Mes: noviembre 2014

Angkor, la ciudad perdida

Angkor, la ciudad perdida

     Última actualizacón: 13 septiembre 2017 a las 18:47

Ambicioso Oriente se despoja

de las cosas que guarda en sí más bellas;

Ceilán cuantas su esfera exhala roja 1

engasta en el mejor metal centellas 2;

de sus veneros registró Camboya

las que a pesar del sol ostentó estrellas 3:

el esplendor, la vanidad, la gala,

en el templo, en el coso y en la sala 4.

Luis de Góngora. Extracto del Panegírico al duque de Lerma.


Estos versos, surgidos en 1617 de la mano de uno de los mayores exponentes del Siglo de Oro de las letras españolas reflejan el conocimiento que se tenía en Europa del sudeste asiático y, concretamente, de una ciudad perdida en la selva. Muy pocos sabrán a qué lugar me refiero, pero la imagen que encabeza esta anotación quizás ayude a despejar la incógnita.

Efectivamente, vamos a hablar del reino de los jemeres, constructores de los monumentos de Angkor, testimonio de una cultura desaparecida en el siglo XV que controló durante siglos amplias extensiones de Extremo Oriente.

Según la leyenda, el poderoso reino jemer tuvo su origen en la unión conyugal entre Kambu Swayambhuva, un asceta indio, y Mera, una ninfa divinizada hija del legendario rey Naga. Los Kambuya, hijos de Kambu, dieron nombre al país (Camboya). Sus soberanos eran elegidos por sus aptitudes para la lucha y por su capacidad para garantizar la seguridad de sus súbditos, por lo que incorporaban a sus nombres el sufijo –varman (protección).

Para lograr el desarrollo ordenado de su civilización, los gobernantes planearon una audaz y complicada obra de ingeniería 5: se diseñó una vasta red de canales para controlar las inundaciones del río Mekong, lo que permitió contar con un suministro estable de agua, y el desarrollo de la que quizás sea la nota más llamativa de la cultura jemer, su arquitectura, con la ciudad de Angkor como muestra más representativa 6.

Cuando pensamos en la arquitectura jemer nos imaginamos enormes edificios de piedra, con elaboradas tallas y enigmáticas caras sonrientes. Pero ni los reyes, ni los dignatarios, ni el pueblo vivían en aquellos edificios, sino en chozas de madera y paja (ya desaparecidas) situadas en el recinto del templo o en sus alrededores. De ahí que con sus templos y sus creaciones arquitectónicas la ciudad de Angkor sea el mayor complejo sagrado que haya existido en todo el mundo.

Edificios como los de Angkor Vat presentaban todas las superficies de piedra, desde los cimientos hasta los frontones, cubiertas por una exuberante decoración tallada y de esculturas. Algunos han calculado que fue necesaria la participación de cientos de miles de personas trabajando año tras año —hasta 60 o 70 años— en el mismo monumento, así como  enormes cantidades de oro, plata, perlas y piedras preciosas puestas al servicio de la naturaleza divina de los reyes.

El Bayón. Angkor Wat. Delaporte.

El descubrimiento de las ruinas de Angkor

Cuando uno acude a las fuentes para saber cómo llegaron a Europa las noticias sobre esta importante cultura se mencionan dos personajes (franceses para más señas) como los primeros europeos que dieron a conocer los misterios de la ciudad perdida de Angkor: Henri Mouhot y Louis Delaporte.

El naturalista Henri Mouhot viajó a principios de 1860 al reino de Siam 7 por encargo de la Real Sociedad Geográfica y de la Sociedad Zoológica de Londres con el objetivo de explorar y recoger muestras de los especímenes de la región. Una vez allí oyó rumores acerca de la existencia de unas antiguas ruinas y decidió visitarlas por sí mismo. Con la ayuda de un guía local y tras no pocas penalidades, surgió ante sí la impactante visión de unas construcciones en piedra —de enormes dimensiones— que, literalmente, estaban siendo devoradas por la selva. En su obra Voyage dans les royaumes de Siam, de Cambodge, de Laos dejó por escrito sus impresiones:

Uno de estos templos [Angkor Wat], rival del templo de Salomón y erigido por algún antiguo Miguel Ángel, podría ocupar un puesto de honor junto al más bello de nuestros edificios. Es más grandioso que los que nos dejaron Grecia o Roma.

