Mes: febrero 2017

Siete días … 20 a 26 de febrero (TRAPPIST-1 y Einstein)

Siete días … 20 a 26 de febrero (TRAPPIST-1 y Einstein)

     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 12:07

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NOTICIAS CIENTÍFICAS

Hallados mundos templados similares a la Tierra en un sistema planetario

Los astrónomos han descubierto un sistema de siete planetas del tamaño de la Tierra a sólo 40 años luz de distancia. Utilizando telescopios basados en tierra y en el espacio, incluyendo el VLT (Very Large Telescope) de ESO, todos los planetas fueron detectados cuando pasaban delante de su estrella, la estrella enana ultrafría conocida como TRAPPIST-1. Según el artículo que aparece hoy en la revista Nature, tres de los planetas se encuentran en la zona habitable y podrían albergar océanos de agua en sus superficies, aumentando la posibilidad de que el sistema pudiese acoger vida. Este sistema encontrado tiene tanto el mayor número de planetas del tamaño de la Tierra como el mayor número de mundos que podrían contar con agua líquida en sus superficies.

Referencia: Gillon, M., et al. (2017), «Seven temperate terrestrial planets around the nearby ultracool dwarf star TRAPPIST-1«. Nature, vol. 542, núm. 7642, p. 456-460.

Información completa en la página de ESO (todas las imágenes y animaciones de esta anotación provienen de esta fuente).

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Publicado por José Luis Moreno en SIETE DÍAS, 0 comentarios
Nuevas dataciones en las cuevas Bluefish. Datos para la colonización de América.

Nuevas dataciones en las cuevas Bluefish. Datos para la colonización de América.

     Última actualizacón: 24 febrero 2019 a las 16:55

Ya he publicado con anterioridad varias anotaciones relativas a la forma en la que se produjo el poblamiento de América (si te interesa, puedes leer ¿Quiénes fueron los primeros pobladores de América? y ¿Cómo llegaron nuestros antepasados a América?) pero cada cierto tiempo surgen nuevos estudios, y cada nueva propuesta trae consigo un encendido debate.

Ahora, un estudio recientemente publicado en la revista PLoS ONE 1 ofrece nuevos datos que pretenden arrojar nueva luz para conocer mejor tanto la posible ruta de entrada en el continente americano como el momento en que ésta se produjo.

Introducción

Las pruebas arqueológicas sugieren que la primera colonización de América del norte se inició hace alrededor de 14.000 años AP (nos referiremos siempre a fechas calibradas), es decir, bastante tiempo después del Último Máximo Glacial, la época de máxima extensión de las capas de hielo durante el último período glacial, cuya duración aproximada fue entre hace 18.000 y 28.000 años AP.

Sin embargo, Lauriane Bourgeon y Ariane Burke (del departamento de antropología de la Universidad de Montreal) y Thomas Higham (del Oxford Radiocarbon Accelerator Unit de la Universidad de Oxford) proponen en este artículo una nueva datación mediante radiocarbono de unos huesos de animales que presentan marcas de corte que los investigadores atribuyen al uso de herramientas por parte de nuestros antepasados.

Estos restos óseos –y otros artefactos asociados– fueron recuperados en el yacimiento conocido como cuevas Bluefish (Yukón, Canadá). Provienen de unas excavaciones dirigidas por el arqueólogo Jacques Cinq-Mars entre 1977 y 1987, que han permanecido almacenadas en el Museo Canadiense de Historia en Gatineau, Quebec. En aquel entonces, Cinq-Mars y su equipo concluyeron que las cuevas Bluefish mostraban pruebas de un uso humano ocasional hasta hace 30.000 años. Esa datación era mucho más antigua que cualquier otro yacimiento descubierto en todo el continente americano, por lo que las conclusiones de Cinq-Mars fueron muy discutidas, y las tres pequeñas cuevas quedaron fuera de las discusiones sobre el poblamiento de las Américas.

El yacimiento se compone de un total de tres pequeñas cavidades kársticas que no superan los 30 m3 de volumen en total, cuya estratigrafía contiene una capa de loess (Unidad B) de hasta un metro de espesor, depositada en el lecho rocoso (Unidad A) y recubierta por una capa de humus mezclada con restos crioclásticos 2 (Unidad C) y finalmente una moderna capa de humus (Unidad D). En cuanto al material recuperado, se extrajeron artefactos líticos del loess de la cueva I (MgVo-1) y de la cueva II (MgVo-2); y también se obtuvieron abundantes restos de fauna de las tres cuevas.

