones.

Los cítricos, como las naranjas y los limones, son excelentes conductores de electricidad. No producen mucha energía por sí mismos, pero si utilizamos varios de ellos creando un circuito en serie, podemos producir la suficiente electricidad como para encender una bombilla o, en el caso del vídeo, un rótulo luminoso. Lo que hemos hecho ha sido crear una batería de varias celdas consiguiendo que la electricidad producida por el cítrico sea más potente y práctica.

Bueno, ha llegado la hora de poner manos a la obra:

En primer lugar vamos a explicar los materiales que precisaremos para construir el circuito que hemos visto en el vídeo:

  1. Unas monedas de dos céntimos de euro (al ser de cobre, su obtención es muy sencilla y constituirán el polo positivo o cátodo de nuestro montaje).
  2. Unos clavos galvanizados (también llamados zincados) puesto que tienen una capa de zinc (son fáciles de encontrar en cualquier ferretería y su precio es muy reducido. Constituirán el polo negativo o ánodo).
  3. Naranjas o limones.
  4. Pinzas eléctricas.
  5. Cable. Un detalle: los cables generalmente son de cobre, por lo que podemos emplearlos en lugar de las monedas, aunque queda más estético con ellas a mi entender…)
  6. Un diodo LED (también de fácil obtención en ferreterías).

Para mayor comodidad a la hora de construir el circuito, emplearemos estas pinzas conductoras de electricidad, que deberemos conectar entre sí mediante los cables:

El procedimiento es muy sencillo ya que, una vez peladas las puntas de los cables, se introducen las cubiertas protectoras de plástico (en mi caso he tenido que agrandar el agujero con un hierro calentado para derretir un poco el plástico) y luego se introduce a presión. Este es el resultado:

Bien, con todos los elementos a mano, podemos comenzar. En primer lugar vamos a comprobar que efectivamente se genera una corriente eléctrica. Para ello, introducimos directamente el clavo en la naranja, lo mismo que la moneda de cobre (al menos hasta la mitad). Acto seguido, y con la ayuda de un multímetro vemos qué ocurre:

¡Eureka! Efectivamente, vemos como este sencillo experimento revela que podemos obtener casi medio voltio de una naranja. Desde luego no es una potencia como para tirar cohetes, pero ¡realmente funciona! Como ya hemos indicado, lo mismo sucede cuando utilizamos un limón en lugar de una naranja:

Dado que para encender un LED se hace preciso contar con una corriente de entre 2 y 4 Voltios, tenemos que crear una batería con varias celdas (varias naranjas). Es un trabajo sencillo pero algo tedioso: basta con tomar varias naranjas (en mi caso cortadas por la mitad) introducir en cada una de ellas el ánodo y el cátodo para, acto seguido, conectar con las pinzas de forma sucesiva un ánodo con el siguiente cátodo.

El resultado final quedaría algo así:

El diodo LED colocado al final del circuito se enciende (aunque en las imágenes se aprecia débilmente se debe a mi malísima pericia como fotógrafo, algo a lo que pondré remedio en breve…)

Tengo que decir que he disfrutado mucho con este experimento (y mi familia también) así que recomiendo encarecidamente a todos ustedes que lo lleven a cabo. Sentirán una enorme satisfacción y les servirá para comprender mejor las reacciones químicas que intervienen en el metabolismo de todos los seres vivos y que son esenciales para la vida.

A continuación les dejo con un vídeo en el que se lleva este sencillo experimento a niveles insospechados: cargar la batería de un iPhone (si bien el enorme cargamento de naranjas hace muy costoso llevarlo a la práctica, no me negarán que resulta hermoso)

Esta anotación participa en el XXIX Carnaval de la Química, que aloja el excelente blog Más ciencia, por favor, administrado por Héctor Busto (@hebusto) que, además, es la edición COBRE!!!

 

Publicado por José Luis Moreno en BREVE, 7 comentarios