A pesar de atribuir erróneamente la construcción de estos edificios a las antiguas civilizaciones de Oriente Medio (catalogó las cabezas de Buda como de “estilo egipcio”), la romántica descripción de Mouhot cautivó al público europeo.

Poco después de su muerte, Francia estableció un protectorado sobre Camboya y enseguida se planteó abrir una ruta comercial hasta la región china de Yunnan a través del río Mekong, uno de los más grandes ríos del mundo y de complicada navegación. Ernest Doudard de Lagrée y Francis Garnier fueron los encargados de dirigir la expedición que tenía como misión principal cartografiar la región, aunque no perdieron la oportunidad de desviarse para explorar Angkor: durante una semana se dedicaron a levantar planos de los templos y documentar las ruinas, al tiempo que el joven artista Louis Delaporte realizaba una serie de grabados que tendrían gran eco en Europa.

La expedición desapareció en los bosques tropicales del sureste asiático, aunque lograron volver dos años después a pesar de sufrir importantes bajas.

El Bayón. Angkor Wat. Delaporte.

¿Fueron los franceses los primeros en ofrecer noticias del reino jemer tras su desaparición?

Como hemos visto, los franceses Mouhot y Delaporte dejaron una profunda huella en la imaginación de los europeos gracias a los relatos (adornados con bellas imágenes) de sus aventuras, pero los cierto es que no fueron los primeros en llamar la atención sobre esta ciudad en ruinas. Las referencias escritas más tempranas de la existencia de la ciudad de Angkor se las debemos a los españoles.

La expansión marítima protagonizada por España y Portugal en el sudeste asiático durante los siglos XV y XVI, trajo consigo la llegada a esas tierras de conquistadores, comerciantes y misioneros que comenzaron a ver con otros ojos la vida que habían dejado atrás. Varios misioneros y militares escribieron “libros de viajes” en los que explicaban a sus respectivas coronas cómo era aquel otro mundo de ultramar. En ellos explicaban las costumbres, la religión, el orden político, la geografía y naturaleza, el clima o la economía de aquel nuevo territorio explorado.

Entre estos escritos merece especial atención la Historia de las islas del archipielago y reynos de la gran China, Tartaria, Cuchinchina, Malaca, Sian, Camboxa y Iappon, y de lo sucedido en ellos a los religiosos descalços 8 publicada en Barcelona en 1601. Escrita por Fray Marcelo de Ribadeneyra, misionero franciscano, consta de seis libros donde se describe la vida, costumbres, creencias y economía de diversos países asiáticos.

Página de Historia de las islas del archipielago … de Ribadeneyra.

Ribadeneyra no estuvo en Siam ni en gran parte de los territorios de los que habla en su libro. Construyó su historia a partir de los testimonios de algunos franciscanos que habían ejercido el apostolado en aquellos países y que, por una u otra razón, recalaban en Manila, lugar donde él residía. Ribadeneyra por tanto fue más un hombre de letras que un hombre de acción aunque, leyendo su libro, comprobamos su rigor literario y su preocupación por describir ese mundo con la mayor exactitud posible:

Es la ciudad muy agradable y de apacible vista, en su gran circuito tiene muchas torres, y pirámides doradas, y plateadas, y de diversas pinturas. Las casas reales son muy grandes y curiosas, y los templos son todos dorados y plateados, dentro y fuera, y de buena labor edificados. Todas las demás casas son pajizas.

