Mes: mayo 2017

¿La oveja Dolly envejeció prematuramente?

¿La oveja Dolly envejeció prematuramente?

Hace escasos tres meses que se han cumplido 20 años de un anuncio que conmocionó a la opinión pública, y a la comunidad científica en particular. La oveja Dolly, el primer animal clonado a partir de una célula adulta, nacía el 5 de julio de 1996 en el Instituto Roslin de Edimburgo. Dolly, criada en las instalaciones del Instituto junto con decenas de ovejas de diferentes razas, permaneció en un apacible anonimato –motivado por las gestiones para obtener las patentes relacionadas con la técnica empleada– hasta la rueda de prensa multitudinaria que se celebró en el Instituto el 22 de febrero de 1997, días antes de la publicación del artículo científico que dada cuenta de los detalles en la revista Nature el 27 de febrero 1. Desde ese momento, tres nombres entraron en los libros de historia: Dolly, Ian Wilmut y Keith Campbell.

El Instituto Roslin se dedicaba por entonces a investigar todo lo relacionado con los grandes animales de granja, desde su biología molecular, pasando por su genética, embriología, reproducción y desarrollo, hasta su crecimiento y, por supuesto, su bienestar. A pesar de que tanto el Instituto como otras empresas llevaban bastante tiempo trabajando en diferentes técnicas de clonación y habían obtenido resultados positivos, el caso particular de la oveja Dolly desató una oleada de reacciones. Y como era de esperar, los medios de comunicación se lanzaron sobre la noticia con vivo interés.

Un periódico norteamericano publicó que Dolly era carnívora y que se había comido a varias ovejas de su recinto; mientras que el semanario Der Spiegel ilustró la noticia 2 en portada con un regimiento de Hitlers, como si la técnica de clonación desarrollada por los investigadores permitiera una duplicación exacta, una especie de resurrección, de cualquier organismo.

A raíz de la tormenta desatada, en marzo de ese año el presidente norteamericano Bill Clinton impuso una moratoria de cinco años para todos los experimentos de clonación con humanos llevados a cabo en Estados Unidos, ya fueran financiados con fondos públicos o privados.

¿Cómo se logró la clonación?

El enorme interés que despertó el anuncio del nacimiento de Dolly no tuvo tanto que ver con la clonación en sí –ya se habían clonado con éxito distintas especies de animales antes– sino con la técnica utilizada: «transferencia nuclear de células somáticas3». Vamos a explicar cómo lo lograron:

El ADN empleado provenía de una célula epitelial extraída de la glándula mamaria de una oveja adulta. Concretamente, en marzo de 1995 se sacrificó una oveja de raza Finn-Dorset de seis años de edad que se encontraba en la fase final de gestación, por lo que sus células mamarias estaban preparándose para la lactancia. Estos tejidos se congelaron y fueron los utilizados como ADN donante 4.

El paso siguiente consistió en cultivar esas células y mantenerlas durante cinco días privadas del factor de crecimiento. Este constituye un paso esencial, ya que las coloca en estado quiescente (fase G0) donde se produce su reprogramación, consiguiendo que la célula adulta se convierta en una célula totipotente, es decir, con capacidad de dividirse y dar lugar a un nuevo organismo.

Acto seguido se fusiona esa célula cultivada con ovocitos enucleados de otra oveja por medio de una corriente eléctrica 5 para «reconstruir» un embrión. Éstos se introducen en ovejas receptoras temporales, se recuperan cuando han comenzado a dividirse y luego se transfieren finalmente a las madres sustitutas donde se desarrollan hasta convertirse en nuevas ovejas.

Según hemos ido explicando el proceso, vemos que se necesitan un total de cuatro grupos diferentes de ovejas para esta técnica: un grupo de ovejas proporciona ovocitos que, una vez enucleados, se convierten en los citoplastos 6 receptores del ADN donante. Otro grupo facilita los embriones, cuyas células son cultivadas para proporcionar los carioplastos 7, es decir, los núcleos donantes. Un tercer grupo actúa como receptoras temporales, incubando dentro de sus oviductos los embriones recién reconstruidos hasta que llegan a la etapa de blastocisto 8. El cuarto grupo opera como verdaderas madres sustitutas: los blastocistos son entonces transferidos a sus úteros, donde se desarrollan y nacen las crías.