Perfil estratigráfico de la cueva Bluefish II

Los resultados de la datación que se publica en este nuevo trabajo apoyarían la hipótesis de que los seres humanos ocupaban el yacimiento hace 24.000 años AP (dando validez a la afirmación que hiciera en su día Cinq-Mars) y otorgaría automáticamente a las cuevas Bluefish el título del yacimiento más antiguo de América. Además, el hecho de que nuestros antepasados habitaran la región en una época tan temprana daría respaldo al modelo de ocupación del continente conocido como «parada en Beringia» (o Beringian standstill hypothesis, también llamado modelo de incubación en Beringia), que propone que una población genéticamente aislada sobrevivió en Beringia durante el Último Máximo Glacial, dispersándose desde allí hacia el sur durante el periodo más cálido posterior. Este modelo de colonización se ha visto reforzado por estudios genéticos recientes que sugieren que algunas poblaciones superaron las condiciones hostiles del Último Máximo Glacial en una situación de aislamiento en la relativamente hospitalaria Beringia antes de desplazarse al interior de Norteamérica cuando las condiciones mejoraron. Las pruebas arqueológicas de su presencia, que hasta ahora eran esquivas, podrían provenir de este yacimiento tanto tiempo denostado.

Además, aunque parezca osado sostener que nuestros antepasados pudieran haber soportado un clima tan extremo, unos hallazgos arqueológicos recientes dan muestra de la capacidad del ser humano para adaptarse a ambientes árticos desde hace al menos 45.000 años. Los yacimientos del río Yana en Siberia demuestran que nuestros antepasados llegaron a la parte occidental de Beringia hace 32.000 años.

Sin embargo, en la parte oriental de Beringia –ya dentro del continente americano– sólo contamos con los yacimientos confirmados del valle Tanana (en el interior de Alaska), Swan Point, Broken Mamooth, Mead y el yacimiento Little John en el territorio del Yukón. Estos yacimientos no tienen una antigüedad mayor de 14.000 años. Por lo tanto, el único candidato por ahora para una ocupación temprana de Beringia, en pleno Último Máximo Glacial (recordemos que se dio hace entre 18.000 y 28.000 años) es el yacimiento controvertido de las cuevas Bluefish.

Los datos

La presencia de nuestros antepasados en estas cuevas no ha podido verificarse directamente al no haberse encontrado restos humanos en ellas. El método indirecto empleado para sostener que hubo presencia humana en la zona ha sido el hallazgo tanto de herramientas como de unos huesos de animales con lo que parecen ser marcas de corte por al uso de esa industria lítica y de hueso.

En un artículo publicado en 2015 por una de las investigadoras 3 se llevó a cabo un análisis de los restos de fauna hallados en la cueva II, y concluyó que los humanos habían contribuido «parcialmente» a la modificación del material óseo. Lo que hacen ahora es ampliar ese análisis a los restos de la cueva I para buscar señales indiscutibles de actividad humana y ofrecer nuevas dataciones, más precisas y fiables, de los huesos que muestran marcas de corte en ambas cuevas.

Por lo tanto, para afirmar que nuestros antepasados habitaron la región hace 24.000 años, los investigadores han tenido que responder de forma afirmativa a las siguientes cuestiones:

  • ¿Las piedras y herramientas de hueso con bordes cortantes halladas en el yacimiento son indiscutiblemente herramientas fabricadas por el hombre?
  • ¿Las marcas que presentan los huesos de animales hallados en el yacimiento se han producido indiscutiblemente por esas herramientas?
  • ¿Se han podido datar estos elementos (herramientas y huesos con marcas) y han arrojado una antigüedad de 24.000 años?

Vamos a analizarlas una a una:

Las herramientas

Las herramientas líticas (unas cien aproximadamente, sumando todas las tipologías) se extrajeron de la Unidad B de la cueva II, y aunque no se han podido datar con precisión, su tipología es similar a la cultura Dyuktai que apareció en el este de Siberia hace alrededor de 22.000 o 20.000 años AP.

En la cueva I se han encontrado también artefactos de este tipo, aunque la inmensa mayoría son de un tamaño tan pequeño (entre 1 y 3 mm) que no pueden considerarse más que como restos de talla en el mejor de los casos. Por su parte, las muestras más grandes apenas sobrepasan los 12 mm, por lo que no podemos decir que se hayan encontrado las herramientas de piedra empleadas para realizar los cortes en los huesos.

Ejemplos de industria lítica recuperada en las cuevas Bluefish.