[…]

Y la grandeza de aquella ciudad y de los muros curiosamente labrados, se colige, por lo que hoy día se ve en las ruinas de los edificios grandes que han quedado. De esta ciudad tuve yo particular noticia, de algunos españoles que estuvieron en el reino de Camboya.

Otros libros similares fueron escritos por Diego Aduarte y fray Gabriel Quiroga de San Antonio 9 quienes ya narraban en sus cartas enviadas a principios del siglo XVII al rey Felipe III, las experiencias vividas en Camboya por los aventureros españoles que había llegado a esas tierras en busca de fortuna y nuevos territorios para la corona española. Quiroga de hecho fue el primero en citar el nombre de Angkor Wat al referirse a un “templo de cinco torres llamado Angkor”.

No siendo arqueólogos ni historiadores, los misioneros no profundizaron en el estudio de la cultura jemer ya desaparecida y sus monumentos. Ribadeneyra atribuyó su construcción a Alejandro Magno o a los romanos, mientras que Quiroga creía que eran obra de los judíos, que habrían estado en la región antes de asentarse en China. Uno de los principales motivos por los que estos textos pasaron relativamente desapercibidos fue que carecían de los grabados que tanta impresión causaron más tarde.

Ta Prohm. Construido en 1186. Los templos de Ta Prohm no fueron liberados de la imparable jungla de forma intencionada para mostrar la fuerza de la naturaleza que se había apoderado de Angkor.

En este momento las ruinas camboyanas no despertaron demasiado interés ya que los españoles estaban más preocupados por la explotación comercial y la conversión de almas que por el estudio erudito de la historia de la región. Así, después de que el pequeño destacamento español en Camboya fuera masacrado en 1599 por un grupo de mercaderes malayos y los españoles abandonaran el país, los misteriosos templos de Angkor Wat se desvanecieron de la imaginación hasta la llegada de los franceses.

Notas

  1. Rubíes.
  2. Piedras preciosas.
  3. Diamantes.
  4.  Oriente ambicioso se despoja de las cosas más bellas que guarda en sí; Calan engasta en el mejor metal cuantas centellas exhala su esfera roja; Camboya registró de sus veneros las estrellas que ostentó a pesar del sol: el esplendor en el templo, la vanidad en el coso y la gala en la sala.
  5. Como ya se había hecho en Mesopotamia y Egipto mucho tiempo antes.
  6. La urbe fue fundada en el siglo VII por Jayavarman II y saqueada por los siameses en 1431, cuando la ciudad se hallaba en plena decadencia.
  7. Un reino situado en el centro del sudeste de Asia que comprendía los territorios de lo que hoy es Tailandia, Camboya y Laos.
  8. Historia de las islas del archipiélago, y reinos de la gran China, Malaca, Siam, Camboya y Japón, y de lo sucedido en ellas a los religiosos descalzos.
  9.  Breve y verdadera relación de los sucesos del reino de Camboya, publicado en 1604.
Publicado por José Luis Moreno en ARTE, HISTORIA, 1 comentario
El objeto de metal más antiguo de Oriente Próximo

El objeto de metal más antiguo de Oriente Próximo

     Última actualizacón: 7 abril 2017 a las 12:09

Arqueólogos e investigadores de la Universidad de Haifa, de la Universidad Hebrea de Jerusalén y del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín han publicado el hallazgo del objeto de metal más antiguo recuperado en Oriente Medio: se trata de un punzón de cobre datado hacia finales del sexto milenio o principios del quinto milenio antes de Cristo (todas las fechas que se citan en esta anotación están calibradas, por lo que se emplea la abreviatura CalBC) 1 descubierto en la tumba de una mujer en Tel Tsaf.