En el experimento se emplearon distintas técnicas —no  solo la transferencia nuclear de células somáticas— que dieron lugar al nacimiento de siete ovejas sanas: cuatro procedían de células embrionarias cultivadas (a partir de discos embrionarios de nueve días 9 llamadas Cedric, Cyril, Cecil y Tuppence); dos de fibroblastos fetales cultivados (a partir de fetos de ovejas de raza Welsh Black de 26 días llamadas Taffy y Tweed) y, por último, Dolly –que acaparó toda la atención debido a la novedosa técnica empleada– que nació a partir de células mamarias cultivadas.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que sólo 1 de los 277 embriones iniciales preparados mediante transferencia nuclear de células somáticas soportó todo el desarrollo y dio lugar al nacimiento de una oveja viva. Es decir, que el resultado de aplicar esta técnica novedosa fue de un éxito entre 277 intentos. Aun así, los investigadores se sorprendieron de que el experimento siquiera funcionase. Ahora parece evidente que si ninguno de los 277 embriones hubiera llegado a término, la ciencia habría descartado como imposible la posibilidad de clonar un animal a partir de células adultas. Wilmut y Campbell por su parte reconocieron que de haber sido ese el resultado no habrían vuelto a intentar la técnica.

Cuestión de edad

El nacimiento de Dolly demostró que era posible transferir el ADN extraído de una célula adulta a un ovocito sin fecundar y engendrar un animal genéticamente idéntico al donante, es decir, se demostró que era posible la clonación de un animal a partir de células diferenciadas. Como hemos visto, Dolly fue clonada a partir de una célula de una oveja de 6 años de edad, y la pregunta que muchos se formularon era si las células de Dolly eran las mismas de un animal joven o deberíamos añadir seis años a su edad biológica. La cuestión tiene relevancia porque se descubrió que los telómeros de las células de Dolly eran más cortos de lo esperado (los telómeros, los extremos de los cromosomas, tienen una longitud finita que se reduce con cada división celular hasta que la célula muere, de ahí que sean considerados marcadores o temporizadores para la edad de un organismo).

Dolly murió a los seis años y medio, cuando las ovejas de la raza Finn-Dorset alcanzan los nueve años o más de edad por término medio. Cuando el equipo del Instituto Roslin decidió sedar y sacrificar a Dolly para evitarle sufrimientos innecesarios, todo el mundo comenzó a cuestionar la viabilidad de la técnica de clonación y afirmaron que había muerto de forma prematura, que los animales clonados presentaban una menor esperanza de vida.

Sin embargo, Dolly no murió por una enfermedad asociada con la edad, sino por una enfermedad vírica que afectó a todo el rebaño y que le hizo desarrollar cáncer de pulmón. Es cierto que sufrió de artritis en las rodillas a los cinco años que curó aplicando un tratamiento con antiinflamatorios, pero como varios investigadores han puesto de manifiesto, cualquier oveja criada bajo techo y alimentada de la forma en que lo estuvo Dolly habría sufrido también problemas articulares.

En cualquier caso, los investigadores llevan más de dos décadas tratando de resolver los misterios del envejecimiento de los clones.

Los nuevos datos

Así las cosas, resulta muy pertinente un trabajo publicado hace unos meses que trata de arrojar luz sobre esta esquiva cuestión, ya que hasta ahora no había evaluaciones detalladas de las enfermedades no transmisibles de aparición tardía. Para ello, Kevin Sinclair y su equipo de colaboradores –entre los que se encontraba el prematuramente fallecido Keith Campbell, a quien se homenajea con este trabajo– ha examinado a cuatro de los clones de Dolly (por nombres Debbie, Denise, Dianna y Daisy) a lo largo de su vida. Decimos que son clones de Dolly porque las cuatro ovejas procedían del mismo lote de células congeladas del que nació aquella. Además, para completar la muestra de estudio, los investigadores realizaron el mismo seguimiento a otras nueve ovejas clonadas de razas diferentes. Estos trece animales tienen ahora más de 9 años (como hemos señalado, cerca de su máxima esperanza de vida) y todas gozan de buena salud.

