Mes: marzo 2018

Reseña: La falsa medida del hombre

Reseña: La falsa medida del hombre

Ficha Técnica

Título: La falsa medida del hombre
Autor: Stephen Jay Gould
Edita: Editorial Crítica, 2017
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Número de páginas: 400 p.
ISBN: 978-8416771714

Reseña del editor

Esta es una de las obras fundamentales del gran paleontólogo recientemente fallecido y uno de los alegatos científicos más devastadores de las teorías racistas. En sus páginas, Gould estudia los diversos intentos realizados a lo largo del tiempo para medir la inteligencia humana: primero a través de los cráneos y del tamaño del cerebro, más tarde por medio de los tests para averiguar el «coeficiente intelectual» y, finalmente, recurriendo a análisis sociológicos como los de «La curva de Bell», siempre con la intención de afirmar la naturaleza hereditaria de la capacidad intelectual y, por lo tanto, la inutilidad de cualquier esfuerzo cultural y educativo. Gould denuncia con sagacidad la falsedad científica de estos planteamientos que condujeron en el siglo XX a la matanza de millones de seres humanos y que pretenden hoy perpetuar la pobreza y las injusticias sociales explicándolas como una consecuencia inevitable de la inferioridad innata de determinados seres humanos.

Reseña

Llevaba mucho tiempo queriendo leer este libro porque considero a Stephen Jay Gould como uno de mis héroes intelectuales, y porque el tema central de la obra es la inteligencia, un tema que me interesa mucho explorar.

Nos encontramos ante un texto denso, repleto de información, detalles y razonamientos profundos acerca de la inteligencia, pero de la inteligencia «como entidad singular, su localización en el cerebro, su cuantificación como número único para cada individuo, y el uso de esos números para clasificar a las personas en una sola escala de méritos». Los estudios que se hicieron con este objetivo en mente –comprender qué es la inteligencia y clasificar a las personas en función de la misma– llevó a postulados que no sólo defendían que los grupos (razas, clases o sexos) oprimidos y menos favorecidos eran inferiores por nacimiento y merecían ocupar esa posición, sino que debían ser esterilizados para evitar que propagasen su condición.

El profesor Gould dejó claro que su libro era una crítica de una «concreta» teoría de la inteligencia sostenida por las interpretaciones interesadas de un «determinado» estilo de test psicológicos: la teoría de la inteligencia unitaria, de base biológica e inmodificable.

El libro se apoya en tres pilares fundamentales:

Primero: el determinismo biológico

El determinismo biológico consiste en afirmar que tanto las normas de conducta como las diferencias sociales y económicas que se dan en las diferentes poblaciones ­­­­­­­­–básicamente, diferencias de «razas», clases o sexos– tienen su raíz en ciertas condiciones heredadas, innatas (y por tanto, inmodificables), y que, en este sentido, la sociedad es un reflejo fiel de la biología.

Lo que hace el autor es analizar la tesis defendida por muchos científicos en los siglos XIX y XX de que el «valor» de los individuos y de los grupos puede establecerse a través de la medida de la inteligencia como una cantidad aislada.

«Este libro analiza la abstracción de la inteligencia como entidad singular, su localización en el cerebro, su cuantificación como número único para cada individuo, y el uso de esos números para clasificar a las personas en una sola escala de méritos, descubrir en todos los casos que los grupos ­­­­­­­­–razas, clases o sexos– oprimidos y menos favorecidos son innatamente inferiores y merecen ocupar esa posición.»

Segundo: los «grandes» argumentos

Para exponer su planteamiento –y rebatir las ideas de esos teóricos— se centra en los «grandes» argumentos y errores que cometieron los iniciadores de esta corriente de pensamiento. Así, el libro se divide claramente en dos mitades que representan las piedras centrales de esta teoría, en orden cronológico, durante los doscientos últimos años en que ha sido prominente:

«El siglo XIX se centró en las mediciones físicas de cráneos, ya fuera por el exterior, o desde dentro (para medir el volumen de la caja craneal). El siglo XX pasó al método, supuestamente más directo, de medir el contenido del cerebro mediante los test de inteligencia. En suma, de medir las propiedades físicas de los cráneos a medir el contenido interno de los cerebros.»