El yacimiento arqueológico de Tel Tsaf, situado en el valle del Jordán, ha sido objeto de cuatro intensas campañas de excavación entre los años 2004 y 2007. A pesar de que se documentó la zona por primera vez en la década de 1950, fue necesario esperar más de veinte años para que se iniciaran las excavaciones propiamente dichas. Los trabajos de investigación han permitido constatar que el principal periodo de ocupación del poblado tuvo lugar durante el Calcolítico medio, en una horquilla de tiempo comprendida entre los años 5100 a 4600 a.C.

Sabemos que los diferentes grupos humanos no han evolucionado de la misma forma y al mismo tiempo en todas las regiones, por lo que cuando utilizamos los términos clásicos de división de la Prehistoria (como Edad del Cobre, Bronce y Hierro) tenemos que hacer algunas precisiones. En este sentido, el término “Calcolítico” es puramente tecnológico y define un periodo en el que los grupos humanos alcanzan un nivel de desarrollo cultural que les permite un aprovechamiento más sistemático y diversificado del medio en el que viven, lo que va unido a una organización social más compleja. Así, se empieza a vislumbrar cierto grado de jerarquización social que irá aumentando y consolidándose con el paso del tiempo. Todos estos cambios van parejos al afianzamiento de la vida en poblados con un modelo protourbano: aumenta la población, se amplía la especialización de los trabajos y se generalizan rasgos comunes de carácter ideológico o religioso.

En el caso de Tel Tsaf, los arqueólogos han constatado la gran riqueza de la comunidad, así como la importancia de los lazos comerciales a larga distancia que mantuvieron tras analizar los grandes edificios construidos y el número de silos de que disponían, donde almacenaban el trigo y la cebada en una escala sin precedentes en la región (cada silo podía almacenar entre 15 y 30 toneladas de grano, muy lejos de las necesidades anuales de una familia media). Además, había muchos hornos en los patios que estaban repletos de huesos quemados de animales, lo que demuestra la celebración de grandes eventos multitudinarios.

Otros hallazgos importantes incluyen diversos artículos fabricados con obsidiana (una roca volcánica vítrea con origen en Anatolia o Armenia), conchas del río Nilo, así como fragmentos de cerámica provenientes de Mesopotamia y de otras zonas de la cuenca mediterránea. Ningún otro yacimiento de este periodo muestra unas conexiones a larga distancia de similares dimensiones.

Detalle de la tumba.

El punzón

Pero el hallazgo más importante hasta la fecha tiene sólo cuatro centímetros de largo. Este punzón de cobre (que se insertaba en un mango de madera) salió a la luz en 2007 en una excavación del yacimiento llevada a cabo por el profesor Yosef Garfinkel de la Universidad Hebrea.

El objeto se encontró en la tumba sellada de una mujer de unos 40 años de edad. El enterramiento, cuyo esqueleto tenía alrededor de su cintura 1.668 cuentas de concha de huevo de avestruz, estaba situado en el interior de un silo para almacenamiento de grano. Mientras que la tumba, el esqueleto de la mujer y el cinturón de cuentas ya se habían hecho públicos en revistas científicas 2, el pequeño punzón tuvo que esperar hasta que finalizase un estudio más profundo y se analizaran sus componentes químicos.

Se trata de un alfiler alargado hecho de metal fundido, con un corte transversal redondeado. Mide 41 mm de largo y su diámetro máximo (cerca de la base y en la mitad de su longitud) es de 5 mm, mientras que cerca de la punta es de 1 mm. El color externo es verde debido a la oxidación y corrosión, mientras que el núcleo es rojizo 3.

Debido a esta corrosión no se ha podido observar la microestructura original, los vestigios visibles del proceso de fabricación ni tampoco las cantidades relativas originales de los diferentes elementos que sí se han conservado. A pesar de todo, los resultados confirman la presencia de cobre con un 6% de estaño, un 0,8% de arsénico y trazas de plomo y hierro.

Si bien las proporciones de los elementos que se han indicado no son las mismas que estaban presentes en el metal original —durante el proceso de corrosión éstas se ven alteradas— la presencia de estaño plantea importantes preguntas. Hasta ahora, los objetos de cobre con esta composición química no se habían encontrado en el Calcolítico final ni en la Edad de Bronce temprana del Levante, ni esa composición encaja con el cobre local.