El estudio publicado en Nature Communications confirma que los cuatro clones de Dolly no sufren artritis, diabetes, dolencias cardiovasculares u otro trastorno asociado a la edad.

El trabajo ha consistido en realizar evaluaciones musculoesqueléticas, pruebas metabólicas y medidas de presión arterial en las trece ovejas clonadas. Además, se realizaron exámenes radiológicos de todas las articulaciones principales, incluyendo las rodillas –la articulación más afectada por la osteoartritis en Dolly. Todos los datos obtenidos se compararon con los obtenidos para grupos de ovejas no clonadas.

Es importante destacar que, a pesar de su edad avanzada, ninguno de los clones mostró signos clínicos de enfermedad, siendo euglicémicas, insulino sensibles y normotensivas. Ningún animal sufría cojera a pesar de que la mayoría mostraba evidencias radiográficas de osteoartritis leve en una o dos articulaciones, como por otro lado cabría esperar en las ovejas de esa edad. Ninguna precisó tratamiento para esas molestias articulares.

Como hemos apuntado, en ausencia de animales de control de idénticas características a los sometidos a estudio (por edad, por el genotipo y el ambiente donde éstas se han criado), los investigadores siguieron estos parámetros como comparativa:

  • Un grupo contemporáneo de ovejas de seis años de edad que fueron criadas junto con los clones y sometidas a las mismas evaluaciones metabólicas y cardiovasculares
  • Los rangos de referencia publicados en estudios veterinarios previos para los niveles de glucosa en sangre
  • Radiografías pélvicas de ocho ovejas sanas de 5 años de edad
  • Y, por último, otros trabajos científicos disponibles –debidamente reseñados en la bibliografía.

Conclusiones

Algo que tanto Ian Wilmut como Keith Campbel dejaron claro desde la publicación de su trabajo pionero allá por mediados de los años 90 es que la clonación es un procedimiento mucho menos eficaz que la reproducción natural o la fecundación in vitro. Sólo un 1% de las veces que se transfiere un óvulo se consigue que nazca una oveja y sobreviva a sus primeros días. De hecho, esta baja tasa de éxitos llevó al Instituto Roslin a abandonar esta técnica de clonación.

Sin embargo, los trabajos con animales clonados, y concretamente en este caso, el estudio de su envejecimiento, nos permiten afirmar que si un animal clonado sobrevive a la gestación y goza de buena salud durante las primeras semanas de vida, tendrá las mismas posibilidades que otros animales de su raza nacidos de forma natural, y envejecerán del mismo modo.

Si tomamos una célula de un animal de cualquier edad e introducimos su núcleo en un óvulo maduro no fertilizado, los datos actuales apuntan a que podemos obtener un animal que nace con una esperanza de vida igual a los gestados de forma natural. La relación entre la longitud de los telómeros, la salud y la longevidad en organismos multicelulares es bastante compleja y aún no hemos desentrañado todos los misterios. Ahora sabemos que la restauración de la longitud de los telómeros está dictada por intrincadas alteraciones epigenéticas de la cromatina, cuya variación podría explicar las discrepancias entre las especies, y los tipos de células donantes dentro de las especies.

Lo que los científicos sospechan es que parece haber un mecanismo natural incorporado a los óvulos que es capaz de rejuvenecer una célula, así que por ese camino irán los futuros trabajos de investigación.

 

Referencia

Sinclair, K. D., et al. (2016), «Healthy ageing of cloned sheep». Nature communications, vol. 7, p. 12359.

Lee el artículo aquí.

Más información

Wilmutt, I.; Campbell, K. y  Tudge, C. (2000), La segunda creación: de «Dolly» a la clonación humana. Barcelona: Ediciones B, 388 p.

Wilmut, I., et al. (1997), «Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells». Nature, vol. 385, núm. 6619, p. 810-813.