Además de esta industria lítica, los investigadores refieren la existencia de varios huesos que han sido modificados para utilizarse como herramientas y que ya fueron datados en 1990. En este sentido, las fechas más antiguas sugeridas para la ocupación humana de la cueva II se basan en una tibia de caribú fechada en 24,820 ± 115 C14 años AP (código de referencia RIDDL-226) y otro fragmento de un hueso largo de mamut lanudo con su núcleo que arrojaron una datación de 23.910 ± 200 C14 AP (referencia RIDDL-224) y 23.200 ± 250 C14 AP (referencia RIDDL-225) respectivamente.

Las marcas de los huesos

Los autores reconocen que para poder identificar correctamente los huesos culturalmente modificados (como se denomina a los huesos manipulados por el hombre) se hace necesario un análisis tafonómico completo. Así, el contexto sedimentario y geológico de un yacimiento arqueológico es de crucial importancia. Como se ha indicado más arriba, el material recuperado en las cuevas Bluefish deriva de loess, es decir, de un sustrato formado por partículas finas de limo eólico que no producen arañazos en los huesos, aunque sí superficies pulidas. Por otro lado, los restos crioclásticos incorporados en el loess sí podrían haber desgastado las superficies óseas. Por último, es evidente que cualquier desprendimiento de rocas han podido modificar los huesos, produciendo estrías y patrones de rotura ósea.

Esto desde el punto de vista geológico. Por otro lado, la actividad de los carroñeros también puede dejar marcas en los huesos similares a las que dejaría el ser humano, aunque ojos expertos sí pueden ver un patrón de desgaste característico de los animales que permite distinguir la manipulación humana.

Pues bien, en orden a identificar correctamente los huesos manipulados por nuestros antepasados, los investigadores confeccionaron una lista con seis criterios morfológicos que nunca se dan en los huesos modificados por procesos naturales. De un total de 36.000 huesos de mamíferos recuperados en los yacimientos y analizadas en este estudio, se seleccionaron 15 muestras (10 en la cueva I y 5 en la cueva II) que reunían todas las características morfológicas atribuidas a la actividad humana; más otras 20 muestras con «probables» modificaciones humanas.

La datación

Seis de estas muestras fueron finalmente remitidas al laboratorio para su datación mediante la técnica de espectrometría de masas con acelerador. Los resultados obtenidos oscilan entre una antigüedad de 10.490 ± 55 C14 AP y 19.650 ± 130 C14 AP, es decir, entre 12.000 y 24.000 AP una vez calibrados los resultados.

Ejemplar J7.8.17, correspondiente a la parte de una mandíbula de caballo.

La fecha más antigua obtenida (19.650 ± 130 C14 AP, código de muestra OxA-33778) es la de una mandíbula de caballo (J7.8.17) de la cueva II. Este resultado coincide con la posición estratigráfica del hueso en el yacimiento, ya que se localizó en la parte basal del loess, a una profundidad de 142 cm. Por desgracia, la profundidad exacta a la que se encontraron los otros especímenes óseos datados en esta investigación no ha podido establecerse con los datos registrados en la excavación original llevada a cabo por el equipo de Cinq-Mars, aunque la gran mayoría del material proviene de las capas inferiores de loess en ambas cuevas.

En la cueva I, otros tres huesos han sido datados al final del Pleistoceno, ca. 22.000 – 15.000 años AP (un húmero de caballo (J7.1.1), un metatarsiano de caballo (K8.1.13) y un metacarpiano de caribú (K8.1.27).

Tabla que recoge las dataciones de los nuevos especímenes.

Conclusión

Mientras que los yacimientos del río Yana aportan pruebas de la presencia humana en el oeste de Beringia hace cerca de 32.000 años AP, los yacimientos de las cuevas Bluefish demostrarían que nuestros antepasados habitaron –aún de forma ocasional– el este de Beringia durante el UMG, por los menos hace 24.000 años AP.

Este resultado proporcionaría el apoyo arqueológico que necesitaba la hipótesis de la «parada en Beringia», también llamado modelo de incubación en Beringia.

A pesar de todo, no todo el mundo está convencido. El arqueólogo de la Universidad de Alaska en Fairbanks, Ben Potter afirma que la investigación es interesante pero que el pequeño número de huesos con marcas, y la falta de pruebas claras de que las herramientas halladas en la cueva causaran los cortes arrojan muchas dudas.

Hace más de una década que se plantean críticas como esta. Hemos apuntado que en la cueva II se encontraron restos óseos que han sido interpretados como herramientas. Sin embargo, en los niveles donde se hallaron los huesos con marcas de corte no han aparecido estas herramientas. Además, tenemos que recordar que la llamada industria lítica está formada por microfragmentos líticos (supuestamente restos de talla) que podrían tener un origen natural, y haber quedado acumulados por procesos eólicos.