Tercero: aplicación del método científico

En su titánica tarea de desmontar las falaces argumentaciones de quienes defienden el determinismo biológico, el profesor Gould aplica el método científico: las diferencias entre los individuos son análogas a la variación de las poblaciones, y las diferencias que se miden entre los grupos son análogas a las diferencias temporales de los linajes a lo largo del tiempo. Por lo tanto, procede a hacer un profundo y sopesado análisis de los datos que manejaron los propios ideólogos para mostrar las falacias en sus argumentaciones sobre las diferencias en la «inteligencia» medidas entre los grupos humanos.

«La falsa medida del hombre se centra, por lo tanto, en el análisis de los grandes conjuntos de datos que hay en la historia del determinismo biológico. Este libro es una crónica de las falacias profundas y aleccionadoras (no de los errores tontos y superficiales) que hay en el origen y en la defensa de la teoría de la inteligencia unitaria, linealmente clasificable y muy poco alterable.»

El autor hace hincapié en dos falacias principalmente. La primera es la reificación o tendencia a convertir los conceptos abstractos en entidades. Todos nosotros somos conscientes de la importancia de la mente en nuestras vidas y deseamos caracterizarla. Por lo tanto, sostiene:

«[…] bautizamos con la palabra “inteligencia” ese conjunto de capacidades humanas prodigiosamente complejo y multifacético. Una vez que la inteligencia se ha convertido en una entidad, los procedimientos normales de la ciencia prácticamente deciden que debe dotársela de una localización y de un substrato físico. Puesto que el cerebro es la sede de la mentalidad, la inteligencia debe residir allí.»

Siguiendo este hilo argumental llegamos a la segunda falacia, la de la «gradación» o tendencia a ordenar la compleja variación de esa entidad en una escala ascendente:

«El estilo común en que se expresaron ambas falacias mentales fue el de la cuantificación, o medición de la inteligencia como número único para persona. En el siglo XX los test de inteligencia desempeñan la misma función que supuso la craneometría en el siglo pasado [en referencia al siglo XIX]: según ellos, la inteligencia (o al menos una parte dominante de la misma) es una cosa separada, innata, heredable y medible.»

En definitiva, los argumentos clásicos del determinismo biológico fracasan porque los caracteres que invoca para hacer diferencias entre grupos son producto de la evolución cultural. Los deterministas buscaron pruebas de la idea de que estamos «programados» desde que nacemos en caracteres anatómicos creados por la evolución biológica. Su profundo error –y que muchos siguen cometiendo hoy en día– es que trataron de utilizar la anatomía para hacer inferencias acerca de unas capacidades y conductas que vinculaban con la anatomía, cuando éstas tienen un origen cultural (sabemos que la «inteligencia» depende de numerosísimos factores entre los que destacan el desarrollo, la capacidad económica de los progenitores, el ambiente etc.)

«La falsa medida del hombre» no es un libro fácil de leer, y así lo reconoce el propio autor, pero alega en su defensa que dirigió el libro «[…] a todas las personas serias que se interesaran por el tema». Para ello siguió las dos reglas cardinales que siempre ha usado al escribir sus ensayos. En primer lugar, no detenerse en generalidades y sí centrarse en esos detalles pequeños pero fascinantes, que son capaces de captar el interés de los lectores. En segundo lugar, simplificar la escritura eliminando la jerga, por supuesto, por sin «adulterar» los conceptos; nada de compromisos, nada de aturdir.

«La divulgación forma parte de la gran tradición humanística de la erudición seria, no es un ejercicio de aturdir por placer ni por sacar provecho.»

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Publicado por José Luis Moreno en RESEÑAS, 1 comentario
Nueva campaña de excavación en la cueva Rising Star

Nueva campaña de excavación en la cueva Rising Star

     Última actualizacón: 27 agosto 2018 a las 17:42

Portada: fotograma del documental de National Geographic «Discovering Homo Naledi: Journey to Find a Human Ancestor, Part 1 | Nat Geo Live»

Hace varios días empezó una nueva campaña de excavación en el complejo de cuevas Rising Star cerca de Johannesburgo. El yacimiento de Rising Star está formado por varias cámaras subterráneas con un acceso enormemente complicado donde se han hallado los restos de Homo naledi, el último miembro del género Homo, que fue descrito por un equipo multidisciplinar de científicos encabezados por el profesor Lee Berger de la universidad de Witwatersrand (te recomiendo que leas una introducción al tema en esta anotación: Una estrella en ascenso para buscar el origen de la humanidad. La cueva Rising Star).