The Life of Dolly. Página web del Instituto Roslin.

Notas

  1. Mediante una carta a la revista que llevaba por título Viable offspring derived from fetal and adult mammalian cells. Puedes leerla aquí.
  2. Puedes descargar el artículo (en alemán) aquí.
  3. SCNT, por las siglas en inglés de somatic cell nuclear transfer.
  4. Como curiosidad señalaremos que en principio no estaban destinados para su uso en la clonación de Dolly, pero por la pérdida de una línea celular se eligieron como «repuestos» de última hora.
  5. Digo que son ovocitos enucleados aunque se hallan detenidos en mitad de la meiosis y por lo tanto, estrictamente hablando, no tienen núcleo ya que en esa fase la membrana nuclear se ha roto. Los ovocitos empleados en la clonación de Dolly fueron aportados por ovejas Scottish Blackface para confirmar a simple vista que no habían aportado ningún gen a la nueva oveja.
  6. En este contexto, un citoplasto es una célula enucleada (es decir, sin núcleo, solo el citoplasma) que se utiliza para recibir un nuevo núcleo (donante) en el proceso de transferencia nuclear.
  7. Un carioplasto es un núcleo donante, con mayor o menor cantidad adherida de citoplasma, que pasa a un nuevo citoplasma en la transferencia nuclear.
  8. Un blastocisto es un embrión que se encuentra en la etapa en que es una pelota de células, más avanzado que una mórula. En el caso por ejemplo de los embriones humanos logrados por fecundación in vitro, éstos pasan de cigoto a blastocisto en una placa de cultivo y luego son transferidos directamente a las madres que los gestarán y parirán.
  9. El disco embrionario está formado por células de la masa interior celular, realmente el comienzo de un nuevo animal en los blastocistos avanzados.
Publicado por José Luis Moreno en CIENCIA, 0 comentarios
¿Cuántas pruebas han encontrado los científicos acerca de la evolución humana?

¿Cuántas pruebas han encontrado los científicos acerca de la evolución humana?

Hay tantos fósiles que nadie sabe el número total. Y esto es sólo el comienzo.

No sé cuántos fósiles de homininos hay en el mundo. No hay una tabulación. El ritmo de los descubrimientos ahora es demasiado rápido para seguirlo. Cada año de la última década, los antropólogos han desenterrado cientos de fósiles de especies y poblaciones extintas de homininos.

En 2012, el conjunto de homininos de la Sima de los Huesos, cerca de Burgos, España, ascendía a más de 6.500 ejemplares de al menos 28 individuos. En cada campaña se recuperan muchos más fósiles. En Sudáfrica, la muestra de homininos de [la cueva] Rising Star asciende hoy a más de 2.000 especímenes de al menos 18 individuos. Este depósito de fósiles de homininos era completamente desconocido hasta 2013. Sólo en dos cuevas, hay cerca de 9.000 ejemplares de homininos fósiles.

Hay muchos otros yacimientos con cientos de especímenes cada uno. Uno de mis favoritos es Krapina, Croacia, que conserva los restos de más de 30 neandertales que vivieron hace unos 120.000 años. Hadar, Etiopía, es una gran área de sedimentos depositados por antiguos ríos y lagos hace entre 2,3 y 3,6 millones de años. Los paleoantropólogos han desenterrado allí cientos de ejemplares de fósiles de hominino durante los últimos 45 años, incluyendo el famoso esqueleto de «Lucy». Sterkfontein es un sistema de cuevas de Sudáfrica con varios depósitos que contienen homininos fósiles, junto con otras criaturas. Hasta la fecha, se han encontrado más de 600 especímenes en las cuevas de Sterkfontein. Los antiguos depósitos de fósiles alrededor del lago Turkana, Kenia, que incluye áreas conocidas como Koobi Fora, Ileret, Nariokotome, Lomekwi y Kanapoi, también han generado cientos de ejemplares de homininos fósiles.