De hecho, hasta ahora sólo se han documentado en la zona objetos con una composición química similar a partir del segundo milenio y en periodos posteriores. Por lo tanto, el punzón de Tel Tsaf no sólo se adelanta en el tiempo a todos los metales conocidos en Oriente Próximo, sino que también lo hace respecto a todos los objetos de bronce de la región en cerca de 3.000 años.

Fabricando objetos de cobre

Según nuestro conocimiento, el uso del mineral de cobre en Oriente Próximo se ha desarrollado en tres etapas principales. Durante la primera fase se utilizaron trozos de malaquita (que posee un 57% de cobre) para la fabricación de pigmentos y adornos entre hace 10500 y 8800 años. En una segunda fase, alrededor del séptimo milenio, se produjo un desarrollo importante cuando se fabrican cuentas y otros objetos decorativos con cobre nativo martilleado 4. Por último, en una tercera fase (datada en el sexto milenio) se funden y fusionan diferentes menas para extraer el cobre —un proceso mucho más complicado que el uso de cobre nativo— que implica mejor tecnología y unos conocimientos más precisos: un pequeño error en el complejo y largo proceso de fabricación hace que el producto final sea inservible.

Debemos tener presente que los avances tecnológicos en la Prehistoria no se producen de forma súbita sino que podemos reconstruir, con mayor o menor dificultad, una cadena lógica de causa y efecto a través de la experimentación y la observación. Si nos centramos en la metalurgia es importante no olvidar que dado que el conocimiento químico sólo era empírico y la tecnología se iba desarrollando sobre la base de ensayo y error, los objetos que desenterramos en los yacimientos arqueológicos representan —en la inmensa mayoría de los casos— los aciertos, mientras que los errores, desaparecidos en la refundición, no dejan rastro.

Así, podemos rastrear el origen de la metalurgia en la experiencia que a lo largo de los siglos habían acumulado los alfareros, que no habían cesado de innovar y transformar los hornos de cocción de cerámica para mejorar el aporte térmico. De esta forma, con la inclusión de sistemas de oxigenación del foco calorífico y el perfeccionamiento de las estructuras para soportar altas temperaturas, pudieron trabajar el cobre para lo que era preciso alcanzar más de 1000 oC.

No podemos hablar de auténtica metalurgia del cobre en las dos primeras fases que hemos señalado. La extracción de pigmento, y el trabajo de cobre nativo con la técnica del martilleado para obtener pequeños objetos no implican la fundición del metal, sino que tiene que ver más con la orfebrería. Estos inicios han sido denominados por Cyril Stanley Smith, uno de los más renombrados historiadores de la ciencia, como la “metalurgia de la bisutería”, al considerar que la mayor parte de las primeras piezas metálicas tenían una función decorativa, como elementos de prestigio para quienes las poseían. Smith defendía precisamente que el origen de la metalurgia había que buscarlo en las artes decorativas para cubrir necesidades estéticas y de prestigio personal en el seno de unas sociedades en las que comenzaban a aflorar las diferencias sociales.

El primer paso del complejo proceso metalúrgico era la localización y extracción de la materia prima. En un primer momento, antes de que se proyectase la creación de minas, se pudo identificar la existencia de mineral de cobre cuando aparecía en superficie en forma de óxidos, es decir, como malaquita y azurita, gracias a su llamativa apariencia de colores brillantes (verde y azul en este caso). Una vez extraído, había que trocear el mineral y convertir el sulfuro en óxido mediante un simple proceso de tostado en una hoguera al aire libre.