Uno de los aspectos más llamativos e interesantes de este equipo de científicos ha sido su interés en que el público general pueda seguir el día a día de su trabajo desde cualquier parte del mundo. Lo lograron instalando cámaras en el interior de la cueva y desplegando kilómetros de cables, permitiendo incluso que hubiera señal WiFi en la cámara más profunda de donde se han extraído miles de restos fósiles. Creo que merecen nuestro aplauso y reconocimiento ya que gracias a este empeño en favor de la divulgación han conseguido, por ejemplo, que miles de estudiantes en escuelas repartidas por todo el mundo vieran en directo cómo trabajan y pudieran hacerles preguntas a las excavadoras y al resto del equipo mientras se hacían los descubrimientos (si quieres conocer algunos detalles de lo complicado de los trabajos y otras curiosidades, puedes ver la charla que dí sobre este tema: Paleoantropología 2.0).

Como digo, hace unos días se han retomado los trabajos y de nuevo tenemos la oportunidad de conocer no sólo cómo se lleva a cabo la recuperación de los fósiles, sino también otros aspectos interesantes acerca del funcionamiento de una compleja excavación paleoantropológica. Regularmente se hacen conexiones en directo a través de Periscope y Facebook Live, y se publican fotografías en Twitter Instragram que nos hacen sentirnos parte del equipo. Algo nunca visto hasta ahora en este campo de investigación.

Por ejemplo, en el primer vídeo que quiero compartir con vosotros, Lee Berger –director de la excavación– nos muestra cuál es el acceso a la cueva y también cómo son los alrededores del yacimiento –debemos tener presente que se trata de un complejo subterráneo y que desde el exterior sólo se aprecian los árboles que rodean la entrada–. Mucho ha cambiado este paisaje desde que se plantaron las primeras tiendas de campaña allá en 2013. De hecho, parte de la labor realizada en la zona –además de colocar vallas en el perímetro y cerrar con una reja la entrada– ha incluido la retirada de plantas que no eran endémicas de la región y la reintroducción de animales autóctonos.

Otro de los detalles llamativos de este yacimiento es que la entrada a la cueva, cuya importancia para el estudio de la evolución humana se conoció hace 5 años, se encuentra a muy corta distancia de dos de los yacimientos paleoantropológicos más importantes del continente africano: SwartkransSterkfontein (el profesor Berger mantiene varios equipos de espeleólogos inspeccionando las numerosas cuevas de la región en busca de otros posibles lugares donde recuperar más fósiles, por lo que no podemos descartar que pronto tengamos noticias en este sentido).

En el siguiente vídeo, el profesor Berger nos explica cómo es trabajo desde el «centro de control», el lugar donde tienen que permanecer todos aquellos que no poseen la complexión física necesaria para atravesar los estrechos pasajes que llevan a las diferentes cámaras. Allí están los ordenadores y los teléfonos que permiten una comunicación directa con diferentes partes de la cueva, así como la zona donde se dan las últimas instrucciones a las excavadoras, ahora mundialmente conocidas como «astronautas subterráneas».

Para que podáis orientaros mejor, os dejo un esquema de la cueva donde se se aprecian los estrechos pasadizos que hay que atravesar (uno recibe el nombre de «pasadizo de supermán» y otro sencillamente el de «conducto») y la pared que hay que escalar («espalda del dragón»). La mayoría de fósiles se han recuperado en la cámara Dinaledi:

Esquema de Rising Star y la cámara Dinaledi donde se encontraron los primeros restos de Homo naledi.

Precisamente, una de las partes más complicadas para trabajar es el «conducto» (chute en inglés), ya que se trata de un conducto vertical que posee una anchura máxima de 18 centímetros y que desemboca en el suelo de la cámara Dinaledi. Tan complicado es el acceso por este lugar, que la retirada del material fósil de la cámara requiere un enorme trabajo de preparación: los huesos deben estar en todo momento protegidos de cualquier posible daño.