El Museo Nacional de Historia Natural [de EE.UU.] informa que el registro de fósiles de homininos incluye los restos de más de 6.000 individuos. Contando sólo los esqueletos de humanos modernos con una antigüedad mayor de 10.000 años, creo que ese número es conservadoramente bajo.

Por supuesto, el número total de fósiles depende de cómo los contemos. Los esqueletos parciales hacen que este desafío sea especialmente claro. Los fósiles de homininos de la garganta de Olduvai se han numerado por individuos, hasta «Olduvai Hominid 82». Algunos de esos individuos se conocen únicamente por un diente aislado. Otros son esqueletos parciales compuestos por decenas de fragmentos, como OH 62.

Algunos yacimientos, como las localidades fósiles de la región de Omo Shungura en el sur de Etiopía, presentan fragmentos de un gran número de individuos homininos que vivieron durante muchos miles de años, sin esqueletos parciales. Casi cada fósil diminuto o un puñado de dientes conforma otro individuo. Puede que no sepamos mucho sobre cada uno, pero podemos entender algo acerca de cómo varían.

Esqueletos MH2 y MH1 de Malapa, Sudáfrica. Créditos: Lee Berger

Otros yacimientos son conocidos por sus esqueletos parciales. Malapa tiene dos, con más individuos representados por huesos que todavía están en la roca. Los grandes yacimientos de neandertales de Francia, Bélgica, España, Italia y Alemania: La Ferrassie, La Chapelle-aux-Saints, Spy, Le Moustier, Sima de las Palomas, Altamura, cueva Feldhofer, Monte Circeo. Los yacimientos del Cercano Oriente: Skhūl, Tabun, Kebara, Amud, Qafzeh, Dederiyeh, Shanidar. La lista sigue y sigue, y cada yacimiento cuenta con esqueletos parciales de individuos de poblaciones que ya no existen. Los esqueletos son esenciales para entender cómo diferentes partes del cuerpo estaban sujetas a diferentes historias adaptativas y no adaptativas. Cuando nos fijamos en períodos anteriores a hace un millón de años, los yacimientos fósiles con esqueletos se vuelven mucho más excepcionales, pero quedan algunos: Malapa, Nariokotome, Aramis, Dmanisi, Sterkfontein, Hadar, Woranso-Mille, la garganta de Olduvai y Koobi Fora. Su importancia es evidente, da igual cómo contemos las piezas.

Los antropólogos han tenido durante mucho tiempo una fijación con el cráneo. Hay más de 200 cráneos relativamente completos de homininos distintos de los humanos modernos. Algunos yacimientos, como Sangiran y Ngandong en Indonesia, y Zhoukoudian, China, son conocidos principalmente por su conjunto de cráneos, contando cerca de una docena en cada uno de ellos, aunque otros huesos del esqueleto también se han encontrado en estos lugares. Un esqueleto parcial se asocia con los restos de uno de los cráneos humanos más antiguos de África; para otros yacimientos como Jebel Irhoud, Marruecos, Laetoli, Tanzania y Herto, Etiopía, los cráneos han sido el foco principal.

Una vez que te das cuenta de cuántas pruebas de la evolución provienen de los humanos modernos, casi no hay fin. Las colecciones de investigación de esqueletos de humanos modernos suman cientos de miles de individuos en todo el mundo. Cada zanja que se abre en una carretera o para poner los cimientos de  un edificio presenta la ocasión de tropezar con restos humanos antiguos. Cuando esto sucede, muchos de estos restos arqueológicos son estudiados por científicos y conservados en colecciones.

Moldes de cráneos de homininos exhibidos en el Museo Nacional de Historia Natural. Créditos Lenny Flank (CC)

Los grandes museos de historia natural del mundo, muchos de ellos fundados a finales del siglo XIX, tenían la misión de documentar las pruebas de la variación humana en todo el mundo. En aquellos días, expediciones y excavaciones recolectaron decenas de miles de cráneos contemporáneos de todo el mundo. Charles Darwin sólo tocó un fósil de neandertal, pero él y otros antropólogos de su tiempo sabían mucho acerca de la variación entre los seres humanos de todo el mundo, permitiendo que Darwin planteara algunas hipótesis sobre la evolución humana que todavía aceptamos hoy, y otras que la evidencia fósil ha rechazado. Muchas de esas enormes colecciones de huesos humanos todavía existen y hoy, científicos como yo, los estudiamos para documentar la evolución reciente de las poblaciones humanas. He estudiado miles en mi trabajo.