El siguiente paso era la reducción, un proceso para conseguir la reacción química en el mineral: trabajando con un horno de crisol (y altas temperaturas como hemos apuntado), la diferencia del peso específico del cobre y de las impurezas hace que el primero se deposite en el fondo en forma de gotas de cobre puro, quedando el resto en la superficie. Estas impurezas se solidifican en forma de escoria que es tan característica de los lugares antiguos de fundición al ser eliminadas del producto final. El fundente, material que se añade para facilitar la reacción química, era un elemento importante en este proceso: el más habitual era la ceniza procedente del carbón de leña, de modo que a veces no hacía falta añadir nada más.

A partir de aquí se obtenían lingotes que permitían su fácil transporte hasta el lugar definitivo donde se fabricarían los diferentes objetos.

Conclusiones

Los investigadores sostienen que el punzón analizado es importante porque hasta ahora sólo había constancia del uso de metales en esta región durante el Calcolítico tardío (alrededor de la segunda mitad del quinto milenio a.C.), por lo que este descubrimiento adelanta ese uso en varios cientos de años. Pero esta no es la única razón de su importancia: el examen químico del metal muestra que el cobre utilizado puede haber llegado desde el Cáucaso, en una zona situada a unos 1.000 kilómetros de Tel Tsaf.

Mapa de distribución de menas de cobre.

Pero hay que ser precavidos porque la cuestión de la composición del mineral es complicada. La aleación —añadiendo arsénico, estaño o plomo al cobre— implica que la composición de los objetos acabados tendrá diferentes proporciones relativas. Sin embargo, cuando en los análisis se detectan pequeñas cantidades de otro mineral junto al cobre, no podemos saber con seguridad si su presencia responde a una intencionalidad o se trata simplemente de una impureza preexistente.

La metalurgia de extracción más temprana que se conoce en el Levante se relaciona con el periodo Calcolítico tardío (4500-3800 CalBC) y varias dataciones fiables mediante carbono 14 muestran que ya se fabricaban objetos de prestigio en el periodo comprendido entre los años 4350 y 4250 CalBC.

Por lo tanto, el escenario que dibujan los nuevos datos es que, teniendo presente el actual registro arqueológico, podemos situar el pico de la evolución técnica de la metalurgia del cobre en su mismo origen. Esta situación hace que los investigadores lleguen a la conclusión de que gran parte de la evolución tecnológica de la metalurgia no fue descubierta, sino que fue importada de otro lugar. Aunque el alto porcentaje de estaño en el punzón puede ser utilizado para argumentar que el objeto es una “contaminación” de un periodo mucho más tardío, durante la excavación del yacimiento no se documentaron alteraciones y la tumba estaba sellada por ladrillos de barro, losas de piedra y cantos rodados.

Recientemente han surgido nuevos datos sobre artefactos de cobre muy tempranos en la parte noroccidental de Oriente Próximo y los Balcanes que indican que el estaño se encontraba en muchos de los primeros objetos de metal conocidos en esta área (como una cuenta/abalorio hallado en el yacimiento de Aruchlo I en Georgia datado entre 5800-5300 CalBC). Así, la afirmación de que este punzón provenga de una “contaminación” de una fecha posterior es poco plausible ya que no se conocen esos asentamientos; y mientras que una aleación artificial de cobre y estaño sería muy improbable en esa época tan temprana, una aleación natural de ambos es, por el momento, una interpretación que también se considera.

Por lo tanto, los autores sostienen que la tecnología metalúrgica se extendió por difusión desde el norte: los artefactos manufacturados llegaron al principio a través de redes comerciales de intercambio y sólo más tarde se fabricó el metal localmente.

Esto sugiere que la elaborada metalurgia del Calcolítico tardío fue producto de una tradición más larga. Por eso, el hecho de que se haya encontrado en ese contexto un único objeto puede indicar solamente que no se han realizado suficientes prospecciones arqueológicas y que se debe poner más énfasis en el estudio de este periodo. En segundo lugar, el hecho de que el punzón se haya encontrado en el enterramiento más elaborado en todo el Levante de este periodo sugiere que los objetos de metal eran percibidos como raros bienes de prestigio.