Mathebela Tsikoane, un nuevo miembro del equipo, nos explica en este vídeo cómo se recupera el material ya que ahora mismo se encuentran excavando justo al final del «conducto», en la base:

Y lo que están tratando de hacer es sacar a la superficie un esqueleto (parece que parcial) de un ejemplar de Homo naledi. Una vez retirada la capa superior de sedimento, la labor de las dos astronautas subterráneas, Marina Elliott y Becca Peixotto, es preparar adecuadamente los restos para liberarlos del sustrato.

Una de las hipótesis de trabajo del equipo de investigación es que Homo naledi introducía deliberadamente a sus congéneres muertos en esta cámara arrojándolos por el conducto. De esta forma, ha sido posible encontrar esqueletos casi completos y articulados, es decir, con los huesos aún unidos a pesar de llevar «enterrados» decenas de miles de años. 

La forma de proceder es la misma que la que se hace diariamente en decenas de yacimientos: se cubren los fósiles con una fina cubierta de plástico y luego se refuerza todo con escayola y gasa:

Luego se deja secar,

O se acelera la tarea con ayuda de un secador de pelo (el nivel de humedad en el interior de la cueva es enorme, y los huesos se recuperan literalmente empapados de agua):

 

En fin, una forma apasionante de aprender acerca de nuestro pasado y comprender mejor cómo es la labor que decenas de científicos llevan a cabo en su esfuerzo por responder a las preguntas que la humanidad se lleva planteando desde el origen de los tiempos: quiénes somos y de dónde venimos.

Os dejo por último con una reivindicación del profesor Berger acerca de la labor de las mujeres científicas con ocasión del día internacional de la mujer celebrado el pasado 8 de marzo:

 

Puedes estar al tanto de todo siguiendo a los protagonistas en las redes sociales:

Lee Berger: @LeeRberger (twitter); Lee R. Berger (facebook)

John Hawks: @johnhawks (twitter); John Hawks (facebook); http://www.johnhawks.net/weblog (blog)

Marina Elliott:  @Troglonaut1 (twitter); Marina Elliott (facebook)

Becca Peixotto: @BeccaPeixotto (twitter); Becca Peixotto (facebook)

Mathebela Tsikoane: @Mathabela_Flip (twitter)

Steven Tucker: @sjtucker135 (twitter)

Etiquetas / #hastags:

#Homonaledi, #Risingstar, #Dinaledi, #MathabelaPhotographer

Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 0 comentarios
Llamamiento de los científicos a cuidar el planeta

Llamamiento de los científicos a cuidar el planeta

En 1992, una asociación de científicos norteamericana (la Union of Concerned Scientists) junto a más de 1.500 científicos independientes –entre los que figuraban la mayoría de los galardonados con un premio Nobel en ciencias que estaban vivos por entonces– publicaron un comunicado con el título Advertencia a la Humanidad de los científicos del mundo, en el que postulaban que sería necesario un gran cambio en nuestra forma de cuidar la Tierra y la vida sobre ella si quería evitarse una enorme miseria humana, y que nuestro planeta quedaría «irremediablemente mutilado» en caso contrario.

Hace unos meses se cumplió el vigésimo quinto aniversario de aquella declaración y un nuevo grupo, esta vez liderado por el experto en ecología William J. Ripple (junto a más de 15.000 investigadores de 184 países diferentes) han hecho pública una nueva advertencia (publicada en la revista BioScience, lleva por título World Scientists’ Warning to Humanity: A Second Notice – léelo aquí).

Afirman que desde 1992, y exceptuando la estabilización de la capa de ozono, la humanidad no ha hecho suficientes progresos para resolver los desafíos ambientales a los que nos enfrentamos y que, de forma alarmante, están empeorando.

En este sentido, es especialmente preocupante la trayectoria que nos avoca a un cambio climático potencialmente catastrófico debido, fundamentalmente, a tres circunstancias relacionadas entre sí: el aumento de los gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la producción agrícola relacionada con el consumo de carne.

Además, confirman que nos encontramos ante un evento de extinción masiva ­­–la sexta en unos 540 millones de años– en el que muchas de las actuales especies desaparecerán a finales de este siglo.