Los cambios que vemos en los esqueletos de las poblaciones de los últimos 10.000 años fueron algunos de los descubrimientos científicos más antiguos de la antropología. Estos resultados han sido rejuvenecidos por el estudio del ADN antiguo recuperado de los huesos, lo que ha confirmado algunos cambios evolutivos muy rápidos en ese lapso de tiempo relativamente corto.

El ADN antiguo ha transformado la cantidad de las pruebas de algunos yacimientos fósiles. Un yacimiento con escasísimos y fragmentarios restos esqueléticos, la cueva de Denisova en Rusia, conserva el ADN antiguo con una fidelidad superior a cualquier otro yacimiento de esa antigüedad, que se extiende desde 30.000 a 100.000 años atrás. En 2014, Matthias Meyer y sus colegas recuperaron datos de ADN de un pequeño fragmento de hueso de un dedo conocido como «Denisova 3». Contar estas pruebas es como contar las hojas de un millón de árboles.

Los descubrimientos transformadores del ADN demuestran que la prueba de nuestra evolución no está sólo en buscar fósiles, sino que nos obliga a mirar dentro y más allá de los fósiles. Ahora los científicos están buscando no sólo pruebas en el ADN, sino también en las proteínas antiguas, la epigenética y otros rastros bioquímicos. Para  someter a prueba hipótesis con tales evidencias, debemos conocer tanto o más acerca de la biología de los seres humanos vivos como de la de nuestros parientes primates. Hoy en día, algunas preguntas acerca de los parientes antiguos de los humanos no están limitadas por los fósiles, sino que están limitadas por lo poco que sabemos sobre el funcionamiento de la biología humana.

Así que ya ve, no hay una respuesta simple acerca de cuántas pruebas hemos encontrado sobre la evolución humana. Hay muchísimas, en cierto sentido más de las que podemos contar. La última vez que los científicos intentaron generar un compendio con información básica sobre los restos fósiles de los yacimientos importantes, llegó a cuatro volúmenes que abarcaban más de 1.800 páginas. Eso fue hace más de diez años.

Algunos antropólogos dicen que no necesitamos más pruebas, sino mejores formas de usar las evidencias que hemos encontrado. Yo digo que si eso fuera cierto, entonces los descubrimientos fósiles de la última década deberían habernos dado más de las mismas cosas que ya habíamos visto.

En vez de eso, la exploración científica sigue generando descubrimientos verdaderamente inesperados. Hemos encontrado nuevas poblaciones antiguas, tanto con nuevos descubrimientos fósiles como con genomas. Hemos encontrado rizos de nuestra ascendencia genética en lugares inesperados, y homininos fósiles con formas que nunca imaginamos. El pasado no es el mundo cómodo con el que crecí leyendo los libros de Time-Life en los años setenta. Es extraño y nuevo, y cambiante.

Debemos seguir explorando para conseguir más.

 

Traducción autorizada de la anotación publicada por John Hawks en Medium bajo el título How much evidence have scientists found for human evolution?

 

Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, 0 comentarios
Siete días … 1 a 7 de mayo (Bantúes y PoS)

Siete días … 1 a 7 de mayo (Bantúes y PoS)

     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:49

sietediascalendario

ÚLTIMAS ANOTACIONES

Reseña: El ojo desnudo

NOTICIAS CIENTÍFICAS

El genoma de los bantúes

Investigadores han utilizado el análisis genético para modelar los caminos de la migración y los patrones de mezcla de personas de habla bantú con el fin de saber cómo se diseminaron a través de África. Sus resultados revelan cómo los pueblos de habla bantú que a día de hoy representan un tercio de los africanos subsaharianos, alcanzaron variaciones genéticas asociadas con la resistencia a la malaria y la digestión de la lactosa, además de arrojar luz sobre la diversidad genética de los afroamericanos modernos.