Por lo tanto, debemos ser cautos y esperar pruebas más claras de nuevos yacimientos y futuras investigaciones. Aunque nada impide que disfrutemos con cada nueva hipótesis.

Referencias

Bourgeon, L.; Burke, A. y  Higham, T. (2017), «Earliest human presence in North America dated to the Last Glacial Maximum: new radiocarbon dates from Bluefish Caves, Canada». PLoS ONE, vol. 12, núm. 1, p. e0169486.

Dyke, A. S. (2004), «An outline of North American deglaciation with emphasis on central and northern Canada». En: Ehlers, J. y Gibbard, P. L. (eds.). Developments in Quaternary Sciences. Elsevier, 373-424.

Cinq-Mars, J. (1979), «Bluefish Cave l: a Late Pleistocene Eastern Beringian cave deposit in the Northern Yukon». Canadian Journal of Archaeology / Journal Canadien D’Archéologie, núm. 3, p. 1-32.

Bourgeon, L. (2015), «Bluefish Cave II (Yukon Territory, Canada): taphonomic study of a bone assemblage». PaleoAmerica, vol. 1, núm. 1, p. 105-108.

Cinq-Mars J., Morlan R. E., “Bluefish Caves and Old Crow basin: a new rapport”. En: Bonnichsen R., Turnmire K. L. (eds.). Ice Age Peoples of North America Environments, Origins, and adaptations of the First Americans: Center for the Study of the First Americans. Oregon State University Press; 1999. p. 200-212.

Notas

  1. Earliest human presence in North America dated to the Last Glacial Maximum: new radiocarbon dates from Bluefish Caves, Canada.
  2. La gelifracción, gelivación o crioclastismo es el proceso geológico por el que se produce la fragmentación de una roca cuando el agua que se introduce en sus fisuras o poros se convierte en hielo y aumenta su volumen. La gelifracción es especialmente activa si el proceso hielo/deshielo es frecuente, dando como resultado material de roca anguloso.
  3. Bluefish Cave II (Yukon Territory, Canada): taphonomic study of a bone assemblage.
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Siete días … 30 de enero a 5 de febrero (evolución y grandes científicos)

Siete días … 30 de enero a 5 de febrero (evolución y grandes científicos)

     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:46

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ÚLTIMAS ANOTACIONES

Reseña: Vamos a comprar mentiras.

NOTICIAS CIENTÍFICAS

La ciencia ciudadana revela cómo evolucionaron los picos de las aves

Amantes de las aves en todo el mundo han ayudado a los científicos a descubrir nuevos secretos sobre la historia de sus picos. Gracias a los datos recogidos por los ciudadanos, los investigadores han demostrado que sus formas se diversificaron muy pronto, seguramente después de la extinción de los dinosaurios.

Referencia: Cooney, C. R., et al. (2017), «Mega-evolutionary dynamics of the adaptive radiation of birds«. Nature, en prensa.

Noticia en Agencia SINC.

LIBRO DE LA SEMANA

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Reseña: Vamos a comprar mentiras

Reseña: Vamos a comprar mentiras

Ficha Técnica

Título: Vamos a comprar mentiras
Autor: José Manuel López Nicolás
Edita: Editorial Cálamo, 2016
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Número de páginas: 361 p.
ISBN: 978-8496932951

 

Este libro no pretende decirle al lector lo que debe comprar o no. Nada más lejos de su objetivo. Lo que se persigue es contar al consumidor lo que dice la ciencia sobre la efectividad de famosos productos para que, con toda la información en la mano, pueda decidir qué opción elegir entre las muchas que ofrece el mercado. En este libro no solo se pone de manifiesto la verdad que esconden famosos productos alimentarios y cosméticos pertenecientes a las principales multinacionales, sino que ofrece propuestas de mejora, iniciativas que deben aplicar diferentes colectivos públicos y privados, para que el ciudadano, cuando vaya a los puntos de venta y centros comerciales, pueda estar seguro de que no le engañan.

RESEÑA

El libro que vamos a reseñar debería estar en todos los hogares españoles. Esta afirmación puede parecer un tanto exagerada, pero lo digo completamente en serio (también lo dije cuando hablé del volumen «Las vacunas funcionan» que ya hemos reseñado en este blog).

Vivimos en una sociedad donde, a pesar de la aparente libertad con la que tomamos nuestras decisiones, nos vemos continuamente condicionados por los medios de comunicación, las empresas de alimentación, los consejos de quienes nos rodean etc. Una actividad en principio tan sencilla como ir al supermercado o a una farmacia a comprar alimentos o medicamentos, se convierte en una auténtica actividad de riesgo si decidimos adquirir determinados productos por hacer caso a algunos consejos o anuncios publicitarios.