Los datos no hacen sino confirmar esta peligrosa tendencia:

En este nuevo texto (puedes acceder al contenido  los científicos nos avisan de que estamos poniendo en peligro nuestro futuro debido a un desproporcionado consumo material (que además es desigual tanto geográfica como demográficamente), y por no darnos cuenta de que el rápido y sostenido crecimiento de la población es el principal causante de la mayoría de amenazas ecológicas y sociales que nos atenazan.

Y en este sentido, coinciden en reprochar a la comunidad internacional que no estamos dando los pasos necesarios para proteger nuestra biosfera debido a nuestra inacción a la hora de afrontar distintos retos:

  • Limitar el crecimiento de la población.
  • Reevaluar el papel de la economía basada en el crecimiento.
  • Reducción en la emisión de gases de efecto invernadero.
  • Incentivar la energía renovable.
  • Protección del hábitat.
  • Restauración de los ecosistemas.
  • Frenar la polución.
  • Detener la extinción de la fauna.
  • Poner coto a las especies invasivas

Aunque no basta con poner de manifiesto estos problemas. Dado que la mayoría de los líderes políticos sólo responden ante la presión, instan a los científicos, los medios de comunicación y a los ciudadanos a que insistamos ante los gobiernos para que pasen a la acción como un imperativo moral hacia las generaciones actuales y, sobre todo, las futuras. Al mismo tiempo, nosotros mismos tenemos que reexaminar y modificar nuestros comportamientos individuales.

Hemos conseguido algunas metas importantes: el esfuerzo realizado en la disminución de las sustancias que destruían la capa de ozono demuestra que podemos hacer cambios positivos cuando actuamos de manera decidida. También hemos hecho avances importantes para reducir la pobreza extrema y el hambre, reducir la tasa de deforestación en algunas regiones así como hemos avanzado en relación al uso e implementación de energías renovables. Pero aún queda mucho por hacer.

En este sentido, el cambio hacia la sostenibilidad se puede producir de diferentes maneras pero todas requieren que ejerzamos presión por parte de la sociedad civil, que utilicemos argumentos basados en pruebas, que reclamemos un liderazgo político claro y manejemos un conocimiento profundo de los instrumentos políticos, los mercados etc.

Finalmente, este grupo de científicos detalla algunos ejemplos de acciones efectivas que podemos hacer para lograr ese cambio hacia la sostenibilidad (no están ordenadas por importancia ni tan poco por la urgencia en su adopción):

  • Priorizar la creación de grandes espacios protegidos que incluyan una proporción significativa de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aéreos de todo el mundo.
  • Mantener los ecosistemas, frenando la transformación de selvas, bosques, praderas y otros hábitats naturales.
  • Restaurar las plantas autóctonas a gran escala, principalmente los bosques.
  • Reintroducir en la naturaleza las especies nativas, especialmente depredadores, para recuperar los procesos y dinámicas ecológicos.
  • Implementar las políticas adecuadas para evitar la extinción de especies animales, la crisis de la caza furtiva y la explotación y el comercio de especies amenazadas.
  • Reducir el desperdicio de alimentos mediante la educación y mejores infraestructuras.
  • Promover un cambio hacia dietas más vegetarianas.
  • Ampliar la reducción de la tasa de natalidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente en los lugares donde faltan tales recursos.
  • Incrementar la educación medioambiental de los niños, así como el compromiso de la sociedad en general con la naturaleza.
  • Desinvertir en inversiones monetarias y adquisiciones para promover un cambio ambiental positivo.
  • Diseñar y promover nuevas tecnologías no contaminantes y adoptar de forma masiva las energías renovables al tiempo que se eliminan las subvenciones a la producción de energía con combustibles fósiles.
  • Corregir la economía para reducir desigualdades y asegurarse que los precios, los impuestos y los sistemas de incentivos tengan en cuenta los costes reales que nuestro patrón de consumo imponen en nuestro medio ambiente.
  • Calcular un tamaño para la población humana que sea sostenible y científicamente defendible a largo plazo, y pedir a las naciones y sus líderes que apoyen ese objetivo vital.

La conclusión es demoledora:

Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y el tiempo se acaba. Debemos reconocer, en nuestra vida cotidiana y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar. Podemos hacer un gran progreso por el bien de la humanidad y del planeta, del que dependemos.

Publicado por José Luis Moreno en CIENCIA, 0 comentarios