Referencia: Patin, E., et al. (2017), «Dispersals and genetic adaptation of Bantu-speaking populations in Africa and North America«. Science, vol. 356, núm. 6337, p. 543-546.

Lee el artículo aquí.

Entrevista en El Método: La historia genética de los pueblos Bantú

LIBRO DE LA SEMANA

FICHA COMPLETA

Publicado por José Luis Moreno en SIETE DÍAS, 0 comentarios
Reseña: El ojo desnudo

Reseña: El ojo desnudo

Ficha Técnica

Título: El ojo desnudo: Si no lo ven, ¿cómo saben que está ahí? El fascinante viaje de la ciencia más allá de lo aparente
Autor: Antonio Martínez Ron
Edita: Editorial Crítica, 2016
Encuadernación: Tapa dura.
Número de páginas: 312 p.
ISBN: 978-8498929812

 

En los sótanos del museo de Ciencia e Industria de Manchester hay una caja de cristal con unas pequeñas virutas que parecen fragmentos de piel seca. Estos restos son lo que queda de los globos oculares de John Dalton, el padre de la teoría atómica y el primer científico en describir la ceguera al color. Dalton dejó encargado a su médico personal que tras su muerte le extrajera los ojos y los «desnudara» para aclarar un misterio que no pudo resolver en vida: ¿por qué él veía el mundo de manera distinta a los demás?

A partir de esta anécdota, y con la vida de Dalton como hilo conductor, El ojo desnudo reconstruye una historia de nuestro conocimiento de la visión y de la luz y nos ofrece la explicación de por qué vemos como vemos y cómo hemos alcanzado a comprender fenómenos que van mucho más allá de lo que nuestros sentidos nos permiten detectar. En sus páginas, el periodista científico Antonio Martínez Ron intenta dar respuesta a cuestiones como qué es el color, qué es la luz y cómo hemos aprendido a mirar el universo. Un viaje desde el ojo de los primeros hombres que observaron el cielo a simple vista hasta el de aquellos que dieron la vuelta a los instrumentos para mirar dentro de nosotros mismos. Y una aventura que nos ha llevado a superar nuestras limitaciones para convertirnos en la especie que todo lo ve.

RESEÑA

La ciencia es la mejor herramienta de que disponemos para comprender cómo funciona el mundo que nos rodea. Representa sin duda un logro fundamental del ser humano, quizás el más importante de todos, ya que nos ha permitido no solo una mejora evidente de nuestra calidad de vida, sino alcanzar cotas de desarrollo impensables hace unas décadas.

Por otro lado, no podemos olvidar que la tecnología es otra parte inseparable de este progreso. La ciencia y la tecnología son dos cosas distintas y, por raro que nos pueda parecer hoy en día, no siempre han estado tan vinculadas como en la actualidad. La tecnología es tan antigua como la humanidad: las herramientas de piedra que empleaban nuestros antepasados hace millones de años son tecnología. Sin embargo, ni esas herramientas de piedra, ni las puntas de lanza que vinieron después, los barcos de vela, las catedrales y otros tantos avances tecnológicos se lograron comprendiendo la ciencia que reside en la base de cada uno (conocimientos de metalurgia, química, mecánica, aerodinámica e hidrodinámica por ejemplo).

Por ese motivo, la historia de la ciencia no se puede comprender sin la historia de la tecnología. En el devenir de ambas disciplinas llegó un momento en que los primeros científicos, los «filósofos naturales», se dieron cuenta de que para comprender de verdad los misterios últimos de la materia, la luz, las estrellas y tantos otros hechos fascinantes debían apoyarse en instrumentos cada vez más complejos e ingeniosos. Se dieron cuenta, en definitiva, que nuestros sentidos no eran suficientes para encontrar las respuestas a las preguntas que se iban acumulando.