Según el Dr. Rosenberg, autor principal del trabajo, varias de las cuestiones planteadas por este artículo serán afrontadas por un proyecto de investigación interdisciplinar que integra arqueólogos e investigadores multinacionales de una variedad de disciplinas científicas. Esperemos que los resultados arrojen más luz sobre este periodo tan interesante de nuestro pasado y podamos comprender mejor el desarrollo posterior de sus comunidades. Sin duda desde aquí comentaremos sus conclusiones.

Artículo principal

Garfinkel, Y., Klimscha, F., Shalev, S., & Rosenberg, D. (2014). The Beginning of Metallurgy in the Southern Levant: A Late 6th Millennium CalBC Copper Awl from Tel Tsaf, Israel PLoS ONE, 9 (3) DOI: 10.1371/journal.pone.0092591

Pueden descargarlo y leerlo aquí.

Más información

Eiroa, J. J. (2006), Nociones de prehistoria general. Barcelona: Ariel, 699 p.

Garfinkel, Y.; Ben-Shlomo, D. y  Kuperman, T. (2009), «Large-scale storage of grain surplus in the sixth millennium BC: the silos of Tel Tsaf«. Antiquity, vol. 83, núm. 320, p. 309-325.

Harding, A. F. (2003), Sociedades europeas en la Edad del Bronce. Barcelona: Ariel, 539 p.

Notas

  1. Sería más correcto indicar las fechas utilizando la expresión “antes del presente” para evitar connotaciones religiosas, pero los investigadores no lo han hecho así en el artículo que analizamos, por lo que se mantendrá la referencia original.
  2. ver Garfinkel, Y.; Ben-Shlomo, D. y  Kuperman, T. (2009), «Large-scale storage of grain surplus in the sixth millennium BC: the silos of Tel Tsaf». Antiquity, vol. 83, núm. 320, p. 309-325.
  3. La corrosión se produce porque el metal de cobre se degrada lentamente, combinándose con elementos del medio ambiente para volver a su estado natural. Como resultado aparece una capa de sales de cobre sobre la superficie que llamamos pátina.
  4. El cobre nativo es el que se encuentra en la naturaleza en su forma metálica, bien puro o mezclado con otros metales.
Publicado por José Luis Moreno en HISTORIA, 2 comentarios
Charla «El hombre no desciende del mono»

Charla «El hombre no desciende del mono»

     Última actualizacón: 8 octubre 2019 a las 11:51

Como ya saben, hace unos días tuve el placer de participar en la presentación en Málaga del evento de divulgación Desgranando Ciencia 2014 bajo un formato muy interesante: ofrecimos un total de tres charlas divulgativas (de los más variados temas) como armazón del acto de presentación tanto de la plataforma Hablando de Ciencia como del evento que celebraremos en Granada en sí mismo.

Pues bien, ya tenemos listo el montaje de la grabación de las charlas que en breve podrán disfrutar íntegras en el canal de YouTube de la plataforma (y de lo que les informaré a través de las redes sociales en las que este blog tiene presencia) pero, para ir abriendo boca, les voy a presentar la charla que di en ese acto.

Los que sigan esta bitácora sabrán que uno de los temas que más me apasionan es el estudio de la evolución humana. Por ese motivo me resulta chocante que en la cultura popular aún persista la idea que el hombre desciende del chimpancé, esto es, que somos el hermano evolucionado de este simio. Con esta charla trato de corregir ese error mediante un breve repaso de los restos fósiles de nuestros antepasados y de cómo la teoría de la evolución explica cómo hemos llegado aquí.

Aquí les dejo el vídeo, el guión de la charla así como las diapositivas (estos últimos disponibles en mi perfil de SlideShare).

Espero que disfruten y me comenten sus impresiones.

Publicado por José Luis Moreno en ANTROPOLOGÍA, VÍDEO, 5 comentarios