Con su libro, José Manuel López Nicolás (a quien podéis leer en su blog Scientia y en Twitter) nos abre los ojos para que nos demos cuenta de que, desde hace mucho tiempo, tanto las industrias alimentarias y como las de productos cosméticos –que en muchas ocasiones son idénticas– nos han estado mintiendo descaradamente con el único objetivo de enriquecerse. Pero el problema se ha visto agravado considerablemente porque estas empresas han decidido utilizar la ciencia como mecanismo para lograr una apariencia de seriedad y otorgar mayor credibilidad a sus productos.

Estamos por tanto frente a un libro que «quiere denunciar en voz alta los abusos que está sufriendo el ciudadano y que no solo tienen repercusión en su bolsillo, sino también en la salud».

Se trata de una batalla contra la manipulación, la mentira y las malas prácticas profesionales, pero como el autor se esfuerza en remarcar, no pretende decirnos lo que debemos comprar ni tampoco busca desprestigiar ningún producto, marca ni empresa. Lo que hace es confrontar los pretendidos beneficios y la supuesta efectividad de determinados productos con los hechos que han sido demostrados por la ciencia. En definitiva, pone a nuestro alcance toda la información veraz relativa a esos productos para que podamos decidir –ahora sí, sin manipulaciones– qué opción elegir.

En varias ocasiones he destacado la pasión, honestidad y el coraje con el que Jose realiza su labor como divulgador científico. Y es que hay que tener mucho coraje para poner nombres y apellidos a muchos productos que forman parte de nuestro día a día, de marcas comerciales muy conocidas, de superficies comerciales a las que acudimos con frecuencia, de grandes multinacionales, de científicos, de medios de comunicación, de asociaciones profesionales… Digo coraje –y casi con seguridad un buen asesoramiento legal– porque analiza las «técnicas de venta» de productos y marcas tan famosas como Actimel, Flora, L´Oréal, Red Bull, De Memory, la participación del CSIC en el apoyo a productos como el Revidox, la «labor» de la Fundación del Corazón en la recomendación de determinados suplementos alimenticios y un largo etcétera. Les aseguro que ninguno de ellos sale bien parado. Aunque, en un alarde de la honestidad que le caracteriza, también reconoce la labor de aquellas empresas que hacen bien su trabajo y que cumplen lo que prometen en su publicidad.

El libro también hace pedagogía. Porque no olvidemos que si las empresas manipulan y tergiversan los hechos, falsean los pretendidos beneficios de sus productos etc. es porque determinados productos tienen un amplio público interesado. En este sentido, conoceremos las respuestas a una serie de preguntas relacionadas con la seguridad de los alimentos y cosméticos: ¿Es cierto que si se eliminan determinados compuestos químicos de la composición de estos productos aumenta su seguridad?, ¿Hay alguna relación entre determinados aditivos y el cáncer? Aprenderemos sobre alertas alimentarias y comprenderemos, con datos científicamente contrastados, que todos los productos que llegan al mercado han superado estrictos controles de seguridad.

Y también conoceremos alternativas a infinidad de nuevos productos sin sentido alguno que están alcanzado altas cotas de mercado, alternativas al mismo tiempo más económicas y más saludables.

Por último, el libro ofrece una serie de ideas para mejorar la situación, iniciativas, y acciones que es necesario poner en marcha de forma urgente para que cuando vayamos a comprar, podamos estar seguros de que no nos están engañando.

Como recoge el Libro blanco de la nutrición en España:

«Los errores, mitos y fraudes en materia nutricional son motivo de preocupación para las autoridades sanitarias, colectivos profesionales y comunidad científica. La proliferación de mensajes no basados en el conocimiento científico compromete el adecuado aporte de nutrientes y favorece la aparición de situaciones de malnutrición, como consecuencia de dar continuidad a pautas equivocadas, que alteran las condiciones de dietas equilibradas, poniendo en peligro el estado nutricional».

El objetivo último de esta obra es inculcar en el consumidor un espíritu crítico hacia muchas de las propiedades publicitadas en los alimentos y cosméticos. Hablemos claro: nosotros tenemos que poner de nuestra parte, hacer un juicio crítico de lo que nos cuentan y no creernos todo lo que nos quieran vender. Y aunque el peso no debería en el consumidor, es preciso el esfuerzo «porque la legislación que está detrás de que el fabricante tenga la obligación de ofrecer información veraz sobre su producto falla estrepitosamente».

En definitiva, háganme caso y compren este libro porque me lo agradecerán (y más aún a su autor).

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