Y esto es algo que el apasionante libro de Antonio Martínez Ron logra exponer con maestría. A través de sus páginas seguiremos un camino plagado de historias, anécdotas y datos acerca de cómo descubrimos la naturaleza de la luz y, al mismo tiempo, comprendimos que nuestros sentidos no nos ofrecen una imagen real, una imagen objetiva (sea lo que sea esto) del mundo que nos rodea.

El autor destaca que la investigación acerca de la naturaleza de la luz ha progresado en paralelo a los estudios sobre la visión: «Por un lado, difícilmente podía avanzarse en el conocimiento de los mecanismos de la visión sin tener una idea cabal de las características de la luz y estas, por su parte, difícilmente podían desentrañarse sin recurrir al sentido de la vista como fuente primaria de información».

Como hemos apuntado, el «ojo desnudo» al que alude el título era nuestro único instrumento de observación hasta que se inventaron el telescopio y el microscopio. Gracias a estos aparatos, y la progresiva mejora en las técnicas de su fabricación, pudimos descubrir que la luz visible no es más que una pequeña parte del espectro electromagnético.

Al mismo tiempo, fuimos conscientes de que todo lo que «vemos», o sea, las imágenes que elabora nuestra corteza visual a partir de las señales que recibe del exterior, no son un reflejo «fiel» de la realidad sino interpretaciones de la misma gracias a las cuales nos podemos desenvolver en el entorno. En esas interpretaciones influyen además nuestras vivencias y experiencias pasadas.

Por lo tanto, podemos decir que el profundo interés por saber cómo funciona nuestra visión, por responder a la pregunta de qué es la luz, fue una suerte de catalizador que llevó a plantearse otras cuestiones fundamentales como comprender qué es la materia y cuál es la estructura del universo. Para encontrar las respuestas fue necesario diseñar y fabricar nuevos instrumentos de observación: «Y solo cuando calibraron los instrumentos para poder mirar las estrellas pudieron darles la vuelta y apuntar con ellos al fondo de nuestro propio ojo».

Lo que propone este libro es un viaje para ver la realidad con nuevos ojos y comprender cómo hemos llegado a descubrir lo que ahora sabemos. Un intento de resumir la historia que lleva desde los primeros hombres que miraban el cielo con el «ojo desnudo» hasta el descubrimiento de realidades tan intangibles como el bosón de Higgs o las ondas gravitacionales.

En definitiva, estamos ante un libro muy recomendable con un lenguaje totalmente accesible para cualquiera, y que te engancha desde la primera página gracias a la capacidad del autor de mantenerte en cada momento con ganas de más información.

Publicado por José Luis Moreno en RESEÑAS, 0 comentarios
Siete días … 24 a 30 de abril (Mastodonte de Cerutti)

Siete días … 24 a 30 de abril (Mastodonte de Cerutti)

     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:43

sietediascalendario


ÚLTIMAS ANOTACIONES

América

Nueva página en el blog que se enmarca dentro de «El viaje más largo» y que pretende ser una recopilación del conocimiento actual acerca de la forma y el momento en que se produjo la llegada de nuestros antepasados al continente americano. La página permanecerá estática aunque su contenido irá variando en función de las nuevas aportaciones de la ciencia.

NOTICIAS CIENTÍFICAS

 Se plantea la llegada de nuestros antepasados a América hace 130.000 años

Según sostiene un equipo de científicos del Museo de Historia Natural de San Diego, el territorio que hoy es California ya estaba habitado por homínidos hace 130.000 años. La investigación, publicada en Nature, no aporta pruebas de fósiles ni restos de ADN de ese homínido que habría vivido en América del Norte en tan temprana fecha, sino que su conclusión se basa en pruebas indirectas: el descubrimiento de restos óseos de un mastodonte de esa edad (huesos, molares y colmillos) con evidencias de haber sido manipulados con las piedras que han aparecido junto a los fósiles y que habrían sido utilizadas como martillos y yunques.

Referencia: Holen, Steven R., et al. «A 130,000-year-old archaeological site in southern California, USA«. Nature, núm 544, 479-483.

Lee el artículo aquí.

Noticias:

Publicado por José Luis Moreno en VÍDEO, 0 comentarios